Relato: Silfa, su esposo y yo





Relato: Silfa, su esposo y yo

WILSILOR X



Silfa, su esposo y yo.



Por Lor





Estuve algo indispuesta la otra noche. Ten�a fiebres, pero
nada grave, solo fue una simple reca�da, nada que no pasara con tomarse una
pastilla y dormir un rato. Pap� y mam� no estaban en casa y supongo que Wilsi,
dorm�a normalmente a mi lado.


Recuerdo que yo estaba vestida con un short hasta las
rodillas, tipo militar y una camisa porque sent�a mucho fr�o. Recuerdo que me
arrop� por completo y me qued� dormida, pero, que lindo� en medio de mi
somnolencia sent� algo agradable�, como caricias.., como cari�o�, y luego�, una
sensaci�n divina en mi entrepierna.


Cuando abr� los ojos, supe comprend� el por qu� de tanta
delicia: yo estaba all�, tumbada boca arriba�, ten�a desabrochada la camisa y
unas manos apretaban las tetas� Mis calzones estaban enrollados en mis muslos y
una cabeza estaba pegada a mi entrepierna. Era mi hermana.


-Mmmm, qu� rico es despertarse as�- mascull� sintiendo su
lengua recorrer mi poncha.


-�Ya est�s mejor, mamita?- me pregunt� ella a�n con su boca
pegada a mi pelambrera.


-Oahhhgggg�.,
me siento divinamente- contest� a�n despert�ndome- Es la mejor medicina, �por
qu� no me la diste antes?


-�No me jodas! Anoche intent� hacerte cari�ito y ni bolas me
paraste- recrimin� ella pellizcando gloriosamente mis pezones.


-Perd�n, mami� Ummjjjjj�-
gem�- Tal vez fue la fiebre, pero ahora estoy mejor y deseo que sigas pegada ah�
hasta que me ponga viejita�


-�Verga, ni que no se me cansara la mand�bula! Adem�s, si
sigo mam�ndote as�, te voy a matar de gusto.


-Ahhwwggg�, entonces �m�tame!



Wilsi sigui� chup�ndome divino, lamiendo cada parte de mis
labios y hundiendo su lengua de tal forma, que me sent� cogida por ese peque�o
tent�culo que jorungaba mis adentros�


Disfrut� de ver a mi hermana lami�ndome y bebi�ndose mi leche
como si fuese una gata. Me gustan mucho los gatos y mi hermana era como mi
mascotita, de cari�o, claro.


Wilsi y yo, somos muy unidas y llevamos un registro bastante
detallado de lo que hacemos. Es como un diario, pero no tan cursi, es m�s bien,
una bit�cora de nuestro recorrido sexual para acordarnos alg�n d�a de quienes
fuimos. All� tenemos dibujos, que en su mayor�a los ha hecho Wilsi, fotos que
nos hemos tomado con web-cam, fotos de amigos de la web y por eso, no se nos ha
hecho dif�cil recordar cada detalle de lo que hemos vivido todo este tiempo.
Incluso hay m�s que no hemos contado, pero tendr�amos que escribir nuestra
propia versi�n de las mil y una noches (o d�as).


Lo cierto es que mi hermana y yo somos muy felices juntas y
eso, nadie lo va a cambiar, pase lo que pase.


Precisamente, en esos d�as, nos pas� algo que me pareci�
desafortunado al principio, pero que ser�a parte de nuestras vidas y que por
ello, nacer�a esta predilecci�n por compartir nuestras experiencias con otras
gentes.


Wilsi y yo, hac�amos muchas cosas aparte de amarnos. Por
ejemplo, pas�bamos horas interminables jugando ajedrez o tocando canciones con
la guitarra porque es lo que m�s le gusta a mi hermana; otras veces
aprovech�bamos que el patio era bastante amplio y ella me ayudaba a practicar
f�tbol. Ella no era muy buena, pero me serv�a para ejercitarme.


Yo chutaba y corr�a por todos patios con el bal�n y me
divert�a de lo lindo, pero una de esas tardes, lo golpe� con tal fuerza, que
sali� disparado hacia la casa del vecino. Mis nervios se pusieron de punta
cuando vi que chocaba contra una ventana del segundo piso y la destrozaba en
medio de un gran estruendo.


