Mi nombre es Eva. Tengo veintinueve a�os y un brillante
futuro profesional por delante.
Cuando aquel d�a de noviembre entr� por mi nuevo despacho de
directora de marketing me presentaron a mis subordinadas. Todas �ramos chicas.
Est� visto que no iba a encontrar rollo en el trabajo. Bueno, me parecieron
todas muy preparadas excepto aquella tonta fea, que me estropeaba el equipo.
Pensar�n que es injusto, pero yo se lo que digo. Una chica fea no vende como una
guapa.
Soy licenciada en Marketing y hice un master en
comercializaci�n de servicios financieros. Me exijo y exijo mucho a los que
est�n a mi alrededor. Soy rubia, alta y elegante. Me cuido y hago deporte. Dicen
que estoy un poco cre�da y es cierto. Soy un poco pechugona y de culo generoso.
Mis piernas son largas. Estoy muy buena. Tengo una nariz respingona y unos
labios sensuales. Mi cara es redonda. Una mu�eca. Soy superior. Por eso, cuando
v� a Josefa S�nchez, Pepa, vestida de aquella manera estrafalaria, con el pelo
desali�ado y aquellas gafas y aquellos dientes grandes, decid� que sobraba en el
equipo.
Pepa era una mujer de treinta y tantos a�os, solterona,
introvertida, �eficiente? Tengo que reconocer que s�, pues el despedirla me
cost� el puesto. Pod�a ser muy sensual y muchas veces le dije que cambiara de
forma de vestir. Reconozco que quiz�s fui un tanto despectiva al dec�rselo y tal
vez por eso me respondi� que no le gustaba provocar. Luego un d�a me dijo que no
le gustaba vestir de puta. �Imag�nense! �Una administrativa a la directora de
marketing!. Yo cuido hasta el �ltimo detalle en mi forma de vestir y me fastidia
tener en mi equipo una mujer que seguro que no se depila.
Lo comuniqu� al director y me dijo el muy gilipollas que no
me metiera en como ven�a la gente a trabajar �Vaya apoyo!.
Bueno, empec� a fastidiar a Pepa, a mandarle trabajos
fastidiosos y de poca importancia. Es que el que yo vista con trajes de
minifalda es normal y no me ten�a por que llamar puta. Las otras chicas parec�an
solidarizarse con Pepa, pero me ten�an miedo y no la apoyaban abiertamente.
Sab�an que pod�a tomarlas con ellas tambi�n, como de hecho, le arm� una bronca a
m�s de una amiguita suya. A ella la abroncaba todos los d�as y la sent�a
hundirse cada d�a, y un buen d�a, despu�s de armarle una bronca, Pepa se
despidi� con l�grimas en los ojos, me dio un poco de l�stima, pero me dio igual
en el fondo.
Creo que aquello cre� muy mal ambiente en el trabajo, pero me
segu�an respetando. Pero incomprensiblemente empezaron a bajar las ventas. Las
chicas que ten�a a mi cargo eran muy buenas comerciales. Vend�an todo y m�s,
pero luego, cuando hab�a que mandar los pedidos la empresa fallaba. La fea de
Pepa hac�a mejor su trabajo de lo que yo pensaba. Mi jefe la quiso llamar y yo
me puse como una fiera.
Habl� con ella y rechaz� entrar en la empresa. Parec�a que le
iban bien las cosas mientras a m� me iban peor cada vez hasta que un d�a yo
misma prob� en mis carnes la crueldad que hab�a cometido con Pepa. Me
despidieron.
Ni que decir tiene que pas� unas semanas malas hasta
encontrar otro trabajo, y durante estas semanas me encontr� a una de mis
subordinadas en la calle. Le ped� que tomara un caf� conmigo en un bar y acept�.
Aquella chica, Susana, me puso verde y aguant� estoicamente
sus cr�ticas. Le cont� mi situaci�n, teniendo que pagar una hipoteca de cien mil
pesetas y en paro. Me o�a atentamente y me pregunt� si har�a cualquier cosa por
dinero. Asent� con la cabeza. Estaba realmente desesperada. Susana me dijo que
conoc�a a una persona, cercana a la empresa, que dar�a dinero por hacerlo
conmigo. Mucho dinero.
