Relato: Prostituta (02)
PROSTITUTA (2)
Esta es la continuaci�n de PROSTITUTA (1), resulta
indispensable su lectura, para llevar el hilo de las circunstancias, que llevan
a las situaciones narradas.
IV
El Inicio
Ya era tarde cuando pudo desprenderse del sill�n, ten�a los
ojos enrojecidos de llorar, su coraz�n sangraba, el �dolo se hab�a ca�do, su
vida hab�a ca�do, era todo una gran mentira, una falsedad, trat� de dudar de lo
visto, no ser�a una edici�n?, pero no, sab�a que no, se encamin� a uno de los
ba�os, se lav� su rostro, trat� de maquillarse para evitar que se notaran los
p�mulos hinchados y enrojecidos, como un robot, fue hasta la cocina, para dar
las ordenes para la cena, luego a la habitaci�n de uno de sus hijos, donde se
encontraban los dos, viendo televisi�n, los abraz�, sobre sus cabecitas volvi� a
llorar, pero no le sal�an l�grimas, estaba seca, el calor de los peque�os la
reconfort� un poco, y como una aut�mata pudo seguir algo as� como la rutina de
las noches.
A la cena, la familia reunida, permaneci� en silencio, como
ausente, trat� de no mirar a su Esposo, de distraerse con su comida, que apenas
prob�, Ricardo le pregunt� si se sent�a mal, apenas asinti� con un movimiento de
su cabeza, sigui� sirviendo a sus hijos.
No pudo dormir en toda la noche, cuando cerraba los ojos, las
im�genes volv�an una y otra vez, su mente en forma febril la hizo repasar toda
su vida, desde su infancia, los mandatos recibidos, su padre, su madre, el
pecado, el colegio, las monjas, su adolescencia, el pecado, la Iglesia, la
catequesis, el pecado, sus fantas�as reprimidas, el sexo, el pecado, la
facultad, su t�tulo, su destino, el pecado, Ricardo, el noviazgo, el sexo, el
pecado, el matrimonio, el sexo, el pecado, sus hijos, su vida, el pecado, su
vida, su vida, el pecado, el pecado, el pecado, Ricardo, su imagen, su sonrisa,
el Pecado, la sociedad, el Opus, normas de conducta, el pecado, Jes�s, su dolor,
su crucifixi�n, Mar�a la madre de Dios, la religi�n, sus mandatos, el pecado, el
sexo, el pecado, la crucifixi�n de ella, su dolor, el desenga�o, la mentira, el
pecado, al amanecer, en la gran cama matrimonial, yaciendo a su lado dormido su
esposo, el gran hombre, la mentira corporizada, la moral hecha humano, vio con
claridad lo fatuo e inexistente de todo lo que hasta ayer era su vida y tuvo
rabia, el dolor se transform� en odio y el mismo en deseos de venganza.
A la ma�ana, la rutina de todas las ma�anas, el beso a sus
hijos, el leve roce de sus labios a las mejillas de su esposo, que ahora le
parec�a un desconocido, cuya solo presencia le daba asco y odio, pero fingi�
normalidad, hasta pudo esbozar una sonrisa de despedida, como lo hac�a todas las
ma�anas en su vida anterior.
Estacion� su autom�vil, en un parking, cerca de la catedral,
a las 10 horas clavadas, se sent� en el borde de la fuente frente al templo,
mirando a la cruz que estaba arriba de la c�pula, esper�...
A los minutos not� que alguien se sentaba a su lado, dirigi�
su mirada al reci�n llegado, y lo reconoci�, era el joven abogado, que hab�a
sido despedido del Bufete por el mismo Ricardo, a ra�z de un esc�ndalo por
corrupci�n, celosamente tapado y enterrado, cuya victima �ltima era este
abogado, qui�n lo hab�a descubierto e incluso denunciado a los socios del
Estudio, que hab�a sido alejado para callarlo y no siguiera investigando -de
esto Mar�a Jos� se enter� por su relato-.
