He visitado vuestra página Web y
leído interesantes relatos de gente, acerca de relaciones sexuales con
animales, principalmente con perros, algunos son muy reales y puedo creer que
se trata de experiencias vividas por esas personas en realidad, porque encuentro
similitud con algunas mías en ese tema, ya que esas prácticas
sexuales, son una debilidad que tengo desde los 20 años quizás,
a pesar de que desde mucho tiempo antes ya fantaseaba con esto, solo que no
se daba la oportunidad de hacerlo y cuando la tuve, no supe como.
Soy de Argentina, tengo cincuenta años, estoy divorciado y vivo feliz
con una nueva pareja desde hace cuatro años, me gustan las mujeres y
no entiendo bien el porque de mi inclinación hacia la zoofilia desde
muy joven, me excita ver fotografías de humanos teniendo relaciones sexuales
con animales, o ver un perro calentón con un buen pedazo entre las piernas,
tuve inolvidables recuerdos con varios de ellos.
Mi primera vez, fue en el campo de un primo que yo sabía visitar, en
las afuera de la ciudad donde vivo, yo era un pibe bastante solitario en esos
días, si bien tenía amigos que aun conservo, con los cuales mantenía
contactos solo esporádicos, prefería andar solo, por lo cual ellos
no me hacían participar, cuando de salir con chicas se trataba, o a bailar,
yo me aburría bastante en esas salidas ya que no tenía mucho éxito
con las mujeres y nunca aprendí a bailar, además era un poco tímido,
algo que superé pronto.
Mi placer era entonces, hacer largas salidas solitarias en mi moto por las montañas,
en excursiones de caza o pesca y mis únicas experiencias sexuales hasta
ese momento, se limitaban solo a prostitutas, lo cual no me satisfacía
para nada, así que diariamente me masturbaba, costumbre que aun conservo,
hasta que descubrí el placer de hacerlo metiéndome algún
objeto en el ano, a esto último si lo dejé de lado, porque ya
no me place, pero jamás llego a excitarme la presencia cercana de un
hombre, aunque estuviera desnudo y con la pija dura.
La relación con mis amigos entonces, se limitaba a salidas en motocicleta,
a lo que soy aficionado, a presenciar carreras de moto-cross y con los cuales
me veía solo para esas ocasiones, de hecho que nunca tuve con ninguno
de ellos, ni con ninguna otra persona una relación gay, aunque he sentido
si alguna curiosidad acerca de esto, sin llegar a concretarlo jamás,
una vez de adolescente tuve una propuesta de un hombre mayor, a que accediera
a prestarle el culo, pero no lo hice y no por miedo, sino que no me calentó
la idea en ese momento.
Como sigo contando, en mis solitarias salidas al campo, me encontré con
perros, eso traía a mí memoria a uno que conocí en la ciudad
donde me crié, era la mascota de unos vecinos, un mestizo color dorado,
bastante grande, el cual intentó saltarme un día que lo acaricié,
yo estaba parado y sin ninguna intención de nada, ya que no sabía
que eso se podía hacer, pero el ver como sacaba una pija roja enorme
me sorprendió. Luego en mi casa, me empezó a excitar la idea de
que ese perro supiera bien lo que hacía, el animal vivía con unas
mujeres de enfrente de mi casa y me calentaba la idea de que se las pudiera
coger, pensando en eso me hice la paja muchas veces, era cuando recién
estaba despertando en mí la sexualidad.
Varias veces intenté hacer calentar algún perro para que me cogiera,
porque me asaltaba la idea de ese perro que conocí y quería saber
que se sentía tenerlo montado encima con su pija clavada hasta el fondo.
Pero el perro tiene otros tiempos que el ser humano, el hace todo bastante rápido,
especialmente los perros del campo, que supongo nunca tuvieron relaciones de
este tipo con un Homo Sapiens, él enseguida saca el botón que
tiene en el fondo y comienza a eyacular un esperma muy liviano que parece orín,
que tampoco es tanta cantidad como en muchos relatos se mencionan.
La técnica que descubrí con mi primer perro en el campo de mi
primo, fue ponerme en cuatro patas, para animarlo, desnudo y ayudarlo a subir,
para hacerle entender a que estaba dispuesto a dejarme coger con el, entonces
tomarle la verga con una mano y metérmela adentro del culo directamente,
aunque fallé en mi primer intento, ya que por masturbarlo demasiado para
calentarlo, había sacado el botón afuera y toda la fiesta había
terminado para él, solo atinó a quedarse quieto con la punta de
su pene adentro mío, eyacularme un poco por afuera, mientras yo me moría
de deseos de ser cogido de verdad por él.
Pero al sábado siguiente fui a buscarlo, toda esa semana lo había
tenido en mi mente, había mucha gente en la casa ese día, pero
estaban todos muy ocupados en las tareas del campo, me saludaron cuando yo llegué
y siguieron en sus quehaceres normales, sin reparar en mí presencia,
como siempre hacían, ya que yo acostumbraba a salir con la escopeta por
el campo en busca de alguna liebre, o perdiz.
Mi primo tenía un ayudante, que vivía allí solo en la casa
y el perro era su única compañía, aunque no creo de ninguna
manera, que el hiciera nada parecido a lo que yo me disponía a hacer
con su fiel mascota, ya que tuve que enseñarle mientras yo mismo aprendía.
