Relato: Testigo de la hermosura (4: El malentendido)





Relato: Testigo de la hermosura (4: El malentendido)


TESTIGO DE LA HERMOSURA IV: EL MALENTENDIDO



Aunque los tres encantadores j�venes que me acompa�aban eran
fornidos y resistentes, nada m�s arrancar el auto de regreso al hotel se
quedaron dormidos, rendidos al balanceo de la conducci�n. Igual que a la ida, el
mayor de ellos se sentaba a mi lado, y Jordi y Oriol ocupaban el asiento
trasero, entre abrazados y abandonados. La estampa que pod�a contemplar desde el
retrovisor era tierna y sugerente: los chicos se hab�an despojado de sus
camisetas y reposaban piel contra piel , torso contra torso.


El sol de alta monta�a les hab�a bronceado el cuerpo y el
rostro, y Oriol se ve�a m�s rubio a�n y Jordi m�s casta�o claro. Gonzalo, por su
parte, descansaba su cabeza sobre la ventanilla y sus piernas se acercaban a mi
lado, como buscando la diagonal. Tambi�n iba a pecho descubierto, pero a�ad�a
otro atractivo a su indolencia: la bragueta de su breve pantal�n estaba abierta.
Por la colocaci�n en que se sentaba apenas se ve�a nada, as� que no le di m�s
importancia.


Pero al tomar una curva el chico se balance� y cambi� de
posici�n. La cremallera antes ajustada, ahora se separaba dejando el delicioso
glande a la vista. En plena recta decid� observar mejor los detalles que se me
propon�an. El bello Gonzalo reposaba c�ndidamente sujet�ndose la cabeza con el
brazo derecho y el izquierdo ca�do sobre el muslo. Se marcaban muy bien sus
m�sculos m�s evidentes: los abdominales y, dada la posici�n del brazo, su b�ceps
derecho. "Delicioso", pens�. Y lament� que el coraz�n del muchacho estuviera
guardado bajo llave. Pero con el traqueteo la abertura de su pantal�n crec�a, y
cada vez aparec�a un pedazo de carme m�s grande. A los tres minutos era
imposible concentrarse en la conducci�n.


Una apetitosa polla de unos 17 cm asomaba la cabeza
descubierta implorando mi atenci�n. No le ve�a la ra�z ni los huevos, bien
guardados por la tela, pero s� el capullo suculento marc�ndose claramente, y las
venas del tronco en plena tensi�n. En medio de mi deseo imagin� que me la com�a,
y un poco de saliva enjuag� mi lengua sedienta. Inconscientemente cerr� los
ojos, algo que pod�a haber resultado fatal en una carretera como aquella. Me
puse nervioso. No pod�a concentrarme en los virajes. La polla de Gonzalo me
martilleaba el pensamiento. No pod�a dejar de mirarla, renunciando por unos
instantes a la vista de la cinta de asfalto. Pens� si me atrever�a a tocarla. El
chico dorm�a, no ten�a por qu� pasar nada. Pero entonces me di cuenta de que se
acariciaba levemente la parte interna del muslo izquierdo. Quiz� no estaba tan
dormido. Quiz� era una trampa para ver c�mo reaccionaba yo. Quiz� era la
excitaci�n la que empujaba al chico a ofrecerme su tesoro para que lo
disfrutara. Pero record� su comentario del primer d�a: no le interesaba el sexo
con hombres. Me lo hab�a repetido quiz� un par de veces, y lo hab�a dejado bien
claro aquella misma ma�ana cuando me contaba la insistencia de Oriol para
asaltar su lecho.


Aprovech� una nueva recta para tantearlo. Al cambiar de
velocidad toqu� levemente su rodilla, pero no se alter�. Le puse la mano sobre
el muslo y no se inmut�. Yo, en cambi�, herv�a de excitaci�n. Su piel,
desconocida hasta ese momento, era tan sedosa como la de los dem�s ni�os, suave
y tersa, ausente de vello. Mov� levemente los dedos. Su polla se estremeci�,
absorbiendo completamente el empuje de la sangre que su coraz�n atl�tico
bombeaba. Oh, Gonzalo, �Por qu� me castigas as�? �No sabes que el deseo aumenta
ante la imposibilidad de saciarse? Oriol me entusiasmaba por su frescura, por su
falsa ingenuidad, por su disposici�n absoluta al forcejeo sensual permanente.
Jordi me enamoraba por su sencillez, su sensibilidad, su ternura, su curiosidad
contenida por su aparente retraimiento. Pero Gonzalo, tan bello como
inaccesible, �qu� me inspiraba? Sent�a por �l tambi�n cari�o, siendo consciente
de que no podr�a fundirme con �l en un abrazo significativo? No era s�lo su
hermosura. Me atra�a su forma de ser, su vanidad que escond�a algunas
inseguridades, su forma de re�rse del m�s peque�o, la naturalidad con que me
trataba sabiendo que me mor�a por abrazarlo y besarlo, por comerlo y follarlo.


Me content� con las peque�as caricias en la pierna. Mir� y
remir� su miembro hasta que me sab�a de memoria todos sus recodos. Pero no
profan� su candor. Aparqu� frente al hotel. Nadie se inmut�. Esper� unos
minutos. La erecci�n de mi acompa�ante no se rend�a. La m�a tampoco. Empec� a
tocarme, sin dejar de repasarme los labios e imaginar que lam�a ese glande
deslumbrante. Me corr� a los breves minutos. Sal� del coche, y el portazo los
despert�. Jordi y Oriol se desperezaron pronto. Gonzalo tard� un poco m�s.


-Chicos, nos echamos una siesta. Si quer�is, nos damos un
ba�o antes de que cierren la piscina.


Los menores se fueron a sus habitaciones, pero Gonzalo, a
pesar de estar despierto, no sal�a del veh�culo. Me acerqu� a su ventanilla y
baj� el cristal. Me mir� amenazadoramente.


-�Quieres explicarme qu� hago yo con la cremallera bajada y
la polla asomando?


-T� sabr�s por qu� no llevas ropa interior.


-�Eso qu� tiene que ver? Yo visto como me da la gana.


-Gonzalo, t� sabes que est�s bueno cantidad. Hasta los
peque�os se han dado cuenta y han bromeado sobre el asunto. Con unos pantalones
como �stos, es una provocaci�n no llevar slip...


-O sea que reconoces que me has tocado.


-Yo no he dicho nada de eso.


-Y c�mo se me baj� la cremallera?


-No s�, chico. Te la deb�as olvidar cuando measte antes de
subir al coche.


-Venga, hombre, que no soy tan est�pido. Te has aprovechado
de mi sue�o para profanar mi intimidad.