Era una persona joven y guapa. No ca�a en quien pod�a ser.
Tal vez alg�n compa�ero de trabajo o alg�n cliente. Susana mantuvo su misterio,
pero al d�a siguiente me llam� para decirme que la persona estaba interesada en
tener una cita conmigo. Me hab�a puesto un precio muy alto. Curiosamente, lo que
ganaba un administrativo en mi antigua empresa yo lo iba a ganar en un rato.
Susana me dijo que fuera a las ocho de la tarde a un hotel de
dos estrellas de las afueras de la ciudad, que all� me esperar�a ella. No
conoc�a el hotel. Me dio instrucciones sobre c�mo deb�a vestir, como conoc�an mi
vestuario, me orden� que me pusiera aquel vestido gris de minifalda y aquella
camisa rasa Me sugiri� aquellas medias blancas de encaje y una ropa interior
provocativa.
Luego me pregunt� si estaba depilada. Me ofendi� que me lo
preguntara y le respond� afirmativamente, aunque luego me aclar� que deb�a estar
depilada completamente, as� que ese mismo d�a me afeit� el sexo. Era un cliente
realmente exigente el m�o.
Mi forma de vestir inclu�a �rdenes sobre el color de la
pintura de u�as en pies y manos y mi peinado, pues deb�a llevar el pelo atado en
coleta. Me exigi� que me pusiera las siete pulseras de oro que ten�a, y una
gargantilla que me pon�a de vez en cuando, as� como dos anillos de oro, que
deb�a ponerme uno en el anular de cada mano. Hasta me ordenaron que llevara
pintados los labios de aquel rojo intenso y los ojos de aquellas sombras azules.
Y que me pusiera los pendientes en forma de aro, enormes, que ya hab�a desechado
por considerarlos demasiado extravagantes.
Esper� expectante el paso de la noche y el d�a hasta la hora
en la que deb�a aparecer por el hotel. Susana me esperaba en la puerta. Mi
cliente ya estaba en una habitaci�n. Ten�a que entrar y alojarme en una
habitaci�n. Luego la llamar�a a su m�vil y me dejar�a el dinero que guardar�a en
mi habitaci�n y la acompa�ar�a hasta la habitaci�n de mi admirador secreto.
Iba vestida, quitando los atuendos que me hab�an exigido
ponerme, con la misma ropa con la que sol�a ir al trabajo. El recepcionista me
dio una habitaci�n y me dirig� a ella con un peque�o bolso que se supon�a era el
equipaje.
El hotel no ten�a grandes lujos, casi destartalado, pero
limpio, tal vez por que estaba amueblado con lo m�nimo. La soler�a era fr�a y
a�n conservaba algo de brillo, las colchas eran sobrias como los muebles. En el
ba�o destacaba lo anticuado de los sanitarios. Recib� la llamada de Susana. Le
dije que estaba en la n�mero once. Se present� en mi habitaci�n.
Susana era una chica de pelo corto, delgada, extremadamente
delgada, que hoy vest�a de una manera muy convencional. A pesar de su delgadez,
ten�a un tipo bonito, pues ten�a un culillo apa�ado y algo de pecho. Era de ojos
marrones y cuello largo, la cara era alargada y sus labios largos atravesaban su
cara. Su nariz era recta y larga. Admiraba en ella sus largos dedos y sus manos
estilizadas. Me dej� sobre al cama veinte billetes de diez mil pesetas, m�s de
lo pactado.
�Te va a exigir mucho.- Dijo sonriendo con una expresi�n de
malicia y dicho esto, casi sin dejar que guardara el dinero en mi bolso y lo
metiera en el armario, guardando su llave en mi traje, me cogi� del brazo y me
condujo por el solitario y oscuro pasillo del hotel hasta la habitaci�n quince.
