Relato: Un fin de semana memorable





Relato: Un fin de semana memorable

Para:



(Mary Carmen, mi hermosa inductora
al dulce placer de la zoofilia ).



Pues s�, como te hab�a
anticipado, en cuanto pude, tom� mi auto para ir a la granja de
mi t�a. Mi nerviosismo ante la perspectiva de conocer lo desconocido,
me hizo tirar un florero que yo estimaba mucho; era un regalo de una de
mis m�s grandes amigas. Tal vez tambi�n me hizo olvidarme
de asegurar puerta y ventanas de mi casa, de all� la eventual explicaci�n
del robo que te coment�.



En fin, corr�a como loca
para llegar lo antes posible y aprovechar el tiempo al m�ximo en
la posible... experiencia buscada. Mi t�a me recibi� con
el mismo cari�o de siempre, un abrazo y un beso en la mejilla muy
filial. Te describo a mi t�a:



- es una mujer soltera de unos 35
a�os - nunca ha querido confesar su edad - morena muy clara, blanca
pues, con un pelo que siempre le he envidiado, casta�o claro, largo,
ondulado y que ella peina muy lindo, con mucho cuidado y que realza el
contorno de su rostro bonito, con nariz recta, labios un tanto gruesos
y sensuales; su cuerpo se mantiene muy firme, tal vez por el rudo trabajo
de la granja que ella se empe�a en realizar por s� misma.
- - Bueno, ocasionalmente contrata uno que otro pe�n para que le
ayude en algunas tareas. Sus senos siempre me han parecido bellos, aunque
nunca se los he visto desnudos; su vientre es plano y, me imagino, muy
duro; sus muslos y piernas, son una maravilla, torneados, gruesos sin exageraci�n
y que a ella le gusta presumir, bueno eso pienso porque siempre viste o
unos shorts bastante cortos, o minifaldas espectaculares. Me extend�,
no porque mi t�a me sea atractiva sexualmente hablando, pero, aunque
lo niego a nivel consciente, tal vez en el sub consciente si me sea atractiva.
Luego te cuento. - Bien, pero mi objetivo no aparec�a por ning�n
lado. El perro, que se llama Bruno, no sali� a recibirme como siempre
que voy a la granja. No me atrev� a preguntar por �l, pero
mis o�dos y mis ojos permanec�an vigilantes para detectarlo.
Est�bamos en los comentarios rutinarios, cuando mis o�dos
escucharon lamentos de Bruno en alg�n lugar de la granja. Fue mi
pretexto para inquirir.



"�Qu� le pasa
a Bruno?" dije, antes que terminara el lamento.



Mi t�a sonri� enigm�tica,
y dijo:



"Es que el malvado del Bruno
se me fuga casi todos los d�as a la casa de una vecina y no quiero
perderlo" Me intrig�.



Como ya est�bamos en el comentario,
continu� con mis preguntas:



"No entiendo. �Por qu�
habr�as de perder a Bruno? Dicen que las querencias de estos animalitos
nunca las dejan, o lo que es lo mismo, que la fidelidad de los perros es
indestructible, entonces, �por qu� ves una amenaza...?",.



"No, no, no estoy pensando
que Bruno se quede all� con Justina, as� se llama mi amiga
y vecina, sino que casi se pasa todo el d�a con ella... tal vez
le de alg�n manjar, o algo as�, porque tiene una tendencia
a irse que quiero corregir;



aqu�, hace falta" Me
dej� turulata, verdaderamente desconcertada. No quise insistir.
Pero hice el prop�sito de investigar el por qu� de las fugas
del deseado Bruno. Avanzada la tarde, despu�s de comer, dije a mi
t�a que me recostar�a un momento. En realidad estaba excitada,
sent�a la humedad intensamente. Tal vez el continuo pensar en mi
decisi�n de conocer el placer con el mejor compa�ero del
hombre y, por tus relatos, de las mujeres; pensando, por supuesto, me hab�a
excitado. Minutos despu�s, pens� en masturbarme, pero me
dije que eso no aliviar�a mi excitaci�n sino todo lo contrario.
Decid� ver a Bruno. Con el pretexto de caminar un poco, sal�
de la casa; mi t�a estaba en la cocina preparando la cena y me dijo
que s�, que era mejor para que la dejara en paz por unos momentos;
me lo dijo riendo.