-No dramatices. Yo no he profanado nada. Me di cuenta de que
llevabas la bragueta abierta a medio camino. Y claro, no te voy a negar que
tienes una polla sabrosa y que la he observado un buen rato, pero de ah� a
tocarte...


-Sabes? Me ca�as bien. Pero veo que no se puede confiar en
ti. Todos los maricones sois iguales. A saber lo que les har�s a esos pobres
ni�os.


Me enoj� la insinuaci�n y agarr� al chico del hombro. Yo
so�aba abrazarlo, pero ahora que ten�a su piel en mis manos era bajo en signo de
la violencia.


-Mira, macho, esc�chame bien. En mi vida he hecho algo con un
chico de lo que me deba arrepentir. Nunca he forzado a nadie a hacer algo contra
su voluntad.


-Tampoco en mi caso, �verdad? Cuando se est� dormido no se
tiene voluntad...


Con un gesto brusco se liber� de mis manos. Abri� la puerta y
me mir� a los ojos mientras se sub�a la cremallera.


-Me das asco.


-Venga, chaval, deja de decir estupideces. Yo no te he hecho
nada.


-Vete a la mierda!


Me dej�. Yo estaba demasiado nervioso para captar la belleza
salvaje del chaval enojado. Sus rasgos se hab�an acentuado, su cuerpo parec�a
m�s fuerte, su silueta se recort� en el sol ya bajo del atardecer, destacando la
redondez de su trasero. Pero en ese momento no era sensible a esa beldad
desatada. Sent�a que Gonzalo se alejaba, sent�a que lo perd�a, sent�a que se
abr�a un abismo.


No pude dormir. Quer�a arreglar el malentendido en seguida.
Cuando sal� a la piscina vi a Gonzalo jugando con las bolas del billar que hab�a
en las carpas del jard�n. Hac�a malabarismos, y Jordi y Oriol lo observaban y
aplaud�an. Tres bolas, cuatro bolas, cinco bolas... Era sorprendente la maestr�a
del chaval. Una caja de sorpresas, el madrile�o. Me qued� en la barra
observ�ndolos. No me hab�an visto. Gonzalo estaba resplandecientemente bello,
tan bronceado, tan esbelto, tan sonriente. Le encantaba ser admirado, y ahora
pod�a disfrutar de una dosis envidiable de admiraci�n. Otros clientes tambi�n lo
observaban. Oriol intent� emularlo. Las bolas cayeron. Entonces el muchacho se
puso a ense�ar a los m�s peque�os la t�cnica del malabarismo. Poco a poco fueron
consiguiendo peque�os logros, y cada vez que Gonzalo se apretaba contra Oriol
para felicitarlo o se abrazaba a Jordi para animarlo yo sent�a un gran pesar. El
buen humor reinante me anim� a acercarme.


-Mira, S�c, Gonzalo nos est� ense�ando malabarismos �coment�
Oriol.


-F�jate lo que hago �reclam� Jordi. �Eh, �lo has visto? �No
me estabas mirando!


No estaba mirando las proezas de mi ni�o. Me hab�a quedado
boquiabierto contemplando la hu�da cobarde de Gonzalo, nuevamente su silueta
posterior alej�ndose, acrecentando la distancia, excavando el abismo.


-Eh, Gonzalo, �a d�nde vas? �grit� Oriol.


-�Qu� le pasa? �inquiri� Jordi.


-No lo s�, chicos. Creo que antes nos hemos peleado.


Cen� con mi hermana. Apenas ten�a ganas de hablar. Ella me
pregunt� y tuve que contarle la escena. Los chicos guardaron las distancias al
verme con la que ellos supon�an mi novia. Los padres de Jordi se acercaron para
agradecerme la excursi�n. Su hijo, como siempre, hab�a quedado complacido y
dec�a que quer�a ser alpinista. La madre de Oriol ni se acerc� a la mesa. Cada
vez era m�s evidente que su hijo era un estorbo para ella. Gonzalo cen� con sus
padres, pero cambi� de posici�n: se sent� en la silla que me daba la espalda.
Sole me anim�.


-Venga, Soc. Alegra esa cara. Todo se arreglar�. Debes querer
mucho a ese chico para que te lo tomes tan a pecho.


-Lo m�s jodido es que no s� si lo quiero. Me deslumbra,
pero... no s�. Ya sabes que soy muy sensible a las injusticias. Me molesta que
no me crea.


-Apuesto a que te hubiera gustado hacer lo que �l te imputa.
Los ojos te brillaban de un modo especial cuando me contabas c�mo aparec�a su...


-�He llegado a pensar que me estaba poniendo a prueba! Pero
no. Se ha enfadado de verdad. Incluso me ha insultado.


-No pienses m�s. Y no te rebajes pidiendo disculpas por algo
que no has hecho. Ya se cansar� de hacerse el ofendido.


A las diez ya estaba en mi habitaci�n. Imagin� a los chicos
en la sala de juegos, aprendiendo alguna de las habilidades del madrile�o. Me
fui calmando, y decid� dejar que el tiempo colocara a cada cu�l en su sitio. La
hermosura no implica necesariamente la nobleza, y si ese era el caso de Gonzalo
no deb�a dedicarle m�s tiempo. Mir� un rato la tele y me venci� el cansancio.
Pero un ruido me despert�. Los consabidos golpes en la puerta.


-Me vengo a dormir contigo. Ya s� lo que vas a decir. No te
preocupes, les he dicho que duermo con Gonzalo, y �l est� al corriente.


-Est� bien.


El contacto de la piel melosa de Jordi me transport� a otro
mundo. Poco a poco Gonzalo fue desapareciendo, y mi universo fue s�lo el
nadador, su belleza casi ultrajante, la calidez de su piel, sus besuqueos
aterciopelados. Estuvimos un rato acarici�ndonos y charlando de la haza�a del
d�a, de las an�cdotas vividas, de las ocurrencias de Oriol, de los pantalones
ajustados y sin nada debajo de Gonzalo. El drama se hab�a desvanecido. Cubierto
por las caricias y abrazos de Jordi imagin� que todo se solucionar�a muy pronto.
Y me encontr� besando en profundidad la garganta del chico, en un beso
apasionado, un beso entregado, el beso definitivo. Las caricias, hasta entonces
sensibles y relajadas, se convirtieron en augurios del roce que se anunciaba.
Busqu� su polla, que encontr� caliente y r�gida. �l busc� la m�a y demostr�
tiernamente el goce que le ocasionaba encontrarla tan grande y dura. Se agach� y
comenz� a lamer. Su humedad me invadi� para transportarme a la demencia. Su
lengua jugueteaba desenfadadamente para luego postrarse plana y envolvente como
adorando mi glande en una liturgia enloquecedora. Pero son� un ruido. Jordi no
abandon� su tarea. Estaba tan entregado que ni siquiera hab�a escuchado que
llamaban a la puerta.


