Relato: Mini market: hiper gordo





Relato: Mini market: hiper gordo

MINI MARKET: HIPER GORDO.


CAP�TULO I: UNA HISTORIA DIFERENTE.



Tuve una discusi�n con mi madre por un tema familiar, lo que
me precipit� a tomar la decisi�n largamente demorada de irme a vivir al
departamento de Juan.


Ya me hab�a comunicado con mi amigo por larga distancia en
m�s de una oportunidad, y �l continuaba alent�ndome a que finalmente me mudara a
su edificio. De momento no estaba en sus planes la idea de volver, no por lo
menos en los siguientes tres o cuatro meses, ya que a�n deb�a poner en orden los
papeles de su hermano fallecido y esperar la evoluci�n del otro que a�n segu�a
estando bastante grave.


Sin hacer totalmente la mudanza de mis pertenencias, me llev�
casi toda la indumentaria y buena parte de mis efectos personales.


Tuve una conversaci�n con mi madre antes de irme, y qued�
claro que no lo hice por la discusi�n en s�, ya que desde hac�a un tiempo le
hab�a hablado de irme a vivir solo, antes mismo de que mi amigo se fuera para
Espa�a.


Le di un beso para que tuviera la certeza que ella no era la
culpable de mi determinaci�n, y me hizo prometerle que no desaparecer�a de all�
definitivamente; y para que se quedara tranquila le dije que no festejara, que
no se desprender�a de m� tan f�cilmente, y que la visitar�a para almorzar con
ella la mayor�a de los domingos a partir del de la semana siguiente.




La mudanza la hice en la tarde de un s�bado para tener el
resto del d�a y todo el domingo para ordenar las cosas.


Por primera vez en mi vida iba a tener una cama gigante
�nicamente para m�, aunque el ponerme contento con ese pensamiento me dur� tan
s�lo dos segundos ya que en realidad prefer�a un mill�n de veces compartirla con
alg�n obeso en lugar de ocuparla yo solo.



Cuando se hizo la noche de ese d�a s�bado estaba exhausto y
decid� ir al supermercado a comprar algunas provisiones.


Me llev� tremenda sorpresa cuando llegu� a mi destino, ya que
nunca hab�a visto uno tan grande. En verdad �ste cumpl�a con creces con el
nombre que llevaba iluminado con flamantes letras de ne�n: HIPERMERCADO.


La puta madre! Cada vez los hacen m�s grandes!


Quedaba a tres cuadras del departamento y parec�a como que lo
hubieran inaugurado ese mismo d�a, aunque realmente lo hab�an hecho hac�a apenas
unos pocos meses.


Compr� casi todo lo necesario para preparar comida r�pida.
Por m�s que me gustaba hacerlo, no estaba en mi mente tener que perder ni el
m�nimo tiempo cocinando, al menos en esos d�as siguientes en que ten�a mucho
para ordenar.


Por supuesto que adem�s de los comestibles en s�, llev�
bastantes provisiones de la secci�n de frutas y verduras. Record� que Juan me
hab�a recomendado ir a un almac�n que estaba a la vuelta de su edificio, pero en
realidad ya estaba all� y no ten�a ganas de estar baj�ndome nuevamente de mi
veh�culo s�lo por eso.


Ya ir�a en otra oportunidad para conocer ese lugar.


Yo me considero una persona normal, lo que s� que no es
normal en m� es la forma obsesiva que tengo de comer frutas. Y cada vez m�s. En
realidad no las como, sino que las devoro. Casi todas, sin excepci�n.


Tengo el h�bito de exprimir y tomar el jugo de tres o cuatro
naranjas casi todos los d�as en que lo puedo hacer. Adem�s de comer frutas todo
el tiempo cada vez que tengo ganas de poner en mi boca algo rico en lugar de
galletas u otra cosa. Acostumbro a comerlas siempre antes de almorzar o de
cenar, ya que el chef de Eduardo me hab�a dicho en una oportunidad que hay que
ingerirlas con el est�mago vac�o, ya que son de mucha m�s f�cil digesti�n que
otro tipo de alimentos. Lo normal de la gente es consumirlas despu�s de las
comidas y de esta forma se pudren dentro del es�fago en espera de su turno para
pasar hacia el est�mago.