Es una broma habitual entre ella
y yo, porque dice que yo parezco cotorra que no dejo de hablar. Claro,
la idea era ir a visitar al pobre de Bruno que no dejaba de quejarse de
cuando en cuando. Antes de salir de la rec�mara, decidida como estaba
a "probar" a Bruno, me quit� las pantis que estaban bien
mojadas; las ol�, y mi excitaci�n se fue al cielo.



Me conmovi� verlo encadenado.
Del collar pend�a una cadena, y �sta estaba sujeta a un poste
del galp�n de la granja. En cuanto me olfate�, empez�
a gemir de contento, a pararse en las patas traseras como queriendo arrancar
la cadena.



Me acerqu�. El animal baj�
la cabeza como atemorizado. M�s me conmovi�. Le acarici�
la cabeza, y el lami� mi mano. Me agache poni�ndome en cuclillas,
y el perro lami� mi rostro. Los leng�etazos me excitaron en
el acto, m�s cuando la lengua larga y roja se dedic� a lamer
mis labios como si quisiera halagarme o agradecer as�, mi visita.



Al estar en esa posici�n,
un tanto intencionalmente, mi falda ascendi�, y mis muslos probaron
la caricia del aire, pero deseaban la caricia de la lengua perruna tantas
y tantas veces so�ada... y temida Segu� rascando la cabeza
de Bruno; el perro lam�a mi rostro; Bruno hizo un movimiento que
me empuj� y, como estaba en cuclillas, ca� al piso; mis falda
dej� al descubierto me pelambre - del que, te digo, me enorgullezco
- y el animal trat� alcanzar mi cara, pero como la cadena no lo
dej� llegar, tuvo que lamer lo que ten�a a su alcance que
eran mis pelos y mis muslos.



Iba a levantarme, pero al sentir
la lengua de mi presunto, dej� los muslos en su posici�n.
Las lamidas me llegaron hasta el alma, es decir, la excitaci�n de
las lamidas.



Y Bruno ya no par�. Lam�a
mis muslos como si fuera una de mis amantes, de la rodilla hasta donde
la cadena dejaba llegar su soberbia cabeza; era tan magistral la lamida,
tan progresiva en su ascenso, que pens� en ese momento que era algo
que el perrito hab�a aprendido de alguna manera... o con alguien
que le hab�a ense�ado tan espl�ndida forma de lamer,
porque yo sent�a que me derret�a.



Claro, permanec� as�,
recibiendo la caricia, gracias a tus consejos y tus indicaciones de que
eliminara cualquier prejuicio y me dejara ir en busca de las in�ditas
sensaciones de la zoofilia. Ahora ve�a el esfuerzo de mi seducido
tratando de alcanzar mis pelos, vamos, mi pucha que ya estaba bien inundada
y bastante olorosa. Me bastaba con recorrer un poco mi cuerpo para que
la lengua llegara a donde yo quer�a que llegara sin p�rdida
de tiempo.



Mov� mis nalgas para caminar
en la direcci�n deseada, cuando record� mi deducci�n
en torno al posible aprendizaje de mi perro lindo; por eso fue que, echando
un vistazo a la casa para ver si mi t�a continuaba en la cocina,
me sent� para sacar mi vestido por completo... �Carajo, qu�
excitaci�n tan tremenda estar totalmente desnuda ante la mirada
atenta de Bruno, escuchar los jadeos del perro y ver su lengua escurriendo
saliva!



Te aseguro que as� fue como
tuve mi primer orgasmo con, o ante la mirada de mi Bruno enloquecedor.
Mi idea, al quitarme el vestido, era dejar mis tetas al descubierto y ofrecerlas
a mi deseado para ver cu�l iba a ser su comportamiento; mi previsi�n
era que se dedicar�a a lamer mis tetas con sus pezones tan erguidos
que me dol�an.



�As� fue!, tal como
yo esperaba, el perro, que ten�a a su alcance la mitad superior
de mi cuerpo solamente, empez� por lamer, de nuevo, mi rostro deteni�ndose
eternidades en mi boca, y tanto que, excitada y deprejuiciada como ya estaba
abr� mi boca para ver si la lengua de Bruno se met�a y consumar
un beso inimaginado. Y s�, la lengua, tras un ligero sobresalto
de Bruno, se meti� a mi boca... �carajo, qu� sensaci�n
tan tremenda!, el tama�o de esa lengua, la enorme cantidad de saliva
que la ba�aba, su aspereza, y tener plena conciencia que era la
lengua de un perro, y luego poner mi lengua a lamer la otra lengua y aprisionar
esta con mis labios, me hizo estallar en luminosos e interminables orgasmos.
Carajo, amiga querida... �y deseada!, nunca imagin�, ni me
hab�as dicho, que esto era posible hacerlo.



