Despu�s de echar un buen polvo, mi esposa sac� como tema de
conversaci�n, inevitablemente, la escena que hab�a presenciado momentos antes y
que tan cachonda la hab�a puesto. Me pidi� detalles sobre la sensaci�n que hab�a
sentido al penetrar a nuestra hija, sobre el tacto de sus pechos, sobre lo que
sent� cuando me la chupaba, etc. Insinu� que le falt� poco para entrar all� y
unirse a la fiesta, cosa l�gica, sin embargo, me sorprend� cuando a�adi�: "Uy,
que delicia comerse ese co�ito y esas tetas". Me descoloc� un poco escuchar esas
insinuaciones por parte de Ana, jam�s hab�amos fantaseado antes con practicar
sexo con nuestra hija y ahora estaba descubriendo que a mi esposa tambi�n le
daba morbo.
Al d�a siguiente, cuando me levant�, no hab�a nadie en casa.
Mir� el reloj, eran cerca de las dos. Decid� dar una vuelta por la playa,
seguramente all� estar�an ellos, y efectivamente, no tuve que andar mucho cuando
v�, junto a la orilla, dos maravillosos cuerpos femeninos que me hac�an se�as
con los brazos. A varios metros, debajo de la sombrilla, estaba Marcelo, as� que
me qued� con �l mientras ellas se ba�aban. Una duda empez� a rondar por mi
mente, no sab�a si durante el tiempo que hab�a estado ausente ellos hab�an
comentado algo. Confieso que estaba un poco confuso, porque, aunque por una
parte deseaba que mi hija supiese que yo me la hab�a follado, por otra parte me
avergonzaba.
Manten�amos una t�pica conversaci�n sobre deportes, cuando de
repente, not� que una mano de Marcelo se acerc� excesivamente a mi entrepierna,
roz�ndome el capullo con sus dedos y pos�ndola en la arena, casi pegada a mis
cojones. Acto seguido, empez� a hacer comentarios sobre mi mujer y mi hija,
sobre la belleza de sus cuerpos, sobre lo simp�ticas que eran. Despu�s, movi� de
nuevo la mano que hab�a puesto en la arena y la llev� sin reparo hasta mi
paquete, abarc�ndolo por completo, y me dijo:
- "Supongo que te gustar�a repetir lo de anoche, me consta
que disfrutaste much�simo, no solo porque fui testigo, sino porque me ha
comentado Ana que de la calentura que llevabas, tuviste fuerzas para luego
echarle un polvo bestial".
Al escuchar esto, me qued� pensativo por unos momentos. Por
lo que me hab�a dicho, quedaba claro que �l y mi mujer hab�an hablado del tema.
La duda que me quedaba era saber si mi hija Cecilia estaba al tanto. No me dio
tiempo a pregunt�rselo, ya que en esos momentos ellas sal�an del agua y se
acercaban hacia nosotros. Ana me dio un beso y se tumb� a mi derecha. Cecilia se
acerc� a saludarme y luego sac� de su mochila un tarro de crema protectora,
pidi�ndole a Marcelo que por favor le extendiese un poco de dicha crema por el
cuerpo.
Mi hija se tumb� boca abajo sobre la toalla y Marcelo comenz�
a extenderle lentamente la crema por sus piernas, subiendo hacia arriba poco a
poco. Cuando lleg� a sus muslos, se mantuvo ah� durante bastante tiempo,
masaje�ndolos, sin olvidar la parte interior de �stos, acerc�ndose much�simo a
sus ingles. Cecilia ten�a los ojos semicerrados, manteniendo en su rostro una
inequ�voca sensaci�n de placer. Marcelo lleg� a su espalda, verti� una gran
cantidad de crema y la extendi� cuidadosamente por la suave piel de mi hija,
d�ndole un masaje perfecto que casi consigue dejarla dormida.
Cuando gir� su cuerpo y se puso mirando hacia arriba para que
Marcelo siguiera ech�ndole crema, casi me da un patat�s. Sus preciosas tetas
estaban libres. No me percat� en qu� momento se hab�a desatado el bikini, lo que
s� os puedo asegurar es que se me debi� quedar una cara de bobo enorme cuando v�
esos melones apuntar con sus pezones hacia el cielo, sin el m�s m�nimo gesto de
ocultaci�n por parte de ella. En esos momentos, me pareci� ver en el rostro de
Marcelo una mal�vola sonrisa.
