ALEXANDER Y AIME
"Yo no creo en la historia, porque la historia la escriben los
hombres" (Maximiliano H. Martinez)
Lo recuerdo como si fuera ayer.
La voz de aquel viejo que estaba sentado frente a mi era aun
fuerte y extremedamente ronca. El cabello, ahora cano, permanecia alboratado
como en su juventud y en su madurez cuando no existia monte, selva, desierto o
mar que se interpusiera entre el y su pasion por la ciencia. Por algun motivo
habia entrado en confianza conmigo, su sirviente, y yo estaba alli, calentandome
con sus historias mas que con el fuego que ardia en la chimenea.
El era hermoso, bueno, yo tampoco era feo- me dijo con una
sonrisa picarezca mientras sus ojos azules relumbraban con el recuerdo.
Habiamos ya explorado el Amazonas y descubierto su vertiente
con el Orinoco, cuando por primera vez lo descubri en aquellas aguas cafe. Su
cuerpo desnudo produjo en mi un estremecimiento. Al principio crei que era el
haber estado durante tantos meses sin ninguna mujer. Yo tenia 30 y Aime 25.
Ambos estabamos con nuestros organismos al ciento por ciento... quiza eso fue lo
que produjo que aquella tarde yo me fijara en el, no como mi asistente en la
expedicion, sino como hombre. Sus piernas, casi faltas de vellos se sumergian en
las aguas del rio mientras su espalda ancha y blanca quedaba expuesta al sol
tropical. Sus nalgas, redondas, se me hicieron una delicia a la vista, y cuando
se dio la vuelta dejando ver un pecho con unos biceps casi perfectos y sin
ningun vello, me estremeci. Su verga, rosada y coronada con un glande que
parecia una fresa salvaje, estaba semi erecta. Su cabello rubio, mojado, caia
libremente hacia atras y sus diminutos ojos pardos no se dieron cuenta que yo lo
observaba detras de unos matorrales. Lo vi por largo tiempo mientras el pasaba
su mano con el jabon por todo aquel magnifico cuerpo. Lo disfrute aun antes de
gustarlo.
Y que paso despues... se atrevio a decirle algo?, le
interrumpi mientras acercaba mi silla a la mecedora donde descansaba el anciano.
No, no le dije nada, pero desde ese momento buscaba cualquier
excusa para verlo desnudo, o por lo menos sin su camisa, e imaginarme asi el
resto de aquel cuerpo musculosamente hermoso. Siempre me las ingeniaba para
dormirme despues de el, y hacerme una paja en su honor, viendolo tendido a unos
metros de mi.
Pero un dia, cuando recien nos habiamos movido al oeste, y
habiamos ya atravesado los Andes, se dio la oportunidad que yo esperaba.
Ya estabamos en el Peru a las puertas de Lima, una ciudad que
realmente no me gusto. Era octubre de 1802, e inusualmente hacia calor. Aime me
indico que guardaria todos nuestros instrumentos dentro de la casa que habiamos
conseguido alli. Hasta ese momento yo no tenia idea que el ya sabia lo que a mi
me pasaba.
"Hay una laguna no muy lejos de aqui, frente al mar, quieres
ir a verla?"- me pregunto con aquel acento frances que me volvia loco.
"Claro, pero hay que llevar los instrumentos"- le conteste
volviendo a ver hacia la casa.
"No, no... olvidate de la ciencia por unos momentos...hagamos
esto solo por placer"- por algun motivo aquella invitacion sonaba rara,
especialmente cuando utilizo aquella palabra especifica, y por supuesto no podia
contestar negativamente. Comence a caminar detras de el, llevando solo mi
cantimplora. Ibamos solo los dos. A los pocos minutos entramos en un paraje
realmente paradisiaco frente al mar, al Pacifico. Creo que por alli estan los
dibujos que hice despues...
Y que paso?, le pregunte tratando que regresara al meollo de
la historia.
Aime se quito la ropa asi como asi y la puso sobre un tronco.
Creo que noto que yo estaba boquiabierto por su atrevimiento. Realmente no sabia
en que pensar. Pero mi verga si sabia que hacer. Se comenzo a endurecer
inmediatamente y debajo del pantalon kaki que llevaba se empezo a dibujar un
tremendo bulto.
"Ven, aqui..."- el tono de su voz, y los gestos de su cara
habian cambiado por completo. Eran sensuales, afeminados. "En Francia somos muy
liberales..."- aunque se suponia era una explicacion a mi me sono como una
invitacion, asi que me acerque. El cuerpo blanco, esbelto, joven, era una
invitacion a ser tocado. No me resisti. Mi mano se extendio hasta su pecho
buscando sus tetillas.
