Relato: Verano en Paracas (2)





Relato: Verano en Paracas (2)

Verano en paracas(2)


Despu�s de echar un buen polvo, mi esposa sac� como tema de
conversaci�n, inevitablemente, la escena que hab�a presenciado momentos antes y
que tan cachonda la hab�a puesto. Me pidi� detalles sobre la sensaci�n que hab�a
sentido al penetrar a nuestra hija, sobre el tacto de sus pechos, sobre lo que
sent� cuando me la chupaba, etc. Insinu� que le falt� poco para entrar all� y
unirse a la fiesta, cosa l�gica, sin embargo, me sorprend� cuando a�adi� : "Uy,
que delicia comerse ese co�ito y esas tetas". Me descoloc� un poco escuchar esas
insinuaciones por parte de Ana, jam�s hab�amos fantaseado antes con practicar
sexo con nuestra hija y ahora estaba descubriendo que a mi esposa tambi�n le
daba morbo.



Al d�a siguiente, cuando me levant�, no hab�a nadie en casa. Mir� el reloj, eran
cerca de las dos. Decid� dar una vuelta por la playa, seguramente all� estar�an
ellos, y efectivamente, no tuve que andar mucho cuando v�, junto a la orilla,
dos maravillosos cuerpos femeninos que me hac�an se�as con los brazos. A varios
metros, debajo de la sombrilla, estaba Marcelo, as� que me qued� con �l mientras
ellas se ba�aban. Una duda empez� a rondar por mi mente, no sab�a si durante el
tiempo que hab�a estado ausente ellos hab�an comentado algo. Confieso que estaba
un poco confuso, porque, aunque por una parte deseaba que mi hija supiese que yo
me la hab�a follado, por otra parte me avergonzaba.



Manteniamos una t�pica conversaci�n sobre deportes, cuando de repente, not� que
una mano de Marcelo se acerc� excesivamente a mi entrepierna, roz�ndome el
capullo con sus d�dos y pos�ndola en la arena, casi pegada a mis cojones. Acto
seguido, empez� a hacer comentarios sobre mi mujer y mi hija, sobre la belleza
de sus cuerpos, sobre lo simp�ticas que eran. Despu�s, movi� de nuevo la mano
que hab�a puesto en la arena y la llev� sin reparo hasta mi paquete, abarc�ndolo
por completo, y me dijo :



- "Supongo que te gustar�a repetir lo de anoche, me consta que disfrutaste
much�simo, no solo porque fu� testigo, sino porque me ha comentado Ana que de la
calentura que llevabas, tuvistes fuerzas para luego echarle un polvo bestial".



Al escuchar esto, me qued� pensativo por unos momentos. Por lo que me hab�a
dicho, quedaba claro que �l y mi mujer hab�an hablado del tema. La duda que me
quedaba era saber si mi hija Cecilia estaba al tanto. No me di� tiempo a
pregunt�rselo, ya que en esos momentos ellas sal�an del agua y se acercaban
hacia nosotros. Ana me di� un beso y se tumb� a mi derecha. Cecilia se acerc� a
saludarme y luego sac� de su mochila un tarro de crema protectora, pidi�ndole a
Marcelo que por favor le extendiese un poco de dicha crema por el cuerpo.



Mi hija se tumb� boca abajo sobre la toalla y Marcelo comenz� a extenderle
lentamente la crema por sus piernas, subi�ndo hacia arriba poco a poco. Cuando
lleg� a sus muslos, se mantuvo ah� durante bastante tiempo, masaje�ndolos, sin
olvidar la parte interior de �stos, acerc�ndose much�simo a sus ingles. Cecilia
ten�a los ojos semicerrados, manteniendo en su rostro una inequ�voca sensaci�n
de placer. Marcelo lleg� a su espalda, virti� una gran cantidad de crema y la
extendi� cuidad�samente por la suave piel de mi hija, d�ndole un masaje perfecto
que casi consigue dejarla dormida.



Cuando gir� su cuerpo y se puso mirando hacia arriba para que Marcelo siguiera
ech�ndole crema, casi me d� un patat�s. Sus preciosas tetas estaban libres. No
me percat� en qu� momento se hab�a desatado el bikini, lo que s� os puedo
asegurar es que se me debi� quedar una cara de bobo enorme cuando v� esos
melones apuntar con sus pezones hacia el cielo, sin el m�s m�nimo gesto de
ocultaci�n por parte de ella. En esos momentos, me pareci� ver en el rostro de
Marcelo una mal�vola sonrisa.



De pronto, mi mujer, a la cual yo cre�a dormida, me alcanz� con sus manos por la
cintura y pos� una de ellas en mi paquete. Me gir� y la bes�. Acto seguido,
acerc� su boca a mi oreja y me susurr� :



- "Te gusta mirarlos...�verdad?. Pues debes saber que a m� tambi�n, aunque m�s
que mirar, me gustar�a poder disfrutar re�lmente junto a t� de esos cuerpos
j�venes, macizos, hermosos... llenos de energ�a. Desear�a poder mezclarnos entre
ellos... y disfrutar juntos del sexo m�s deshinhibido y obsceno".



