Repugnancia
Atardec�a y el agobiante calor de ciudad de Panam� no se
aplacaba. Hugo sudaba. Hab�a cierta distancia desde la parada de autob�s hasta
la casa de Luc�a, pero val�a la pena caminar y sudar el camino recorrido. Es
m�s, Hugo deb�a sentirse afortunado. No todos los adolescentes que trabajan como
ayudante de supermercado tienen la suerte de levantarse a una chica del nivel
social de Luc�a. Siendo ella miembro de una de las familias m�s respetables de
Panam�, el tenerla por novia era una fantas�a hecha realidad.
Finalmente, Hugo llega a la casa de Luc�a. No pod�a evitar
contemplar el alto muro que rodeaba a la ex�tica casa, dise�o de Don Gustavo,
t�o de Luc�a y uno de los arquitectos de mayor renombre de Panam� y Am�rica
Latina. Los pap�s de Luc�a acabar�an de una vez la relaci�n entre los tortolitos
de saber de su existencia; raz�n por la cual Hugo sol�a encontrarse con Luc�a
junto a la puerta este del jard�n, donde dif�cilmente alguien pod�a percatarse
de la escapada de Luc�a.
Luc�a�psss�Luc�a � Llama en chico entre susurros a su
novia, sin escuchar respuesta
Hugo se extra�a de que Luc�a no sea puntual; pues siempre lo
es. Nota que la puerta est� entreabierta. Su curiosidad es m�s fuerte que su
prudencia y entra en el jard�n. El coraz�n le late a mil. �Ay de �l si lo
sorprende uno de los empleados de la casa! Para sorpresa de nuestro joven amigo,
no hay empleados a la vista. La casa se siente sola�vac�a. Se escurre hasta una
de las ventanas de la sala, y justo cuando va a asomarse lo sorprende un
desgarrador grito. �Qu� susto para Hugo! Indudablemente, fue Luc�a quien grit�.
Hugo se asoma nuevamente por la ventana y ve algo que lo deja petrificado:
Luc�a, desnuda, con las manos sobre el respaldar del sof� y con las piernas
abiertas, y Don Gustavo, detr�s de ella, sin camisa y con los pantalones abajo.
�T�ooo, me duele! �Me arde mucho! � Gritaba Luc�a, entre
llantos
Don Gustavo estaba unido a Luc�a por el culo de esta. Contuvo
las protestas de la quincea�era con su gorda mano, y la sujet� por la cintura
con la otra. Luego, inici� el ritual r�tmico, hurgando con su pene el ano de
Luc�a una y otra vez.
Hugo no sab�a qu� hacer. Un mont�n de sentimientos se
apoderaron de �l. Jam�s pens� que llegar�a a ver algo as�. Se agach� y mir� para
todos lados pensando que alguien pod�a aparecer de repente, pero ni los
empleados ni los pap�s de Luc�a se hallaban en la casa. Nadie se hac�a presente.
Repentinamente pens� que era su deber acabar con ese acto. Su novia estaba
siendo violada por un hombre de 55 a�os, calvo y barrig�n. El ten�a la
obligaci�n de defender a su novia. Arm�ndose de valor y lleno de nervios, Hugo
se levanta y justo cuando iba a gritar "�D�jala en paz, desgraciado!", fue
capturado por la expresi�n en el rostro de Don Gustavo: era maquiav�lica, llena
de lujuria y placer, como la de un animal salvaje satisfaciendo sus m�s bajos
instintos, con mucho sudor en la cara. Por alg�n motivo, el morbo se apoder� de
Hugo. Se sinti� identificado con esas ansias de dominar y someter, con el placer
de ultrajar a una mujer e imponer su superioridad de hombre. Cuidadosamente se
agach� y desde el borde de la ventana se deleit� visualmente con la asquerosa
escena.
Don Gustavo estaba tan sumido en el placer que no not� que el
chico los observaba desde la ventana. Luc�a cerraba los ojos con fuerza por el
tortuoso dolor de perder la virginidad anal.
Al liberar su boca por un instante, Luc�a suplic� entre llantos:
�T�o, d�jeme, que me duele mucho! �Ay, mi madre! �Me
duele!
