Cada cual tiene sus gustos y el
mío es poder disfrutar de los culos de mis vecinas. Me llamo Fernando,
tengo 38 años y me mantengo en buena forma física ya que
el fútbol es la segunda cosa que más me gusta; siempre he
sido una persona muy seria y servicial con los amigos, así que no
es de extrañar que a mi casa concurran vecinos por diferentes favores,
sobre todo porque soy el único que coloca inyecciones en la cuadra
después del curso de enfermería que realicé hace algún
tiempo y a decir verdad, no lo hago nada mal y en concepto de mis ocasionales
pacientes tengo una mano muy suave para los pinchazos.
Esta habilidad me ha permitido conocerle
las nalgas a la mayoría de mis vecinas, lo cual me encanta ya que
extasío viendo esos culos blancos, rosados, morenos, bronceados
en fin toda la gama de tonos que tienen mis pacientes. Eso sí, mantengo
cierta prudencia para seguir manteniendo mi clientela sin sobresaltarla.
De estas de estas hay jóvenes y ya maduras, algunas son tímidas
y al momento de la aplicación bajan solo un parte sus pantys, impidiéndome
disfrutar del espectáculo; pero otras son más atrevidas o
con más confianza y no tiene reparo en que baje total o en gran
parte sus pantys, con lo cual me doy un gran banquete visual.
Entre las mas desinhibidas esta
mi vecina de enfrente, Olga, una rubia de 26 años con un culo de
espectáculo, de lo cual ella es consciente ya que a pesar de su
fingida seriedad y cuando usa mis servicios siempre se coloca sugestivas
tangas que ponen de manifiesto sus abundantes atributos y le agrada que
le acaricie sus nalgas doradas cubiertas de una fina pelusa rubia que es
mi deleite, ya que me tomo mí tiempo en los preliminares sobando
y limpiando con alcohol sus nalgas con el pretexto de desinfectar el área,
ese es nuestro pequeño secreto el cual disfrutamos sin pasar de
eso (hasta ahora).
Pues bien, la otra tarde estando
solo en mi casa viendo la TV solo, ya que mi esposa y los dos niños
estarán 20 días con su abuela en una ciudad vecina, cuando
oí tocar la puerta y al abrirla encontré a mi rubia vecina
con un ligero vestido que me dice:
-" Perdone la interrupción
vecino pero es que necesito aplicarme esta inyección de antibióticos
y con lo dolorosa que es, solo con Ud. me atrevo a aplicármela,
porque soy muy cobarde, ¿si tiene tiempo?
-"Con todo gusto pase Ud. a
la sala en el sofá o si prefiere en la alcoba", le dije.
-"Me parece que el sofá
es incómodo y la cama es más práctica", me respondió.
Mientras yo preparaba la jeringa
en el baño interno le dije, -"por favor, acuéstese y
súbase la falda que ya estoy con Ud." Cuando regresé
a la alcoba tenia subida la falda y había bajado sus pequeños
pantys hasta la mitad de su hermoso culo donde la raja entre sus nalgas
se veía deliciosamente atractiva. Me senté a su lado en la
cama con la hipodérmica en una mano y un algodón empapado
en alcohol en la otra mano, con el cual empecé a limpiar ese bello
pedazo de nalga que iba a pinchar.
-"Esto de las inyecciones me
pone nerviosa así que tráteme con cuidado", me dice,
por lo que sigo sobando y el alcohol que destila el algodón corre
deslizándose ente la raja de su respingado culo, por lo cual me
dice
-"Vecino ese alcohol esta muy
frío no me lo deje correr". Prestamente tomo un pedazo de algodón
seco y le digo, -"Discúlpeme, permítame y la seco, pero
tengo que bajar más su panty" a lo cual responde, -"Tranquilo
que Ud. es de confianza", bajando completamente sus pantys puedo observar
totalmente ese culo dorado por el sol y duro por el deporte, entonces tomando
el algodón con una mano empiezo a abrir lentamente esa grieta magnífica
y empiezo a ver como cambia el color del interior de la hendidura y al
fondo el orificio del culo, rosado y mojado por el alcohol y al final unas
largas hebras rubias. Tomé delicadamente el trozo de algodón
y limpié ese lindo hueco suavemente, girando en círculo y
admirando como palpitaba cada vez que lo tocaba, conteniendo las ganas
de introducir mi lengua en él, abrí aun más el final
de su grieta y pude apreciar ahora sus velludos y gruesos labios donde
se podía apreciar la cueva vaginal y donde no sé porque me
pareció observar unas gotas de humedad que resbalaban entre los
rubios y tupidos vellos y bajé el algodón tocando ligeramente
sus prominentes labios limpiándolos un poco, diciéndole,
-"Vecina, ese está alcohol está más abajo de
lo que yo creía", y ella abriendo un poco sus piernas responde,
"adelante, está en su trabajo".
