ESPADAS, TRAICIONES Y VAMPIROS (1� Parte)
I. PRELUDIO
El caballero Tagor abandon� tambaleante la taberna. Dio un
traspi�s que casi le hizo caer al suelo cuan largo era. Contempl� el castillo de
Mar�n en la oscuridad, levemente iluminado por la luna, mientras vagabundeaba
por las calles del pueblo que se extend�a a los pies de la fortaleza. Iba a
llegar tarde a sus quehaceres como caballero, as� que deb�a apresurarse. Observ�
con desesperaci�n la botella vac�a entre sus dedos y la estrell� con furia
contra una pared, haci�ndola a�icos. Quiz� como respuesta, un perro ladr� en la
lejan�a.
Maldijo a Oic�n en silencio. El caballero hab�a sido su
camarada y amante durante mucho tiempo. Se hab�an salvado la vida mutuamente
incontables veces y hab�an hecho el amor innumerables m�s. �C�mo entonces le
pod�a haber humillado de esa forma? Al dejarle inconsciente para ocupar su lugar
en el duelo contra ese maldito b�rbaro del norte (ver "El Duelo"), le hab�a
avergonzado delante de toda la Orden de Caballer�a. Incluso se rumoreaba a su
espalda que, cobardemente, Tagor hab�a huido del combate, uno de los pecados m�s
graves para un caballero.
Pero lo que m�s le doli� fue cuando Oic�n regres�. Tagor no
sab�a si golpearle o abrazarle. A fin de cuentas, le hab�a salvado la vida.
Feros, el b�rbaro desfigurado que hab�a jurado odio eterno contra el reino de
Mar�n y todos sus caballeros, le habr�a hecho trizas sin dificultad. �C�mo era
que Oic�n hab�a sobrevivido indemne al encuentro? Cuando observ� la
inconfundible marca de un mordisco en el labio de su amante supo con certeza lo
que hab�a ocurrido.
Todav�a conservaba indeleblemente grabada en su memoria la
agria conversaci�n privada que mantuvieron. "�Hiciste el amor con �l?" "No digas
tonter�as." "�D�melo!" "�Y qu� si lo hice? No soy propiedad de nadie." "Maldito
seas. �Es que no significo nada para ti?" "Me expuse a morir para salvarte la
vida. Eso deber�a contestar a tu pregunta." "Quiz�s no acudiste a ese duelo para
luchar ni morir, sino para acostarte con ese salvaje a mis espaldas." Oic�n
respir� profundamente antes de contestar y salir por la puerta. "Si eso es lo
que crees, quiz�s sea mejor que dejemos de vernos." El portazo provoc� que los
muros de piedra de la estancia temblasen.
Reprimi� las l�grimas. La gente a su alrededor por las
transitadas calles hab�a ido desapareciendo hasta que hab�an quedado desiertas.
Parec�a como si la ciudad no fuera m�s que plazas solitarias, pasadizos
sombr�os, callejones estrechos y tenebrosos. Bueno, no ten�a importancia. En
breve llegar�a al castillo y podr�a cumplir el cometido de esa semana: velar las
antiguas armas sagradas, que enarbolaron los Antiguos Reyes de Mar�n. No es que
le entusiasmase la idea de pasar la noche en vela vigilando unas espadas
polvorientas, pero ese era su deber como caballero y no lo infringir�a. Adem�s,
puede que le sirviese para quitarse de la cabeza a Oic�n. Despu�s de todo,
�qui�n le necesitaba?
Volvi� a la realidad cuando escuch� su nombre susurrado a su
espalda. Se dio la vuelta pero la oscura calle estaba totalmente vac�a. Sin duda
hab�a sido su imaginaci�n. Continu� con sus meditaciones. La verdad es que no
sab�a a qui�n pretend�a enga�ar. Amaba a Oic�n m�s de lo que estaba dispuesto a
admitir. Casi muri� de celos cuando aquel presumido pr�ncipe elfo acudi� a Mar�n
y tuvo que soportar los devaneos amorosos entre ambos (Ver "El Pr�ncipe y el
Caballero").
-Tagor...
Esta vez estaba seguro. Alguien hab�a pronunciado su nombre.
Se gir� mientras sent�a su pulso acelerarse. Ni siquiera reconoci� el l�gubre
barrio en el que se hallaba. Alguien vestido con un oscuro h�bito le hac�a se�as
desde una puerta desvencijada. Su coraz�n dio un vuelco. �De qui�n podr�a
tratarse? Antes de darse cuenta, sus piernas le condujeron como si tuviesen vida
propia hasta el port�n. Intent� resistirse pero no pudo. Atraves� la puerta,
cuyo interior parec�a tejido del mismo material que la noche.