Si ya estaba excitado, imaginaros como me puse despu�s de escuchar estas
palabras. Cog� a mi esposa por los hombros y comenc� a besarla apasionadamente.
Ella volvi� a sobarme el paquete, pero esta vez incluso se atrevi� a meter la
mano dentro de mi ba�ador. Luego comenz� a hacerme una suave y disimulada paja.
Yo, por mi parte, le agarr� una teta y empec� a frotarle el pez�n con mis dedos.
Todo esto lo hac�amos con la m�xima discreci�n posible para no llamar la
atenci�n, ya que en esos momentos la playa estaba bastante concurrida.



En un momento dado, mi esposa me hizo se�as para que mirara hacia donde estaban
Marcelo y nuestra hija. Ahora estaban los dos sentados sobre la arena, uno junto
al otro, muy pegados y con una toalla sobre sus piernas que les tapaba hasta un
poco m�s arriba de las caderas. Observ� en sus rostros unas expresiones algo
"sospechosas". Era obvio que algo ocurr�a debajo de la toalla.



Ana comenz� a pajearme con m�s fuerza y rapidez. Con sus cada vez m�s bruscos
movimientos, se me empez� a salir la polla fuera del ba�ador, pero a ninguno nos
import�. Yo, por mi parte, le magreaba los pechos y le acariciaba el co�o por
encima del bikini.



Entre tanta calentura, y en un acto casi incontrolable, le desabroch� la parte
superior del bikini y sus dos preciosas tetazas quedaron libres y desafiantes.
Pude fijarme en como este detalle no pas� desapercibido para Marcelo. El muy
cabr�n ten�a la mirada clavada en sus tetas. Pero no solo disfrutaba de la
visi�n de las maravillosas tetas de Ana... tambi�n disfrutaba del fenomenal paja
que mi hija Cecilia le estaba haciendo.



Pero, sin duda, el colmo de mi excitaci�n lleg� cuando me percat� de que mi hija
miraba las tetas de su madre casi con el mismo entusiasmo que Marcelo, por no
decir que con m�s. Quise ofrecerles un buen espect�culo y empec� a magrearle las
tetas a mi mujer como un loco. Pellizcaba sus pezones, abarcaba las tetas por
completo con mis manos y las espachurraba, agarraba una por debajo con una mano
y con los dedos de la otra la acariciaba... etc.



A Marcelo y a mi hija se les ve�a excitad�simos. De hecho, �l estaba a punto de
correrse. En el rostro de Cecilia pod�a adivinarse el enorme placer que le
proporcionaban los dos dedos que Marcelo le introduc�a cada vez m�s r�pido en su
chocho, unido a la visi�n de las tetas de su madre siendo acariciadas por su
padre. Curiosamente, con tanto meneo, la toalla se desplaz� unos cent�metros...
los suficientes como para que durante unos momentos quedara a la vista la gran
polla de Marcelo siendo pajeada por la bonita mano de mi hija.



Mi inevitable y colosal eyaculaci�n estaba pr�xima. Avis� a mi mujer con
antelaci�n y ambos nos tumbamos, poni�ndonos muy cerca el uno del otro,
adoptando una postura que permitiera que el momento de mi explosi�n fuera lo m�s
discreta posible. No puedo asegurar que nadie nos viera, lo que si os prometo es
que la cantidad de leche que expuls� fu� increible. Toda fue a parar al vientre
de mi mujer, y poco a poco fue resbalando hacia la arena.



Tras un intenso beso, nos dirigimos hacia el agua, donde permanecimos ba��ndonos
m�s de diez minutos. Al regresar, Marcelo y Cecilia estaban recogiendo sus cosas
y se dispon�an a marcharse. Nos dijeron que les hab�a entrado hambre y que iban
a comprar unos sandwiches... aunque para m� esto era bastante dudoso, y
probablemente ir�an a echar un buen polvazo en un sitio m�s c�modo, que era
justamente lo que ten�amos pensado hacer mi mujer y yo al llegar a casa.



Y efectivamente, nada m�s llegar, nos metimos en la ducha y Ana empez� a
mam�rmela de rodillas sobre la ba�era. Pero no terminamos ah� la faena.
Prefer�amos un lugar c�modo donde poder emprender una buena sesi�n de jodienda,
as� que fuimos sin demora hacia la cama. All� prosigui� chup�ndomela y a los
pocos minutos est�bamos enzarzados en un cachondo 69. En fin, que follamos de
casi todas las posturas posibles y quedamos rendidos en la cama hasta casi la
hora de cenar.



Hac�a una noche fabulosa. Nos arreglamos un poco para ir a cenar a un
restaurante cercano, donde serv�an un pescado excelente, y que ten�a una amplia
terraza con vistas a la playa. Nuestra hija lleg� justo cuando nos disponiamos a
abrir la puerta para irnos. Al parecer, Marcelo ten�a un compromiso con un
amigo, y como no quer�a quedarse sola, decidi� venir con nosotros. As� que
esperamos a que ella se cambiara de ropa y nos marchamos.



Madre e hija estaban guap�simas. Mi mujer luc�a un vestido de una sola pieza,
color amarillo, con un amplio escote, que le llegaba hasta las rodillas
aproximadamente. Mi hija ten�a puesto un conjunto de dos piezas, formado por un
juvenil top ajustad�simo de color blanco, sin sujetador, y una falda larga de
tipo "hippie", que a veces, y debido a su fino grosor, permit�a divisar el
tanguita negro que llevaba puesto. La verdad es que, aunque ninguna de ellas iba
especi�lmente provocativa, s� que estaban guap�simas, e irradiaban sensualidad y
feminidad por los cuatro costados.



Fue una velada tranquila, amena, en la que hablamos de diversos temas. Despu�s
del postre, y tras tomar varias copas, mi mujer sac� como tema de conversaci�n a
Marcelo. Le pregunt� a Cecilia, entre otras cosas, que si la relaci�n iba en
serio o simplemente se trataba de un rollo pasajero que acabar�a en cuanto
abandon�ramos paracas. Al parecer, la cosa iba, seg�n nuestra hija, muy en
serio. La verdad es que, simplemente viendo la cara y mirada que pon�a cuando
hablaba de �l, se notaba que estaba muy enamorada. Esto, sinceramente, nos
alegraba mucho a mi mujer y a m�. Pocas veces la hab�amos oido hablar con tanto
entusiasmo acerca de un chico.



Salimos del restaurante, y como a ninguno de los tres nos apetec�a meternos en
casa, Cecilia propuso ir a una sala de fiestas muy famosa en la ciudad, donde
hab�a estado con Marcelo una de las noches anteriores. Habitu�lmente tocaban en
directo bandas de salsa, merengue y jazz latino, hab�a muy buen ambiente, gente
de todas las edades aunque may�rmente sobre los 35 o 40 a�os, y que dispon�a de
una gran pista de baile que, gener�lmente, estaba hasta los topes, porque hasta
los m�s t�midos se volv�an locos all� agitando sus cuerpos, bailando y
mene�ndose sin complejos, dej�ndose llevar por los alegres y sensuales ritmos.




Tras sentarnos en un c�modo sof� y pedir las consumiciones, mi mujer y mi hija
decidieron marcarse un bailoteo. Yo prefer� quedarme all� bebi�ndome
tranquilamente mi cuba libre, escuchando la m�sica y observando a la gente. No
tard� en fijar mi mirada en Ana y Cecilia, que con el baile, mov�an sus cuerpos
de las maneras m�s sexys y sugerentes.



Varias veces, algunos hombres que se encontraban bailando en la pista se un�an a
ellas y m�s de uno las cogi� de la cintura o se acerc� por atr�s hasta casi
pegarse a sus cuerpos (el tipo de baile lo exig�a). Hubo un gordo, de unos 50 �
55 a�os, que durante algunos segundos mantuvo su paquete pegado al trasero de mi
esposa a la vez que la agarraba de la cintura y ambos se mov�an al ritmo de la
canci�n. Mi mujer estaba disfrutando de lo lindo. Bailaba sin parar, su rostro
reflejaba lo bien que se lo estaba pasando y no dudaba en mover el culo hacia
delante y atr�s cuando alg�n hombre, como he dicho antes, se le acercaba y se
pegaba tras ella.



Con mi hija pasaba tres cuartos de lo mismo, aunque a los diez o quince minutos
la perd� de vista, y segu� atento a mi radiante esposa, cuyas tetas, con el
baile, se mov�an de manera alocada. Cuando v� que abandonaba la pista y ven�a
hacia m�, me levant� y al llegar, me agarr� de la cintura y unimos nuestras
lenguas en un apasionado morreo. Despu�s nos sentamos y mi mujer rapidamente le
pidi� otra copa al camarero, pues ven�a sudando y bastante acalorada con tanto
baile.



Le coment� que hab�a estado fabulosa, que hab�a llamado la atenci�n de casi
todos los hombres y de m�s de una mujer, y que hab�a disfrutado much�simo
mir�ndola. Segu� alab�ndola hasta que me cogi� fu�rtemente del cuello y me meti�
la lengua en la boca a la vez que pos� una de sus manos en mi ya abultado
paquete. Yo, paulat�namente, empec� a meterle mano. Not�, a trav�s de su
vestido, la dureza de sus pezones (no llevaba sujetador), y no pude evitar
comprobar el estado de su chocho introduciendo mi mano por el interior de sus
bragas. Lo ten�a caliente y mojad�simo. De mutuo acuerdo, decidimos abandonar el
local. Necesit�bamos echar un polvo, o en caso contrario, �bamos a reventar.



Pero claro, no nos pod�amos largar de all� sin decirle nada a nuestra hija.
Seg�n mi esposa, la hab�a visto ir hacia el servicio hac�a ya un buen rato. La
verdad es que comenzamos a preocuparnos. Afortun�damente, apareci� de pronto
acompa�ada de Marcelo y de otro muchacho al que nunca hab�amos visto. Ella ven�a
en medio de los dos, rode�ndolos con sus brazos por la cintura. Marcelo
r�pidamente nos salud�, me di� la mano y dos besos a Ana. Acto seguido, nos
present� a su amigo.