Nos quedamos petrificadas, sin saber que hacer y menos cuando
sali� el vecino y nos form� nuestro peo. Le dijimos que lo sent�amos, pero
estaba muy molesto. �l es un profesor de arte y artista. Nunca hab�a visitado su
casa, pero ese d�a tendr�amos la dicha.


-�Miren lo que hicieron, carajitas!- grit�- �Me partieron el
vidrio y es muy caro! �D�nde est�n sus padres?


-�N-no est�n, se�or!- dije- �Disculpe, de verdad no fue
nuestra intenci�n romperlo!


-Es que ese no es el problema, solamente. Me partieron
algunas cosas all� adentro.


-Lo pagaremos, lo juro- gem�.


-Pues claro que tienen que pagarlo. Vengan a ver lo que
hicieron.


Salimos de la casa y entramos por la puerta principal de la
casa del profesor. Una vez all�, notamos que era muy lujosa, m�s de lo que
siempre cre�, y adem�s ten�a una gran colecci�n de objetos de gran valor. Cuando
subimos al segundo piso, vimos el desastre: le rompimos el monitor a una
computadora muy cara y varias esculturas de cristal estaban el suelo
destrozadas.


-Pap� y mam�, nos van a matar- dijo Wilsi casi llorando.


Yo record� que siempre nos dec�a que no jug�ramos en el patio
porque pod�a pasar algo as�. Y ahora, precisamente, est�bamos metidas en un gran
l�o.


-No tenemos para pagar todo eso, se�or- afirm�.


-Pues lo pagar�n sus padres.


-�No!- grit�.


-�No?- inquiri� el profesor asombrado.


-Nos van a matar, se�or. No tenemos dinero como para eso.


-Ese no es mi problema.


-Mire: podemos limpiarle la casa, el patio, trabajar para
usted, lo que sea, pero no se lo diga a nuestros padres, por favor.


-�Creen que necesito algo de eso? �Creen que necesito que me
limpien la casa?


La verdad es que se hombre ten�a mucho dinero y viv�a muy
bien. Ten�a una se�ora de limpieza que ven�a en las ma�anas y una esposa muy
linda, m�s joven que �l. Ahora, lo predecible es que esta historia terminara con
el tipo cobr�ndose en especies, y pidi�ndonos ya saben que, �verdad? Pero
no, el carajo ni pendiente.


Hasta ese d�a, lo vi como alguien hura�o, retrechero y hasta
cierto punto me ca�a mal, pero esa tarde, luego de recriminarnos por nuestra
travesura
, nos dijo que nos la iba a dejar pasar.


As� fue. No dijo nada y desde ese d�a, no practiqu� m�s en el
patio y entablamos con �l, una que otra conversaci�n, cuando lo ve�amos por
all�. Recuerdo que una vez le hicimos una torta muy deliciosa y se la regalamos.
�l no era de los que necesitaran nada, pero igual, la acept�.


�l era muy joven y yo le calculaba treinta y cuatro a�os y su
esposa, algo m�s de veinte. Ella, ser�a la mism�sima Silfa, con la que �bamos a
atrevernos a contar nuestras historias.


Creo que nada es gratis, pero bueno, �l siempre fue un
caballero (no es que o no hubiese querido que me pidiera algo m�s, porque �l me
gustaba tanto, que le hubiese dado todo, pero fue mejor as�, porque tampoco es
que ahora yo era la safrisca de antes).



Una noche, escuch� gritos en su casa y pens� que era una
pelea con su esposa. Todo el mundo pelea y m�s, los c�nyuges. A la ma�ana
siguiente, cuando yo ven�a de la escuela, sin Wilsi, porque ella se iba a quedar
a buscar algo en la biblioteca, el profesor me abord�. Iba en su auto y me dijo
que si quer�a me llevaba a casa. Acept� sin ninguna mala intenci�n.


Casi no habl� por el camino, pero not� que estaba triste. �l
era un hombre muy simp�tico, de maneras muy refinadas, y atento.


Le pregunt� que le pasaba y estuvo reacio a hablar, pero
luego de unos minutos comenz� a contarme sobre su vida conyugal.


-Amo a mi esposa, pero no la estamos pasando bien. Ella�,
ella es muy buena amante y s� que me ama mucho, pero la verdad es que es� algo
fr�a.