-Si�ntate, Tagor.
-�C�mo..?
-Silencio, muchacho. Yo hago las preguntas.- La voz era muy
suave y seductora, pero terriblemente fr�a, como un t�mpano de hielo. Sin poder
evitarlo, se encontr� sentado en una mesa sobre la que hab�a una mortecina vela.
Enfrente se sent� su interlocutor. La capucha evitaba que pudiera llegar a ver
su rostro, pero vislumbr� dos ascuas donde deber�an hallarse sus ojos. No supo
si era su imaginaci�n, pero parec�a haber una segunda figura embozada en una de
las esquinas.
La voz le sobresalt�. -Conozco tu pesar y puedo aliviarlo.-
El encapuchado se descubri�. Durante un segundo el caballero pens� que se
trataba del pr�ncipe Leopoldo, hijo del Rey Pontus, ya que era un hombre muy
parecido f�sicamente. Pero entonces repar� en que en su cabello moreno era mucho
m�s largo y un peculiar mech�n blanco destacaba en su lado izquierdo. Repar�
entonces en que el hombre frente a �l ten�a los ojos zarcos, de distinto color:
el izquierdo era verde, contrastando con el derecho, negro como el �bano. No
solamente esos detalles le distingu�an del pr�ncipe: su faz era m�s p�lida,
demacrada e inhumana.
-Estoy siendo muy descort�s. Mi nombre es Ythil. Y s�,
respondiendo a tu pregunta, soy pariente del pr�ncipe.
Tagor se extra��. No hab�a sido consciente de abrir la boca.
Durante unos segundos, la absurda idea de que ese hombre le�a sus pensamientos
se aloj� en su cabeza. La sonrisa de Ythil se acentu�. Todav�a mareado, el
caballero dej� de pensar en todo eso cuando el misterioso hombre delante suyo
empez� a desvestirse lentamente.
Tagor jade� cuando Ythil se desnud� completamente, revelando
un cuerpo magn�fico aunque quiz� algo p�lido. �Qu� significaba todo eso? El
extra�o avanz� y bes� su cuello. Tagor no pudo evitar gemir de dolor. Su
contacto era g�lido, dejando la zona entumecida.
-Eres un... vampiro...- Tagor se aterroriz� al contemplar la
sonrisa m�s maligna que hab�a visto jam�s.
-Eres muy inteligente.- Ythil comenz� a desnudar con
exquisita habilidad al caballero, dejando al descubierto su amplio pecho. Unos
susurros de placer llegaron a los o�dos de Tagor. -Y tambi�n eres muy bello...
La helada lengua de aquel ser comenz� a recorrer el pecho del
caballero, lamiendo y picoteando. Una gota de l�quido rojo resbal� desde el
pez�n, iniciando un descenso por el musculoso pectoral, pero Ythil lo hizo
desaparecer con un veloz lamet�n. La verga de Tagor estaba a punto de reventar,
excitado m�s all� de lo indecible.
Abri� los ojos. Ya no estaba en aquella horrible casa, sino
en el lecho de su amado, el caballero Oic�n. Sin duda todo hab�a sido un sue�o.
El caballero estaba a su lado, aunque ahora era m�s bello y esbelto, y quiz� m�s
fr�o. Oic�n besaba todo su cuerpo, llev�ndole a l�mites inimaginables de placer.
"Qui�reme... �mame..." Tagor gimi�, pr�ximo al orgasmo. "S� m�o... Obed�ceme, s�
mi esclavo..." El ardor de las acometidas hizo olvidar al caballero la gelidez
de su amante. "�Me amas?" "S�". "�Me obedecer�s en todo lo que te pida?" "S�,
s�." "�Morir�as por m�?" Tagor jade� cuando eyacul�. "S�, s�. �S�!".
El caballero abri� los ojos. Ya no se hallaba en la c�lida
habitaci�n. La tenue luz de la vela volvi� a iluminar la fr�a estancia. Oic�n ya
no estaba all�. En su lugar, el terrible ser llamado Ythil lam�a con avidez la
palma de su mano, impregnada de la esencia de Tagor.
-�Sab�as que la composici�n del semen y de la sangre es casi
id�ntica?- La mirada del vampiro era perversa.
