A mis 13 a�os, yo era una ni�a muy t�mida y enfermiza,
acentuado todo con un escaso desarrollo que me hac�a aparentar a�n menos edad.
En aquella �poca todav�a no ten�a la regla, solo hab�a tenido un amago 2 meses
antes, pero no hab�a vuelto a repetirse. No ten�a pecho, cosa que me avergonzaba
todav�a m�s. Mis caderas eran todav�a muy estrechas y casi me era imposible
vestir con la ropa que se pon�an mis compa�eras de colegio, puesto que a mi me
sentaban muy mal.
En ese momento, mi madre y yo, nos fuimos a un
motel-balneario de monta�a. Era un conjunto de peque�as caba�as de madera, todas
individuales, situadas en un hermoso paraje, con un peque�o bosque cercano.
La caba�a que ocup�bamos nosotras, estaba situada en la parte
m�s cercana a la valla que delimitaba el complejo, de cara a un peque�o jard�n.
La piscina estaba situada justo al otro extremo, por lo que me hizo sentir un
poco mal, pensando que deber�a de cruzar por todas las instalaciones para
acceder a ella.
En la parte m�s cercana al bosquecillo estaba situado el
centro m�dico y de aguas termales y medicinales, donde mi madre deber�a tratarse
su problema reum�tico. Despu�s de deshacer el equipaje y acomodarnos, empec� a
probarme los ba�adores y bikinis que me hab�a tra�do, puesto que mi madre iba a
comenzar su tratamiento y yo no ten�a otra cosa que hacer que ir a la piscina.
Por m�s que me probaba, ninguno era de mi gusto y al final me
decid� por un ba�ador de color morado, discreto, y adem�s ten�a un relleno en la
parte de arriba que disimulaba un poco la falta de pecho. Me puse por encima un
vestido corto y cogiendo la toalla y el bronceador me dirig� a la piscina.
En todo el recorrido no vi a nadie. Cuando llegu� a la
piscina, tuve la desagradable sorpresa de que todo la gente que hab�a, unas 10
personas, era mayor de edad. Todos superaban los 40 a�os como m�nimo. Eso por
una parte me aliviaba, puesto que al no haber gente de mi edad no me obligar�a
mi madre a entablar amistades que yo seguro, que no desear�a, pero por otra,
pensaba que iban a ser los 15 d�as mas aburridos de mi vida.
Esa tarde estuve all� ba��ndome y tomando el sol sin m�s. La
gente iba y ven�a pero en ning�n momento hab�an mas de 10 personas en el
recinto. Me hab�a puesto ya el vestido para volver a la caba�a, cuando lo vi.
Estaba trabajando en el jard�n, cuidando con todo el amor del mundo, un macizo
de rosas preciosas. Aparentaba unos 35 a�os, era muy alto, cerca del metro
noventa y pose�a unas espaldas anchas, de piel curtida por la intemperie. Solo
vest�a un pantal�n vaquero corto, que mostraban unas piernas fuertes con escaso
vello,
El me mir�, c�lidamente, con una sonrisa que me eriz� la
piel. Literalmente hu� de all�, sin volver la vista atr�s. Aquella noche,
despu�s de cenar, estuve tomando el fresco en el jard�n enfrente de mi caba�a.
Me hab�a puesto un vestido largo, puesto que refrescaba bastante a esas horas.
Hab�a cerrado los ojos y estaba ensimismada en mis pensamientos, cuando not� que
algo pasaba por delante de m� tapando la luz que proven�a de la farola.
Abr� los ojos y lo vi. Iba vestido con una camiseta y un
pantal�n corto, y emanaba un olor a ba�o reciente. Se sent� a mi lado y me dijo:
Hola, esta tarde te fuiste corriendo como si fuera a
comerte!
No se de que me hablas �le contest�.
No importa. Si quieres podemos dar un paseo por los
alrededores, hace una noche tan magnifica!
Al principio me negu� rotundamente, rayando la mala
educaci�n, pero �l, con esa maravillosa sonrisa, insist�a, inst�ndome a
abandonar esa coraza, que dec�a que me envolv�a.
Si no quieres no pasa nada. Yo me voy a dar un paseo.
Uniendo la palabra a los hechos, se levant� y se dirigi�
hacia la puerta principal.
Estuve cavilando un poco, y al final me dirig� corriendo
hacia �l.
Espera, voy contigo.
El vestido largo me imped�a correr con facilidad, pero
enseguida le d�a alcance.
Esto es muy aburrido �me dijo- Por lo menos un paseo por
aqu� y piscina, es lo m�nimo para no caer en el tedio.
Estuvimos caminando por los lindes del bosque y poco a poco,
con su palabra empez� a sucederme algo, hasta ese momento desconocido. Me
hablaba l�nguidamente, estirando las palabras, runruneando en mi cerebro. Cuando
nos sentamos en un peque�o mont�culo a descansar, estaba muerta de deseo por �l.
