TESTIGO DE LA HERMOSURA I: TRES CHAVALES
El cansancio se dejaba notar. La noche anterior hab�a estado
hasta muy tarde despidi�ndome de mis amigos. Un adi�s c�lido y la promesa formal
de mantener la comunicaci�n a trav�s del tel�fono m�vil. Los p�rpados tend�an a
caer, por lo cual decid� dejar unos minutos la autopista tan pronto como
encontrara un �rea de servicio. Un 4x4 negro que circulaba delante de m� tom� la
misma iniciativa. Lo segu�, y aparcamos los dos de lado, frente a la cafeter�a.
Mi sexto sentido dispar� la alarma. Del veh�culo salieron tres personas: una
se�ora, una ni�a y un muchacho de pelo casta�o y moreno de piel, de unos 14
a�os, vistiendo unas bermudas ajustadas y una camiseta sin mangas. Hombros
anchos, piernas musculadas, bastante fuerte. Me qued� apoyado a mi coche,
mir�ndolo con un cierto descaro. �l tambi�n me mir� y me sonri�. Avanc� hacia la
cafeter�a tras �l, deleit�ndome con la visi�n de su estupendo trasero,
perfectamente recortado por la ropa.
Dej� a su familia y se dirigi� al servicio. Cuando yo entr�,
�l estaba frente al espejo arregl�ndose el pelo. Su imagen reflejada me sonri�
de nuevo. Yo le devolv� la sonrisa y, no sabiendo muy bien qu� hacer, me situ�
en el urinario central de los tres que hab�a. Comenc� el ritual de descubrirme
con parsimonia, porque llevaba unos pantalones sin bragueta y con un cord�n en
la cintura. Cuando mi polla ya estaba en la calle, not� la presencia del chico a
mi izquierda. Instintivamente le mir� a la cara y descubr� una nueva sonrisa y
una mirada que se clavaba en mi sexo. Sent� una punzada de excitaci�n. Comenc� a
mear. El chico, por su parte, se la estaba sacando, y a juzgar por sus
movimientos le estaba costando un poco. Finalmente se desabroch� el bot�n del
pantal�n y el miembro, completamente erecto, sali�. Era una polla bastante
grande, m�s gruesa que larga, tan morena como el chico y con un glande
redondeado y apetitoso, brillante y h�medo. Mir� a los ojos del propietario de
tan suculento manjar. Creo que no hab�a dejado de sonre�r en ning�n momento. Su
rostro, ovalado y sonrosado, con unos labios carnosos y recortados, nariz
peque�a y gr�cil, aparec�a entre provocador y c�ndido, juguet�n. Mi rabo empez�
a tomar posiciones.
-Buena polla �solt� de pronto el chico.
-�Cu�l, la tuya o la m�a? �pregunt� ampar�ndome en la
ambig�edad.
-Las dos. �Si pudieran hablar! La tuya contar�a seguro
cientos de aventuras.
-�Y la tuya no?
-La m�a est� siempre dispuesta pero no tiene mucha
experiencia.
-Pues tiene mucho futuro. Es preciosa.
-�T� crees?
-�Te lo demuestro?
La agarr� con delicadeza y con el respeto que sientes por las
obras de arte. La acarici� sin prisas, dominando la urgencia de la excitaci�n
sexual. El chico se qued� desconcertado por el temple. �l hab�a agarrado ya mi
polla y comenzaba a cascarla. Esper� a que tomara la iniciativa.
-Vamos dentro.
Los servicios estaban absolutamente vac�os, seguramente
debido a la hora temprana. Comprob� las tres puertas y nos metimos en la �ltima.
Sin espera, el joven se subi� a la taza, con lo que su polla suculenta quedaba
casi a la altura de mi boca. La devor�. Mi contendiente se apuraba a follarme la
garganta sin miramientos, y aunque esa acci�n es una de mis preferidas decid�
frenarlo, porque imaginaba que tendr�a prisa por correrse en mi boca y salir al
encuentro de su familia, antes de que lo echaran en falta.
-�Qu� haces?
Le baj� la bermuda a la altura de los tobillos. No llevaba
ropa interior. Lo obligu� a darse la vuelta y mostrarme su culo espectacular. Un
poco m�s claro de piel, tan resping�n como la ropa hab�a anunciado, estrecho y
redondeado, nalgas apretadas como encubriendo un enigma, voluminoso y duro. Todo
esto lo evalu� de un vistazo, porque al instante mi boca estaba pegada a su
agujero. Protagonista, la lengua.
-�No, eso no! �No, que voy a gritar!
Me pareci� genial. Vaya forma de decir que s�. Profundic� a�n
m�s en su hoyo, delicioso como un plato de nata, buscando los placeres ocultos.
La mano derecha la coloqu� en su boca, un dedo dentro, para evitar el esc�ndalo.
La izquierda masajeaba tranquilamente su miembro repleto de sangre hirviendo. Me
chupaba el dedo con la misma desesperaci�n con que se come despu�s de un ayuno
forzado. Quise imaginar que su ayuno hab�a durado por lo menos 14 a�os. Me
equivoqu�. Se agach� para que su mano encontrara mi sexo, con lo que su hueco se
abri� a�n m�s. Respiraba forzadamente por la nariz, saboreando ahora dos dedos
m�os, lami�ndolos como en una sesi�n de pr�cticas para el examen inminente. De
pronto me apart� de su dulce hogar.
-Me quiero correr en tu boca.
-No tengas prisa. No se atrever�n a entrar.
-T� no las conoces. Sobretodo a mi hermana.
Agarr� con fuerza mis mejillas para dirigir mi rostro a su
verga. Yo quise detenerme un rato en sus test�culos, muy colgantes, bastante
grandes, sin apenas vello. Dos lamidas me fueron permitidas antes de que su
grueso tronco invadiera mi boca hasta el fondo. Yo quer�a demostrarle mi
habilidad relajadamente, jugar con la lengua, mordisquear tenuemente el glande,
abrir con la punta de la lengua sus t�midos agujeritos... pero no hubo tiempo.
Sin conformarme, busqu� su ano y le plant� dos dedos dentro, abri�ndolos en el
interior formando el signo de la victoria. Se estremeci� de gusto y bombe� mucho
m�s fuerte, as� que me decid� a mover mi mano arriba y abajo sucesivamente para
semejar una temerosa follada. Result� electrizante. El chaval explot�
abundantemente en mi boca mientras notaba en su interior la fricci�n r�gida de
media mano activando sus mejores puertos de placer. Casi simult�neamente sonaron
unos golpes en la puerta y una voz infantil que me comunicaba el nombre de mi
amante:
-�Germ�n, tardas mucho!
-�Ya voy!
Me relam� los labios y el paladar y me dispuse a salir, pero
el chaval me detuvo.
-No, espera, quiero tu leche.
Se sent� en la taza y comenz� a mamar. Jugaba con el capullo,
rode�ndolo con sus labios apretados, rozando delicadamente el contorno con la
punta de la lengua, engullendo luego todo el tronco hasta donde pod�a. Goc�
mucho, a pesar de que no soporto las prisas. Yo le acariciaba el cuello y bajaba
de vez en cuando por la espalda buscando de nuevo su entrada, roz�ndola,
abri�ndome camino sigilosamente. As�, alcanzando el trofeo con la punta de los
dedos me lleg� el cl�max urgente y desesperado. Ba�� la dulce boca de Germ�n con
mi placer y �l, jubiloso, no renunci� ni a una sola gota.
Nos preparamos para salir. Yo, un poco sobrecogido por las
caracter�sticas del encuentro, acostumbrado a la calidez y la ternura. �l,
dudoso pero apresurado. Cerca de la puerta se detuvo, se volvi� y me inquiri�
mientras me ofrec�a la misma sonrisa que antes de conocer nuestras intimidades.
-Oye, �te gusto?
-Pues claro. Eres un bomb�n.
-Pues entonces te vienes conmigo y te presento a mi madre.
D�jame hablar a m�.
Me pareci� una locura, pero tan pronto como sus labios se
pegaron a los m�os y su lengua vigorosa me record� el sabor de mi semen me
dispuse a entregarme a su juego. Salimos.
-Por cierto, �c�mo te llamas?
-Soc.
-�Vaya nombre!
-Es la abreviatura de S�crates.
-Bueno, pues yo te llamar� Ram�n.
No hubo tiempo para protestar. Madre y hermana de Germ�n
estaban sentadas en una mesa ante un desayuno vulgar. La se�ora alz� la vista
cuando vio llegar a su hijo en compa��a de un hombre. Me mir� interrogada.
-Mam�, �te acuerdas de aqu�l monitor de los campamentos del
a�o pasado? El que me llev� a urgencias cuando me ca� de la mountain bike. Es
Ram�n. �l era el responsable de mi patrulla. �Te lo cont�?
-Tanto gusto. Vaya casualidad. La verdad es que no me acuerdo
de ti. �Cont� tantas cosas! Qued� encantado, y este a�o quer�a volver, pero no
podr� ser.
Germ�n me estaba abrazando como si fu�ramos colegas de toda
la vida. Yo me sent�a un poco violento, porque no comprend�a las intenciones del
muchacho. Pero segu� la corriente. Abrac� al chico y solt� los t�picos m�s
gastados.
-�Ay, Germ�n, Germ�n! �Qui�n lo iba a decir? Has crecido
mucho, est�s hecho un hombre. �Y c�mo es que este a�o no vas de campamento?
-Porque pasaremos todo el verano en la playa �cort� su madre.
-En Julio nosotros tres y en Agosto vendr� tambi�n mi marido. Y tu, �ir�s este
a�o de campamento?
-Pues no. Pasar� Julio en la monta�a y Agosto en la playa.
Vacaciones de verdad.
-Oye, mam� �interrumpi� Germ�n. �acompa�o a Ram�n hasta su
coche, porque tiene prisa.
-Encantado, se�ora.
Me sent� casi arrastrado hacia fuera. Me habr�a tomado con
ganas un bocadillo, pero el chico me lo impidi�. Una vez fuera, lo abord� entre
enojado y admirado.
-Vaya morro que tienes...
-Oye, �es verdad que vas a pasar Agosto en la playa?
-No tengo ni idea. S�lo s� que voy a pasar Julio en el
Pirineo Aragon�s.
-Pues en Agosto te vienes a mi casa de la Costa Brava. Yo lo
arreglo todo.
-Oye, chico, eres muy raro. �A qu� voy a ir yo a la Costa
Brava?
-A follar conmigo. �No has dicho que te gusto?
-Pues claro. Me gusta tu cuerpazo y me gusta este desparpajo
que gastas. No tienes verg�enza.
-No. Oye, dame tu m�vil.
De una cremallera lateral de la bermuda sac� un tel�fono
diminuto y brillante. Apunt� las nueve cifras y, sin justificarse, apret� el
bot�n de llamada. Son� el timbre en mi bolsillo.
-Ahora ya tienes el m�o. No lo pierdas. Nos llamamos.
-Oye, oye, frena un poco. Nos hemos comido la polla pero para
m� eso no es suficiente como para dar por hecho que nos llamaremos y nos
volveremos a ver. No s� nada de ti.
-Pues pregunta.
-No s�... �De d�nde eres? �Cu�ntos a�os tienes?
-Soy de Santander. �Y t�? Ah, y cumplo quince el 2 de Agosto.
-Yo de Bilbao. Soy profesor de ingl�s. �C�mo calificar�as lo
de hoy, lo que ha pasado en el ba�o?
-Mmmm, no s�... Un buen pr�logo.
-Prologo, �de qu�? Lo de hoy no ha sido tu primera vez.
-Mira, te voy a hablar claro. Yo quiero perder la virginidad
antes de los 15. Pero soy muy exigente, me gustan los hombres como t�, y todos
los rollos que me salen son con chicos de mi edad. Y, por lo dem�s, en mi culo
s�lo has estado t�. Bueno, y mis dedos, y alg�n objeto.
-�Y la mamada?
-Se la chup� a Ram�n, mi monitor de campamento del a�o
pasado, en la Sierra de Gredos. Fue la �ltima noche. Estaba borracho y vino a
buscarme. Pero no lleg� a correrse. Cuando empezaba a ponerse borde lo ech� de
la tienda. Tambi�n se la he comido a alg�n amigo, nada importante.
-Es que, sabes, todo ha resultado un poco fr�o. No me llenan
estas historias. Nos veremos de nuevo, si tu quieres, y si puede haber algo m�s
de... humanidad. �Me entiendes?
-Yo no soy as� de superficial. Puedo ser muy cari�oso. Ya lo
descubrir�s.
Hab�amos llegado a mi coche. Abr� la puerta, y Germ�n se
acerc� mucho, siempre pendiente del cristal que nos separaba del sal�n de la
cafeter�a. Se aseguraba de que su madre no pod�a verlo desde su mesa. Qued�
convencido, porque de repente me encontr� envuelto por un abrazo tierno y
cari�oso, y nuestras bocas se tropezaron para deleitarse mutuamente en el
sentido del gusto, para inaugurar una ruta que, aparte del placer de la
exploraci�n, promet�a satisfacciones completas.
-Bueno, Ram�n...
-�A qu� parte de la Costa Brava vas?
-A Lloret.
-No vas a llegar virgen a Agosto. En Lloret hay mucho
ambiente.
-Ya veremos. Depende de ti.
-Cuida bien ese culo- le dije d�ndole una palmada sonora. �Es
precioso.
-Y t� ese poll�n- respondi� abarcando con su mano mi paquete.
-Va a estar en el mejor culo del mundo.
Por el retrovisor capt� su saludo y su mirada que me segu�a
mientras me alejaba. Hab�a sucedido todo tan r�pido que me parec�a un sue�o. El
verano m�s caluroso de mi vida acababa de empezar.
Transcurridos unos kil�metros de autopista son� el timbre del
m�vil indicando que hab�a llegado un mensaje. Contuve la curiosidad. Sab�a que
era de Germ�n. Cuando pude detenerme a desayunar lo le� con ansia. Dec�a
simplemente: "de ti depende". Le respond�: "no s� de qu� me hablas". Pasados
unos minutos, nuevo mensaje: "S� que no me fallar�s. �ltimo d�a, 1 de Agosto".
Pasado mediod�a llegu� a mi alojamiento, un Hotel de ambiente
familiar en el valle de Benasque. Me hab�a decidido a pasar mis vacaciones all�
por dos razones: el fant�stico entorno y el hecho que mi hermana es la
directora. Hace a�os que vivimos alejados y nos apetec�a pasar unos d�as juntos.
Me instal� en mi rec�mara y, dado el calor asfixiante, me dirig� a la piscina.
Eran las cuatro y media. Nada m�s llegar mi mirada se concentr� en un chico
extremamente rubio, casi albino. Se divert�a saltando al agua de mil distintas
maneras. No observ� a ning�n adulto cerca, pero el socorrista del hotel no le
quitaba ojo de encima. Usaba un ba�ador del tipo bermuda, con la pernera no
demasiado larga, relativamente ajustado en los muslos y en el culo. Llevaba la
tira de la cintura un poco suelta, de modo que cada vez que sal�a de la piscina,
generalmente por el borde, sin usar la escalera, el empuje que se daba para
saltar fuera dejaba al descubierto unos cent�metros de carne divina: el comienzo
de sus gl�teos, de color m�s claro que el resto del cuerpo, y el principio de
una raja que conduc�a al epicentro. Parec�a no importarle mostrar al mundo aqu�l
pedazo tan atractivo de su cuerpo, puesto que en ning�n momento hizo adem�n de
estrechar el lazo que sujetaba la prenda. Un poco m�s arriba, un t�rax
exageradamente fuerte para su edad terminaba en un cuello poderoso. De espaldas,
sus hombros mostraban su anchura, marcando sutilmente los om�platos. Una
aut�ntica belleza. Su rostro, adem�s, armonizaba perfectamente con la finura de
su cuerpo: p�mulos marcados, labios generosos, dientes pulcros, ojos azul
marino, orejas diminutas, pelo liso y brillante, bastante corto. "Demasiado
perfecto" pens�. "Y demasiado joven".
Me zambull� estrepitosamente, alterando la tranquilidad
vacacional del entorno. En seguida not� la mirada furiosa del salvavidas, que
sin embargo no me dirigi� la palabra. Me estuve refrescando sin nadar y sin
dejar de observar al peque�o. No parec�a divertirse demasiado, pero es que
tampoco hab�a otros ni�os con qui�n jugar. En una ocasi�n que el chaval
intentaba cruzar la piscina buceando me deslic� para cruzarme en su camino. Not�
mi pierna y me sorte�, pero eso no impidi� que todo su cuerpo rozara con el m�o,
hecho que me permiti� comprobar la suavidad de su piel. Me tend� en una tumbona
y me puse las gafas de sol para poder observar discretamente. El socorrista era
un poco cre�do, con un cuerpo bastante bien formado y m�s o menos mi edad.
Estaba sentado bajo una sombrilla y de vez en cuando daba un paseo rodeando la
alberca. Se contorneaba orgulloso de su bronceado y de sus m�sculos, hinchando
el pecho para andar. Pens� que no me gustar�a parecerme a ese tipo, aunque si
as� fuera seguramente ser�a el �ltimo en tomar conciencia de mi actitud
presuntuosa y chulesca. Despu�s me retir� a la habitaci�n, donde vision� una
pel�cula en el ordenador port�til y, antes de la cena, escuch� un nuevo timbre.
Otra vez era Germ�n, que me dec�a: "Me estoy pajeando pensando en ti". Y le
respond�: "Lo mismo har� luego". En la cena repasaba mentalmente lo singular de
mi encuentro con el chico, y me promet� a mi mismo no defraudarlo. Dos mesas m�s
all�, el rubito despampanante acompa�aba a una se�ora muy seria. A penas
hablaban, y el tono del adulto era m�s bien reprendedor. Par� el o�do y me di
cuenta que hablaban en catal�n. Ning�n problema, yo estudi� mi carrera en
Barcelona y quiz� tendr�a ocasi�n de practicarlo. El ni�o quer�a jugar un rato
al futbol�n y la madre le dec�a que estaba cansada, que ya hab�a jugado con �l
por la ma�ana, que cogiera un libro y leyera. Nos levantamos de la mesa casi al
mismo tiempo, y yo esper� para cruzarme con el chaval. Le propuse unas partidas
de futbol�n, a lo que se le ilumin� la cara. Desapareci� pero regres� al cabo de
nada. Hab�a ido a pedirle permiso a su madre. No jugaba mal, aunque le faltaba
fuerza en las mu�ecas. Procur� no abusar de �l y, cuando nos cansamos, le ofrec�
invitarle a un refresco. Rehus� amablemente, justific�ndose diciendo que era
tarde y deb�a ir a leer un libro. Al preguntarle qu� libro estaba leyendo me
encontr� hablando solo. Hab�a desaparecido. Sal� a la calle. Hac�a un calor
tremendo. Lleg� un coche bastante lujoso, ocupado por una pareja de mediana
edad. La se�ora se dirigi� al asiento de atr�s, toc� algo y dijo:
-Venga, Jordi, que ya hemos llegado.
Intent� descubrir c�mo era Jordi, pero s�lo fue una sombra.
Me pareci� rubio, no muy alto, de unos trece a�os, guapo, muy guapo, pero sali�
disparado buscando el ba�o. Entr� al vest�bulo, pero antes de que el chico
regresara mi hermana me llam� y estuve tomando una copa con ella. Una hora m�s
tarde estaba echado en mi cama dispuesto a iniciar el ritual de la masturbaci�n.
Mi rabo sab�a lo que le esperaba, y saltaba de contento. Estaba recordando la
primera imagen de Germ�n, de espaldas, saliendo de su coche, cuando son� el
tel�fono. Era �l.
-�Qu�, ya has empezado?
-Ahora estaba en ello. Y a ti, �c�mo te ha ido?
-Bien, pero ya vuelvo a tener ganas. Ahora estoy en el sof�,
completamente desnudo, paje�ndome sin prisas. Dime, �en qu� piensas?
-En tu culo delicioso. Me ha encantado chuparte tu tierno
orificio. Es un caramelito de fresa.
-A m� tambi�n me encant� la lamida. Te juro que no pod�a
imaginar que fuera algo tan poderoso, tan profundo. Te sientes como besado por
dentro.
-Eso es. Un beso profundo y sobrecogedor. Mis labios pegados
a tu esf�nter, como si fueran tus labios; mi lengua entrando en el agujero, como
si fuera tu boca, pero en vez de buscar tu lengua buscando las paredes de tu
cavidad, suav�simas, frescas, radiantes. �Ojal� tuviera diez cent�metros de
lengua para met�rtela toda!
-S�, y yo la siento y me abro cada vez m�s, dejando que me
prepares para el gran ataque final. Me lames y me chupas y yo siento como si me
derritiera, como si mi culo fuera mi boca, jugando a dar cobijo a tu lengua que
nunca se detiene...