Me hice un surtido bastante generoso, aunque de todas formas
dudando si lo que llevaba me iba a alcanzar para todo el fin de semana.


"Bueno, cualquier cosa, ma�ana paso por el almac�n." Me dije
a m� mismo, abon� y volv� al departamento.



Llegu� alrededor de las 8 de la noche, me prepar� jugo de
naranjas, com� un par de kiwis, peras, uvas y manzanas y como estaba muy cansado
me di una ducha, me fui a recostar un rato para reponer fuerzas, y me qued�
totalmente dormido hasta las 10 de la ma�ana del domingo.



Cuando me despert�, la cama calentita me hizo tener una
erecci�n de antolog�a. Busqu� a Juan a tientas desesperadamente antes mismo de
despegar los ojos.


"Juan." Grit�, cuando not� que no estaba all� conmigo. "Est�s
en el ba�o?"


Fue entonces que me percat� de que todo no hab�a sido una
pesadilla y que �l verdaderamente hab�a viajado a Espa�a.


Fui al ba�o y vi un frasco de su perfume, y tan s�lo oliendo
su aroma, me masturb�.




Termin� de acomodar las pocas cosas que me faltaban, prepar�
el almuerzo r�pido, com� y me decid� a salir con el autom�vil para hacer un
reconocimiento del barrio.


Baj� por el ascensor y en el pasillo de la planta baja me
top� con Manuel, el portero. Lo salud� y le pregunt� acerca de los comercios de
la zona.


Me acompa�� hasta afuera y mientras barr�a la entrada, me
explic� que en la misma cuadra del edificio hab�a una farmacia, una helader�a y
un lavadero de ropa, y por la acera de enfrente hab�a una librer�a junto a una
pinturer�a y varios locales de comida. Me se�al� tambi�n otro edificio m�s hacia
la esquina, y me dijo que all� en el segundo piso, funcionaba un sex shop.


"Qu� es eso?" Pregunt�, aunque lo deduje por el nombre.


"Es un local de venta de art�culos para la pareja. Cada tanto
le llevo algunos juguetitos para la Ramona, y deber�as preguntarle a ella lo
contenta que se queda con ellos." Me explic�.


La Ramona era su esposa, que rara vez iba por all�.


"Qu� clase de juguetitos?" Pregunt�, siempre ignorante acerca
de esos temas.


"Es que nunca has ido por uno de esos locales?" Pregunt�
incr�dulo.


"No, nunca. Jam�s." Confes� en forma honesta.


"Pues, deber�as. Tu patrona te lo agradecer�." Concluy� con
una sonrisa y continu� con sus tareas.


Me dije que posiblemente fuera alg�n d�a tan solo para
conocer ese tipo de comercio, ya que hasta ese momento ni siquiera sab�a de su
existencia.


Sal� con el veh�culo y pas� por la cuadra siguiente, por
donde viv�a Gerardo, mi amigo, y en una cuadra m�s hacia adelante estaba el
video club.


Record� que a la vuelta de la esquina deber�a estar el
almac�n al que se hab�a referido mi amigo y decid� finalmente ir a conocerlo.


Pas� con el autom�vil por donde por el lugar indicado y no lo
vi, as� que continu� un poco m�s, y tampoco.


No puede ser. Me dije. Si Juan me dijo que estaba por aqu�!


Aceler�, llegu� hasta la esquina y di una vuelta a la manzana
para volver e insistir empecinado con mi b�squeda.


Volv� a pasar nuevamente por el lugar y de repente tuve que
clavar los frenos ya que con el rabillo del ojo vi a un ni�o de 6 � 7 a�os que
baj� a la calle desde mi derecha corriendo detr�s de una pelota. Si no lo
hubiera visto, seguramente lo hubiera atropellado.


Se me cort� la respiraci�n por unos segundos y cuando volv� a
reaccionar para salir del veh�culo y devolver al ni�o nuevamente a la acera, un
adulto ya ven�a corriendo detr�s de �l, lo tom� de la oreja y le grit� que ya le
hab�a dicho mil veces que no bajara s�lo a la calle y que un d�a iba a tener un
accidente si lo volv�a a hacer.


.




Sent� que alguien hac�a sonar la bocina por detr�s de m�
haci�ndome volver a la realidad de que estaba obstaculizando el tr�nsito e iba a
continuar la marcha cuando a mi izquierda y sobre lo que parec�a una casa vieja,
le� un cartel que dec�a: "MINI MARKET: EL GORDO".


Finalmente ah� estaba! Hab�a encontrado casualmente el local
que estaba buscando.


Nuevamente otro bocinazo.


En lugar de proseguir la marcha, permit� que el impaciente
conductor me rebasara y estacion� contra el cord�n de la vereda.


Mir� el almac�n sin bajar del autom�vil.


Como estaba buscando un local comercial, no lo hab�a visto la
primera vez que pas� por all�, ya que ante mis ojos hab�a una vieja casa
reciclada.


Sinceramente el frente del lugar no me invitaba a entrar.


Volv� a mirar el cartel.


"EL GORDO" volv� a leer.


No, esto no puede ser!



Dicho cartel era en realidad una madera que posiblemente
alguna vez hubiera sido de color blanco, pero que ten�a una suciedad que parec�a
que estaba all� desde la prehistoria. Adem�s, estaba mal cortada y con las
letras de color negro pintadas por una persona que seguramente jam�s hab�a
estudiado dibujo publicitario ni tuviera en su mente ganarse la vida pintando
carteles. Todo bastante improvisado y reci�n ahora, desde donde pod�a tener esa
visi�n, me llam� la atenci�n que alguien m�s hab�a tachado con tiza negra la
palabra "EL", para anotar "HIPER" por encima. El cartel corregido hab�a quedado
de la siguiente manera: "MINI MARKET: HIPER GORDO".




Casi me muero de la risa, no s�lo porque el repintado estaba muy mal hecho, sino
porque seguramente se hab�an equivocado el lugar de la correcci�n para que
ir�nicamente tuviera sentido la broma que supuestamente quisieron gastar.


Lo correcto hubiera sido repintar la palabra "HIPER" en el
lugar donde dec�a "MINI", y as� quedar�a: "HIPER MARKET" parafraseando
"HIPERMERCADO" y de esa forma estar�a bastante m�s gracioso y mucho m�s a�n
vi�ndolo sobre la puerta de ese almac�n que parec�a que casi se ca�a a pedazos.


Me re� nuevamente de mi ocurrencia.


"HIPER MARKET"



Pero a qui�n carajo se le podr�a ocurrir tan s�lo comparar
este cuchitril con un hipermercado?


Intent� por todos los medios poder mirar hacia dentro del
local, pero no lo pude hacer, ya que por el reflejo del sol sumado a que los
vidrios estaban bastante sucios me impidieron la visi�n.


Volv� a formular la pregunta, aunque ahora en una forma m�s
seria.


Pero a qui�n carajo se le podr�a ocurrir venir a comprar a
este local de mierda?


Bueno, tampoco es para que me ponga as�. Tal vez las personas
que atienden este almac�n sean buena gente.


De pronto, se abri� la puerta y sali� una persona con algunas
bolsas, pero lo que me llam� la atenci�n fue la poca luz que hab�a dentro de ese
local.


Y esto?


Ten�an la luz apagada o estaban ahorrando energ�a?


Me pic� el bicho de la curiosidad y decid� finalmente bajarme
del autom�vil y entrar a echar una ojeada.



"Qui�n sigue?" Pregunt� una voz gruesa femenina una vez que
traspas� la puerta de entrada.


Esa voz me hizo mirar instant�neamente a la se�ora que
deber�a tener alrededor de 40 a�os y m�s de 140 kilos de peso, ante lo cual, mi
miembro comenz� a latir vertiginosamente.


En el lugar hab�an dos se�oras esperando para ser atendidas.


"Pedro, recuerdas el precio de esta lata de duraznos en
alm�bar?" Pregunt� de pronto la obesa mirando en direcci�n hacia el piso y al
costado del mostrador.


"Quince pesos." Le contest� una voz que me record� a Darth
Vader pero quit�ndole el sonido met�lico.


Me tuve que mover un poco hacia la derecha para poder
observar de d�nde hab�a venido la respuesta con esa voz terriblemente gruesa.