Tagor grit� cuando dos colmillos se hundieron en su carne. Un
terrible sonido de succi�n inund� la habitaci�n durante varios minutos. El
cuerpo sin vida del caballero cay� ruidosamente al suelo.
-Nadie vigilar� la Espada esta noche. S� que no me
defraudar�s, Presa.
La segunda figura encapuchada abandon� la habitaci�n con
rapidez.
II. UN ROBO FRUSTRADO
El caballero Oic�n dobl� el pasillo que conduc�a a la Galer�a
de los Antepasados. Sab�a que esa noche Tagor hab�a sido designado para velar
por las armas, as� que deb�a estar all�, guard�ndolas. No sab�a muy bien qu� era
lo que le iba a decir, pero cre�a que deb�a darle una oportunidad para
excusarse. Era de necios echar al traste una relaci�n como la suya por unas
est�pidas palabras. Deb�a controlar su temperamento y ser conciliador.
Fue entonces cuando divis� lo que parec�a un perro. �C�mo era
posible? Era casi de madrugada. Los mastines eran encerrados cada noche en las
perreras reales. �Quiz�s se hab�a escapado? El perro, que parec�a un lobo m�s
que un sabueso, se detuvo al verle y gru�� amenazadoramente. Fue entonces cuando
Oic�n repar� en que llevaba un objeto entre sus fauces. Parec�a una espada.
Entonces reconoci� la empu�adura. �Se trataba de una de las espadas sagradas de
los antiguos reyes de Mar�n!
-�D�nde vas con eso, chucho? �Ven aqu�!- Espet� al animal y
se dirigi� hacia �l para cogerlo. Aunque el perro dio media vuelta y huy�,
pronto el caballero le acorral� al final del pasillo. Entonces no pudo creer lo
que vieron sus ojos.
El caballero escuch� un terrible crujido y observ� como el
lobo parec�a adquirir m�s tama�o y erguirse sobre dos patas. Una voz grave
aunque vagamente humana surgi� de su garganta.
-Ap�rtate de mi camino.
Aquel ser se abalanz� hacia el caballero, pero �ste dio un
�gil salto y logr� agarrar a la desnuda criatura antes de que huyera. Oic�n
hab�a o�do hablar de esos seres. Eran cambiaformas, criaturas que pod�an adoptar
forma humana, de un animal determinado o, como ahora, de un extra�o h�brido
entre ambas. Este cambiante parec�a que quer�a robar una espada sagrada. Le
sujet� por la cintura, mientras el cambiante intentaba enderezarse y huir.
-�Quieto! No quiero hacerte da�o!
-�Su�ltame entonces! -El ser le empuj�, pero no logr� zafarse
de �l. Oic�n le abraz� por la cintura y ambos rodaron por el suelo. Fue entonces
cuando su rostro rebot� contra la prieta nalga de aquel ser. Oic�n vio su
oportunidad y mordi� cu�n fuerte pudo. El cambiante grit� de dolor ante el
inesperado ataque a su trasero y solt� al caballero, momento que �ste aprovech�
para agarrarle por el cuello. Oic�n apret�, cort�ndole la respiraci�n. El ser
gem�a y jadeaba, intentando zafarse in�tilmente. El caballero mantuvo su
postura, sabiendo que pod�a romperle el cuello. Pero ten�a curiosidad por saber
por qu� aquel extra�o ser quer�a apoderarse de esa espada y c�mo hab�a burlado
la vigilancia de Tagor. Adem�s, Oic�n no era un asesino despiadado. Solt� la
presa mientras el ladr�n ca�a al suelo, frotando su cuello e intentando
respirar, mientras en el pasillo aparec�an varios guardias con sus espadas
desenvainadas, alertados por el ruido.
-Date preso en nombre del Rey.
III. EL INTERROGATORIO
El rey Pontus mir� con asco y desprecio al ladr�n,
arrodillado y encadenado. Su aspecto no hab�a cambiado desde que le capturasen.
Segu�a en su forma semihumana. Su rostro terminaba en un hocico, algo chato,
conservaba sus dos orejas puntiagudas y un fino pelaje gris�ceo. No obstante, un
mech�n de pelo rojo ca�a descuidado hasta su cuello. Oic�n sab�a que el rey
sent�a repulsi�n por las razas no humanas, pero �l mismo no pod�a evitar mirar
con algo de lascivia el musculoso cuerpo que se hallaba encadenado a sus pies y
desear estrecharlo y poseerlo, a pesar de tratarse de un enemigo.
El rey abofete� al cambiaformas, pero �ste no dej� de sonre�r
burlonamente.