-Y mientras te meto la lengua entera, mi mano te da un masaje
genial en los huevos. Mmmm, los tienes grandes y sueltos. �C�mo me gustan! Son
tan dulces, tan suaves, tan independientes...
-Es como si la piel de mis huevos no existiera, como si me
los estuvieras comiendo directamente, calentando la leche que pronto albergar�
tu garganta... la siento, siento la leche empujando para salir, empujando para
regarte totalmente la cara, escupirte mis mocos y que t� te relamas, que me
pidas m�s y m�s...
-Y te acaricio ese vientre tan plano, ese pecho marcado, esa
espalda de atleta... Y de repente me trago toda tu polla, enorme, hasta la ra�z.
Me cuesta respirar, pero puedo sobrevivir, porque t� me alimentar�s con tu
leche.
-Me chupas arriba y abajo, pero yo te interrumpo y te follo
la boca. Te follo la boca como su fuera el culo de un ni�o, con suavidad, con
ternura. Tu lengua se pega a mi manubrio. Siento sus bultitos �speros recorrerme
el rabo. Me muero de placer.
-Ahora t� me chupas a mi. Preparas la m�quina con
profesionalidad y entrega. Chupas como si quisieras vaciarme por dentro, como si
fuera tu �ltimo alimento. Mi polla est� m�s grande que nunca.
-Es enorme. Y me encanta contenerla toda. Parece imposible,
pero consigo tragar hasta que tus huevos rozan mis labios. Ya est�s empujando y
retrocediendo, como pronto har�s en mis entra�as.
-Nos tiramos por el suelo. Tu te amorras a mi polla, yo me
pego a tu culo, para dejarlo a punto, como si tuviera las llaves del placer que
encierra. Se acerca el momento. El culo est� a punto. Se abre imp�dicamente
anhelando contener mi sexo, expresando ante el mundo la tristeza que experimenta
estando vac�o, su angustia por llenarlo con pollas de macho.
-�F�llame ya, que estoy derretido del todo! M�temela entera,
hasta el fondo. M�temela hasta que me salga por la boca, hasta que te la pueda
chupar por dentro.
-Estoy entrando poco a poco. T� te rasgas, me acoges, me
arropas, me envuelves mientras me abro camino, me dejas habitar en la mejor
sala, me cubres de alabanzas y ofrendas, me confortas y me agasajas. Ya me
contienes entero, ya formo parte de ti. Germ�n, cari�o, tu culo es el para�so,
tu culo es un monstruo del placer, tu culo es el reposo al cansancio, la cura a
la enfermedad, el hogar donde quemo los le�os de mi virilidad, la trinchera
donde me protejo de los enemigos.
-Yo no soy yo. Estoy tan loco que no me acuerdo de qui�n soy.
S�, ya me acuerdo, soy un culo, s�lo soy un culo hambriento y juguet�n, una
posada para tu hu�sped, un descanso para el reposo.
-�Sientes c�mo mi polla resbala en tu conducto, ahora dentro,
ahora fuera, ahora entra, ahora sale? �Sientes ese placer inmenso de
considerarte lleno del todo? �Ves esa luz de plenitud, ese para�so inexplorable
que se abre ante ti? �Est�s en el cielo, como yo, sintiendo que el culo te va a
estallar de sensibilidad? Oh, Germ�n, cari�o, me corro dentro de ti, me corro
todo, me vac�o por completo, y todo es por tu culpa, porque est�s imponente,
porque eres tan guapo, tan delicioso, tan fuerte...
-S�, yo tambi�n me corro. Te noto caliente c�mo descargas, te
noto c�mo aceleras y aflojas. Tu polla est� viva, bien viva, dentro de mi. No te
voy a soltar, no te voy a dejar salir. Eres m�o, Ram�n. �Me coooooorro y eres
m�o! �Ahhhhhhhhh!
-�Qu� pasada! �Sabes una cosa, Germ�n? Nos conocemos desde
hace unas horas y parece que fueran a�os. No s�, macho, me siento muy a gusto,
muy cercano. No s� si te pasa lo mismo...
-Claro que s�. No olvides que te he elegido para desvirgarme,
y eso tiene mucho valor. Eres el �nico que me ha lamido el culo, que se ha
comido mi leche, eres algo especial. He estado pensando y creo que entiendo lo
que buscas. Procurar� d�rtelo, adem�s de otras cosas que t� no me pides, pero
que yo te entregare con gusto.
-Eres un encanto. Me muero porque acabe este mes y pueda
estar junto a ti, dentro de ti, d�ndote afecto, que es algo que se me da
bastante bien.
-Bueno, Ram�n, te llamo ma�ana. �O debo llamarte Soc?
-Ll�mame como quieras. Soy tuyo.
Me qued� dormido muy pronto. Como es l�gico, so�� con Germ�n
y su descaro, so�� que follaba por tel�fono, so�� que Jordi, el chico que a�n no
ten�a rostro, era como Germ�n, descarado y caliente. So�� que el rubito se
lanzaba a mis brazos, me propon�a juegos m�s sensuales, me robaba a Germ�n, que
se alejaba mirando hacia atr�s. So�� que Jordi me consolaba, me besaba, se met�a
en mi cama. S�lo sue�os. Por el momento.
Me despert� cansado. Desayun� un poco tarde y luego me volv�
a acostar. A las doce sal� a la piscina. El rubito estaba leyendo un libro de
aventuras en una mesa de la terraza. La piscina estaba casi llena. Hombres y
mujeres que intentaban superar el sofoco. Pocos ni�os. Algunos, s�, pero
demasiado peque�os o demasiado gordos. De pronto las cigarras cesaron su balada,
los p�jaros su canto, los �rboles dejaron de agitar sus ramas. La tierra dej� de
rotar. Apareci� Jordi. Bell�simo, resplandeciendo como una estrella. Era un
chico que cautivaba desde el primer instante. Un rostro bell�simo: nariz
dulzona, labios finos pero muy sensuales, ojos verdes, barbilla muy masculina,
cejas finas, orejas peque�as, cuello largo aunque no muy grueso y el pelo,
trigue�o, peinadamente despeinado, liso pero rebelde, bastante largo. Despu�s un
tronco �gil y m�s bien delgado, pero muy atl�tico. Ancho de hombros, fuerte de
brazos, abdominales marcados ligeramente, cintura lisa, sin marcar estrechez. El
trasero muy bien contorneado, en su justa medida, ni muy grande ni muy peque�o,
algo resping�n, ligeramente abierto y musculoso. Sus muslos esculturales,
fuertes y al mismo tiempo delicados, los pies un poco grandes. Mirada muy tierna
y transparente, el chico inspiraba bondad y confianza. Su sonrisa permanente
invitaba a ser su amigo, a abrazarlo y entregarle todo el amor.
