Relato: Serie -Ellos Copulan-: Tu polvo
SERIE: "ELLOS COPULAN"
TU POLVO
Estamos en cueros sentados en el centro de la cama. Estoy
detr�s de ti, abrazado a ti, pegado a ti, sabore�ndote, deleit�ndome con tu
aroma de macho. No nos conocemos. Ni tan siquiera ahora s� tu nombre. Fuera de
nuestras miradas, casi no hemos hablado; fueron nuestros ojos los que dijeron lo
que ten�an que decir: �y lo han dicho! Y aqu� estamos.
Mis piernas intentan trenzarse con las tuyas. Estoy bes�ndote
la nuca y pese a la excitaci�n que me est� invadiendo, me asombro al ver c�mo tu
piel responde, c�mo trazas un movimiento felino eriz�ndosete la dermis y echando
la cabeza hacia atr�s para que bese esos labios humedecidos por la pasi�n que
empieza a nacer en ti. Mis manos acarician tus pectorales y mi lengua se enreda
suavemente con la tuya en un beso h�medo que se resiste a morir. La c�lida
penumbra nos envuelve y tus formas dibujan un nuevo aspecto en cada uno de tus
sinuosos movimientos descubriendo poco a poco la profusi�n de joyas que alberga
un cofre como el tuyo. Eres como un camale�n, un puto macho que siendo �nico
conserva el aroma y las mejores notas de anteriores amantes que he gozado. Todo
lo conocido y lo desconocido se resume en ti dando nuevos br�os a palabras ya
viejas como culo, polla, virilidad, potencia, frenes�, �xtasis. Todo en ti tiene
ese gusto que se est� empezando a revelar ahora. Por un lado, la frescura y
chispa de un vino joven; por otro, la sabidur�a y experiencia de un reserva que
pese a su sabor recio sigue acariciando tu paladar tras degustar el primer
trago.
�Estoy dese�ndote coger la polla de una puta vez!, pero
tienes tanto que ofrecer y tan bueno que esa ansiedad va remitiendo con cada
nuevo descubrimiento que realizo. Mis manos comienzan ahora a recorrer tu
espl�ndida geograf�a. Con los ojos cerrados por el placer que me est�s dando,
las yemas de mis dedos comienzan a mirar, a saborear un cuerpo tan perfecto como
el tuyo. Una m�quina ideada para dar placer y recibirlo.
Al comp�s de nuestras respiraciones ahogadas por ese beso que
se resiste a abandonarnos, mis dedos comienzan la ruta que anticipa todo el
gusto que voy a recibir al lado de un semental como t�. Se pasean por tu abdomen
recio y perfectamente dibujado, donde cada una de sus rotundas y onduladas
formas buscan con gracia llamar la atenci�n para despu�s dirigir sabiamente mi
curiosidad, por la atracci�n que despiertas, a otros puntos tan apetitosos como
el que acabo de abandonar moment�neamente. Recorro con gozo esos pectorales
marcados y duros donde los sensibles pezones ayudan a hacer una breve parada
para saborear esa impresionable y respingona anatom�a que concentra, no s�lo en
esta parte, todo el pulso que ahora nos estamos jugando.
Esa avidez que nos uni� cuando nos vimos se va convirtiendo
en una gula que no podemos parar. En este momento quisiera comerte. Tengo tantas
ganas de poseerte, de que est�s dentro de m� y de estar dentro de ti, que tengo
que hacer esfuerzos para no devorarte. T� compartes esa emoci�n y cuando
mordisqueo tus labios te lanzas con igual pasi�n a devorar ese sabor a macho
temerario que nos empapa. De tus labios paso a tu ment�n; de ah�, al cuello y
avanzo hasta tu oreja que muerdo con codicia. Tu serpenteas sinuosamente
masajeando con tu espalda mi pija que ya est� acerada y corpulenta.
Tienes un modo de moverte felino. Cada uno de tus movimientos
se dilata en el tiempo para que as� llegue a comprender todo ese aluvi�n de
conmociones que me est�s haciendo sentir. Es un placer reposado, pero sin pausa
y con la violencia justa, que se va sumando hasta alcanzar una cima que no
abandonamos, sino que se renueva a cada paso, como se remoza tu fisonom�a,
siempre diferente, pero siempre atractiva.
Intento atrapar el desenfreno que desatas en m�, buscando
vanamente el origen de ese foco que alumbra un ardor que en estos primeros
minutos ya est� al rojo vivo. Pero es dif�cil de encontrar. Est� presente en
cada parte de tu cuerpo. Est� en esas piernas musculosas, en esos dorsales que
dibujan la ca�da de un torso y una espalda que terminan por vaciar toda su
belleza en tu magn�fica entrepierna y en ese culo redondeado y prieto que ahora
se agita suavemente masajeando mi polla glotona. Tu belleza, tu potente
masculinidad, juega al gato y al rat�n, se esconde para aparecer abruptamente en
esos b�ceps poderosos, en esas manos masculinas y firmes que intentan atraparme;
pero tambi�n est� en esa piel tersa y delicada, donde el vello hace tan s�lo la
funci�n de se�alizar los caminos finales hacia el placer sin entorpecer otras
v�as.
Una mata de un rubio suave surge de tu ombligo abri�ndose
paso hasta coronar un m�stil de envergadura orlado con unos cojones generosos.
A�n me resisto a tocarte la polla que ahora apunta hacia el techo con toda su
soberbia; �y mira que lo deseo! Pero es que estoy como deslumbrado, sorprendido
al descubrir que el placer de una polla como la tuya se guarda en muchos
envases...
...
Ahora ya no eres ese cuerpo cincelado y fornido. Ahora eres
una masa esplendorosa de grasa que explota con desatada ferocidad en todas las
direcciones. Eres un gran Buda que me descubre el placer de lo rotundo, de la
exageraci�n, de la generosa desmesura. Las formas delimitadas que antes luc�as,
se han convertido en formidables curvas hasta hacer de todo tu cuerpo explosiona
en un imperativo en el que la �nica orden que cabe acatar es la de engullirte.
Eres ese plato que tanto nos gusta y del que te sirves hasta saciarte o
reventar. Tienes una belleza incre�ble que me hace pensar en que esa fastuosa
generosidad que exhibes oculta una concentraci�n destilada de los mayores
placeres. Todo en ti es fuerte, descomunal y desmedido. Tu intenso aroma de
macho, que desata el ansia de mi rabo, calienta mi deseo por tenerte entre mis
piernas, o por que de una puta vez esa mole de grasas y carnes, fofas y
apetitosas, me aplaste en el mayor de los espasmos.
Descubro como los pliegues de tus carnes, que intento
afanosamente abarcar, son como peque�as cortinas que atesoran y dan paso, en una
especie de entreacto, a zonas a�n m�s bellas que reclaman la codicia de maric�n
que me has despertado. Esa forma de pera de tu pantagru�lico cuerpo encubre,
entre sus fuelles, el sudor y el sabor de un sexo en�rgico que se mueve
pesadamente, con la fatiga resoluta de un elefante, pero tambi�n con la astucia
de una zorra que riega con m�s licores la embriaguez que desata un
comportamiento tan varonil como el tuyo. Tu enorme panza, que se bambolea, trata
de atesorar tu polla. Ante la redondez de tus exorbitantes formas, tu rabo, en
esa primera visi�n enga�osa, se muestra achicado, para dar paso despu�s a la
correcta calibraci�n de ese semental que galopa en tu pubis. Esa grasa tan
apetitosa que te cubre se hace presente en cada uno de nuestros escarceos, hay
lubricidad en todo lo que haces, como una especie de corriente h�meda que quema
nuestros cuerpos y que templamos acarici�ndonos como dos maricones en celo. Y me
siento puto, �tu puto! Y es ah�, cuando la sarna que me pica ya no se contenta
con rascar, cuando me entra la ambici�n de tener una tranca como la tuya entre
mis labios. T� me est�s comiendo la boca mientras mi verga sigue con
restreg�ndose contra tu mullida espalda y mi mano intenta alcanzar un poll�n
como el tuyo.
Me quieres follar, como buen follador que eres, y no te has
dado cuenta de que yo ya lo s�, y que por esa sencilla raz�n quiero adorar una
entrepierna como la tuya, ser ese puto esclavo que s�lo persigue el bienestar de
su soberano. Pero no me dejas. S�lo mis palabras, entrecortadas por tus besos
obscenos, te sacan por un momento de la fiebre para prestar atenci�n a mi ruego,
pero tengo que repet�rtelo, tengo que decirte de nuevo: "�Quiero mamar tu polla!
�Quiero tu puta polla, cabr�n!" Tus ojos sonr�en y sello esa sonrisa con un
�ltimo beso. Me aparto mientras tu inmensa humanidad se tumba placidamente y
tras la panza surge enarbolada la causa de mis deseos. Aprendiendo lo que me has
ense�ado me arrastro sobre ti lentamente, reptando por el sudor grasiento de tu
cuerpo. Me llega ya el sudor de tu sexo. Es un aroma picante y concentrado, que
logra turbarme en esa primera bocanada que conquista mis sentidos. Inhalo otra
bocanada m�s y los vahos de tu sexo se hacen f�sicos. Ya siento su sabor y a�n
no la he degustado, as� que me estremezco ante los avisos de tu singular
hombr�a. Tengo la boca h�meda, babeante como un perro de P�vlov, pues esa es la
comida que me hace que se me caiga la baba y que mi polla reviente por tener una
maricona brava como t�. Mi empalmada verga, con el viaje que le estoy dando,
llega a la altura de tu boca hambrienta y le pasas la punta de tu lengua llena
en salivas por el contorno del capullo logrando que me retuerza de placer.
Pero de momento, no busco ese placer. Mi placer esta en medio
de tus huevos. Mi placer eres t�, es esa pija firme que centellea obscena y que
me pide que la coma a grandes bocados. Por eso me arrodillo sobre tu panza,
sacando de tu boca una polla tan grata como la m�a. Ahora veo ese t�tem y de
nuevo me arrastro, pegando mi cuerpo al tuyo, desliz�ndome como una puta hasta
que tu polla queda a la altura de mi boca y la saludo abrazando mis humedecidos
labios a tu magn�fico prepucio. Sabe a sexo, a litros de sexo en ebullici�n.
�Sabe de puta madre!, a or�n rancio y c�lido, a esas notas mansamente acres de
presemen que tienes en la punta de tu capullo y que calman por el momento mi
apetito. Pero quiero ver tu cara mientras te la chupo, quiero ver tu camino al
�xtasis, c�mo te muerdes los labios, c�mo cierras los ojos, c�mo te meneas como
un puta maricona. �Quiero verlo todo y probarlo todo! Por eso sigo arrastr�ndome
como una zorra. Por eso, mi voracidad sigue lamiendo tu cuerpo, intentando
saciarse de ti; pero eso es dif�cil, por no decir imposible. Un amante como t�,
es un descubrimiento nuevo en cada embestida, uno de esos polvos que te
encuentras una vez en la vida y que quieres que duren para siempre. Lo s� al
probar tu carajo, pero lo confirmo al relamer tus cojones y dejarme acariciar
por tu vello cargado de aromas que me encandilan anunciando el tesoro que
guardas en la raja de tu culo, y lo revalido al pasar mi golosa lengua por tus
muslos. Mi pija est� dur�sima y no quiere perder su perpendicular que momentos
antes hac�a que apuntase al techo, por eso, mientras yo estoy degustando todo tu
cuerpo, mi nervudo camarada tropieza con tus mullidas carnes, saluda a su amigo,
y continua describiendo, con grato placer, la exuberante silueta por la que
pasa. Me recuerda a la de un osito, a la de un beb� grande...
...
He girado pase�ndome lentamente entre tus piernas lampi�as,
casi como si te follara, poniendo todo el peso de mi virilidad en tu cuerpo para
saborear peque�os bocados de un plato virgen y sensual como el tuyo. Antes de
dirigirme a tu polla, miro de nuevo asombrado la belleza que se tiene a los
catorce a�os. Ese cuerpo de formas a�n indefinidas pero que apuntan la poderosa
virilidad con la que te premiar� el tiempo; tu p�lida delgadez y la tersura de
una piel inmaculada que arde por el deseo; tus imperceptibles temblores que
hasta ahora acompa�aron a una torpeza que nadaba en una inmensidad de fogosas
sensaciones, escamado a�n por unos temores que parec�an ahogarte.
Pero el brillo de tus ojos me dicen que ya se han disipado.
Mi lengua toca la punta de tu capullo y t� te sobresaltas a la vez que suspiras
y sonrisa avergonzada asoma en tus h�medos labios. "Tranquilo (recuerdas que te
lo dije), te va a encartar. Esta tarde no har� nada que no te encante, que no te
haga gozar c�mo realmente te mereces". Pareces tranquilizarte y me abres tus
piernas para que disfrute glotonamente de tu virilidad. Es una verga hermosa y
aguerrida, acompa�ada de dos hijos igualmente bellos. Tus cojones son peque�os,
de un rosa p�lido que se enturbia en la uni�n de tus huevos para marcar el
camino a ese culo que a�n no he saboreado. Un poco de vello suave y pueril
adorna, como si de una corona de laurel se tratase, esa entrepierna que fustiga
mi lujuria. La infancia que recoge tus bolas, la desecha tu polla. Su base es
ancha, como de ocho cent�metros, calculo; tras eso la tirante tersura de tu piel
abraza el ascenso de ese m�stil surcado por venas dedicadas a regar ese grosor
que casi no disminuye hasta la mitad del recorrido; ah�, cambia suavemente su
direcci�n encontrando la paralela de tu cuerpo como si tratara de besar esa
hermosura que me est�s ofreciendo.
Compitiendo con toda esta potencia y perfecci�n est� tu
capullo. Es de un rosa fuerte y carnal. A esto se une su amplitud, pues lo que
abandonaste a mitad del camino, lo vuelves a retomar ahora con mayor esplendor
concentr�ndolo todo en un balano de una forma casi c�nica que remata en una
punta afilada al m�ximo que me hace recordar a un arp�n; todo eso arropado con
la piel de tu prepucio que, en este momento, est� tirante pero que continua
abrazando, como si estuviera enamorada, a un ejemplar tan agraciado como el
tuyo. La cabeza a�n est� empapada con mi saliva, pero en lo que he tardado en
girarme unas gotas de presemen brillan en la punta de tu glande. Ese es el
primer premio que me doy. Mi mano agarra la polla por su base, mientras la otra
juguetea con tus cojones, acariciando todo su contorno. De nuevo meneas la
cintura como un gato y la punta de mi lengua lame ese primer flujo de tu
masculinidad con movimientos cortos y apremiantes. T� suspiras, lo que me hace
creer que no lo estoy haciendo mal. Mi lengua recorre el contorno de tu glande,
su rugosidad hurga d�cilmente en cada cobijo de tu esplendoroso capullo
repitiendo cadenciosamente esos movimientos que te est�n derritiendo y que
manifiestas con ceremoniales y parsimoniosas sacudidas izquierda derecha.
En ese momento tengo que abandonar tu falo para calmar la m�o
ante la delicia que estoy saboreando. S�lo pienso en lo apetitosa que est� una
polla como la tuya, con ese delicado y virginal de su sabor. �Te juro que estoy
pensando en eso!, pero mi ego�smo busca demostrarte una vez m�s quien est� al
mando, as� que dejo de chup�rtela por un instante y me pongo de rodillas
mientras mi mano, con movimientos acompasados, marca el tama�o de mi polla y te
pregunto si te gusta. "S�, me respondes t�midamente a�n menando tu cadera
mientras tus ojos brillantes no abandonan el paisaje de mi pija, s� me gusta".
"Pues esto va a m�s. Terminaras vici�ndote". Todo es nuevo para ti, t� no sabes
qu� responder, pero s� qu� hacer. Te levantas y nos besamos apasionadamente,
nuestras lenguas se enredan, nuestros cuerpos se acarician, nuestras manos
buscan con urgencia atrapar lo que m�s queremos, y lo queremos todo.
Ahora ya no existe la verg�enza del primerizo, sino que est�s
atizado por el deseo, un anhelo que so�aste y ahora est�s viviendo. Un hilillo
de saliva une nuestros labios por un instante. Tu sonr�es inocentemente y
comienzas a besar mi pecho con urgencia y desesperaci�n, me mordisqueas los
pezones, me abrazas con fuerza, como queriendo fundirte conmigo y yo respondo de
la misma manera, pues no tengo otro camino para demostrarte cuanto te deseo,
cuanto te quiero. "�Soy muy feliz, dices susurrando al filo de los lloros, soy
inmensamente feliz!" Yo tampoco puedo decir m�s que eso y la emoci�n hace que
acaricie suavemente tu ensortijada y rubia cabellera, que sienta la misma
felicidad que t� y que diga exactamente lo mismo que t�, �recuerdas? De nuevo
nos besamos, me muerdes los labios. Yo te cojo por los hombros y te ayudo a
reclinarte, sin desprenderme de esa boca tuya tan avariciosa. Mi verga roza la
bolsa de tus cojones, como un perro adiestrado inicia un mete y saca entre tus
piernas al que t� respondes y noto c�mo la respingona punta de tu capullo ara
mis abdominales. Me tengo que separar de ti, pues tu falo me recuerda su
existencia con su oscilaci�n.
De nuevo vuelvo a relamer esa carnal cabeza, sin dejar un
resquicio por donde la aspereza de mi lengua no levante en ti peque�os jadeos
que interrumpen tu ansiosa respiraci�n. Intentas escaparte de algo que te quema
y que te hace reptar, pero esos movimientos de hu�da son abandonados para volver
al centro de ese v�rtice. Mis labios besan ahora tu capullo y comienzan a
abrazarlo para ir chup�ndote palmo a palmo la envergadura de tu pija, al mismo
tiempo mis manos acarician tu torso hasta que por momentos quedan atrapadas en
las tuyas; s�lo una se salva para buscar en su hu�da a ese par de amigos que
guardan el fruto de tu hombr�a. Imagino lo que t� sentir�s; pero te voy a contar
lo que sent�a yo mientras me tragaba golosamente tu portentosa pija. Mis labios
se deslizan lentamente por esa viril suavidad envolvi�ndola cent�metro a
cent�metro; mi lengua recorre todo el talle coqueteando con su amplitud sin
dejar de empapar de abajo a arriba, de izquierda a derecha tan apetitoso manjar.
Tu glande choca con mi paladar y avanza en su camino, pues mi gula le dice que
vaya m�s all�. Creo que te das cuenta, pues ese meneo felino que llevabas cambia
a una d�cil embestida que trata de arponearme la boca. Sigues agarrando mi mano
que pellizca uno de tus pezones y te debe de dar placer pues la llevas
agradecida a tu boca para besarla apasionadamente y comenzar a chupar los dedos,
a morderlos seg�n el ardor del momento. Me est�s follando la boca y tu acometida
me dice que tengo que aumentar el ritmo de mi mamada, pues sientes que la polla
te arde ante tantas impresiones. Y as� lo hago, tus deseos son �rdenes para m�.
Intento acompasarme a tus impulsos, lo consigo r�pidamente. Tus jadeos ahora son
interrumpidos por un "�joder!" Tengo la mano empapada, lo que me hace intuir que
la chupas de puta madre. Mi mano sigue jugando con tus bolas, pero se desliza
hacia la raja de tu culo sum�ndose al comp�s de tu sacudida hasta encontrar el
ojete de tu ano.
Sigo chup�ndotela, pues estoy disfrutando a tope. Las gotas
de presemen encharcan toda la cabeza de mi verga que oscila con la mamada que te
estoy haciendo como si estuviera consagrando los alimentos que voy a comer.
Simult�neamente a esa mamada, mis dedos comienzan a masajear tu ano. Por un
instante te paras, como tratando de asimilar esa embriaguez desconocida que se
abriga en tu raja, tambi�n como si resurgiera alg�n temor...; pero ninguno hay
que no desees. Intento ser m�s suave, pues me doy cuenta que con el �mpetu del
momento quiz�s me haya pasado, pero antes de arrepentirme y recular, tu vuelves
a tu gozosa embestida anim�ndome con tus jadeos a continuar la exploraci�n de tu
gruta. Recorro todo su contorno con movimientos circulares que son ayudados por
la extrema suavidad de tu ojete. Eso me recuerda que quiero probar su sabor, as�
que por un breve instante dejo de chup�rtela para empaparme del sabor de tu
culo. Como esperaba, supera las expectativas. Est� delicioso. Es una fruta
fresca, en delicado equilibrio entre su obscenidad y su inocencia. Mi saliva la
llena de roc�o y tu ano responde enrojeci�ndose y palpitando levemente, en
t�midas bocanadas que se descargan en diminutas sacudidas. Con el dedo empapado
continuo con el masaje ahora m�s atrevido. Sin perder de vista tu polla, que
ahora alojo en mi �vida boca, mi dedo llama a la puerta de tu cueva y entra
hasta el recibidor para ah� volver a dar dulces giros que vuelven a trastornar
tu fogosidad, y lo debo de estar haciendo de puta madre pues tus dientes se
clavan en mi mano hasta que no resisto el dolor y la saco violentamente.
"�Joder, perd�n!, dices con esos ojos deslumbrantes tratando de disculparte,
�Pero es que me cago en la puta!" Y ah� se acaba toda tu explicaci�n, pues es
muy dif�cil detallar todo lo que est�s percibiendo.
Un hilillo de saliva une tu polla a mi boca que ahora besa la
tuya para decirte, de esa manera, que no hay que disculparse por lo que uno no
puede dominar. Y ese beso t�rrido sella las disculpas innecesarias, como una
breve tregua dentro de la batalla, que ahora prosigue con m�s furia. Te tomo las
piernas y las levanto para ver ese culo sonrosado. Tus huevos coronan el
horizonte que me ofreces y comienzo a devorarlos, a jugar con ellos al tiempo
que una mano menea tu polla salvajemente y la otra hurga en tu tesoro. Es ahora
mi lengua la que toma el revelo, la que se fascina al contemplar un culo casi
lampi�o, de formas infantiles, redondo, terso y resping�n que muestra en la
diana una rosa que demanda el ardor de mi humedad. Mi lengua degusta asombrada
todo el sabor de tu ano. Todas sus notas son delicadas. Incluso el ardor que
guardas entre esas paredes viene a m� como una caricia. Es el juego tierno de tu
edad. Eres un ni�o y te est�s haciendo un hombre; y de los dos guardas sorpresas
para exaltar mi dicha. Los mismos movimientos imperiosos que antes honraban tu
falo, adoran ese agujero incontinente que parece querer besar a este experto
ap�ndice. Te estoy encharcando el ojete, mi saliva se mezcla con tus sabrosas
secreciones intentando penetrar en esa antesala tan acogedora.
Estoy gozando plenamente, mi polla est� tan empalmada por
todo el placer que me haces sentir y que te doy, que comienza en su fogosidad a
dolerme pues est� babeando por calarte a fondo, por bombear intensamente la
delicada inocencia de tus entra�as. Tus jadeos aumentan, hace un rato que
abandonaste cualquier voluntad de hacer algo pues es mucho lo que sientes como
para prestar atenci�n a una sola parte, s�lo tus manos que estrujan las s�banas
dan idea de lo que est�s gozando. La punta de mi lengua tantea y escarba ese
jugoso antro que no deja de maravillarme en clara competencia con la polla que
meneo con br�o. Tu repentina quietud y unos peque�os espasmos me anuncian que se
acerca tu momento. La punta de mi lengua sigue alojada en tu ojete y unas
peque�as presiones me anuncian antes que t� que te vas a correr como una puta.
"�Creo que..., me dices balbuceando, que... que me... que me... voooo... voy...
creo que... me voy a cooorreeeeer!" Mi mano se para en la base de tu polla y con
la sensibilidad del momento nota como se dilata casi inapreciablemente el grosor
de tu acerada masculinidad. Quiero probar esa leche tuya que sacie la sed que me
has provocado. Tu polla apunta hacia mi golosa boca. Y un primer y abundante
trallazo cruza limpiamente hasta mi campanilla.
Tu rugido sordo acompa�a los siguientes latigazos que se
guarecen ya en las h�medas paredes de mi boca que traga con una urgencia
insaciable todo tu semen que me corroe de placer, no s�lo por su exquisito
sabor, sino por la emotividad que empapa ese momento en el que t� te agitas
compulsivamente en cortas sacudidas. Es un orgasmo prolongado que explosiona en
todas las partes de tu cuerpo y que se difumina suavemente mientras mi
glotoner�a limpia tu admirable mazo. Tu semen es delicioso, delicado en su
sabor, c�lido en su textura, inmaculado en su color, abundante de esa fresca
fortaleza que cubre tus a�os. Sabe a macho joven. Tus manos me buscan con
urgencia, tu abdomen palpita con los restos de tu respiraci�n agitada y de nuevo
nuestros labios se unen juntando sus sabrosos jugos que ahora est�n sazonados
con esa impresi�n de macho que posees.
...
Tienes los labios entreabiertos y la mirada deslumbrante,
como perdida, ahogada a�n por el brillo del orgasmo. Un hilillo de semen sale
por la comisura de tus finos labios y se precipita mansamente, muy mansamente,
siguiendo el camino de tus delicadas formas. Con feminidad te tocas esos pechos
siliconados, envolvi�ndolos con tus manos hasta alcanzar proporciones golosas y
exageradas. Act�as como si nunca antes me hubiese percatado de su belleza. Si
hace un segundo era la piel de puta la que te cubr�a, ahora escolla esa
feminidad desmedida que, pese a la obscenidad que alientas, sigue barnizada con
ese disfraz de oveja tierna y sumisa. Pues tras tu enajenado placer, quieres que
ahora sea yo quien pruebe tu medicina. Ahora que te miro me cuesta reconocer
c�mo ser�as cuando entre tu deliciosa polla y tus carnosos labios no luc�as a�n
esos senos orondos y rotundos. Son tan perfectos que en otro cuerpo delatar�an
su condici�n de pr�tesis; pero en el tuyo vienen a poner la guinda que le falta
al embriagador pastel. Sigues a�n con el liguero puesto y esas medias negras que
estilizan tu figura hasta casarla con el infinito que se�alan tus puntiagudos
tacones. Esa elegancia es la que define tu cuerpo.
A fuerza de querer ser mujer has llegado al ideal que te
marcaste como hombre. Eres esa mujer que, hasta para un puto maric�n como yo,
haces que la polla se me ponga dura como la piedra con s�lo rozar tu apostura.
La suavidad de tus rasgos acent�a esa feminidad que vuelve a subir otro pelda�o
al exagerar aquellas partes que reclaman una atenci�n especial: tus pechos, tu
culo y tu polla. Esas tetas hiperb�licas y redondas que hacen emerger el invento
de una nueva mujer: t�; ese culo depilado, torneado y femenino que subraya el
esplendor de tu gracia; y esa polla, de tama�o medio, pero de formas perfectas
que pone un final grandioso a esa bella sinfon�a que es tu cuerpo. La leche ha
llegado ya a tu ment�n, ofreci�ndome de nuevo la oportunidad de casar dos
placeres: tus labios y tu semen.
No es un beso el que te doy, �es un arrebato! Primero te
muerdo la barbilla arrastrando ese jugo que momentos antes saci� con sus
trallazos todo mi paladar; despu�s mordisqueo tus labios con el �nico fin de
saciar mi juguetona lengua que echa de menos a su amiga. La humedad del sexo
sigue ah�, jugando a polic�as y ladrones, enred�ndose en abrazos ahora gentiles,
ahora arrojados y briosos. Mi verga choca con tus lampi�os cojones como
husmeando en su tierno vaiv�n la mercanc�a exquisita que me ofrece tu cuerpo.
Tus u�as de gata en celo ara�an mi espalda escribiendo las l�neas que tu delirio
le dictan y aumentando mi fogosidad por el ardor de tus mensajes. Tu exagerada
pluma vuelve a hacer acto de presencia. Esa voz ligeramente grave que tu
mariconer�a agudiza con sus barroquismos me da la orden de despegue con una
frase certera: "�Polla! (me llamas, d�ndole un toque lascivo y a la vez ligero a
esa palabra), que tengo el culito ardiendo.
Que el muy picar�n, con lo caprichoso que es, ahora se muere
de ganas de comer." "Lo que mi reina pida, mi reina tiene", te contesto
balanceando mi polla con mayor violencia. Pegas un grito agudo que estremece
placenteramente todo mi cuerpo. Me encanta que seas tan marica, que la pluma
orgullosa que exhibes brille hasta en la oscuridad de tus entra�as y salga de tu
cuerpo como un eco que envuelve todo lo que encuentra. "�Dile a tu culo, mi
reina, que abra las puertas! Pap� ha llegado a casa y viene demasiado juguet�n
como para un polvo de hola y adi�s. Pap� Polla no quiere un polvo viejo y
repetido. �Lo quiere fresquito para que le queme las entra�as, mi nenita, mi
reina viciosa! Quiere saber que no est� follando con una del mont�n, sino con el
mejor culo de este puto puerto". "�Polla!, me dices de nuevo con ese tono tan
puta, t� sac�dele bien que mi culito est� preparado para darle el mejor descanso
al guerrero. Es trag�n, y como las cerdas: omn�vora; �pero tranquilo, polla!:
Aunque come de todo, le encanta la "Alta Gastronom�a".
Es as� de puta: a la hora de comer... lo mejor" Y sellas esa
promesa con un beso que termina mordisqueando mi labio. "�T� dale, cabr�n! �Dale
con todas tus ganas!, que yo te quitar� hasta la �ltima gota de leche que te he
puesto a hervir". En ese momento me pregunto c�mo una maricona como t� sabe a
ciencia cierta que, nunca como hasta hoy, tuve la leche de polla tan calentita.
�Me encanta follar con maricas y travest�s! Sentir que, bien sea por hombre o
por mujer, saben perfectamente qu� tecla pulsar para volverme loco, para que me
corra de gusto con su innata sabidur�a. Me incorpor� llev�ndome durante un
segundo tus cojones en la punta de mi polla. Ah� de pie, quiero que veas, desde
donde est�s, todo, todo lo que te espera. De nuevo masajeas tus senos y tu
mirada lasciva hace que pronto abandone el papel de dominante para ponerte mi
polla a las puertas de tu suculenta boca. Mi ca�da es brusca, haciendo un �ltimo
intento de seguir marcando las cartas para que sepas de una puta vez qui�n lleva
el tim�n. Ahora esa cueva de Al� Baba y los cuarenta ladrones comienza a
mostrarme sus tesoros.
Con tus delicadas y afiladas manos traes a ese amigo que mira
al techo, a la calidez y pericia de tu jugosa boca. Esos labios tan libidinosos
se abren en un dulce y el�ctrico beso, en el punto donde mi glande se junta con
el prepucio, que hace restallar la punta de mi verga y abrirme a jadeos. Esas
u�as de puta juegan con mis huevos mientras tu boca se abre, en un abrazo
tiern�simo, a la amplitud de mi polla devor�ndola poco a poco, deleit�ndote
cent�metro a cent�metro del material que golosamente saboreas. Con los ojos
entornados por el placer y mientras masajeo esas tetas tan torneadas que invitan
al viaje, me pregunto, mir�ndote esa cara surcada por la excitaci�n, cu�ntos
kil�metros de polla habr�s tragado. La respuesta no se hace esperar: muchos. No
s� la de veces que me han chupado la pija; pero inmediatamente me percato que
hasta ahora nunca me la hab�an chupado. No es s�lo c�mo succionas,
sino la autonom�a que tiene ese experto ap�ndice que gira sin descanso por el
grosor de mi nabo, tomando sorpresivamente nuevas direcciones y atajos para
hacerme descubrir zonas que cre�a dormidas, pero que t� despiertas al instante
con tu lujuria de puta. Tu polla ha despertado y culebrea de la misma forma que
t�. Me tumbo sobre tu delicado cuerpo para acercarme a esa rabo que momentos
antes estaba adorando. Quiero besarla, agradecerle que tenga una nenita como t�,
tan bella, tan mimosa, tan puta. Y quiero agradec�rselo al �nico rastro que
queda del hombre que fue. Y mientras me deleitas yo sigo con mis gemidos besando
a ese bello ejemplar. Adormecido por el placer, me despierta el aroma de tu sexo
que fluye hasta mi cerebro oblig�ndole a recordar que hay un culo de puta madre
que espera hambriento. "�Quiero tu culo! �Quiero tu puto culo!". Y t� paras esa
mamada espectacular (nadie me la volvi� a chupar como t�), y una sonrisa de
marica alumbra esos labios. Un hilillo de tus jugosas babas aun se une a mi rabo
y comienza a describir un arco en su sinuosa ca�da.
Con un movimiento delicado y procaz (todo en ti es
desmedidamente teatral, lo que ayuda bastante a subir la temperatura) abortas su
viaje con esa diestra mano para reconducir a ese hijo pr�digo a su hogar. A las
puertas de esa boca que devorar�a a besos, terminas la representaci�n chup�ndote
los dedos para bajar el tel�n mordi�ndotelos desvergonzadamente. Al liberarte de
mi peso abres el escenario prepar�ndote para el segundo acto: flexionas las
piernas qued�ndote como si fueras un ovillo y mostr�ndome ese arrebatador culo
que me comer�a. Y eso es lo que hago. A�n hay restos de mi anterior beso; pero
quiero recordarle a mi pija el poderoso sabor de un culo como el tuyo. Y all�
estoy, chupando golosamente, mordi�ndote, metiendo mi lengua en tu ojete para
saborear las segregaciones que tu esplendoroso tesoro almacena. Comienzas con
los grititos que acompa�aron la agradecida mamada que te realice. Una maricona
como t� lo sabe todo e intuyes que me ponen a cien, pues el mete y saca que te
hago se vuelve m�s en�rgico. Te estoy anegando el ojete que t�, con una pericia
digna de la m�s maricona de las mariconas, has dotado a esa tentadora rosa de
mand�bulas. Tu ojete est� abierto tomando la forma de un �valo casi perfecto sin
pliegue que arrugue su hermosura; pero est� vivo, y se cierra y se abre
presionando dulcemente esa lengua que perfora tus entra�as. Tu sabor me llena.
Creo que todo mi cuerpo sabe a ti. Siento que el veneno que
me intoxica me reclama s�lo una cosa: �follarte! Ese macho, que una marica como
t� has encendido hasta que arda, s�lo quiere eso: partirte por la mitad y
saborear tus v�sceras de reinona. Acerco mi glande a tu ano. Mi verga se
estremece con ligeros movimientos a la entrada de esa cueva, como una fiera
carn�vora que estuviera olfateando a su presa instantes antes de su feroz
ataque. Tu esf�nter est� empapado, lustroso, y mis babas se deslizan
placidamente por esa prodigiosa anatom�a. Te la meto de una solo golpe hasta la
empu�adura. Tu gritito precede al choque de mis huevos con tus nalgas.
"�Aaaaayyyyyyyyyy, cabronazo!" Te la he dejado ah�, clavada, hasta chocar con tu
pr�stata. Ha sido de puta madre, un apret�n cari�oso y ardiente en el que tu
intestino recib�a con alegr�a cada gramo de mi pesada virilidad. Ha sido
demasiado delicioso. Intuyo que con una marica como t� me voy a ir muy pronto,
ocho o nueve sacudidas m�s y me correr� como una zorra maricona. Quiero pensar
en cosas desagradables, olvidar que estoy con una sarasa como t�, pensar que
estoy foll�ndome a un puto miserable andrajoso, lleno de costras y mierda. Pero
mi polla sabe que eso no es cierto. T� me lo recuerdas con esa vocecita: "�Dale,
mi polla, dale duro!".
En ese momento tus piernas, que hasta entonces estaban
abiertas y flexionadas, se cierran poniendo tus tacones de aguja sobre mi pecho,
clav�ndolos con la justa sa�a para hacerme perder el control. Ahora mi polla
esta m�s acorralada que nunca, siento una presi�n gozosa y comienzo un mete y
saca suave para que mi salvaje amigo se deleite con la destreza de un culo como
el tuyo. Me pongo de rodillas levant�ndote un poco esas posaderas que me est�n
derritiendo, pues quiero acariciar esas piernas tan moldeadas, comenzando desde
el muslo hasta la cima de tus pies. T� comienzas a masturbarte y a moverte
acompasadamente al ritmo de mis incursiones. Sigues con tus grititos y pese a
que quiero dilatar este momento, porque desear�a vivirlo eternamente, noto que
mi leche se abre camino hacia la base de mi polla. Saco mi pija y la aprisiono
para evitar que ese amigo bienvenido llegue antes de lo esperado. Notas su
ausencia, pues ahora el gritito es el de una gata en celo a punto de enfadarse o
lloriquear. La mano que antes te acariciaba acude a tus deseos y comienza a
masajear esa estupenda grupa. Tienes el ojete tan abierto que me entran tres
dedos con facilidad y comienzan a besar esas h�medas y gratas paredes. Tu
respuesta no se hace esperar. Te estremeces y comienzas a moverte sinuosamente.
Ya no te meneas esa polla tan guapa, pues tus manos se deslizan por toda la cama
intentando encontrar un asidero al que agarrarte pues el placer te est�
corroyendo el sentido. La avidez de tu culo me anima a invitar a m�s amigos a tu
hospitalaria casa. As� los dedos que faltaban forman una flecha punzante y poco
a poco, suave, muy suave y dulcemente, se van introduciendo hasta llegar a la
altura de los nudillos y quedarse quietos, contemplando como te retuerces y c�mo
esos putos grititos de marica se ahogan uno a otro en una sucesi�n sin fin. Tus
tacones se clavan en mi pecho, el dolor es placentero y la envidia que siento
por lo que est�s gozando hace que desee sentir lo mismo que t�.
Miro tu polla y estoy pensando que me la voy a meter. Sin
embargo, vuelves a llamar mi atenci�n con esa compresi�n viva que estoy
sintiendo en mi mano. Parece que tu culo respira. "�Sigue, por favor, sigueeee!"
Les digo hasta luego a mis nudillos y cuando los pierdo de vista, cierro mi pu�o
y me concentro en todo lo que est� sintiendo mi mano, en como ese ser ciego �ve!
Estoy surcando tu intestino palmo a palmo hasta casi llegar a la altura del
codo, me gustar�a rasgar esas paredes y comenzar a tocar todo lo que por ah� se
esconde; pero temo hacerte da�o, y yo s�lo quiero darte placer hasta que te
corras como una zorra, porque s� que yo voy a disfrutar de lo lindo. Pero de
nuevo, esa polla tan guapa que has abandonado a su suerte me llama. Giro
lentamente mi pu�o, muy lentamente, desliz�ndome por esas paredes de alm�bar,
saco esas puntas que martirizaban placenteramente mi pecho al tiempo que me
pongo sobre tu abdomen. Es una posici�n un poco extra�a, pero levant�ndome un
poco endilgo tu dura verga en mi apetitoso culo y contemplo esa cara de embeleso
que riega toda tu belleza. Poco a poco me voy metiendo tu polla hasta que ese
co�o dibujado por tu vello acaricia mi culo. T� te ahogas en jadeos, en grititos
que lanzas sin control. Yo comienzo a armonizar la follada. Me subo a lo largo
de tu m�stil y mi pu�o se arrastra hacia la salida sin mostrar nunca su cara;
vuelvo a meterme ese precioso material sin llegar al final del mango y ese
colega que te arrebata vuelve a taladrar tus entra�as, hasta sembrarlas de un
placer inaudito. El tacto de tus v�sceras me estremece. Es h�medo, terso y muy
suave, con una calidez �nica que transmite con claridad todo tu sentir.
El placer resulta dif�cil de explicar y �ste lo es m�s, es de
esos que llama a la puerta y que uno corre a abrirle con prisas. Y yo siento que
tienes esas precipitaciones, por lo que acelero mi ritmo hasta acercarme a ese
lado salvaje en el que todo se estremece, se derrumba, explosiona (�C�mo
describir�s un orgasmo como ese?). Observo tu cara y pareces a punto de morir,
todo tu cuerpo, todos tus rasgos se achican, se convulsionan, se aprietan con
nervio hasta que ese gritito, esta vez desgarrador, acompa�a tus potentes
descargas de leche que ba�an felizmente mis profundidades. Cuando terminas de
gemir, quito mi pu�o. Una nueva agitaci�n sacude a ese cuerpo que a�n no ha
despertado del �xtasis. �Pero no quiero dejar a tu culo hu�rfano tan pronto!
Abandono tu polla y te pongo la m�a con una ferocidad salvaje. Te la clavo bien
hondo para que no eches de menos ese pu�o que acribill� con gusto. �Ya no es el
momento de andarse con chiquitas! Quiero d�rtelo todo y como te mereces: c�mo la
puta reina que eres. Mi polla comienza una sacudidas urgentes y terminantes.
Casi no siento su paso por la calidez de tu cuerpo, s�lo el
estremecimiento que no te abandona escolta mis imperiosos bombeos. Te follo
salvajemente. Ametrallo tu culo con una furia absoluta. El sudor empapa mi
cuerpo anunci�ndome una carrera suicida. Estoy fuera de control y a todo gas.
Siento c�mo los cojones se escaldan; c�mo una corriente deliciosa comienza a
bullir por la entrepierna dirigiendo sin control por miles de caminos; c�mo la
leche se abre paso en cantidades abundantes dilatando cada palmo por el que pasa
hasta hacerlos casi reventar. Y siento, finalmente, como me trago ese grito
desgarrador que me quema todo el pecho; c�mo te inundo entre sacudidas cada vez
m�s urgentes, tanto que por su fuerza podr�an incustrarse mis huevos; y como
todo yo soy un gui�apo convulso, saetado por un placer que surge de ti, pero que
se suma al tuyo hasta hacer una gran bola de pasi�n que arde en nuestros cuerpos
sudorosos. Tengo mi polla clavada en ti, estoy quieto, est�tico como si la vida
se hubiese parado en un momento fosilizando esa d�cima de segundo. Es el dolor
el que me despierta, me he mordido el labio.
Cuando abro los ojos t� est�s mir�ndome con cara embelesada,
cubierta a�n por las reliquias que antes adornaron tu dulce muerte. De nuevo
nuestras miradas se atan y me derrumbo sobre ti. "Ven aqu�, gatito. Ven con
mam�" Y as� me acoges, con un abrazo dulce, amoroso. Esa puta satisfecha ha dado
paso en un parpadeo a una maternal mujer que ama a su macho y es correspondida
por �l. Mi culo est� chorreando tu semen, me apresuro a cogerlo al tiempo que
quito mi polla de esa casa tan deliciosa. Quiero apagar mi sed y no hay mejor
jugo que tu leche que bebo con codicia. T� sonr�es dulcemente, comprendiendo con
ese gesto sencillo, toda la pasi�n que despiertas en m�. Mi mano se dirige a tu
tesoro, a ese culo tan femenino y singular, y recoge los frutos de mi �mpetu y
te los ofrezco para que t� tambi�n bebas el mismo filtro que yo. Relames
amorosamente dedo a dedo, sin dejar nada por escudri�ar, combinando esa ternura
con la lujuria que a�n no se ha dormido. Yo te correspondo relamiendo la mano
exploradora que a�n conserva todo el sabor y el aroma de una hembra particular
como t�. Tu leche, tus heces dilatan el orgasmo que estoy sintiendo,
confundi�ndose con �l. Me besas y nuestras lenguas se l�an casando nuestra
hombr�a. Es un beso que no tiene fin, que renace en cada abrazo, que no se
suspende... pues cuando hay ternura y deseo nada se frena.
...
Atardece. Me he despertado abrazado a ti, ligado a ti.
Nuestras piernas entrelazadas, nuestras pollas bes�ndose, rendidas por el placer
pero reticentes a abandonarlo. T� sigues durmiendo, reposando todo lo que has
dado. Se te nota feliz. Sin separarme, me aparto un poco para verte con m�s
detalle lo que la pasi�n me ceg�. Tienes una belleza extra�a, dif�cil de
calibrar en un primer momento, misteriosa en una revisi�n m�s atenta. No es tu
minusval�a, es c�mo esta se reparte. Hay como una l�nea invisible, y dif�cil de
seguir por lo retorcida y tortuosa que es, que divide tu cuerpo en dos mitades
sembrando primores y taras sin orden ni concierto aparente. En gran parte de las
articulaciones de tu cuerpo surgen como unos peque�os bultos que rompen el juego
que para otros es natural oblig�ndote a realizar serpenteados movimientos.
Despu�s esta esa asimetr�a, patente en algunas partes, sutil
en otras. Por ejemplo, esos labios perfectamente delineados, pero que una atenta
mirada revela como el labio superior, en su lado izquierdo, muere un poco antes
de llegar a la comisura, o eso brazo m�s corto que el otro y que termina en una
mano irregular con dedos de distinto tama�o respecto a la otra. Sin embargo, las
perfecciones, que en otro cuerpo se difuminar�an por la armon�a, resplandecen
aqu� por el contraste con otros parajes alcanzando un grado mayor que si
estuvieran rodeadas de una belleza arrebatadora. Tu figura es l�nguida, sin una
masa muscular definida, pero en cambio resulta una mezcla explosiva al se�alar
aquellos lugares en los que tu hermosura explosiona. Un culo torneado y altivo,
creado con el �nico fin de dar y recibir placer, ser�a una de esas notas en las
que hay que hacer parada obligatoria. . La polla no es ajena a esa melod�a. Sus
diecis�is cent�metros se levantan sobre unos cojones preciosos para despu�s
guiar su esbeltez, casi en el �ltimo tramo del camino, hacia la izquierda en un
delicado giro terminando esa marcha en un seductor capullo que vuelve a asombrar
por su belleza y tentadora forma acampanada. En conjunto reina una sutil
asimetr�a en todo tu cuerpo que hace emanar una atracci�n dif�cil de evaluar,
pero a la que no se puede permanecer indiferente. Como ahora, con todos esos
rasgos en reposo que emanan como un llamado ciego que irremediablemente me
impulsan a besarte delicadamente, juntando mis labios a los tuyos como si fuera
el roce de una pluma.
Tu respiraci�n es c�lida y relajada. Mis labios se acercan y
te besan casi imperceptiblemente; pero es rozar el veneno de tu cuerpo y sentir
como las zarpas del deseo vuelven a meterme mano. Meto la punta de mi lengua
entre tus labios como un ni�o que fuera hacer una trastada y no quiere que le
descubran; pero tus sentidos est�n alerta, como si tuvieras un cuerpo que s�lo
desertara de los sue�os por amor o deseo. "�Qu� haces?", preguntas sonriendo.
"�Nada! S�lo intentaba besarte", digo ya pillado en la travesura. Tu sonr�es, lo
cierto es que no has parado de sonre�r en ning�n momento. Eres de esas personas
que el placer no lo vive como algo �pico o tr�gico, sino que, sencillamente, lo
vives, lo disfrutas. "Es muy bonito que le despierten as� a uno". Y tus ojos
vuelven a re�r acercando la felicidad a mis labios. De nuevo nuestras lenguas se
exprimen destilando en peque�as gotas ese placer que nos secuestra desde que nos
hemos "conocido". Comenzamos a rodar por la cama de un extremo a otro, felices y
despreocupados, dejando que la fricci�n de nuestros cuerpos vuelva a quemar
nuestras entretelas y nos reclame un pago que estamos gustosos en darle. Tus
nudosas manos recorren mi espalda, mis nalgas, mi rabo, exorcizando cada poro de
mi piel que bebe placenteramente la p�cima que le ofreces.
En uno de esos giros me pones de espaldas parando en seco
esos revolcones y poni�ndote encima de m�. Siento caer gravemente tu polla en la
raja de mi culo, su calor y dureza me excita, y tus besos no hacen sino avivar
esa llama. Me besas por detr�s de las orejas, me las mordisqueas, sigues por la
nuca, par�ndote en el prominente, al tiempo que pellizcas mi pez�n y masajeas
una de mis nalgas para que juegue mejor con tu polla. Despu�s tus manos recorren
todo el perfil de mi torso como si estuvieran moldeando la arcilla, acompa�ando
ese recorrido con el exceso de tus besos que se�alan el camino que gu�a tu
instinto. Te deslizas por mi cuerpo hasta que tu cara llega a la altura de mi
culo. Mientras tus manos lo acarician t� no paras de besarlo, de morder las
nalgas, de pasar tu estriada lengua por mi raja, sintiendo un cosquilleo
placentero que tengo que aplacar toc�ndome la polla e iniciando un cadencioso
masaje. "Quiero hacerte el amor", dices interrumpiendo bruscamente tu soberbia
actividad. "Ya me lo has hecho, �recuerdas?", dije yo ego�stamente, porque, he
de confesarte: era yo quien en ese momento quer�a endilgarte de nuevo mi polla
en ese culo que me hab�a exprimido toda la leche que ten�a. "No. No es lo mismo
hacer el amor que, que te hagan el amor. Y yo quiero hacerte el amor." Y eso lo
dijiste con un tono que no dejaba ning�n lugar para que se asomase la duda,
entendiendo todos los sutiles matices que acababas de expresar y abriendo un
amplio espacio para que cabalgara el amor. Mientras dec�as esto, la mano que
mimaba mi culo se meti� entre mis piernas, masajeando mi ojete y toc�ndome los
cojones para terminar acariciando suavemente la polla que en ese momento
trabajaba yo relajadamente. Nuestras manos se unieron expresando su
agradecimiento.y no hizo falta decir m�s, pues sab�as que despu�s de ese gesto
yo no pod�a, ni quer�a, negarme a tenerte dentro de m�.
"Prep�rate, me dijiste con soberbia y candor, hasta hoy nunca
te han hecho el amor". Quer�a decirte "�menos lobos, Caperucita!"; pero al caer
en las redes de tu mirada y ver como �sta subrayaba con infinita entrega lo que
hab�as dicho, te voy a confesar una cosa que sospecho que no pas� por tu cabeza
que en ese momento se hallaba a las �rdenes de tu coraz�n: me asust�. S� que es
una tonter�a, pero vi tanto amor en tus ojos que comenc� a temblar, pues por
primera vez me iban a hacer el amor, en el sentido literal de la palabra. He
follado mucho; pero lo cierto es que creo que pocas, poqu�simas veces, he hecho
el amor. Y la primera fue contigo, y nada tuvo que ver lo que t� me diste con el
amor que otros me dieron. Ignoraba d�nde resid�a la diferencia, en qu� punto de
lo que �bamos a hacer, impulsados por el deseo, resid�a el amor. �Estar�a en el
cortejo? En esos preliminares en los que t� me sumerg�as para precipitarme
despu�s por aguas m�s salvajes; �estar�a en la posesi�n? �Ser�a tu polla, con su
br�o, el �rgano encargado de rubricar esa marca indeleble? �Ser�a cada
penetraci�n tuya un "te amo" hecho suspiros?; �o lo dejar�as todo para m�s
tarde? Para esa resaca en la que uno se ve n�ufrago tras haber alcanzado juntos
la muerte s�bita de un orgasmo. �Estar�a entonces en esa mano que no se tiende,
sino que abraza para no separase jam�s? �Ser�a eso el amor?: no olvidar que lo
que hemos hecho no consume, sino que alimenta esa eternidad que deseamos
compartir.