Al joven, el estudio y por consecuencia el Instituto, la
hab�an cerrado toda posibilidad, no pod�a denunciar porque estar�a implicado,
por los manejos que se realizaron a posteriori de su denuncia y porque gran
parte de los Jueces estaban relacionados con el Opus, con lo que ser�a suicida
tal denuncia, tambi�n le hab�an cortado toda posibilidad de ingreso en otro
bufete, por estar en la lista negra.
Hab�a sucedido que mientras trabajaba, de casualidad, en una
caja fuerte ultra confidencial y reservada, a la que por error hab�a tenido
acceso, hab�a encontrado el disco y otros documentos, que estaban hechos para
posterior solaz de los socios y como posible elemento de chantaje o disuasi�n
para futuros y eventuales rebeldes, por curiosidad los hab�a mirado, y de buena
fe hab�a comunicado tal hallazgo al titular del estudio, creyendo que era un
chantaje, y por ello hab�a sido despedido, hab�a sacado antes copias, pero que
tampoco podr�a usar en forma oficial porque su vida no valdr�a nada, eso lo
sab�a muy bien, por lo que hab�a resuelto darlo a conocer a quien si pod�a
interesarle, para poder sacar la careta a los pr�ceres en vida, por eso ella
hab�a sido elegida.
El joven, le cont� toda la verdad, una historia nauseabunda,
una historia de corrupci�n y de mentiras, el c�mo y el d�nde de las "fiestas",
el porqu� de las mismas -todo por motivos pol�ticos y econ�micos-
La c�pula sab�a que a los humanos era f�cil manipularlos con
tres elementos fundamentales, el dinero, el sexo, y la religi�n - esto ultimo,
para la gente del com�n-, supo de los negociados y de la corrupci�n hasta altas
esferas del poder pol�tico, de los Jueces, hasta la Corte Suprema llegaba,
fiscales, funcionarios, militares, eclesi�sticos, etc. Supo entre otras cosas,
como Ricardo, hab�a llevado a la perdici�n y como esta hab�a quedado embarazada
de padre desconocido, a una de las secretarias, Ana, que fue despedida, porque
la moral imped�a que una soltera mantuviera relaciones sexuales y para colmo
quedara pre�ada, como esa joven secretaria, tambi�n hija de una familia
ultra-cat�lica, fue arrojada de su casa y como Ricardo se hab�a lavado las
manos, como Poncio Pilatos.
Cuando el joven termin� su relato y se preparaba para irse,
ella le pregunt� si sabia donde viv�a la Ana, la joven que hab�a quedado
embarazada, el le dio la direcci�n, era en una zona considerada como "roja", no
recomendable para la gente bien.
Cuando llego al autom�vil, eran ya las 11 de la ma�ana, se
sent�, y qued� un rato pensando, estaba asqueada, su mente totalmente
desorientada, sus creencias de toda la vida anuladas, y casi en forma
inconsciente, puso en marcha el veh�culo y se dirigi� a lo de la joven
secretaria ca�da.
La zona roja de la ciudad, hab�a nacido despu�s de la ca�da
de la dictadura militar, como producto del destape, fen�meno que pasa despu�s de
una fuerte represi�n a todo nivel de la sociedad, tal como sucedi� en Espa�a,
luego de la ca�da del Franquismo, o de la revoluci�n sexual de los a�os 60 en
EEUU, y en todo el mundo occidental, y mucho antes en los pa�ses Escandinavos.
Hab�an sido zonas residencial de clase media, cuando
cambiaron los est�ndares medios morales, se convirtieron en un centro de
intercambio sexual, se llenaron de prostitutas, travestis, taxi boys, albergues
transitorios (hoteles por hora), porno-shops, y prost�bulos, algunos de alta
categor�a y lujosos, otros de mediana y baja, seg�n a el poder adquisitivo de
los clientes a los que estaban destinados.
Donde la condujo el dato recibido, era un prost�bulo lujoso,
de alta categor�a, en el mismo las mujeres eran bellas y j�venes, los ambientes
agradables y limpios, al llegar, ella vio que se trataba de un edificio de tres
plantas, que a la vista parec�a un edificio de condominio com�n, salvo un cartel
muy discreto en el ingreso que ofrec�a copas, distracci�n y placer, con un
nombre muy sugestivo "Pecado".
