Animals (2)
Autor: Incestuosa
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO
Cap. IV
Con la bola de betabel me goc� muchas veces, en preparaci�n
al encuentro definitivo que fraguaba tener con Jaque.
Yo estaba contento porque el magn�fico vegetal me fue
aperturando el culo tal como yo deseaba. Sab�a que en adelante tendr�a el aforo
suficiente para aguantar con m�s confianza el grueso alv�olo del macho. Por
supuesto que durante ese largo per�odo de pr�cticas anales yo segu�
fortaleciendo mis relaciones con el gran ovejero, llev�ndolo por las noches a la
privacidad de mi chalet.
Pronto se hab�a acostumbrado a recibir de mi mano las
deliciosas croquetas y una variedad de golosinas l�cteas que tanto le gustaban.
Es obvio que con el paso de los d�as su confianza iba en aumento, pero no por
eso me precipitaba.
Continu� con mi plan en medio de los deliciosos escarceos
nocturnos y los largos jugueteos manuales que fueron provocando que el perro no
deseara irse al final de mi casa. A veces hasta ten�a que enga�arlo de alguna
forma para poder sacarlo al patio despu�s de haber tenido una larga sesi�n
amistosa. Pero no estaba dispuesto a echar a perder mi estrategia.
A pesar de todo no hab�a querido intentar nada, deseando
avanzar m�s hasta lograr el m�ximo punto de confianza. Estaba decidido a
iniciarlo en forma lenta y seductora, de tal manera que se fuese acostumbrando a
pasar el mayor tiempo conmigo sin que se sintiera nunca agredido.
Sab�a por otra parte que para lograrlo ten�a que demostrar
por lo menos dos virtudes. Primero, la paciencia. Si no era paciente y tolerante
con �l no podr�a seducirlo, pues los animales son listos, tienen sentimientos e
instintos desarrollados, y Jaque en particular era especial en eso.
Segundo, la comprensi�n. Si no entend�a que el animal era un
ser limitado y que no actuar�a conforme a mis pensamientos, sino atendiendo a su
propia naturaleza, errar�a en absoluto.
Con esas dos premisas en mano segu� trabajando sus emociones
procurando esconder las m�as, y por qu� no, hasta esforz�ndome en reprimir mis
anhelos y ansiedades por causa de nuestro diario contacto.
La primera noche que consider� conveniente dar el siguiente
paso fue muchos d�as despu�s de haber comenzado mi estrategia. Para entonces
nuestra amistad rebasaba ya los niveles convencionales y todo estaba listo para
actuar en consecuencia.
Esa madrugada, despu�s de entrar en mi chalet y de haberse
saciado con los antojos de su preferencia, me quit� por primera vez la ropa y me
present� desnudo ante �l. Jaque me mir� como si nada, y sigui� husmeando por la
cocina buscando m�s comida. Utilizando se�ales le inst� a que me siguiera hasta
mi dormitorio.
Estando dentro del cuarto, y sabiendo lo mucho que le
agradaban las caricias, mis manos iniciaron con maestr�a el cl�sico masajeo
sobre su brillante pelaje.
Minutos despu�s el hermoso animal se abandon� a mi tacto
dej�ndose caer voluptuosamente sobre la alfombra. Mis dedos serpenteaban
voluptuosamente por todo su cuerpo, provocando que el noble animal se
distendiera cu�n largo es. No tard� mucho en recostarse sobre su lomo para
quedar pr�cticamente con las patas hacia arriba.
Tal posici�n era en verdad atrayente y sugestiva, pues me
ofrec�a una visi�n perfecta de su anatom�a, destacando la brillante y suave
pelambre que cubr�a su ancho vientre, permiti�ndome al mismo tiempo deslizar mis
manos en toda esa regi�n con toda soltura.
Sin detener el curso de mis manos centr� mi inter�s en esa
hermosa parte de su cuerpo que quedaba tan cerca de su regi�n prohibida. Pensaba
que acariciar un buen rato esa zona deb�a generar alguna se�al lasciva en el
perro.
El animal ronroneaba de placer con los ojos cerrados y sus
patas se emblandec�an y se doblaban como si fuesen de hule. �Tal era su entrega
a causa de mis tocamientos! Mas no por ello me precipitaba. Deslic� las yemas de
los dedos haciendo c�rculos por todo su bajo vientre sin detenerme en ning�n
punto.