Comprend� que todas esas c�balas no ten�an sentido cuando se
"hace el amor". No era como una novela con un planteamiento, nudo y desenlace en
el que cada una de sus partes ten�a un protagonista y un m�vil que iba tomando
forma hasta tomar vida en el �ltimo cap�tulo. El amor no busca d�nde residir, el
amor habita. Era as� de sencillo, as� de dif�cil. El amor estaba en todo.
As� esa mano que segu�a unida a la m�a se desprendi� con un c�lido apret�n para
rendir pleites�a a mi polla, recorri�ndola de la punta a la base con una caricia
tan abrasadora y tierna como el beso que me regalaste. Cada uno de tus gestos en
ese momento estaba guiado por la m�xima humildad, rayana casi en la humillaci�n,
pues en todo manifestabas la entrega total a m�, a mis pulsiones, a mis anhelos;
pero dejando bien claro que no s�lo estabas dando lo que ped�a: estabas dando
todo. Nuestras lenguas se dijeron hasta luego para saludar a mis huevos. Metiste
la cabeza entre mis piernas y giraste cuando te hice un hueco para comenzar a
comerte mis cojones con un tacto tal que se me erizaron todos los pelos del
cuerpo. Me encant� esa sensaci�n de tenerte aprisionado en mi entrepierna, de
que todo el peso de mi virilidad cercara la sumisi�n con la que estabas
empapando mis bolas, mientras yo me retuerzo como una puta.
Tu lengua iba recorriendo palmo a palmo mis huevos,
abraz�ndolos con un mimo especial que intentaba abarcar todo su per�metro, para
despu�s besarlos y succionarlos hasta que mordisqueabas el pellejo haci�ndome
palpitar al son de tus caranto�as. Al tiempo tus manos palpaban mis nalgas
recorriendo con pericia su contorno para despu�s, osadamente, sumergirse en la
raja y volcar ese amor en movimientos circulares que regaban mi ano, que
respiraba sediento por el apremio que all� hab�as plantado. Despu�s, como un
perro fiel que busca el perd�n del amo, tu lengua recorri� la base de mi verga
desliz�ndose empujada por tu �mpetu por toda su longitud. Es una lengua,
inusualmente larga, de una rugosa suavidad que siembra el camino por el que pasa
con el�ctricas sacudidas que me hacen hervir la pija. Yo por mi parte sigo
aprision�ndote, dificultando esa ruta que tan amorosamente recorres. Pero para
ti no hay muros. Retrocedes arrastr�ndote para volver a mis huevos y tomar de
nuevo rumbo por el m�stil de mi polla, buscando un pasaje que yo te niego, pero
que la humillaci�n de tu entrega logra abrir. Y as� una y otra vez. Yo
avasall�ndote y t� entreg�ndome todo el amor con la destreza de una lengua
ardiente y unos dedos desvergonzados que hurgaban en mi ano. Esos dedos que t�
empapabas con tu saliva para saborear toda su carga y volver a un ataque que no
te extenuaba, pues volv�as siempre a hechizar esa cueva que se abr�a con apetito
a tus ambiciosos ataques.
Cada nueva incursi�n, en la que masajeabas profundamente
todas mis paredes, eran m�s los aliados que participaban. Yo ten�a el culo
dilatado, suspirando porque por fin se alojara en m� ese garfio que apuntaba
entre tus piernas. Pero tu entrega era otra; con cada gesto dabas a entender que
el tiempo jugaba en nuestro favor y que antes que tu placer estaba el m�o. Y el
m�o se encontraba en tantas cosas. Estaba en el glande que t� succionabas,
paladeando con tu magn�fica lengua todo su alrededor sembrando esas deliciosas
semillas de un placer que no me abandonaba, sino que crec�a hasta hacerme
enloquecer. Comenc� a follarte la boca, a descargar todo el peso de mi imperiosa
virilidad sobre ese pozo h�medo y candente que, en aquel momento, no cambiar�a
por nada del mundo. Me encantaba sentir como tu nariz golpeaba la base de mi
polla, como tu cabeza era aplastada por mi abdomen, como mi acerada pija
profanaba esa gruta hasta llegar a lo m�s hondo. Mis movimientos eran urgentes,
violentos y compulsivos, pues ten�a la leche a punto de reventar y tus
incursiones en mi ano no hac�an sino acelerar esa lujuria que no pod�a dominar.
Recuerdo que t� me impulsabas a ir a m�s, a aumentar la fuerza de mis
penetraciones. Parec�a que cada vez que mi polla retroced�a, t� te quedases
desamparado. Y as�, mis retrocesos eran frenados por tus manos que empujaban mi
culo para que te la metiera m�s y m�s adentro, hasta dejarte sin respiraci�n,
hasta que entre tu amor y mi verga no hubiera nada m�s que la gozosa humedad de
tu lujuria y amor. Mis cojones estallaron y mi leche comenz� a remontar en
tropel toda la longitud de mi nabo.
Comenc� a gritar como un poseso mientras tu alojabas todo mi
semen entre esos azucarados muros y mis movimientos se colapsaban en todas
direcciones sin saber muy bien cu�l tomar. Cuando por fin descargue toda aquella
mercanc�a, t� saliste de entre mis piernas y comenzaste a regurgitar aquel
manjar que te enloquec�a. Todo fue muy r�pido, con movimientos calculados pero
llenos al mismo tiempo de la adoraci�n que me profesabas. Cuando ya una gran
parte estaba en la palma de tu mano, masajeaste tu polla que no hab�a perdido ni
un �pice de su dureza y categor�a. La embadurnaste con mi semen dejando aquel
ejemplar con un brillo aperlado y con lo poco que sobraba regaste mi culo. Yo
sab�a lo que esperaba y t� no te hiciste desear. Para eso, entre las neblinas
espesas de la marea de mi orgasmo, a�n tuvo fuerzas mi deseo para abrir mis
piernas y levantar un poco el culo poni�ndolo a la altura de tu peculiar pija.
T� la tomaste por la base creando un armaz�n con tus dedos y pusiste aquel
garfio a las puertas de mi ansioso culo que ya estaba dilatado, pero que mis
manos abr�an a�n m�s para que acogiesen tu inconfundible polla. Tu acampanado
glande, de un color tan carnal como tu deseo, entr� t�midamente y te fuiste
introduciendo poco a poco arrasando mis entra�as que nunca hab�an sentido el
tacto de un instrumento como el tuyo. Notaba como una parte estaba aprisionada
al m�ximo, como si alojara dentro de mi a un poll�n de medidas pornogr�ficas, y
como la otra se tensaba por el arrastre de tu poderoso capullo. Eran sensaciones
nuevas, distintas; pero incre�blemente placenteras.
Comenzaste un mete y saca delicioso, lleno de cadencias y
palabras amorosas. Realmente me estabas haciendo el amor y ni tus actos ni tus
palabras contradec�an esto. "�Mi ni�o! -me dec�as con infinita ternura mientras
tu polla me traspasaba- Siempre supe que el cielo se parecer�a mucho a ti, que
tendr�a el brillo de tus ojos, la suavidad de tu piel, el perfume de tu sexo y
el ardor de tu pasi�n. Hay muchos cielos. Cielos tristes y grises muertos por la
pena, por buscar aquel amor que un d�a encontramos y que perdimos al siguiente
para nunca m�s volver; tambi�n los hay rojos, rojos como tus labios, habitados
por todos aquellos que se entregaron a una pasi�n sin dar nada a cambio, hasta
quedar despellejados en su miseria; los hay verdes y est�n ocupados por aquellos
que su vida hicieron un discurso y de sus hechos una malaventura pues nunca
lograron casar el oro que dec�an con la mierda que hac�an. �Pero t� no est�s en
ninguno mi cielo! El cielo que t� habitas es como el arco iris. Tiene todos los
colores con sus mejores brillos". Y as� continuabas tu r�tmico balanceo que
logro desde sus primeros momentos mantener la dureza que siempre abandonaba a mi
pija tras gritar lo que ten�a que decir. Tus halagos recorr�an equilibradamente
todo aquello que en tu coraz�n supon�as que yo era. Unas veces era mi
masculinidad la que sub�a a los altares como cuando dec�as que ten�a "tu cuerpo
arrebatador, curtido por la fuerza de tu virilidad"; otras eran mi polla por la
que rezabas, para m�s adelante ser substituido por aquel semen que lubrificaba
tu pija, o mis ojos que te hablaban de mi coraz�n, o mi coraz�n que te hablaba
de m�.
Y as� una tras otra tus bellas palabras iban recreando aquel
ser al que amabas profunda y sinceramente. Aquello enardec�a mi libido y no tuve
m�s remedio que pajearme acompa�ado por el amor que destilabas por un tipo como
yo. A la dulzura de tus estampidas, contrapon�a yo las urgentes fugas de mi
polla mene�ndola en�rgicamente. Estoy viviendo a�n aquella penetraci�n. Como en
ocasiones te quedabas quieto con tu polla metida hasta la empu�adura y
presionando con una fuerza inusitada a la que mi culo respond�a con estertores
turbados que acariciaban aquella pija exquisita. Era curioso el poder de tus
palabras. Reconozco que mi polla me dol�a. Llevaba toda la tarde follando
salvajemente y la notaba adormilada por miles de cosquillas, como con un peso
m�s grave y perezoso. Sin embargo, me emborrachaban tus palabras que tu lanzabas
sin temor a la cursiler�a, pues las empapabas con un delicioso candor que s�lo
pod�a venir de un coraz�n inocente como el tuyo. Yo no sab�a qu� decirte; con
otro hubiera dicho cualquier mariconada que calentase el ambiente, tipo:
"�m�temela duro, cabr�n! Pero contigo aquello no serv�a. Est�bamos haciendo el
amor, no follando.
Nada de lo que hab�a aprendido, serv�a contigo. Notaba que tu
delicadeza no era debida a la fragilidad de tu cuerpo, como pod�a indicar todo
lo que la vida me hab�a ense�ado, sino a la fortaleza de tu amor. Entend� que el
placer tuyo resid�a en todo lo que entregabas. En amar sin reservas ni
medidas aquello por lo que lat�a un coraz�n m�s acostumbrado a amar que a
palpitar por la rutina de la vida. Tus caricias por todo mi cuerpo no eran sino
el acompa�ante de aquellas palabras que turbaban mi coraz�n y mi polla. La
tortuosa figura que otros hab�an despreciado sab�a encontrar caminos que el
ego�smo, que siempre persigue el amante, ignoraba. Las palabras que nos
arropaban ten�an un efecto hipn�tico en m� que me hac�an fustigar mi polla con
mayor urgencia y frenes�, impulsada por el �nimo de acompa�ar ese tesoro que t�
verter�as en mis entra�as. Not� como tu embate iba ganando en ritmo sin que tus
palabras perdiesen ese abrazo manso. Parec�a como si tu amor estuviera por
encima de todo, cubriendo y amparando cada uno de sus misteriosos componentes.
Una de tus manos se acerc� a mi polla y, entrelaz�ndose con la m�a, acompa�� el
salvaje meneo que le dedicaba.
Paulatinamente, como si mi ritmo contagiase a tu cadera, tus
penetraciones aumentaron su cadencia tratando de igualar aquella fren�tica paja.
Comenc� a notar c�mo el placer iba despertando de su sue�o precipitadamente,
como la poca leche que me quedaba iba apurando su camino por mi polla; pero not�
al mismo tiempo como tu polla comenzaba a palpitar, a ensancharse por su base.
En aquel momento present� que hab�a logrado el premio: ese amor que iba a
corroer mis entra�as no estar�a solo en su b�squeda. Y as� fue. T� enmudeciste y
la a�oranza de tus palabras me hizo desear ver, en la ofuscaci�n del momento,
c�mo se expresaba ese rostro asim�trico pero atractivo. Y lo que vi me lleno
tanto como tu leche. Tus ojos entrecerrados y lagrimosos, los labios apretados,
la piel enrojecida y peque�as gotas de sudor emergiendo en tu frente. Y todo eso
arremolinado, como intentando alcanzar la m�xima expresi�n en aquel descontrol
que sacud�a tu cuerpo. Mientras tu leche minaba mis entra�as mezcl�ndose con la
m�a en un abrazo �ntimo y ardiente, al tiempo que yo eyaculaba y nuestras
espasmos se descompasaban en un intento desesperado por buscar el camino que
dirigiese ese inmenso placer que crec�a con esas dos pollas cantando trallazos
de leche que gritaban nuestra lujuria.
T� ca�ste sobre m� exhausto, como inerte. Durante un momento
s�lo sent� tu respiraci�n y el palpitar encabritado de ese coraz�n que hab�a
coreado al amor. Quedamos all� durante unos minutos, reposando a�n los sabores
de nuestro encuentro. Sent� c�mo esa polla perd�a toda su textura, pero a�n
emanaba notas de su sabor en la tibieza que desprend�a. Era un amor silencioso,
hecho de caricias mansas pero que desterraban la soledad que suele acompa�ar a
la resaca del amor. As� estuvimos como una hora, dejando pasar el tiempo entre
caricias y murmullos que expresaban aquello que no se puede mostrar y s�lo se
puede sentir. Me imantaba tu ternura, el cari�o que expresaban tus ojos, tu
cuerpo. Fuera comenz� a llover, con esa lluvia ciega que a veces asola A Coru�a.
Y aquella furia y fr�o hizo que nuestros abrazos fueran a�n m�s c�lidos, m�s
dulces. Casi no dijimos nada; poco hab�a que a�adir. Ten�a la sensaci�n, y a�n
la tengo, de que sobraba cualquier palabra por hermosa que �sta fuera, ya que es
muy dif�cil poner palabras al amor; para eso est�n los poetas, para cantarlo;
nosotros estamos para vivirlo.
Decidimos ir al Orz�n a tomar unas copas. Cuando salimos al
portal t� te abrazaste a m�; yo quer�a hacerlo, me encontraba bien contigo, pero
no me atrev� a pregunt�rtelo pensando que me dir�as: "�Aqu�, en la calle, no!"
Por eso me encant� que no fuera as�, que t� asumieras que lo que hab�a ocurrido
no era una representaci�n en el que la ca�da del tel�n ven�a despu�s de un beso
y un adi�s. Por eso me hechiza sentir tu mano en el bolsillo trasero de mi
pantal�n que me segu�a acariciando con la misma ternura que momentos antes.
"�Cu�l es tu fantas�a?", me preguntaste mientras camin�bamos. "No s�. Tengo
muchas. A veces creo que las colecciono y hago intercambios como si fueran
cromos." "La m�a es que me vean haciendo el amor; cuanta m�s gente, �mejor!"
"Bueno, si te sirve de consuelo, ten�amos persiana levantada." Tus ojos
brillaron de ilusi�n "�Y t� crees que alguien se asomar�a por la ventana?"
"Seguramente m�s de los que pensamos. Todo el mundo se asoma por la ventana.
Todos queremos ver y sin ser vistos"
Hab�a dejado de llover y el aire era fresco y vivo, y, de
repente, �el mar!; primero su ruido, despu�s su sabor. "�Podemos ir hasta Riazor
un momento?", dijiste. Y all� dirigimos nuestros mimos. Hab�a bajamar, la luz de
las farolas s�lo mostraba la espuma de esas olas que bat�an fuerza en la arena;
despu�s la batalla la perd�a, y una mancha negra, pero viva, se extend�a hasta
el horizonte confundi�ndose con ese cielo negro cargado de tormentas. El viento
soplaba con fuerza trayendo ese cargamento de sal y brea que s�lo tiene este
mar. "Sabes, cuando quiero pensar vengo al mar. �No te ocurre a ti?" "No",
respond� minti�ndote; lo cierto es que a m� tambi�n me ocurre y al poco de verlo
ya estoy sumergido en su fuerza primaria, enorme pero amable, en ese poder
primitivo que lleva a�os y a�os contemplando la vida. Y empiezo a pensar; unas
veces en mis historias; otras en los problemas del momento; las m�s en "ti".
Siempre pienso que alg�n d�a llegar� ese hombre; no s� muy bien cu�ndo, ni c�mo
ni d�nde; pero s� que llegar�. Lo tengo tan claro que siempre me pregunto
c�mo lo reconocer�. Y el mar me ayuda.
Con su bramar comienzo a idear mil ocasiones, cada una
distinta a la anterior. En una ser� en ese viaje; puede que incluso en el avi�n;
o puede que tal vez sea un nativo al que compro una chucher�a sin saber que le
he vendido mi coraz�n. En otra la historia ya no es tan accidental. �Por fin e
aprobado esas putas oposiciones
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Relato: Serie -Ellos Copulan-: Tu polvo
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Tiempo de lectura: 39minuto/s
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