Para estos momentos, Bruno exhib�a
una tremenda erecci�n. Como ya estaba super caliente y org�smica,
tom� su verga y la sent� deliciosa... �No tengo ninguna
duda: sin tus consejos y tu impulso, seguramente nunca me hubiera atrevido
a tocarle ese enorme trozo de carne venosa!. A�n ten�a algo
de cordura; ve�a constantemente para la casa para evitar ser sorprendida,
posibilidad que m�s me enardec�a; y tambi�n como para
no dejar de completar mi indirecta investigaci�n. Por eso, deje
de besarlo, cerr� la boca y con una mano aparte con suavidad la
cabeza del perrazo.



Esto fue como una se�al,
como una indicaci�n de que ahora hab�a que hacer otra cosa...
Bruno entendi�, estoy segura que esta debe ser la expresi�n,
porque de inmediato lami� mi cuello con suavidad, acezante, gem�a,
te lo juro, y luego empez� un recorrido como antes en mis muslos,
del cuello a las axilas; yo abr� los brazos para que la lengua pudiera
lamer sin interferencias; lo notable fue que antes de lamer cuando mis
axilas estuvieron libres, el perro ol�a y levantaba la cabeza como
para degustar el olor...



�Que excitante ver esa actitud
de mi perrito!, pero no par� all�; leng�eteo por minutos,
para luego seguir recorriendo mi piel en direcci�n a mis tetas que
ya esperaban ansiosas la lengua salvaje. Pero como que perro se absten�a
de llegar hasta all�. Pero, obvio, no era abstenci�n, era
solamente otra parte de su aprendizaje: lentificar la caricia, para hacer
m�s deseable la lamida de tetas. �Carajo!, en ese momento
me convenc� que Bruno hab�a estado recibiendo una educaci�n
exhaustiva; y tambi�n que la maestra no pod�a ser otra que
la amiga de mi t�a.



�Nunca pens� que la
instructora, en realidad, era mi propia t�a!, como pude comprobar
un poco m�s adelante. Bueno, para esto, yo no pod�a contener
mis orgasmo, y eso que mi sagrada rajita ni siquiera mis dedos recordaban.
Pues Bruno, tal vez por la rutina aprendida, empez� a llegar a mis
chichis, a lamerlas en toda la extensi�n, ambas, pero sin tocar
los pezones: �Maravilloso y excitante!, pens� deslumbrada,
al punto del desmayo por tantos y tantos orgasmos...



(Tuve que suspender el relato de
mi fant�stica experiencia para quitarme la ropa y darme una masturbada
brutal, s� verdaderamente brutal... es que el recuerdo de esa tarde
con mi adorado can, �Caray!, me puso loca, tremendamente loca. Escurr�a
por las dos boca, ambas dejaban salir abundantes babas...) pero, volvamos
a mi confidencia para ti.



... y toc� los pezones...
�madre m�a, qu� lengua!, nunca hab�a sentido
una sensaci�n tan encabronadamente placentera, te lo juro... �me
fui al cielo!, y en ese momento pens�... �No cabe duda, Mary
Carmen, mi amada amiga, mi inductora a este placer, �Ten�a
toda la raz�n... esto es �maravilloso! - las admiraciones
espaciadas porque as� lo siento - el orgasmo se estaba haciendo
ya, permanente. Y eso que a�n reservaba mi sagrada raja para, �para
qu�?, en ese momento no sab�a de nada... solo sent�a
la lengua, hasta de la verga que ten�a en la mano me olvid�.



De las lamidas, el maravilloso,
el divino e inteligente Bruno, �empez� a mordisquear mi pez�n!,
�carajo!, todo esperaba menos esa caricia que se antojaba de un mamador
humano verdaderamente angelical y no de un carnicero brutal como mi enardecedor
Bruno. No cabe duda, mi t�a era una experta educadora de perros.