Me llevaba cogida de la mano. Me sent�a un poco inc�moda, pues no sol�a ir tan
unida a una mujer. Me d� cuenta que Susana era bastante alta, me sacaba, quiz�s,
media cabeza.
Susana toc� y pas� sin mayores protocolos y yo tras ella. La
ventana un poco abierta dejaba pasar una luz que manten�a la habitaci�n en la
penumbra. All�, sentada en un sill�n en una esquina, aparec�a una persona
vestida con un sombrero negro y unas gafas de sol muy oscuras y cuyos rasgos me
parecieron de un primer vistazo a Michael Jackson, por el pelo rizado y la
mand�bula cuadrada y una nariz preciosa que conformaba todo ello, el aspecto de
un joven.
Iba vestido el joven muy bien, con un traje de rayas grises y
unos zapatos muy caros con sus calcetines negros, su corbata de seda azul. Su
delgadez tambi�n le conformaban un aspecto juvenil. Ten�a el pelo negro, suave y
rizado, con brillantina.
Ten�a unos labios muy sensuales. Deb�a de ser un chico
precioso, pensaba en ese momento. Y sus dedos eran largos en una mano muy
estilizada. Pod�a apreciarlo bajo aquellos guantes de color blanco.
Susana se acerc� cuando le hizo una se�a y escuch�
atentamente lo que le dec�a en el o�do. Entonces, Susana comenz� a ordenarme.
- El se�or desea que te pongas a bailar delante de �l.-
Me puse a contornearme delante de �l, delante de aquella dura
cara, de aquellas gafas negras que no me permit�an ver su expresi�n mientras me
deshac�a de la chaqueta y desabrochaba los botones de mi camisa para dejarle ver
la piel de mi vientre y el color blanco de mi sujetador de encaje. Me iba
moviendo contorsionando mis caderas, mostr�ndole a aquel joven mi figura.
Me acerqu� a el y le cog� la cara con una mano y me
sorprendi� la suavidad de su piel. Me quit� la mano de su mand�bula con presteza
y aquello me sorprendi�. �Estar�a ante un tipo dominador que no consent�a que lo
tocaran?
-Qu�tate el sujetador- Me orden� Susana. Comenc� a bajar me
el tirante y sub�rmelo y as� hasta que decid� desprenderme de �l y me llev� la
mano a la espalda para desabroch�rmelo. Mis tetas botaron libres y aunque no
pude percibir nada en aquel rostro que me miraba tras las oscuras gafas, pude
ver la admiraci�n de Susana, que clav� su mirada en mis pezones redondos y
prominentes, bien distintos del resto de la piel de mi senos.
Me llev� las manos a mis copas para que el hombre pudiera
apreciar bien el tama�o de lo que ten�a. Hizo entonces un gesto y Susana me
orden� que dejara de bailar. Me qued� quieta, con s�lo la falda puesta, con las
mu�ecas cargadas por las pulseras de oro y con aquella gargantilla puesta.
Sent�a el peso de los pendientes puestos en mis orejas.
El hombre hizo un gesto y Susana me dijo que ven�a a quitarme
la falda. Susana se agach� un poco y desabroch� el bot�n y baj� la cremallera,
tirando de la falda hacia debajo. Qued� delante de los dos con el panty blanco
de encaje puesto, cubri�ndome desde mi cintura.
Susana segu�a orden�ndome.- Pon las manos detr�s y date la
vuelta.- obedec� . El hombre, que ten�a las piernas cruzadas, las abri� con un
gesto de impaciencia.
-Acercate que te vea mejor.- Dijo Susana al mirar s�lo a
aquel hombre. Obedec� y me acerqu� lentamente. Sent� la suave textura de los
guantes en mi vientre medio cubierto por los pantys y luego, como me acariciaba
los pechos, entreteni�ndose en mis pezones que roz� con la yema de sus dedos un
par de veces, provocando que la textura del guante me los excitara ligeramente.