De pronto, mi mujer, a la cual yo cre�a dormida, me alcanz�
con sus manos por la cintura y pos� una de ellas en mi paquete. Me gir� y la
bes�. Acto seguido, acerc� su boca a mi oreja y me susurr�:
- "Te gusta mirarlos...�verdad?. Pues debes saber que a m�
tambi�n, aunque m�s que mirar, me gustar�a poder disfrutar realmente junto a t�
de esos cuerpos j�venes, macizos, hermosos... llenos de energ�a. Desear�a poder
mezclarnos entre ellos... y disfrutar juntos del sexo m�s desinhibido y
obsceno".
Si ya estaba excitado, imaginaros como me puse despu�s de
escuchar estas palabras. Cog� a mi esposa por los hombros y comenc� a besarla
apasionadamente. Ella volvi� a sobarme el paquete, pero esta vez incluso se
atrevi� a meter la mano dentro de mi ba�ador. Luego comenz� a hacerme una suave
y disimulada paja. Yo, por mi parte, le agarr� una teta y empec� a frotarle el
pez�n con mis dedos. Todo esto lo hac�amos con la m�xima discreci�n posible para
no llamar la atenci�n, ya que en esos momentos la playa estaba bastante
concurrida.
En un momento dado, mi esposa me hizo se�as para que mirara
hacia donde estaban Marcelo y nuestra hija. Ahora estaban los dos sentados sobre
la arena, uno junto al otro, muy pegados y con una toalla sobre sus piernas que
les tapaba hasta un poco m�s arriba de las caderas. Observ� en sus rostros unas
expresiones algo "sospechosas". Era obvio que algo ocurr�a debajo de la toalla.
Ana comenz� a pajearme con m�s fuerza y rapidez. Con sus cada
vez m�s bruscos movimientos, se me empez� a salir la polla fuera del ba�ador,
pero a ninguno nos import�. Yo, por mi parte, le magreaba los pechos y le
acariciaba el co�o por encima del bikini.
Entre tanta calentura, y en un acto casi incontrolable, le
desabroch� la parte superior del bikini y sus dos preciosas tetazas quedaron
libres y desafiantes. Pude fijarme en como este detalle no pas� desapercibido
para Marcelo. El muy cabr�n ten�a la mirada clavada en sus tetas. Pero no solo
disfrutaba de la visi�n de las maravillosas tetas de Ana... tambi�n disfrutaba
del fenomenal pajote que mi hija Cecilia le estaba haciendo.
Pero, sin duda, el colmo de mi excitaci�n lleg� cuando me
percat� de que mi hija miraba las tetas de su madre casi con el mismo entusiasmo
que Marcelo, por no decir que con m�s. Quise ofrecerles un buen espect�culo y
empec� a magrearle las tetas a mi mujer como un loco. Pellizcaba sus pezones,
abarcaba las tetas por completo con mis manos y las espachurraba, agarraba una
por debajo con una mano y con los dedos de la otra la acariciaba... etc.
A Marcelo y a mi hija se les ve�a excitad�simos. De hecho, �l
estaba a punto de correrse. En el rostro de Cecilia pod�a adivinarse el enorme
placer que le proporcionaban los dos dedos que Marcelo le introduc�a cada vez
m�s r�pido en su chocho, unido a la visi�n de las tetas de su madre siendo
acariciadas por su padre. Curiosamente, con tanto meneo, la toalla se desplaz�
unos cent�metros... los suficientes como para que durante unos momentos quedara
a la vista la gran polla de Marcelo siendo pajeada por la bonita mano de mi
hija.
Mi inevitable y colosal eyaculaci�n estaba pr�xima. Avis� a
mi mujer con antelaci�n y ambos nos tumbamos, poni�ndonos muy cerca el uno del
otro, adoptando una postura que permitiera que el momento de mi explosi�n fuera
lo m�s discreta posible. No puedo asegurar que nadie nos viera, lo que si os
prometo es que la cantidad de leche que expuls� ge incre�ble. Toda fue a parar
al vientre de mi mujer, y poco a poco fue resbalando hacia la arena.
Tras un intenso beso, nos dirigimos hacia el agua, donde
permanecimos ba��ndonos m�s de diez minutos. Al regresar, Marcelo y Cecilia
estaban recogiendo sus cosas y se dispon�an a marcharse. Nos dijeron que les
hab�a entrado hambre y que iban a comprar unos sandwiches... aunque para m� esto
era bastante dudoso, y probablemente ir�an a echar un buen polvazo en un sitio
m�s c�modo, que era justamente lo que ten�amos pensado hacer mi mujer y yo al
llegar a casa.
