A los 36 a�os me separ� de mi marido despu�s de un matrimonio
de siete a�os y, afortunadamente sin hijos.
Durante unos meses estuve algo deprimida. Algo porque la
separaci�n se ve�a venir desde hace unos a�os hasta llegar a un punto en que no
nos soport�bamos. Sexualmente si bien, en los primeros a�os las cosas
funcionaron muy bien, en los �ltimos el asunto se convirti� en una rutina con
muchos fracasos. Tanto que, al quedar insatisfecha, comenc�, de nuevo a
masturbarme, aunque esta pr�ctica nunca la deje del todo de lado ya que, desde
la adolescencia la practicaba frecuentemente incluso casada.
Ser libre de nuevo signific� un giro importante en mi vida.
Con un lado muy positivo debido al tiempo libre del cual dispon�a, porque a
nadie deb�a dar cuenta de lo que hac�a o dejaba de hacer, en fin. Pero tambi�n
hay una parte negativa ya que la mayor parte de mis amigas segu�an casadas, con
hijos que atender y con poco tiempo. Los pocos amigo que conoc�an tambi�n est�n
todos casados. Por lo tanto deb�a , muchas veces salir sola y, precisamente ese
es uno de los principales inconvenientes: la SOLEDAD. El otro grave
inconveniente es la falta de una pareja con la cual tener sexo. Pasado un a�o de
mi separaci�n el tener alguien con el cual follar se convirti� en una verdadera
obsesi�n para mi. La masturbaci�n, mis dedos y mi consolador se convirtieron en
pan cotidiano.
El otro inconveniente fue el econ�mico. Con mi trabajo no
alcanzaba a cubrir todos mis gastos, especialmente la renta del departamento.
Para solucionarle le propuse a mi hermano, solteron
empedernido a sus 33 a�os, que vivi�ramos juntos y as� nos ahorr�bamos la renta
de los departamentos.
Despu�s de pensarlo unas semanas accedi�.
Es as� como desde hace unos tres meses a la fecha (abril del
2003) empezamos a vivir juntos.
Las cosa marcharon desde un comienzo muy bien ya que, por una
parte ahorr�bamos los dos, pues compart�amos los gastos y por otro lado nos
acompa��bamos mutuamente.
El �nico problema pendiente era la falta de una pareja para
tener sexo.
Los d�as pasaban y yo caliente. Mi consuelo, como siempre
eran mis casi diarias maturbadas. Pero all� mismo ten�a un hombre, bastante
agradable, de buen f�sico, pero es mi hermano.
El caso es que, debido a nuestro diario contacto, el
compartir todas las dependencias de su departamento, incluido el ba�o, el verlo,
muchas veces semi desnudo, entrado o saliendo del ba�o o de su dormitorio,
empec� a sentir sensaciones extra�as (o no tanto) por �l. Evidentemente yo
tambi�n andaba por el departamento con vestimentas casuales, incluso muchas
veces con mi corto y sensual camis�n de dormir. Not� que el me miraba mis
piernas, mis caderas y mis pechos.
Esta situaci�n de vivir con un hombre y tener deseos sexuales
influy� para que cada vez m�s me fijara en mi hermano, no como tal sino como un
deseable hombre.
El asunto es que me empec� a masturbar pensando en �l. Ello
me llev� a andar en una situaci�n de permanente excitaci�n y el tener que
masturbarme a diario e incluso, en ciertas ocasiones hasta cuatro veces en un
mismo d�a.
Me imaginaba que nos acost�bamos juntos y me penetraba, que
nos bes�bamos. Imaginaba que me forzaba y que yo me entregaba a �l de una manera
brutal. Que me masturbaba frente a �l que se lo mamaba, que acababa en mi boca,
que yo lo hac�a en su boca.
No sent�a ninguna clase de cuestionamiento morales por esta
situaci�n. La verdad es que me excitaba m�s. Creo que por ning�n hombre he
sentido la excitaci�n que por mi hermano sent�a. Sent� que ten�a y deb�a tener
sexo con �l y ten�a que ser pronto.
Para ello empec� a provocarlo. No usaba brasier y me vest�a
con polos bien ajustadas. Al sentarme frente a �l le abr�a "descuidadamente mis
piernas. �l, al parecer sent�a lo mimo por mi. Ya que no desaprovechaba la
ocasi�n para mirarme. Pude percibir que tambi�n se excitaba mucho.
Tambi�n despu�s de haberme masturbado con mis calzones
puesto, los dejaba en el ba�o, antes que �l entrara, para que los encontrara y,
en lo posible los oliera.
Me ofrec� para lavarle su ropa y aprovech� para descubrir sus
olores de hombre lo cual me excitaba mucho. Obviamente me masturb� con ellos.
Cierto d�a decidimos salir a cenar y bailar juntos.
Yo me excit� mucho con esta oportunidad.
Cenamos, conversamos y, luego fuimos a bailar.
Elegimos bailar m�sica suave y rom�ntica. Cada vez m�s
apretaditos. Sent� su miembro erecto en mi cuerpo. Yo me apegu� m�s a �l. Y
pronto comenzamos un suave movimiento p�lvico. Me decid� y empec� a besarle y
morderle suavemente el l�bulo de su o�do. �l hizo otro tanto y, de pronto nos
besamos en la boca. Nuestras lenguas entablaron una ardiente lucha mientras
intercambi�bamos saliva.
Nos miramos mientras nuestro movimiento se hac�a m�s
fren�tico. Y con la mirada nos dijimos todo. Si mediar palabra decidimos volver
a nuestro departamento. No hablamos tampoco en su auto. NI cuando cerramos
detr�s nuestro la puerta del departamento. Solo lo hicieron nuestros cuerpos
unidos en un caliente abraso. Nuestras lenguas nos dijeron cuanto nos
necesit�bamos.
No se c�mo llegamos a su dormitorio. Febrilmente nos
desnudamos. Pr�cticamente destrozamos nuestras ropas. Me tir� a la cama y su
boca y lengua se apoderaron de mis labios vaginales, de mi cl�toris, de mis
pechos. Ambos gem�amos de deseo. Me penetr� violentamente. Yo lo abrase con mis
brazos y con mis piernas y nos movimos fieramente hasta explotar, al un�sono en
una deseado y esperado orgasmo.
Esa noche tuvimos muchos rogamos. Yo m�s que �l. Y nos
confesamos nuestros m�s rec�nditos deseos.
Me cont� c�mo me deseaba desde que llegu� a vivir con �l. Que
se masturbaba casi a diario pensando en m�. Qu� s� se hab�a masturbado con mis
calzones que los hab�a olido.
Sin remordimientos decidimos ser amantes.
Lo hacemos a diario. No solo compartimos el departamento,
sino tambi�n la cama y nuestras excitaciones.
Si deseas compartir tus experiencias conmigo, especialmente
mujeres escr�beme a POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO