Relato: Romano (2)



Relato: Romano (2)

Los porteadores llegaron ante un edificio amplio y de color
oscuro pr�ximo al coliseo. Era la sede de una de las mejores escuelas de
gladiadores de toda Roma. Desde la calle pod�a o�rse el ruido de espadas y
metales entrechocando, as� como el vocer�o de los luchadores y el de los
espectadores anim�ndoles. Los esclavos dejaron la litera con sumo cuidado en el
suelo en un intento de molestar lo menos posible a su due�o que sab�an venia
medio adormecido. Cayo despert� de su enso�aci�n er�tica, hab�a venido todo el
viaje recordando la noche anterior con sus cuatro esclavos nubios.


Tuvo que esperar un poco antes de decidirse a bajar de la
litera ya que su toga corta parec�a una tienda de campa�a, por la erecci�n que
tenia. Cayo era uno de los hombres m�s rico de la ciudad y tenia intereses en
todos los negocios desde la venta de esclavos, comercio, granjas en los
villorrios vecinos a la ciudad y hasta esclavos gladiadores que luchaban en el
circo.


El conjunto de gladiadores cirquenses estaba formado por todo
tipo de hombres, aunque la mayor�a eran esclavos obligados a luchar por su vida
en la arena del circo, otros eran libertos que no ten�an otra profesi�n,
legionarios sin oficio ni beneficio y los que menos se dedicaban a ello por el
gusto de la sangre y la violencia. Eran hombres de todo tipo de razas egipcios,
galos, germanos, africanos hombres que llegaban a la ciudad eterna desde todos
los rincones del mundo conocido. La escuela de gladiadores a la que hab�a ido
Cayo aquel d�a era una de las mejores de Roma y la que pose�a unas instalaciones
m�s completas. Tenia desde unos ba�os romanos para el uso tanto de los
gladiadores como para el de los due�os y personajes importantes que visitaban la
escuela, a salas, dormitorios y distintos terreros y campos para el
entrenamiento de los luchadores.


Cayo se dirigi� acompa�ado de sus inseparables esclavos
nubios al campo de lucha quer�a ver en acci�n a un nuevo luchador que aun no
conoc�a que hab�a adquirido hacia poco en pago de una deuda. Para llegar al
campo de entrenamiento hab�a que cruzar las salas de la escuela, en una de ellas
se estaba celebrando una fiesta que ya iba por org�a, para los gladiadores que
ma�ana tendr�an que luchar para el divertimento del populacho romano. Al pasar
Cayo no pudo menos que pararse a observar aquel espect�culo, un grupo de
gladiadores ya medio borrachos, estaban repartidos por la sala unos de pie otros
tendidos sobre almohadones mientras eran servidos por esclavos.


Los gladiadores hab�an pasado de la bebida a algo m�s.
Algunos se entreten�an con los esclavos y otros eran atendidos por putos
especialmente tra�dos para atenderlos en sus ultimas peticiones. Estos j�venes
eran comprados en los m�ltiples mercados de esclavos de la ciudad y
seleccionados entre los m�s guapos para luego someterlos a un entrenamiento
sexual intensivo. Se les ense�aba como satisfacer sexualmente a un hombre con
todo tipo de trucos. Sus culos eran habituados mediante grandes consoladores a
admitir todo tipo de pollas desde la m�s peque�a hasta los grandes paquetes que
suelen tener los africanos. Eran capaces de realizar mamadas de campeonato solo
con sus labios y sus gargantas aceptaban todo tipo de visitantes. Cuando
terminaba su entrenamiento estos j�venes eran capaces de realizar cualquier
proeza sexual y su precio alcazaba su peso en oro.


Un joven esclavo egipcio de cabeza rapada era embestido
brutalmente por un gladiador galo de enormes proporciones, mientras otro de los
luchadores tirado cuan largo era en el suelo era cabalgado por dos putos. Cuando
uno de ellos abandonaba la montura el otro puto ocupaba su lugar sin dejar
descansar a la cabalgadura, que sudaba a chorros y daba salvajes gritos de
placer mientras penetraba aquellos expertos culos. En otra de las salas unos
esclavos masajeaban a uno de los luchadores. Su cuerpo brillaba por el efecto de
los aceites que los esclavos hab�an aplicado a su piel mediante suaves masajes.
Ninguna parte del cuerpo quedo sin untar ni masajear incluida su preciosa polla
que fue manipulada hasta lograr que su tama�o aumentara y era continuamente
sobada sin miramientos hasta que los esclavos por turnos lograron que vomitara
un aguado semen, ya que aquel d�a el guerrero hab�a sido orde�ado en sucesivas
veces.


Cuando Cayo llego a la arena donde entrenaban los gladiadores
observo como un luchador gigantesco de pelo largo semi-rubio, cuello grueso,
amplias espaldas, muslos como muros y un culo cuando menos tentador, se
enfrentaba con arrogancia a dos luchadores mucho mas bajos y menos fuertes que
�l. Se ve�a a lo lejos no ten�an nada que hacer contra aquel coloso. El tatuaje
de una serpiente enroscada adornaba su mano derecha, empezando la cola en la
mu�eca del gigante para continuar enrosc�ndose por el brazo y terminar
descansando la cabeza del bifido sobre la musculosa espalda. Este tatuaje le
daba un aire de salvaje erotismo y morbo, que se respiraba en el aire. Vestido
solo con un pectoral y un taparrabos que dejaba adivinar que debajo de aquel
trozo de tela se escond�a una polla que no estaba en concordancia con el resto
de su cuerpo.


Mientras la lucha se desarrollaba la aptitud del rubio era de
total superioridad y prepotencia hacia sus contrincantes seguro como estaba de
su fuerza. Cayo desde la barrera observaba la pelea, los cuerpos de los
luchadores se rozaban y se manoseaban durante la lucha esto lo iba poniendo
cachondo y hacia que sintiera deseos de saltar a la palestra para intervenir y
someter a aquel gigante arrogante, primero por la lucha luego por el sexo. El
rubio termino imponi�ndose por la fuerza a los otros dos luchadores que
terminaron por los suelos de forma poco gloriosa. Terminada la lucha Cayo salto
a la arena de forma inmediata, una gran erecci�n se notaba bajo su toga que
dejaba ver unos muslos bien formados y fuertes. El gladiador espero a que Cayo
llegara a su altura y mientras se acercaba a el no pudo evitar estudiarlo y
admirarse en lo bien formado que estaba. Cayo a pesar de tener ya 42 a�os se
manten�a perfectamente en forma y su cuerpo era una maquina perfectamente
entrenada y equilibrada.



Cayo: He visto lo que has hecho con esos dos, te atrever�as
conmigo?



Gladiador: Tu solo? Y se ri� a carcajadas, mientras calibraba
las fuerzas de Cayo.



Cayo: Si yo solo, pero para hacer el juego m�s interesante
apostemos algo. Te atreves? O es que ya no estas tan seguro?



Gladiador: Atreverme por supuesto, ya la tengo ganada, pon tu
la apuesta.



Cayo: El que pierda estar� a disposici�n del ganador, quiero
sodomizarte hasta que me canse. Aceptas?



Durante unos segundos dudo, pero termino aceptando mientras
sonre�a pensando en su segura victoria ya que le sacaba dos cabezas a Cayo y era
m�s ancho. Creyendo que Cayo seria un patricio que no sabia luchar al que podr�a
vencer f�cilmente y luego follar hasta la extenuaci�n, para darle una lecci�n.
Pero se llevar�a una sorpresa, quiz�s no tan desagradable como crey�
inicialmente.



Cayo se quito la toga corta que lo cubr�a quedando solo con
el taparrabos. Se separo un poco del gigante y doblando un poco sus rodillas se
puso en guardia. Los dos luchadores se miraban intentando buscar sus puntos
d�biles. En la barra se hab�a formado un corrillo de gladiadores dispuestos a
disfrutar de un buen espect�culo. Los rivales comenzaron a dar vueltas en
c�rculos intentando agarrarse, el contacto de la piel del rubio iba enardeciendo
a Cayo, haciendo que su polla cobrara vida endureci�ndose por momentos.


El rubio se dio cuenta que Cayo era un experto luchador, ya
que se le escapaba de las manos logrando golpearlo cuando menos se lo esperaba.
Los contrincantes estaban sudorosos por el esfuerzo haciendo que la piel les
brillara, marcando los m�sculos de sus cuerpos, el de Cayo perfectamente
proporcionado y el del gigante rubio magn�ficamente desproporcionado en el
tama�o, cosa que a Cayo parec�a gustarle, como �l dec�a le gustaban los retos.
Cayo logro introducirse debajo de su adversario y de un golpe certero en �l
estomago seguido de un trave en los pies consigui� tirarlo al suelo, sent�ndose
sobre �l y sujet�ndole los brazos consigui� inmovilizarlo.



Cayo: Has perdido, ahora cumple con lo debido. Mamamela.



El rubio quedo dubitativo, pero sabia que tenia que cumplir
su promesa, una apuesta era una apuesta. Cayo se quito el taparrabos aun sentado
sobre el pecho del gigante y le puso su polla en los labios. Comenz� a
acarici�rselos con la polla, pase�ndosela por toda su cara. El rubio abri� la
boca para recibirla y comenz� una t�mida mamada, bajo la mirada atenta del
corrillo de gladiadores que observaban desde la valla y que saltaron al campo
para acercarse y formar un circulo a su alrededor.



Cayo de rodillas, hizo que el rubio se pusiera a cuatro patas
y con el culo en pompa le chupara la polla, mamada que comenz� t�midamente pero
que ahora realizaba golosamente, logrando arrancarle intensos gemidos de placer.
Mientras, Cayo aprovechaba para acariciarle sus enormes y bien formadas nalgas.
Una mano las sobaba y masajeaba mientras que con la otra sus dedos juguetones
iban hurgando en la entrada de su culo. Acariciando el agujero, recorriendo el
contorno de la entrada y haciendo peque�as presiones en el orificio pero sin
introducirlos. Se chupo el dedo �ndice y se lo introdujo en el recto, movi�ndolo
r�tmicamente.


Lo sacaba, lo volv�a a chupar para volver a introduc�rselo
esta vez acompa�ado de un segundo dedo. El rubio comenz� a mover el culo
pidiendo mas placer. El resto de gladiadores que actuaban de publico estaban
extasiados con el espect�culo, hab�an liberado sus pollas ya duras sin remisi�n
y se masturbaban abiertamente observando a la pareja. Algunos hab�an comenzado a
acercarse a su compa�ero de al lado toc�ndose mutuamente, buscando el placer de
una caricia de un roce. Cayo se levanto mientras el rubio gladiador continuaba a
cuatro patas y se monto sobre el c�mo si fuera un caballo.


El gladiador era lo bastante musculoso y grande para soportar
el peso de Cayo, este le acariciaba la espalda con su polla hasta llevarla a la
altura de su culo, mientras le iba mordiendo su espalda y sus manos se
deslizaban hacia su pecho pellizc�ndole las tetillas y acarici�ndole �l
estomago, consiguiendo as� que el rubio lanzara suspiros y gritos de placer. La
polla de Cayo esta dura al m�ximo por la excitaci�n y goteando semen.


La gui� hasta la entrada de su amante y se la sobo en su
entrada. La masajeo entre sus nalgas por un tiempo y cuando el rubio comenz� a
mover su trasero pidiendo guerra, Cayo entendi� que ya estaba preparado y sin
mas pre�mbulos se la introdujo de una sola embestida hasta el tronco, haciendo
que el rubio gritara con una mezcla de dolor y placer. Inicio los movimientos
del mete y saca de una forma r�pida, casi salvaje. La intensidad y volumen de
los gemidos del rubio le marcaban el ritmo con el que deb�a moverse para
producirle placer. Haci�ndolo de forma r�pida cuando disminu�an o m�s despacio
cuando los gemidos aumentaban.


A Cayo le gustaba la sensaci�n de poder y dominio que le
produc�a controlar el placer que le estaba dando a su amante. Su polla ya no
aguantaba mas el roce en las paredes de aquel culo estrecho y c�lido, as� que se
corri� como hacia tiempo no lo hacia inund�ndole las entra�as de semen, que
termino escurriendo por los muslos del rubio. Este quedo all� en el suelo
tendido, los espectadores polla en ristre no pudiendo aguantarse mas se
acercaron al rubio y haciendo un corrillo a su alrededor se pajearon con fuerza
con una mano mientras con la otra lo acariciaban y tocaban. Logrando hacer que
este se corriera sin tocarse a la vez que el corrillo lo hacia sobre �l
ba��ndolo literalmente en semen, mientras Cayo los observaba extasiado y
satisfecho.-




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Relato: Romano (2)
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