Puse mis manos sobre sus hombros - �Ni se te ocurra quitarle las gafas a�n! �Ya
llegar� el momento!.-
-Sientat� sobre sus piernas.- Me sent� en sus muslos,
colocando mis piernas por fuera de sus muslos. Me pareci� que aquel joven no
ten�a mucha fuerza, pero con que apetito me agarr� de las nalgas y se meti� mis
pezones en su boca. Su piel se adivinaba fresca y tersa y pod�a ver unas largas
pesta�as detr�s de los oscuros cristales. Me agarr� a su cuello y sent� su boca
apretar mis pezones y contenerlos en los labios. Estiraba de ellos y el efecto
sobre m� era una excitaci�n mayor y conseguir que los pezones se alargaran.
Sus u�as se me clavaban en las nalgas. Susana se coloc�
detr�s de m� y me agarr� la cabeza. Agradec� su ternura. Sent� sus manos suaves
en mis carrillos y luego, tras besarme en las mejillas, alarg� sus manos para
cogerme el pecho y ofrec�rselos as� a aquel extra�o caballero, que deshizo en un
gesto el nudo de su corbata y pude ver la piel suave de su cuello. Me dio ganas
de bes�rselo, pero s�lo pude acercar mi cabeza a su cara y oler su perfume
varonil y la gomina de su pelo.
Le quit� el sombrero y descubr� un peinado al estilo de
Charlot. Entonces busqu� su boca y fui obsequiada con un dulce beso, un beso
jugoso, profundo que fue aprovechado por Susana para estrujar mis senos,
provoc�ndome un dolor agradable.
Me empezaba a mosquear la forma de actuar de Susana, parec�a
que disfrutaba tanto como cualquiera de nosotros en aquellas circunstancias.
Toqu� la pierna de aquel caballero misterioso y pude apreciar una apreciable
empalmadura y m�s que eso, un pene de una consistencia y tama�o envidiable. Nos
devor�bamos la boca, pues el sentir aquel gran pene cerca de m� me puso
cachond�sima.
Susana tir� de mi cabeza hacia detr�s y me volvi� a besar en
la sien mientras el caballero volvi� a disfrutar del delicioso manjar que
supon�an mis senos rematados por aquellas duras guindas que eran mis pezones.
Susana me cogi� de las mu�ecas y comenz� a manipular en una
de las pulseras de oro. Yo pensaba que me la iba a quitar, pero mi sorpresa fue
cuando me sent� trabadas las manos. Mientras me entreten�a excitada contemplando
como aquel desconocido me lam�a los pezones. Susana hab�a introducido un extremo
de la pulsera desatada por una de las pulseras que estaba en la otra mu�eca.
No le di mayor importancia a aquello y pronto quedaron
trabadas tres pares de mu�ecas entre s�. La verdad es que no intentaba
liberarme, pues de haberlo conseguido, seguro que hubiera roto todas las
pulseras. Para m�s seguridad, Susana at� los anillos que me hab�a ordenado la
noche antes que me colocara en los respectivos anulares entre s� con una anilla.
Con las manos amarradas as� s�lo se me ocurri� rodear con los
brazos la cabeza de mi amante que segu�a jugando con mis pezones entre sus
labios. Aquel desconocido hizo entonces una se�a y Susana me cogi� de los brazos
para ponerme de p�e mientras el casi me tira de sus rodillas. Susana comenz�
entonces a bajarme poco a poco los pantys hasta la altura de las rodillas, y
luego me dio media vuelta, de forma que el desconocido me ve�a las bragas,
bastante mal colocadas, que apenas me cubr�an. Para colmo, Susana me agarr� de
las nalgas y me las separ�, haciendo que la suave tela se metiera entre ellas.
Me sent�a desnuda.
Susana baj� mis bragas hasta donde hab�a colocado mis pantys
y cogiendome de la gargantilla de oro me oblig� a doblar la cintura.- Es para
que el se�or vea que no tienes pelos.- Susana volvi� a separarme los cachetes.-
�Est� a gusto del se�or?.- Sent� detr�s m�a una risa casi infantil que se
disimul� con una tos.
El desconocido llam� a Susana y le dijo algo de nuevo. Susana
fue presta al cuarto de ba�o mientras yo permanec�a as�, de espaldas a �l. Al
cabo de un rato, Susana apareci� con la cadena del inodoro. Entonces me la
enganch� a la gargantilla y la dej� caer. Sent� el brazo del hombre meterse
entre mis piernas y lo v� enganchar la otra parte de la cadena del inodoro y
tirar hacia �l.
Doble la espalda, pues no deseaba que me rompiera aquella
gargantilla comprada con el primer sueldo. Obedec�a instintivamente las �rdenes
mudas que el hombre me daba a trav�s de la cadena del inodoro y pronto qued� a
cuatro patas sobre las fr�as baldosas. Le estaba ofreciendo mi trasero a aquel
se�or . Me cost� agacharme debido a que los pantys y las bragas estaban a la
altura de mis rodillas y eso me imped�a abrir las piernas demasiado.
Sent� la suave seda de los guantes del se�or sobre mis nalgas
y de repente, una sensaci�n tierna en mi sexo, que comprend� que eran sus
labios, y tras aquello, la humedad de su lengua que me acariciaba el cl�toris.
Sus manos me separaban las nalgas y la carne del muslo y la
lengua de aquel hombrecillo me lam�a justo en la base interior del cl�toris. Mi
excitaci�n aumentaba. Delante de m� ten�a a Susana, que parec�a disfrutar
realmente vi�ndome en este percance.
El hombrecillo ten�a agarrada la cadena del inodoro y la
mov�a de vez en cuando. Yo sent�a un tir�n en el cuello y el roce de la cadena
en mi piel, justo en mis senos y a veces, ara�ando mis pezones. Ahora el goloso
me mordisqueaba las nalgas, ahora lam�a mi sexo en toda su extensi�n.
De repente, me agarr� el cl�toris con los labios y dio un
tironcito. Creo que mi sexo debi� de ponerse a cien, y desde aquel momento
comenc� a sentir cada roce de la lengua de mi desconocido amante como
multiplicado por mil. Sent�a que su lengua se intentaba introducir entre las
paredes de mi sexo.
No pude reprimirme m�s y empec� a jadear lentamente y en voz
baja y sent� que un calor y una sensaci�n electrizante recorr�a mi cuerpo y las
piernas me flaqueaban ante la suave sensaci�n de la lengua de aquel desconocido
en mi sexo. Me corr� y Susana parec�a tener una expresi�n de orgullo en su cara.
Cre� que iban a dejarme descansar, pero en lugar de eso,
sent� un presi�n entre mis muslos. Me d� cuenta de que me iban a penetrar.- �Por
favor! �Ponte un preservativo!.- Susana se ri� y se fue a su bolso y sac� un
preservativo que se lo entreg� al desconocido. Pude ver tras de m� la funda
vac�a y tras un momento, empec� a sentir de nuevo la presi�n de aquel miembro.
El hombre presionaba contra m� y poco a poco iba metiendo
aquel miembro de mulo en mi sexo rubricado. Me iba insertando. Susana se coloc�
a mi lado y me acariciaba y me cog�a la cabeza. Al cabo de unos instantes, el
hombre empez� a moverse detr�s de m�, empuj�ndome y haci�ndome que me moviera.
Estaba sobre mis pantys y mis bragas, seguro que d�ndolas de s� y
destroz�ndolas. De cualquier manera, me ten�a cogida y por duras que fueran las
envestidas siempre volv�a contra su vientre.
Me ten�a cogida de la cintura. Hab�a soltado la cadena del
inodoro que hab�a recogido Susana y llevaba en la mano, fuertemente cogida y
dejando un trozo muy corto de cadena, con lo que no pod�a mirar hacia detr�s.
Mir� a un lado y pude ver el perfil de un hombre bell�simo, que se hab�a quitado
las gafas y el sombrero. No lo reconoc�a.
Volv� a jadear y me sent�a como apareada como una perra
caliente. Me ard�an todas las zonas er�genas de mi cuerpo, desde los pezones
hasta los l�bulos de las orejas, cualquier sitio que tuviera alguna sensibilidad
ten�an una sobre excitaci�n. Chill�.
Chill� con cortos rugidos agudos que precedieron a mi
orgasmo. Susana me quiso tapar la boca pero no pudo evitar mis chilliditos que
culminaron en un gemido ronco, intenso y duradero. Me extra��, por que no me
pareci� que la minga de mi amante se hubiera inmutado lo m�s m�nimo. Poco a poco
la sac� igual de dura que al principio. Quise mirar pero Susana me lo impidi�.
Cuando me d� la vuelta, delante de m� ten�a al mismo se�or
misterioso y mudo, con las gafas oscuras puestas y el sombrero, totalmente
trajeado. Susana me oblig� tirando de la cadena del inodoro a permanecer de
rodillas y luego me dio agua que tuve que beber directamente de la botella.
Estuve as� un cuarto de hora. En ese momento, Susana atendi�
a una se�a del caballero y la v� que comenzaba a desnudarse. Se desnudo
completamente, ense�ando poco a poco su esbelta y delgada figura. Ten�a unas
piernas largas y delgadas y unas caderas no demasiado anchas. Su culo era de
nalgas peque�as aunque muy redondas y su vientre liso. Al quitarse el sost�n
aparecieron sus dos pechos, redondos y algo ca�dos, aunque rematados por unos
pezones puntiagudos.
Susana agarr� la cadena del retrete y tir� de m� hacia la
cama en la que estaba recostada. Avanc� hacia ella a cuatro patas, con
dificultades, pues llevaba las manos trabadas, y me sub� junto a ella. Pens� que
el hombre nos har�a el amor a las dos, pero me equivoqu�. El caballero
misterioso se incorpor� de su asiento y vino hacia nosotras con unos movimientos
graciosos y elegantes y se puso a mirarnos a cierta distancia con las manos
metidas en los bolsillos.
Susana me ten�a tan cerca de ella y me agarraba tan corto que
sent�a su pu�o contra mi cuello y su aliento en mi nariz. Entonces, con una
expresi�n dura y de posesi�n, Susana me dio un muerdo en la boca que no supe
como encajar. Intent� evitar que se prolongara, pero ella ten�a las de ganar y
siempre encontraba mi boca.
Era la primera vez en mi vida que ten�a una relaci�n l�sbica
y la iba a sufrir casi por la fuerza. Susana agarr� la cadena del inodoro al
cabecero de la cama, dando un par de vueltas a uno de los barrotes y me extendi�
el extremo para que me lo metiera en la boca. Obedec�, sinti�ndome como uno de
esos perros que se ven por la calle que llevan su propia correa entre sus
dientes.
Luego, se entretuvo en acariciar mi cuerpo y lamerlo. Me
acariciaba el costado y la espalda, y las nalgas y los muslos, y aquellas
caricias iban seguidas de un mont�n de besitos que yo soportaba estoicamente
colocada a gatas sobre la cama, con las manos trabadas y atada del cuello al
cabecero.
La boca de Susana jugaba ahora con los pezones de mis tetas
aprisionadas por sus estilizadas manos de dedos largos y delgados. Susana
parec�a beberse la leche que pretend�a orde�arme. Sus labios me excitaban y el
perfume penetrante que utilizaba me embriagaba.
-�Abrete bien de piernas, zorra!.- Me orden� Susana. Sent�
que extend�a sus brazos por detr�s de mis nalgas y se apoderaba de mi sexo
mojado mientras continuaba bes�ndome, ahora mi oreja, tirando con la lengua de
los amplios aros dorados que llevaba por pendientes, para penetrar con su lengua
en el interior de mi o�do alternando las lamidas sensuales con insultos como
"zorra" o "puta caliente".
Me introdujo un dedo en mi sexo, lo sent�a dentro, agitarse
para arrancarme un orgasmo que no quer�a regalarle. Hinqu� los codos sobre la
cama para resistir mejor, colocando la cara frente a la almohada. Entonces sent�
que Susana colocaba un muslo al otro lado de la cabeza y sent�a su co�o en mi
nuca.
Susana puso sus manos sobre mis nalgas y separ� los labios
del sexo, y estir�ndose un poco consigui� poner su lengua en mi sexo. Me mov�a
la cintura de un lado a otro, desestabiliz�ndome, hasta que hizo que me tumbara
en la cama, de espaldas a ella. Sent�a el calor de sus pechos en mi cintura y su
boca en mi sexo, cuando me agarr� los cachetes del culo y me los separ� con
fuerza. Un momento despu�s sent� una h�meda sensaci�n en el ano, que atribu� a
un escupitinajo.
Tras aquello, sent� la lengua de Susana acariciarme el culo.
Me intent� resistir pero la ten�a encima con todo su peso. Me inmoviliz�
metiendo sus piernas por detr�s de mis hombros y sent� el suave olor de sus pi�s
que estaban cerca de mi cara Pronto volvi� a lamerme el sexo y a introducir de
nuevo un par de dedos en mi sexo, que se hincaban en mi interior como si
quisieran conocer la profundidad de mi sexo.
Me corr� en la mano de Susana, aquella vendedora eficiente de
la que nunca pude sospechar sus secretas aficiones por las mujeres. AL ver que
me corr�a, el caballero misterioso me agarr� de la melena y tir� de mi cabeza un
poco hacia detr�s. Sostuvo mi cabeza por la barbilla y entonces sent� de nuevo
el sexo de Susana en mi nuca. Restreg�ndolo con fuerza, dej�ndome su aroma y la
prueba de que me hab�a pose�do.
Susana comenz� a correrse restregando su sexo contra mi pelo
rubia. Al buscar mi nuca, flexion� las rodillas y yo, al ver la suave sensaci�n
de la planta de sus pies, roc� mi cara contra ellos y los lam� mientras pasaban
los �ltimos momentos de mi propio orgasmo.
-No est� mal...no est� mal.- Esa no era la voz de Susana y
tampoco era la de un hombre, era una voz de mujer que yo conoc�a. Mir� hacia
detr�s como pude, pues segu�a atada, y vi que el misterioso caballero se hab�a
quitado el sombrero y las gafas. Era ella. Era Pepa S�nchez.
Pepa S�nchez se hab�a arreglado como si fuera un hombre. Su
pelo corto, engominado y rizado le daban, ocultando sus ojos y poni�ndose aquel
traje ancho, un aspecto masculino, aunque algo afeminado tal vez. La hab�a
enga�ado.
-�qu� haces aqu�?- Le dije
-Follar. �Y t�?.- Me respondi� Pepa, provocando una sonrisa
maliciosa en Susana. Me d� cuenta entonces que me hab�a penetrado antes. Me
hab�a follado una mujer y yo no me hab�a dado ni cuenta.
-�Su�ltame!-
-Lo perder�s todo entonces.-
-�Su�ltame te digo.-
Pepa comenz� a desnudarse quit�ndose la chaqueta que tir�
sobre el sill�n en el que hab�a permanecido sentada y se desabroch� la camisa,
despu�s de quitarse los guantes con mucha chuler�a y pasarlos un par de veces
por mi concha todav�a h�meda de antes.
Se quit� una camiseta que le disimulaba el sost�n ajustado
que le apretaba el pecho, que salt� delante de m� libre y furioso. Luego se
quit� los zapatos y se desabroch� los pantalones inmensos que bajaron por s�
solos, dejando al descubierto unos calzones.
Les ped�a que me soltaran , pero ellas no me hac�an caso.
Pepa se sac� un consolador de color fusia por la apertura delantera del calz�n.
Era, efectivamente un pene de mulo, m�s grande desde luego que el que pudiera
tener un hombre normal. Se coloc� detr�s m�a y comenz� a jugar con el aparato,
coloc�ndolo entre mis nalgas. Comenc� a gimotear.