"Estas seguro de esto?"- le pregunte mientras sentia su
respiracion en mi rostro.
"No lo estas tu? He notado como me miras...se que me deseas
tanto como yo a ti". Eso era suficiente. Aquel no era momento de dar
explicaciones sobre mi conducta, era momento de disfrutar aquel cuerpo que
tantas veces habia deseado.
"Desde hace varias semanas...no hay dia que no busque la
oportunidad de estar a solas contigo"- mi voz habia bajado de tono a medida que
mi mano apretaba la tetilla de Aime. La senti suave al principio pero
rapidamente se puso dura y parada. Me agache para poner mis labios sobre ella.
La carne dura del pezon hacia contraste con la piel suave de aquel frances con
el que tantas aventuras habia pasado en los ultimos meses. Mi lengua hizo un
circulo sobre aquel pedazo de carne dura y rosada y luego bajo lentamente por
toda la teta para despues lamer el torax antes de pasar a la otra tetilla. Aime
se contorsiono de placer mientras su verga se ensanchaba y apuntaba hacia el
cielo nublado de Peru.
"Metamonos al agua...limpiemonos..."- me dijo mientras me
tomaba tiernamente de mi quijada y me ponia su rostro frente al de el. Sus ojos
profundamente azules me miraron. No dijo mas y simplemente los cerro acercando
su boca a la mia. No pasaron ni dos segundos antes de que nuestras lenguas
estuvieran entrelazadas en una danza de placer que me hacia recordar a un par de
boas que habiamos visto en el Amazonas. Mientras nos besabamos, el diestramente
me quitaba mi camisa, luego mis pantalones y por ultimo mis calcetas, zapatos, y
calzoncillos. Mi verga, un poco mas grande y gruesa que la de el, ya tenia
varias diminutas gotas que la poblaban. Mi cuerpo, un poco mas moreno que el de
el, se estremecia por el placer de tener a aquel hombre tan cerca de mi.
Aime me tomo de la mano y juntos nos metimos a aquella
laguna. Era un lugar increible, el Oceano estaba practicamente a nuestros pies,
y mi curiosidad de cientifico hubiera hecho que fuera y explorara aquel paraje,
pero ya habria tiempo para eso. Ahora, mi ciencia era otra, era la ciencia del
placer.
Salimos del agua, un poco fria, y nos tiramos en la estrecha
playa que la rodeaba.
"Oh Alex...dejame mamarte esa verga"- el tono de suplica me
sorprendio, no le respondi simplemente me puse de rodillas, me arquee hacia
atras y deje que mi verga saltara hacia adelante para que mi francesito
afeminado la disfrutara plenamente. Senti como sus labios humedos me agarraban
mi pedazo de carne y como este se perdia en aquella garganta hambrienta. Subia y
bajaba dejando las gotas de agua que escurrian de su rostro sobre mis huevos que
se balanceaban ante el ritmo sensual que llevaba. Luego de unos pocos minutos,
me compuse mi cabello mojado haciendo hacia atras mientras lo detenia y le
indicaba que me iba a acostar.
"Ven aqui...encima de mi...pon tu verga en mi cara, mientras
tu me tragas la mia"- le dije mientras mi espalda se acostaba sobre aquella
sabana de arena. El frances se coloco sobre mi poniendo su verga frente a mi
boca. Yo la queria, la necesitaba saborear, y eso fue lo que hice. Me la trague,
con un poco de dificultad por la inexperiencia, pero finalmente consegui
tragarmela toda. Ademas, no era muy grande, pero estaba hinchada, sabrosa. Era
una sensacion unica, una sensacion que yo no sabia que existia...una sensacion
que aun hoy me hace estremecer de placer.
Y, se lo cogio...verdad?, le interrumpi aprovechando que los
ojos azules del viejo se perdian en los recuerdos.
Por supuesto! Que hubiera hecho diferente? Luego de varios
minutos de estarme tragando aquella verga deliciosa, le dije que en lo unico que
habia pensado en las ultimas semanas era en aquel culito blanco con aquellas
nalgas que parecian una naranja partida a la mitad.
"Pues no me digas mas"- me dijo Aime sonriendo picarezcamente
mientras se levantaba de encima de mi. Se acosto sobre su espalda en la arena y
abrio ampliamente sus piernas. "Me quieres lamer mi culito?"
Mis rodillas se hundieron en la arena y con mi mano derecha
me tome mi verga. Ya estaba lubricada con tanta mamada que Aime me habia dado.