-Ser� el enano. Debo abrir.


-S�c...


-No te preocupes. Lo mando a la cama. Hoy quiero estar solo
contigo.


Me pag� la fidelidad con una sonrisa tan impresionante que
casi me desmayo. Abr� la puerta y all� estaba, fornido, vigoroso, en�rgico,
erguido, pero no desafiante ni presuntuoso. M�s bien d�cil y avergonzado.


-Oye, Soc...


-Ahora no puedo. No estoy solo, y estoy a las puertas de algo
importante.


-No, si ya estoy al corriente.


-Pues entonces, �qu� esperas? D�janos. Nos vemos ma�ana.


-Es que quer�a decirte algo...


-Ma�ana.


Iba a cerrar la puerta, pero Gonzalo me lo impidi�.


-Quiero pedirte disculpas.


-Ma�ana.


-Por favor, dime por lo menos que las aceptas.


No pude menos que sonre�r. Gonzalo me pareci� el chico tierno
que est� a punto de entregarse. No s� si aquella noche hubiese compartido mi
cama, quiz� s�, pero ya estaba ocupada. Y adem�s Jordi me permit�a comunicar
todo mi cari�o hacia �l, hablaba mi mismo lenguaje de besos y caricias, era mi
c�mplice y mi amante. Nada de eso pod�a ofrecerme Gonzalo.


-Las acepto. Los detalles, ma�ana. Tambi�n quiero
explicaciones.


Se le ilumin� el rostro. Me agarr� la mano y not� un
acercamiento. Creo que iba a abrazarme. No lo permit�. Me qued� con el tacto
suave y tembloroso de su mano.


-Hasta ma�ana. Que lo pas�is bien.


Y me gui�� un ojo.


-�Era Oriol?


-No. Era Gonzalo. Quer�a pedirme perd�n.


-Seguro que os hab�is peleado por una tonter�a. A veces los
adultos dais importancia a cosas que no la tienen.


-Igual que los j�venes.


-�Los j�venes no tenemos importancia?


-Ya me has entendido.


Me qued� fuera de la cama, tendido en el suelo. Jordi se
mantuvo en un silencio expectante. Cuando no lo esperaba me deslic� dentro de la
s�bana y devor� todo su sexo. Aquella misma polla que me hab�a parecido infantil
unos d�as antes era ahora un miembro digno de homenaje. La pod�a contener toda,
jugando con la lengua a proferirle caricias y alabanzas, besando con los labios
sedientos la ra�z lampi�a de su ap�ndice. Primero se ri� de mi ocurrencia, pero
poco despu�s se relaj� para recibir c�modamente el placer. Unos nuevos toques
con los nudillos en la puerta me sobresaltaron.


-Ahora s� que es el rubito.


Lo era.


-S�c, quiero dormir contigo.


-No puede ser, cari�o.


-A m� no me importa que est� Jordi. Los tres lo podemos pasar
muy bien.


-Sin duda. Pero no hoy. El otro d�a estuve a solas contigo,
�recuerdas? Pues hoy le toca a Jordi.


-No voy a poder dormir, pensando en lo que hac�is.


-No vamos a hacer nada que no sea natural. Venga, vete a la
cama.


-Pero no puedo regresar a mi habitaci�n. Le he dicho a mi
madre que dormir�a con Gonzalo, y...


-Pues duerme con Gonzalo.


-Ya me gustar�a. Pero no me deja que me acerque.


-Estoy seguro que hoy ser� m�s comprensivo.


Me qued� mirando c�mo se alejaba por el pasillo. Unas puertas
m�s abajo, grit�:


-�Que foll�is bien!


Al regresar a la cama vi que Jordi se hab�a colocado boca
abajo, con las piernas abiertas, ofreciendo su culo de belleza floreciente. Lo
levantaba con impudicia, y de ese mont�culo exquisito brotaba como un ramo su
tronco esbelt�simo, invitando a acariciarlo al mismo tiempo de poseerlo. Pero
a�n no era el momento. Como d�as antes, decid� tributarle mi admiraci�n y apego
con las humedades de mi lengua. Lam� y relam� la puerta del para�so, encontrando
infinidad de sabores y estremecimientos. El chico se mov�a t�midamente, abriendo
a�n m�s su hendidura trasera y gimiendo de placer. Creo que siempre he sido muy
sensible a lo oral, porque en ese momento no entend�a mi exploraci�n lingual
como un proleg�meno ocasional, sino un objetivo por si misma. Saborear las
intimidades jugosas de los chicos es uno de los contentamientos mejores que
conozco, sobretodo por las reacciones que en ellos despierta, la novedad de los
sentidos que afloran, el descubrimiento de un goce hasta entonces inexplorado.
Con la respiraci�n profunda pero sin mediar palabra Jordi me comunicaba su
entrega y su delicia, y yo me sent�a c�modo y orgulloso como el caballero
durante la haza�a. Pero un cambio brusco de posici�n me indujo a una nueva
situaci�n. El chico se coloc� de perfil, agarr�ndome la cabeza para que no
abandonara el manjar que disfrutaba, y flexion� al mismo tiempo el cuerpo para
acercar la boca a mi sexo. Enseguida entend� qu� pretend�a, y me acomod� tambi�n
de perfil, sin dejar de besar y chupar el suave ano del muchacho. �l tom� con
respeto y cari�o mi polla y comenz� a succionar. Hay un raro instinto que empuja
a los chicos a contener el sexo en la boca trat�ndolo como un caramelo. Chupan,
lamen y relamen sin descanso y no quieren perder el tesoro que su boca encierra,
buscando caminos para que su estancia sea agradable en extremo. S�, Jordi me
estaba haciendo gozar mucho. Las dos actividades paralelas se complementaban,
atacaban distintas zonas del cerebro, empujaban a una org�a de endorfinas que no
quer�a terminar. Yo cerraba los ojos y me repet�a: "Qu� culo tan exquisito, qu�
mamada imponente me est� dispensando", y me convenc�a a m� mismo de que tanto
placer s�lo puede derivar de la ternura y el amor a la juventud.


Pero otras im�genes se cruzaban en el camino. La m�s
recurrente era la del chico tendido en la cama, con el culo alzado y
entreabierto, sus anchos hombros flanque�ndolo, su cuerpo todo entregado. Y
decid� trabajar para que esa entrega fuera efectiva. Mi lengua se adentraba
escasos cent�metros en el recto del chaval, pero mis dedos empezaron incursiones
m�s profundas. Primero uno, luego otro. Los fr�giles tejidos del anillo anal se
hab�an reblandecido con las humedades l�bricas, y la entrada estaba ahora
dilat�ndose con la misma facilidad. Los dedos avanzaban y la lengua segu�a su
trabajo, y unos leves movimientos de Jordi me indicaron hasta qu� punto deseaba
ya la penetraci�n. Al mimo tiempo se esmer� a�n m�s en la mamada. Mi polla
estaba absolutamente hinchada, exasperada por el placer presente y el venidero,
�vida por ser contenida por cavidades m�s estrechas y menos vers�tiles, pero
igual de dulces. Con una suave rotaci�n me situ� a la puerta. Y as�, de perfil,
con la m�xima delicadeza y respeto a la dignidad de su persona, entr�.


Cada cuerpo es una novedad. Penetrar a Jordi fue como una
primera vez, tambi�n para m�. Mi polla fue agasajada con la suavidad extrema, mi
cuerpo todo goz� del contacto, la frescura me invadi� y me hizo rejuvenecer unos
a�os, la candidez la viv�a tanto �l como yo. Entr� a fondo, y luego bombe�
lentamente. S�lo se escuchaban los mismos gemidos controlados; ninguna queja,
ninguna sugerencia, una entrega total. Aceler� el ritmo. Me envolv�an unos
cortinajes aterciopelados, los dem�s sentidos me hab�an abandonado, el tacto tan
solo permanec�a en guardia, en guardia y en plenitud. Mientras entraba y sal�a
yo resoplaba excitado en la nuca del chico, que alarg� la mano y me toc� la
cara. Not� un dedo en los labios. Lo bes�, y se introdujo en mi boca
inmediatamente. Luego otro lo substituy�. Yo chupaba sus dedos como si de su
polla se tratara, masajeaba lascivamente esa piel que tambi�n era m�a. Mi mano
se agarr� al m�stil juvenil, que se mostraba en plena efervescencia, como una
extensi�n del m�o, que gozaba tan cercano. Los gemidos crecieron de intensidad,
los bombeos se acentuaron, el tiempo se par� y perdimos el sentido. S�lo una
humedad en mi mano me regres� a la realidad. Me hab�a corrido en su interior,
pero no recordaba nada. Hab�a en mi vida un antes y un despu�s de esa
eyaculaci�n.


Consciente de la hospitalidad del chico no la saqu�, pero lo
obligu� a contornearse para alcanzar su boca. Ese beso fue casi como un
testamento. Dur� una eternidad. Las lenguas se enlazaban como si se acabaran de
encontrar despu�s de desearse toda una vida.


En la misma posici�n, las respiraciones se calmaron y las
caricias sucedieron al beso. Entonces Jordi habl� con timidez, casi susurrando:


-S�c, �tu crees que es normal que un chico quiera a un
hombre?


-Tan normal como que un hombre quiera a un chico.


-�Eso significa que me quieres?


-Pues claro que s�. M�s que a nadie. �Y t�?


-No lo s�. Siento algo, pero no s� definirlo. Nunca antes lo
hab�a sentido. S�lo s� que si no estoy contigo te echo de menos. Siempre tengo
ganas de estar contigo.


Nos fundimos en un nuevo beso. Entre morreo y morreo, la
dulce boca de Jordi dijo aquellas palabras que tanto nos gustan y que no admiten
negativas:


-Quiero m�s.


El revolc�n nos llev� al suelo. All� domin� el cuerpo del
chaval para que se colocara a cuatro patas, apoyando el pecho y los brazos sobre
la cama. Mi polla, que a�n no hab�a tomado aire fresco, estaba de nuevo a
disposici�n. Abrac� a mi ni�o para disfrutar no s�lo de su culo, sino de todo su
cuerpo. Me faltaban brazos para contener la fortaleza y gentileza de su torso.
Mis ojos recorr�an una ruta excitante e inquieta: de sus nalgas acogedoras a su
cintura firme, de su espalda generosa a sus omoplatos tan marcados, de sus
hombros ampl�simos a su cuello exuberante. Avanc� y retroced� nuevamente entre
sus carnes. La enajenaci�n lleg� de nuevo a mis sentidos. El cari�o se desbord�
y mis manos no sab�an estarse quietas. La polla de Jordi se superaba a si misma;
la m�a hab�a cobrado vida propia. De nuevo moj� su interior. �l tard� un poco
m�s: mis palmas contuvieron la leche arrojada a chorros que yo me llev� a la
boca. Y nos quedamos quietos. Yo, agarrado a su tronco como si fuera a perderlo,
besando su cuello con pasi�n. �l, acurrucado y encantado de ser pose�do,
ofreci�ndose humildemente como un obsequio.


Antes de que repitiera la frase m�gica lo levant� y lo
recost� en la cama. Mi rabo, un poco fl�cido, sali� de su culo con tristeza y
melancol�a. Se hab�a ilusionado en quedarse a vivir all�. Boca arriba, su mirada
buscaba mis ojos.


-Eres lo m�s bello que he visto en mi vida.


Sonri�.


Lo agarr� por los tobillos y le levant� las piernas. Las
acomod� en mis hombros. Busqu� de nuevo su agujero y entr�. Su mirada
escudri�aba mi rostro buscando asomos de sensaciones. Yo hac�a lo mismo. Pero
s�lo encontraba esa sonrisa, esa inquebrantable sonrisa que me empeque�ec�a.
Aplast� su cuerpo buscando su boca. Nos enlazamos en medio de un frenes� largo
rato, hasta que, sin ponernos de acuerdo, aguantamos la respiraci�n para
saborear mejor el momento sublime de la descarga.


Nuevamente Jordi quebrant� el silencio del momento despu�s.


-No me preguntas nada?


-�Qu� quieres que te pregunte?


-No s�... Si me ha gustado.


-Creo que te ha gustado. �Verdad?


-Mucho. �Y en su af�n por definirlo todo: -No s�... es como
si mi culo hubiera estado dormido todo este tiempo... y ahora hubiera
despertado... Se siente genial.


-Pues mi polla dice que le gustar�a vivir dentro de �l.


-Oye, �es posible quedarse toda la noche con tu polla dentro?
Me encantar�a.


-Vamos a probarlo. Aunque no estar� tan dura. Yo normalmente
no aguanto tanto.


�nicamente mi sexo descans� aquella noche. Acurrucado en la
cuna m�s acogedora, se meci� entre cojines ex�ticos. Jordi, arropado por mi
abrazo efusivo, se durmi� enseguida. S�crates, exhausto, inici� esa velada
prodigiosa: custodiar y amparar celosamente el sue�o apacible del adolescente.



El jueves me levant� agotado. Pero deb�a continuar con mi
cometido: dedicarme a los chicos. Jordi propuso ir a montar a caballo. Gonzalo
acept� autom�ticamente. Desde el incidente del d�a anterior estaba muy
comunicativo, pero no hac�a ninguna referencia a la charla que l�gicamente
deb�amos mantener para aclarar los t�rminos. Decid� esperar pacientemente, pero
aument� la distancia interpersonal para que se percatara de la magnitud de la
ofensa. �l reaccion� como yo esperaba: me tocaba del brazo, me agarraba del
hombro, incluso me cogi� del cuello una vez que me susurr� al o�do un comentario
ocurrente, y not� que sus dedos intentaban un peque�o masaje, algo que se pod�a
interpretar como una caricia. Inocente, pero una caricia.


Llegamos a la h�pica y Oriol repiti� sus bromas acerca del
rabo de los caballos. Gonzalo ri� sus gracias, quiz� por la novedad. Pero cuando
comenzamos a cabalgar el madrile�o anim� a su equino y desapareci�. Me
sorprendi� su destreza manejando al animal, pero no me preocup�. S� en cambio al
responsable de la h�pica, que estaba acostumbrado a la docilidad de sus
clientes. Toda la hora estuvo el chico montando por su cuenta, y ya al final
apareci� galopando desde lejos para hacer su entrada triunfal. Cuando lleg�
donde nosotros hizo levantarse al caballo sobre las patas traseras, y los
peque�os se quedaron boquiabiertos. Gonzalo los estaba seduciendo con su
portentosa habilidad para los deportes y actividades en general. Oriol quiso
enseguida que le ense�ara a montar, y aprovechando que el cuidador atend�a a
otros clientes, se subi� en el regazo del joven jinete. Fueron a dar una vuelta
al trote, pero Oriol no hab�a dejado de ser Oriol, y cuando tomaron el camino de
regreso y caminaban al paso, el peque�o hizo alguna de sus travesuras sexuales,
cosa que indign� al mayor, porque m�s que ayudarlo a bajar lo tir� del caballo.


-A m� no me pidas nada m�s, �me oyes?


-Es que eres un soso.


-Y t� un guarro.


Y se alej� de nuevo al galope.


-�Qu� ha pasado? �pregunt�.


-Nada. Que es un aburrido.


-�Qu� le has hecho?


-Poca cosa. Total, s�lo le he tocado el paquete, para ver
c�mo tiene de grande la polla.


-�Y c�mo la tiene? �inquiri� Jordi, que compart�a su
admiraci�n por el jinete.


-La ten�a blanda, pero grande.


-�Y eso es todo? �indagu�, convencido de que la osad�a del
chavalillo no se hab�a quedado ah�.


-Bueno, tambi�n me he bajado los pantalones y le he frotado
mi culo en su paquete.


Y solt� una carcajada explosiva.


-�Me he sentado sobre su polla! �a�adi�.


Todos nos re�mos un buen rato, hasta que Gonzalo apareci� de
nuevo, pag� su caballo y, sin mediar palabra, se dirigi� hacia mi coche y se
sent� donde siempre. Puso en marcha el equipo musical y son� una cantata de
Bach.


-Y encima ese rollo de la �pera �mascull� para que lo
oy�ramos.


-Eso no �s �pera, chaval.


-Me da igual. �Cu�ndo nos vamos?


El regreso fue bastante silencioso. Oriol intent� pedirle
perd�n pero se le escapaba la risa. En una ocasi�n, cuando se hab�a serenado e
iba a hablarle al mayor, lo agarr� por el hombro.


-�No me toques!


-Gonzalo, no puedes ir de cabreo en cabreo -decid�
reprenderle.


-Pues no os met�is m�s conmigo.


Llegados al hotel faltaba una hora para la comida, as� que
nos trasladamos a la piscina. El madrile�o se tir� al agua, nad� un minuto y
luego se tendi� al sol. Hac�a un calor abrasador. Los ni�os se pegaron a mi,
como si yo tuviera la clave del asunto. Nos tomamos unos refrescos y les
aconsej� que dejaran al otro un rato solo. Y empezamos a charlar de otras cosas,
como las propuestas para los d�as venideros. Sin embargo, pronto son� mi
tel�fono m�vil. Los chicos aguzaron los o�dos para seguir la conversaci�n, as�
que me alej� un poco. Era Germ�n.


-�C�mo est�s?


-�ntegro, todav�a. Bueno, de lo que t� ya sabes.


-�Y tu franc�s?


-Por ah�. No lo ver� hasta la tarde. �Sabes? El t�o se pega
mucho y mi madre me ha advertido que no me acerque tanto a �l. Creo que sospecha
algo.


-Pues dile lo que sientes.


-�Ni de co�a! Ya no me dejar�a salir. Siempre se est�
metiendo conmigo, por la manera de vestir. No le gustan los pantalones
ajustados.


-Igual que a m�.


-�Qu� dices? �Claro que te gustan!


-No, a m� lo que me gusta es bajarlos, y tirarlos bien lejos.


-�Sabes c�mo estoy ahora?


-Con la polla en la mano.


-S�, �pero qu� m�s?


-Desnudo.


-Muy bien. Voy a pegarme una ducha, pero antes me apetece
pajearme a tu salud. Vamos, dime alguna guarrada para inspirarme.


-No puedo. Tengo p�blico alrededor.


-Vaya. Oye, �sabes que el s�bado voy a una boda?


-�Te casas?


-No. Es mi t�a. La hermana peque�a de mi madre. Ser� una
rollo. No s� si decirle al franc�s que se venga de inc�gnito.


-No habr� ning�n primo que te alegre el acontecimiento?


-No tengo primos. S�lo primas. F�jate qu� mala leche. Adem�s,
mi madre est� decidida a presentarme a una amiga de mi prima que es de Bilbao,
como t�. A lo mejor la conoces.


-No lo creo. �A ver si te vas a echar novia! Estoy seguro que
tendr�s �xito entre las chicas.


-Estoy harto de chicas. Son unas liosas y unas hip�critas. Te
aseguro que a mi madre le encantar�a.


-�Qu�?


-Que me echara novia. As� se tranquilizar�a. Oye, no estar�a
mal la comedia de una novia virtual para que me dejara salir hasta m�s tarde.


-�Y d�nde es la boda?


-No s�, creo que pasamos cuando vinimos hacia aqu�. En Fraga.
�Puede ser? �Hay un sitio que se llama Fraga?


-S�. �A qu� hora?


-�La boda? A las seis de la tarde. Luego del banquete nos
vamos de discoteca. Imag�nate el aburrimiento, con todas mis primas y sus
amigas.


-No te preocupes. Alg�n invitado habr�... o un camarero...


-�Qu� fuerte! �Te imaginas meterse en el almac�n con un
camarero? �El jefe busc�ndolo y nosotros follando alegremente entre las cajas de
cerveza?


-�Follando?


-Yo no descarto nada.


-�No esperar�s hasta fin de mes?


-No s� si podr�. Y a ti, �c�mo te va?


-Muy bien. Mis chicos son encantadores. Ahora son tres. Lleg�
un madrile�o que est� como dios. Pero es h�tero convencido. Y te juro que me
encantar�a clavarlo.


-Debes convencerlo de que no hay nada como una polla... Oye,
mi vieja me llama a comer. Te tengo que dejar. Y la paja, para luego. No te
olvides de tu compromiso.


-No lo olvido. De hecho, pienso en �l m�s de lo que t� crees.



No ment�a. Durante la conversaci�n ya hab�a calculado
mentalmente las posibilidades. Fraga est� en Huesca, igual que Benasque. Una
hora y media de coche y pod�a presentarme en la boda y tener una luna de miel
con Germ�n. Los chicos me preguntaron por la sonrisa que se me estaba dibujando.


-Es que se casa una amiga m�a y me planteo si voy a ir o no,
a la boda.


-No vayas �orden� Oriol. �Las bodas son un rollo.


-�Cu�ndo es? �curiose� Jordi.


-Este s�bado.


-No vayas �repiti� el rubio. �Aqu� tambi�n habr� boda. Jordi
y yo nos casaremos y t� ser�s el cura. Follaremos todos, los novios, el cura,
los invitados...


-�Qu� invitados? �pregunt� Jordi.


-Gonzalo. �l puede ser el padrino. Tambi�n nos follaremos al
padrino.


-Debemos tener cuidado con Gonzalo �asever�. ��l no es como
nosotros. Se est� saturando de tanto sexo.


-�Tanto? �Si s�lo lo he tocado! Lo que me gustar�a es que me
follara, o por lo menos que viera c�mo t� me follas. �Te imaginas? �Qu� dir�a?


-No le gustar�a �afirm� Jordi.


-Vamos a dejar a Gonzalo en paz. Y c�lmate un poco esos
instintos. O desc�rgalos en Jordi, que est� m�s bueno que Gonzalo.


-Pero Jordi ya se deja �protest�. �A m� me gustan los chicos
dif�ciles.



Mir� hacia donde el madrile�o descansaba. Ya no estaba. Cerca
de all�, al lado de unos setos, hab�a tres chicas de unos quince a�os, y el
guapo estaba charlando amigablemente con ellas. Estaba sentado con las piernas
abiertas, como el d�a en que lo conoc�. Me imagin� el panorama que estaba
ofreciendo a sus amigas. Incluso me pareci� que se daban codazos y se re�an
disimuladamente. Los chicos no lo hab�an visto.


-�Nos ba�amos?



Por la tarde no salimos. No vimos a Gonzalo, as� que, a
propuesta de Jordi, nos quedamos en mi habitaci�n descargando las fotos de la
ascensi�n al Aneto en el ordenador. Por el pasillo, Oriol se atrevi� a meter
toda la mano en mi ropa interior. Una vez m�s, tuve que reprenderle. Y tan s�lo
cruzar la puerta de mi estancia, su ropa vol� y exhibi� una lustrosa erecci�n.
Pronto le arranc� la ropa a Jordi. Yo me qued� en ba�ador. Estando a�n de pie,
sus labios rozaron la tela de mi vestimenta provocando el crecimiento del bulto.
Y solt� el cord�n, pero todo se qued� ah�, porque fui a buscar el port�til y la
c�mara. Nos sentamos a ver las fotos y Jordi se abraz�. R�pidamente not� que
hab�a alg�n juego de complicidad entre los dos peque�os, por sus risitas
excitadas. Las fotos se suced�an. Destacaba una donde aparec�an los tres
hermosos culos de mis acompa�antes vistos desde abajo, en plena ascensi�n, con
los m�sculos de las piernas marcados por el esfuerzo.


-�Qu� bueno est� Gonzalo! �coment� Oriol, comenzando a jugar
con mi polla.


Vistas las t�picas fotos de la conquista de la cima, me
encontr� de pronto ante una imagen singular. Los chicos se part�an de risa. Yo
estaba mudo de sorpresa. Era una foto de Jordi y Oriol con las mallas en los
tobillos y el culo bien abierto.


-�Vaya par de culos! �observ�. La mano de Oriol segu�a pegada
a mi miembro.


-Te ha crecido la polla cuando nos has visto �observ� el
peque�o.


-Es que le gustamos �a�adi� el nadador.


La siguiente foto mostraba a Oriol chup�ndole el sexo a
Jordi. Su mueca era de risa, m�s que de placer. El escenario era rocoso y
cargado de vegetaci�n.


-�Cu�ndo echasteis esas fotos?


-Mira la siguiente.


En la siguiente se ve�a a Jordi en la misma posici�n que
Oriol. En este caso su rostro s� demostraba placer.


-Est�is guap�simos. Pero �cu�ndo echasteis las fotos?


-Cuando t� desapareciste �dijo Jordi. -Te quedaste en el
refugio.


-Oye, S�c, �por qu� te quedaste un rato en el refugio?
�pregunt� el peque�o.


El chico se refer�a a unos diez minutos en que permanec� en
el refugio de la Restanca mientras ellos tomaban el camino hasta el coche. Los
hab�a dejado un rato solos, pero los alcanc� bien pronto. Oriol llevaba mi
c�mara fotogr�fica, y por lo visto hab�a aprovechado la circunstancia para una
de sus travesuras sexuales, con la complicidad de Gonzalo, porque dudo de que
supieran activar el disparo autom�tico.


-Ten�a una necesidad imperiosa.


-Fue al ba�o �explic� Jordi.


-No me lo creo �contradijo Oriol. �Gonzalo dijo que te
quer�as ligar a un chico que hab�a all�.


-Ver�is �respond� dudoso- Ten�a una necesidad urgente. Me
apetec�a tomarme una cerveza.


-�Venga!


-Es cierto. No me pareci� bien beber alcohol delante de
menores.


-No te parece bien invitarnos a cerveza y luego nos metes la
polla �ri� Oriol. �Eso no se lo cree nadie.