Me dirigí hacia un galpón que se encontraba atrás de la
casa, para dejar la moto en un lugar donde no molestara, cuando el motivo de
mi presencia allí apareció, el animal que les cuento, se trataba
de un perro de una talla media, de ninguna raza definida, del mismo color de
aquel que había despertado mi curiosidad hacía algunos años
ya, se puso loco de contento al verme y corrió a recibirme, empezó
a mover el rabo y me empujaba con la cabeza queriéndome voltear, como
diciendo terminemos lo que empezamos la semana pasada, yo estaba muy excitado
también, sentía como la sangre me fluía por las venas,
aquello que tanto había estado esperando, estaba a punto de suceder.
Inmediatamente me alejé de la casa hasta una arboleda lejana, donde difícilmente
alguien se pudiera aparecer, por el camino iba soltándome en cinturón
de mi jean y aflojando el nudo de los cordones de mis zapatillas de basquetball
para no perder el tiempo, con el perro siempre por detrás mío.
Cuando llegué a un claro, donde había una gramilla muy verde todavía,
a pesar de que el otoño ya estaba próximo, lejos de donde nos
pudieran ver, me detuve. El perro conocía el lugar, ya que hacía
unos días habíamos estado ahí mismo, estaba muy ansioso
por clavarme, había entendido lo que yo estaba dispuesto a hacer con
el y no quería perder más tiempo.
Penosamente pude desvestirme solo a medias, quedando desnudo de la cintura para
abajo, en medio de sus empujones y no bien me puse en la posición como
si yo fuera uno de su especie, o sea en cuatro patas, me salto en el acto. Sentí
un pinchazo agudo de su pene un poco arriba de mi ano, intenté sacarlo,
para que no me la metiera sin lubricar mi agujero con saliva, sin saber de que
el perro ya naturalmente la saca mojada y lista, tampoco hay que hacérsela
parar cuando el tiene ganas, solo lo ayude guiándolo hasta la puerta
de mi culo y ahí nomás me ensartó en forma violenta, sujetándome
de la cintura con sus patas delanteras para que no me escapara y empujándome
hacia atrás, mientras su verga crecía dentro de mí.
Todo fue muy rápido, me la puso a toda de una vez y hasta el fondo, me
estuvo bombeado solo por un momento y su mayor interés era abrocharme,
también el mío que lo hiciera claro, yo quería tener ese
duro pedazo de carne adentro mío y el quería inundarme con su
leche.
Lo que había fantaseado tantas veces, estaba sucediendo y no lo podía
creer, el quería meterla lo más que pudiera, me daba la impresión
que quería meterse todo adentro mío, porque hasta llegó
a levantar una de sus patas trasera y la sentí en mi espalda, en su afán
de empujar hasta donde más no pudiera, luego se detuvo de pronto y sentí
la presión de su botón estirándome el agujero, era un placer
inmenso pasé la mano por detrás intentando tocársela y
solo pude palpar el forro de su piel, entonces le acaricié los huevos
como gratitud, la tenía toda adentro como yo quería, solo sentía
el líquido que me estaba inyectando de a poco, intentó darse vuelta
para quedar culo con culo, pero como yo ya estaba de rodillas masturbándome,
solo pudo desplazarse a un costado mío, totalmente enganchado, hasta
que terminé mi faena, acabé en forma grandiosa, mi esperma me
mojó el vientre, el pecho y las piernas, era mucha la calentura.
Después de estar un rato ahí unidos, como no sabía cuanto
tiempo duraría esta situación y me preocupaba que alguien viniera
y nos encontrara así, intente sacármelo de encima pero era imposible,
entonces en un arrebato de miedo, le puse una mano en la parte baja del vientre
y lo empujé violentamente hacia atrás, sentí un fuerte
dolor y sonó como si destapara una botella de vino que tiene el corcho
demasiado a presión, inmediatamente se empezó a derramar entre
mis piernas la leche que tenía en el culo, me asusté en un principio,
porque me había quedado el ano dilatado de una manera, que nunca creía
que pudiera estirarse.
Estaba sorprendido con el pedazo de verga que tenía colgando ese animal,
latía mientras largaba chorritos de esperma por la punta, balanceándose
todo al ritmo de su respiración, me admiraba a mí mismo, de lo
que me acababa de comer. En el botón de un rojo intenso, se veían
las venas llenas de sangre y la tenía hasta la mitad, sucia de materia
fecal que encontró el fondo del conducto de mis intestinos, es que me
había penetrado muy profundo. Se la limpié con un pañuelo
y se la chupé hasta que ya no quedó ni una gota de leche, después
de un largo rato así, comenzó a desinflamársele el botón
y luego ablandársele todo el pene, seguí pasándole la lengua
hasta que la guardó en su funda.
Me quedé un rato tirado ahí a su lado, el ojete me palpitaba de
dolor y de placer, estaba bañado por mi esperma por delante y de la suya
por detrás, el culo me siguió doliendo por muchos días
más, lo que me hacía recordar aquel momento vivido con ese maravilloso
perrito.
No alcancé a saber como se llamaba, porque se fue de la casa días
después y ya no lo volví a ver, quizás como andaba libre
alguien se lo llevó, pero que nunca lo olvidaré, hubiera querido
seguir disfrutándolo más tiempo, aunque después vinieron
otros, pero nunca fue como esa primera vez, porque fue el que me hizo el honor
de romper mi culo virgen y ya nunca me volvieron a abotonar como ese día,
porque me quedó el agujero a su medida.
Esta historia es absolutamente real y quería compartirla por esta vía,
ya que es un secreto que nunca compartí con nadie y necesitaba hacerlo.
Los que quieran escribirme para compartir experiencias parecidas, o mandarme
algunas fotos de sexo con perros, aquí les dejo mi dirección de
e-mail, espero de que les haya gustado.
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