Y efectivamente, nada m�s llegar, nos metimos en la ducha y
Ana empez� a mam�rmela de rodillas sobre la ba�era. Pero no terminamos ah� la
faena. Prefer�amos un lugar c�modo donde poder emprender una buena sesi�n de
jodienda, as� que fuimos sin demora hacia la cama. All� prosigui� chup�ndomela y
a los pocos minutos est�bamos enzarzados en un cachondo 69. En fin, que follamos
de casi todas las posturas posibles y quedamos rendidos en la cama hasta casi la
hora de cenar.
Hac�a una noche fabulosa. Nos arreglamos un poco para ir a
cenar a un restaurante cercano, donde serv�an un pescado excelente, y que ten�a
una amplia terraza con vistas a la playa. Nuestra hija lleg� justo cuando nos
dispon�amos a abrir la puerta para irnos. Al parecer, Marcelo ten�a un
compromiso con un amigo, y como no quer�a quedarse sola, decidi� venir con
nosotros. As� que esperamos a que ella se cambiara de ropa y nos marchamos.
Madre e hija estaban guap�simas. Mi mujer luc�a un vestido de
una sola pieza, color amarillo, con un amplio escote, que le llegaba hasta las
rodillas aproximadamente. Mi hija ten�a puesto un conjunto de dos piezas,
formado por un juvenil top ajustad�simo de color blanco, sin sujetador, y una
falda larga de tipo "hippie", que a veces, y debido a su fino grosor, permit�a
divisar el tanguita negro que llevaba puesto. La verdad es que, aunque ninguna
de ellas iba especialmente provocativa, s� que estaban guap�simas, e irradiaban
sensualidad y feminidad por los cuatro costados.
Fue una velada tranquila, amena, en la que hablamos de
diversos temas. Despu�s del postre, y tras tomar varias copas, mi mujer sac�
como tema de conversaci�n a Marcelo. Le pregunt� a Cecilia, entre otras cosas,
que si la relaci�n iba en serio o simplemente se trataba de un rollo pasajero
que acabar�a en cuanto abandon�ramos Mallorca. Al parecer, la cosa iba, seg�n
nuestra hija, muy en serio. La verdad es que, simplemente viendo la cara y
mirada que pon�a cuando hablaba de �l, se notaba que estaba muy enamorada. Esto,
sinceramente, nos alegraba mucho a mi mujer y a m�. Pocas veces la hab�amos o�do
hablar con tanto entusiasmo acerca de un chaval.
Salimos del restaurante, y como a ninguno de los tres nos
apetec�a meternos en casa, Cecilia propuso ir a una sala de fiestas muy famosa
en la zona, donde hab�a estado con Marcelo una de las noches anteriores.
Habitualmente tocaban en directo bandas de salsa, merengue y jazz latino, hab�a
muy buen ambiente, gente de todas las edades aunque mayormente sobre los 35 o 40
a�os, y que dispon�a de una gran pista de baile que, generalmente, estaba hasta
los topes, porque hasta los m�s t�midos se volv�an locos all� agitando sus
cuerpos, bailando y mene�ndose sin complejos, dej�ndose llevar por los alegres y
sensuales ritmos.
Tras sentarnos en un c�modo sof� y pedir las consumiciones,
mi mujer y mi hija decidieron marcarse un bailoteo. Yo prefer� quedarme all�
bebi�ndome tranquilamente mi cuba libre, escuchando la m�sica y observando a la
gente. No tard� en fijar mi mirada en Ana y Cecilia, que con el baile, mov�an
sus cuerpos de las maneras m�s sexys y sugerentes.
Varias veces, algunos hombres que se encontraban bailando en
la pista se un�an a ellas y m�s de uno las cogi� de la cintura o se acerc� por
atr�s hasta casi pegarse a sus cuerpos (el tipo de baile lo exig�a). Hubo un
gordo, de unos 50 � 55 a�os, que durante algunos segundos mantuvo su paquete
pegado al trasero de mi esposa a la vez que la agarraba de la cintura y ambos se
mov�an al ritmo de la canci�n. Mi mujer estaba disfrutando de lo lindo. Bailaba
sin parar, su rostro reflejaba lo bien que se lo estaba pasando y no dudaba en
mover el culo hacia delante y atr�s cuando alg�n hombre, como he dicho antes, se
le acercaba y se pegaba tras ella.
Con mi hija pasaba tres cuartos de lo mismo, aunque a los
diez o quince minutos la perd� de vista, y segu� atento a mi radiante esposa,
cuyas tetas, con el baile, se mov�an de manera alocada. Cuando v� que abandonaba
la pista y ven�a hacia m�, me levant� y al llegar, me agarr� de la cintura y
unimos nuestras lenguas en un apasionado morreo. Despu�s nos sentamos y mi mujer
r�pidamente le pidi� otra copa al camarero, pues ven�a sudando y bastante
acalorada con tanto baile.