-�Fr�a?


-S�. Al principio eso era normal y me gustaba porque era como
inocente, ingenua. Somos diferentes, caras de una misma moneda: Yo soy un hombre
muy apasionado y pasar�a horas am�ndola, pero ella�, ella, luego de unos
minutos, est� muy cansada y yo, qued� con muchas ganas. Al principio estaba
bien, pero ya no aguanto la desesperaci�n y por eso, discutimos.


-�Y por qu� me cuenta eso?


-No lo s�. Lo cierto es que necesito desahogarme. Ella me ama
y yo tambi�n, pero necesitamos pasarla mejor. He probado muchas cosas, pero la
verdad, nada ha funcionado.


El hombre estaba casi al punto de soltar las l�grimas y yo
pensaba que no ten�a ni la m�s puta idea de c�mo ayudarlo. Por el camino llegu�
a pensar que quer�a montarle cachos conmigo, pero ni siquiera asom� esa
posibilidad. Menos mal porque yo no andaba en eso; aunque debo reconocer que �l
me llamaba la atenci�n y que m�s de una vez, me paje� en su honor, pero hasta
ah�



Una tarde, luego de terminar una pr�ctica, ven�a de la
cancha, cuando lo vi pasar en el carro. Me llam� y me dije "Ya tengo quien me
lleve". Me decepcion� un poco al ver que iba con su esposa. Me sub� atr�s y
luego, me dijeron que si aceptaba comer algo con ellos. Yo estaba en short y
franela, llevaba un gran bolso, estaba bien deportiva, por eso, decidieron
llevarme a un "Mac Donald�s".


All� estuvimos un buen rato hablando de tonter�as y comiendo
hamburguesas, y la verdad, me parec�a extra�o que me invitaran, especialmente,
porque intu�a que quer�an decirme algo. Les ped� que dejaran el misterio y fue
all� cuando me soltaron todo.


-Ya te cont� que tengo problemas en mi matrimonio,
�recuerdas? Mi esposa solo puede darme un tiempo relativamente muy corto de
actividad sexual y por eso, hemos llegado a un acuerdo.


-�Cu�l?


-Pues, vamos a buscar a un mujer que pueda ayudarnos. Una
mujer que est� conmigo cuando ella se canse, alguien que supla la falta.


-�Y por qu� me lo dicen a m�?


-Porque hemos llegado al acuerdo de que podr�as ser t�. �Qu�
dices?


Me sent� aterrada al escuchar tal proposici�n.


-��Yo?! �No! �Por qu� no se buscan a una puta y ya?- gem�
indignada y tratando de levantarme.


-Si�ntate- me orden� con tal seguridad, que volv� a mi
asiento.


-E-eso no est� bien.


-�Qu� est� bien o qu� est� mal? �Est� mal que te haya
perdonado por haberme destrozado una computadora de pantalla plana y varios
objetos de arte que valen m�s de lo que puedas ganar en tu vida?


-Se�or, �me lo est� sacando en cara?


-S�. �Est� mal que ahora te pida algo a cambio? No te
obligar�, pero desear�a que nos ayudaras. Te cuidar� y nadie va a enterarse de
lo que hagamos. �Qu� dices? No deseo pagarte porque eso es cosa de prostitutas,
pero si as� lo deseas, �puedes cobrarme?


-Tiene raz�n: no es cuesti�n de dinero. Yo no soy de esas.


-Lo s�, mi ni�a. La verdad es que solo deseo que la pasemos
bien y bueno, ya te lo dije: te cuidaremos, te colmar� de regalos y lo que
quieras�


Estuve callada por varios minutos en los que �l segu�a
insistiendo en que se lo deb�a (claro, sin hacerlo de una forma tan fea) y yo,
rezaba para que me tragara la tierra. Quer�a despertar y entender que todo era
un maldito sue�o.


�Un maldito sue�o? �Por qu�? Despu�s de todo �l me gustaba y
ella�, no s� si ella me gustaba tambi�n, pero ya mis labios y mi lengua se
hab�an cruzado con los de otra mujer, hab�a comido de su vulva y lamido lo m�s
profundo de un culo, �por qu� ahora portarme como una monja? Adem�s, nadie habl�
de que yo me acostara con ella, solo con �l.