Entr� en la piscina con un salto espectacular. Hizo un par de
largos y sali� por la escalera cercana a d�nde yo devoraba mi cerveza fresca
lami�ndome los labios. El ba�ador mojado se pegaba a su silueta, haci�ndolo a�n
m�s apetecible. En un gesto espont�neo, mirando hacia sus padres, se afloj� la
cintura y, apret�ndola un poco m�s, se abroch� de nuevo el cord�n. No tard� diez
minutos en estar con �l. Aprovech� que fue hacia la barra a comprarse un helado.
Yo compr� el mismo que �l.
-T� eres nadador, �no?
Me mir� y me dej� impresionado. La profundidad de sus ojos me
hab�a reducido a cenizas. Ampli� su sonrisa.
-Ya no. �Por qu�?
-Por el pedazo de cuerpo que tienes. Eres un aut�ntico
atleta.
Me observ�. Abri� un poco m�s la sonrisa y la volvi� a
cerrar. Tard� unos segundos en expresarse.
-Practiqu� nataci�n hasta los once a�os. Llegu� a subcampe�n
regional. Ahora practico jockey sobre patines.
-�De veras? Ese es un deporte minoritario.
-No en Catalu�a. Y menos en Vic, de donde yo soy.
Se expresaba en un catal�n fresqu�simo y vigoroso, distinto
del de Barcelona. Me encantaba. Hasta su dicci�n era como la miel.
-Y �cu�ntos a�os tienes ahora?
-Trece.
-�Vas a estar muchos d�as?
-Todo el mes. Mis padres quieren despedirse o algo as�.
No entend� muy bien el sentido de esto �ltimo, pero una mueca
suya me impidi� profundizar.
-Bueno, Jordi, nos iremos viendo por aqu�.
-�C�mo sabes mi nombre?
-Porque soy detective privado.
-�Venga, hombre!
-�No me crees? Tu padre tiene un Porsche y tu madre un coche
m�s peque�o, pero le gusta conducir el de tu padre.
-Es verdad, pero lo sabes porque tu habitaci�n debe estar
situada sobre el aparcamiento. O me viste llegar ayer.
-Cierto. Y tu madre te llam� para despertarte. T� dorm�as en
el asiento de atr�s.
-Ya. Y t�, �c�mo te llamas?
-Soc. Aunque si no te gusta me puedes llamar Ram�n. Soc es
diminutivo de S�crates.
-Como el fil�sofo.
-As� es.
Media hora m�s tarde regres� al agua, y yo le segu�. All�
seguimos conversando. Le cont� algo sobre m� y, al saber que soy profesor, se
solt� a narrarme an�cdotas de su colegio. Estuvimos charlando un buen rato,
dentro del agua, y despu�s nadamos un poco. Le dej� que exhibiera todos sus
estilos, y yo me conform� con el �nico que me sale un poco elegante. Despu�s de
la comida estaba de nuevo all�. La tarde pas� volando entre charlas, risas y
concursos. A las siete y media cerraron la piscina y desapareci�. Yo me dispuse
a terminar la pel�cula que hab�a comenzado el d�a anterior, pero no me
concentraba. Jordi me hab�a arrebatado el sentido com�n. Era tan bello, tan
perfecto, que me hab�a hecho olvidar a Germ�n. Un mensaje me lo trajo a la
memoria: "He conocido a un chico. Tu futuro corre peligro." No respond�.
Los mensajes me cansan enseguida y son una forma de
comunicaci�n muy lenta. Baj� al comedor, con la esperanza de encontrar a Jordi.
No apareci�. Por lo visto sus padres hab�an decidido cenar fuera. El rubito se
acerc� t�midamente y me pregunt� si quer�a echar unas partidas. Acept�. Lo mir�
y ya no me pareci� tan guapo. Me dijo su nombre: Oriol. Le ofrec� un caramelo de
menta. Mir� a su madre, solicitando autorizaci�n. Ella neg� con la cabeza. Le
pregunt� luego si no pod�a comer caramelos. Me respondi� que s�lo un par por
semana. Mi hermana nos interrumpi� a media partida.
-Cuando acabes quiero hablar contigo. Quiero pedirte un
favor.
Me intrigaron sus palabras, pero no quise dejar al ni�o solo.
Despu�s busqu� a Sole y la encontr� en la barra. Me cont� que le hab�a salido un
problema con el salvavidas. A las siete y media hab�a salido con su coche y
hab�a tenido un accidente, nada grave. Acababa de llamar desde el Hospital y le
hab�an escayolado un tobillo y el codo derecho.
-T� tienes tu t�tulo en vigor, �no?
-S�, llevo una fotocopia, pero...
-Me har�as un gran favor si ocupas el lugar de socorrista
unos d�as, s�lo hasta que encuentre a uno profesional, que vendr� de Zaragoza o
Barcelona.
Acept�, aunque no me apetec�a nada. No por la responsabilidad
que el cargo conlleva, sino porque yo estaba de vacaciones, y no ven�a dispuesto
a trabajar diez horas vigilando a ba�istas. Me conform� pensando que Jordi y
Oriol pasar�an mucho rato conmigo, pero deb�a irme ya al cama, porque a las
nueve y media comenzaba mi jornada. Tem� que Germ�n me llamara, as� que me
adelant�. No fue una llamada er�tica. S�lo le certifiqu� mi cari�o y le cont� lo
del socorrista. Me llam� chulopiscinas, se ri� de m� y luego me mand� un beso.
No dijo nada del chico que hab�a conocido, y yo olvid� preguntarle.
El d�a siguiente estuvo presidido por las presentaciones. La
madre de Oriol madrug� mucho: a las 10 y media ya ten�a al chico dentro del
agua, pidi�ndome juegos y distracci�n. Ella, casi sin expresi�n, me coment� que
era viuda y que estaba buscando pareja, pero que de momento no hab�a encontrado
lo que buscaba. Sin que yo le preguntara me cont� que hab�a conocido a un hombre
que estaba ocupado todo el mes de Julio, y por ello se hab�a decidido a pasar
las vacaciones en aqu�l hotelito. En Agosto pensaba emprender un viaje de una
semana junto al reci�n conocido, pero no ten�a d�nde dejar al ni�o. Creo que no
disimulaba en absoluto que su hijo le molestaba, incluso en la estancia en el
hotel. No sab�a qu� decirle, qu� actividades ofrecerle, y aprovech� que el
chaval y yo hab�amos hecho migas para carg�rmelo descaradamente. Lo justificaba
simplemente por el hecho que Oriol sufr�a la carencia de la figura del padre,
pobrecillo.
Mientras ella hablaba el chico estaba como ausente, como
desconectado. Le acarici� el pelo, sedoso, brillante, lleno de reflejos �ureos.
�l se acomod� como un cachorrillo y me abraz� por la cintura. A las doce
apareci� dios vestido de jockey. Llevaba el mismo ba�ador que el d�a anterior y
una camiseta de su equipo, con su nombre bordado en letras grandes. No es que me
sonriera a m�, simplemente vest�a esa expresi�n seductora que siempre llevaba
puesta. Me salud� y se acerc�, y autom�ticamente Oriol se peg� a m�, sin
soltarse para nada. La ma�ana transcurri� entre juegos y competiciones, y aunque
cost� un poco al final los chicos hicieron buenas migas. A las dos el peque�o
despareci� con expresi�n tiste. Su madre hab�a contratado una excursi�n a los
lagos. No le apetec�a demasiado. Jordi se qued� un rato, y aprovech� para alabar
nuevamente su figura y preguntarle si no ten�a ba�ador de competici�n.