Jaque continuaba extasiado disfrutando de la placentera
manipulaci�n. Con mis falanges hundidas entre el soberbio pelaje, no dejaba de
contemplar al perro, esperando ver alg�n indicio que favoreciera mis planes.
Pero nada descubr�a en particular. Esperaba al menos que la reacci�n del animal
fuese como muchos la cuentan: Que me mostrase por lo menos la punta saliente de
su pito como consecuencia de mis tocamientos. Esperaba que Jaque se excitara
como se excita una persona. Pero no fue as�.
Confieso que en cierto modo me sent� decepcionado por la
situaci�n, pero solamente estaba viviendo la realidad. Y no es que el perro
estuviese desgastado, o no quisiera conmigo, o estuviese sin ganas, o algo
parecido. Lo cierto es que necesitaba de una poderosa motivaci�n que rebasara el
efecto de las simples caricias.
D�ndome cuenta que ten�a que hacer acopio de toda la
paciencia del mundo, segu� acarici�ndolo por largo tiempo hasta que se qued�
quieto. �El perro se hab�a dormido! El cansancio hab�a hecho mella tambi�n en m�
y por primera vez lo dej� quedarse dentro. Puse el despertador para levantarme
m�s temprano, pues no deseaba que do�a Nico se diera cuenta de nada.
Los d�as que siguieron los dediqu� a la afanosa b�squeda de
informaci�n sobre conducta animal, intentando obtener algo relacionado con el
comportamiento y la sexualidad canina. Tuve la suerte de hallar cierta p�gina
dedicada al contacto humano con perros y revis� su contenido. Adem�s de los
t�picos consejos del caso, lo mejor fue aprender los dos principios b�sicos para
lograr el contacto sexual. Fue all� donde conoc� que estos animales reaccionan
�nicamente a sus dos principales instintos: el olfato y el gusto.
Para satisfacer el primero hab�a que disponer de los olores
t�picos del celo, y eso s�lo podr�a obtenerlo de una hembra. El otro era el arte
de ayudarse de los sabores. El secreto de �ste �ltimo consist�a en embadurnar
del condimento favorito la parte que deseaba utilizarse en el encuentro
zoof�lico.
Como rel�mpago vinieron a mi mente los a�ejos recuerdos. Yo
mismo hab�a utilizado a�os atr�s, sin ser un te�rico, los achocolatados l�cteos
para lograr que la perrita marr�n me mamara la polla. La confirmaci�n de eso me
alegr� profundamente.
Pero ten�a que resolver la cuesti�n si quer�a seducir a
Jaque. Consider� que el hacerme de una perra era algo inconveniente, pues adem�s
de despertar sospechas en mi casera corr�a el riesgo de que Jaque ni se ocupara
de m� por preferir a la hembra, lo cual era m�s que l�gico. Pero lo que s� pod�a
era hacer uso de las viandas que m�s le gustaban a mi amiguito.
Seguro de que una buena raci�n de mermelada o cualquier otra
provisi�n saborizada, puesta en el sitio correcto, har�a las delicias del goloso
ovejero, quise ponerme en acci�n esa misma noche. Habiendo esperado la hora
adecuada, fui por Jaque y lo introduje como siempre en mi casa.
Despu�s de dedicar cierto tiempo a las d�divas, los juegos y
las caricias, lo llev� a mi rec�mara y me desnud� completamente. Por supuesto
que me hab�a provisto de suficiente mermelada y de una buena provisi�n de miel
para lo que se ofreciera.
De nueva cuenta me saci� de acariciarlo hasta que �l mismo se
puso en posici�n, con las patas hacia arriba, dejando al descubierto su regi�n
genital. Pero por m�s que manipul� su zona baja, no not� ning�n tipo de
alteraci�n en su pene. Decidido a probar suerte con los ingredientes, me di a la
tarea de embadurnarme la raja del culo con mucha mermelada.
Luego me tend� sobre la cama boca arriba, con las plantas de
los pies en el borde y las rodillas abiertas, dejando en la orilla mis nalgas.
Hice una se�al a Jaque para que me viera y despu�s dirig� la mano hacia mi culo.
El perro levant� la cabeza y jade�. Al parecer no comprend�a mis �rdenes.