Me llevaron a casa y me pidieron que lo pensara y que de ser
posible, esa misma noche le diese la respuesta. Se lo coment� a Wilsi y puso el
grito en el cielo.


-��C�mo se les ocurre?!- bram�- �Por qu� no se buscan a una
prostituta en cualquier bar?


Yo la mir� fijamente y ella not� un temblor en m�.


-�Qu� te pasa? No me digas qu�


-S�, Wilsi. A mi me gusta la idea.


-�Ja! Entonces quieres tirarte a un tipo m�s viejo que t� y
para colmo, a su esposa. �No quedamos en que nos ser�amos fieles?


-No te estoy siendo infiel, ni te estoy traicionando. Te lo
estoy diciendo, �no?


-S�, pero quieres ir y revolcarte con ellos. �Y lo de
nosotras?


-Lo de nosotras est� bien y lo sabes. He pasado todo este
tiempo contigo y eres lo m�s importante de mi vida, pero no me jodas, tambi�n me
gustar�a hacer otras cosas m�s.


-�Ya te aburriste de m�?


-No, pero sabes que tambi�n me gustan los hombres. Ya hace un
a�o que no beso a uno, ni nada�


-�Pero por qu� con otra mujer?


-No estoy buscando a otra mujer, Wilsi. Lo he pensado y t�
eres la �nica mujer con la que quiero estar. Tampoco es que me voy a volver una
puta que va de mujer en mujer. Adem�s, el profesor no dijo que yo ten�a que
acostarme con ella; solo dijo que ella no lo complace como debe y por eso se van
a buscar a una que pueda suplir su falta.


-No quiero que lo hagas, Lor.


-Pero yo s� quiero. Lo deseo.


-No volver� a hablarte si lo haces.


-Oye, no hagas esto. Eso es un chantaje.


-Pues, t�malo como quieras.


-No puedes tomar esa actitud.


-No lo hagas es lo �nico que te estoy pidiendo.


-Lo har� Wilsi. Tengo derecho a decidir. Adem�s, te est�s
comportando de forma infantil.


-Piensa y haz lo que quieras, Lor.


-Wilsi, �A d�nde vas? �Wilsi!


Mi hermana se levant� y se retir� a su cuarto. Ten�amos meses
durmiendo juntas, pero esa noche, no la pas� conmigo, y no s� por qu�, pero no
di mi brazo a torcer y tampoco sal� a jalarle bolas.


Llam� al profesor esa noche y le dije que al siguiente d�a,
luego de mis pr�cticas, ir�a a su casa. Ten�a que ser luego del mediod�a para
aprovechar hasta la noche.


Yo estaba s�per nerviosa, pero no iba a dar marcha atr�s,
especialmente porque �l me gustaba mucho en verdad y ser�a la ocasi�n perfecta
para pasarla bien. No s� si estaba o no en lo correcto, pero algo m�s fuerte que
yo, me lanzaba hacia ellos.



El profesor me pas� buscando justo a las doce por la cancha
donde practicaba y me llev� hasta su casa. Yo estaba vestida con un short
blanco, zapatos para jugar f�tbol y una franela vinotinto, anudada por delante,
de manera que se me ve�a sugestivo el priercing en el ombligo y el tatuaje por
detr�s. La verdad es que no tuvimos pr�ctica y yo no estaba para nada sudada,
sin embargo, le dije que pasar�a por mi casa a cambiarme, pero �l me dijo que me
prefer�a as�, al natural, con mis olores y sudores.


Silfa, su esposa, nos recibi� amablemente, y estuvimos
hablando durante un buen rato y tomando vino. Yo no soy afecta a tomar licores,
pero para esa ocasi�n estaba bien, adem�s, no me estaban embriagando ni nada por
estilo; yo estaba all� por mi cuenta.


Silfa llevaba un vestido azul, sandalias altas con trenzas
sobre los tobillos y sus cabellos casta�os, casi amarillos, los llevaba sueltos
y rizados. Casi una hora estuvimos all�, hablando de todo un poco y la verdad es
que me estaba impacientando por la incertidumbre de no saber como iba a terminar
todo.


Soy bonita y me enorgullezco de mi cuerpo, pero no soy
precisamente exhibicionista, y, esta vez, al frente ten�a a una mujer y a un
hombre, quienes se iban a quitar la ropa para m� y yo para ellos.


