Quiz�s algunos de ustedes ya me conozcan por mis otros
relatos publicados en este maravilloso sitio Web, soy Julita, una mujer latina
de 30 a�os que ha decidido vivir plenamente su sensualidad, sin restricciones de
ninguna especie. Soy caribe�a y trabajo en una de las muchas exportadoras de
caf� de mi pa�s y por esta raz�n, vienen clientes de todas partes de Am�rica
Central, de M�xico e incluso algunos gringuitos a visitarnos e inevitablemente
se topan conmigo en alg�n momento.
Para que puedan imaginarme, mido cerca de 1.60, tengo el pelo
cobrizo, la piel mate y bonitos pechos. Frecuentemente visto de falda corta
porque los hombres me han dicho que mis piernas son hermosas. Mi vestuario y mi
actitud de permanente sensualidad son mi manera de disfrutar de la admiraci�n y
el deseo de mis compa�eros de trabajo y de los numerosos clientes que debo
conocer en este trabajo. Y algunos de ellos son deliciosas v�ctimas de mi
coqueter�a, de mis enganches y las m�s de las veces sus visitas terminan en un
motel cercano, disfrutando de la especial hospitalidad que les tengo reservada.
Porque han de saber que el sexo para m� es una actividad
esencial en mi vida cotidiana, el sexo es parte de mi existencia y as� lo vivo y
asimismo lo disfruto, por entero y sin l�mites.
Yo sit�o este tema como punto de partida de este relato,
porque he podido percibir a lo largo de mi experiencia, que si bien la
sexualidad es un asunto central en nuestras vidas y en nuestras preocupaciones,
tanto de hombres como de mujeres, actuamos como si fuera inexistente o lo
relegamos a una sensaci�n de segunda categor�a, especialmente las mujeres
latinas a quienes dirijo gran parte de mis comentarios y mis relatos. Mi
prop�sito es conversar abiertamente estos asuntos entre nosotras y aprender a
disfrutar de nuestro poder de seducci�n sobre los calientes machitos que
diariamente nos acosan, por una u otra raz�n. Ellos ans�an de nosotras y nostras
a veces necesitamos de ellos. Esta relaci�n puede convertirse en un juego
er�tico intenso y excitante en lugar de ser motivo de victimizaci�n de parte
nuestra.
Yo aprend� el valor de mi sensualidad desde muy peque�a y la
materializaci�n concreta de este aprendizaje se produjo a mis catorce a�os,
cuando mi f�sico ya estaba bien formado y mi cuerpo hab�a disfrutado por entero
de los inolvidables placeres de mis primeras cogidas. Un relato detallado de
esta experiencia lo podr�n encontrar ac� mismo, bajo el detestable y muy poco
imaginativo t�tulo de Mi Primer Relato, que no dice ni promete nada pero que
encierra una historia muy caliente y entretenida.
Cuando ten�a catorce a�os mis calificaciones de secundaria
eran m�s bien malas, me pasaba el tiempo imaginando cositas con mis amigas,
espiando los chicos a la salida del ba�o y haci�ndonos las dif�ciles y sensuales
en las pl�ticas que ten�amos en el patio con ellos, de modo que poco tiempo
dedicaba a estudiar.
Para mi desgracia, me cambiaron la profesora de Matem�ticas,
una viejita muy simp�tica que siempre terminaba apiad�ndose de mi y me regalaba
las calificaciones finales, por un profesor nuevo que lleg� a la escuela, el
Negro Olmos.
Este Olmos me tom� ojeriza desde el principio y de veras que
me llevaba muy mal con su asignatura, ten�a malas calificaciones y a medio a�o
ya estaba para reprobar. Un d�a en la ma�ana el Negro me dijo que ten�a que
platicar con �l despu�s de la hora del almuerzo, que me esperaba en la sala.
As� llegue yo, temerosa sin saber que me esperaba y me lo
encontr� adentro del aula. Est�bamos solos y me dijo que me sentara en una silla
y el permaneci� de pie y empez� a pasearse de un lado a otro y me sermoneaba que
el estudio y que ven�an las reexaminaciones del semestre y cosas de esas. Yo
estaba silenciosa y le escuchaba pensando �cuando se aburrir� este negro
cabr�n...� cuando de pronto empez� con una monserga que yo ten�a el semestre
perdido tal como iba.
Ah� le dije �Profesor, si todav�a no damos los ex�menes, como
voy a tener el semestre tan perdido...� y �l me acus� de insolente, que quer�a
ayudarme y yo me las daba de brava con �l. Me dijo que si yo no pon�a de mi
parte, podr�a darme por una fracasada sin m�s. Yo de veras me asust�, a mi madre
no pod�a llegar con una noticia as� y le dije que estaba dispuesta a poner todo
de mi parte, sin saber muy bien que significar�a �todo�.