Con dos dedos cuidadosamente abro
su chucha y pongo mi dedo en la suave parte interna de la vulva de rosado
color y pretendo con el algodón retirar una humedad cada vez más
abundante, separo los labios y recreo mi vista con la propia entrada tocando
pero no entrando, ella realmente se veía tranquila y confiada pero
con esa sonrisa maliciosa que usa en nuestro juego, así que me tomé
mi tiempo en esa labor, pero sé por el líquido que sale de
su raja que está deseando que le meta el dedo o la picha, sin embargo
conservo las reglas del juego. A todas estas mi verga estaba que estallaba,
Olga de reojo observa el efecto que su culo me produce y la mancha de leche
que se puede ver en el pantalón, pero disfruta excitándome
y no se opone a que use nuestra confianza para morbosearla, a pesar que
con Pablo su esposo, tengo buena amistad.
Una vez seco el orificio muy a mi
pesar cerré esa linda abertura y muy profesionalmente le aplique
la inyección, le masajeé las nalgas, procediendo a subir
su panty con lo cual ella se levantó y me dijo, -" Fernando
tienes unas manos de seda no sentí sino un leve pinchazo, además
eres tan respetuoso y siendo tan discreto sé no comentaras con nadie
lo que te tocó hacer por el exceso de alcohol".
A lo que respondí "
Puedes contar con mi discreción como si fuera un médico de
verdad", esperando que mi pantaloncillo pudiera ocultar la rigidez
de mi verga.
Desde la puerta me dijo "te
voy a hacer la propaganda por tu habilidad, y hasta pronto". Tan pronto
salió una tremenda paja calmó mi arrechera y presumo que
Olga hizo lo mismo.
Habían pasado unos cuatro
días desde que Olga había venido a inyectarse cuando me llama
por teléfono mi vecina de al lado, Fátima a quien también
le he aplicado inyecciones y por ser de origen árabe es muy velluda
por lo me hacia gracia como su culo tuviera tantos pelos entre las nalgas,
me dice, "Fernando te acuerdas de Mónica mi hija que estudia
en la capital, pues bien esta en tratamiento de una serie de inyecciones
por un problema renal pero se niega a ponérselas, pero Olga le aseguró
que tu eres el indicado por la suavidad de tus manos".
Le dije que a la orden, que la mandara
a la 5 PM. Yo realmente me acordaba de una jovencita de unos trece años
blanca y delgada que pasaba por las tardes por mi puerta y que algunas
veces inyecté en el pasado.
A las 5 en punto sonó el
timbre de la puerta y no apareció quien yo imaginaba sino una agradable
mujer de 18 años en unos jeanes ajustados y una blusita por dentro
de estos donde resaltaban unas tetas juveniles, con una linda cabellera
y una amplia sonrisa que me dice.
-"Señor Fernando seguro
que ya no se acuerda de mí".
Reconocí a Mónica
a pesar del tiempo de no verla y la invité a pasar diciéndole,
-"Claro que sí, sigue a la alcoba que tengo listo lo necesario
para inyectarte, acuéstate y prepárate que ya voy".
Cuando entré a la alcoba
estaba sentada en la cama con la cremallera bajada y me dice, -"Estos
jeanes no son los mas apropiados por lo apretados, así que ayúdame
a sacármelos".
Me arrodillé enfrente de
ella forcejeando con la rebelde prenda y con tanta fuerza que de pronto
estos bajaron pero los pantys también bajaron, dejando al descubierto
un abultado y frondoso bosque de finos vellos de su vulva. Con cierta pena
me apresuré a quitar mi vista mientras ella se subía el panty
y se acostaba en la cama.