La dureza de mi miembro ya era inaudita, tan s�lo con haberle
escuchado decir: "Quince pesos", pero apenas vi su culo de m�s de un metro de
di�metro y parcialmente desnudo, ya que con la posici�n de agachado me permit�a
ver la mitad de su raja peluda, mi miembro empez� a temblar y expuls� el l�quido
habitual que emit�a en estos casos de excitaci�n. Grande fue mi sorpresa cuando
not� que el l�quido que continuaba saliendo de mi pene, lo estaba haciendo sin
mi control.


Mir� mi entrepierna y la peque�a mancha que vi, de repente
comenz� a tomar una dimensi�n mayor.


"Por Dios." Pens�. "Me estoy meando y no lo puedo controlar."


Gir� sobre mis talones y sal� del local.


Fui donde mi veh�culo, entr� y me sent� frente al volante, y
volv� a mirar mi entrepierna. La mancha era del tama�o de un durazno grande.


"La puta que me pari�." Dije. "Y esto qu� es? Qu� me sucedi�?
Me orin� encima?"


Volv� al edificio lo m�s r�pido posible y entr� corriendo
mientras intentaba ocultar la mancha ahora con la camisa que quit� de dentro de
mis pantalones; sub� por el ascensor hasta el quinto piso y apenas cerr� la
puerta del departamento detr�s de m�, me afloj� el cintur�n, me quit� los
pantalones y mis calzoncillos, y un l�quido blanco y pegajoso ten�a ba�ados a
mis genitales. Me toqu� con dos dedos sobre los pendejos mojados y antes mismo
de tomarle el olor ya me hab�a dado cuenta que ese l�quido era semen.


Hab�a eyaculado tan s�lo con ver ese inmenso tipo arrodillado
mostr�ndome su descomunal raja y como ofreci�ndome el culo gigante para que
hurgara por all�.


Aunque supongo que ese no hab�a sido el �nico motivo para mi
reacci�n instintiva. Supongo que todo el entorno, la mujer gorda y las voces
gruesas de ambos, tambi�n hab�an ayudado, y mucho, para la concreci�n de lo que
muchas veces ten�a temor de que me sucediera, me refiero a eyacular sin siquiera
tocarme, pero que nunca cre� que lo lograr�a hacer de esta forma, sin siquiera
enterarme de que lo estaba haciendo. Simplemente expuls� el esperma
involuntariamente, v�ctima de la terrible excitaci�n a la cual estaba sometido
con mis sentidos, satisfaci�ndome incontrolablemente ante la inesperada sucesi�n
de im�genes y sonidos.


No hubo espasmos ni orgasmos. Tan s�lo emisi�n, y por cierto
cuantiosa, de l�quido seminal.


Hice un r�pido an�lisis de lo que hab�a visto.


El almac�n era extremadamente humilde. Y sin temor a
equivocarme, supuse que �se era uno de los locales m�s antiguos de la zona y
posiblemente los precios de all� ser�an de los m�s convenientes del lugar,
incluidos por supuesto a los del mismo Hipermercado.


De m�s est� decir, que a partir de ese d�a iba a cambiar
definitivamente mi destino cuando necesitara adquirir comestibles.


Y esa decisi�n no la hab�a tomado �nicamente porque mi gran
amigo Juan me lo hab�a aconsejado. Aunque la pr�xima vez que hablara con �l, le
iba a agradecer seguramente por haberme mencionado ese almac�n, asegur�ndole que
muy dif�cilmente hubiera entrado all� alguna vez de no haber sido por su
recomendaci�n.


Me higienic� y me cambi� de ropa.


Estuve nervioso m�s que ansioso durante el resto de la tarde,
ya que tem�a volver al local y que me volviera a suceder lo mismo.


MINI MARKET: HIPER GORDO.


Por Dios Santo!


La persona que hab�a decidido poner la palabra "HIPER"
realmente lo hab�a hecho en el lugar correcto. No era lo que yo sospechaba, sino
que lo hab�a puesto adrede, cosa que me entristeci�, porque posiblemente la
intenci�n no era la de hacer una broma ir�nica teniendo como blanco el local,
como yo pensaba, sino la de burlarse de ese hombre.