Pero el Negro cabr�n s� que sab�a que significaba la palabra
�todo� en labios de una sensual lolita de catorce a�os, asustada y dispuesta a
cualquier cosa para mejorar las calificaciones. Y me vino con que yo deb�a
portarme bien con �l, ser m�s atento y cari�oso para mejorar mis calificaciones
y ah� reci�n vine a caer en cuentas de lo que quer�a el caliente profesor, pero
en ese momento no vi que m�s pod�a hacerle que seguirle el juego y le dije que
s�, que yo iba a hacer lo necesario, y que estaba dispuesta a mejorar mi
comportamiento. Su satisfacci�n era evidente y cambiando el tono por uno mucho
m�s comprensivo, me dijo que me volviera a clases y que a la salida me fuera
recto hasta su carro que me iba a estar esperando a la vuelta del colegio, para
llevarme a mi casa.
A la salida, pens� en arrancarme con mis amigas y dejarlo
esperando, pero luego pens� que al d�a siguiente iba a ser peor. As� es que me
fui al carro, ah� estaba esper�ndome con una cara de caliente que no pod�a
disimular. Poco antes de llegar a mi casa, estacion� el auto en la acera y sin
m�s me puso la mano en la rodilla y me dijo que yo era muy bonita, que pod�a
irme muy bien en el colegio si yo me portaba bien con �l y todas esas monsergas.
Yo estaba un poco asustada y sobre todo no sabia que hacer con la situaci�n y le
dije que s�, que me quer�a portar bien con �l.
Entonces �l comenz� a manosearme las piernas, a meterme mano
entre los muslos y trat� de abrazarme. Yo trat� de defenderme un poco, pero el
Negro ten�a m�s fuerza y al final ced� y me abraz� y empez� a besarme por el
cuello y a manosearme toda, por las piernas y las teticas, pero por encima de la
ropa.
Quiero que me puedan entender que era un Negro muy feo, con
rasgos de indio serrano y no me provocaba ni un poquito. Pero sus manoseos eran
persistentes y sab�a donde apretarme, donde rozarme y a poco yo estaba
calent�ndome tambi�n. Cuando me cogi� de la mano y me la puso encima de su
pantal�n, yo sent� su bulto grueso y tibio y no me demor� mucho en masturbarlo
por encima de la ropa hasta que por sus gemidos me di cuenta que se hab�a
vaciado en el pantal�n. Esa tarde el Negro se conform� solamente con eso, pero a
medida que pasaban la semana, cada vez empez� a exigirme un poco m�s.
Se hizo una costumbre que me llevaba a casa los Martes y
Jueves y me dec�a �s�base un poquito la falda� y yo me la sub�a hasta medio
muslo. Yo vest�a esas t�picas falditas escocesas de colegio, una blusita blanca,
calcetas blancas de hilo y zapatos bajos de color negro. Para mi apreciaci�n,
nada muy sexy como comprender� ustedes.
Pero para los ojos libidinosos del Negro Omos, eso era
suficiente para volverlo loco. Cada d�a quer�a la faldita un poco m�s arriba y
cuando ya permit� un d�a que apareciera el borde de mis bragas blancas, se abri�
el pantal�n y sac� una pija gruesa y colorada, que comenz� a masturbar
furiosamente sin dejar de mirarme, hasta vaciarse en gruesos chorros de semen
que mojaban sus dedos. Yo mir� esa escena con excitaci�n y calentura, pero no
dejaba de percibir que el Negro pod�a darme cosas que yo necesitaba tal como yo
le regalaba la visi�n de mis piernas desnudas.
Entonces cuando me pidi� que desabrochara mi blusa porque
quer�a tocarme las tetas, yo comenc� a �negociar� con �l: lo dejaba que me
tocara o le masturbaba con mis manitos si me sub�a una nota, o me daba por
anticipado las preguntas de un examen y cosas as�.
A medida que pasaban las semanas, las peticiones del Negro
sub�an de grado y mis exigencias tambi�n, as� aprend� que cuando un hombre est�
caliente por una, est� dispuesto a entregar todo lo que le pidas con tal de
satisfacer su deseo. Y tambi�n aprend� que se debe negociar con una pija durita,
porque una vez que el Negro se vaciaba, ya no quer�a entregarme m�s nada.
Poco antes de fin de a�o, nuestros encuentros hab�an llegado
al punto en que yo desabrochaba mi blusa, sacaba de a poquitos mis tetas del
sujetador, primero una y luego la otra, me sub�a la faldita hasta mostrar las
bragas y permanec�a frot�ndome los pezones que se erectaban con la excitaci�n y
el placer, mientras miraba como el Negro se manoseaba, como su pija se hinchaba
en sus manos mientras musitaba �un poquito m�s...por favor... mu�strame las
teticas...� y cosas as�, hasta que finalmente saltaba un chorro potente de semen
espeso y luego comenzaba a salir un flujo de leche por la punta hasta que el
Negro se limpiaba con un pa�uelo y se terminaba el asunto por ese d�a.