Las puertas y ventanas de la planta baja, estaban
polarizadas, no dejaban ver en su interior, toc� el portero el�ctrico ya que el
acceso era controlado desde el interior, le preguntaron el motivo de su visita,
ella respondi� que venia a ver a Ana, por motivos particulares, se lo
franquearon�
Ingres� en una recepci�n, que parec�a la de un hotel
importante, evidentemente la clientela era de alto poder econ�mico, pero la
decoraci�n mostraba el destino, hab�a grandes cuadros con motivos er�ticos,
copias u originales de famosos pintores, algunos m�s tirando a lo pornogr�fico,
tambi�n grandes posters de hermosas j�venes totalmente desnudas, los muebles
eran modernos y de categor�a.
Se acerc� a la recepci�n donde una hermosa muchacha, apenas
vestida con una t�nica trasparente, que no dejaba a la imaginaci�n nada, le
indic� que tomara asiento, que en minutos bajar�a Ana, que estaba en su
habitaci�n en descanso.
Se sent� en uno de los sillones de la recepci�n, mientras
esperaba, pens� en lo extra�o que era la situaci�n, ella, una de las patricias
de la alta sociedad cat�lica, sentada en un prost�bulo, esperando por una de las
pupilas, le result� algo grotesco, kafkaiano, sinti� algo raro en su cuerpo, era
como si ella no fuera ella, era como si mirara del exterior a su cuerpo, no
pod�a ser ella, era irreal, absurdo.
Ana se acerc� a Mar�a Jos�, al principio con cautela, no
sabia bien lo que pasaba, porqu� estaba esa mujer y hab�a preguntado por ella,
porqu� quer�a verla.
Ana era preciosa, alta, rubia de ojos muy claros, no ten�a
mas que unos 20 o 21 a�os, un cuerpo esbelto, delgada de senos medianos pero muy
parados, con curvas que tanto desean los hombres y envidian las mujeres.
Se present� y le dijo los motivos de su visita, Ana qued�
perpleja, totalmente asombrada, y la invit� a su habitaci�n, para conversar en
privado.
La habitaci�n de Ana, en realidad era como un departamento de
dos ambientes, pero sin cocina, una sala, con sillones y una peque�a mesa
ratona, una especie de living, el dormitorio y un ba�o - grande para un
departamento peque�o, ya que conten�a una tina de jacusi, en forma separada al
ba�o en s�-.
Los muebles eran caros y modernos, parec�a todo nuevo,
impecable, pudo ver que la cama del dormitorio, era muy grande, de mucho m�s que
dos plazas.
Se sentaron en los sillones del living, Maria Jos� le refiri�
de lo que se hab�a enterado, de su situaci�n, Ana no vacil� en contarle todo.
Era hija de una familia ultra-cat�lica, de clase media, sus
padres eran fan�ticos de la religi�n, fundamentalistas calific�, por relaciones
de la Iglesia hab�a ingresado como secretaria del Estudio, le cont� de su
ingenuidad, de su virginidad, de c�mo la reservaba para el matrimonio a que
estaba destinada, le cont� de su alegr�a al ingresar a trabajar en ese Estudio,
que seg�n su padre era la sede de santos varones, defensores de la fe y de la
Iglesia. Le cont� de su admiraci�n por Ricardo, de quien era su secretaria
privada, al cual hab�a puesto como absoluto y total �dolo, merecedor de toda su
confianza, despu�s le cont� como �l la hab�a desflorado, en la sala de
fotocopiadoras, ella no hab�a atinado a decir ni hacer nada, porque era como
Gabriel arc�ngel para ella, ella se hab�a sentido orgullosa de haber ofrecido su
virginidad a tal hombre, le cont� las veces que se acost� con el mismo, las
cosas que le hizo hacer, de c�mo la hab�a llevado a los umbrales del placer
sexual total, de c�mo la hab�a entregado a sus amigos, de c�mo la hizo
participar en org�as con los prohombres, de c�mo hab�a quedado embarazada y no
sabia de qui�n, porque todos los socios y gran parte de los asociados hab�an
pasado por su vagina, por su ano y su boca.