Levant� varias veces mi grupa del colch�n al tiempo que le
se�alaba con mis dedos la zona trasera embadurnada de miel. El animal por fin se
levant� del piso y acerc� su hocico a mi trasero. Sent� primero el soplo de su
nariz olisqueando mi regi�n posterior. Era un aire tibio y delicado. Luego fue
la punta de la trompa la que se peg� a mis nalgas. Por unos segundos se mantuvo
oliendo esa parte hasta que al fin se anim�.
No fue la punta sino la paleta de su caliente y larga lengua
la que sent� que comenz� a frotarse entre mis gl�teos. Leng�ete� la mermelada
con fruici�n, chasqueando con fuerza mientras deglutaba el azucarado sabor
meloso. El grosero movimiento de su trompa en esa parte tan sensible me provoc�
intens�simos estremecimientos de lascivia. Era su lengua como una gruesa
serpiente que se frotaba velozmente sobre la delicada epidermis de mi culo.
Por unos momentos estuvo Jaque relamiendo la mermelada hasta
que acab� con ella. Yo esperaba que el perro continuara trabaj�ndome con su
lengua a�n despu�s de terminarse la golosina. Pero no fue as�. De nueva cuenta
me decepcionaba su proceder, pues de repente se alej� y fue a echarse sobre la
alfombra.
Por dem�s est� decir que me hallaba tan excitado que sent�
ganas de maldecir al can por tan decepcionante conducta. Pero sab�a que ten�a
que ser tolerante. De momento pens� que estar recibiendo las caricias linguales
del perro de esa forma, de poco en poquito, no ser�a tan placentero como
esperaba. �Ten�a que ser paciente!
Haciendo acopio de m�s paciencia, me enderec� y repet� la
operaci�n de embarrarme el culo con miel. Acomod�ndome en la misma pose, inst�
otra vez al perro con se�ales para que se me acercara. Jaque volvi� a meter su
hocico entre mis nalgas, las cuales abr�a yo mismo con mis manos, mientras su
lengua atacaba ferozmente el pegajoso dulce.
�Oh sensaci�n tan deliciosa! Ten�a que reconocer que las
sensacionales caricias que disfrutaba en el culo nada le ped�an a las sabrosas
chupadas en mi verga que me proporcionara mi antigua amante canina. �El placer
era tan parecido!
Nuevamente el animal se dio gusto lamiendo y relamiendo mis
nalgas a lo largo de mi raja abierta, sobre la suave piel de mis dos cachetes y
sobre la parte baja de mis test�culos. Pero cuando acab� con la provisi�n se
retir� hacia el suelo, ech�ndose sobre la alfombra.
Esa actitud desde�osa y tan falta de inter�s hizo que me
saliera de mis casillas, me llenara de ira y decidiera abandonar mis intentos
por seguir. De hecho la actitud de Jaque hab�a acabado con mi libido. Luego de
acomodar todo saqu� al perro al patio y me fui a dormir.
Por varios d�as me olvid� del plan y no hice intento alguno
por repetir mi accionar con el macho. Y aunque continuaba aliment�ndolo por las
noches como ten�a por costumbre, lo hac�a de forma totalmente desinteresada.
Pero cierta noche en que jug�bamos los dos entre bocado y bocado, vi algo que
despert� mis ocultos deseos.
Repentinamente, no s� por qu� causa, el animal mostraba como
nunca antes un pedazo de su pija colorada de fuera. Despu�s de los fracasos
anteriores, el impacto de verlo as� fue brutal. La visi�n estimul� mis
frustrados deseos y decid� reiniciar el plan que hab�a fraguado.
R�pidamente me hice de lo necesario y lo conduje hacia mi
rec�mara. Luego de embadurnarme la raja con mermelada de fresa me volv� a poner
en posici�n, recostado sobre el colch�n con las piernas abiertas. Jaque se me
acerc� e inici� el feroz leng�eteo sobre mi culo, hasta que lo dej� limpio.
Pero de nuevo lo vi alejarse y sentarse sobre la alfombra. Me
incorpor� y ech� un vistazo a su herramienta, viendo que �sta hab�a salido a�n
m�s que antes. El gran ca��n rojizo y venoso se ergu�a desafiante ante mis ojos.
Vi que casi la mitad de su pene hab�a surgido de su felposa funda.