Se trataba de un chico alem�n de 27 a�os, cuyo nombre no recuerdo, as� que lo
llamar�, simplemente, "el alem�n". Ten�a un f�sico 100 % de gimnasio. Era rubio,
con el pelo muy corto (casi rapado), ojos azules, guaperas, con cara de tipo
duro. En fin, el t�pico cachas, pero eso s�, muy educado y agradable, todo hay
que decirlo. Al parecer, Marcelo y �l se conoc�an desde hac�a much�simo tiempo.
Se pod�a ver a simple vista que eran grandes amigos. Insistieron en que nos
qued�ramos a tomar otra copa con ellos, y por cortes�a, aceptamos.



A mi mujer y a m� nos encanta estar entre gente joven. Cecilia estaba sentada
entre ellos dos en un sof� de tres plazas y Ana y yo est�bamos en otro. En un
momento dado, mi mujer ocup� el sitio de nuestra hija y �sta se sent� a mi lado.
Todo vino porque mi mujer le coment� a Cecilia (en plan de co�a), sobre lo
r�pido que se hab�a buscado sus amistades en paracas y, adem�s, el buen gusto
que ten�a. Mi mujer, adem�s, comenz� a piropear sin reparo a los chicos, y le
pregunt�, entre risas, a nuestra hija, que qu� se sent�a al palpar esos m�sculos
que tanto Marcelo como el alem�n (sobre todo el alem�n) marcaban en sus cuerpos.
Fue entonces cuando Cecilia invit� a su madre a ocupar su sitio para que lo
pudiera comprobar por ella misma.



Total, que Ana se sent� en medio de aquellos adonis y, t�midamente, pas� primero
la mano suavemente por uno de los brazos del alem�n. Cecilia, al ver que su
madre lo hac�a con demasiada timidez, la anim� a que sobara el brazo del
muchacho sin ning�n reparo. Lo hizo, muy lentamente pero a conciencia, poniendo
mucho inter�s en ello. Yo disfrutaba vi�ndola tocar esos cuerpos j�venes y
vigorosos, y no pod�a evitar que un cosquilleo me recorriera la entrepierna.



Y al lado ten�a al bomb�n de mi hija, que debido sobre todo a la gran cantidad
de alcohol que hab�a ingerido, estaba m�s cari�osa que nunca. Me cog�a del
cuello, de los hombros, me daba besitos, y a veces (no s� si intencion�damente)
posaba su mano sobre mi paquete manteni�ndola all� durante breves segundos.



Por unos momentos, estuve m�s atento a mi hija que a mi esposa, a la que por
cierto Marcelo hab�a echado un brazo por detr�s de la espalda mientras que el
alem�n hac�a diferentes poses con sus brazos, presumiendo de m�sculos. A ella se
le sal�an los ojos de las �rbitas y adem�s, no se cortaba un pelo a la hora de
tocar. Lleg� un momento en el que se puso a masaje�rle la espalda con una mano
mientras que con la otra le segu�a toc�ndo los m�sculos de los brazos, a la vez
que Marcelo le susurraba no s� que cosas al oido (acerca del alem�n, creo, ya
que lo se�alaba con el dedo).



Nos pusimos a hablar de nuevo entre los cinco, con la peculiaridad de que nos
quedamos sentados tal como est�bamos, es decir, mi esposa sigui� junto a ellos y
mi hija permaneci� a mi lado. Curiosamente, Marcelo no solo sigui� con su brazo
tras la espalda de Ana, sino que adem�s lo fue bajando paulatinamente hasta que
lo pos� en sus caderas. Tambi�n he de comentar, que cuando por ejemplo alguien
dec�a algo muy gracioso, aprovechando el alboroto generado por las risas,
Marcelo se pegaba a�n m�s a mi mujer y le sobaba el culo. Me d� cuenta
perfectamente y me puse m�s cachondo de lo que estaba.



El alem�n volvi� a pedir otra ronda m�s de copas. A m�, re�lmente, no me
apetec�a beber m�s, porque aunque no estaba borracho, poco me faltaba, pues
estaba muy mareado. Y las chicas, no digamos. Sorprendentemente, ellas segu�an
bebiendo sin poner pega alguna. Al cabo de unos minutos, mi mujer se volvi� a
sentar a mi lado y mi hija se sent� entre ellos. Ana y yo comenzamos a besarnos
y a meternos mano. A esas alturas, tot�lmente desinhibidos y cachondos, mi mujer
me baj� la cremallera del pantal�n y meti� su mano, agarr�ndome la polla e
iniciando una suave y placentera masturbaci�n.



Yo no quise ser menos. Alcanc� su ardiente co�o con la mano y le introduje dos
dedos, que se deslizaron con total facilidad debido a lo lubricado que lo ten�a.
Empec� a pajearla. No sab�amos si ellos nos miraban, pero pensarlo me pon�a a
cien. La curiosidad me pudo, as� que abr� mis ojos mientras segu�a morre�ndola
para poder comprobarlo. Me qued� anonadado. No nos miraban. Mi hija y Marcelo se
besaban y se met�an mano (por encima de sus ropas), mientras el alem�n, cuya
mano estaba detr�s de ella, le sobaba el culo.



Al poco tiempo, mi mujer tambi�n se fij� en esto, y al igual que yo, se puso a
tope. Empez� a masturbarme con mayor frenes�, me met�a la lengua hasta casi la
campanilla (a veces cre�a que me ahogaba), y frotaba sobre mi pecho una de sus
tetas. Yo, sin pensarlo dos veces, le introduje la mano por dentro del vestido
para trincarle la otra y as� comprobar la extrema dureza de sus pezones. Mi mano
derecha, con la cual la pajeaba, estaba empapada de jugos, pues su co�o cada vez
estaba m�s encharcado. Con los dedos que me quedaban libres, empec� a masajearle
el ano, suavemente al principio, para al cabo de unos instantes, introducir el
dedo al completo, masturb�ndola por ambos agujeros a la vez.



Cuando volvimos a mirar hacia el sill�n donde estaban ellos, la visi�n fue tan
escandal�samente excitante que estuvimos a punto de marcharnos corriendo hacia
los servicios o hacia nuestra casa, para as� poder calmar, mediante un buen
polvo, la enorme calentura que recorri� nuestros cuerpos. Resulta que el alem�n
se encontraba con su poll�n fuera y mi hija lo masturbaba con todo el descaro
del mundo, mientras su novio Marcelo la besaba en la boca y le acariciaba una
teta por dentro del top.



Sin esperar ni un segundo, Ana sac� mi erecta polla del pantal�n y agarr�ndomela
firmemente, empez� a pajearme, a la vez que se sacaba una de sus tetas por
encima del vestido y me la acercaba a la boca para que se la chupara. Por
supuesto que lo hice, procurando, eso s�, ser lo m�s disimulado posible, para no
llamar mucho la atenci�n.



Aunque hab�a mucha gente en aquel local, creo que, excepto dos o tres personas
que s� que nos vieron con certeza, conseguimos pasar bastante desapercibidos,
pues adem�s de que la gente iba a lo suyo, todos los focos y luces que hab�a
eran de colores, ninguno de luz blanca, por lo que hab�a que fijarse muy a
conciencia para darse cuenta de lo que hac�amos.



Estaba a punto de decirle a mi mujer que nos fueramos para casa, cuando me fij�
en que mi hija se encontraba mirando fijamente lo que hac�amos. Marcelo y el
alem�n tambi�n nos estaban mirando. Durante algunos momentos, me mantuve
observando alternativamente los rostros de mi mujer y de mi hija. A veces, se
miraban entre ellas, se relam�an con cara de vicio y se gui�aban el ojo. Dos o
tres minutos m�s tarde, no solo masturbaba la polla del alem�n, sino que tambi�n
la de Marcelo. No s� como no me dio un infarto al verla con esos pollones, uno
en cada mano. Si la negra polla de Marcelo era gorda, la del alem�n no se
quedaba corta, pues aunque de longitud era algo menor, de grosor eran
practicamente iguales.



Sin poder aguantar m�s (mis cojones iban a reventar), le dije a mi esposa que
por favor nos fueramos para casa. No me hizo mucho caso al principio, y sigui�
paje�ndome y moviendo ligeramente las caderas (para ayudar en la masturbaci�n
que yo le hac�a). Estaba embobada mirando las pollas de nuestros amigos, con
cara de deseo y de vicio, y nuestra hija, a la vez, la miraba a ella como
queri�ndole decir : "uff mami... si pudieras disfrutar de estas pollas... te
ibas a enterar". Por fin, Ana escuch� mis palabras, cogi� su bolso, se puso bien
el vestido y le dijo a Cecilia, con la voz temblorosa por el nerviosismo y la
excitaci�n :



- "Bueno hija, tu padre y yo nos vamos a casa... ya has visto como estamos, no
podemos aguantar m�s. Que lo paseis bien y andad con cuidado".



Abandonamos el local rapidamente y nos dirigimos a casa, ardiendo de deseo,
meti�ndonos mano continuamente pero intentando caminar lo m�s r�pido posible.
Cuando quedaban apenas unos 15 metros para llegar, y mientras hurgaba en uno de
mis bolsillos buscando las llaves de la puerta, mi mujer se sac� las tetas por
encima del vestido y camin� as� hasta que entramos en casa. Cierto era que no
hab�a nadie en la calle y que a esas horas, raro era que hubiera alg�n posible
mir�n en alguna ventana, pero para m� verla as�, andando con las tetas al aire
por la calle, como una aut�ntica puta-calentorra-exhibicionista, me puso...
bueno, ya podeis suponer, m�s caliente, si cabe, de lo que estaba.



Entramos en casa, y sin poder esperar a entrar en nuestro dormitorio, Ana se
agach� y me la comi� en medio del sal�n, mientras yo soltaba las llaves encima
de la mesa y me quitaba la camiseta. Hice el amago de moverme, d�ndole a
entender que nos fueramos a la cama, pero ella parec�a no darse cuenta, y segu�a
moviendo r�tmicamente la cabeza, engullendo mi dur�sima polla como una fulana
hambrienta de sexo.



Al cabo de varios minutos, Ana me agarr� f�rmemente de las caderas, se levant�,
me bes� en la boca y me empuj� de manera que ca� sentado en el sof� que hab�a
justo detr�s mio. Acto seguido, se sent� sobre m� y comenz� a cabalgarme. Le
agarraba sus magn�ficos globos mientras contemplaba su cara, casi desencajada de
gusto y calentura. Jadeaba fuertemente, se pasaba ella misma las manos por los
pezones y me ped�a, entre gemido y gemido, que la follara sin parar.



No es extra�o que, (y teniendo en cuanta la calentura que yo llevaba arrastrando
desde el inicio de la noche), soltara mi leche al poco rato. No me di� tiempo
casi ni a avisarla, y aunque yo pretend�a correrme en su boca, solo me di�
tiempo a sacarla y a correrme sobre su barriga y sus ingles. Me corr�
abundantemente, y ella se esparci� la leche por el cuerpo a la vez que con la
otra mano se abr�a el co�ito y me miraba, d�ndome a entender que la noche
acababa de empezar.



Nos tumbamos en el sof� e hicimos un espl�ndido 69. Recorr� con mi lengua cada
rinc�n del co�o y culo de mi mujer. El sabor de su flujo mezclado con mi semen
era algo que me encantaba. As� estuvimos un rato hasta que le dije que no se
moviera, que se quedara en esa posici�n, a cuatro patas, para que yo se la
clavara desde atr�s. Y as� fu�, se la met� en el co�o, a la vez que le met�a un
dedo por el culo y con la otra mano le acariciaba los pezones.



Total, que est�bamos gozando de lo lindo cuando, de pronto, se escucharon varias
voces y la puerta de la calle (que ten�amos justo delante de nuestros ojos),
comenz� a abrirse. Es obvio que esta posibilidad hab�a sido barajada por
nosotros, puesto que al habernos quedado en el sal�n nos expon�amos a esto. Debo
reconocer que la situaci�n nos produjo un morbo tremendo, pues no cesamos en
nuestra faena, seguimos follando, sin decir nada, ante la at�nita mirada no solo
de nuestra hija, sino tambi�n de Marcelo y del alem�n, que sin esperar mucho
empezaron a tocarle el culo y las tetas a Cecilia a la vez que los tres nos
miraban con cara de vicio.



Mi mujer gir� la cabeza y me dirigi� una mirada c�mplice. Mantuvimos el r�tmo de
la follada, aunque ahora algo m�s despacio, pues no quer�amos perder detalle de
como Marcelo y el alem�n desvest�an por completo a nuestra hija y la preparaban
para ser follada. Sentaron a Cecilia en el mismo sof� donde est�bamos nosotros,
delante de las narices de mi mujer, y mientras uno le com�a el co�o desde el
suelo, el otro, de pi�, le met�a la polla en la boca.



Cecilia lam�a la polla del alem�n y ella misma abr�a a tope las piernas para
facilitarle la labor a Marcelo. �ste estuvo unos minutos m�s chup�ndole el co�o,
y despu�s se incorpor� y se dedic� a lamerle las tetas y a acariciarle todo el
cuerpo, a la vez que se�alaba hacia nosotros, indic�ndole que mirara como
foll�bamos.



Aument� el ritmo y la fuerza con la que me follaba a mi esposa, de manera que su
cuerpo, cuando se mov�a hacia adelante, casi se rozaba con el de nuestra hija,
es decir, la cabeza de Ana quedaba a escasos cent�metros de las tetas de
Cecilia. Contemplar esto, produc�a en m� tal excitaci�n que ten�a que hacer
enormes esfuerzos por no correrme. La verdad es que deseaba con toda mi alma que
alguno de los chicos, ya fuera Marcelo o el alem�n, hicieran algo para que madre
e hija se enrollaran y pasaran de una vez a la acci�n sin ning�n tipo de
inhibici�n, ya que, re�lmente, se ve�a que ellas lo estaban deseando.



La cuesti�n es que, tras varias embestidas m�s, en las que me concentr� al
m�ximo para hinc�rsela a Ana lo m�s profundo y r�pido posible, acab� eyaculando
en su interior, manteniendo la polla dentro (mientras ella balanceaba su culazo,
lo que multiplicaba mi placer), hasta que solt� la �ltima gota de leche, en una
abundante corrida que me pareci� durar una eternidad.



Cuando le saqu� la polla del co�o, ca� sentado en el sof�, y me dispuse a
masturbarle su culo mientras miraba a nuestra hija, que segu�a sentada delante
de Ana, con la negra polla de Marcelo en la boca y con el co�o siendo chupado
por la �gil lengua del alem�n, que a su vez, con su mano izquierda... ���se
encontraba magreando una de las tetas de mi mujer!!!. No s� desde qu� momento
concreto estaba haciendo esto, ya que, debido a mi posici�n, no me percat� antes
de ello, pero la verdad es que la polla se me empalm� de golpe al contemplar la
cachonda escena, viendo como el chico masajeaba los pechos de Ana sin sacar la
lengua del chochito de Cecilia.



Para poder disfrutar de la escena desde el mejor �ngulo, me cambi� de sitio, me
sent� en una silla que hab�a enfrente y lentamente me puse a masturbarme. En
esos momentos, la polla de Marcelo pasaba alternativamente de la boca de mi hija
a la de su madre, y ambas chupaban con glotoner�a y se ayudaban la una a la otra
en tal sexy labor. Cuando una lam�a, la otra se dedicaba al agujero del culo, a
los huevos o se pajeaban el co�ito mientras sujetaban la cabeza de la que
estuviera mamando en esos momentos.



Al poco rato, Marcelo ocup� el lugar donde estaba sentada Cecilia, �sta se sent�
sobre �l y comenz� a cabalgarlo, pero no de cara a �l, sino cara a m�. Mientras
pegaba saltos sobre su robusta polla, Marcelo le agarraba las tetas desde atr�s,
la besaba en el cuello y le dec�a cosas al oido. Mi hija me miraba sin ning�n
rubor, sin ninguna verg�enza, la muy putita no apartaba la vista de mi cipote,
se acariciaba ella misma el chochito a la vez que entraba y sal�a la polla del
negro, y de vez en cuando dirig�a su mirada a su madre, que en esos momentos
estaba haciendo un 69 con el alem�n.



Me levant� y me puse delante de Cecilia, estuve unos segundos observ�ndola de
cerca, viendo como botaban sus tetas y contemplando como de su dulce co�ito
sal�a y entraba una pollaza negra gorda y larga. Acerqu� mi mano izquierda a su
cuerpo y comenc� a acariciarle los pechos, lentamente, con ternura. Marcelo la
ten�a agarrada de la cintura y cada vez se la follaba con m�s fuerza, haciendo
que de su boca empezaran a brotar gemidos incontrolados y gritos de placer.



Gir� la cabeza y me deleit� durante algunos momentos de la excitante visi�n de
mi mujer encima del alem�n devor�ndole la polla, mientras �l hac�a lo mismo con
su co�o. Entonces, de repente, mi hija acerc� su boca a mi polla y empez� a
chup�rmela de una manera colosal, ni siquiera ten�a que esforzarse mucho en
mover la cabeza, ya que bastaba con el agitado movimiento que hac�a su cuerpo al
estar const�ntemente botando sobre Marcelo.



Por otra parte, el alem�n y mi mujer se dispon�an a iniciar una buena follada,
pues ella estaba adoptando la misma posici�n que nuestra hija, se dispon�a a
introducirse ella misma el vergajo de aquel corpulento chaval, sentada sobre �l
y con la cabeza inclinada hacia atr�s d�ndole un vicioso morreo. Y fu� ella
quien, liter�lmente, se lo foll� a �l, ya que �ste apenas ten�a ocasi�n de hacer
amago de moverse, puesto que mi mujer saltaba y botaba tan enloquec�damente, que
hasta tuvo que frenar sus movimientos ya que le hac�a da�o en los cojones, al
chocar �stos tan violentamente contra su culo. Me gustaba ver la cara de gusto
que pon�a el alem�n, con los ojos semicerrados, sudando y sujetando a Ana por
los cachetes del culo.



Mi hija, mientras tanto, segu�a chup�ndomela y recib�a en su chocho las cada vez
m�s violentas embestidas de Marcelo. Mientras pegaba saltos sobre �l, me ten�a
agarrado por las caderas y solo soltaba las manos para introducirme alg�n dedo
en el culo o acariciarme los cojones. Momentos despues, Marcelo le indic� que se
levantara y le dijo que se pusiera a cuatro patas en el suelo, con la cabeza
apoyada en el sof�, a la altura de la polla del alem�n y del co�o de su madre.



Marcelo se puso debajo de ella y se la clav� por el co�o, y yo, por indicaci�n
de �l, se la met� por el culo. No me lo pod�a creer, aquello superaba cualquier
fantas�a, est�bamos mi hija, un negro y yo unidos en un fabuloso sandwich... era
increible pero, afortun�damente, cierto. Cecilia lam�a con devoci�n el co�o de
su madre y los cojones del alem�n. Adem�s, a veces, por iniciativa propia, le
sacaba la polla del co�o y se pon�a a chup�rsela durante algunos momentos.
Despu�s, con una mano abr�a los labios del co�o de su madre y con la otra
introduc�a de nuevo la gorda polla para que siguiera foll�ndosela.



No pude resistir m�s, mis huevos estaban llenos de leche y no pod�a seguir
haciendo fuerzas para evitar correrme, as� que, sac�ndole la polla del culo y
acerc�ndome a la cara de Cecilia, sali� de la punta de mi capullo un abundante
chorro de leche que llen� por completo la cara de mi hija, as� como parte del
chocho y muslos de mi mujer. Lanc� dos o tres disparos m�s con los que intent�
cubrir por completo sus labios de semen. Marcelo le deposit� su carga dentro del
co�o, sin sac�rsela hasta que no quedaba ni una gota de esperma en sus cojones.
Acto seguido, �l y mi hija comenzaron a besarse apasion�damente, llenando la
boca de Marcelo de mi leche, cosa que a �l no parec�a desagradarle mucho.