Le cont� de su indefensi�n cuando fue despedida por pecadora,
la reacci�n de su padre y su madre, al enterarse de su situaci�n, de c�mo tuvo
que prostituirse al ser expulsada de su hogar, de su aborto, que fue sumamente
riesgoso, porque estaba en mas de cuatro meses de embarazo, de c�mo hab�a
llegado al prost�bulo, del dinero que ganaba y de sus proyectos de futuro.
Maria Jos�, escuchaba, cada palabra que o�a, era un golpe, un
alimento mas al odio que sent�a, no solo ya contra Ricardo, sino contra todos
los hip�critas, que estaban prostituyendo al mundo, que ampar�ndose en ser los
defensores de la fe, de la moral, de la pureza, lucraban con ello, cada vez mas
ira, rabia y odio llenaban su mente
Ana, ya no hablaba, se hab�a quedado mirando a Maria Jos�,
que estaba inm�vil en el sill�n, as� se quedaron un tiempo bastante largo, hasta
que el timbre del tel�fono interno replic� para avisarle a Ana que comenzaba su
turno, que clientes ya la esperaban�
La acompa�� a la recepci�n, se saludaron con un beso en la
mejilla.
Mar�a Jos�, camin� a la salida, al llegar a la puerta, se
volvi� y miro al mostrador de recepci�n, ya sabia que ten�a que hacer, cual
ser�a su venganza, se encamino resueltamente a la misma�
Ella sab�a de la hipocres�a de Ricardo, que la familia para
�l era sacrosanta, que as� deb�a ser por mandato que proven�a de siglos y
milenios, la mujer y las hijas puras y santas, los excesos se deb�an cometer con
otras mujeres, de otras familias, a las que si se pod�a hacer lo que estaba
vedado para los suyos, que el mayor orgullo de un hombre, era hacer a los otros
cornudos, que la mayor de las desgracias que pudiera pasar a un hombre, era que
la mujer, pudiera llegar a rozar a otro hombre, la misma es propiedad, intocable
para los otros y en el caso que eso pasara, la desgracia caer�a sobre el hombre,
ser�a para siempre y hasta el fin de los tiempos, un cornudo, despreciado por la
sociedad que lo rodea, objeto de burlas y humillaci�n, eso con una sola ca�da de
la mujer, que pasar�a entonces si la misma se convirtiera en puta, a la que
cualquier hombre pudiera poseer?, que la vagina reservada para el esposo, se
convirtiera en recipiente de mil o mas penes?, que pasar�a si la mujer
mantuviera el secreto de ser prostituta y el hombre orgulloso la considerase
como la mejor mujer, la mas fiel y la mas santa?, si su pene tuviera que
penetrar esa vagina que considera su propiedad y sin saberlo lo estuviera
compartiendo con el miembro de muchos hombres, y esa vagina llenada una y mil
veces por esperma ajena?
Esa era la venganza, no tuvo duda.
Habl� con la recepcionista, que de inmediato llam� al
propietario, un hombre robusto, alto, de vientre prominente, de tez algo oscura,
de rostro algo indiano con una cicatriz en un p�mulo, cabello que comenzaba a
ralear, que manten�a largo para que no se notaran tanto las entradas, justo el
tipo de gente a la cual la anterior Maria Jos�, jam�s hubiera dirigido la
palabra.
El proxeneta, la hizo pasar a su privado, una gran habitaci�n
totalmente revestida en madera color caoba, donde hab�a un escritorio con dos
sillas frente a la ventana con vidrios polarizados de tal manera que se pod�a
ver al exterior, pero no a la inversa, del otro lado de la habitaci�n un gran
sill�n de cinco cuerpos, muy ancho, una mesita ratona y dos sillones mas de un
solo cuerpo, la habitaci�n estaba profusamente decorada con cuadros de temas
er�ticos, una vitrina, donde hab�a juguetes sexuales, toda una colecci�n,
algunos muy antiguos, quiz� con siglos de construidos.