No s� en que momento, comenzaron a besarse, sutilmente
primero, y cada vez m�s salvaje despu�s. Yo estaba sudando y me sent�
ruborizada. La piel se me puso de gallina, cuando se intensificaron las caricias
y �l, comenz� a acariciarle las tetas, la espalda�, las nalgas, todo.


Mi curiosidad de ver que hab�a bajo esas telas se hizo
evidente. Deb�a tener las tetas muy grandes, porque se le marcaban enormes bajo
el vestido. Y as� era, Silfa pose�a unas razones muy poderosas que me hicieron
recordar mi gusto por las chicas. No s� si es que me olvid� del profesor y
centr� mi atenci�n en su esposa, pero me imagin� que era yo, y el gusto tan
tremendo que se experimentaba cuando alguien te quitaba los trapos y te mamaba
las tetas as� como �l se lo estaba haciendo a ella.


Fue colirio para mis ojos ver como �l entre besos y
caricias, �l le sac� el vestido sin dejar de morderle o mamarle sus senos. Me
encant� como le arranc� la pantaleta y la dej� tan solo en sandalias, luego, le
meti� una mano en su vagina y comenz� a acariciarla con tal maestr�a que ella
gimi� hasta la saciedad.


Silfa era muy bella, pose�a una piel blanca natural, un
abdomen plano delicioso, piernas muy largas y perfectas y una cuquita casi
lampi�a y co�o, esas tetas me produc�an un deseo irresistible. Pose�a unas
nalgas redonditas y una cinturita envidiable.


Ella ten�a cerca de 22 a�os, as� que me llevaba casi 4 a�os
exactos; lo que significaba que era a�n una carajita, solo que la vida en
matrimonio la hac�an verse como una mujer m�s madura y, por supuesto, a
diferencia de m�, ella ten�a una profesi�n y ganaba su dinero, o en cambio, no
era m�s que una mocosa mantenida a�n.


El profesor era todo un experto y yo, con la piel enchinada
me imaginaba el momento en que me manoseara a m�. No tuve que esperar mucho,
porque sin dejar de tocar a su mujer, se acerc� a mi boca y me dio un beso muy
apasionado al que yo le correspond� sin recato alguno. En un segundo, me
encontr� sentada al lado de Silfa mientras el profesor me besaba y me estrujaba
las tetas sobre la franela mientras segu�a con su mano derecha en la cuca de su
esposa.


�l dej� de besarme y meti� su cabeza entre las piernas de su
mujer. Co�o, la vi chillar y contorsionarse como nunca antes vi a una mujer y
entend� que tanto �l como ella, hab�an experimentado mucho y hasta ese
pre�mbulo, era toda una clase sexual.


Ella gem�a a mi lado, tan cerquita que me provoc� besarla,
pero me dio miedo, �y si me rechazaba? Estaba sudad�sima aru��ndose el est�mago
ferozmente.


El profesor se levant�, se quit� la camisa y Silfa,
definitivamente acostumbrada a estos menesteres, desabroch� la correa, el bot�n
del pantal�n, baj� el cierre y comenz� a bajarlo suavemente. Ahora mi curiosidad
se centr� en ese hombre y en lo que ten�a all� debajo. Verga, bajo el interior
se le marcaba un gran bulto, que sali� disparado cuando ella baj� la tela.


Yo solo hab�a visto un pene en mi vida (el de Cristo Jes�s)
y, por supuesto, no se comparaba con lo que estaba viendo ahora, no solo porque
fuese uno adulto y maduro, sino por lo inmenso. El cuerpo flaco del profesor no
se correspond�a con esos casi 30 cms de largo por 7? de �. En fotos y pel�culas
he visto algunos exageradamente m�s grandes, �pero la pinga, yo no tengo el culo
ni la cuca tan grandes para meter all� a un pernil de tama�as dimensiones!


Silfa, comenz� a mamarlo sutilmente, besando, lamiendo esa
barra de carne como todo una mujer experimentada y de vez en cuando me echaba un
ojo, como diciendo "Este bicho es m�o, �te gusta?"