-Habla, engendro. Dinos por qu� quer�as robar esa espada, y
qu� has hecho con el caballero Tagor.
El cambiante no se inmut�.
-Has sido contratado, �verdad? Los seres como t� no sois sino
apestosos mercenarios sin escr�pulos. Nos dir�s qui�n te pag� por el robo. Habla
o...
El Rey se acerc� despacio y con una mano asi� suavemente uno
de los pezones de aqu�l ser, que se hallaba perforado por un pendiente. De
pronto, estir� con fuerza. El cambiante aull�. Pontus sonre�a cruelmente
mientras los retorc�a, estiraba y pellizcaba, intentando provocar el mayor dolor
posible. Oic�n se acarici� sus propios pezones, dolorido por la visi�n de la
tortura a que el rey somet�a al ladr�n. �ste jadeaba, pero entonces el caballero
fue consciente de que no gem�a de dolor sino de placer.
-Deteneos, majestad. Mirad.
El rey Pontus par� en su castigo. La saliva ca�a desde la
comisura de sus reales labios, y su canoso pelo se hab�a revuelto ligeramente en
su elegante cabeza. El caballero se�al� la desnuda entrepierna del ratero. Su
verga estaba completamente erecta y parec�a pr�xima al orgasmo. �Estaba
disfrutando! El cambiante jade� con voz sarc�stica:
-Por favor, majestad... No os deteng�is ahora.
El rey palideci� de ira.- �Maldito engendro...! �Merec�is la
soga!
Levant� la mano para golpearle, pero entonces Oic�n le
detuvo.
-Esperad, mi se�or. Debe haber sido adiestrado en t�cnicas
sadomasoquistas para no sentir dolor sino placer. Castig�ndole no lograremos
nada. Quiz�s yo sepa c�mo sonsacarle.
El rey se alis� el pelo, seren�ndose. �Est� bien. Si cre�is
que pod�is hacerle hablar, adelante.
-Si, majestad. Pero necesito que salg�is de la habitaci�n.
El rey vacil�.- De acuerdo. Esperar� fuera.
Al cabo de un minuto, en la habitaci�n s�lo permanec�an Oic�n
y el ladr�n. El cambiante miraba con cierta curiosidad a su carcelero, mientras
estiraba de la cadena, probando su resistencia.
-Es in�til. Es muy resistente. �Ser�as tan amable de decirme
tu nombre, al menos?
El cambiante dud� antes de responder. -Puedes llamarme Presa.
-Es un inicio, Presa. Me gustar�a que habl�semos primero.
Tienes unas inusuales habilidades. En Mar�n nos vendr�a muy bien un esp�a como
t�.
-Ja. No acepto patr�n. Por muy atractivo que sea.
-Agradezco el cumplido. Y ahora, supongo que no querr�s
compartir con nosotros por qu� quer�as robar la espada, ni si alguien te lo ha
ordenado, �no?.- El ladr�n neg� con la cabeza. Oic�n suspir�.- �Sabes? Nunca he
utilizado la violencia para interrogar a nadie, pero siempre he logrado saber lo
que quer�a.
-Me gustar�a verlo.
-Ser� todo un placer.
Oic�n se desnud� lentamente, ante la mirada asombrada de
Presa. Oic�n sonri� cuando observ� c�mo el pene de Presa reaccionaba
favorablemente ante su magn�fico cuerpo. Sin dilaci�n comenz� el
"interrogatorio". Oic�n masaje� los pezones de Presa antes de que su lengua
comenzara un circular juego de lamidas alrededor de la aureola. Presa suspir�,
aliviado sin duda, ya que instantes antes sus pezones hab�an sufrido un duro
castigo. A continuaci�n el caballero se tumb� en el suelo y opt� por lamer los
muslos de Presa y subir por ellos hasta acercarse a su enardecido sexo. El
ladr�n deb�a comenzar a notar los efectos de aquella sensual y delicada atenci�n
ya que comenz� a emitir unos apagados gemidos. Oic�n se apoder� sin prisas del
mango del ladr�n y lo lami� lentamente antes de engullirlo. Presa comenz� a
arquearse de placer, indefenso como se hallaba.