-No, peque�a puta...no lo voy a hacer as�...quiero verte la
cara de zorra para olvidarme de todo lo que me has hecho sufrir.-
Pepa tir� de una de mis piernas . Yo me resist�a, y entonces
Susana la ayud� tirando de la otra pierna. Qued� tumbada y as� fue muy f�cil
darme la vuelta. Pepa no se anduvo con contemplaciones y se tumb� encima m�a.
S�lo llevaba puesta la corbata. Hice un tir�n m�s fuerte de la cuenta
intent�ndome soltar y mis cadenas de oro saltaron rotas de mis mu�ecas. Me solt�
liberando entonces uno de mis dedos de un anillo, pero mi libertad fue ef�mera,
pues Susana trajo mis pantys y me ataron las manos separadas a ambos lados del
cabecero, todo lo que los pantys daban de s�.
Susana me agarraba de las piernas mientras Pepa comenzaba ya
a introducir el consolador poco a poco en mi sexo. Sent�a aquello meterse dentro
con m�s facilidad de lo que pod�a suponer. Cerraba los ojos para no ver a Pepa
que me miraba disfrutando de verme as�, bajo su dominio, pose�da por ella. Me
besaba, o mejor dicho, me mord�a mientras, me agarraba de la cintura y se
afanaba en completar de meterme todo su consolador.
Cuando me tuvo totalmente insertada, Pepa comenz� a moverse
de arriba a abajo, provocando la fricci�n en mi interior. Estaba a su merced.
Sent�a mis pezones erizados rozarse con los suyos cuando me embest�a. Susana me
bes� en la boca. -�Qu�tate, que quiero verle la cara!.-
Sent�a mis piernas desfallecer. Comenc� a agitarme sintiendo
la inminencia del orgasmo. Para colmo, v� a Susana arrancar la correa del
pantal�n del traje masculino y luego la sent� atarme los dos pies detr�s de la
cintura de Pepa.
Pepa, al ver que me iba a correr, comenz� a embestirme de una
manera agresiva, casi violenta. Mi sexo chorreaba. Mis pezones, mi cl�toris,
hasta mi ano estaban a punto de explotar hasta que comenc� a chillar de nuevo,
estruendosamente, sin verg�enza, como una gata en verano.
Pepa no se tom� prisa para separase de m�. Creo recordar que
despu�s de aquel polvo, dese� que me besara e incluso busqu� su boca, peor me
rechaz�. Todav�a jadeaba por el esfuerzo.
-Me he quedado muy caliente.- Dijo Pepa. Me mir� y tras
quitarse los calzones varoniles y las bragas que ten�an injertado el pene
artificial, vino avanzando de rodillas hacia mi cara. Me cogi� de la cabeza y se
sent� ligeramente. Entonces coloc� su sexo en mi boca, h�medo y oloroso. No hice
nada. Ni siquiera saqu� la lengua. A Pepa parec�a darle igual. Buscaba la
fricci�n de mis labios y en poco tiempo, despu�s de probar el sabor de sus jugos
que aparec�an en el suave tacto de su raja entre una mara�a de pelos, se corri�
en mi cara, Llen�ndome de su miel.
Pepa se visti� sin ni si quiera mirarme. Estaba follada y
humillada. Cuando se fue, Susana comenz� a soltarme. Me explic� que Pepa hab�a
puesto un negocio y se hab�a montado en el d�lar
Susana se llev� mis bragas, mi sujetador y mis pantys, pues
una puta, me dijo, no necesitaba todo esto. Yo sal� as� del hotel, con mis
doscientas mil pesetas y el co�o escocido y me fui a casa a reflexionar sobre lo
ocurrido.
Al cabo de una semana, me lleg� un paquete con una pel�cula
de video en la que aparec�a yo, como actriz principal, en manos de un misterioso
caballero primero, de Susana y de Pepa despu�s. Y una nota que dec�a "Espero que
esto haya sido, a la vez que una interesante experiencia, una cura de humildad.
Yo por mi parte, considero que ya he cobrado mi finiquito"
A las pocas semanas me volvieron a contratar en otra empresa,
pero ahora me va mejor, pues jam�s olvido a Pepa S�nchez.
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