�Y me lo iba a prestar? Co�o, si ese animal fuese m�o no lo
prestar�a al menos que fuese a mi hermana. Lo cierto es que ella estaba all�,
meti�ndose gran parte de la verga en su boca, besando de cuando en cuando las
bolas y yo, miraba al profesor roncar y rugir como animal.


�l me hizo una se�a para que le terminara de sacar el
pantal�n y yo, como ni�a obediente, lo hice. Luego, me sent� al lado de su mujer
y sac�ndolo de la boca de ella, me lo ofreci� a m�. Al principio me qued�
pasmada, pero me anim� y comenc� a mamar tambi�n, lo mejor que yo sab�a hacer.


Debo confesar que ellos pensaban que yo, si no era virgen,
por lo menos no ten�a mucha experiencia sexual. Yo dej� que se lo creyeran y
dej� que Silfa varias veces guiara mi cabeza, que lamiera junto a m�, como
indic�ndome el camino. Yo mam� por lo menos 10 cms del bicho, mientras ella
lam�a las bolas. Apenas me cab�a en la boca, pero ya estaba acostumbrada a
abrirse bastante. Nos turn�bamos y yo sent�a su cara tan cerca, sus respiraci�n.


Hice algo as� con mi hermana cuando le mam�bamos a cristo
Jes�s, y la verdad siempre termin�bamos en un beso. Lo recuerdo bien, nuestro
antiguo novio sab�a que nos encantaba besarnos. Nos gustaba pasarle la lengua
por la puntita del pene, pegar las lenguas y terminar bes�ndonos con el pene en
ambas bocas.


Lo mejor era cuando Cristo Jes�s iba a acabar. Unas veces lo
hac�a en la boca de Wilsi, otras en la m�a, pero en ciertas ocasiones, ambas
peg�bamos bien los labios y �l acababa en la boca de las dos, que termin�bamos
bes�ndonos y trag�ndonos el rico n�ctar.


El profesor estaba gimiendo cada vez m�s fuerte y me sonre�a
victorioso. Yo estaba feliz porque me gustaba lo que estaba haciendo (aunque
sent�a cierto remordimiento por estar molesta con mi hermana). En un momento,
tom� a su esposa, la acost� sobre el sof� y casi me lanza al suelo. Estaba como
loco. Le abri� las piernas y le meti� ferozmente su verga haci�ndola gritar.
Ella lo acept� con evidentes signos de placer.


Yo nunca hab�a visto algo as�. �l parec�a pose�do por un
demonio. Era m�s bien una anguila el�ctrica, subiendo y bajando su pelvis de la
entrepierna de Silfa, y juro, que cre� que la iba a matar. No s� de donde sacaba
tanta fuerza, pero la embest�a una y otra vez durante por lo menos quince
minutos, hasta que ella grit�: "�No puedo m�s! �S�calo!"


�l no quer�a y segu�a d�ndole, pero ella, a punto de
desmayarse, le ped�a que la dejara descansar.


-�Dale a ella!- grit� Silfa mir�ndome -�Para eso vino, �no?!


Ten�a raz�n, yo estaba all� para eso. Me asust� al ver que �l
se sal�a de ella y se acercaba a m�. Silfa segu�a acostada en el sof�, tratando
de normalizar la respiraci�n y de volver a tener nuevos br�os, mientras el
profesor, se acercaba al otro mueble donde me hab�a sentado yo. En un segundo,
yo se lo estaba mamando otra vez y sent�a claramente ese sabor caracter�stico de
vagina en el pene.


-�Tr�gatelo!- balbuce� el profesor y yo le hice se�as que no,
pero ya era tarde. Violentamente, sent� como su pene escup�a en mi boca toda su
leche y sin poder (o querer) evitarlo, me tragu� todo lo que pude, porque era
tanto, que se me chorre� por los labios y cay� un poco al suelo.


Fuimos hasta una de las habitaciones y en el centro estaba
una especie de catre con muchos cojines.


-�Quieren besarse?- nos pregunt� el profesor con cara de
vicioso.


-�No!- respond� yo, pensando en que si quer�a. �Co�o, claro
que quer�a!, pero estaba pensando en Wilsi. Pero si me obligaran, tendr�a una
excusa.


-No- respondi� ella tambi�n.


�No? �Por qu�? Ah� se me fue la oportunidad. Deb�a acercarme
y besarla yo misma, pero me acobard�. Me acobard�, co�o.


Ambos me rodearon como si fuera un s�ndwich, y el profesor
comenz� a manosearme. �l se agach� delante de m�, meti� sus dedos en el short y
lo hal� con pantaleta y todo hasta mis tobillos; Silfa me abraz� por detr�s y yo
pens� "�Quiere o no quiere?". No pude seguir pensando, porque el profesor ya me
hab�a abierto las piernas y me estaba dando una mamada como nunca antes me la
hab�an dado.


Dios, Cristo Jes�s, Wilsi y hasta Manuela hab�an hecho lo
mismo, pero aqu� se ve�a la experiencia. Este tipo debi� haber mamado muchas
cucas en su vida. Yo estaba all�, como en otra dimensi�n, chorre�ndole toda mi
miel y golpe�ndolo con mi cuca en su cara, deseando que me metiera algo m�s que
su lengua.


Estaba tan absorta que ni cuenta me di cuando Silfa desanud�
mi franela y me la comenz� a sacar. Cuando reaccion� ya ten�a los brazos
levantados y la ten�a remangada en las mu�ecas. Ya hab�a acabado un par de veces
y todav�a no me quitaba el sost�n. Silfa lo desabroch� y dej� libre a mis pechos
grandes, a los que yo deseaba que ella tocara, pero co�o�, no se atrevi�.


Dos orgasmos m�s poblaron mi cuerpo y otro, y otro�, al
sentir sus brazos rodeando mi cuerpo, apretando, quiz�s con disimulo mis tetas.
Estuve feliz de tener a ese hombre a mis pies, con su lengua jorungando mi
intimidad y sintiendo los pelitos de Silfa en mis nalgas.


Ya no me pod�a mantener en pie y eso como que era evidente,
porque el profesor me cargo y me llev� hasta el catre, all�, sigui� mam�ndome.
Luego, lo vi apuntar su cabecita hacia mi cuca y le permit� entrar. En un minuto
m�s, ya ten�a por lo menos 15 cms dentro de m� y cada embestida me hac�a
arrancar chillidos y gritos desesperados.


-Pens� que eras virgen- gimi� el profesor movi�ndose encima
de m�.


-�L-lo soy!- ment�- �Ahhh, lo que pasa es que me masturbo
mucho!


-Lo cierto es que eres toda una mujer.


Durante varios minutos el profesor sigui� encima de m�,
cogi�ndome de lo lindo y yo, comenc� a entender un poco a Silfa. Co�o, no
cualquiera resiste una verga de ese tama�o durante tanto tiempo.


Media hora despu�s de llegar a un sin fin de orgasmos, qued�
echada en el catre vuelta nada, pero con �nimos de seguir. Esta vez, ayudar�a a
Silfa a pasarla bien.


Le levant� las piernas y le abr� la cuca para que su esposo
se metiera all�. �l, de pie, ante el catre, la penetr� suavemente y le dio una
buena cogida mientras le besaba los pies suspendidos en el aire o apoyados en su
pecho.


Yo me puse detr�s de �l, en primera fila y pude
admirar de muy cerca, las nalgas de ambos y las bolas del profesor. Yo ve�a
clarito como entraba y sal�a parte de la verga de la cuca de Silfa y eso me
excitaba mucho. Creo que a ella tambi�n le agradaba porque me echaba unas
miradas, mitad desesperaci�n, mitad gusto.


M�s de una vez, pas� mis dedos por la barra de carne y me los
chup� de gusto. Otras veces sent� un deseo incontenible por meterles un dedo en
el culo. Me dio miedo hacerlo, pues �y si ella no quer�a? �Y si �l se arrechaba?


Lo cierto es que no aguant� y luego, de besarle a �l las
nalgas, se las abr� y le di un beso en el ano. El volte�, me mir� extra�ado, y
luego sigui� d�ndole duro a su esposa. Sin pensarlo m�s, hund� mi cara en sus
nalgas y me dediqu� a lamerle el culo. Era la primera vez que le daba un beso
negro a un hombre y no estaba nada mal.


Con cada lamida, �l arreciaba m�s sus embestidas contra su
esposa hasta que eyacul� divinamente. Parte de lo que se chorre� de la vagina de
Silfa, lo recog� yo con mis dedos y me lo chup�. Luego, dej� que solo un dedo
penetrara el culo del profesor y con cierto miedo, le met� un dedo tambi�n a
Silfa.


