La peque�a M�nica estaba tumbada sobre su cama, en la
habitaci�n que compart�a con su hermana Susana, leyendo un libro er�tico que
hab�a comprado en las galer�as comerciales. Tan solo quince a�os y ya notaba que
su sexo le ped�a constantemente guerra. Sin duda hab�a algo de ninf�mana en
ella.
Mientras le�a el libro "Las edades de Lul�", sujet�ndolo con
su mano izquierda, con la derecha se frotaba la vulva por encima de las bragas,
las cuales estaban ya pringosas, h�medas tras rozarlas insistentemente con los
labios mojados de su vagina.
En aquel momento su hermana entr� en la habitaci�n. Siempre
llamaba antes de entrar, pero lo hac�a de tal modo que al dar el primer golpe en
la puerta empezaba ya a abrirla, con lo cual es como si no llamara en absoluto.
Generalmente, para M�nica eso no era ning�n problema, pues si
estaba masturb�ndose le bastaba con sentarse r�pidamente en la cama y hacer como
que ordenaba el caj�n de su mesilla, pero en aquella ocasi�n, su atenci�n estaba
tan centrada con el libro que pr�cticamente no oy� ning�n ruido hasta que Susana
estaba ya dentro de la habitaci�n, mir�ndola entre sorprendida y divertida.
- �Qu� estas haciendo? -le pregunt�.
"Como si no lo supieras", pens� ella. Sin embargo contest�
con un "nada" m�s bien d�bil. Deb�a confesar que se sent�a bastante avergonzada,
pues aunque ella y su hermana se ve�an desnudas pr�cticamente todos los d�as,
nunca se hab�an dado las circunstancias actuales.
- As� que nada �eh? -le contest�. Se sent� en la cama junto a
ella y tom� el libro de sus manos. Lo que Susana dijo a continuaci�n dej� a
M�nica perpleja.
- Ya lo he le�do, es bueno. �D�nde lo has comprado?
M�nica no sab�a qu� responder, a�n estaba confusa por el
hecho de que su hermana la hubiera sorprendido masturb�ndose. Susana le sonri�.
- No te preocupes mujer, que no voy a chiv�rselo a nadie. La
verdad es que no esperaba encontrarte as�, tocando la guitarra.
- �Tocando la guitarra?- pregunt� M�nica, extra�ada.
Susana solt� una carcajada. Su hermanita tan solo era tres
a�os menor que ella misma, y sin embargo su inocencia era aterradora. A veces
pensaba que ten�a madera de monja, con su carita de �ngel y sus modales de ni�a
refinada. Secretamente, se alegraba de haberla pillado as�, expuesta a admitir
que tambi�n a ella le gustaba el sexo y que no era "algo asqueroso", como
siempre dec�a cuando estaban delante de su madre.
- S�, tocando la guitarra... �Masturb�ndote, joder!
M�nica enrojeci�. Su hermana era algo m�s que atrevida, eso
estaba claro.
- �Qu� vas a hacer ahora? -le pregunt� a Susana,
refiri�ndose, naturalmente, a lo de pillarla "tocando la guitarra".
- Pues no s� -respondi�. Una sonrisa de ni�a traviesa cruz� el rostro de Susana.
A M�nica no le gust�- Ver�s, hermanita, estoy pensando que no est� bien eso de
que me llames "guarra" cada vez que sugiero lo bien que me lo pasar�a con el
primo Toni cuando viene de vacaciones, o cuando a veces pienso en comprarme ese
consolador que vimos anunciado en aquella revista que trajo mi amiga �ngela, �te
acuerdas?, o que...
- �Bueno, vale ya! �Dime qu� quieres!
Susana la mir� durante unos momentos, sin que su sonrisa
desapareciera un s�lo momento de su rostro. Finalmente le dijo lo que quer�a.
- Te mereces una lecci�n, hermanita, podr�a cont�rselo a
mam�... pero no lo har� -dijo cuando vio la expresi�n de horror que su hermana
puso- Ver�s M�nica, lo que quiero es que te deshagas de esa hipocres�a que
tienes conmigo cada vez que hablo de sexo.
- Vale, de acuerdo -dijo M�nica- No volver� a decirte nada.
