REHENES
I
La antesala
Eran aproximadamente las 13,30 horas (1,30 PM), cuando
entramos en el Banco con Marisa, mi esposa, a efectuar el retiro de dinero para
poder pagar el nuevo autom�vil que hab�amos adquirido, est�bamos alegres, por
fin pod�amos cambiar el viejo, que tantas satisfacciones nos hab�a dado, pero ya
comenzaba a dar problemas.
Pasamos por la gran puerta giratoria, vimos que hab�a poca
gente en su interior, apenas unas siete personas, tres de las cuales hac�an fila
para ser atendido en la caja donde nosotros deb�amos presentar el cheque.
Esperamos conversando animadamente entre nosotros de las
caracter�sticas del nuevo autom�vil, de nuestras expectativas, lo que har�amos
con el mismo, ya que ahora pod�amos emprender un largo viaje, las vacaciones se
encontraban pr�ximas, esta vez solos, nuestra hija hab�a decidido ir con tres de
sus compa�eras a la costa, era la primera vez que no las compartir�a con la
familia, en fin, la nena hab�a crecido, la beb� emprend�a su propio vuelo.
�ramos a�n j�venes, bueno relativamente j�venes, yo tenia 42
, Marisa 38 a�os, est�bamos bien conservados, en especial mi esposa, que siempre
fue delgada, su cuerpo y cara eran a�n de adolescente, rubia natural, ten�a un
rostro perfecto, fresco, de rasgos finos, sus ojos verdes claros de mirada
franca, su boca ni muy ancha ni muy fina, de labios que a mi me deliraban, su
nariz peque�a, perfectamente proporcionada a su rostro, su cuerpo a�n era como
cuando la hab�a conocido, delgado, pero no en exceso, sus curvas proporcionadas
y justas, su altura era media (1,65), sus pechos, eran chicos, parados, en forma
de pera que desde siempre me hab�an encantado, adornados con sus preciosos y
peque�os pezones de color rosa p�lido, su cola no muy grande, pero respingada,
estaba enamorado de mi mujer, era la �nica y objeto exclusivo de mi amor.
Siempre nos hab�amos llevado muy bien, a lo largo del corto
noviazgo y los ya 18 a�os de matrimonio, nuestra relaci�n siempre hab�a sido
perfecta, salvo alguna que otra pelea por tonter�as, siempre hab�a privado entre
nosotros respeto, la mutua tolerancia, comprensi�n, por encima de todo,� el
sentido del humor, ya que cuando falta eso, cualquier relaci�n esta
irremediablemente condenada al fracaso.
Sexualmente siempre hab�a sido una bomba, �ramos tal para
cual, ten�amos la qu�mica perfecta. Ella multiorgasmica, lo cual me encantaba,
ya que el placer de tu pareja, multiplica el tuyo por 10, porque ten�amos el
mismo estilo en hacerlo, ambos sab�amos lo que el otro quer�a o necesitaba en
cada instante, est�bamos profundamente enamorados, complacidos el uno con el
otro, conoc�a su cuerpo hasta el ultimo cent�metro, conoc�a sus sabores y
perfumes, era goloso en saborearlos.
La hab�a conocido cuando estaba en la Facultad, ella
terminando el Secundario, fue fulminante, nunca hab�a conocido una chica tan
hermosa ni tan inteligente, �ramos el uno para el otro.
Tuve la primicia, su himen me fue entregado en la segunda vez
que salimos, siempre fui su �nico hombre, le ense�e todo lo que sabia de sexo, y
ella a m� en todo lo que invent� o intuy� respecto del mismo.
Marisa era m�a, como yo de ella, su cuerpo, sus abrazos, su
placer, sus orgasmos, jam�s so�� que ella pudiera estar en brazos de otro, jam�s
imagine que ella pudiera tener placer con otro, el solo pensar tal cosa me
produc�a rechazo, seria una especie de violaci�n a mi persona, ella era como si
fuera yo mismo.
Nos casamos, cuando me recib� y obtuve trabajo en un
importante estudio, con un buen sueldo que con el tiempo se fue incrementando,
hasta que me asociaron, y los ingresos fueron m�s que holgados.
