CAP�TULO PRIMERO
El sargento Caza�as, ochenta
kilos de rolliza carne y lo que s�lo podr�a describirse como "una cara amable",
deja caer su pesada mano en alg�n lugar a la derecha del volante y, en el acto,
los l�gubres faros de su viejo Volvo se apagan.
De repente, la calle Intenciones regresa a las
sombras. Tan s�lo el letrero de una discoteca cercana, con su continuo parpadeo
de luces psicod�licas, borra las penumbras.
Bajos sus fugaces luces de colores, la calle deja de
ser igual a las dem�s: con sus coches aparcados, la oscuridad que lo envuelve
todo y un silencio aterrador; para transformarse en una gran Sodoma gay, donde
incontables t�os disfrutan de los placeres de la carne del mismo sexo, a la
espera de que las puertas del Fantasy se abran.
Caza�as, impaciente e inc�modo, consulta el reloj.
Marca las doce menos cinco.
- �Te apetece una mamadita, mi amol?
Sobresaltado, levanta la vista y comprueba de d�nde
proviene esa voz cavernosa, de origen, sin duda, cubano. Un negro est� apoyado
contra la ventanilla - que por suerte est� cerrada -, mir�ndolo y esperando una
contestaci�n; pero s�lo obtiene silencio y la insolente mirada del sargento.
- Vamos, si quieres te lo dejo chupar. Es un chupete
muy grande... - dice y, de pronto, sus manos bajan hacia la cremallera de sus
pantalones - la mirada de Caza�as las acompa�a - y se saca la polla: un enorme
nabo negro, circuncidado y reluciente bajo las luces del Fantasy.
Lo aferra entre sus manos, tan anchas como surcadas de
venas, y presiona el capullo. De �l, salen unas gotitas de leche.
- Joder, baja la ventanilla y abre la boca... Estoy
cachondo - grita y empotra la polla contra la ventanilla -. Ahhh, mira como
est�... �qu� rica! Abre la ventanilla y ser� toda tuya.
Y vuelve a embestir. Esta vez con m�s fuerzas. El
coche, como una hoja sacudida por el viento de oto�o, tirita de miedo.
De nuevo, el sargento contempla el cipote. Aunque el
cristal est� ahora borroso debido al semen del negro, lo ve claramente:
aplastado ante sus narices, emulando el movimiento de una violenta penetraci�n.
La punta es gorda y carnosa, sobre todo por los bordes. Produce un contraste
extra�o por lo negruzco del m�stil: un palo largo y grueso, peludo por la parte
baja y arqueado ligeramente por el centro, que desaparece por la bragueta
entreabierta de sus pantalones, de donde salen unos pelos a�n m�s negros.
- �Vamos, hijo de puta, abre! - grita desesperado.
R�pidamente, los inescrutables ojos de Caza�as efect�an
tres movimientos: el primero a los ojos del negro. Est�n a�n m�s rojos que su
nabo; el segundo al reloj del salpicadero. Ya es media noche; y el tercero,
hacia las puertas del Fantasy.
- A trabajar - piensa al verlas ya abiertas...
Y, sin m�s, saca las llaves del contacto, se acomoda
diestramente el paquete y abre con brusquedad la puerta. Un golpe, un terrible
quejido y otro golpe mucho m�s seco se suceden con gran celeridad mientras el
sargento cierra su Volvo. Al darse la vuelta, contempla como el negro,
presion�ndose las pelotas, se retuerce de dolor en el fr�o asfalto.
- Maric�n de mierda - murmura Caza�as mientras se aleja
apresuradamente en direcci�n al Fantasy.
En su mente, resuenan las palabras del inspector
Romero:
- Se trata de un asunto de vida o muerte. No hay tiempo
que perder.