-�Para qu�?
-Hombre, porque es mucho m�s bonito.
-�Por qu�?
-Porque pone a la vista la belleza de los cuerpos. T� tienes
un cuerpo perfecto, que destacar� mucho m�s si luces una prenda pegada a la
carne. Seguro que dentro de pocos a�os las chicas se volver�n locas por ti.
-Ya me pasa ahora. Este curso me eligieron el chico m�s guapo
del colegio, compitiendo incluso don los de Bachillerato.
Continuamos charlando un rato, hasta que el adolescente
desapareci� estrictamente el tiempo que necesit� para comer. Antes de las tres
estaba de nuevo a mi lado, luciendo un delicioso Speedo color azul claro, una
vestimenta que realzaba su figura hasta hacerme enloquecer. Como a esa hora la
piscina estaba casi vac�a, no me molest� en disimular mi admiraci�n:
-�Eres guap�simo! Vas a destrozar montones de corazones.
Extendi� los m�sculos faciales para ampliar su estupenda
sonrisa y se sent� a mi lado hasta que termin� con el plato combinado que me
hab�an servido. De postre tomamos el helado de moda y observ� c�mo chupaba el
chocolate ba�ado de almendra. Mi imaginaci�n se estaba disparando.
A las cuatro vinieron los padres del chaval. El hombre se
acerc� directo a m� y me dio la mano. Su mujer iba unos metros atr�s. Se
presentaron y me agradecieron el trato para con el chico, y me explicaron que
estaba pasando un momento dif�cil porque present�a que se iban a separar.
Record� la frase que el d�a anterior no hab�a comprendido. Se despejaron las
dudas: hab�an pactado una separaci�n pac�fica pero a�n no estaba claro lo que
pasar�a con el chico. Ella era ejecutiva y �l arquitecto. Jordi estaba mejor con
ella, pero el padre dispon�a de m�s tiempo dada su profesi�n liberal.
Conclusi�n: se hab�an concedido el mes de Julio para decidir los flecos del
proceso de divorcio. Me pidieron educadamente que no dejara que Jordi me
absorbiera demasiado tiempo, gesto que agradec�, aunque recalqu� que no me
importaba estar con el chico, puesto que soy profesional de la educaci�n y no
supone para m� ning�n esfuerzo. Me parecieron buena gente. Ten�an que ser muy
especiales para haber concebido a una chico tan perfecto.
La tarde se me hizo corta. Jordi y yo no paramos de charlar
de casi todo. Se interesaba por mis clases, por mi ciudad, por mis camaradas. No
se sorprendi� que entre mis amigos �ntimos contara con chicos de su edad o un
poco mayores. No me pregunt� por las mujeres de mi vida. Yo, en cambio, le hice
algunas bromas relacionadas con el sexo femenino que provocaron en �l un cierto
nerviosismo, como de no saber qu� responder. En una ocasi�n unas chicas de unos
diecis�is a�os lo observaban descaradamente. Cuando se lo hice notar se encogi�
de hombros y no se dign� a girarse a mirarlas. Al terminar mi primera jornada de
vigilante de piscinas �ramos amigos inseparables. Me pregunt� qu� iba a hacer en
aqu�l momento, y le respond� que iba a ver una pel�cula. Me pidi� si pod�a
acompa�arme y al cabo de diez minutos est�bamos los dos sentados en un sof� del
sal�n del hotel viendo la segunda parte del Se�or de los Anillos. La sala estaba
vac�a, puesto que no dispon�a de aire acondicionado y hac�a un verdadero
bochorno. Este verano ha sido inhumano por lo que respecta a las temperaturas, y
los hoteles de monta�a no est�n preparados para refrigerar los salones porque
nunca les ha hecho falta. Nada m�s sentarnos se acurruc� a mi lado y yo pas� mi
brazo por encima de su hombro, como dos novios. Ol�a muy bien, muy fresco y
natural, as� que yo me sent�a como en el cielo. Los dos hab�amos visto ya el
film, de modo que al cabo de media hora dormit�bamos sin soluci�n. Yo no me
atrev�a a moverme por no despertarlo.
Lo observ� desde esa singular perspectiva. Su pelo,
uniformemente enmara�ado, le daba un aspecto espont�neo, desenvuelto, remoto. Su
nariz perfecta, sus labios entreabiertos, su pecho tan ancho, sus muslos
musculados, su ba�ador tan peque�o... todo congeniaba para brindarme una
exhalaci�n divina. Hubiera permanecido siglos inm�vil sintiendo s�lo amor, pero
la soledad del lugar me dio �nimos para explorar su intimidad. Con la mano libre
desabroch� suavemente la cinta. No se inmut�. Sent�a su respiraci�n, pesada y
relajada, cerca de mi o�do, y su pecho se hinchaba lentamente para vaciarse poco
despu�s. Met� un dedo bajo el el�stico, s�lo unos cent�metros. No me propon�a
tocarlo, solamente apartar un poco la tela para ver su interior. Lo hice
lentamente, intentando que la velocidad de mi coraz�n no se transmitiera al
brazo. En seguida pude comprobar que no ten�a nada de vello p�bico. Su piel
aparec�a lisa y aterciopelada, virgen seguramente a las caricias �ntimas.
Levant� un poco m�s y, aunque lo contemplaba con mucho amor, no pude m�s que
experimentar una decepci�n. No era cuesti�n de tama�o. No era cuesti�n de forma,
ni de posici�n. Era un sexo de una gran belleza, pero era el sexo de un ni�o,
inmaduro, inadecuado a su edad. Me qued� un rato pensativo, sin soltar el
el�stico, hasta que not� el cansancio en la mano que tiraba de �l. No acababa de
entenderlo. Mejor, no quer�a aceptarlo. El cuerpo de un precioso adolescente,
con todos los ingredientes que lo hac�an ya hombre, con un sexo de ni�o.
Lo despert� pasado un rato, con un beso en la mejilla que
recibi� sin extra�arse. Sin planearlo, sin querer, hab�a cambiado mi concepto de
�l: ahora lo trataba como a un ni�o.
Fuimos al comedor. Sus padres me invitaron a sentarme con
ellos, pero declin� la oferta. En la mesa coment� que se hab�a quedado dormido y
lo mandaron a acostarse pronto. Cuando ya me iba llegaron la se�ora y Oriol, con
cara de cansado. Le pregunt� si quer�a jugar a algo y sugiri� un juego de mesa.
Le ofrec� un chicle que rehus�. Su madre no le deja comer. Me cont� la excursi�n
sin ning�n entusiasmo y nos fuimos a la cama.