Mira, querida Mary, he intentado,
inmediatamente despu�s de este lance, hacer que una de mis m�s
entendidas acariciadoras repitiera esa sensaci�n con sus preciosos
dientes y... �pues no, para nada!, Bruno la aventaja diez a uno,
la verdad. No s� cuanto tiempo, quiz�s segundos, de resistir
esos incre�bles mordisqueos, cuando estalle en millones de luces
de colores, de luces magn�ficas, mejores que los m�s connotados
fuegos artificiales de los chinos, como si fuera el momento de recibir
el a�o nuevo en Pek�n.



El perro jadeaba acompa�ando
mis destemplados gemidos... y, carajo, sent� que la verga en mi
mano se estremec�a y chorros de leche perruna me ba�aron
el cuerpo, principalmente el vientre y mis pelos... hasta ese momento me
di cuenta que masturbaba a Bruno con verdadero furor de masturbadora que
quiere resistirse a la violaci�n y por este mecanismo desarma al
presunto violador.



Fue el fin de la sesi�n,
porque mi t�a, en la puerta de la casa, gritaba mi nombre desaforada.
No cre� que me hubiera visto, y s�, seg�n me aclar�
despu�s, no me vio ni escucho mis alaridos, pero s� oy�
los gemidos de su Bruno.



Lo que es estar alerta contra la
intolerancia; a pesar de estar al borde del colapso, al escuchar el grito
de mi t�a, me levant� casi de un brinco, me puse el vestido
- por fortuna no me puse el odioso sost�n y las horribles pantaletas
antes de venir a ver a mi perrito - y sin m�s corr� hacia
la casa... Bruno aullaba... de frustraci�n, creo. Cuando entr�,
mi t�a se llev� una mano a la boca indicando extrema sorpresa:
es que de todo me acord�, menos de dos cosas; una, que no pein�
mi pelo que era una tremenda mara�a, y segundo, que la leche de
Bruno manch� mi vestido al coloc�rmelo. Total, era un desastre,
y m�s como conspiradora o para el ejercicio de la clandestinidad.
Luego, para mayor desconcierto, mi t�a estall� en carcajadas
que no pod�a contener apuntando con su �ndice, precisamente
a las manchas de mi vestido.



Por poco azot� de consternaci�n
y verg�enza. Pero mi t�a, sin dejar de carcajearse, camin�
a mi encuentro, me abraz� tiernamente, bes� mis mejillas,
me dio una nalgada, y dijo:



- �Ay, ni�a hermosa...
qu� se me hace que acabas de conocer a Bruno! - Ya te imaginar�s
mi bochorno, �hab�a sido descubierta en mi cachondo y zoof�lico
proceder!, mi t�a, respirando agitada, sin soltarme, acariciando
mis nalgas, continu�:



- �Sabes qu�?, pues...
la verdad, me agrada que lo hayas conocido. M�s, porque eso... me
permite conocerte y tambi�n que me conozcas, digo, como ambas somos...
- No aclaro c�mo somos, pero si volvi� a besar mi mejilla,
pero ahora sac� la lengua y la lami�... �Tembl�!,
te lo juro, me puse a temblar sin explicaci�n racional. Mis temblores
se incrementaron, cuando mi t�a dijo:



- Tienes todo el sabor de mi adorado
Bruno... �sabes riqu�simo! - - - lam�a la saliva y
algo de semen del perrazo - - - �quiero limpiarte toda! - - - dijo
con un tono en verdad cachondo, excitante, casi aterrorizante. - Era tanto
mi desconcierto, que me separ� forzando el abrazo. La vi expresando
mi enorme desconcierto, pero ella, con mirada l�nguida y tierna,
me bes� en la boca con la lengua por delante de sus labios... no
tuve m�s remedio que recibir esta otra lengua que result�
ser otra maravilla.



Las manos de mi ahora amad�sima
t�a, ya andaban subiendo mi vestido para quit�rmelo, cosa
que yo facilit� levantando los brazos... y mi t�a, con una
voracidad peor que la de Bruno, se fue directa a mis pezones y los mam�,
para luego extasiarse recogiendo los restos de saliva y de semen del perro.
Para esto, mis manos ya andaban por las nalgas de mi t�a, pero a�n
ten�a el espantoso chort. Estaba tan caliente, que al tratar de
abrir el sierre para poder quitarle los pantaloncitos, desgarr�
la ropa y la prenda cay� hasta los pies de mi amada y ahora muy
deseada, lamida y mamada pariente.