Le dije, -"Disculpara por mi
rudeza, no pensé que también se bajaría el panty".
-"No tiene mayor importancia
sobretodo si ya muchas veces has visto mis nalgas en otras ocasiones".
Yo estuve de acuerdo, aunque le
comenté que le había cambiado muy favorablemente su cuerpo.
Con cierta prevención baje sus pantys a medio culo, pudiendo apreciar
unas bellas y tersas nalgas cubiertas de cortos y suaves vellos castaños
que comienzan desde el final de la espalda bajando hacia la raja, haciéndose
más abundantes entre las paredes de estas y me acordé que
su madre es parecida pero no tanto, el panty bajado hasta la mitad no me
permitió seguir la magnifica visión de este joven y velludo
culo.
Tomé con diligencia mi función
y cuando la iba a pinchar por reflejo Mónica movió bruscamente
su culo y me dijo que a pesar de la confianza que tenía en mí,
las agujas le producían pánico; le dije que se tranquilizara
un momento que la sobaría suavemente, lo cual aproveché para
bajar todo su panty y terminar de reconocer ese velludo canal que tenía
enfrente, mientras ella del miedo enterraba la cabeza en mi almohada y
dado que no me veía, bajé mi cabeza y aspiré el suave
olor a culo que salía de su raja, al tiempo yo seguía sobando
en forma circular para abrir las paredes y poder ver mejor el fondo del
canal. La visión y el olor enviaron un mensaje fulminante a mi picha
que la dilataron al máximo.
Una voz me sacó de mi éxtasis
"Señor Fernando, ya estoy lista". Recobrando mi ánimo
procedí a inyectarla suavemente sin embargo se quejó, porque
en realidad este tipo de inyección es dolorosa. Masajeé largamente
su dolorida nalga y hablando de lo terrible que son las agujas, mi verga
perdió su dureza pero cuando se levantó de la cama volví
a divisar su tupido vello púbico, subió rápidamente
su diminuto panty el cual no alcanzaba a cubrir esa amplia zona peluda
y que sobresalía abundantemente por los lados, ella alcanzó
a ver a dónde se dirigía mi mirada me dice, -"Qué
piensas de las mujeres que no nos depilamos la vulva", A lo que contesté,
-"Particularmente me encantan los vellos y a ti se te ven muy bien",
ella respondió, -"Es que la cuchilla me irrita demasiado y
esto solo me molesta en vestido de baño pero uso pantaloneta y todo
solucionado".
Se subió dificultosamente
el jean que tenía a media pierna. Nos despedimos hasta el día
siguiente cuando le tocaba la otra dosis y yo quedé con la imagen
de ese afelpado cojín entre sus piernas que me dejó impresionado
y solo una rabiosa paja en su nombre me pudo calmar la arrechera.
Al otro día llegó
muy puntual, con un bonito traje sastre, más apropiado que los incómodos
jeans y me dice, "Señor Fernando Ud. tiene unas manos increíbles
pero no soy capaz de aguantar una aguja más", al oír
esto mi desilusión fue grande puesto que no tendría pretexto
para volver a ver ese culazo.
Pero enseguida agregó, -"Consulté
con mí medico y la inyección se puede remplazar por supositorios
que ya compré, pero no sé hacerlo y me da pena pedirte que
me lo aplique".
Ante esta alternativa le dije, -"Bueno,
no tengo mucha práctica pero con mucho gusto te ayudo y no debes
tener pena porque para que son los vecinos, ve a la alcoba y quítate
esa falda para que no se te arrugue".
Me entregó el paquete de
supositorios y leí las instrucciones. Mientras Mónica se
quitaba su falda y quedaba en unos pequeños pantys que permitían
salir sus graciosos bigotitos por los lados, mi verga empezaba a endurecerse
y yo hacía esfuerzos porque no se me notara. Mónica se acostó
boca abajo solo con los pantys y la blusa, yo ya con confianza bajé
hasta sus muslos los pantys con lo que quedó al descubierto su culo
y le pasé la caja y le dije, -" Por favor léeme las
instrucciones", ella leyendo con voz ronca me dice, -"Retire
el supositorio de su empaque e insértelo en el ano lo más
profundo que pueda para mejor efecto", siguiendo las instrucciones
abrí la velluda raja trasera y al fin pude apreciar el pardo orificio
anal circundado de vellos alrededor, con ambas manos separé los
pelos que impedían la entrada y más atrás se veían
dos gruesos labios cada cual más velludo, pelos que terminaron de
parar mi verga como hacía tiempo no me acordaba y le dije -"Te
parece bien que coloque algo de saliva para que entre más suave",
ella contestó, "esto me da vergüenza pero tú sabes
lo que haces", con esta licencia y ya a estas alturas me decidí
a ser atrevido, abrí sus nalgas al máximo y acercando mi
boca a su hueco trasero saqué la lengua y lamí el centro
del ano y empecé a chuparlo con sus cortos vellos que entraban a
mi boca, Mónica alzó la cabeza sorprendida por tan inesperada
técnica, pero no dijo nada solo levantó más su culo
y con voz entre suplicante y arrecha me dice, -"Señor Fernando
por favor, colóqueme el supositorio ya", tomando la cápsula
la dirigí al centro del agujero e inicié su entrada hasta
que desapareció, sin embargo su joven ano lo devolvió, por
lo que Mónica me dice, -"Empújelo con su dedo recuerde
que debe quedar insertado profundamente", al oír esto lo volví
a meter seguido por mis dos dedos que se metieron hasta el fondo y empecé
a moverlos dentro y le digo, -" Mónica, crees que esté
bien?, porque mis dedos están bien adentro", a lo que me contesta
dándoselas de inocente, -"Quisiera que entrara más pero
no sé cómo", y le digo ya con la lujuria dominándome
(todavía con los dedos dentro de su culo), pero intentando ser muy
profesional, -"Si te parece bien podríamos probar con mi pene
que es más largo y garantizamos que llegue hasta el fondo",
y ella replica, -"A mí me parece bien y Ud. sabe lo que hace".
Tan pronto lo aceptó, me saqué la verga totalmente erecta
y Mónica viéndola esboza una sonrisa pícara y me dice,
- "Caramba se ve muy grande y gruesa pero creo que servirá",
A lo que respondo, -"Son solo 18 centímetros y seré
cuidadoso".
Le quité los pantys del todo,
me coloqué detrás, la puse en cuatro patas, por lo que su
chocho peludo quedó ante mí en todo su esplendor, coloqué
la roja cabeza de mi picha en la boca de su ano, separando los pelos con
los dedos y empujé mi tranca en su agujero algo lubricado, que para
mi asombro se dilató suavemente y empezó a tragarse lentamente
ese trozo endurecido hasta el mismo fondo, el contraste de la polla blanca
en su oscuro orificio expandido era excitante, a lo que pregunté,
-"¿Crees que esta bien adentro?" sólo me contestó
con un "Sí,.. Ahora sí!".
Ya en ese momento decidí
sincerarme y le digo, "Mónica creo que esto te gusta tanto
como a mí, tu ano está suavecito", volteó su
cara y sólo me sonrió. A su tácita aceptación
la agarré por las caderas, comencé a bombearla y tomamos
el ritmo de "mete y saca" hasta que ella presumiendo que me derramaba,
se retira sacándose mi verga y volteándose se colocó
boca arriba dice, -"Creo que es hora que entre por donde es debido",
lo que quedó ante mí fue lindísimo, ese pubis poblado
de finas y largas fibras de color castaño oscuro contrastando con
su piel blanca y densamente poblado alrededor de sus gruesos labios exacerbaron
mi pasión, me agaché y metiendo mi lengua entre su ya húmeda
goteante raja, chupé sus líquidos, lamiendo y comiéndome
sus pelos a todo lo largo esa hirsuta gruta donde no existía separación
entre los vellos del chocho y los del culo, una gran avenida de pelos como
no pensé que existía. Ya mi inquieta lengua había
hecho su trabajo y Mónica jadeaba retorciéndose de excitación,
me levanté y me liberé de mi bermuda y camisa con lo que
quedé totalmente en pelotas delante de ella, mientras Mónica
se sentaba en el borde de la cama, y yo con la polla apuntado directamente
a su cara en una descarada oferta a que me la chupara, mensaje que entendido
inmediatamente, porque tomando el palo se lo introdujo diestramente en
su boca mamando solo la cabeza al principio, para luego tragársela
hasta el fondo de su garganta mientras que con una mano sobaba mis pelotas,
ahí nuestras miradas se cruzaron y mientras me mamaba el garrote
mantenía su mirada fija en mis ojos como pidiéndome la aprobación
de su accionar, ¡la muy putica me estaba llevando al Paraíso!,
Y con un pedazo dentro de la boca me dice, -"¿Le gusta?",
Y le contesto -"Claro, pero no sé si tienes más sabroso
el culo o la boca, por lo pronto sigue así".