El hombre la estudi� atentamente, se sent� en el sill�n
reclinable y giratorio que estaba en su lado del escritorio, simplemente dijo,
acompa�ando con un movimiento de su cabeza � la ropa -.
Maria Jos�, lo miro y comprendi�, se deb�a apreciar la
mercader�a que le ofrec�an, ella estaba vestida con un sencillo pero elegante
vestido liviano de verano, de color azul pastel, con un peque�o escote, como
siempre abajo una peque�a camisola corta, trasparente de color negro y otra cosa
no, salvo las pantaletas, nada, ya que nunca usaba sost�n, porque no lo
necesitaba.
Dud� un instante, pero despu�s frente al hombre que la miraba
atentamente, mientras prend�a un habano, se sac� el vestido, que se abr�a por
atr�s con un cierre, que cay� al piso, luego se sac� la camisola, por la cabeza,
la dej� en un sill�n, quedando parada frente a su observador, el hombre se�alo
la pantaleta con un dedo, Mar�a Jos� se la sac�, quedando totalmente desnuda�
El hombre se levant� y caminando alrededor de ella, la mir�
atentamente, luego una de sus manos se dirigi� a sus senos que avanzaban de su
cuerpo, erguidos y desafiantes, fue tocando, apretando y sopesando uno por uno,
despu�s, con un dedo, roz� los pezones, que por la irritaci�n inmediatamente se
irguieron, moviendo el inspeccionante la cabeza como aprobando. Luego la mano se
dirigi� a las nalgas, que fueron primero tocadas, luego apretadas para ver su
resistencia, luego la misma se dirigi� al sexo, pasando los dedos suavemente
sobre el vello p�bico, llegando a los labios superiores de la vagina, que fueron
tocados con delicadeza, viendo que los mismo estaban totalmente cerrados,
formando un fina l�nea.
Con delicadeza y con dos de los dedos, el hombre separ� los
labios superiores y toco suavemente la parte interna hasta llegar a los labios
inferiores, que fueron explorados en su contorno, luego un dedo se intern� un
poco en la cerrada y seca abertura vaginal, muy poco casi nada, el dedo se elev�
entonces hasta el cl�toris, que fue palpado en su extensi�n.
Ag�chate, indic�, y Maria Jos� lo hizo, y se le inspecciono
visualmente su cola,
-Separa los labios superiores-, escuch�, as� lo hizo, su sexo
interior qued� a la vista, del observador, que mov�a como aprobando su cabeza.
Estas contratada, dijo el proxeneta, el 50 % de lo que saques
es para m� y el resto para vos, yo corro con los gastos y la ropa, te proveo de
habitaci�n para trabajar, de m�dico que te revisar� todos los d�as, aqu� no vas
a tener problemas, la gente que viene es de dinero, y mis putas muy caras, vos
m�s, tu horario es de ocho horas todos los d�as, y 4 los s�bados, si queres
venir el domingo se paga doble, aunque como todas quieren venir, por ahora no.
Te aviso cuando puedas venir, si falta alguien o mucha demanda, Ahora acostate
en el sill�n que te voy a probar, empiezas ma�ana y tu horario es de 10 a 18
horas, te recomiendo que no faltes y que seas responsable.-
Maria Jos�, ya estaba conmocionada por la inspecci�n de la
que hab�a sido objeto, esto �ltimo hizo temblar sus rodillas, casi se cae, el
solo pensar que ese hombre la ir�a a penetrar, casi la hace desistir de su
prop�sito.