Era mi primera vez. Me sent�a tranquila, a gusto, sin miedo. Todo lo contrario
que siempre me hab�a ocurrido.
Empez� por besarme suavemente, juntando su lengua a la m�a, y
toda mi voluntad desapareci� en ese instante. Mi cuerpo se afloj�, con la
flojera del deseo tanto tiempo contenido, y sus manos deambularon por �l,
acarici�ndome en los mas rec�nditos lugares, siempre por encima de mi vestido.
Pronto sus manos levantaron la parte de abajo, y palparon directamente mi piel,
recorriendo mis piernas en sentido ascendente.
En esos momentos no me importaba nada de lo que pudiera
suceder. La luz de la luna, el ambiente tranquilo y a la vez espectacular, del
bosque, ampliaban todav�a m�s mis sentidos. La mano hab�a ingresado entre mis
muslos y hab�a rozado levemente mi vagina por encima de la braguita. Los
tirantes del vestido hab�an ca�do, dejando libres mis pechitos, y su boca se
hab�a apoderado de mis pezones, que estaban dur�simos.
Estaba tan en las nubes que no recuerdo exactamente cuando
mis bragas hab�an desaparecido. Not� su mano que se hab�a puesto encima de mi
sexo y lo masajeaba lentamente, haciendo hincapi� en mi cl�toris. Mi sexo estaba
tan h�medo que me daba la impresi�n que me hab�a orinado.
Cuando retir� por completo mi vestido, yo ya estaba a punto
de tener un orgasmo, pero en cuanto puso sus labios en mi co�ito, estall� en el
sumum del placer. Los orgasmos se suced�an mientras su lengua ahondaba entre los
labios de mi vagina. Pronto, un dedo empapado en mis jugos penetr� en mi ano.
Aquello me pareci� extra�o, pero dados mi poco conocimiento y experiencia en el
sexo, pronto se borraron todas las dudas.
En ese momento mi mano tom� contacto con su pene. Estaba
completamente hinchado, rojo, con l�quido preseminal abundante. Me asust� su
tama�o, aunque luego he comprobado que no era tan monstruoso como en ese momento
me pareci�. Me tom� entre sus brazos y me sent� encima de �l con las piernas
rodeando su cintura.
Supe que hab�a llegado el momento en el que iba a perder mi
virginidad. En aquella posici�n y sin dejar de besarme y acariciar todo mi
cuerpo, llev� su glande al lugar de inmolaci�n. Le cost� mucho penetrar, y el
dolor que sent�a all� abajo era muy superior al mas pesimista de mis presagios.
Notaba un ardor terrible en el recto y eso que estaba quieto
y apenas se mov�a. Pasaron cerca de 10 minutos hasta que not� como me hab�a
llegado hasta el fondo y el dolor empezaba a ceder, ayudado por sus dedos que
masajeaban mi cl�toris. Entonces llev� yo misma mis dedos hasta esa zona, y
descubr� con estupor que ten�a todo el pene introducido en mi recto. �Ahora
estaba claro ese intenso dolor de la penetraci�n!.
Le dije con palabras, que no estoy segura que salieran de mi,
que se hab�a equivocado de lugar, pero �l no me contest�, sino que asi�ndome de
la cintura empez� un bombeo que me transport� de nuevo al limbo. Ya no hab�a
dolor y su pene penetraba ahora s�, hasta lo m�s profundo para salir casi en su
totalidad y volver a hundirse.
Cambi� la posici�n y ahora estaba yo boca abajo, apoyada en
el ribazo, y �l tom�ndome por la cintura me penetraba como un pist�n, y
nuevamente empec� a tener orgasmos consecutivos, que no sab�a distinguir entre
el final de uno y el principio del siguiente.
Pronto, de una sola embestida, me penetr� hasta lo mas
profundo y empez� a derramar su semen dentro de mi. En ese momento no deseaba
que se hubiera acabado nunca, y le regal� con un nuevo orgasmo. Sin sacarla de
dentro de m�, me lade�, y quedamos enganchados durante mucho tiempo, hasta que
su pene disminuy� de tama�o y se escurri�. Haci�ndome notar un vac�o inmenso en
mi ano.
Le pregunt� porqu� me lo hab�a hecho por detr�s, y el me
respondi� que lo hab�a hecho as� para no acabar con mi virginidad tan joven. Yo
me preguntaba como hab�a sido posible, no darme cuenta enseguida del lugar por
el que me penetraba.
Durante todos los d�as siguientes, nuestra relaci�n fue tan
apasionada como ese primer d�a y por nada del mundo hubiera dejado ese para�so.
4 a�os despu�s, mientras me desvirgaba un tipo, al que apenas conoc�a, rememor�
aquellos momentos deliciosos, deseando que hubiera sido aquel bello jardinero el
que me estuviera aplastando con su cuerpo, y eso me llevo a tener una serie de
orgasmos, que el hombre atribuy� a su buen hacer sexual.
Pod�is escribirme si os ha gustado la historia.