- Oh, no, mi peque�a hermanita, no se trata de eso. Ver�s, lo que quiero es
hacer que dejes de ser una reprimida, y para eso s�lo hay una forma.
- �Cu.. cual? -pregunt�- Aquella conversaci�n cada vez le gustaba menos. La
respuesta de su hermana la dej� helada.
- Quiero que termines lo que has empezado cuando yo entr�. S�, s�, quiero que te
masturbes hasta que te corras, y no pongas esa cara o salgo ahora mismo de aqu�
y se lo cuento todo a mam�, ya sabes que se lo creer�a, t� no sabes mentir.
- Pe.. pero, �no puedo!, c�mo voy a hacer eso estando tu aqu� -estaba realmente
angustiada, definitivamente Susana se hab�a vuelto loca.
- Tranquila -dijo ya casi riendo- Mira, t� te tumbas en la cama, como estabas
antes de que entraras, y sigues leyendo el libro. Yo mientras me pongo a ordenar
las cintas de m�sica y no te preocupes, que no voy a interrumpirte ni a re�rme
cuando te corras -de repente se puso seria, con una mirada casi de lujuria en su
rostro- �Lo ves? Ya no me r�o. Venga, empieza cuando quieras.
- Pero... no, es que... no puedo... �No, espera! -dijo cuando su hermana ya
sal�a de la habitaci�n, sin duda a contarle a su madre lo que hab�a visto- Vale,
est� bien, pero cuando termine te olvidas de todo esto, �eh?
- Trato hecho. Venga, empieza.
M�nica se recost�, e intentando no pensar en nada m�s sigui�
leyendo el libro. Su dedo volvi� a tocar sus bragas, que segu�an h�medas, una
humedad fr�a. Poco a poco, mirando furtivamente a su hermana que parec�a ocupada
ordenando los casettes, aunque de vez en cuando la miraba para ver si cumpl�a
sus ordenes, empez� a masturbarse de nuevo.
Tard� mucho rato en volver a excitarse, si no fuera por el
libro no lo habr�a conseguido, pero a los diez o quince minutos su vulva comenz�
a hincharse de nuevo, a ponerse caliente. M�nica sigui� leyendo el libro,
concentr�ndose en la lectura para olvidar todo lo dem�s, y a medida que segu�a
la trama de la historia, se masturbaba cada vez m�s fuerte, hasta sentir que se
pon�a realmente cachonda. Pens� en lo inusitado de la situaci�n, masturb�ndose
delante de su propia hermana, pero apart� esos pensamientos de su mente. Lo que
importaba ahora era concentrarse en lo que estaba haciendo, as� Susana la
dejar�a en paz y a los pocos d�as todo estar�a olvidado.
Su vulva segregaba de nuevo los jugos, frutos de su lujuria,
los deditos de su mano revoloteaban por encima de sus bragas, m�s intensamente
por la zona del cl�toris, pas�ndolos por la raja. Empez� a suspirar
ruidosamente, aunque esperaba no llamar demasiado la atenci�n. Mientras tanto,
Susana se hab�a olvidado por completo de las casettes y se hab�a sentado en el
filo de la cama, mirando a su hermana con extra�os ojos.
M�nica se sobresalt� cuando not� la mano que le masajeaba la
rodilla. El libro escap� de sus manos y fue a parar al suelo, junto a la cama.
- Pero, �qu� haces?
- �Acaso no lo ves? Solamente quiero ver c�mo lo haces. Venga, contin�a.
Si le hubiera dicho eso cinco minutos antes simplemente la
habr�a echado de la habitaci�n, ocurriese lo que ocurriese, pero M�nica estaba
realmente excitada y, para su propia sorpresa, descubri� que masturbarse as�, a
la vista de su hermana, la excitaba de una forma que era incapaz de explicar.
Por tanto sigui� masturb�ndose, empapando m�s y m�s sus braguitas mientras
Susana le segu�a tocando, no ya la rodilla, sino tambi�n los muslos, en un suave
masaje que le produc�a un cosquilleo verdaderamente enloquecedor.
Al poco tiempo oy� que su hermana respiraba tambi�n
ruidosamente, pese a que s�lo la miraba, y sin embargo se la notaba casi tan
excitada como ella. �Ser�a posible que su hermana fuese lesbiana? No, decidi�.