Me decid� finalmente a volver al almac�n con el fin de
averiguar los horarios en que permanec�a abierto para la atenci�n al p�blico.


Eran pasadas las 5 de la tarde cuando volv� al lugar, esta
vez caminando.


En la puerta hab�a colgado un cartel que dec�a que estaban
abiertos todos los d�as desde las 7 de la ma�ana hasta la 1 de la madrugada, lo
que me hizo sospechar que el due�o deber�a dormir en los fondos del local, o en
el mejor de los casos muy cerca de ese lugar.


La primera visi�n que tuve al ingresar al local, fue
demoledora.


La mujer obesa parec�a una barbie parada del otro lado del
mostrador al lado de un gordo de m�s de 300 kilos, que estaban juntos atendiendo
cada uno a las dos �nicas clientas que hab�a all� dentro en ese preciso momento.


"Gordo, me da tambi�n una lata de duraznos en alm�bar, por
favor?" Pidi� una se�ora.




Antes de que se percataran de mi presencia, volv� a salir del almac�n y me
recost� contra la pared.


Estaba sin aliento.


El mundo me daba vueltas.


Todo a mi alrededor comenz� a girar en forma vertiginosa.


"Dios m�o!" Exclam� en voz alta sintiendo a mi miembro latir
nuevamente, y volviendo a expulsar l�quido.


Nunca en mi vida hab�a visto a una persona tan obesa, ni
siquiera en fotos. Pens� que ese hombre era a�n m�s gordo que cualquiera de los
luchadores de sumo que a�os anteriores sol�an serme �tiles para mis sesiones de
masturbaci�n.


Mi respiraci�n ahora estaba muy agitada.


"Te encuentras bien?" Me pregunt� la voz gruesa femenina.


Gir� la cabeza y asent�.


La mujer gorda me hab�a visto salir de esa forma, pens� que
me estaba sucediendo algo y sali� para ofrecerme auxilio.


"Quiere un vaso con agua?" Me ofreci�.


Volv� a asentir con la cabeza sin intentar emitir sonido. No
pude siquiera abrir la boca.


Me tom� del brazo y ya mismo comenc� a sentir todas las
sensaciones que ten�a siempre ante el contacto con los divinos obesos e
ingresamos juntos al local. El hombre gordo y las dos clientas estaba mirando
hacia la puerta y apenas entramos continuaron prestando atenci�n a sus cosas.


"Qu� verg�enza!" Murmur� mientras me sentaba sobre la silla
que la se�ora me proporcion� en forma espont�nea y muy amablemente.


"No te preocupes." Dijo ella. "Quieres que llamemos a alg�n
servicio m�dico m�vil?"


"No, gracias. No es necesario. S�lo sent� un mareo." Dije y
record� su invitaci�n. "El vaso de agua que me ha ofrecido antes, ser�
suficiente."


El obeso me miraba intermitentemente mientras atend�a a su
clienta y cuando �sta se march�, se dirigi� a la abertura que ten�a una cortina
en lugar de puerta y que daba al interior de la vivienda.


"Cristina, voy a cagar y vuelvo." Le dijo a la mujer.


Eso que escuch� me excit� a�n m�s y pens� realmente que no
iba a terminar ese d�a sin finalmente desmayarme.


Observ� moverse el culo m�s gigante que hab�a visto en mi
vida, hasta que la cortina literalmente lo devor� y lo hizo desaparecer de mi
vista.


"Qu� lo pari�!" Dije para mis adentros mientras mis ojos casi
se sal�an literalmente de sus �rbitas para seguirlo camino al ba�o, cosa que me
hubiera gustado hacer tan solo para poder verlo mientras se bajaba los
pantalones, y de pronto advert� que la gorda me estaba mirando mientras alargaba
su brazo para ofrecerme el vaso prometido.


"No te preocupes, Pedro es as�." Me explic�, creyendo que mi
expresi�n era el efecto causado por haber escuchado las �ltimas palabras que
hab�a dicho el gordo.


Simplemente asent�.


El obeso parec�a un oso. Barbudo, con el pelo color casta�o
oscuro, muy largo y bastante desalineado. Calculaba que deb�a contar alrededor
de 40 a�os de edad, m�s o menos como la mujer.