La lujuria y la lascivia hicieron presa de mi mente, y s�lo
anhelaba que Jaque me montara. Una vez m�s intent� atraer su atenci�n sobre m�
sin resultados. Decepcionado por su falta de reacci�n abandon� por segunda vez
mis intentos, casi convencido de que el enorme ovejero no era un can para
realizar ese tipo de pr�cticas.
Casi dos semanas transcurrieron desde que decid� no volver a
importunar a Jaque con mis depravados instintos. Y aunque desconoc�a la
verdadera causa por la cual �l jam�s se interes� en tener sexo conmigo, yo
prefer� olvidarme definitivamente del asunto.
No obstante, se hab�a hecho una costumbre para �l acudir a
visitarme por las noches para conseguir sus raciones de croquetas y golosinas
que tanto le gustaban. Cuando estaba conmigo no dejaba de jugar y acariciarlo,
pero ya sin ning�n inter�s sexual de por medio.
A los pocos d�as, al llegar a casa, me encontr� con la
novedad de que otra hembra hab�a sido tra�da para probar suerte con Jaque, lo
cual me dio gusto por el hecho de poder siquiera verlos coger durante la noche.
En el momento propicio me sal� de la casa y busqu� a la pareja por el patio.
Y all� me llev� una sorpresa. Por alguna raz�n que ignoro, la
hembrita no dejaba que Jaque la montara. �ste se esmeraba, caliente sin duda,
por sub�rsele a los lomos sin poder conseguirlo. La perra, cuando sent�a el peso
de las patas del macho sobre sus lomos, hu�a despavorida alej�ndose de �l.
Tal espect�culo al principio me sorprendi�, pero despu�s, al
ver que la escena se repet�a incansablemente, consider� que quiz� la perrita,
aunque se hallaba en celo, era primeriza, y el temor no la dejaba actuar como
deb�a. Ignoro igualmente si el tama�o del macho la intimidaba a�n m�s, pues se
trataba de una perra de raza peque�a.
Sin estar seguro de mis conclusiones, lo cierto era que el
acto sexual no se consumaba, provocando en el macho ovejero reacciones tan
febriles como violentas, pues ladraba y gru��a con ferocidad. Para colmo, el
tremendo aparato de su verga se hallaba en completo estado de endurecimiento, y
el alv�olo le sobresal�a ya en la parte de atr�s.
No s� decir de d�nde me vino la idea. �Era una locura!
Despu�s de pens�rmelo mucho, conclu� all� mismo que nada perder�a con probar.
Busqu� acercarme a la hembrita, que se hallaba a pocos pasos de m�, y comenc� a
hacerle caricias.
Cuando la tuve a modo comenc� a tocarle su cosita, intentando
dedearla con suavidad. Al principio la not� como tensa, pero curiosamente vi que
volteaba a ver al macho que estaba lejos, y tal vez por eso se dej� hacer todo
sin problemas.
Con el mayor tacto posible pude al fin hundirle un dedo y
empec� a moverlo lentamente. La hembrita levant� su colita como invit�ndome a
continuar con la caricia. Eso contribuy� a que empezara a bombearla con
suavidad. De cuando en cuando sacaba mi dedo y frotaba su humedad en la palma de
mi mano desocupada.
Ve�a a Jaque rondar la escena con su herramienta de fuera,
pero no se atrev�a a intentar montarla pues mi presencia al parecer lo inhib�a.
Continu� con mi pr�ctica recolectora hasta que calcul� tener suficiente l�quido
vulvar. Acto seguido me dirig� hacia el chalet y me hice de algunas croquetas.
Llam� a Jaque, que se acerc� hasta la puerta. Con las se�ales
de costumbre lo llev� hacia el interior, cerrando tras �l. Ya en mi dormitorio,
hice un reguero de croquetas sobre la alfombra para mantenerlo ocupado, mientas
me desnudaba.
Hall�ndome sin ropas me tall� con fuerzas en la raja de mi
culo todos los efluvios que manaron de la cuquita de la hembra, Una y otra vez
refregu� mi mano a fin de que la original esencia quedase grabada en mi trasero.
Luego me recost� de espaldas sobre la orilla de la cama, dejando mis gl�teos a
su vista y disposici�n.