Le coment� que hab�a estado fabulosa, que hab�a llamado la
atenci�n de casi todos los hombres y de m�s de una mujer, y que hab�a
disfrutado much�simo mir�ndola. Segu� alab�ndola hasta que me cogi� fuertemente
del cuello y me meti� la lengua en la boca a la vez que pos� una de sus manos en
mi ya abultado paquete. Yo, paulatinamente, empec� a meterle mano. Not�, a
trav�s de su vestido, la dureza de sus pezones (no llevaba sujetador), y no pude
evitar comprobar el estado de su chocho introduciendo mi mano por el interior de
sus bragas. Lo ten�a caliente y mojad�simo. De mutuo acuerdo, decidimos
abandonar el local. Necesit�bamos echar un polvo, o en caso contrario, �bamos a
reventar.
Pero claro, no nos pod�amos largar de all� sin decirle nada a
nuestra hija. Seg�n mi esposa, la hab�a visto ir hacia el servicio hac�a ya un
buen rato. La verdad es que comenzamos a preocuparnos. Afortunadamente, apareci�
de pronto acompa�ada de Marcelo y de otro muchacho al que nunca hab�amos visto.
Ella ven�a en medio de los dos, rode�ndolos con sus brazos por la cintura.
Marcelo r�pidamente nos salud�, me dio la mano y dos besos a Ana. Acto seguido,
nos present� a su amigo.
Se trataba de un chico alem�n de 27 a�os, cuyo nombre no
recuerdo, as� que lo llamar�, simplemente, "el alem�n". Ten�a un f�sico 100 % de
gimnasio. Era rubio, con el pelo muy corto (casi rapado), ojos azules, guaperas,
con cara de tipo duro. En fin, el t�pico cachas, pero eso s�, muy educado y
agradable, todo hay que decirlo. Al parecer, Marcelo y �l se conoc�an desde
hac�a much�simo tiempo. Se pod�a ver a simple vista que eran grandes amigos.
Insistieron en que nos qued�ramos a tomar otra copa con ellos, y por cortes�a,
aceptamos.
A mi mujer y a m� nos encanta estar entre gente joven.
Cecilia estaba sentada entre ellos dos en un sof� de tres plazas y Ana y yo
est�bamos en otro. En un momento dado, mi mujer ocup� el sitio de nuestra hija y
�sta se sent� a mi lado. Todo vino porque mi mujer le coment� a Cecilia (en plan
de co�a), sobre lo r�pido que se hab�a buscado sus amistades en Mallorca y,
adem�s, el buen gusto que ten�a. Mi mujer, adem�s, comenz� a piropear sin reparo
a los chicos, y le pregunt�, entre risas, a nuestra hija, que qu� se sent�a al
palpar esos m�sculos que tanto Marcelo como el alem�n (sobre todo el alem�n)
marcaban en sus cuerpos. Fue entonces cuando Cecilia invit� a su madre a ocupar
su sitio para que lo pudiera comprobar por ella misma.
Total, que Ana se sent� en medio de aquellos tiarrones y,
t�midamente, pas� primero la mano suavemente por uno de los brazos del alem�n.
Cecilia, al ver que su madre lo hac�a con demasiada timidez, la anim� a que
sobara el brazo del muchacho sin ning�n reparo. Lo hizo, muy lentamente pero a
conciencia, poniendo mucho inter�s en ello. Yo disfrutaba vi�ndola tocar esos
cuerpos j�venes y vigorosos, y no pod�a evitar que un cosquilleo me recorriera
la entrepierna.
Y al lado ten�a al bomb�n de mi hija, que debido sobre todo a
la gran cantidad de alcohol que hab�a ingerido, estaba m�s cari�osa que nunca.
Me cog�a del cuello, de los hombros, me daba besitos, y a veces (no s� si
intencionadamente) posaba su mano sobre mi paquete manteni�ndola all� durante
breves segundos.
Por unos momentos, estuve m�s atento a mi hija que a mi
esposa, a la que por cierto Marcelo hab�a echado un brazo por detr�s de la
espalda mientras que el alem�n hac�a diferentes poses con sus brazos,
presumiendo de m�sculos. A ella se le sal�an los ojos de las �rbitas y adem�s,
no se cortaba un pelo a la hora de tocar. Lleg� un momento en el que se puso a
masajearle la espalda con una mano mientras que con la otra le segu�a tocando
los m�sculos de los brazos, a la vez que Marcelo le susurraba no s� que cosas al
o�do (acerca del alem�n, creo, ya que lo se�alaba con el dedo).