Nunca hab�amos tenido penurias econ�micas, pero tampoco
hab�amos nadado en la abundancia, hasta ese momento, siempre nuestras
prioridades hab�an sido primero la casa, - del departamento de dos ambientes, al
de tres cuando naci� nuestra hija Carla, y luego a la casa con jard�n y garaje,
luego la definitiva con todas las comodidades que hab�amos so�ado y en la zona
que quer�amos-, despu�s la educaci�n de Carla, financiar las vacaciones, gastos
de la casa, vestimenta, etc. etc. Por esas prioridades hab�amos dilatado otros
sue�os, como ser el autom�vil que ahora pod�amos comprar, no es que no hab�amos
tenido buenos autom�viles, pero siempre hab�an sido de segunda mano, en buenas
condiciones, ahora el 4X4 0KM, estaba en nuestras posibilidades, con el mismo se
abr�an ante nosotros nuevas expectativas, el mundo parec�a sonre�rnos de otra
manera, estabamos felices�
II
El Infierno
Esperamos que fueran atendidos la personas que estaban
adelante nuestro, cuando faltaba una sola para nuestro turno, mientras segu�amos
conversando animada y excitadamente, se sinti� una detonaci�n, un tiro de arma
de fuego, que venia de la puerta�
Sorprendidos dirigimos nuestra mirada al lugar donde se hab�a
escuchado, y vimos horrorizados, como el polic�a de custodia ca�a, mientras una
flor roja aparec�a en el uniforme azul, en el pecho. Casi al mismo tiempo,
ingresaban en el banco, un grupo de encapuchados con pasamonta�as, 7 cont�
luego, vociferando que todos los presentes deb�amos tirarnos a piso y no
levantar la cabeza.
As� lo hicimos todos, empleados y clientes, mientras cinco de
lo asaltantes, saltaban los mostradores, se dirig�an a las cajas en b�squeda del
dinero de las cajas, mientras los dos restantes se quedaron parados con sus
armas apuntando a los clientes que estaban en el piso.
Uno de los que hab�a ingresado a la zona de empleados, se
dirigi� al tesorero, lo oblig� a ponerse de pie pregunt�ndole donde estaban las
llaves del tesoro, las cuales recibi� inmediatamente del aterrorizado hombre,
comenz� a dirigirse hacia el fondo del banco adonde estaban las escaleras que
conduc�a a la b�veda.
Sent� un terror inmenso, no por m�, que estaba acostumbrado a
situaciones de riesgo por mi profesi�n y por mi hobby, (la navegaci�n), por las
cuales me hab�a visto involucrado en m�s de una, pero ahora era diferente, tem�a
por Marisa, me dio p�nico que algo le pasara a ella.
Mientras el que parec�a el Jefe de los asaltantes, se dirig�a
a la b�veda con el tesorero, se sinti� un ruido, las cortinas enrejadas
met�licas cayeron en las puertas y ventanas del Banco, sellando las salidas,
alguien hab�a accionado la alarma silenciosa que tenia el dispositivo autom�tico
para ello.
Los encapuchados comenzaron a mirar para todas partes, de
pronto otro disparo se escucho del otro lado del mostrador, un grito de dolor,
uno de los empleados, el responsable de haber accionado la alarma se dobl� y
cay� al piso agonizando, luego silencio, comenzaron nuevamente gemidos de dolor
y otro disparo... lo hab�an rematado�.
Los encapuchados discutieron ellos, mientras profer�an
amenazas contra los empleados y los clientes que permanec�an en el piso,
buscaban una v�a de escape, fue in�til, el banco estaba totalmente sellado, era
una trampa mortal�
A los pocos minutos se escucharon sirenas policiales, el
lugar estaba ahora rodeado�
El clima era explosivo, se pod�a palpar en el aire, el miedo
entre todos sus ocupantes, ya no solo entre los empleados y los clientes, ahora
tambi�n los asaltantes ten�an p�nico, hab�an sido pr�cticamente atrapados�
Los ladrones, estaban armados todos ellos, con metralletas,
algunos caminaban nerviosamente de un lado al otro buscando una salida que no
exist�a, otros se hab�an quedado petrificados en el lugar, sin moverse, luego de
a uno se fueron sacando los pasamonta�as, ya no eran necesarios, entonces fue
que comprend� con horror lo que pasar�a.
Reconoc� a uno de ellos, el que parec�a el Jefe, era un
delincuente muy conocido que hab�a integrado una de las peores bandas que hab�a
operado en el Pa�s y en otros lim�trofes, incluso yo hab�a participado como
abogado de la querella (acusador de parte privada) en el Juicio Oral en que
hab�a sido condenado a cadena perpetua, que luego hab�a podido evadir por una
fuga de la c�rcel que se hab�a producido unos meses atr�s, que hab�a causado un
enorme esc�ndalo, ya que hab�a implicados agentes del Servicio Penitenciario
Federal.