Yo quer�a era darle a ella un beso negro o mamarle la cuca,
pero no me atrev�a a�n. Silfa estaba excit�ndose m�s y, la nueva sensaci�n le
agrad� mucho; no porque nunca hubiese tenido un dedo all�, sino porque se lo
estaba metiendo otra chica.


El profesor sigui� all�, d�ndole sin parar a su esposa,
mientras mis dedos jugaban con los culos de ambos. Pasaron por lo menos veinte
minutos y Silfa estaba aguantando. El olor de su vagina ligado con la leche del
profesor, me estaba enloqueciendo; verga, �al carajo con todo!


Cuando el profesor volvi� a eyacular, un nuevo desbordamiento
de leche sali� de la vagina de Silfa y corri� mojando sus nalgas. Yo aprovech� y
lam� un poco del pene, luego, baj� mi lengua hasta la pelambrera y lam� otro
poco. Sin pensarlo m�s, comenc� a lamer el excedente de sus nalgas y me dediqu�
a lamerle el culo como mejor sab�a hacerlo.


A ella le gust� mucho porque gritaba como loca mientras le
rogaba a su esposo que no dejara de cogerla. Yo me atrev� a ir m�s all� y
comenc� a meterle la lengua en culo y me dediqu� a practicarle un asqueroso beso
negro, pero �delicioso!


As� estuvimos por una hora. Para mi era normal, pero para
ellos, el que Silfa resistiera tanto, era un milagro, y el hecho de que yo
estuviese all�, les hizo pensar que la milagrosa era yo.


M�s tarde, hicimos un 69 doble: el profesor se acost� en el
catre y Silfa y yo nos subimos sobre �l.


Ambas mam�bamos la gruesa verga, turn�ndonos las bolas o el
cuerpo. El profesor me mamaba a m�, por ejemplo, luego me daba una palmada en
las nalgas y su esposa se montaba sobre �l. Las dos chicas mam�bamos
incansablemente. Me recuerdo chupando la cabecita mientras Silfa besaba el
cuerpo, las bolas, o chupando las bolas o con mi cabeza hundida hasta meterle la
lengua en el culo.


Ambas nos mir�bamos y s� que tanto ella como yo, quer�amos
darnos una buena lata, un buen beso, pero no termin�bamos de decidirnos.
Entiendo que ella no era lesbiana y pensaba que yo tampoco lo era.


Me qued� con mi cuca pegada a la cara del profesor, pero
Silfa se levant�, y se sent� sobre la verga y se cogi� a si misma. All�,
sentadas de frente, nuestras caras se atra�an mutuamente. Solo faltaba que una
de las dos tomara la decisi�n.


Nuestras tetas bailaban de lado a lado y est�bamos
inmensamente sudadas y ol�amos a sexo puro. Silfa estuvo all�, media hora m�s y
ya como a las 4:30, est�bamos desechas. El profesor me puso en cuatro y me cogi�
por detr�s y yo, resist� como el palo de mujer que soy. En ese momento pens� en
Wilsi y en lo mucho que estar�a gozando de estar en mi lugar. Le dediqu� esa
cogida a ella y me excit� m�s el ver a Silfa all�, tan cerquita de m�,
acarici�ndose las tetas o paje�ndose sugestivamente. Diablos, sent� el deseo de
doblar mis brazos y hundir mi cabeza entre sus piernas.


Pero no lo hice. Solo disfrut� el hecho de estar desnuda
all�, en ese catre, observada por esa hermosa mujer mientras su esposo me cog�a
por detr�s.


Estuve hasta las cinco de la tarde all�, dej�ndome coger y
luego fui a ba�arme. Cuando regres�, ambos me agradecieron por el gesto y
quedamos en volvernos a ver.


Yo estaba feliz por todo lo que viv� esa tarde, pero cuando
regres� a casa y vi a Wilsi sentada en sala, ambas nos miramos durante un buen
rato, yo, pidi�ndole perd�n, ella, recrimin�ndome por mi puter�a. Entonces, me
sent� infeliz porque amo a mi hermana por sobre todas las cosas de este mundo.


Lor



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Relato: Silfa, su esposo y yo
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