Nos pusimos a hablar de nuevo entre los cinco, con la
peculiaridad de que nos quedamos sentados tal como est�bamos, es decir, mi
esposa sigui� junto a ellos y mi hija permaneci� a mi lado. Curiosamente,
Marcelo no solo sigui� con su brazo tras la espalda de Ana, sino que adem�s lo
fue bajando paulatinamente hasta que lo pos� en sus caderas. Tambi�n he de
comentar, que cuando por ejemplo alguien dec�a algo muy gracioso, aprovechando
el alboroto generado por las risas, Marcelo se pegaba a�n m�s a mi mujer y le
sobaba el culo. Me d� cuenta perfectamente y me puse m�s cachondo de lo que
estaba.
El alem�n volvi� a pedir otra ronda m�s de copas. A m�,
realmente, no me apetec�a beber m�s, porque aunque no estaba borracho, poco me
faltaba, pues estaba muy mareado. Y las chicas, no digamos. Sorprendentemente,
ellas segu�an bebiendo sin poner pega alguna. Al cabo de unos minutos, mi mujer
se volvi� a sentar a mi lado y mi hija se sent� entre ellos. Ana y yo comenzamos
a besarnos y a meternos mano. A esas alturas, totalmente desinhibidos y
cachondos, mi mujer me baj� la cremallera del pantal�n y meti� su mano,
agarr�ndome la polla e iniciando una suave y placentera masturbaci�n.
Yo no quise ser menos. Alcanc� su ardiente co�o con la mano y
le introduje dos dedos, que se deslizaron con total facilidad debido a lo
lubricado que lo ten�a. Empec� a pajearla. No sab�amos si ellos nos miraban,
pero pensarlo me pon�a a cien. La curiosidad me pudo, as� que abr� mis ojos
mientras segu�a morre�ndola para poder comprobarlo. Me qued� anonadado. No nos
miraban. Mi hija y Marcelo se besaban y se met�an mano (por encima de sus
ropas), mientras el alem�n, cuya mano estaba detr�s de ella, le sobaba el culo.
Al poco tiempo, mi mujer tambi�n se fij� en esto, y al igual
que yo, se puso a tope. Empez� a masturbarme con mayor frenes�, me met�a la
lengua hasta casi la campanilla (a veces cre�a que me ahogaba), y frotaba sobre
mi pecho una de sus tetas. Yo, sin pensarlo dos veces, le introduje la mano por
dentro del vestido para trincarle la otra y as� comprobar la extrema dureza de
sus pezones. Mi mano derecha, con la cual la pajeaba, estaba empapada de jugos,
pues su co�o cada vez estaba m�s encharcado. Con los dedos que me quedaban
libres, empec� a masajearle el ano, suavemente al principio, para al cabo de
unos instantes, introducir el dedo al completo, masturb�ndola por ambos agujeros
a la vez.
Cuando volvimos a mirar hacia el sill�n donde estaban ellos,
la visi�n fue tan escandalosamente excitante que estuvimos a punto de marcharnos
corriendo hacia los servicios o hacia nuestra casa, para as� poder calmar,
mediante un buen polvo, la enorme calentura que recorri� nuestros cuerpos.
Resulta que el alem�n se encontraba con su poll�n fuera y mi hija lo masturbaba
con todo el descaro del mundo, mientras su novio Marcelo la besaba en la boca y
le acariciaba una teta por dentro del top.
Sin esperar ni un segundo, Ana sac� mi erecta polla del
pantal�n y agarr�ndomela firmemente, empez� a pajearme, a la vez que se sacaba
una de sus tetas por encima del vestido y me la acercaba a la boca para que se
la chupara. Por supuesto que lo hice, procurando, eso s�, ser lo m�s disimulado
posible, para no llamar mucho la atenci�n.
Aunque hab�a mucha gente en aquel local, creo que, excepto
dos o tres personas que s� que nos vieron con certeza, conseguimos pasar
bastante desapercibidos, pues adem�s de que la gente iba a lo suyo, todos los
focos y luces que hab�a eran de colores, ninguno de luz blanca, por lo que hab�a
que fijarse muy a conciencia para darse cuenta de lo que hac�amos.
Estaba a punto de decirle a mi mujer que nos fu�ramos para
casa, cuando me fij� en que mi hija se encontraba mirando fijamente lo que
hac�amos. Marcelo y el alem�n tambi�n nos estaban mirando. Durante algunos
momentos, me mantuve observando alternativamente los rostros de mi mujer y de mi
hija. A veces, se miraban entre ellas, se relam�an con cara de vicio y se
gui�aban el ojo. Dos o tres minutos m�s tarde, no solo masturbaba la polla del
alem�n, sino que tambi�n la de Marcelo. No s� como no me dio un infarto al verla
con esos pollones, uno en cada mano. Si la negra polla de Marcelo era gorda, la
del alem�n no se quedaba corta, pues aunque de longitud era algo menor, de
grosor eran pr�cticamente iguales.
Sin poder aguantar m�s (mis cojones iban a reventar), le dije
a mi esposa que por favor nos fu�ramos para casa. No me hizo mucho caso al
principio, y sigui� paje�ndome y moviendo ligeramente las caderas (para ayudar
en la masturbaci�n que yo le hac�a). Estaba embobada mirando las pollas de
nuestros amigos, con cara de deseo y de vicio, y nuestra hija, a la vez, la
miraba a ella como queri�ndole decir: "uff mami... si pudieras disfrutar de
estas pollas... te ibas a enterar". Por fin, Ana escuch� mis palabras, cogi� su
bolso, se puso bien el vestido y le dijo a Cecilia, con la voz temblorosa por el
nerviosismo y la excitaci�n:
- "Bueno hija, tu padre y yo nos vamos a casa... ya has visto
como estamos, no podemos aguantar m�s. Que lo pas�is bien y andad con cuidado".
Abandonamos el local r�pidamente y nos dirigimos a casa,
ardiendo de deseo, meti�ndonos mano continuamente pero intentando caminar lo m�s
r�pido posible. Cuando quedaban apenas unos 15 metros para llegar, y mientras
hurgaba en uno de mis bolsillos buscando las llaves de la puerta, mi mujer se
sac� las tetas por encima del vestido y camin� as� hasta que entramos en casa.
Cierto era que no hab�a nadie en la calle y que a esas horas, raro era que
hubiera alg�n posible mir�n en alguna ventana, pero para m� verla as�, andando
con las tetas al aire por la calle, como una aut�ntica
puta-calentorra-exhibicionista, me puso... bueno, ya pod�is suponer, m�s
caliente, si cabe, de lo que estaba.
Entramos en casa, y sin poder esperar a entrar en nuestro
dormitorio, Ana se agach� y me la comi� en medio del sal�n, mientras yo soltaba
las llaves encima de la mesa y me quitaba la camiseta. Hice el amago de moverme,
d�ndole a entender que nos fu�ramos a la cama, pero ella parec�a no darse
cuenta, y segu�a moviendo r�tmicamente la cabeza, engullendo mi dur�sima polla
como una fulana hambrienta de sexo.
Al cabo de varios minutos, Ana me agarr� firmemente de las
caderas, se levant�, me bes� en la boca y me empuj� de manera que ca� sentado en
el sof� que hab�a justo detr�s de m�. Acto seguido, se sent� sobre m� y comenz�
a cabalgarme. Le agarraba sus magn�ficos globos mientras contemplaba su cara,
casi desencajada de gusto y calentura. Jadeaba fuertemente, se pasaba ella misma
las manos por los pezones y me ped�a, entre gemido y gemido, que la follara sin
parar.
No es extra�o que, (y teniendo en cuanta la calentura que yo
llevaba arrastrando desde el inicio de la noche), soltara mi leche al poco rato.
No me dio tiempo casi ni a avisarla, y aunque yo pretend�a correrme en su boca,
solo me dio tiempo a sacarla y a correrme sobre su barriga y sus ingles. Me
corr� abundantemente, y ella se esparci� la leche por el cuerpo a la vez que con
la otra mano se abr�a el co�ito y me miraba, d�ndome a entender que la noche
acababa de empezar.
Nos tumbamos en el sof� e hicimos un espl�ndido 69. Recorr�
con mi lengua cada rinc�n del co�o y culo de mi mujer. El sabor de su flujo
mezclado con mi semen era algo que me encantaba. As� estuvimos un rato hasta que
le dije que no se moviera, que se quedara en esa posici�n, a cuatro patas, para
que yo se la clavara desde atr�s. Y as� ge, se la met� en el co�o, a la vez que
le met�a un dedo por el culo y con la otra mano le acariciaba los pezones.
Total, que est�bamos gozando de lo lindo cuando, de pronto,
se escucharon varias voces y la puerta de la calle (que ten�amos justo delante
de nuestros ojos), comenz� a abrirse. Es obvio que esta posibilidad hab�a sido
barajada por nosotros, puesto que al habernos quedado en el sal�n nos expon�amos
a esto. Debo reconocer que la situaci�n nos produjo un morbo tremendo, pues no
cesamos en nuestra faena, seguimos follando, sin decir nada, ante la at�nita
mirada no solo de nuestra hija, sino tambi�n de Marcelo y del alem�n, que sin
esperar mucho empezaron a tocarle el culo y las tetas a Cecilia a la vez que los
tres nos miraban con cara de vicio.
Mi mujer gir� la cabeza y me dirigi� una mirada c�mplice.
Mantuvimos el ritmo de la follada, aunque ahora algo m�s despacio, pues no
quer�amos perder detalle de como Marcelo y el alem�n desvest�an por completo a
nuestra hija y la preparaban para ser follada. Sentaron a Cecilia en el mismo
sof� donde est�bamos nosotros, delante de las narices de mi mujer, y mientras
uno le com�a el co�o desde el suelo, el otro, de pi�, le met�a la polla en la
boca.
Cecilia lam�a la polla del alem�n y ella misma abr�a a tope
las piernas para facilitarle la labor a Marcelo. �ste estuvo unos minutos m�s
chup�ndole el co�o, y despu�s se incorpor� y se dedic� a lamerle las tetas y a
acariciarle todo el cuerpo, a la vez que se�alaba hacia nosotros, indic�ndole
que mirara como foll�bamos.
Aument� el ritmo y la fuerza con la que me follaba a mi
esposa, de manera que su cuerpo, cuando se mov�a hacia adelante, casi se rozaba
con el de nuestra hija, es decir, la cabeza de Ana quedaba a escasos cent�metros
de las tetas de Cecilia. Contemplar esto, produc�a en m� tal excitaci�n que
ten�a que hacer enormes esfuerzos por no correrme. La verdad es que deseaba con
toda mi alma que alguno de los chicos, ya fuera Marcelo o el alem�n, hicieran
algo para que madre e hija se enrollaran y pasaran de una vez a la acci�n sin
ning�n tipo de inhibici�n, ya que, realmente, se ve�a que ellas lo estaban
deseando.
La cuesti�n es que, tras varias embestidas m�s, en las que me
concentr� al m�ximo para hinc�rsela a Ana lo m�s profundo y r�pido posible,
acab� eyaculando en su interior, manteniendo la polla dentro (mientras ella
balanceaba su culazo, lo que multiplicaba mi placer), hasta que solt� la �ltima
gota de leche, en una abundante corrida que me pareci� durar una eternidad.
Cuando le saqu� la polla del co�o, ca� sentado en el sof�, y
me dispuse a masturbarle su culo mientras miraba a nuestra hija, que segu�a
sentada delante de Ana, con la negra polla de Marcelo en la boca y con el co�o
siendo chupado por la �gil lengua del alem�n, que a su vez, con su mano
izquierda... ���se encontraba magreando una de las tetas de mi mujer!!!. No s�
desde qu� momento concreto estaba haciendo esto, ya que, debido a mi posici�n,
no me percat� antes de ello, pero la verdad es que la polla se me empalm� de
golpe al contemplar la cachonda escena, viendo como el chico masajeaba los
pechos de Ana sin sacar la lengua del chochito de Cecilia.
Para poder disfrutar de la escena desde el mejor �ngulo, me
cambi� de sitio, me sent� en una silla que hab�a enfrente y lentamente me puse a
masturbarme. En esos momentos, la polla de Marcelo pasaba alternativamente de la
boca de mi hija a la de su madre, y ambas chupaban con glotoner�a y se ayudaban
la una a la otra en tal sexy labor. Cuando una lam�a, la otra se dedicaba al
agujero del culo, a los huevos o se pajeaban el co�ito mientras sujetaban la
cabeza de la que estuviera mamando en esos momentos.
Al poco rato, Marcelo ocup� el lugar donde estaba sentada
Cecilia, �sta se sent� sobre �l y comenz� a cabalgarlo, pero no de cara a �l,
sino cara a m�. Mientras pegaba saltos sobre su robusta polla, Marcelo le
agarraba las tetas desde atr�s, la besaba en el cuello y le dec�a cosas al o�do.
Mi hija me miraba sin ning�n rubor, sin ninguna verg�enza, la muy putita no
apartaba la vista de mi cipote, se acariciaba ella misma el chochito a la vez
que entraba y sal�a la polla del negro, y de vez en cuando dirig�a su mirada a
su madre, que en esos momentos estaba haciendo un 69 con el alem�n.
Me levant� y me puse delante de Cecilia, estuve unos segundos
observ�ndola de cerca, viendo como botaban sus tetas y contemplando como de su
dulce co�ito sal�a y entraba una pollaza negra gorda y larga. Acerqu� mi mano
izquierda a su cuerpo y comenc� a acariciarle los pechos, lentamente, con
ternura. Marcelo la ten�a agarrada de la cintura y cada vez se la follaba con
m�s fuerza, haciendo que de su boca empezaran a brotar gemidos incontrolados y
gritos de placer.
Gir� la cabeza y me deleit� durante algunos momentos de la
excitante visi�n de mi mujer encima del alem�n devor�ndole la polla, mientras �l
hac�a lo mismo con su co�o. Entonces, de repente, mi hija acerc� su boca a mi
polla y empez� a chup�rmela de una manera colosal, ni siquiera ten�a que
esforzarse mucho en mover la cabeza, ya que bastaba con el agitado movimiento
que hac�a su cuerpo al estar constantemente botando sobre Marcelo.
Por otra parte, el alem�n y mi mujer se dispon�an a iniciar
una buena follada, pues ella estaba adoptando la misma posici�n que nuestra
hija, se dispon�a a introducirse ella misma el vergajo de aquel corpulento
chaval, sentada sobre �l y con la cabeza inclinada hacia atr�s d�ndole un
vicioso morreo. Y ge ella quien, literalmente, se lo foll� a �l, ya que �ste
apenas ten�a ocasi�n de hacer amago de moverse, puesto que mi mujer saltaba y
botaba tan enloquecidamente, que hasta tuvo que frenar sus movimientos ya que le
hac�a da�o en los cojones, al chocar �stos tan violentamente contra su culo. Me
gustaba ver la cara de gusto que pon�a el alem�n, con los ojos semicerrados,
sudando y sujetando a Ana por los cachetes del culo.
Mi hija, mientras tanto, segu�a chup�ndomela y recib�a en su
chocho las cada vez m�s violentas embestidas de Marcelo. Mientras pegaba
saltos sobre �l, me ten�a agarrado por las caderas y solo soltaba las manos para
introducirme alg�n dedo en el culo o acariciarme los cojones. Momentos despu�s,
Marcelo le indic� que se levantara y le dijo que se pusiera a cuatro patas en el
suelo, con la cabeza apoyada en el sof�, a la altura de la polla del alem�n y
del co�o de su madre.
Marcelo se puso debajo de ella y se la clav� por el co�o, y
yo, por indicaci�n de �l, se la met� por el culo. No me lo pod�a creer, aquello
superaba cualquier fantas�a, est�bamos mi hija, un negro y yo unidos en un
fabuloso sandwich... era incre�ble pero, afortunadamente, cierto. Cecilia lam�a
con devoci�n el co�o de su madre y los cojones del alem�n. Adem�s, a veces, por
iniciativa propia, le sacaba la polla del co�o y se pon�a a chup�rsela durante
algunos momentos. Despu�s, con una mano abr�a los labios del co�o de su madre y
con la otra introduc�a de nuevo la gorda polla para que siguiera foll�ndosela.
No pude resistir m�s, mis huevos estaban llenos de leche y no
pod�a seguir haciendo fuerzas para evitar correrme, as� que, sac�ndole la polla
del culo y acerc�ndome a la cara de Cecilia, sali� de la punta de mi capullo un
abundante chorro de leche que llen� por completo la cara de mi hija, as� como
parte del chocho y muslos de mi mujer. Lanc� dos o tres disparos m�s con los que
intent� cubrir por completo sus labios de semen. Marcelo le deposit� su carga
dentro del co�o, sin sac�rsela hasta que no quedaba ni una gota de esperma en
sus cojones. Acto seguido, �l y mi hija comenzaron a besarse apasionadamente,
llenando la boca de Marcelo de mi leche, cosa que a �l no parec�a desagradarle
mucho.
Pocos segundos despu�s, el alem�n sacaba la polla del co�o de
mi esposa, �sta lo paje� y el chaval empez� a eyacular. Ana, h�bilmente, se
encarg� de apuntar hacia la cara de nuestra hija, que estaba preparada con la
lengua fuera como una perrita para recoger la leche. Los �ltimos chorreones se
los ech� por sus propias ingles y por el co�o, mientras besaba en la boca al
alem�n y acababa de exprimirle la polla.
La verdad es que, a esas alturas, yo estaba agotado. Despu�s
de tantas copas y del agotamiento producido por la tremenda sesi�n de sexo que
hab�a tenido lugar, necesitaba a toda costa pillar la cama y descansar. A ellos,
sin embargo, aun les quedaba cuerda para rato. Me fum� un cigarro all� con ellos
y luego me acost�.