Era una persona de enorme peligrosidad, un verdadero
psic�pata, mejor dicho un soci�pata, porque seg�n los informes de los
psiquiatras forenses, era sumamente inteligente, comprend�a la criminalidad de
sus actos, pero tenia placer en cometerlos, le gustaba matar, violar, torturar -
hab�a sido parte de los grupos de tareas durante la dictadura militar-. Yo sab�a
que era un demente, pero tambi�n un miserable cobarde, por su actitud en el
juicio.
Son� el timbre de uno de los tel�fonos que estaba arriba del
escritorio del tesorero, y fue atendido por el Jefe. Era el negociador policial,
la exigencia del criminal fue clara, que se les permitiera ir, llevando algunos
de los empleados y clientes como rehenes, y que se pusiera a su disposici�n un
Bus policial para conducirlos hasta el aeropuerto en donde deber�a estar un
avi�n esperando con combustible suficiente para un viaje largo.
Sab�a que eso no era posible, que la pol�tica de la polic�a
era dilatar en el tiempo, para cansar a los delincuentes, para que cada vez m�s
tuvieran temor de morir, que de esa manera se producir�n fricciones y
discusiones en el grupo, hasta que por fin se rindieran.
Pero la polic�a se equivocaba, al menos esa vez se
equivocaba, se hab�an topado con un loco que no vacilar�a en seguir asesinando,
si bien tem�a a la muerte y se rendir�a antes de llegar a ella, eso seria bien
caro, el precio seria de muchos muertos.
En medio de esa tensi�n insoportable, pas� el tiempo, una,
dos, tres horas, de por medio, amenazas a los rehenes y alg�n que otro golpe a
alguno que se atrev�a a mover un poco.
El Jefe, era un hombre de complexi�n robusta, de una cara que
me hacia recordar a la teor�a de Lombroso, un cient�fico italiano, que
relacionaba la antropolog�a con el crimen, que cre� la tesis de que la
morfolog�a del rostro y del cuerpo era un factor decisorio en delincuencia, el
mismo era un rostro duro, de p�mulos prominentes, de tez morena, con una
cicatriz que lo cruzaba en su mejilla izquierda, de cabello corto pero muy
espeso, moreno de ojos oscuros, en los cuales brillaba la locura.
Los secuaces eran al estilo, algunos delgados otros gordos,
algunos de tez blanca, otros oscuros casi negros, todos con cara degenerada,
viciosa.
Cuando el Jefe comenz� a pasearse por el lado donde estaban
tirados los clientes, me reconoci�
Lanzo una terrible carcajada y agach�ndose me dijo.- Hola
doctor, ahora soy yo el que tengo la sart�n por el mango, volvi�ndose a parar
vio que yo estaba tomando con una de mis manos a la de mi esposa, dijo - vaya,
vaya, acompa�ado con su hembra, que placer me da... �
Me peg� una terrible patada, que dio en mis costillas,
dej�ndome sin respiraci�n y estaba preparando otra, cuando volvi� a sonar el
tel�fono, era el negociador policial, que fue atendido por uno de los secuaces.
El Jefe volvi� a saltar sobre el mostrador y atendi� el
llamado, escuchando y luego diciendo, que si en el t�rmino de una hora no estaba
el bus en la puerta comenzar�a a matar los rehenes a raz�n de uno por hora,
a�adiendo que de todas maneras el se comenzar�a a divertir con los secuestrados,
mientras pasaba la primera hora.
Se dirigi� al mostrador � ancho, de m�rmol -, lo despej� de
formularios y folletos en toda su extensi�n pasando el brazo y barri�ndolos,
haci�ndolos caer al piso.
Orden� a los empleados que saltaran el mostrador y se
reunieran con los clientes, algunos que dudaron en obedecer, fueron arrastrados
y tirados pr�cticamente al otro lado...
Una vez que todos estaban del lado externo, volvi� a saltar,
e hizo sentar a todos los rehenes formando un semi circulo, mirando al
mostrador, comenz� el infierno...
Arranc� de mis brazos a Marisa que se aferraba a mi con
desesperaci�n cerrando sus ojos del espanto, trate de levantarme para
defenderla, pero otro puntapi� me volvi� a arrojar al piso.
Fui aferrado por dos asaltantes quienes trabaron mis brazos
con los suyos, me hicieron levantar y arrastr�ndome, me hicieron permanecer por
detr�s del semic�rculo formado por los otros rehenes.
Le arrancaron con violencia la ropa, dej�ndola totalmente
desnuda y expuesta frente a los rehenes y delincuentes, siendo que estos �ltimos
aullaban de excitaci�n y gritaban obscenidades�
Mir� a Marisa, lloraba y trataba de resistirse, pero le era
imposible, vi como su hermoso cuerpo era toqueteado, sus hermosos senos,
apretados, como le introduc�an en su vagina dedos de las dos bestias que la
sujetaban...
El jefe miraba a los rehenes, aquel que cerraba los ojos o
trataba de mirar para abajo, era golpeado...
La obligaron a acostarse sobre el mostrador, aferr�ndole sus
brazos y piernas dej�ndola como crucificada, con su desnudez expuesta, con el
acceso a su vagina (su adorable y m�a...) disponible y f�cil.
El Jefe se desnudo por completo, mientras sus secuaces
obligaban a los rehenes a seguir mirando, se subi� arriba del mostrador, con su
miembro ya erecto, terrible, muy largo y ancho, una monstruosidad - , de
rodillas se fue acercando a donde estaba Marisa, que segu�a intentado
debati�ndose in�tilmente.
Cuando lleg�, orden� que le fueran flexionadas las rodillas,
y puestas sus piernas a cada lado del mostrador, escupi� sobre la vagina, con
sus dedos reparti� el inmundo liquido sobre los labios superiores, luego
introdujo uno, luego dos y por �ltimo tres dedos, lubrico el interior de la
misma, siempre mir�ndome directamente a mis ojos, y sonriendo�
Trat� de debatirme, fue imposible, los dos hombres que me
inmovilizaban parec�an de hierro, trat� de bajar la cabeza para no ver, pero de
un golpe y luego sosteni�ndomela con una mano del cabello, levantaron mi cabeza,
mientras me apoyaban en el ment�n el ca�o de una metralleta�
Lentamente, el Jefe fue introduciendo su monstruosidad, en la
vagina, la cara de Marisa reflejaba el dolor que le causaba dicha penetraci�n,
mientras de sus ojos ca�an y ca�an l�grimas�
Me debat�a, y cuanto m�s lo hac�a, mas fuerza aplicaban los
que me inmovilizaban, el dolor que me causaban era terrible, sent�a que en
cualquier momento uno de mis brazos se quebrar�a�
Completada la penetraci�n, comenz� a bombearla, con suma
violencia, sus caderas chocaban con las de ella, quien comenz� a gritar de
dolor, aquello excit� a�n m�s a la bestia, que incremento la fuerza en sus
movimientos, hasta que por fin eyacul�, y cuando lo hac�a, me miraba sonriendo
triunfal�
Con una se�a, orden� a otro que se preparara, cosa que hizo
desnud�ndose por completo, esta vez la obligaron a ponerse para abajo apoy�ndose
en sus extremidades, mientras que era inmovilizada por otros, el reemplazante,
la penetr� por en la vagina, por atr�s con violencia, bombe�ndola, mientras
manoseaba, apretando con fuerza, sus pechos que quedaron colgando por la
posici�n.
As� continuaron uno tras otro, el tercero la penetro por su
ano, caus�ndole un dolor que causaron gritos de dolor infinito, el cuarto y el
quinto la emparedaron, penetr�ndola por su vagina y ano a la vez, y continuaron
viol�ndola, mientras los obligados espectadores miraban horrorizados.
Terminados todos, que iban turn�ndose en los roles de
inmovilizaci�n y custodia, todos , exhibieron a los rehenes, las condiciones en
que hab�a quedado Marisa, su dilatada vagina y ano, de los que sal�an hilos de
semen y de sangre, como as� en su cara y cuerpo empapados de espesa esperma,
ella emit�a quejidos de dolor, y lloraba...
El Jefe se acerco a Marisa, llevando su arma a la altura de
su cabeza, mientras me miraba triunfal y sonriendo.
No obstante el dolor que me causaba la inmovilizaci�n, logr�
enviar una patada a quien me inmovilizaba en mi lado izquierdo, con mi pierna
derecha, esta vez con suerte, ya impact� de pleno en sus test�culos desnudos,
dobl�ndose el mismo de inmediato por el dolor, lo que le hizo desestabilizar a
quien me sosten�a en mi derecha, quien no obstante trato de seguir aferrando mi
brazo, que pude liberar, y conseguir aferrar el arma que colgaba del hombro del
mismo.
