Relato: Juan, por la vuelta
Juan (2)
Dicen que las segundas partes no son buenas; pero como esto
no es una pel�cula sino la vida real, no me molesta en absoluto los prejuicios
que se pudieran tener al respecto. De todas maneras, vuelvo a relatar mi
historia con Juan, mi sobrino que este a�o, en septiembre, cumple 13.
El punto de no retorno se hab�a quebrado y con �l, miles de
c�digos que ya no se necesitaban recuperar. En su lugar, se han abierto otros,
despertando en m� sensaciones que jam�s en mi vide so�� tener. A veces, so�aba
con ese encuentro con Juan y la ma�ana me encontraba con una tremenda erecci�n y
dolor de test�culos.
Las relaciones sexuales con mi mujer tambi�n fueron a veces
distintas porque, en el medio de la pasi�n el deseo, im�genes de ese ano rosado
de Juan, tan estrecho pero a la vez tan maravillosamente dilatado, me sacaba de
contexto.
Fue as� que mi vida cambi� y tambi�n la de Juan. Ya las
miradas inocentes y casuales de t�o a sobrino hab�an sido reemplazadas por otras
m�s cuidadosas, casi culposas. Estaba a la vez, a la expectativa de que
apareciera o de que se dieran nuevas oportunidades. De una cosa estaba seguro,
ahora ya lo espont�neo de la primera vez, se hab�a convertido en el necesario y
buscado de una segunda.
Juan hab�a ingresado a la escuela secundaria. Ya no precisaba
de entrar temprano por la ma�ana porque concurr�a a la escuela por la tarde. Ya
las visitas se hac�an m�s distanciadas y en mi interior sent�a una necesidad,
que era la de verlo.
Un fin de semana, Juan pidi� mi ayuda. Ten�a que presentar un
trabajo sobre Historia y no entend�a las consignas de la profesora. Me llam� por
tel�fono y pregunt� si podr�a ayudarle. Sin pensarlo dos veces acced� y toda la
tarde lo tuve para m�. Pero fue, en cambio, como si de a poco hubi�ramos podido
recuperar la inocencia de los primeros tiempos.
Hacia la tardecita, mi mujer y mis hijos se fueron a la casa
de mi suegra. Juan y yo ten�amos la casa para los dos solos. Luego de unas
explicaciones breves, Juan qued� en la mesa del comedor leyendo sobre las
fuentes de la Historia y sus Ciencias Auxiliares.Yo, me levant� y me dirig� al
living. Encend� la tele y me dediqu� a ver cualquier estupidez. De tanto
zapping, me detengo en FTV (Fashion TV, canal dedicado a la moda) y un backstage
de una sesi�n de fotos. Minas casi desnudas, con poses provocativas. Tanta era
la calentura que ven�a acumulando que no tarde en excitarme y comenzar a
manosearme debajo de mi pantal�n de jogging.
Al rato fui por m�s. Moj� las puntas de mis dedos con mi
saliva y los llev� hasta mi ano. Comenc� a acariciarlos y a introducirme el dedo
�ndice. Sent�a que explotaba. Jadeaba, mord�a los labios. Por ser la primera vez
lo estaba haciendo muy bien y me estaba haciendo muy bien.
Juan se acerca y se sienta en un sill�n de dos cuerpos. Mis
sonidos lo hab�an atra�do. Me preguntaba qu� estaba haciendo. Lo mir� y sin
pensarlo dije: "esto" y baj� mis pantalones y ropa interior. Con una mano segu�a
masturb�ndome y con la otra introduje un dedo, despu�s dos. Me dol�a a m�s no
poder, pero el s�lo hecho de ver que Juan estaba all� presente, observando
atentamente, me excitaba y me envalentonaba.
Juan pregunt� si me faltaba mucho para "largar la leche". Le
respond� que no, que estaba disfrutando del momento; entonces, Juan se levanta
de su sill�n y se acerca para observar con m�s detenimiento c�mo mis dedos
entraban y sal�an de mi ano.