Pocos segundos despu�s, el alem�n sacaba la polla del co�o de mi esposa, �sta lo
paje� y el chaval empez� a eyacular. Ana, h�bilmente, se encarg� de apuntar
hacia la cara de nuestra hija, que estaba preparada con la lengua fuera como una
perrita para recoger la leche. Los �ltimos chorreones se los ech� por sus
propias ingles y por el co�o, mientras besaba en la boca al alem�n y acababa de
exprimirle la polla.



La verdad es que, a esas alturas, yo estaba agotado. Despu�s de tantas copas y
del agotamiento producido por la tremenda sesi�n de sexo que hab�a tenido lugar,
necesitaba a toda costa pillar la cama y descansar. A ellos, sin embargo, aun
les quedaba cuerda para rato. Me fum� un cigarro all� con ellos y luego me
acost�. Pero aqu� no acaba esta historia, ni mucho menos. Aquel verano en
paracas depar� muchas m�s experiencias de esta �ndole e incluso m�s excitantes
aun.


Fin.


Nota: Paracas es un Lugar Tur�stico del Peru y tambien es el
Centro de Trabajo del Autor de este Relato.


Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .


Número de votos: 2
Media de votos: 7.50


Si te gusta la web pulsa +1 y me gusta






Relato: Verano en Paracas (2)
Leida: 1412veces
Tiempo de lectura: 19minuto/s





Participa en la web
Envia tu relato







Contacto
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacci�n
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominaci�n
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantas�as Er�ticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- L�sbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Org�as
- Parodias
- Poes�a Er�tica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Encuestas

Afiliados



























sexo relato mi hemana casada mi amanterelatos porno desvirgue a mi hermanaRelato Pornos De Dominacion A Chicos TodoRelatoRelatos porno un gorila y yo Relatos eroticos gratis incesto sobrina de 13 añitos primera vezmi hijita de 9 añitos relatorelato porno nena lindarelatos pederastas riquisimosrelatos eroticos pantaletarelatos mitiaxxxrelatos cuando coji a mi tia en su casarelatos porno bdlol.ru historia de mi vidarelatos eroticos de aidee cojiendo sin salir de casarelatos erotico de 6fotos tragando semenRelato porno de verga grandeRelato Pornos De Dominacion A Chicos TodoRelatorelatos eroticos mi pequeña amante soofiliagratisxxxcon mi hijastra relatosRelatos eróticos hombres que han desvirgado culitos gaysrelatos eroticos con mi hija de 10relatos porno la gran cuca de mi tíaRelatos porno gay primera vezRelatos.folle.a.mi.hermanito.gays.virgen.Relatos de amorfilialrelatos eroticos de incestoRelatos cojiendo con mamá en el ranchoporno con enanarelato porno chicas convertidas en esclavas/relato39298_mi-sobrinita-de-10-a%C3%B1os.htmlRelato Pornos De Dominacion A Chicos TodoRelatoRelato Pornos De Dominacion A Chicos TodoRelatovi a papa follarse a mi hermanita relatos/relato46677_Encontre-a-mi-hija-de-7-con-su-papa.htmlrelatos eróticos abuelito aprovechado 8relatos eróticos de sexos con primaporno relatos viejo gaygratis mama ninfomana anal escat relatosmis relatos eroticos xxxAbuelita cachondas de 51 años gozando con los nietos porno relatos de incestoRelatos transexual org�arelato porno ojitos verdesrelatos xxx 14 escuelarelato echamelos en la bocaRelatos eroticos gratis incesto sobrina de 13 añitos primera vezrelatos mi sobrinita lupita d 11misrelatosporno.com mis tios tienen las vergas grandeshistorias reales pornorelatos mi papa me desvirginomamas calientes relatoskaren la culona relatosRelatos eroticos gratis incesto sobrina de 13 añitos primera vezporno mi noviaRelatos mi pequeño hijo me embaraza/relato45275_So%C3%B1ando-con-mi-primita-de-7-a%C3%B1os.htmlen mi escuela relatos pornosexo con primas anal relatosviejos verdes follandorelato porno de incesto abuelo y nietarelatos eroticos uso la trusa de mk amkgorelatos eroticos me folle a mi pequena vecinarelatos eroticos bdlol.ru incesto en familiaxxx .relatos pornoRelatos porno sexo de padres con hijas tetonas embarazadas/relato24386_Grabando-a-mi-hija.htmlrelato erotico el incesto en mi vidaRelatos pornode maduroPartiendo a mi hermana relatosRelato Pornos De Dominacion A Chicos TodoRelatoPorno abriendo la baja de mi alumnami tio viudo me folla historia gayhistorias eroticas con sirvientasporno relatos el despertar del placer con mi pequeña hijarelatos erotico gay esposadoIncesto con la abuela relatadosrelatos porno el msnfollar con vecinacuras xxxporno relato profesora su hijo estudiaba compañero de clase molestaba a la mamaRelato profesor viejo chantajea alumnarelato erotico la tia daniela esta de visitamis relatos porno juan el jefe se culio a mi mujer