Siguió lamiendo los lados
del tolete y las bolas; la hice acostar y empecé a girar el torso
hacia un 69 hasta que tuve su mota de vellos en mi cara y apartando sus
hebras me puse a lamer su clítoris abultado por la excitación,
sepultando mi nariz y mi lengua dentro de la peluda y húmeda grieta
que ya en ese momento chorreaban sus jugos los que empaparon mi cara y
que bebí con fruición seguí hasta su ano hundiendo
mi lengua en el pardo esfínter trapeando de paso todo el canal,
mientras sentía como succionaba con apetito la tranca y es cuando
Mónica me dice con voz ronca y lasciva, -"Señor Fernando
dejémonos de formalismo vamos a culear de verdad, necesito ya su
verga dentro de mí, por favor ¡métamela ahora en el
coño!".
Reubicándome nuevamente me
coloqué entre sus piernas, abrí completamente su bisagra
y coloqué mi cabeza brillante por su saliva en medio de los labios
de su chucha y empujé suavemente viendo como el duro garrote entraba
entre sus labios peludos, hasta que sus vellos se juntaron con los míos,
ella recibió la gran dosis de polla con un suave, -"Ohhhh.Por
fin me lo comí", abrí su blusa tomé sus pezones
erguidos lamiéndolos ávidamente, mientras que la polla se
daba un gustazo entrando y saliendo alternativamente como un pistón
formando una espumarada en los pelos de la entrada, levantó sus
piernas poniéndomelas en los hombros y así la picha se sumergió
en toda su extensión, con la respiración agitada me decía,
-"Métala toda que quiero sentir los huevos contra el culo,
¡qué picha se gasta Ud..!" y no duró mucho para
que Mónica pasara sus piernas alrededor de mis caderas incrustándose
el pene hasta el fondo, gimiendo en un "¡Ahhh!.qué vergotaqué
delicioso,.. ¡mas!¡mas!¡ohh!" explotó en
un largo orgasmo que aceleró el mío, sólo pude decir,
-"Así Mónica, cómete la verga toda, desde que
te vi ese vallecito peludo soñé con derramarme dentro de
ti, muévete... ¡¡¡Muévete!!!... Que me
vengo¡¡¡Toma mi lechita!!!...".
Los espasmos de su coño precipitaron
las descargas de leche sucesivas que culminaron esa notable faena, mí
semen y sus jugos desbordándose a borbotones por entre sus labios
y la tranca, empaparon su pelambre oscuro.
Me levanté lentamente envuelto
aún en el fragante olor de su sexo y al momento caí en cuenta
hasta donde me había llevado la lujuria con una joven vecina, seguramente
menor de edad, por lo que trémulamente le digo, -"Discúlpame
Mónica no sé qué me pasó pero no pude contenerme,
es que en pompa eres excitante" y ella sonriendo contesta, -"Tonto
no te preocupes, desde los catorce años cuando me inyectabas ya
me calentaba cuando masajeabas mi cola y ayer me di cuenta como se te hinchó
la verga cuando viste mí vulva, por lo que se me ocurrió
este truco ya que este supositorio es solo para bajar la fiebre, sin embargo
el que me bajó la fiebre fue el tuyo y en ambos huecos".
Sobra decir que mientras estuvo
mi esposa de vacaciones, diariamente apliqué en ese bello bosque
el tratamiento iniciado.