Con un tir�n muy violento consegu� sacarla del brazo del
mismo, y golpearlo en la cabeza con el culat�n de acero, con tanta fuerza, que
se escucho n�tido el sonido al partirle el cr�neo.
Sorprendidos los cinco restante, trataron de alzar sus armas
para disparar, cuando varios los rehenes se tiraron sobre ellos, impidiendo
usarlas, logrando inmovilizarlos, tap�ndolos con su cuerpos, sumergi�ndolos en
ellos.
El jefe, al ver lo que ocurr�a, se arroj� del otro lado del
mostrador ocult�ndose y buscando una posici�n de tiro para su arma.
Logr� apuntar, y dispar� una r�faga, al que segu�a inclinado
por el dolor de la patada, que impact� de lleno en el rostro, pr�cticamente
haci�ndoselo desaparecer.
Salt� luego para llegar hasta Marisa, que segu�a sobre el
mostrador, tom�ndola de uno de sus brazos, y arrastrando su cuerpo, lo hice caer
en la protecci�n que ofrec�a el lado externo del mostrador.
Se escuch� una gran explosi�n, desde claraboyas del techo, se
comenzaron a descolgar por medio de sogas que arrojaron y se balanceaban,
polic�as de un grupo especial de asalto.
Los cuatro delincuentes que hab�an sido inmovilizados,
lograron zafarse de los cuerpos que los tapaban, pero al incorporase y tratar de
disparar sus armas, fueron abatidos por los comandos que ya hab�an llegado al
piso, a los que les hab�a resultado f�cil la identificaci�n de los delincuentes.
El Jefe mientras tanto, desnudo corri� hacia una escalera que
llevaba al entrepiso donde estaba la oficina de la gerencia,
Fui el �nico que lo not�, protegido por la pared del
mostrador, corr� agachado hasta la altura donde estaba la escalera, sent� como
los rehenes me se�alaban a la polic�a, diciendo que no me dispararan, no
obstante lo cual sent� varias detonaciones y zumbidos que pasaron a mi lado sin
herirme.
Salt� el mostrador, corr� escaleras arriba, la puerta de la
oficina estaba abierta, entr� violentamente, saltando y tir�ndome al piso, al
tiempo que disparaba una r�faga, viendo que el arma del Jefe volaba al ser
alcanzada por uno de mis disparos.
El Jefe alz� sus manos, dijo que se rend�a, que estaba seguro
que yo respetar�a eso por ser un hombre de ley, pero notando la expresi�n de mi
rostro, comprendi� que estaba equivocado, profundamente equivocado, se inclino
de rodillas como suplicando, mientras lloraba, con las manos extendidas
solicitando clemencia�
Oprim� el gatillo muy lentamente, pero sin dudarlo,
disfrut�ndolo, dispar�, todos y cada uno de los proyectiles que quedaban en el
cargador, que partieron como en c�mara lenta, viendo como cada una de ellas lo
impactaba, como de a poco esa degenerada cara se convert�a en pulpa
sanguinolenta, lo tuve apretado durante un tiempo que pareci� eterno, ya no
sal�an disparos, arroj� el arma al piso, mientras de atr�s brazos policiales me
sujetaban, permanec� mirando a esa masa informe, que antes hab�a sido un hombre.
Las cosas despu�s no fueron sencillas, fui aclamado por la
prensa en general como h�roe, pero deb� comparecer en los tribunales, sometido a
juicio por homicidio hasta que me absolvieron por leg�tima defensa, alguna
prensa amarilla trat� de culparme o hacerme responsable, pero ante la reacci�n
de la opini�n publica, y el relato de los testigos � rehenes, pronto desisti� de
quedar en rid�culo.
Marisa qued� muy mal, tuvo, tuvimos un tratamiento
psiqui�trico muy prolongado, pero ella y yo somos fuertes, nos queremos mucho,
el tiempo es el supremo curador, seguimos adelante con nuestras vidas porque el
amor verdadero obra milagros.
Navegante
Este relato es totalmente de ficci�n, pero en realidad
refleja un impulso y deseo de mucha gente, el hacer desaparecer a esas bestias
inmundas, en anularlas de la faz de la tierra.