Me cost� dormirme. Me hab�a quedado impresionado por la
contradicci�n de la naturaleza. Despu�s de horas de reflexi�n llegu� a la
conclusi�n que cada chico tiene su ritmo para llegar a la pubertad, y el de
Jordi era, por lo visto, un poco lento. Su cuerpo se estaba desarrollando
normalmente pero sus hormonas sexuales estaban de vacaciones. Cu�ndo asumir�an
su rol, era un misterio. Despu�s de un primer sue�o, hacia las dos, son� el
tel�fono. Era Germ�n. Se hab�a escapado por la ventana de su chalet y estaba en
plena juerga con un grupo de j�venes. Se escuchaban voces femeninas, algunas muy
pr�ximas al auricular. Argument� que estaba destrozado para cortar una
comunicaci�n que no me apetec�a.
Oriol estaba en primera l�nea desde muy pronto. Se mostraba
muy confiado y atrevido conmigo. Me hac�a bromas continuamente, se re�a de los
ni�os patosos que jugaban por los alrededores, buscaba el contacto directo con
mi cuerpo en todo momento. Yo me re� del medio culo que asomaba cuando sal�a del
agua, a lo que respondi� baj�ndose el ba�ador por completo y ense��ndome una
delicia de trasero. Estaba a gusto con el peque�o, pero sufr�a esperando el
momento de reencontrarme con Jordi. No sab�a c�mo reaccionar�a. No ten�a por qu�
cambiar nada: el muchacho no era en absoluto culpable de que su metabolismo
fuera lento.
Determin� no pensar m�s en ello, pero la figura de ese pene
infantil y fl�cido no cesaba de aparecerse en mi mente. Al fin lleg�, a la misma
hora que el d�a anterior, y el sol tuvo que competir en brillo. Una palmada en
el aire y acerc� mucho su rostro al m�o, s�lo para certificarme que hab�a
descansado pl�cidamente y que me retaba a echar una carrera. Nos lanzamos al
agua dejando un extra�ado Oriol atr�s. Despu�s de la competici�n nos quedamos en
un rinc�n charlando amigablemente los tres. Pronto se hubieron disipado mis
temores. La conversaci�n que manten�amos no era en absoluto infantil.
Correspond�a exactamente a los temas que surgen espont�neamente cuando est�s con
chicos de catorce o quince a�os. Incluso Oriol se adaptaba a esa realidad; yo me
negaba a bajar el nivel.
El contacto entre nuestros cuerpos, el roce de piel contra
piel, los abrazos espont�neos y frecuentes era la caracter�stica que defin�a
nuestra relaci�n. Pero pronto, al final de la ma�ana, not� en Oriol algo m�s,
algo raro que no sabr�a explicar. El chaval estaba alto para su edad, su cabeza
llegaba casi a mi cuello, es decir, mi vista quedaba justo por encima de su
admirable cabellera con reflejos dorados. En los repetidos roces comenc� a notar
una extra�a tendencia a pegarse mucho a mi, pero sobretodo a buscar un contacto
directo con mi sexo. A veces era de perfil: su cintura o su pecho rozaban mi
polla; otras veces era de espaldas: aunque su culo quedaba m�s bajo, lo notaba
en las ingles y en los muslos; algunas ocasiones era de frente: levantaba la
cabeza mir�ndome a la cara y se pegaba a m�, restreg�ndome su pecho sobre el
miembro. No le prest� demasiado atenci�n al principio, pero cuando se hubo
repetido varias veces me retir� instintivamente, a lo que el ni�o respondi�
empujando un poco m�s. As� que por la tarde decid� explorar ese gesto.
Cuando se acercaba demasiado yo tambi�n me apretaba y notaba
en el chaval un ligero temblor, algo que, si no tuviera clara su temprana edad,
me habr�a parecido una excitaci�n. Comenz� a gustarme esa proximidad y no la
evit�. Y as�, con naturalidad, siguieron nuestros juegos y transcurri� mi
segundo d�a de socorrista acu�tico.
Yo deseaba retirarme a mi habitaci�n para descansar un poco,
pero insaciables los chicos de su trato conmigo me preguntaron qu� iba a hacer.
No quise decepcionarlos dej�ndolos a un lado ahora que me hab�an tomado
confianza, consiguientemente terminamos organizando el visionado de una
pel�cula, esta vez en un lugar m�s c�modo donde con poca ropa se hiciera m�s
soportable el calor. Oriol propuso mi habitaci�n y yo acept� con la condici�n de
que los respectivos tutores dieran su consentimiento. Regres� el chico
burl�ndose de su madre, de qui�n dijo que estaba "cazando". Le pregunt� qu�
v�ctimas se hab�a propuesto cazar su madre y respondi� que hab�an llegado cuatro
hombres que parec�an gay.
-Mi madre tiene tantas ganas de hombre que seguro que no se
da cuenta �coment� festivamente.
-�Y t� c�mo sabes que son gay?
-Porque se les nota.
-�Son afeminados?
-Que va. Son machos. Por eso se les nota.
Me parecieron muy prematuras esas observaciones en una
muchacho tan joven, e imagin� que alguien habr�a influido sobre �l. Jordi
asisti� a los comentarios imperturbable, como siempre que se hablaba de sexo.
Busqu� en mi maleta una pel�cula que no tuviera consecuencias
sedantes y hall� una de aventuras. Los efectos no estaban mal, pero el tedio nos
invadi� de nuevo y como si hubi�ramos agotado los temas de nuestras charlas,
fuimos abandon�ndonos al sue�o. Hab�amos acercado mi cama a la pared y est�bamos
echados sobre cojines, yo en medio, con los brazos abiertos, cobijando bajo cada
extremidad a un chico: Jordi a la derecha y Oriol a la izquierda. Vest�amos
solamente ba�ador, y el contacto de las pieles c�lidas, aunque hac�a calor, era
muy reconfortante. Jordi estaba m�s erguido, y su cabeza reposaba junto a la
m�a.
Oriol, en cambio, estaba m�s tendido, por lo que su testa
reposaba sobre mi pecho. Mis manos hab�an pasado, a�n despiertos, del abrazo a
la caricia. Al mayor le acariciaba el vientre y el ombligo, al peque�o su t�rax
pronunciado, deteni�ndome de vez en cuando en sus tetillas o alarg�ndome hasta
su cuello, donde la nuez comenzaba a marcarse. Era una situaci�n absolutamente
casta, puesto que yo ya hab�a decidido que no iba a pasar nada. Simplemente me
deleitaba del contacto, de la compa��a, de la complicidad, del calor humano.
Dormit� un rato y cuando me despert� sent� el goce de tomar
conciencia del abrazo. Observ� a Jordi, su talle, su ombligo, su paquete, sus
muslos. Todo �l respiraba paz. Lament� que la naturaleza lo hiciera a�n
impermeable a las leyes del deseo. Sent�a por �l mucho amor. Hubiera querido
profanar esa inocencia, propiciar una revelaci�n que el ritmo de su maduraci�n
a�n no hab�a dictado. Pero conclu� de nuevo que no ten�a derecho. Nunca he
obligado a un chico a hacer nada contra su voluntad. Revis� mi trayectoria de
amante. La inmensa mayor�a de las veces no hab�a sido el seductor, sino el
seducido. Los chavales, en su af�n por descubrir r�pidamente los misterios que
se esconden a sus ojos, son intr�pidos y no calculan las consecuencias de sus
actos. Acostumbran a camuflar su deseo bajo mil excusas, pero transparentes como
son terminan explicit�ndolo de mil maneras distintas: un roce calculadamente
casual, una mirada descarada, un comentario nervioso, una pregunta falsamente
ingenua, una exhibici�n de poder f�sico... pocas veces a trav�s de la ternura,
que es dif�cil copiar de mundo de los adultos dada su escasez. Sin darme cuenta
me encontr� pensando en voz alta.