Me coment� que �l tambi�n estaba caliente, que le encantaba
ver lo que yo estaba haciendo. Se toc� la entrepierna y comprob� que su pene
estaba erecto. Se desabrocha el cintur�n, el bot�n de su jean y abre la
bragueta. De entre su ropa interior, aflor� su pene. Erecto, hinchado. Pero yo
segu�a en la m�a. Estaba muy empapado de mi tarea, a�n as� trataba de no perder
de vista lo que Juan hac�a.
De repente le pregunto si estaba caliente pero Juan
malinterpreta y cree que yo le estaba preguntando si mi pene lo estaba, por lo
que acto seguido a mi pregunta, Juan se inclina y me toma el pene, rode�ndolo
con su mano y masturb�ndome. Yo estaba en la gloria.
Juan se inclina m�s, arrodill�ndose en el piso mientras me
masturbaba. Yo quito instintivamente mis dedos de mi ano y los llevo a un
costado. Mi sorpresa fue mayor porque Juan comenz� a acariciarme con su mano
libre. Paseaba por mis piernas y se pos� en la derecha. Fue lentamente desde mi
pubis hasta la rodilla y luego por detr�s del muslo. All� me acarici� la nalga.
Sin perder demasiado tiempo, con mi pie atraje una mesa
ratona de madera m�s cerca para que me sirviera de apoyo. Luego, levante mis dos
piernas y qued� como si fuese una puta barata, recostada y abierta.
Juan, quien hab�a prestado mucha atenci�n a mi
autopenetraci�n. Me hundi� el dedo �ndice de un solo tir�n. Me quej� de dolor y
lo retir� de golpe, tambi�n. Esto me provoc� un doble dolor, pero muuuuuuy
satisfactorio.
Me ensaliv� los dedos y lubriqu� mi ano. Luego dej� que
actuara. Las cartas estaban echadas ya y yo no ten�a m�s que relajarme y
disfrutar de esto.
Juan me penetr� lentamente y luego comenz� a jugar en forma
simult�nea. Por un lado, entraba y sacaba su dedo �ndice, el cual cada tanto
tambi�n se lo llevaba a la boca para llenarlo de su saliva; por otro, me
masturbaba lentamente, hacia arriba y abajo. �Qu� m�s podr�a pedir? Entre mis
jadeos, no dejaba de feclicitarlo, que bien que lo hac�s, dale, no pares, as�,
despacio, m�s lento, siiiiiii, todo, dame todo, par�, par�, no, dale,
segu�....�te gusta?, �est�s caliente? Que si, que me gusta, que estoy
caliente...
Ya era suficiente. Le ped� que me soltara y que me dejara
continuar a m�. Tom� su lugar y Juan se qued� parado, a mi lado. Yo me retorc�a
en el sill�n de pa�o, estaba descontrolado y abr�a y cerraba la boca entre
jadeos y quejidos de placer. Con los ojos cerrados, volv�a a mis placeres
adolescentes cuando en la quietud de mi cuarto y en la oscuridad de las noches
de verano, me masturbaba enredado entre mis s�banas.
En un momento, sent� que en los labios hab�a otra presencia
adem�s de mi lengua. Era el pene de Juan que, siguiendo mis consejos sobre su
liberaci�n de instintos, me hab�a apoyado para que se la mamara. Abr� los ojos y
sonre�, inmediatamente me dediqu� a chupar el pene de Juan. Ya no sent�a uno
sino que mis dedos se hab�an convertido en Juan, mi manoera Juan y ahora mi
boca. Era como disfrutarlo pero al cubo.
Juan se aparta y se quita los pantalones y la ropa interior.
Cruza sus piernas y me penetra la boca con su pene, con un ritmo maravilloso de
mete y saca. Ah� decid� dejar de masturbarme y de autopenetrarme. Tom� con mis
dos manos su cola y lo ayud� a que sus empellones contra mi boca fueran m�s
firmes, m�s armoniosas. Juan ten�a sus manos apoyadas contra la pared y no
quitaba su mirada de mi boca, viendo con avidez c�mo me com�a su verga y sus
huevos. Mis manos sobre su espalda, sobre sus nalgas, sobre la rajadura y hasta
por su ano no parec�an importarle demasiado. Estaba extasiado por la forma en
que yo lo devoraba.