Puse el glande en su esfinter y lo movi circularmente por unos segundos. Vi como
el rostro de mi amante cambiaba por el placer que esto le causaba. Y aunque yo
habia fantaseado muchas noches mientras me masturbaba viendo aquel cuerpo
acostado, generalmente al otro lado de la tienda o de la habitacion donde
estuvieramos, decidi esperar y complacerlo. Me agache y sacando mi lengua la
coloque en aquel orificio sagrado. Era visitar un lugar prohibido, un agujero
que iba a ser cogido por mi verga gruesa y babeante. Puse la punta de mi lengua
alredor de aquel culo mientras Aime me miraba con ojos libinidosos.
"Hazlo, asi, mi amor...hazlo...ahh"- su respiracion
entrecortada me indicaba que aquella cogida oral estaba siendo disfrutada al
maximo. Senti como los vellitos rubios eran humedecidos por mi lengua y como
poco a poco el orificio anal se abria ante mis incesantes arremetidas. En forma
circular, y luego de arriba hacia abajo fui abriendo aquel culo perfecto
mientras sentia el olor a mierda que me inundaba. No me importo, al contrario,
me volvio loco, como una bestia del amazonas.
No pude mas, sentia que mi verga explotaria alli mismo sin
siquiera habermelo cogido, asi que me detuve.
"No, no... no te detengas...cogeme mi amor, cogeme"- ahora la
voz de Aime era completamente la de una femina en celo. Abrio sus piernas
blancas aun mas. Su verga estaba ahora flacida pero todo el era un atajo de
lujuria.
Me levante y tome mi verga, ahora estaba mas lubricada por mi
excitacion. La puse en la entrada de aquel agujero y comence a meterla
lentamente. Era como ir abriendo una camara secreta de algun poblado inca. Senti
como mi verga expandia el intestino de Aime y me transporte a la gloria.
Aime tambien se transporto.
"Ahh...ahhh!"- sus gritos iban en aumento asi como mi verga
entraba por su trasero. "Ahh... Alex...ahh, Alex...!"
Di el ultimo empujon y mis huevos toparon con las nalgas del
frances. Entonces, comence a bombearlo como se coge a una perra. En realidad,
era yo el perro, a pesar que me acababa de meter al agua, esta se habia
convertido en sudor, y a medida que lo cogia con mas intensidad mi cuerpo se
habia transformado en una maquina de sexo que despedia placer por cada poro de
mi piel lujuriosa.
"Ahh...me duele...pero que rico...ahhh!"
Los huevos hermosamente colgantes de Aime rebotaban a un par
de milimetros de mi verga que entraba y salia a sus anchas. Los tome con una
mano mientras con la otra le apretaba uno de sus rosados pezones. Sabia que
estaba gozando, era una puta que no necesitaba eyacular para llegar al orgasmo.
"Ay...ay...!"- grito mientras me tomaba mi mano y se metia
mis dedos en su boca saboreandoles mientras su orgasmo se prolongaba por mi
arremetida.
Mi boca tambien estaba ocupada dando besos en ambas piernas
que se expandian delante de mi. Sentia que cada celula de mi cuerpo estaba
participando de aquella sesion sensual. No podia detenerme, y mucho menos cuando
senti llegar el final. Mis bolas pegaban contra el cuerpo de aquella hermosura
que tenia delante de mi y mi verga se habia ahora expandido al maximo. El primer
chorro de semen entro en el cuerpo de Aime con la tempestuosidad del rio
Orinoco. El segundo y tercer chorros siguieron en pocos segundos, mientras yo
caia sobre el pecho de mi amante. El cerro las piernas alrededor de mi cintura
impidiendome que sacara mi verga de dentro de el.
Sentir su cuerpo fusionado con el mio me hizo valorar aquel
momento mas que ningun otro. Lo senti cerca, lo senti unido a mi, lo senti mio.
Por eso, se que aquel viaje valio la pena, mas que por ninguna otra cosa.
"Incluyendo su descubrimiento?", le pregunte.
Incluyendo mi descubrimiento. Recuerdo que alli besandonos y
tocandonos como uno solo por varios minutos hasta que mi verga se puso flacida y
salio voluntariamente de su prision. En un instante, levante la vista hacia el
Pacifico, y la vi...vi aquella agua que era diferente al resto del mar...era una
corriente...y una corriente de agua diferente...
Por supuesto, dias despues, junto con Aime hice los calculos
correspondientes. Se trataba de una corriente que llegaba del polo sur y
literalmente chocaba contra la costa del Peru... pero ese no fue mi mayor
descubrimiento, bueno por lo menos, no el que mas disfrute...
El rostro del anciano denotaba alegria. Y la vieja reata que
guardaba adentro de su adusto pantalon, denotaba tambien que Alexander Von
Humbolt, el gran explorador de Sudamerica, aun recordaba a su asociado de aquel
viaje famoso, Aime Bonpland.
Por supuesto, los libros jamas contaron esta parte de la
historia. Ese es un secreto entre tu y yo.
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