Es la primera vez que te lo hacen por el culo, �ah? �
pregunta jadeante Don Gustavo
�T�o, por favor!
�Resp�ndeme, putita!
�S�, aayyy, es la primera vez! �Ahhh!
Excitado al saber que era el primero en romperle el culo, Don
Gustavo arremet�a con m�s fuerza y violencia. Hugo se sinti� humillado al
escuchar la respuesta de Luc�a. Hab�an sido novios por m�s de un a�o y ella
siempre le neg� el culo. Pero al ver c�mo las nalgas de ambos vibraban cada vez
que Don Gustavo hac�a los empujes, los huevos del viejo golpeando el bajo
vientre de la chiquilla, la sangre que corr�a desde el ano de Luc�a hasta los
calzoncillos de Don Gustavo, el vaiv�n de las hermosas tetas, c�mo Don Gustavo
paseaba su mano por las gruesas nalgas y muslos de Luc�a; olvid� ese detalle, y
sigui� disfrutando visualmente.
�Ja! �Sab�a que el auebao de tu novio no te hab�a roto el
culo! �Lo sab�a! � celebraba Don Gustavo - S�, s� que te encuentras con un
pelado que no tiene donde caerse muerto. �Qu� dir�a mi hermana si se entera
de que su linda hijita se ve con un perro sin dinero?
�No,t�o! �Ay, ay! �No le diga nada a mi�ahhh� a mi mam�!
�Entonces, agu�ntame!
�T�o, ya d�jeme!
�Quieres que tu mam� y tu pap� sepan de �l?
�Ay!, �No, por favor,no! �Ay!
�Bien! Entonces, �toma esto!, �y esto�, �y esto!
Don Gustavo volvi� a tapar la boca de Luc�a y arremet�a con
tanta fuerza que la yugular parec�a que se le reventar�a del esfuerzo. Ya hac�a
tiempo que Hugo se estaba masturbando. Se sent�a culpable por no hacer nada por
Luc�a, pero el morbo era m�s fuerte que cualquier otro pensamiento que Hugo
pudiera tener.
S�bitamente, Don Gustavo volte� a Luc�a y la oblig� a
hincarse. La pinga de Don Gustavo permanec�a inc�lume, tesa, y desafiante,
frente a la cara de Luc�a.
�Ch�pame!
�Ya basta, t�o, por favor!
�Ch�pame, o ya ver�s!
Don Gustavo levant� la mano y le dio una bofetada a las
tiernas mejillas de la ni�a. Asustada, Luc�a obedeci�, insertando el miembro
viril en su boca. El viejo tom� las manos de Luc�a y las llev� hasta sus nalgas,
de modo que Luc�a se apoyara en las nalgas de �l durante la mamada. Hugo se
excit� tanto al ver aquello, que no pudo m�s, y eyacul� grandes cantidades de
semen sobre la pared. En medio del cansancio de la eyaculaci�n, Hugo contempl� a
Luc�a saboreando el pene de Don Gustavo, mientras �ste �ltimo gem�a y suspiraba
por el placer. Finalmente, Luc�a sinti� el chorro de semen caliente que Don
Gustavo bombe� dentro de su boca. Como era de esperar, la oblig� a tragarse toda
la leche, y a limpiarle el pene con la lengua.
Don Gustavo se visti�, y le advirti� a su sobrina, mientras
ella lloraba avergonzada y humillada:
�Ay de ti si le dices a alguien lo que pas� entre
nosotros! Te juro por tus pap�s que te mato - levant� la mano en adem�n
amenazante - Adem�s, no podr�s andar por la calle, pues todos sabr�n que
fuiste usada. No permitir�n que entres al Club Uni�n, nadie ir� a tus
fiestas en la casa de Punta Barco, todos te ver�n como la puta que eres.
�Estas advertida!
Luc�a lloraba y lloraba. Hugo no sab�a si retirarse o esperar
a que Don Gustavo se fuera. El �mpetu juvenil lo aventur� a correr hasta la
puerta por donde entr�. De hecho, Hugo corri� por un par de cuadras hasta que se
calm�.
Al poco tiempo, Hugo y Luc�a rompieron, pero el recuerdo de
lo ocurrido perdurar�a en el muchacho por el resto de su vida.
Para comentarios, puedes escribirme a
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO