Ya hab�an pasado unos meses desde que hab�a decidido
practicar algunos deportes en el club. Me sent�a mucho mejor corporalmente y mis
horas de natatorio hab�an hecho que mi cuerpo se sintiera realmente tonificado y
�gil. Mis amigos Mario y Andr�s, con quienes me hab�a iniciado en la lucha
libre, ven�an cada tanto y la pas�bamos genial en el sal�n de arriba.
Pero aquella tarde, el club estaba m�s solitario que de
costumbre. Por lo que aprovech� a quedarme en la piscina cubierta algo m�s del
tiempo que le dedicaba habitualmente. Pronto qued� solo en el agua. Y los �nicos
ruidos que se escuchaban eran los de un tipo que estaba haciendo la limpieza en
el hall contiguo, separado por una mampara de vidrio. Yo pod�a verlo desde la
piscina. Cada tanto pasaba raudamente con el cepillo en sus manos y hablaba algo
con otro hombre al que no pod�a ver desde mi posici�n.
Yo di unas cuantas brazadas m�s y sal� del agua.
Me volv� y vi al tipo que me observaba mientras limpiaba los
vidrios. Enseguida qued� semicubierto por la espuma que �l mismo hab�a
esparcido.
No le di mayor importancia al suceso y envuelto en mi bata me
dirig� hacia los vestuarios.
Estaba todo solitario y quieto. Me di cuenta entonces de que
era de noche y por cierto un poco tarde. El encargado del lugar ya se hab�a
retirado. Abr� mi locker y me sent� tranquilamente en el banco de madera
desajustando mi traje de ba�o. Tom� mis cosas y me encamin� hacia las duchas.
Abr� el agua y me met� desnudo debajo del chorro caliente. El
agua me relaj� del todo, moj� y alis� descendentemente los pelos de mi barba, de
mi pecho y alarg� m�s a�n los de mi pubis que dejaron casi cubierto mi pene. Me
hab�a quedado casi inm�vil sintiendo esa aquietante sensaci�n.
En eso sent� unos ruidos. Recordando que hab�a dejado el
locker abierto, me asom� para ver que todo estuviera bien. Las duchas estaban en
un cuarto cuadrado de cuatro por cuatro. Las regaderas sal�an de un techo bajo y
no hab�a separaciones de ning�n tipo entre ellas. As� que tuve que caminar unos
pasos para salir del cuarto. Mi torso se asom� y cuando mir� hacia los lockers,
vi que alguien estaba all�. El tipo que hab�a estado haciendo la limpieza,
estaba repasando ahora todo el piso del vestuario con un lampazo. Cuando me vio,
me hizo un gesto con la cabeza, a modo de saludo. Yo respond� la inclinaci�n y
me volv� a las duchas.
Yo me dediqu� a disfrutar del ba�o, sin prestar atenci�n
siquiera. Lo hice lentamente, con todo el tiempo del mundo. Me enjabon� dos
veces y lav� mi cabeza otro tanto.
Cuando sal�, envuelto con una corta toalla, el tipo segu�a
all�, pero ya hab�a terminado su trabajo. Estaba acomodando las cosas en un
rinc�n del vestuario, donde hab�a otros utensilios de limpieza.
Me sent� en el banco y lo mir� un poco de reojo.
Era un tipo no muy alto, joven, de contextura fornida. Iba
vestido con un overol azul oscuro. Pelo corto y enrulado, un cuello muy macizo.
Una barba rasurada prolijamente no pod�a disimular lo gris de su ment�n y
mejillas, por lo que deduje que tendr�a una barba muy dura. Sus cejas eran muy
anchas y casi se juntaban encima de su nariz, peque�a y varonil. Todo el tiempo
miraba hacia el piso, y cada tanto levantaba la vista en direcci�n a m�,
t�midamente como no queriendo molestar con su presencia. Yo me qued� sin hacer
nada, descansando tranquilamente sobre mi banco. Estaba a�n mojado y cubierto
tan s�lo por mi toalla.
Cuando termin� de hacer sus cosas, se acerc� a donde yo
estaba y sacando una llave de su bolsillo abri� un locker que estaba frente al
m�o, pero en el extremo de la habitaci�n.
Supuse que iba a poder gozar de un inesperado espect�culo
cuando lo vi sacar su toalla, ropa y las cosas para la ducha. Sin girar su vista
hacia m� un solo momento, acomod� prolijamente sus cosas sobre el banco de
madera y empez� a desajustarse sus zapatillas. Yo me acomod� en mi sitio, como
ansioso espectador. Llev� sus manos al cierre del overol y lo desliz� hacia
abajo. Estaba medio de costado en diagonal hacia m�, as� que pude ver emerger su
pecho cubierto de una hilera de pelos negros y duros que bajaban por su abdomen
en forma de ra�z. Cuando se quit� la parte superior del overol advert� que ten�a
hombros anchos y m�sculos muy definidos, seguramente producto de fregar miles de
ventanas. Se quit� del todo la prenda y dos columnas formando sus piernas,
quedaron ante mi vista. Eran extremadamente peludas. Calcul� que tendr�an unos
tres cent�metros de vellosidad, que se acentuaba en sus entrepiernas. De un solo
movimiento tir� su boxer hacia abajo y qued� desnudo ante m�. La entrepierna
estaba completamente ennegrecida por un bosque de pelos que enmarcaban un
miembro blando y suave, de longitud normal. Los huevos le colgaban bastante m�s
por debajo de su pene, y todo el conjunto se mov�a flexiblemente a cada
movimiento. Entonces tom� su toalla y se dirigi� a las duchas.
No pude ver m�s pero sent� como el agua ca�a y la imagin�
cayendo sobre su pecho y caderas.
Respir� hondo. Fui hasta los lavabos y comenc� a afeitarme,
a�n envuelto en la toalla.
Hab�an pasado unos minutos cuando sent� que el ruido del agua
hab�a cesado.
Yo estaba terminando y me estaba lavando la cara cuando lo vi
salir de las duchas con una toalla en la cintura. Su torso magn�fico estaba
empapado y los vellos se le hab�an pegado al cuerpo formando como dibujos.
Yo tom� mis cosas y regres� a mi banco.
Intent� mirarlo con disimulo. El tipo se hab�a quitado la
toalla y se estaba secando las piernas con ella. Estaba de espaldas, por lo que
admir� su trasero musculoso y fuerte. Su culo era de una redondez casi perfecta.
Not� como las bolas le colgaban pesadamente cuando abr�a las piernas. Ten�a una
pierna apoyada en el banco ahora. Yo me inclin� un poco y alcanc� a ver colgando
su miembro, su prepucio cubr�a todo el glande. Pero tuve que bajar la vista
porque �l hab�a girado repentinamente.
Yo me quit� la toalla y empec� a repasar mi cuerpo con ella.
Un tenue silbido sal�a de mis labios, y pens� entonces que esa era una se�al
obvia de que yo quer�a disimular mis miradas y mi atracci�n sobre �l, as� que
dej� de hacerlo. Estaba bien de frente y se restregaba la toalla por detr�s de
su espalda. Sus brazos abiertos se agitaban y sus pelos manchaban toda la zona
axilar. Su pija, rodeada de un negro marco, se ensanchaba un poco en la punta,
lo cual hac�a imaginar un glande prominente.
Cuanto m�s se agitaba, m�s era el p�ndulo de su miembro.
Estuvimos un largo rato desnudos sin hacer m�s que mostrarnos en un tenso
silencio.
Yo me secaba el cuerpo que ya estaba completamente seco desde
hac�a rato, pero segu�a pasando la toalla por mi entrepierna, mi culo, mis
piernas y mi pecho.
Mi pija se hab�a engrosado un poco. Cuid� mucho de
concentrarme para que no se alzara por completo. Pero por cierto, hab�a
aumentado algo su tama�o.
Yo lo empec� a mirar ya sin tanto disimulo, pues ve�a que el
hombre que ten�a enfrente mis ojos, hab�a terminado tambi�n de secarse, pero no
hac�a nada por empezar a vestirse. Con la cabeza inclinada hacia el piso, cada
tanto alzaba sus pupilas hacia donde yo estaba, pero el temor a ser descubierto
con una mirada era tal que enseguida se reprim�a y volv�a a bajar sus ojos. Yo
ya me hab�a percatado se ese comportamiento. Por lo tanto no me cuid� mucho si
mi pija quedaba erecta frente a su vista.
El acariciaba su cuerpo, daba vueltas, disimulaba posturas e
intentaba mirarme cuando yo me pon�a de espaldas, pero sin embargo, su miembro
estaba tan tranquilo como al principio de todo este juego. Por lo que pens� si
todo ese comportamiento no estar�a s�lo en mi imaginaci�n deseada.
-�Juan! �Est�s ah�?
La voz hab�a venido de afuera, en el pasillo.
El tipo instintivamente se cubri� con la toalla y avanzando
unos pasos contest� con voz fuerte:
-�S�! Ya termino.
-Bueno, a mi me faltan los pisos del gimnasio y listo.
Despu�s te veo.
-�Est� bien!. Te espero si quer�s.
-No te hagas problema, hac� lo tuyo.
Ante estas �ltimas palabras, Juan me mir� a los ojos.
Me sonri� un poco, como queriendo explicar todo lo que yo ya
sab�a de �l: que era empleado de limpieza, que trabajaba hasta esa hora, que era
su horario de salida y que su compa�ero pronto estar�a listo para salir juntos,
despu�s de un d�a de trabajo.
Yo tambi�n hab�a llevado la toalla a mi cintura. Juan,
siempre con la cabeza gacha, volvi� a su sitio, pero su toalla cay� casi por
descuido. �l la recogi� y fue a sentarse a su banco. Desde ah� sigui�
disimuladamente mis movimientos. Como yo sab�a esto, intencionalmente dej� que
la toalla cayera a un costado, s�lo la ten�a en mi mano izquierda. Cuando esto
ocurri� mi verga comenz� a latir y subir. Yo dej� la toalla a un costado y
avanc� hacia �l. Pero cuando estuvo a punto de mirarme aterrado, desvi� el curso
y me dirig� maliciosamente a los mingitorios.
Estaba all�, desnudo, frente a la pared. El sitio no ten�a
separadores, una gran loza en el piso recib�a mis l�quidos y se confund�a con el
agua corriente.
Sent� una sombra detr�s de m�. Entonces advert� que Juan se
acercaba por detr�s y se deten�a frente al mingitorio, a un metro de m�. Yo
solt� mi miembro y dej� que mi erecci�n sostuviera su peso. El chorro
entrecortado daba contra la pared. Al terminar de orinar, mi verga dio unos
sacudones y permaneci� erguida apuntando hacia arriba.
Juan hab�a estado observando todo de reojo. Hab�a apoyado sus
manos en la cintura. Mir� su pija. No estaba orinando, se hab�a quedado
mir�ndose el miembro. Lo mir�. Juan entorn� un poco su cabeza y sus ojos se
clavaron en mi pija dura.
No hizo nada con sus manos, ni siquiera una leve
estimulaci�n. Su pene empez� a latir y con cada latido empez� a subir, a la vez
que cobraba tama�o. Sus manos segu�an en su cintura. Ambos devor�bamos nuestros
miembros con la mirada.
Su verga estaba alzada ahora y todav�a pend�a hacia abajo.
Fue cuando empez� a asom�rsele el glande. La piel que lo cubr�a se fue
deslizando y los latidos se aceleraron. En pocos segundos la pija se le hab�a
duplicado en tama�o y hab�a cobrado una longitud de unos 20 o 22 cent�metros.
Por fin se detuvo, en lo m�s alto de su recorrido, apuntando hacia el techo, con
la punta totalmente descubierta y brillante.
Algo sucedi� entonces. Surgieron chorros entrecortados de ese
maravillosos tronco endurecido. Por un momento pens� que estaba eyaculando, pero
enseguida me di cuenta de que estaba orinando. Un nuevo chorro surgi�, esta vez
m�s largo, se cort� y el siguiente sigui� brotando, chocando a fuerte presi�n
contra la pared. Lo mir� orinar y me excit� much�simo. Cuando acab�, los chorros
se fueron entrecortando nuevamente y con las �ltimas gotas, la pija daba
corcoveos y se tensaba hacia arriba, a�n m�s de lo que estaba.
Por fin, deseando terriblemente tocar aquella cosa enorme, me
fui acercando a �l. Fue grande mi sorpresa, cuando �l retrocedi� y busc� refugio
en la pared. �l, con una infinita timidez, miraba al suelo. Qued� arrinconado en
una esquina. Evitaba mirarme todo el tiempo. Cuando estuve frente a �l, lo tom�
suavemente por los hombros. Casi tem�a que se fuera a romper como algo muy
delicado, por lo que mi toque fue muy superfluo, apenas un roce.
-No, no tengas miedo de nada- dije con voz muy baja.- nadie
puede vernos aqu�. Los dos queremos la misma cosa. Nada va a pasarte.
Juan no apartaba la vista de mi pija. Como si estuviera
viendo algo que le estaba vedado.
Yo tom� su mano, muy dulcemente y la conduje a mi
entrepierna.
Sus dedos, muy torpes chocaron con mi glande. Yo segu�a
acariciando su hombro. Juan abri� un poco la mano y t�midamente me tom� la pija
con una presi�n muy tenue. Yo abr� la boca en un gemido. Su mano tocaba muy
despacio mis huevos y acariciaba mis pelos. No hab�a logrado que me mirara a los
ojos. Estaba aterrado y se aferraba a la pared, como protegiendo su orgullosa
masculinidad. Mi prepucio se descorr�a y volv�a a cubrir mi glande en cada
envi�n de Juan. Yo acarici� uno de sus pezones casi sin tocarlo. Hice que se
erizara a tal contacto. Cada vez estaba m�s excitado, pero todav�a estaba
inm�vil. Mi mano tom� su pija ahora. Era incre�blemente gruesa y larga. Dura
pero suave al tacto. Mis manos no dejaron sitio sin recorrer. Cuando baj� por
debajo de los huevos, buscando su zona m�s vulnerable, not� que enseguida
cerraba las piernas, obstruy�ndome el camino. Yo retroced� y lo calm� con unas
caricias en el pecho, entre medio de sus pelambrera dura. Mi mano hac�a ruido al
pasar por ese enjambre de pelos.
Por fin, el se anim� y tom� mi verga con ambas manos. Y en un
gesto decidido se abalanz� sobre ella y se la meti� en la boca. Era el paso que
le faltaba dar. A partir de ah�, empez� a chupar desesperadamente y con una
fuerza incre�ble. No se desprendi� de mi verga en mucho tiempo. Era maravillosa
su manera de succionar y lamer. Yo lo acariciaba pasando mis manos por su
cabello y su cara.
Por un momento se detuvo.
Sosteniendo mis bolas a�n con sus manos, se qued� inm�vil, y
prest� atenci�n a posibles ruidos externos.
- Calma, que ya no va a venir nadie.- le dije en voz muy
baja.
Sigui� atento unos segundos y me mir�. Era una mirada fija y
como interrogativa. Por primera vez nuestros ojos se encontraban. �l se
tranquiliz� en mi dulce mirada.
Entonces, mientras me miraba a los ojos, se volvi� a meter mi
verga en la boca.
Era sublime la manera como se engull�a todo. Su lengua no
dejaba sitio sin mojar.
Yo ya estaba a punto de desmayarme. El placer era casi
paralizante. No pude m�s que lanzar un gemido lergo y ronco, mientras me tapaba
la boca mordiendo mi mano.
Juan me segu�a chupando y sus manos hab�an subido por mi
abdomen, toc�ndome, acarici�ndome y volvi�ndome loco. Cuando lleg� a mi peludo
pecho, se detuvo estrujando mis pezones, uno por uno, los pellizcaba
violentamente y alternaba esto con caricias casi imperceptibles, nunca
experimentadas. Eso hizo que mi orgasmo ya se sintiera cerca. El ritmo acelerado
de mi respiraci�n, le indic� que deb�a acelerar su bombeo oral. Y eso hizo, yo
gem�a despacio y casi no pod�a parar de mover mi pelvis.
-�Juan!.
El grito vino de afuera, a pocos metros de la entrada al
vestuario.
Fue tremendo. Nos hizo estremecer. De pronto volv�amos a la
realidad, el golpe de esa voz, hizo que nos paraliz�ramos por un momento. Y
enseguida, en fracciones de segundos, Juan se puso de pie y sali� como disparado
hacia los lockers.
-�Aqu� estoy, enseguida termino!
Yo qued� apoyado contra la pared, con mi erecci�n intacta y
con mi pija latiendo fuertemente. Agitado y con los ojos semiabiertos, me qued�
en ese sitio, intentando comprender que era lo que estaba pasando.
El compa�ero de Juan, estaba entrando al vestuario.
Instintivamente me di vuelta, y, desnudo como estaba, simul� orinar de frente a
los mingitorios.
Sent� que hablaban entre si. Era algo sobre horarios y esas
cosas. No escuchaba muy bien. Pero me pod�a imaginar al pobrecito de Juan todo
colorado como un tomate, intentando disimular su estado.
Pronto las voces se hicieron m�s fuertes, y comprend� que el
tipo, ven�a a orinar, pues sent� enseguida sus pasos a mis espaldas.
Mientras segu�a hablando con Juan a los gritos, el hombre se
situ� a mi lado y baj� el cierre de su overol. Yo a�n estaba con mi pija erecta
e intentaba ocultarla. No lo mir�, estaba un poco asustado y pensaba que
cualquier movimiento ser�a indicio para que �l notara algo extra�o. Y no quer�a
que sucediera algo embarazoso.
Segu� as�, medio de espaldas hacia �l.
Pero algo not�.
Ya hab�an pasado unos minutos y �l no se hab�a ido. El ruido
de su or�n contra la pared, hab�a finalizado hac�a un rato. Con el rabillo del
ojo, intent� dilucidar alg�n movimiento.
Cuando lo mir� disimuladamente de reojo, not� que el tipo
ten�a la mirada clavada en mis ojos, mientras sus manos masajeaban algo all�
abajo.
Yo volv� a mirar a la pared, �es que hab�a descubierto todo?,
No hab�a que ser demasiado inteligente para darse cuenta de lo que hab�a pasado
all�.
Lo mir� nuevamente.
�l ahora recorr�a con su mirada mi cuerpo, de arriba abajo.
Era un hombre de unos 45 a�os, con espesos bigotes, alto y
algo canoso. Sus ojos oscuros se clavaron de nuevo en los m�os. Y cre� ver un
destello en ellos que me hizo mirarlo a�n m�s, como queriendo saber que pasaba.
Yo no pod�a creer lo que estaba ocurriendo. �Qu� iba a pasar
ahora? Juan estaba all�, seguramente esperando a que este tipo saliera de los
ba�os. Y ahora... no pod�a suceder que este hombre....no, era demasiado para un
solo d�a...
De pronto, su voz grave sali� fuerte de su boca, y sin dejar
de mirarme, le grit� a Juan:
-�Escuchame: Me voy a dar un ba�o ahora, Juan!, si quer�s,
pod�s ir saliendo, hago r�pido, �sab�s?
Estas �ltimas palabras las dijo mientras comenzaba a quitarse
el overol.
Lo vi dirigirse hacia el pasillito, y se quit� la ropa.
Desnudo, fue hasta las duchas, y me mir� de reojo, mientras su mano se estiraba
y buscaba a tientas el interruptor de la luz. Cuando las duchas quedaron casi en
penumbras, se meti� en el cuarto y yo escuch� que el ruido del agua llegaba
hasta donde yo estaba.
Me acerqu�. En la �ltima ducha, percib� la silueta de ese
cuerpo desnudo. El tipo me mir� seriamente y me hizo un gesto de invitaci�n. Yo
entr� lentamente, atra�do por la situaci�n.
Abr� la ducha que estaba al lado de la de �l, y empec� a
mojarme.
Pero enseguida sent� que las manos de ese hombre chocaban
contra mi espalda. Me di vuelta y �l me tom� en sus brazos. Nuestras bocas
chocaron y mi pija se empez� a frotar con su enorme instrumento duro.
Pens� en Juan, e instintivamente gir� la cabeza en direcci�n
a los lockers. Pero el hombre me tom� dulcemente de la mejilla y me atrajo
nuevamente hacia su boca.
Seguramente Juan ya se habr�a vestido y estar�a fuera de los
vestuarios.
El tipo me pas� el jab�n por todo el cuerpo y se detuvo
especialmente en mis genitales. Bombe� suavemente mi tronco duro y acarici� mis
bolas de manera tierna y fuerte a la vez. No dejaba de besarme. Sent�a que su
lengua entraba cada vez m�s adentro m�o.
Ten�a un cuerpo muy bien formado, y si bien no era una
belleza, sus m�sculos estaban bien definidos, y su mirada pose�a una atracci�n
muy particular. Era un poco tosco, pero con algo de ternura al mismo tiempo.
Le tom� la pija, que ten�a m�s grosor que largura, y la
acarici� largamente, sintiendo su pubis cubierto de pelos. Su pija, las axilas y
los bigotes, eran los �nicos sitios donde sus pelos emerg�an casi
desproporcionadamente a sus zonas desprovistas de vello. Me excitaba mucho eso.
�l pegaba su cuerpo al m�o y nos resbal�bamos casi con el jab�n y la espuma que
la fricci�n produc�a.
Nos bes�bamos una y otra vez, y de nuevo, yo hab�a perdido la
noci�n del sitio en que me encontraba.
Nunca advertimos, claro que alguien m�s nos miraba, de pie en
el umbral de las duchas.
La luz, que invadi� de pronto el sitio, hizo que
sobresaltadamente dirigi�ramos la vista hacia all�.
-�Qu� pasa ac�?-dijo Juan desde la puerta. Estaba en
calzoncillos y una remera que a�n no se hab�a terminado de acomodar.
El tipo de bigotes, retrocedi� un poco anonadado. Nuestros
miembros lat�an en toda su erecci�n, apuntando a Juan que no pod�a creer lo que
ve�a. La expresi�n que ten�a en el rostro indicaba que estaba muy extra�ado de
lo que hab�a pasado con su compa�ero.
Por un momento, nos quedamos as�, sin saber que era lo que
vendr�a a continuaci�n.
Y yo, entonces, decid� acercarme a Juan.
El tipo, hab�a quedado un poco confundido, sin saber que
reacci�n tomar.
Me par� frente a Juan, �l segu�a mirando fijamente a su
compa�ero.
Acerqu� mi mano a la de �l. Juan evit� ese contacto. Volv� a
hacer el intento, y venciendo sus resistencias, por fin pude tomarle la mano.
Quer�a tranquilizarlo y hacerle ver que nada malo ocurr�a. El otro tipo
observaba todo mudo.
Traje de la mano a Juan. Ellos quedaron uno al lado del otro,
y yo me dirig� a apagar la luz nuevamente. Cuando volv� al sitio. Tom� la remera
de Juan y se la quit� por encima. Juan permanec�a callado y sin moverse. Ambos
estaban expectantes. Tom� el calzoncillo y se lo deslic� hacia abajo. Los tres
est�bamos desnudos ahora.
Me situ� entre los dos hombres. Los mir�. Ellos se miraron
entre si, como conoci�ndose por primera vez. Hab�an sido compa�eros de trabajo
desde seguramente mucho tiempo, pero por vez primera se miraban tal cual eran.
Advert� que el miembro de Juan estaba duro como un piedra.
Acerqu� mi boca a la de �l y le di un beso. Pronto sentimos
que otra boca se nos un�a, t�midamente. Las lenguas libraron una batalla cada
vez m�s violenta y las manos empezaron a moverse y deslizarse entre las formas
masculinas. Fue hermoso. Las tres bocas nunca se separaron. Las tres pijas se
chocaban entre s� y los cuerpos comenzaron un movimiento que permit�a que los
tres estuvi�ramos en un contacto muy estrecho todo el tiempo.
Al quedar entre los dos, sent� como Juan se arrodillaba
frente a mi y met�a otra vez mi pija en su caliente boca. Enseguida mi culo
recibi� unos bigotes que empezaron a rasparlo con movimientos circulares, la
lengua del tipo se iba metiendo de vez en cuando en mi agujero, y yo me sent�a
explotar.
Era estremecedor ser chupado por ambos lados. Las lenguas de
los dos se juntaban por debajo de mi entrepierna. Chupaban y se besaban a la
vez. Cuando estuve a punto de largar toda mi leche, baj� y fui al encuentro de
esas bocas. No pod�a dejar de besarlas, los dos besaban muy bien y sent�a la
avidez oral que sal�a de esas bocas. Met� como pude esas pijas en mi boca y as�
estuve chupando largo rato, mirando como ellos se acariciaban y se besaban entre
abrazos. Sus pelos entraban en mi boca tambi�n. Pas� a los c�lidos ojetes, que
se me abrieron generosos al sentir mi lengua. El de bigotes me tom� casi
rudamente por mi culo y lo abri� suavemente. Juan me chupaba la pija. Pero el
otro se enjabon� un poco la verga y apoy� su punta dura en mi agujero. Fue
haciendo una firme presi�n y pronto esa gruesa pija estuvo metida hasta la mitad
en mi culo.
Yo aullaba de placer. La respiraci�n de los tres se hizo una,
aumentando en velocidad y profundidad. Juan meti� su pija cada vez m�s dura en
mi boca una vez m�s, all� estaba yo, ensartado por atr�s y por adelante, en
medio de una placer indescriptible. El aceleramiento fue creciendo y pronto vi
como la pija estaba ya toda adentro m�o.
Era incre�ble. Qu� placer, ya perd�a casi el conocimiento.
Acab� en la boca de Juan, entre un estremecimiento general de todo mi cuerpo,
sintiendo como la leche sal�a y sal�a y se desbordaba por entre las comisuras de
la boca de Juan. El de bigotes sac� su miembro de mi culo y larg� toda su leche
en mis nalgas. Y Juan se derram� a la vez en mis bolas, que se ba�aron de tibio
l�quido.
Los dos, entonces se arrodillaron ante mi y comenzaron a
lamer todas las zonas regadas con semen de los tres.
Yo pens� que algo de l�gico ten�a esa escena, despu�s de
todo, esos divinos pertenec�an al personal de limpieza.
Y �vaya que estaban haciendo una prolija limpieza! �Digna de
profesionales!
Ese loco pensamiento me produjo una sonrisa. Y yo, desde
arriba, los miraba dulcemente. No dejaron rastros de esperma alguno, todo, todo,
se lo comieron sin chistar. Cada tanto, sus bocas se juntaban, coincidiendo en
el lugar a asear, entonces las lenguas se acercaban y se exploraban entre si.
Cuando todo estuvo limpio y casi seco, ellos se pusieron de
pi� y buscaron mi boca. Nos unimos en un beso final que fue pura ternura,
mientras nuestros brazos atra�an nuestros cuerpos entre si.
Minutos despu�s, estaba a�n en la parada del autob�s, y
recuerdo que vi a ambos alejarse por la calle apenas iluminada. Al llegar a la
esquina, Juan se detuvo. Se dio la vuelta, y me busc� con la mirada. Alz� su
mano, su compa�ero lo imit� y yo les respond� el saludo. Y enseguida se miraron
entre si, y vi como se besaban.
Luego la oscuridad de la noche los termin� de envolver.