Gonzalo ten�a raz�n. Cuando en pleno descenso llegamos al
refugio, lo primero que vi fue un chico de unos quince a�os, moreno, ojos
negros, sonrisa radiante y un cuerpazo que quitaba el aliento. Estaba subiendo
las escaleras y su culo me provoc� una reacci�n inmediata en la entrepierna.
Antes de entrar, se dio la vuelta y me sonri� de nuevo. Por ese motivo me decid�
a seguirlo. Y no quise que los chicos se creyeran despreciados. Una vez dentro
del refugio, el chico desapareci�, y yo aprovech� para tomarme una cerveza. Pas�
a la siguiente foto. Aparec�an mis cachorros bes�ndose mientras empu�aban sendas
pollas.


-La mejor es la siguiente �adelant� Oriol.


Era una imagen de Gonzalo meando. El punto de vista era del
lado derecho, y �l se la sujetaba con la mano izquierda, con lo que su miembro
delicioso se ve�a casi entero. No estaba erecto, pero med�a unos diez
cent�metros. Sus huevos asomaban por la bragueta. Yo dir�a que los pantalones
estaban demasiado bajos para ser una meada natural.


-�Vaya polla! �dijo Jordi, al que se le estaban pegando los
comentarios obscenos del peque�o.


-Yo se la quiero chupar �a�adi� Oriol. �Y lo conseguir�.


-�O sea que cu�ndo Gonzalo dijo que iba a mear y te fuiste
con �l con la excusa de que tambi�n ten�as ganas era para echarle la foto?
�pregunt� al rubito, agarr�ndole el culo con cari�o.


-Pues claro. Y si Gonzalo no se hubiera cortado... �bamos a
dedicarte una follada.


-S�, hombre.


-De perfil, Jordi me la met�a a m� y yo pon�a cara de pasarlo
bien. Pero no quiso.


-Est�is muy guapos. Hay mucha gente que pagar�a por ver estas
fotos.


-Pues las colgamos en Internet �propuso el menor.


-Ni se te ocurra �objet� inmediatamente. �No quiero verme
envuelto en un esc�ndalo.


Revis� las fotos. En verdad estaban deliciosos. Tambi�n
Gonzalo, que hab�a tomado la precauci�n de girar el rostro para no ser
identificado. Pens� alejarlas del alcance de los ni�os, para evitar riesgos.
Pero en ese momento la naturalidad y la actitud provocadora de mis chavales
frente a la c�mara ya hab�a producido sus resultados: mi rabo asomaba por el
el�stico del ba�ador, y Oriol lo aprovech� para pegarme un lametazo hist�rico.
Yo cre�a que esa misma noche tendr�a lugar la primera relaci�n seria entre los
tres, pero por lo visto el reloj se adelant� unas horas.


Pronto las dos bocas se apoderaron de mi polla. Se repart�an
el terreno como ya lo hicieron la otra noche, pero parec�an m�s firmes, m�s
expertos. Mis manos se encontraron sin darse cuenta tanteando sendas aberturas
traseras. Los dos culos eran casi igual de suaves y esponjosos, pero
reaccionaron de forma distinta: Oriol se abri� inmediatamente; Jordi sinti� un
escalofri� y luego se entreg�. Yo viv�a apasionado la fiesta de la saliva. Entre
los dos me estaban trasladando a otra dimensi�n. Gozaba enormemente, pero me
sent�a inquieto porque consideraba que, siendo yo el adulto, me correspond�a
tomar la iniciativa. Con el dedo que jugaba en su culo los obligu� a levantarse
y, manteni�ndome sentado en la cama, devor� sus dos pollas a la vez. Oriol se
ri�, pero pronto recobro el adem�n serio. El rubio ten�a el palo m�s duro y los
huevos m�s ca�dos que su compa�ero, y a pesar de la diferencia de edad las dos
agujas presentaban el mismo tama�o. Pero ahora el tama�o era lo que menos
importaba. Yo me encontraba saboreando los sexos de unos chavales a los que
adoraba, me rend�a ante su pericia, idolatraba sus cuerpos agraciados. Y mis
dedos segu�an sus recreos, buscaban pistas para hallar el mejor goce. "Quiero
vuestra leche", pens�. Y luch� interiormente para transmitir esa idea a las
mentes de mis acompa�antes. Levant� la vista. Los enanos se estaban morreando.
Jordi manten�a una actitud m�s r�gida, m�s ceremoniosa. Oriol era una fuerza
devastadora. Casi se com�a al mayor, y pronto empez� a bombear dentro de mi
boca. El otro lo imit�. La tersura de sus pieles me rozaba el paladar. Mi lengua
envolv�a los glandes o se met�a entre ellos para encontrar los frenillos. Los
test�culos se balanceaban, sueltos, preparando la descarga. Y mis dedos entraban
cada vez m�s. Hasta que la humedad de Jordi inund� mi cavidad bucal y Oriol
aceler� su movimiento. Al cabo de menos de un minuto la dulce leche primeriza
del peque�o se incorpor� a la fiesta del gusto que hab�a en mi garganta. Los dos
se soltaron y se me echaron encima, buscando mi boca. Prob� las dos lengua s a
la vez, como si fuera una, y me sent� hermanado con esos seres tiernos y
ardientes que me estaban arrastrando al paroxismo. A causa de la posici�n, s�lo
las puntas de mis dedos alcanzaban la entrada de su mundo, pero la lubricaci�n
natural de mi polla demostraba que estaba a punto para las profundidades. Pero
�por d�nde empezar?


Jordi se adelant�. Se separ� de mi boca y apartando con
suavidad al rubio se sent� en mi polla. Mi carne dura separ� la elasticidad de
sus fibras. Reconoc� inmediatamente la estancia donde transcurrieron mis mejores
momentos y me sent� como en casa. �l mismo marcaba los movimientos, segu�a su
ritmo, pac�fico aunque delirante. Oriol no se qued� a un lado. Apretaba su
esf�nter para contener mejor mis dedos, y su boca parec�a literalmente querer
consumirme. Ya que no pod�a follarlos a los dos a la vez, se me antoj� ampliar
el campo del conocimiento. Levant� al rubio hasta mi boca. En seguida entendi�
lo que quer�a, y su culo abierto se postr� ante mi lengua. Se ofrec�a
voluptuoso, consciente de que s�lo era un preludio de lo que acontecer�a
despu�s. Pero la pericia de los chicos era enorme, y r�pidamente se organizaron
para multiplicar el fest�n. El rubio se puso de pie sobre la cama, con una
pierna a cada lado de m�. Su trasero se peg� a mi rostro, pero su polla se
ofreci� a Jordi, que no la despreci�. Me enloquec�a sentir gran parte de las
nalgas firmes del chaval pegadas a mis mejillas, casi cort�ndome la respiraci�n.
A ese contacto satisfactorio le a�ad�a el roce acariciante de mi lengua sobre su
ano, jugando a entrar y a rodear, creando una cierta intriga en el homenajeado.
M�s abajo el deliro le llegaba a mi polla, hinchada como nunca por la exquisitez
del entorno. Las manos me quedaban libres, y con ellas acariciaba, abrazaba,
agarraba los cuerpos deliciosos de mis ni�os. Fue as� c�mo descubr�, rodeando la
esbeltez de las formas del nadador y llegando hasta su cuello, que la boca del
mayor conten�a la polla del menor. Luego regres� al culo de Oriol, para separar
un poco m�s sus nalgas, permitir la entrada de un poco de aire y lamer m�s
profundo. A continuaci�n busqu� el sexo del mayor, y lo hall� r�gido y h�medo.
Lo masaje� y se movi� un poco, y me divert� con sus huevos tan disciplinados.
S�lo se escuchaban los gimoteos y los suspiros de Oriol. Los dem�s no
produc�amos m�s que rumores r�tmicos y lubricados. Y vol� por los aires, rodeado
de nubes de algod�n, anulando el efecto de la gravedad, flotando solemnemente
por arte del orgasmo. Ahora Jordi tard� un poco m�s, pero Oriol no ten�a prisa,
continuaba gozando del masaje de mi lengua incansable, y s�lo se movi� cuando el
mayor rasg� el silencio para decir:


-Te toca.


El rubito pareci� despertar de un sue�o. Iba a sentarse
tambi�n, pero con un gesto le indiqu� el cambio de posici�n. Lo tend� boca
arriba con el culo al borde de la cama, y me arrodill� en el suelo. Cruc� el
umbral con suma facilidad y capt� de buenas a primeras la diferencia. Estaba
dentro de un culo m�s peque�o, con un recto m�s corto, m�s apretado. Mi rabo se
adapt� a la metida m�s corta, y el chaval comenz� pronto a gemir. Se sonre�a
cuando la fuerza de la embestida empujaba la cama, pero nunca dijo nada. No as�
Jordi, que se coloc� a mi lado y comenz� a susurrarme al o�do comentarios que
alentaban mi inspiraci�n:


-Me ha gustado mucho, Soc. Te noto como entras y de pronto
todo yo me transformo. Noto un cosquilleo dentro de m�. Mira a Oriol. F�jate
c�mo lo disfruta, �l tambi�n. �Sabes? Es como si fueras a partirte en dos, pero
pronto los dos pedazos se ajustan para formar un envoltorio... Y cada vez que la
sacas aumentan las ganas de tenerla de nuevo dentro... Disfruto como un loco,
Soc. Creo que me pasar�a el d�a follando. Ya siento ganas de la pr�xima vez...
Te quiero S�c, te quiero a ti y a tu polla que me hace disfrutar...


Sus labios ratificaron la sentencia. El peque�o nos miraba
como ausente. Sus mofletes, sueltos, se mov�an al ritmo de la follada. Su carne
era acogedora y halag�e�a, y todo su cuerpo se entregaba sin reservas. Observ�
sus labios, tan bien trazados. Sus dientes, entreabiertos, dejando a la vista
una lengua relajada y apetitosa. Sus ojos azules, donde pod�a reflejarme. Su
pelo tan claro, enmarcando ese rostro que no pod�a camuflar el placer.


Pero una sombra rasg� ese reflejo. Jordi, impulsivo, se hab�a
lanzado sobre el chaval y le hab�a metido la polla en la boca. Su culo, el
palacio hospitalario que acababa de darme cobijo, se abr�a de nuevo ante m�,
como un horizonte cercano. Lam� y lam� hasta secar mis gl�ndulas salivares.
Saborear y evaluar dos culos a la vez es un placer sublime, y yo ahora pod�a
degustarlos como el mejor gourmet. Esa duplicidad de efectos me colm� la
lubricidad y descargu�, como casi siempre me gustaba hacer, entre los pulcros
velos de la ternura. Jordi not� la humedad en la barriga de Oriol y recogi� con
los dedos el agua de la vida. La llev� a la boca del peque�o, que trag� sin
dilaci�n, mir�ndome a los ojos con actitud desafiante. Despu�s nos abrazamos los
tres, contentos de la haza�a protagonizada, y casi nos quedamos dormidos, si no
llega a ser por las aseveraciones del rubito.


-A �l lo quieres m�s. Se te nota.


Me qued� un rato en silencio. No sab�a qu� responder. Pero el
ni�o continu�.


-A mi no me importa. No os vais a librar de m� tan
f�cilmente.


-�Qui�n se quiere librar de ti, si eres un dios? �le
respond�.


-Jordi est� enamorado. Me lo ha dicho. Y t� tambi�n de �l.


-Podr�a ser, pero ni �l ni yo podemos estar sin ti.


Se le ilumin� el rostro. Abandon� el car�cter serio de unos
instantes atr�s.


-�De veras?


-Pues claro, tonto. A Jordi quiz� lo quiera m�s, porque es un
poco mayor que t�, pero a ti te quiero un mont�n.


-Pues esta noche volvemos a follar.


-Ya me lo tem�a.


-�Es que no te gusta?


-Me ha encantado estar con los dos. Pero no te molestes si a
Jordi le doy diez besos y a ti s�lo nueve.


-Vale. Pero yo quiero follarte. No, mejor. Follo a Jordi y t�
miras.


Mir� a Jordi. Sonre�a. El peque�o le produc�a tanta ternura
como a m�. Asinti�.


-Jordi dice que s�. De acuerdo.


-�Pero te podr� follar?


-Ya veremos.



Ingresamos al comedor cuando los padres de los chicos ya
estaban a la mesa. No me amonestaron. Se imaginaron que nos hab�amos entretenido
en alg�n juego. Y ten�an raz�n. Entonces entr� Gonzalo, acompa�ado de las chicas
que estaban con �l a mediod�a. Nos mir� a los tres, sentados ya cada uno en su
mesa respectiva, y por la sonrisa que sus preciosos labios dibujaron jurar�a que
comprendi� el alcance de lo que acababa de suceder. Se sent� con sus padres y
desapareci� de la escena.



Encontr� a Sole luego en el bar. La bes� de una forma
especial, porque ella exclam�:


-Algo bueno te ha pasado. Se te nota euf�rico. �Se te rindi�
el madrile�o?


No le respond�. Acababan de entrar mis cachorrillos y corr� a
su lado.





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Relato: Testigo de la hermosura (4: El malentendido)
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