Su indumentaria parec�a hecha toda a mano. A su camisa muy
gastada le faltaban tres botones aunque intercalados, por lo que por m�s que
hubiera estado m�s tiempo delante de m�, me hubiera sido imposible poder ver ese
pecho colosal, que con solo imagin�rmelo desnudo, casi me atraganto con mi
propia saliva.


Sus pantalones, seguramente tambi�n hechos por alguien
especialmente para �l, que aunque se ve�an enormes, igualmente parec�an quedarle
chicos ya que no alcanzaban a cubrirle todas las nalgas que apenas lograba
ocultar con su camisa, por lo menos mientras se mantuviera en pie.




Not� que una cuerda atada con un doble nudo suplantaba a un cintur�n
inexistente.


No alcanc� a observarle los dedos aunque ya descontaba que
ser�an terriblemente gruesos.


No sab�a a�n su grado de parentesco con la se�ora, aunque
bien podr�an ser hermanos. No pod�a ni siquiera imaginarme que estos dos gordos
fueran marido y mujer. Por Dios, si as� fuera, pagar�a para poder verlos hacer
el amor mientras me hac�a una paja.


Ahora casi ten�a la certeza de que �l viv�a en ese mismo
lugar, por m�s que la cortina no me permit�a ver m�s hacia adentro.



"Te encuentras mejor?" Pregunt� la gorda interrumpiendo mis
pensamientos, que continuaba trat�ndome en forma muy amable mientras terminaba
de atender a la �nica clienta que quedaba en el local.


"S�, gracias." Dije sonri�ndole.


Una idea comenz� a golpearme la cabeza.


Supongo que no se negar�an a dejarme pasar al ba�o si se lo
solicitara, una vez que el obeso saliera de all� luego de hacer sus necesidades.


Deseaba con todo mi ser entrar a ese ba�o para deleitarme con
el "olor a rosas" proveniente de ese hiper gordo, pero no me animaba a
ped�rselo.


S�lo con pensarlo, mi pene emiti� un poco m�s de l�quido y
nuevamente mi entrepierna delataba una mancha tan grande como la anterior.


Qu� estaba sucedi�ndome?


Estaba eyaculando sin tener orgasmos nuevamente.


Podr�a ser que estuviera demasiado excitado con todo lo que
estaba viendo, escuchando e imagin�ndome.


Ciertamente, creo que es la primera vez que suced�a algo as�,
por m�s que recordaba haber estado demasiado excitado en algunas otras
oportunidades.


Pero as�, de esta forma, nunca.


Jam�s me hab�an sucedido antes estos des�rdenes.


Volqu� deliberadamente un poco de agua en mis pantalones,
moj�ndome la mancha que ya estaba depositada all� y humedeciendo tambi�n parte
de mi muslo derecho.




"Uy, qu� torpe!" Dije en voz alta, para disimular.


La clienta abon� su compra, sali� del almac�n y la gorda se
acerc� a mi.


"Deseas alguna cosa m�s?" pregunt� al tiempo que escuch�
correr el agua del inodoro.


"No, gracias." Dije, esperando el momento en que apareciera
el gordo por all�, para pedirles que me permitieran ingresar al ba�o.


Mientras esperaba, pase� mi vista por el interior del
almac�n. Todo estaba viejo por all�, despintado y sucio. Hab�a telara�as por
doquier y el local que era de dimensiones medianas estaba �nicamente alumbrado
por dos tubos de luz, que tambi�n necesitaban limpieza y que supongo que deb�an
ser cambiados en forma urgente ya que no alumbraban apropiadamente.


De pronto, la figura del obeso apareci� por la cortina
entreabierta mientras se ataba el cord�n que sosten�a sus pantalones, me ech�
una mirada de pocos amigos, llam� a la mujer por su nombre y volvi� a ingresar
por donde vino desapareciendo nuevamente de mi vista.


La se�ora fue a su encuentro y tambi�n qued� fuera de mi
visi�n.


"Qu� es lo que sigue haciendo este tipo aqu�?" Dijo con su
voz gruesa, que aunque no fue deliberadamente fuerte, pude escuchar sin
obst�culos.


"No grites!" Le rog�.




"No estoy gritando!" Le contest� visiblemente enojado. "Ya te dije que no quiero
que te est�s insinuando as� con los clientes."


"Pero t� est�s loco? Qu� carajo te pasa? De donde te vienen
esos celos de mierda?" Dijo ahora con mucho enfado la gorda. "No ves que el
muchacho tuvo un mareo o algo as� y que le estoy prestando ayuda?"


"Y por qu� no se va ya de una vez?" Dijo como que mi
presencia all� le estuviera molestando.


"Pero qu� es lo que te sucede?" Pregunt� la mujer a�n
demostrando enojo. "Lo que pasa es que yo soy amable con los clientes y no un
amargado y maleducado de mierda como t�. Si atendieras t� s�lo el almac�n, hace
rato que tendr�amos que haber cerrado las puertas ya que nos hubi�ramos quedado
sin clientes. Qu� te pasa con la gente? No puedes tratar mal a todo el mundo. Te
piensas que todos te quieren hacer da�o? Los clientes no merecen tus maltratos,
tienes que entender que nosotros vivimos gracias a ellos."


"Yo no trato mal a los clientes." Dijo ahora un poco m�s
calmado.


"Si tu crees que decir que vas a cagar delante de ellos es lo
m�s normal del mundo, entonces deber�as hacerte ver por un m�dico, porque algo
en tu cabezota debe estar funcionando mal." Le replic� como para finalizar la
conversaci�n.


La gorda volvi� al local y me obsequi� una sonrisa.


"No le hagas caso, mi esposo es un buen hombre, pero lo pone
un poco nervioso la gente que no conoce." Dijo haci�ndome sentir un poco mejor,
ya que en un principio hab�a pensado que el problema era personal y s�lo
conmigo, por m�s que cre�a no haberle dado ning�n motivo para su comportamiento.


Apareci� el gordo otra vez.


Ay Dios, ella dijo "mi esposo", o sea que finalmente eran
marido y mujer!


M�s l�quido sali� de mi uretra.


Me levant� de la silla.


"Disculpe se�or si le caus� alguna incomodidad. Soy Zesna."
Le dije ofreci�ndole mi mano para sentirla estrujada por la suya que se ve�a
gigante.


Hizo un gesto encogi�ndose de hombros como diciendo "Y a mi
qu� mierda me importa?" Ni siquiera me mir�, ni mucho menos me la estrech�.


Pero por todos los santos!


Qu� tipo tan antip�tico!


Pens� en irme de all� para nunca m�s volver.


Aunque s�lo hab�a que ver el contorno de ese hiperobeso para
darse cuenta que yo ni en pedo iba a cometer semejante estupidez.


"En realidad, soy nuevo en el barrio." Continu� diciendo como
para seguir intentando alg�n acercamiento con �l y limar las asperezas. "Soy
amigo de Juan, el del edificio de aqu� a la vuelta."


"Juan, el gordo?" Intervino la mujer desde mis espaldas.




"S�." Le contest� poni�ndome de costado para no perder de vista a su marido.


"Le sol�amos llevar habitualmente el pedido de sus
comestibles directamente a su departamento, hasta que nos avis� que se iba para
Espa�a por lo que le sucedi� a sus hermanos. C�mo sigue el que estaba grave?"


No estaba prestando tanta atenci�n a lo que me dec�a sino a
su marido, que parec�a que me segu�a ignorando totalmente y no le importaba nada
de lo que yo estaba diciendo, pero s�lo con verlo moverse me derret�a todo.


Por favor, tan s�lo que me mire.


Tan solo que me d� la mano.



"Aparentemente a�n no tiene mejor�a." Le contest�. "En
realidad estoy viviendo desde ayer en su departamento y vine por aqu� ya que �l
me recomend� este almac�n."


Ahora el obeso me miraba intermitentemente, pero en forma
desconfiada, como estudi�ndome. Sus ojos eran grandes y su mirada, penetrante.
Mir� sus dedos que tomaban en ese preciso momento una caja y eran bestialmente
gruesos, tal y como me los hab�a imaginado.


No puede ser.


Estaba ante el gordo m�s gordo, el que hab�a logrado hacerme
eyacular sin haberlo visto desnudo, o peor a�n, sin siquiera haber tenido alg�n
contacto corporal con �l, y reci�n ahora me percataba que ni siquiera hab�a
aceptado mi mano para estrecharla; entonces me resign� a pensar que
lamentablemente tal vez nunca lo har�a, ya que obviamente no le hab�a resultado
simp�tico desde el primer momento en que me vio.


Por qu� habr� sido?


Lo observaba por si �l me devolv�a la mirada y no lo volvi� a
hacer. Nuevamente me estaba ignorando completamente.


"Si t� deseas, tambi�n puedes hacer tu pedido por tel�fono y
te lo llevamos." Me segu�a diciendo la gorda mientras me daba un papel de diario
en el cual anot� el n�mero de tel�fono.




Lo tom�, pero sin ninguna intenci�n de dejar de acudir al almac�n, aunque
resignado de que tal vez nunca lograr�a la simpat�a del obeso.


Le hice el pedido de las frutas que quer�a a la se�ora,
mientras su marido volvi� a internarse dentro de la vivienda.


Ni siquiera se me ocurri� intentar pedirle permiso para pasar
al ba�o. El clima con el gordo estaba bastante tenso.


"No te preocupes." Dijo bajando la voz, ante mi sorpresa. "Se
hace el malo, pero no lo es. As� como lo ves, estoy segura que �l hasta dar�a la
vida por ti. Es que tiene un coraz�n de oro, aunque es medio hosco y antip�tico
con la gente que no conoce." Y me sonri�.


"Est� bien, no hay ning�n problema. Igual seguir� viniendo."
Dije simplemente pero no le pude devolver la sonrisa.


En realidad quise agregar: "No importa, total no tengo ning�n
apuro. Tengo todo el tiempo del mundo para esperar a alguien como �l."


Mientras la gorda me atend�a, ahora no pude dejar de observar
sus tremendas tetas. Muy grandes y con dos inmensos pezones que ni el corpi�o ni
la remera que llevaba pudieron disimular. Cuando se dio vuelta y se agach� para
tomar algo del estante de m�s abajo, casi me mor� de un infarto al verle el culo
gigante.


Mi miembro comenz� a palpitar por en�sima vez.



Abon� la compra y le di la mano a la gorda como despedida y
efectivamente, sent� un cosquilleo grande con el contacto nuevamente, aunque ya
era de esperarlo por lo que no me sorprendi� en absoluto.


El grado de atracci�n que sent� por esta mujer era muy
fuerte.


Inmediatamente pens� en �rsula, y sonre�.


Pens� en que si alg�n d�a decid�a intervenir en una org�a de
a tres, esta hermosa pareja s�lo me tendr�a que llamar para que yo acudiera
corriendo.



"Hasta pronto. Mucho gusto de haberlos conocido. Me tendr�
seguido por aqu�, ya que soy un devorador de frutas y verduras." Dije, y me
pareci� que ya era suficiente. Ten�a temor que pensara que no me quer�a ir de
all�.


Y si ese fuera su pensamiento, estar�a en lo cierto.


La verdad era que estaba haciendo tiempo en espera de que
retornara el obeso para intentar otra vez darle la mano y ver si me la volver�a
a rechazar nuevamente.


Pero fue in�til, porque no volvi�.


Ella sonri�.


Me dirig� a la salida y de pronto me arrepent� y volv�
nuevamente casi hasta el mostrador.


"Adi�s, Pedro!" Le grit� a la cortina y ahora s�, sal� del
almac�n.


Mi entrepierna era un desastre, as� que apenas llegu� al
departamento, me quit� toda la indumentaria por segunda vez en ese d�a, y la
puse en la cesta para lavar.


Me qued� en bolas el resto de la tarde y a pesar de que
estuve ocupado acomodando mis cosas en el placard, apenas pensaba en Pedro, mi
miembro saltaba de alegr�a.



Cuando abr� uno de los cajones, vi all� el rev�lver de Juan.
Me dio miedo hasta de tocarlo, as� que no lo hice, y no conforme con eso, le
puse encima dos de mis prendas para intentar verlo lo menos posible.




CONTINUAR�.


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Relato: Mini market: hiper gordo
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