El tener a un profesor adulto rog�ndome porque le ense�ara
las tetas o para que abriera las piernas, me dec�a que las mujeres tenemos un
poder enorme, un poder que nos entrega nuestra propia sensualidad y que bien
usado puede sernos de mucho provecho, porque de alg�n modo balancea la
desproporci�n de poder que tienen los machitos en nuestra sociedad latina. Ellos
lo tienen todo, poder pol�tico, poder econ�mico, poder de decisiones... excepto
el placer, la sensualidad, la coqueter�a, eso es negocio de nosotras y ah�
podemos hacer el balance de la desproporci�n. A trav�s de mi vida y comenzando
con el Negro Olmos, yo he conseguido muchas cosas materiales a trav�s de mi
sensualidad y he disfrutado much�simo haci�ndolo y adem�s, de paso he hecho
gozar a muchos hombres tambi�n.
Siguiendo con esta historia, inevitablemente lleg� un
momento, cerca del fin del a�o, que el Negro me exigi� que se lo chupara, a lo
cual yo me negu� rotundamente, porque me pareci� repugnante, pero ya luego
ven�an las examinaciones finales y al comprender lo ansioso que estaba �l por
que le diera unas mamaditas, pues quise negociar las chupaditas por las
preguntas de los ex�menes de las otras asignaturas. El Negro se alter� much�simo
y me dijo �Como carajos yo me hago de las preguntas de las otras asignaturas, me
dice usted?� y yo le dije tranquilamente y muy segura de mi poder �si quiere que
se lo chupe, pues usted lo ver�... si no hay preguntas, no le hago m�s nada� y
me baj� del carro moviendo la cola, hasta que a la semana siguiente que
empezaron a aparecer las preguntas de las otras asignaturas como por arte de
magia.
Las mamadas eran m�s largas y m�s er�ticas, me llevaba m�s
tarde a mi casa, me entregaba primero las preguntas y luego se abr�a el pantal�n
y se sacaba el miembro, que ya lo ten�a muy parado y caliente. Me dec�a �ahora
usted debe hacer su parte...� y yo le miraba toda coqueta y le dec�a �quiere que
se lo chupe?...� toda ingenua porque sab�a que ese di�logo le excitaba de
sobremanera y �l me dec�a en un hilillo ronco de voz �s�, pues, ch�peme
ahora...ch�peme este palito que tengo para usted..�.
Yo acercaba mi rostro a su glande, le tomaba la verga por la
base y separando mis labios, me lo met�a en la boca. Lo ten�a corto pero muy,
muy grueso (no he visto uno tan grueso despu�s... y he visto muchos...) y me
costaba que me entrara en la boca la punta, porque era como una bola hinchada,
dura y caliente y mi boca era chiquita.
Lo cog�a con la mano desde abajo, le corr�a con fuerza el
cuerito hacia atr�s dejando al descubierto la cabeza rojo oscura que ya estaba
toda jugosa y me lo met�a dentro y apenas hab�a dado un par de chupadas con mi
lengua, el glande comenzaba a latir fuerte y el Negro se quejaba y se chorreaba
adentro de mi boca con el semen caliente.
Brotaba tanto semen, que yo me ahogaba con la cabeza tan
grande del miembro y las cantidades de semen que eyaculaba, de modo chupaba bien
toda la leche y luego que recog�a todo el l�quido caliente en mi boca, abr�a la
puerta del auto y lo escup�a al suelo y a�n me quedaba semen colgando de los
labios que me limpiaba con la mano. Mirar esta escena le calentaba enormemente
al Negro y segu�a masturb�ndose y saliendo semen de su pija que le manchaba los
dedos y el pantal�n. Esa parte me gustaba, debo reconocerlo, y me quedaba
mir�ndolo como le terminaba de salir el l�quido espeso y blanco.
Esta historia termin� al fin de ese a�o porque al Negro le
trasladaron de escuela y ya no le vi nunca m�s, pero esta experiencia me dej�
una valiosa lecci�n que he aprovechado el resto de mi vida: ya a los catorce
a�os yo sab�a que mi sensualidad era valiosa y que pod�a �venderme� al precio
que yo pusiera. Tambi�n desde esa edad entend� que me conven�a estimular el
deseo de los hombres mostr�ndome muy sensual, caliente y llena de promesas,
porque ellos ten�an muchas cosas que yo quer�a, como dinero, carros, diversi�n y
yo ten�a una cosa que ellos pod�an llegar a desear mucho de m�: placer sexual.
Queridas amigas, yo espero que todas aquellas j�venes que se
hayan sentido expresadas de alg�n modo en esta historia, no duden en escribirme
a mi casilla de correos POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO,
estar� verdaderamente encantada de compartir con ustedes mis pensamientos, otras
historias y ciertamente podremos platicar de vuestras propias experiencias.
No dejes de escribirme, estoy esperando tu correo para que te
unas a nuestro grupo de amigas que platicamos d�a a d�a de esas cosas que no nos
atrevemos a compartir con nadie.
Un saludo para todos ustedes, mujeres y machitos calientes de
la red.
Julita