Cansado de la posici�n, lo retir� y lo sent� sobre m�. Sentir
su cola pegada a mi pene fue escalofriantemente sensual y sexy. Ten�a sus
piernas abiertas y su ano en direcci�n a mi verga. No lo penetr� sino que lo
atraje hacia m� y le di un beso por primera vez. Fue un beso primario, torpe, de
labios entrecerrados y con cierto asco de su parte. Me pareci� que no estaba
preparado todav�a as� que abandon�.
Nos incorporamos y fuimos hasta la cama. All� improvisamos un
69 con las mismas caracter�sticas del relato anterior: "... Me met�
debajo de �l e improvisamos un 69 dulce ya que �l no sab�a que hacer y mis
l�quidos preseminales le causaban asco. Le repet� que hiciera lo que sintiera
hacer en el momento y mientras yo mamaba su pene, lam�a sus huevos y su ano, el
comenz� a pasar la lengua por el tronco de mi pene y a darme besos.
Cuando sinti� que yo hurgaba en su ano, se moj� los dedos e
hizo lo mismo. Debo confesar que su u�a y su torpeza me da�aron en un momento
pero luego sent� su �ndice, m�s de la mitad, dentro de m� y eso fue m�s que
suficiente..."
Volv� a voltearlo y a lamer, penetrar su hermoso ano con mi
lengua. De nuevo los jadeos y sus expresiones. De repente, me sent� explotar,
como si la sangre hirviera y mi cuerpo me pidiera m�s.
Le ped� que se levantara y saliera de la cama. Juan me mir�
extra�ado, tal vez pens� que me hab�a enojado. Nada m�s lejos de la realidad.
Frente a �l, me di vuelta, me coloqu� en cuatro, abr� mis piernas a m�s no poder
y me ensaliv� el ano. Le pregunt� si alguna vez hab�a penetrado a alguien. Yo
sab�a la respuesta. Sab�a que dir�a que no, que era su primera vez, pero
necesitaba escuchar esas palabras entrecortadas, esa voz de ni�o queriendo
convertirse en macho, ese ronquido producto de la excitaci�n... lo dijo. Dijo
que no. Un fr�o me corri� por la espalda. Levant� la mirada y me mir� al espejo
de la habitaci�n. Ah� me di cuenta en lo que me hab�a convertido.
Ya no era su t�o, ni nada. Era un animal en celo, un proyecto
de puta que iba a sellar su destino, el destino de la relaci�n entre ambos. Le
indiqu� entonces que ensalivara su pene y que me apoyara despacito.
Se acerc� lentamente y si antes estaba en dudas por lo que
iba a suceder, el s�lo hecho se sentir su cabeza peque�a de pre adolescente de
12 a�os contra la abertura de mi ano, termin� de convencerme por completo.
Mi ano estaba dilatado por tantos dedos as� que lentamente
fue comi�ndose su pene hasta el final. La sensaci�n era una mezcla de dolor y
placer, con ganas de ir de cuerpo. Era algo extra�o que hab�a entrado en su
totalidad.
Plop, plop, plop,plop,plop...escuchaba el sonido de sus
huevos y sus piernas chocando contra mi. Se tir� sobre mi espalda y comenz� a
masturbarme y yo sent�a que me iba a morir de un momento a otro.
Se retir� lentamente y otro plop, de destrabe, de
desabotonamiento. Me recoste sobre la cama y elev� mis piernas. Las coloqu�
sobre sus hombros y le ped� que me volviera a penetrar. La misma sensaci�n
dolorosa. La misma hermosa sensaci�n placentera.