El caballero continu� su firme mamada, apresur�ndola. El
ladr�n intentaba distraerle. -�Sabes, querido? Cuando me mordiste en el culo
casi tuve un orgasmo en ese mismo momento.- La mano del caballero se desliz� por
el perineo hasta el orificio anal, ignorando los comentarios de Presa. Aceler�
el ritmo y le penetr� analmente con dos dedos. Presa comenz� a vibrar como si
sufriera espasmos justo antes de que el semen brotase de su sexo. Oic�n le
masturb� mientras alcanzaba el orgasmo, impregnando su mano con el viscoso
l�quido. Despu�s acerc� los dedos al rostro del jadeante Presa mientras le
susurraba:
-No me morder�s, �verdad?
El ladr�n resoplaba. -Deber�s arriesgarte...
Oic�n meti� los dedos en la boca de Presa quien los lami� con
deleite. El caballero y el cambiante se miraron a los ojos con ardor.
-Y ahora, �me dir�s qui�n est� detr�s de todo esto?
Presa ri�. -�Y �ste es tu suplicio para sacar informaci�n?
El caballero sonri� con malicia. �De acuerdo. Volver� a
empezar.
Y de nuevo comenz� el asalto. Al principio Presa parec�a no
reaccionar, pero pronto su mango creci� otra vez. Los dos perdieron la noci�n
del tiempo, pero el ladr�n no par� de gemir y el cansancio se le�a en su rostro.
Volvi� a arquearse y apret� los dientes mientras alcanzaba el orgasmo.
-�Hablar�s ahora?
Presa hab�a perdido la potencia de su voz. -N... No dir�
n...nada... ufff...
Oic�n chup� su cuello y mordi�. Presa gimi�. El tiempo
transcurri� r�pidamente. Presa suspiraba muy despacio, casi lastimeramente,
mientras los dedos del caballero franqueaban su culito, penetr�ndolo sin
descanso. El en�simo orgasmo del cambiante se produjo. Ambos estaban
embadurnados del n�ctar del ladr�n, al que s�lo las cadenas evitaban que cayera
al suelo.
-Aarrf... Espera... Unggg... No puedo m�s... Basta, por
favor... Hablar�...
El caballero extrajo sus dedos del ano del ladr�n, y acerc�
su oreja a su sudado hocico, pero continu� masturbando sin descanso el pobre
pene de Presa. Su voz era baja y cansada.
-Por favor... S�, est� bien... Mi se�or me orden� robar la
espada...
-�Qui�n es tu amo?
-No es mi amo... Me recogi� de las calles cuando... ufff...
estaba pr�ximo a morir de hambre... Le sirvo porque yo quiero...
-Su nombre.
-Lord Ythil...
-No le conozco. �Qui�n es?
-Si quieres saber m�s, contempla... unggg... el tercer cuadro
de la galer�a de antepasados.
-�Por qu� quiere la espada?
-Es suya.
-�D�nde est� Tagor? �Le has matado?
-�No! Est� con... mi se�or. Deb�is creerme. No s�ee m�s...
Cuando veas el cuadro lo entender�s. Por favor... Detente... Aggg...
-Est� bien... Creo que eres sincero. Pero no me lo has
contado todo. Ma�ana continuaremos. Pero antes...
Oic�n levant� las caderas de Presa y le aup� con los dos
brazos, colocando su gran verga en su orificio anal. Por �ltimo, coloc� las
piernas del cambiante sobre sus hombros. Con una ligera embestida, el glande se
col� en las entra�as de Presa. El sudor facilit� la penetraci�n y el ladr�n no
pudo evitar debatirse, retorci�ndose por el placer, pero lo �nico que consigui�
es que el estoque se introdujera m�s y m�s, ganando terreno.
-Esto te ense�ar� que con Mar�n no se juega.
El ladr�n se retorci� mientras eyaculaba sin poder siquiera
rozar su dolorido pene.- �No, nooooo... Uooohhh..! �La cabeza de Presa cay�
hacia atr�s mientras rug�a sordamente y su cuerpo se convulsion� para despu�s
quedar inerte.
Oic�n sali� al poco tiempo del interior del ladr�n. Coloc� su
verga a escasos cent�metros del desmayado ratero y descarg� en su rostro.
Despu�s de la abundante rociada, todav�a sigui� disparando un par de veces,
golpeando sus mejillas con su caliente esencia. Gran parte se derram� por su
cuello y cuerpo. La larga lengua del desfallecido ladr�n pend�a inerte de un
lado de su boca y Oic�n aprovech� para restregar su glande contra ella.
-Descansa hasta ma�ana, cielo. Necesitar�s recuperarte para
lo que te espera.- Dijo ir�nicamente el caballero antes de salir de la
habitaci�n.
La puerta se cerr� a sus espaldas, inundando la mazmorra de
oscuridad.
Continuara...