M�s r�pido de lo que yo esperaba, el macho abandon� las
croquetas que a�n no se acababa de comer, y se abalanz� con ansias sobre mis
abiertas piernas. De un vistazo admir� el palpitante verg�n provisto de aquella
monstruosa pelota viol�cea que colgaba infame en el centro de su entrepierna,
como si fuese una guan�bana madura.
Una intensa oleada de lujuria se apoder� de m�, provoc�ndome
los m�s inconfesables deseos que un hombre pueda tener en su vida. Me di cuenta
que Jaque hac�a vanos intentos por penetrarme sin lograrlo. Por m�s que quise
acomodarme desliz�ndome m�s abajo o haci�ndome a un lado, nuestro acoplamiento
fue imposible.
Maldiciendo a todos los diablos habidos y por haber, me baj�
de la cama desesperado ante lo in�til de sus esfuerzos. �Qu� estaba pasando?
Obnubilado por la lascivia del momento y recordando los fracasos anteriores, no
alcanzaba a concebir en absoluto una manera m�s f�cil para hacer realidad mis
anhelos.
Pero fue el mismo Jaque quien me indujo con su siguiente
actuaci�n a clarificar mi mente. Hall�ndome de pie sobre la alfombra, el animal
me puso de pronto sus patas delanteras sobre la parte trasera de piernas, como
intentando montarse. Fue all�, justo en ese instante, cuando comprend� lo que �l
deseaba.
Y tambi�n entend� que hab�a estado cometiendo un grave error
al querer realizar el montaje del perro en la posici�n del misionero, con mi
cuerpo sobre la cama. Supuse, y supuse bien, que Jaque no estaba acostumbrado a
esa pose. Nunca la hab�a conocido y registrado antes, y por tanto no intentar�a
nunca un acoplamiento de ese modo. Hab�a sido por eso que, despu�s de lamer la
mermelada, se hab�a retirado de m� sin ninguna reacci�n de su parte.
Jug�ndome el todo por el todo, busqu� r�pidamente en mi bur�
la crema inductora que utilizaba para jugar analmente con el betabel. Mientras
embadurnaba tiernamente con ella la polla del perro, �ste no dejaba de husmear
mi trasero emitiendo leves gemidos de brama. Hab�a olido el penetrante y potente
aroma del celo de la hembra en mi culo, y ahora s�lo ansiaba montarme.
Sumamente estimulado por la perspectiva, me dej� caer de
rodillas en el suave piso. Desde mi nueva posici�n distingu� su portentoso
basti�n moreteado, que embarrado del blanco aceite se mov�a incansablemente
hacia todos lados buscando afanosamente el agujero que acababa de oler.
Yo no quise hacerlo trabajar de m�s, y me fui acomodando con
apasionada voluptuosidad de tal modo que mis gl�teos quedasen justo frente a su
trompa. M�s r�pido que el rayo el macho empez� a olisquear con desesperaci�n mis
nalgas, pero sin intentar relamer para nada mi raja. Estaba visto que lo que
ahora �nicamente deseaba era penetrar con su falo aquel conducto con olor a
hembra; con sabor a celo.
Temblando de lujuria, el can se lanz� como flecha alargando
su cuerpo hacia arriba e intentando montarme con locura. Sent� sus extremidades
frontales posarse desesperadamente alrededor de mis caderas, al tiempo que su
lengua sobresal�a jadeante de su hocico, sinti�ndola babeante sobre mi nuca.
Sus patas delanteras resbalaban por mis caderas al no poder
afianzarse del todo por la falta de pr�ctica. Yo permanec�a atento a todo pero
sin hacer movimiento alguno, pues no deseaba interferir en lo que era una
absoluta competencia del perro. A�n as� modificaba levemente mi postura con el
fin de que �l pudiese colocar su pija en mi palpitante conducto trasero.
Luego de una larga espera, entre tanteo y tanteo, por fin
sent� el toqueteo de la carne dura y caliente entre mis nalgas. La resbaladiza y
filosa puntilla golpeaba sucesivamente entre mis cachetes sin hallar el centro
del agujero que buscaba penetrar. Desesperado y ansioso ante los fallidos
ataques, comet� el error de intervenir moviendo mi grupa hacia atr�s.
Jaque, interpretando quiz� mi movimiento como una orden,
perdi� el equilibrio y salt� hacia un lado dej�ndome libre. Maldije de nuevo mi
suerte al verme de pronto sin la presencia del perro en mi regi�n trasera.