Su vaiv�n, sus empellones, su tibieza. Nada importaba sino
sus ojos, esos ojos maravillosos, extasiados, perdidos en mi ano y su pene,
entrando y saliendo. Su ombligo, su delicado cuerpo lampi�o acerc�ndose y
alej�ndose, sus manos fuertes sujetando mis tobillos y abriendo a�n m�s mis
piernas para no perderse de nada.
Sus axilas limpias, emanaban una acidez que en esos momentos
terminaba por calentarme. Bajo lentamente mis piernas. Primero una y luego la
otra. Juan detiene su movimiento y me espera. Est� atento a cada uno de mis
gestos. Comienzo a moverme y �l a masturbarme. De nuevo el hormigueo y los
latigazos sobre mi pubis. No quiero acabar asi que le pido que me abrace. Lo
hace. Nos desconectamos y volteamos. Ahora es mi turno. Pero no lo penetro sino
que, como un acto inconsciente, vuelvo a ensalivar mi ano y me siento sobre su
pene. Siento como se hace lugar en mi interior, siento como penetra, como la
cabeza hace punta abri�ndome. Me duele, pero es el dolor de los dioses.
Me arque� hacia atr�s y tomo sus piern�s, abri�ndolas y
toqueteo sus huevos. Luego ensalivo mi dedo y mojo su ano. No dejo pasar m�s
tiempo y entierro un dedo. Frunce su ce�o y dejo que mi dedo se haga lugar.
Luego comienzo a meter y sacar, pero sus gestos de dolor me ganan.
Despacio quito mi dedo y me inclino hacia delante. Lo tomo de
su cuello y lo bes�. Pero esta vez, el beso fue diferente, porque en lugar de
encontrarme con labios entrecerrados, me encontr� con una boca abierta y
dispuesta, con unos labios carnosos, jugosos y una lengua juguetona.
Comenc� a cabalgar en forma constante, cada tanto hac�a
movimientos circulares de cadera y observ� c�mo le gustaba.
Le pregunt� si le faltaba mucho y me respondi� que no, que ya
estaba, que sent�a como....ahhhhh....si, si, asi.....como una cosquillita pero
que.....uhhhh...ahhhh...si, si....le faltaba poco... mis sonidos se confund�an
con los suyos y se percib�a el olor a sexo que emanaba de ambos y que impregnaba
el lugar.
A los pocos minutos, me salgo lentamente y vuelvo a
cabalgarlo, pero esta vez d�ndole la espalda. �l me toma de mis nalgas y me
obliga a subir y bajar. El muy puerco se estaba masturbando pero conmigo hasta
que en un momento siento que se relaja y un peque�o, casi imperceptible chorro
en mi interior.
Se desploma sobre la cama y yo me retiro. Lo limpio con mi
lengua y su cara de cansado me lo dice todo. Su pene estaba erecto as� que le
pido un �ltimo favor: que me penetre de nuevo y me haga acabar. Dicho esto,
coloco mis piernas sobre sus hombros y me penetra pero ya no sent�a su pene tan
duro como antes. Me abro un poco m�s y Juan comienza a masturbarme.
La sensaci�n de su pene en m� y los sacudones que le hac�a a
mi pene me hizo poner m�s loco, acabando con fuertes chorros en todas
direcciones.
Ambos quedamos totalmente destruidos. El cansancio y el
agotamiento amagaron con quedarnos dormidos pero antes de que eso ocurriera,
salimos y fuimos al ba�o. Nos limpiamos y volvimos al comedor.
Juan me mir�. Yo hice lo mismo y le agregu� un "te quiero
mucho, sab�as?..." y le sonre�. El me dijo que tambi�n me quer�a mucho. Y no
volvimos a hablar.
Espero sinceramente que este tambi�n guste y que no disturbe
el lenguaje pero es que a veces no hay otra manera de explicarlo. Espero
comentarios sobre este relato y el anterior, escribi�ndome a la siguiente
direcci�n: lacueva33(arroba)hotmail.com Es importante para mi saber si una
relaci�n tan humilde como la m�a y la de mi sobrino puede importarle a
alguien...
Desde Argentina, nos estamos viendo...o leyendo.
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Relato: Juan, por la vuelta
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