-Jordi querido, �eres tan bello! �Ha sido la naturaleza tan
amable contigo! Te esperan sin duda infinitos placeres, y ya que te quiero deseo
que los vivas con pasi�n y sin traumas. Me encanta c�mo respondes a mis
caricias, cuando te agarro en mitad de un juego para decirte sin palabras que te
amo. Me miras y me abrazas siempre de la misma forma, sin conocer a�n la
variedad de posibilidades expresivas. O cuando te tiras encima de m�, buscando
una falsa violencia, poniendo a prueba tu virilidad naciente, enoj�ndote si soy
demasiado condescendiente y te dejo ganar el forcejeo. Desde luego has nacido
para el placer: para darlo y para recibirlo.
Afortunado el que comparta contigo los secretos de tu
intimidad. Yo no s� si despu�s de este mes te volver� a ver; lo m�s probable es
que no. Pero pienso dedicarte todo mi cari�o estos d�as, loco de envidia del que
te posea en el futuro, consciente de que es muy dif�cil que sea yo. Te imagino
con quince, diecis�is a�os. Dios, si por Elena se hizo una guerra por ti se
puede acabar el mundo. Tu sonrisa permanecer� en un altar de mi alma. Tu sonrisa
que a�n no he visto truncada. Esa sonrisa que quedar� relegada por unos momentos
cuando tu boca contenga otra boca, o un sexo exultante y agradecido por la
inmensa satisfacci�n de ser envuelto por esa garganta divina.
Una fina l�grima recorri� el camino a mi pecho. No era
frustraci�n, puesto que la decisi�n de respetar la inocencia del chaval estaba
tomada con total convencimiento. Era ternura, esa ternura que florece sin avisar
cuando eres testimonio de la hermosura de la primavera humana. Oriol se movi� un
poco, recoloc�ndose en mi regazo lateral. Su mano se desliz� ingr�vida hasta
depositarse sobre mi polla, c�ndidamente. Cambi� mi vista de objetivo y, al
recrearme en ese cuerpo tambi�n precioso, la ternura empap� de nuevo la escena.
En medio del cuerpo radiante del chiquillo destacaba un bulto incongruente. No
pod�a ser lo que yo sospechaba. Le rest� importancia imaginando que pod�a ser
alg�n pliegue del ba�ador. Y me decid� a alargar la mano. Oriol suspir�
profundamente y se acomod�. Con los dedos segu� el contorno de esa pieza maestra
que no pod�a pertenecer a un ni�o, dura y r�gida, como procurando alejarse de
unas bolas ca�das y bastante rellenas. Pens� si repetir el atrevimiento del d�a
anterior. Me hubiera encantado valorar con la vista lo que el tacto me
insinuaba, para hacerlo m�s veros�mil, pero un movimiento del chaval me hizo
dudar de la profundidad de su sue�o. Y continu� mi perorata.
-Y t�, Oriol, rubio imponente, has visto eclipsado tu fulgor
por un astro m�s brillante, a pesar de que tienes m�ritos suficientes para lucir
por ti mismo. Eres muy guapo y muy fuerte, y dudar�a de tu edad si no me la
hubieras confirmado. Esos brazos y esa anchura de t�rax corresponden a un
hombre, y tambi�n ese paquete, pero t�, en cambio, s�lo eres un ni�o. Incluso tu
cuello tan esbelto y tu voz delatan la naturaleza floreciente que se adelanta.
Me encanta c�mo te restregas contra mi sexo. Ya habr�s notado que bajo la
piscina te permito que te excedas. Me has puesto a tono varias veces. �Y yo
dudaba que aquello que notaba contra mi cuerpo fuera tu polla! No pod�a creer
que t� contaras con algo tan duro. �C�mo me equivocaba! Lamento haberte juzgado
mal. No te llamar� ni�o nunca m�s. Te llamar� muchacho, puesto que el destino ha
querido que te llegue la hora tempranamente. Eres, adem�s, un muchacho
temerario, sin complejos. Me apetece amarte. Tienes muchos encantos, aunque
tambi�n sombras. Eres alegre y entregado, quiz� demasiado egoc�ntrico. Te veo
demasiado sometido a la voluntad de tu madre, falto de una picaresca que te
permita tener oculta parte de tu personalidad, forjarte un car�cter que no se
base en la dependencia. Eres muy despierto, y creo que a tu edad ya podr�as dar
se�ales de esta liberaci�n. O a lo mejor tienes un temperamento paralelo que has
sabido esconder a mi vista. Quiz� asientes a lo que tu madre manda pero luego
haces tu voluntad. No lo s�, Oriol. Tienes que descubrirme m�s c�mo eres en
realidad.
No sabes con qu� placer te comer�a esa polla que se dibuja
bajo la ropa! La contendr�a toda en mi boca, junto con tus huevos juguetones. S�
que lo deseas, intentas expresarlo a tu manera. Quiz� no sea una gran polla,
pero est� muy dura. Me la imagino descapullada, h�meda, solicitando las caricias
de mi lengua. Te veo con los ojos cerrados disfrutando del momento de adoraci�n.
Y esos labios tan bellos, succionadores en celo, los imagino abiertos hasta el
desgarre para contener todo mi rabo, r�gido y anhelante. Te veo chupando con
ganas, juguet�n, buscando mi conformidad con la mirada, escudri�ando entre mis
gestos para encontrar una muestra de deleite, un signo que indique un cambio de
tercio, la llave de una puerta abierta a nuevas sensaciones. Tu culo debe ser
estrecho y acogedor, cari�oso en exceso. Follarte debe ser una locura, un
prodigio de suavidad y presi�n. Si quieres, s�lo si t� quieres, podremos ser
amantes. No te lo pondr� f�cil, cari�o. Debes mostrarte m�s sincero, m�s
cercano. Debes demostrarme que no eres el perrito faldero de tu madre, que no
cumples sus deseos ciegamente. Debes se�alarme que puedo confiar en ti, abrirme
a tus secretos, darme argumentos para que pueda comprender el alcance de tus
roces y apretones. �Qu� labios tan sensuales! Los besar�, y te comer� la polla,
y te har� ver las estrellas, pero s�lo si t� das el primer paso, s�lo si t�
dejas claro que lo deseas de verdad.
Sin esperar m�s, Oriol se incorpor� y junt� su boca al bulto
que sobresal�a de mi ba�ador. La mano que me hab�a quedado libre acudi� a
recorrer la suavidad de su pelo con fulgores dorados. Jordi, por su parte, se
despert� suavemente, como de puntillas.
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