Esper� unos instantes hasta que el macho fue a colocarse justo detr�s de m� para
volver a olisquear con frenes� el interior de mi raja. Con renovadas esperanzas
me qued� quietecito y lo dej� hacer.
Volv� a sentir su quemante hocico pegado a mi culo, y el
tibio aire que emanaba de su nariz sopl� tenuemente mis carnes. Est�tico como
estaba s�lo ten�a ojos y o�dos para el perro, tratando de adivinar sus �ntimos
deseos en medio del silencio; intentando conocer cu�l ser�a su siguiente paso.
Una vez m�s el can mantuvo alejada su lengua de la zona con
aroma a celo. Por lo visto le encantaba gozarse preliminarmente con esos olores
que conquistan al animal m�s despistado, pero sin lamer la regi�n de batalla.
Puede que el rito de evitar lamer all� se deba precisamente a que la humedad de
la lengua eliminar�a los flujos que concurren en el momento del coito,
reduciendo la intensidad del goce de sus sentidos.
No s� decir si por fortuna o por desgracia, yo no era perra,
para poder emitir desde mi interior esos ricos efluvios que inducen al amor. En
todo caso, necesitaba aprovechar el momento antes de que el aroma a celo
desapareciera por completo. Pero sab�a que m�s que depender de m�, todo estaba
en manos de Jaque.
�ste, mientras tanto, no apartaba su trompa de mis nalgas, en
tanto yo me manten�a vigilante del estado que guardaba su polla, la que segu�a
apareciendo tan descomunalmente parada como al principio. Me di cuenta de que
ahora su pene goteaba por la puntilla un l�quido lechoso y transparente,
despertando en m� los deseos m�s terribles e inconfesables que he jam�s sentido.
En la misma posici�n de cuatro patas, yo segu�a en espera de
que el macho se saciara de olisquear mi trasero para intentar una nueva
arremetida. Por dem�s est� decir que ante una espera tan febril, mi verga se
hallaba m�s que lechosa y estremecida, y las ansias deb�an reflejarse en mi
rostro desfigur�ndolo por completo.
Si alguien hubiese podido observar el aspecto de mi cara en
aquel justo momento, s� que ver�a en mi rostro el reflejo de los rasgos de una
perra en brama. Y de hecho as� me sent�a. Adem�s del rictus enfermizo y lascivo
contribu�a la posici�n en que me hallaba, pues ven�a yo a ser como esas perras
que son perseguidas por el macho por las calles, mientras son olisqueadas una y
otra vez por detr�s, hasta ser penetradas y finalmente arrastradas.
De repente Jaque se moviliz� tras de m� y volv� a sentir el
peso de su cuerpo sobre mi grupa. Sus patas delanteras se movieron por un
costado de mis caderas intentando agarrarse de mis carnes. El roce de sus u�as
rasgaron mi epidermis, pero eso no me importaba en ese instante. Incluso hasta
podr�a decir que el ardor de las leves heridas aument� la intensidad de mi
lascivia.
El macho hab�a conseguido al fin agarrarse fuertemente de mis
costados, y ahora se arqueaba hacia delante sostenido por sus patas traseras.
Mientras �l se esforzaba yo me manten�a fijo en mi lugar en espera de su ataque.
Despu�s de algunos momentos de acomodamiento y llevando por
delante su enrojecida lanza, apunt� con ella al centro de mis nalgas sin
alcanzar a situarse en la entrada de mi esf�nter. Comprend� en seguida que si no
le ayudaba a colocar su pito en el punto de mi agujero anal, pod�a repetirse el
fallo y errar de nuevo la embestida.
Ya no dud� m�s y alargu� una de mis manos hacia abajo hasta
alcanzar la enorme polla de Jaque. Tom�ndola entre los dedos la conduje hacia el
meridiano de mis nalgas y la puse en la puertecilla de mi culo, sin soltarla
para nada. Pod�a sentir el aceitoso l�quido escurrir por mi palma.
Jaque, entendiendo que por fin podr�a empujar hacia el
frente, arremeti� con fuerza sobre mis nalgas dej�ndose caer con todo su peso
sobre mi grupa. Mi esf�nter se abri� como tierna coliflor ante el salvaje
impulso de la primera estocada. Ciertamente el dolor fue tan intenso que sent�
que su verga me desgarraba por dentro mientras entraba y sal�a con fuerza
inaudita. Y aunque en el fondo deseaba zafarme de la cogida, no tuve m�s remedio
que aguantarme si lo que quer�a era avanzar en mi estrategia.
Es francamente incre�ble la capacidad que tienen los perros
adultos bien desarrollados para poseerte. Cuando te han penetrado ya no es
posible quit�rselos de encima a menos que se corra el gran riesgo de
experimentar un problema mayor en el recto. Y es que aunque te puedas deshacer
del tremendo abrazo y moverte para actuar, no ser� nada f�cil lograr sacarse la
polla del culo. Y es all� donde radica el peligro.
En esos casos, cuando tienes al perro encima y has sido
penetrado, y te arrepientes y no quieres seguir enculado, no podr�s evitarlo al
menos por esa ocasi�n, y lo mejor es aguantarse hasta que el animal acabe de
bombearte. En todo caso, habr� el tiempo suficiente para olvidarse para siempre
del asunto, pero tendr� que ser con vistas al futuro.
Como el ca��n de carne de Jaque era tan grueso y tan largo,
por ning�n motivo me atrev� a intentar dar marcha atr�s y tuve que soportar el
tremendo castigo que significa verte atravesado con semejante estaca. El animal
se mov�a con velocidad incre�ble, entrando y saliendo sin misericordia del canal
de mi culo.
Yo trataba de hacer menos dolorosas las embestidas aflojando
mis nalgas y mi cuerpo, pues la fuerza que imprimen los machos de esa clase a
sus enviones es formidable. Trataba de olvidarme como pod�a del punzante dolor
concentr�ndome s�lo en la pasi�n que pudiese llegara a sentir, pero me fue
imposible.
Y es que el pito del perro se mov�a implacable, sobre todo
cuando picaba y jalaba. De no ser por el material cremoso, es probable que su
enorme pit�n me hubiese lastimado de otra forma. Aguantando con valent�a las
estocadas del salvaje can, s�lo tuve �nimos para desear que acabase lo m�s
pronto.
Debi� tardar m�s de media hora en iniciar el proceso
eyaculatorio y fue cuando tuve que evitar el ingreso de su tremendo alv�olo. Le
puse inmediatamente los dedos alrededor de la verga, justo en esa parte m�s
delgada que antecede a la pelota. Y aunque Jaque arreci� los embates, mi mano
impidi� que su polla ingresara m�s all�.
Por largos minutos sent� el intenso reguero de leche caliente
dentro de mis intestinos. Para quien no sepa, los primeros borbotones suelen
salir con un poder incre�ble, y se asemejan a un poderoso inyector que impulsa
con tremenda fuerza los l�quidos hacia fuera. La temperatura tibia de su semen
comenz� a excitarme, pero no me atrev� a soltar la pelota de carne. Mi temor era
demasiado en esos momentos y no quer�a correr riesgos.
Lleg� un momento en que Jaque se qued� quieto. Por alguna
raz�n el animal ya no segu�a movi�ndose r�tmicamente como antes. Aprovechando la
pausa hice a un lado sus patas delanteras y me fui saliendo lentamente hacia
delante, hasta que al fin su verg�n endurecido se zaf� de la prisi�n de mi
esf�nter.
Exhal� un grito de j�bilo al saberme liberado, y r�pidamente
me ech� a rodar por la alfombra para alejarme del macho. Necesitaba revisarme la
cola para diagnosticar los da�os. Usando un espejo de mano me observ�
meticulosamente el culo, y por fortuna s�lo hall� enrojecimientos naturales
provocados por la excesiva frotaci�n y la larga exposici�n a los terribles
embates.
Un sentimiento de calma hizo descansar mis �nimos y me puse a
limpiar cuidadosamente mi zona de desastre. Afortunadamente me hab�a ayudado la
previa estimulaci�n preparatoria de mi culo con los pepinos y el betabel.
Cuando volte� a ver a Jaque me di cuenta que su polla a�n
estaba endurecida. Aprovech� tal circunstancia para asearle el p�jaro y la bola.
No quer�a que do�a Nico se diera cuenta que lo hab�a utilizado de esa forma.
Hab�a que prepararse para lo que segu�a.
Continuará……
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