Relato: Mariela (III: Vida en familia) Esa noche conoc� a Camila. Era una ni�a encantadora,
inteligente y muy bonita. No hab�a maldad en mis ojos cuando la miraba, a pesar
de que estaba muy desarrollada. Ya en sus pechos crec�an unos senos que
presagiaban la gloria para quien los pudiese besar, y su cuerpo era
sencillamente escultural. Nadie que no la conociese, podr�a imaginar que s�lo
ten�a 11 a�os, aunque ya estaba cercana a los 12. Solamente cuando hablaba y
jugaba se comprend�a que segu�a siendo una ni�a. Pero una ni�a que pronto se
convertir�a en una monumental mujer.
Mariela y yo estuvimos vi�ndonos cerca de un mes, hasta que
decidimos vivir juntos. Camila se adapt� r�pidamente a m� y yo a ella. Tanto es
as� que me dec�a papito y me trataba con mucho cari�o, igual que yo a ella. Sin
embargo, en esos a�os sin pareja fija me hab�a acostumbrado a la libertad y
hab�a ocasiones en que a�oraba esos d�as. Los momentos de amor con Mariela
segu�an siendo fabulosos, se hab�a aficionado tremendamente a que la follase por
el culo, lo disfrutaba al m�ximo, de tal forma que cada vez que hac�amos el amor
ten�a que gozarle el culito, ella misma me lo ped�a y yo, gustoso, la complac�a.
Pero cada vez m�s sent�a nostalgia por mi libertad. Mariela lo notaba y cada d�a
se esforzaba en complacerme en todos mis gustos y caprichos. Una noche, despu�s
de hacer el amor, me confes� que jam�s hab�a sentido un orgasmo antes de hacer
el amor conmigo. Es cierto que hab�a querido mucho a su esposo, pero �l nunca
logr� hacerla feliz en la cama a plenitud. En sus otras relaciones hab�a buscado
refugio a su tristeza, no amor ni placer. Pero conmigo era distinto, conmigo se
sent�a mujer, flotaba mientras hac�amos el amor, se entregaba sin l�mites. Me
jur� que har�a cualquier cosa para retenerme a su lado, por no perderme.
As� transcurri� un a�o. Debo decir los momentos de placer
fueron muchos, que la alegr�a rein� en la casa, que Mariela era todo amor y
dulzura. Pero yo necesitaba un poco de libertad, de esa libertad que consideraba
hab�a perdido. Me hab�a acostumbrado a follar con varias mujeres, a buscar la
variedad en el amor. Por eso a veces me sent�a melanc�lico, otras le re��a sin
raz�n. Pero fuera de estos momentos de arrebato, la cosa marchaba.
Una noche nos acostamos y comenzamos a acariciarnos,
excit�ndonos cada vez m�s. Yo necesitaba un cambio y le ped� a Mariela ir a la
sala, poner una pel�cula porno e imitar lo que vi�semos en la pantalla. Ella,
como siempre hac�a, accedi� a mi petici�n. Camila se hab�a acostado tambi�n, y
como ten�a un sue�o profundo, no tem�amos que nos pudiese sorprender en plena
faena. As� pues, no fuimos a la sala. Puse una peli bien dura y comenzamos a
verla, sin dejar de acariciarnos. En ella un hombre se encontraba sentado en un
sof� mientras dos mujeres me chupaban la verga. La visi�n fue excitando a�n m�s
a Mariela, que introdujo su mano en mi bata y sac� mi polla, dedic�ndose a
chup�rmela con fruici�n, sin dejar de mirar la pantalla. De pronto una de ellas,
la m�s joven, se levant� y se fue sentando sobre la dura verga del tipo,
clav�ndose en el culo, mientras la otra se acercaba y comenzaba a besarse con el
hombre, a la vez que acariciaba alternativamente sus huevos y la pucha de su
amiga. Aquello acab� de calentar a Mariela, que se irgui� poni�ndose de espaldas
a m�. Se despoj� de su bata y abri�ndose las nalgas con las manos, se fue
metiendo mi verga en su culito, que de tanto recibirla se abr�a gustoso de tener
dentro al intruso.
Comenz� entonces a subir y bajar sobre mi polla, mientras se
acariciaba el cl�toris y se pellizcaba los pezones, gimiendo de placer,
acelerando poco a poco el ritmo. Yo la sujetaba por la cintura y acompa�aba sus
movimientos, disfrutando con los ojos cerrados. Nuestra respiraci�n se fue
agitando a medida que nos acerc�bamos al orgasmo, hasta que Mariela empez� a
gemir su explosi�n. Sus jugos empapaban mi polla y chorreaban hasta mis bolas,
el chapoteo de mi verga en su culo era un sonido exquisito y estall� en su
interior, llen�ndola de leche. Cuando terminaba de correrme abr� los ojos y me
qued� paralizado. En la esquina de sala, a la entrada del pasillo que conduc�a a
las habitaciones, se encontraba Camila, mirando extasiada como su madre y yo
foll�bamos como 2 locos mientras mir�bamos una pel�cula pornogr�fica. Mariela se
dio cuenta de que algo suced�a y se volvi� hac�a donde yo miraba fijamente. El
rubor cubri� sus mejillas y r�pidamente se puso de pie, con lo cual mi inhiesta
polla qued� ante los ojos de su hija, la cual no aparta la vista de mi aparato.
Como pudimos nos recompusimos la ropa y Camilla, sin decir
nada, se dio la vuelta y march� hacia su habitaci�n. Era evidente que nosotros,
en medio de nuestro placer y locura, la despertamos y se acerc� para ver que
suced�a. Medio ofuscados nos fuimos corriendo al cuarto y nos acostamos sin
decir ni una palabra. De pronto echamos a re�r como dos muchachos. Cuando nos
tranquilizamos, Mariela quiso ir a ver a su hija pero yo se lo imped�, me
pareci� suficiente con el show que hab�a observado en la sala. Mariela estuvo de
acuerdo despu�s que se expliqu�, pero me dijo algo que no supe entender muy
bien. Me dijo que "en un final, ya es hora de que la ni�a vaya conociendo sobre
el sexo, y quien mejor que su papito y su mamita para instru�rla", y volvi� a
re�r mientras me miraba con un brillo extra�o en los ojos.
Nota: Soy Ra�l, de nuevo estoy con ustedes. Espero sus sugerencias,
comentarios o cr�ticas. Les estar� agradecido eternamente. Por favor, escriban a
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Relato: Mariela (III: Vida en familia)
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