Pero el odio y el resentimiento, es un poderoso motor,
sacando fuerzas, se acerc� a gran sill�n y se acost� en �l. Mientras el hombre,
sacaba un frasco de un caj�n del escritorio, y se acercaba con el mismo en la
mano, es lubricante, dijo, vi que estas muy seca, destap� la botella y se ech�
un poco entre dos de sus dedos, que fueron dirigidos a la vagina de ella, y
suavemente frotados los labios superiores y luego los inferiores, cuando juzg�
suficiente la lubricaci�n externa, introdujo los dedos h�medos con lubricantes
en el interior de la vagina, hasta hundirlos en su totalidad, mientras sent�a la
penetraci�n de los dedos, un sudor fr�o corri� por su cuerpo�
El hombre se dirigi� luego hasta la puerta, comprob� que
estaba cerrada con llave, puso arriba del escritorio el frasco con el
lubricante, se comenz� a desvestir, primero se sac� los zapatos, luego el
pantal�n, quedando en slip, se sac� la chomba que tenia puesta, quedando solo
con una camiseta blanca, que no se sac�, luego el slip. Era francamente un poco
rid�culo ese hombre, vestido solo con camiseta y media, con su vientre
prominente, pero luego, Mar�a Jos� bajo la vista y lo vio, jam�s hab�a visto un
miembro masculino mas que el de su esposo y el peque�o de su hijo var�n, qued�
anonadada del tama�o de lo que hab�a quedado a la vista, pens� dudando, si ella
era capaz de albergar eso, que realmente era grande, grueso, muy grueso y largo,
muy largo.
El hombre se acerc� a ella, dici�ndole, menos mal esto lo del
Viagra, porque por d�a por lo menos tengo que probar a una o dos, efectivamente
esa droga causaba buen efecto, ya que el estado de erecci�n era tremendo.
El hombre cubri� a Maria Jos� con su cuerpo, ella se sinti�
un poco aplastada, hasta que el hombre se apoyo con sus dos manos en el
respaldo, aliviando la presi�n, se qued� mir�ndola a la cara, ella comprendi� y
dirigiendo una de sus manos al poderoso miembro, lo gui� hasta su vagina.
Ella no estaba acostumbrada a tal tama�o, el pene de Ricardo
era la mitad o menos de lo que tenia en la mano, tir� el prepucio que hab�a
quedado tapando parcialmente al glande, y lo apoyo en la entrada vaginal, el
hombre hizo presi�n, mientras ella continuaba su gu�a, el gran miembro, comenz�
su entrada en la estrecha cavidad vaginal, primero la gran cabeza, hinchada que
comenz� a separar las paredes del comienzo y como estaba bien lubricada por la
loci�n que le hab�an puesto, la penetraci�n continu�
La mente de Maria Jos�, trabajaba a mil por hora, cuando la
gran cabeza inici� su penetraci�n, ella sinti� la dilataci�n a que estaba siendo
sometida, no tuvo dolor, solo sensaci�n de penetraci�n, de las paredes de su
vagina que se estaban dilatando, para albergar el monstruo.
Como una r�faga en su mente, apareci� la palabra pecado y el
rostro de la monja celadora de su �ltimo a�o en el colegio secundario, que
mascullaba mientras rezaba, luego la imagen del Salvador, el rostro de su
confesor, y la palabra� pecado,� pecado.
La penetraci�n continuaba lentamente, el hombre evidentemente
ten�a su experiencia en las lides de coger, ya el miembro estaba en su mitad
sumergido en la vagina de Maria Jos�, ella sent�a como si una enormidad la
estaba invadiendo, las paredes se continuaban dilatando de poco a poco, pens� en
sus partos, en el dolor que hab�a sentido cuando pasaba la cabeza del bebe por
el estrecho conducto, pero ahora no le dol�a, era una sensaci�n distinta, era
como si se le cubriera el conducto en forma natural, se comenz� a sentir como
completa, no sent�a placer, no estaba excitada en lo absoluto, pero la
penetraci�n a que estaba siendo sometida no era desagradable�
Ten�a cerrados sus ojos, tenia miedo de abrirlos y ver la
cara del que la estaba penetrando, por fin el hombre dio una estocada culminando
la penetraci�n, ella se sinti� totalmente ocupada, no solo su vagina,� su cuerpo
estaba ocupado, el gran pene invad�a todo su ser, y se sinti� muy abierta, muy
abierta�
El hombre culmin� su penetraci�n y comenz� a bombearla, muy
lentamente, retiraba un poco el miembro y volv�a a penetrar muy suavemente,
Maria Jos� al sentir la estocada final y la total dilataci�n, el suave golpeteo
en sus nalgas de los test�culos, visualiz� la cara de su esposo y el odio y el
rencor, la hizo mover y cruzar sus piernas sobre los ri�ones de su penetrador,
elev� su cadera, para sentir mas la penetraci�n, sinti� su vagina como una ancha
gruta, el sabor agridulce de la venganza la invadi� y se excit� con ese miembro
terrible que la ocupaba, ese hombre espantoso que la estaba cogiendo, comenz� a
moverse, quer�a sentir mas y mas esa cosa que tenia en su interior, Quer�a la
destroce, porque la vagina que estaba siendo penetrada, ensanchada, era
propiedad exclusiva de Ricardo y con esto era irremediablemente, para siempre un
cornudo!!, su santa y venerada esposa una total y para siempre prostituta!!
Continu� movi�ndose para arriba y para abajo, sinti� como una
terrible excitaci�n la invad�a, y mientras su vagina se ba�aba en lubricante por
ella y por el gran miembro producido, entr� en el pre-orgasmo.
Sinti� que todo su cuerpo y todo su yo, estaba en esa vagina
ocupada y maltratada por el inmenso miembro, se aceler� el ritmo de su coraz�n,
que cabalgaba enloquecido, sus piernas se apretaron contra el cuerpo del hombre,
para obtener mas y mas penetraci�n, hasta que profundas contracciones que nac�an
en su vagina y recorr�an todo su cuerpo producto del orgasmo que tenia, la
hicieron temblar, mientras recib�a la esperma que largaba en intermitentes
chorros el miembro ocupante.
El hombre se incorpor�, y la mir� asombrado, le pregunt� si
en verdad hab�a orgasmado, ella asinti� con su cabeza, el le dijo que nunca en
toda su experiencia, nunca una puta que probaba lo hab�a hecho de la forma que
ella lo hizo, que lo hab�a sentido en su miembro y en cuerpo de ella, que se
hab�a estremecido en casi convulsi�n.
Maria Jos� se sent�a llena de esperma, que desbordaba ya su
vagina, le pidi� le indicara donde pod�a higienizarse, le indic� una de las
puertas y mientras ella caminaba con las piernas apretadas para evitar salga lo
que tenia en su interior, �l la sigui� con la mirada asombrada, era una
magn�fica adquisici�n que hab�a hecho para su plantel de putas.
Cuando lleg� al ba�o que era muy moderno y limpio, se sent�
en el bidet, para que el agua mojara sus interiores y arrastrar toda la esperma
que tenia en su interior, en ese momento pens� en la posibilidad de quedar
embarazada, pero como buena cat�lica sac� los c�lculos del m�todo de Ogino y
comprob� que estaba en periodo inf�rtil, suspir� aliviada...
Se higieniz� lo mejor que pudo, dejando un largo rato la
lluvia del bidet, luego se sec�, utilizando sin mayor remordimiento la toalla
que hab�a al lado de la pileta, sali� desnuda como estaba nuevamente a la
oficina, tom� la pantaleta y se la puso, luego la camisola, y su vestido que
estaba ahora arriba de uno de los sillones, sent�ndose se calz�, todo bajo la
mirada del hombre, mirada en la que pudo observar admiraci�n y aprobaci�n.
Cuando estuvo vestida, el due�o llam� a la recepcionista, le
indic� que la llevara a conocer el establecimiento, le indicara su habitaci�n y
le entregue la ropa que Maria Jos� eligiera para su trabajo.
Acompa�o a la recepcionista que le mostr� todo, le era un
poco dificultoso el caminar, tenia muy irritada su vagina, que segu�a muy
dilatada. La habitaci�n que le asignaron, era pr�cticamente igual a la de Ana,
la ropa a elegir, eran camisolines muy sexy y trasparentes, cosa que hizo.
Le cost� un poco llegar al autom�vil, y al llegar a su casa,
eran las 15 horas, comi� algo (esta hambrienta), se duch�, se recost� hasta la
hora que vinieron los chicos del colegio.
Cuando Ricardo lleg� a la casa, ella lo recibi� sonriendo, se
sent�a en paz, la venganza comenzaba...
Navegante
(del grupo de autores de TR.)
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Relato: Prostituta (02)
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