Ana estaba sola en casa, realizando todas esas tareas del
hogar que hoy por hoy, resultan tan desagradables para las mujeres j�venes, por
aquello de la igualdad entre hombres y mujeres...
Ten�a la m�sica bastante alta, lo que le ayudaba a evadirse
un poco de la ardua tarea.
Estaba sonando una de sus canciones favoritas, " El guardi�n
de tu piel", una mezcla entre balada y rock espa�ol ochentero.
Derrepente son� el timbre del portero autom�tico, y Ana se
apresur� a contestar.
Su amiga Virginia le hab�a recomendado una marca de ropa
interior muy buena, que ella misma usaba, y vend�a a domicilio una antigua
compa�era suya de clase. Le dijo a Ana que mandar�a a su amiga ese mismo d�a
para que le ense�ara toda la nueva colecci�n de primavera-verano.
Y efectivamente, la amiga de Virginia hab�a llegado.
Ana se dio cuenta de que lo �nico que llevaba encima era una
camiseta negra y un diminuto tanga de pantera que le hab�a regalado su marido,
pero ya era demasiado tarde. Sonaba el timbre de la puerta. Ana pens� que puesto
que la vendedora era mujer tampoco pasar�a nada por recibirla de ese modo.
Al abrir la puerta, Ana recibi� una grata sorpresa que no
esperaba. Encontr� a una fant�stica rubia algo mayor que ella pero con un
aspecto inmejorable.
Buenas tardes. Soy Eva, la amiga de Virginia. � Qu� Tal
?
Hola Soy Ana, encantada. Pasa por favor.
Eva, al ver a esa mujer tan hermosa y con tan poca ropa
encima se dijo para sus adentros que la tarde prodr�a ser provechosa.
El perfume de Eva sedujo completamente a Ana que, por un
momento, perdi� el
sentido del tiempo.
Comenzaron a charlar amigablemente sobre cosas banales; el
tiempo, la casa,
el cansancio...hasta que Eva le propuso a Ana empezar a ver
la colecci�n de ropa que hab�a tra�do.
Comenzaron por ver ropa interior convencional que Ana no
sol�a utilizar, y enseguida pasaron a las preferencias de las dos. Ana vi� un
fant�stico conjunto de sujetador y tanga min�sculo de color lila que le encant�
y pregunto si de ese modelo hab�a todas las tallas.
No, no hay todas las tallas, pero seguro que tengo
alguna para ti.
Soy toda una experta en adivinar tallas de sujetador
s�lo con tocar los pechos de mis clientas. Podr�a adivinar la tuya si me
dejases, claro...
Ana noto que en el ambiente flotaba una sexualidad que ella
s�lo hab�a experimentado con los hombres. Dijo que s� a la oferta con un leve
movimiento de cabeza, como no atrevi�ndose a realizar lo que llevaba pensando
desde que Eva entr� en la casa.
Eva pos� sus manos en los pechos de Ana, y al instante sus
pezones se endurecieron e hicieron que Ana se sintiera llena de placer.
Lo siento, pero por encima de la camiseta no lo puedo
saber con certeza.
Ana capt� enseguida la indirecta de Eva, y sus ganas
irrefrenables de hac�rselo con ella la llevaron a que se despojara de su
camiseta y dejara su cuerpo latino a la vista de Eva. Esta no pudo sujetar su
fervor y se abalanz� hacia los pechos de Ana chup�ndolos y succion�ndolos con
suavidad pero con potencia.
Ana recibi� esos besos como la respuesta a sus deseos y
empez� a acariciar la espalda de Eva y a quitarle la ropa para, as�, poder
disfrutar de ella y de todo su cuerpo. Mientras, Eva, bajaba su mano y la
escond�a entre los muslos de Ana, abri�ndola suavemente las piernas y tocando
los suaves rizos de bello negro que se ofrec�an como algo suculento.
Ana abri� sin resistencia alguna las piernas y dej� que las
c�lidas y expertas manos de Eva la llevaran al placer.
Eva masturbaba el precioso co�ito de Ana sin dejar de chupar
sus tetas.Se besaron profundamente intercambiando saliva y provoc�ndose
mutuamente mucha excitaci�n.
Tumbate cari�o. Quiero saborearlo.
Ana obedeci� la orden y se tumb� en el sof� dejando ver todo
su cuerpo para deleite de Eva. Se agach� y lentamente empez� a pasar la lengua y
a dar lametazos lentos a su co�o, hasta que Ana la cogi� la cabeza y la empuj�
hacia su chochito y pidi� m�s. Meti� su lengua en la rajita de Ana y empez� a
follarla rapidamente mientras con sus dedos le frotaba el cl�toris que estaba
enorme. Ana no pod�a aguantar y empez� a mover sus caderas muy deprisa ya que
estaba empezando a sentir un orgasmo brutal.
No, no. Por favor no te corras ahora. Quiero correrme
contigo.
Eva subi� al sof� y se coloc� en postura de 69 y Ana empez� a
comerle el co�o y hacerle sentir mucho placer. Le meti� uno y luego otro y luego
otro m�s hasta tener cuatro dedos dentro de su co�o.
Espera creo que necesitas algo m�s.
Eva cogi� de la mano a Ana y se la llev� a su cuarto donde la
tumb� en la cama y sac� un precioso consolador rosa y volviendo a ponerse en
posici�n de 69, le introdujo en el co�o el consolador a Eva, mientras con la
otra mano empezaba a acariciarle su agujerito negro. Mientras tanto, entre
gemido y gemido, Eva segu�a succionado el chochito de Ana y tragandose todos sus
jugos.
Ahhhh, creo que me voy a correr coraz�n.
Chupame m�s fuerte Ohhh, me voy a correr contigo, Ahhhh
Las dos empezaron a moverse con un ritmo desenfrenado rozando
sus co�itos con sus bocas y soltando l�quidos que las pon�an a�n m�s cachondas,
hasta que las dos al un�sono se corrieron como dos perras en celo.
Quedaron las dos tumbadas en la cama jadeando, Ana pensando
que su marido volver�a al d�a siguiente y Eva sabiendo que la ropa interior
esperar�a hasta ma�ana. Y as� las dos pasaron 24 horas en una lucha desenfrenada
por correrse la una junto a la otra.