Ella, con agilidad, levant�
un tobillo, luego el otro y se libro de la ropa entorpecedora del placer.
Mis manos se dieron gusto con las nalgas pasmosas de mi t�a, las
acarici� a mil por hora, met� mis dedos en la profunda barranca
que separa esos dos fabulosos globos que nostras las mujeres tenemos, y
que mi t�a es un ejemplar fant�stico de nalgona, y roc�
el culo como yo s� que nos encanta a todas las chavas que sabemos
del placer sin tapujos ni l�mites.



Mi t�a ya acezaba como Bruno
en los momentos de mayor calentura. Entonces mi t�a, en susurros,
me dijo:



- No seas mala... t�rate
en el suelo... boca arriba porque quiero... limpiar la leche de bruno de
tu hermosa piel...



Me dej� caer... y ella rebas�
a Bruno en las lamidas que me dio.



�Caray amiga!,



yo estaba, pens� cuando corr�
a la cocina, exhausta, pero con las caricias de esa lengua maravillosa
que tiene mi t�a, me puse de un activo, que no veas. As�
iniciamos una guerra con nuestra mejor arma: la lengua. Caminamos con ellas
por toda las superficie, y las cavidades m�s las caminamos, de nuestros
cuerpos, en simultaneo, en caricias en espejo, en el juego de lo que hace
la de adelante, hace la de atr�s. Meti� sus dedos en mi vagina,
y la llen� con tres de los m�os; met� un dedo en su
culo, y me lleno con dos de los suyos... fue la muerte chiquita, estallamos
al un�sono, como verdaderas hienas aulladoras.



No s� por cuanto tiempo sostuvimos
el singular combate, lo cierto es que cuando yo cre�a que todo terminar�a,
mi cachonda e incre�ble t�a, dijo:



- No te rajes, hija, que todav�a
falta lo mejor... - Me sorprendi�. No pod�a creer que mi
t�a estuviera tan entera y dispuesta a la continuaci�n del
combate. M�s asombro, cuando la vi levantarse y dirigirse a la salida
de la cocina. Se fue. De inmediato pens� en que iba por Bruno: tembl�
de emoci�n y deseo. Obvio, me puse tan caliente como cuando el perro
lami� mis manos al iniciarse todo esta tarde extraordinaria. Bruno
fue el primero en llegar, como que al ser liberado, corri� delante
de la t�a, conforme la ense�anza recibida, y empujando la
puerta, entr� como vendaval... y fren� de una chusca manera:
no esperaba ver a nadie all�, imagino. Pero luego, de inmediato,
sin que mediara ninguna transici�n, dio pasos cortos, acompasados,
sacando la lengua por la agitaci�n y el deseo, creo; olfate�,
subi� la cabeza, pel� los dientes en un gesto muy peculiar,
que para m� fue en extremo excitante, y luego se puso a lamerme
como cuando estuvimos solos: empez�, como antes, por mi boca, por
mis labios...�Caramba, ten�a bien aprendida las rutinas!.
Como la primera vez que sent� su hocico y su lengua en mi boca y
con mi lengua, estall� en un tremendo orgasmo. Ten�a aprisionada
su lengua, cuando mi t�a lleg�. Se carcaje�, y grit�,
si, en verdad grit� como atacada por la histeria:



- B�salo, mi ni�a,
b�salo. Nunca podr�s tener otros besos como estos tan fascinantes
que Bruno, mi ni�o Bruno, mi querido Bruno, da. - Era una orden.
Cumpl� con excelencia la orden porque continu� chupando y
mordiendo la lengua fant�stica apretando con mis manos la soberbia
cabeza del Bruno lamedor...



�se le podr� decir
mamador?, �qu� opinas?, dame respuesta a esta interrogante,
te lo suplico.



Con el rabillo del ojo, vi que mi
t�a se tend�a bajo la panza del animal y empezaba a mamarle
la verga a Bruno, y una de sus manos fue a jalar mi pelos mojados por tanta
saliva y jugos de mi pucha. Bruno no tard� en aventar litros de
leche, leche que nos ba�� a las dos. En eso, mi t�a,
mi incre�ble y sabia t�a, dijo:



- Lame mi cuerpo... saborea la sabrosa
leche de mi adorado... pero no as�, - - - Es que puse mi cabeza
al lado de la de ella - - - Empieza por los pies y deja que yo empiece
por el mismo sitio de tu hermos�simo cuerpo que he deseado desde
hace a�os, hijita adorada... - Bueno, nos pusimos a lamer en un
singular 69 porque no pod�amos apoyar un cuerpo sobre el otro: estaba
en cuatro; mi t�a sab�a que eso era lo indicado... Bruno
salt� sobre mis nalgas y...�carajo, se estaba completando
mi enorme deseo, mi fantas�a tan alimentada y tan temida hasta que
te encontr�, querida Mary! La verga de bruno picaba mis nalgas...
no atinaba a pesar de su entrenamiento. De nuevo llegaste en mi auxilio:
record� lo que constat�, algo as�: "entonces,
con mi mano, gui� la verga para que tocara la puerta de mi vagina...",
y eso hice, orient� la verga... �y me llen� de verga
de un solo empuj�n!, grit�. Mi t�a, volte�,
y grit�:



- C�getela Bruno, c�getela,
m�tesela hasta los huevos, m�tesela hasta el nudo... - Yo
ya no o�a ni sent�a otra cosa que la verga de Bruno profundamente
metida en mi vagina, en mi gloriosa vagina hero�na de mil batallas.
Sent�a el veloc�simo mete y saca del perro, como algo divino,
nunca sentido, jam�s experimentado... y me fu� a la gloria!,
m�s, cuando la sabia lengua de mi adorada t�a me empez�
a mamar el cl�toris al tiempo que levantaba su maravilloso de pelos
tan negros como una mancha de tinta pidiendo en silencio, mi lengua...
Claro, me puse a mamar sintiendo que la verga se pon�a m�s
gruesa... era que el nudo me hab�a invadido, pero yo ni en cuenta,
gozaba como odalisca en el harem que es cogida pro muchas de las cautivas
y por uno que otro eunuco.



Mi orgasmo, iniciado con la lengua
de mi t�a, aumentado por el mete y saca incontenible de Bruno, dur�
eternidades... no se iba, disminu�a por segundos, para luego hacerme
estallar en gritos y estremecimientos tremendos, pero no dejaba de mamar
la rica pucha de mi t�a que tambi�n gritaba como condenada
en s�ptimo c�rculo del infierno del Dante. Y el acabose:
mi t�a, fren�tica y con orgasmo tras orgasmo, me sujet�
cuando Bruno inund� mi cueva con sus litros de leche y qued�
"trabado".



No me solt� mi sagrada t�a,
sigui� mamado mi pucha, hasta que el perro se solt�. Cuando
esto sucedi�, yo ya no gritaba ni me estremec�a, solo emit�a
gemidos de placer inaudito, incre�ble, inacabable. Y cuando el perro
se solt�, mi t�a se arrastr� hasta quedar bajo el
hocico de su amante permanente; este empez� las rutinas. Al ver
el beso ya experimentado por m�, de mi t�a y Bruno, tuve
el postrero orgasmo y el casi imperceptible estremecimiento. Primera vez
en mi vida que me he sentido incapaz de continuar en el combate; me dediqu�
por mucho tiempo a ser mirona.



Vi toda la rutina de mi t�a
con su perro. La lami� despu�s de besarla, para luego de
lamer uno de sus pezones, regresar al beso de hocico contra boca y de lenguas
en el aire acarici�ndose. Lami� el sudor, mi saliva y su
propia leche, le lami� la raja, el culo, y anexos, volvi�
al beso en la boca horizontal de mi t�a, y esta sin dejar de besarlo,
se puso en cuatro. El perro la rode�, le olfate� el culo,
y brinc�: la verga tremenda la vi mucho m�s grande que cuando
la contempl� en la casi oscuridad del patio.



Se la meti� de un solo empuj�n
sin la gu�a de la mano... se la cogi� por minutos interminables;
los dos acezaban, jadeaban, gem�a como pose�dos; la lengua
del perro chorreaba saliva y sus ojos reflejaban el placer del sexo...
sorpresivamente, suspendi� el mete y saca, sac� toda la verga
estilando jugos, pero se adivinaba que no era eyaculaci�n; aull�,
aullido que no s�lo me sorprendi�, tambi�n me causo
nueva excitaci�n, as� de expresivo fue, en el sentido sexual
de la expresi�n... y empuj� nuevamente.



De no estar tan cerca de las acciones,
no me hubiera percatado que la gran y jugosa verga... �se met�a
en el culo de mi t�a!. Esta grit�, no de dolor, sino del
extremo placer... y luego grit� ordenando:



- Hijita... hijita... no seas mala...
ven, por favor, ven...., mama mi pucha, por lo que m�s quieras,
m�mala... hasta que Bruno estalle... y yo me vaya a la gloria. -
Me apresur�; la maravillosa visi�n que estaba teniendo, adem�s
de los espl�ndidos y penetrantes olores, los extraordinarios sonidos
lujuriosos de mi t�a y los aullidos de la misma lujuria de Bruno,
me dieron nuevas fuerzas, renovada excitaci�n, y deseo enorme de
mamar y ser mamada. Me arrastr� hasta quedar bajo el peludo chocho
de mi Hada Madrina, despu�s de depositar un lujurioso beso en sus
labios horizontales, para luego ir a besar los verticales.



Mi t�a, en el m�ximo
embate del perro, sinti� mi mamada, grit�, pero vio mi pucha,
mis muslos abiertos al m�ximo y se puso a mamar como yo deseaba.
Cuando yo estaba en pleno orgasmo, se produjo en de los otros dos. Los
gritos fueron tremendos, inacabables, enormemente placenteros, tanto como
sent�a por todo mi cuerpo, y creo que mis cogedores tambi�n
sent�an lo que yo.



�El colmo!, mi t�a
qued� "anudada". Seg�n dices esto es, adem�s
de peligroso, digo, que el nudo quede metido en el culo, muy doloroso,
pero seg�n mi t�a, adem�s de ser cierto todo lo que
t�, mi sabio ejemplo, es inmensamente placentero cuando ya el culo
est� acostumbrado a tama�a distensi�n. Me suplic�
que continuara mamando su raja, que no fuera mala, que aunque yo le dec�a
que mi lengua... y mi cuerpo entero, no pod�an m�s, hiciera
un extremo esfuerzo para seguir complaci�ndola.



Y mam� y mam� hasta
que mi t�a se derrumb� al ceder el nudo de Bruno. Est�
vez, s�lo bruno qued� en pie. Vi que nos vio como sonriendo
- su lengua sal�a del hocico y todo el conjunto ten�an esa
expresi�n:



se re�a - se sacudi�,
lami� mi cuerpo, luego el de mi t�a, pero con leng�etazos
leves, como con ternura, y luego se ech� con su cabeza entre los
soberbios senos de mi t�a con la lengua fuera del hocico y escurriendo
todav�a.



Era casi de d�a, cuando mi
t�a me bes� con enorme ternura en la boca. Acarici�
uno de mis senos, luego lami� el pez�n y toda mi chichi,
Me dijo:



"Eres adorable. Fant�stico
que no te... l�mites en el placer... a�n teniendo como amante
a un ser tan maravilloso como mi Bruno...".



Y volvi� a besarme. Luego,
desperez�ndose, dijo:



- Bien, sobrina de mis encantos.
De ahora en adelante... seremos dos para Bruno, y una para otra, �te
parece bien?. - - - s�lo pude afirmar moviendo la cabeza. - Mi t�a,
con cuidado y ternura, me ayud� a levantarme para ir a depositarme
en la cama, luego, ella se acost� entre mis senos a�n dolorosos,
conservando la extraordinaria e incre�ble sensaci�n de los
dientes de Bruno mordisqueando mi pez�n.



Claro, el resto del domingo no hicimos
otra cosa que darnos ternura, incluido Bruno. Todav�a no puedo creer
esta actitud del perro, esa conducta casi humana de dar lamidas tiernas
- te juro que s�, eran caricias tiernas que daba con su lengua -
en lugares que no son tan sensibles a las lamidas...



Antes de regresar, mi t�a
me dijo que la vecina se quer�a apropiar de Bruno, porque un d�a
- ella ten�a el ba�o da�ado - se puso a orinar fuera
de la casa. Bruno la vio, salt� la cerca que no es muy alta, y la
tumb� para lamerle la raja y saborear los orines que sigui�
expulsando la ca�da.



Mi t�a piensa que ella, luego
de la sorpresa y el susto, sinti� la cachondez de las lamidas...
y dej� que Bruno continuara. Ya sabes, se pic�, como decimos
en M�xico cuando una se aficiona a algo...



Llegu� a casa exhausta...
s�lo para enterarme del robo; robo que me postr� todo esa
noche y que signific�... tener que comprar de nuevo mi obligatoria
computadora. Pues... querida, as�, con tu ayuda, he conocido el
incre�ble placer... con �Bruno!



LINDA



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Relato: Un fin de semana memorable
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