Hab�a dado ya demasiadas muestras de que le gustaban los chicos y, sin embargo,
algo estaba ocurriendo all�. Desde luego la excitaci�n que Susana sent�a no era
nada normal. La prueba definitiva de que su hermana estaba poni�ndose realmente
caliente la tuvo cuando con el dedo �ndice y pulgar de ambas manos intent�
bajarle las bragas.
M�nica intent� impedirlo, separando las manos de su hermana
de su cintura, pero su resistencia era d�bil, debido a lo caliente que estaba.
Despu�s de todo, pens�, qu� m�s da que me masturbe con o sin las bragas, ella ya
me ha visto desnuda muchas veces. Dej� por tanto que le bajara las braguitas
hasta los tobillos, para acabar quit�ndoselas definitivamente, lanz�ndolas a una
esquina de la habitaci�n.
- Sigue masturb�ndote... -orden� con una voz grave, propia de
una hembra excitada.
- �Qu� vas a hacer? -le pregunt� mientras se masturbaba lentamente.
- Lo que t� quieras que te haga. Separa m�s las piernas.
M�nica separ� las piernas tanto como pudo. Por mucho pudor
que sintiera unos minutos antes, ahora poco le importaba ya todo. Lo �nico que
quer�a era correrse, a lo cual Susana parec�a muy dispuesta a ayudarla... Bien,
que la ayudara.
Susana capt� el brillo de la excitaci�n en los ojos de su
hermana y sin esperar m�s, se lanz� al ataque. Se puso tumbada frente a M�nica,
rode� sus piernas con las manos y aplic� su lengua directamente sobre los labios
menores del conejito de su hermana. Empez� a lamer r�tmicamente, mientras notaba
el balanceo de la cintura de M�nica, pues la muy zorrita mov�a las caderas
arriba y abajo para aumentar la presi�n del co�o contra su lengua.
M�nica estaba en la gloria, atr�s quedaban ya los momentos de
duda. Se mov�a r�pidamente, acomodando el ritmo de sus caderas a los leng�etazos
que recib�a de su hermana. Se estaba volviendo loca de gusto.
- Susy, ca... cari�o... �Sigue! �Ahhh, ahhh, qu� gusto,
hermanitaaa...! Dame m�s, dame, dame... �Ohh, qu� lengua, qu� ma.. maravilla!
�Te quiero, amor m�o, ohhh...! Te gusta, �eh? Te gusta chuparme.. �Ohh, me
gustar�a chup�rtelo a ti tambi�n! Vamos...
Susana no se hizo esperar, bes� a su hermana en la boca, un
beso franc�s, h�medo, mezclando sus lenguas, y seguidamente se situ� encima de
ella, en posici�n inversa, haciendo que los calientes labios de su vagina
quedasen a la altura de la boca de su hermana. Acto seguido sigui� lamiendo y no
se sorprendi� al sentir en su propia vulva los labios y la lengua de M�nica, que
chupeteaba golosamente, haciendo que expulsara su espeso l�quido lubricante,
dulce y cremoso.
Aquello no pod�a prolongarse mucho m�s tiempo, pues las dos
estaban a punto de caramelo, lami�ndose mutuamente, sorbiendo y chupeteando cada
una los fluidos de la otra, sabore�ndolos con su lengua, para seguidamente
tragarlos mientras los gemidos de las dos escapaban involuntariamente de sus
gargantas.
- Ay, cari�o... �Cari�ooo! -gritaba Susana, totalmente
abierta y rozando el cl�toris de su hermana con la lengua entre palabra y
palabra- As�... �Ahhh, qu� gusto me das! Mi hermanita... S�, eso es... �Dame
gusto, d�melo todo, s�... ahhhh!
Los suspiros y chupeteos mutuos se sent�an por toda la
habitaci�n, alg�n que otro grito de placer se escapaba, incluso cuando hac�an lo
posible por no alertar al resto de la casa. Pero era imposible contenerse ante
tal placer. El orgasmo les iba llegando a las dos en lentas, pero al mismo
tiempo intensas oleadas de placer.
Suspiros ag�nicos, convulsiones de los dos j�venes cuerpos
estremec�an a las muchachas, que ya hab�an dejado de ser seres racionales. Ahora
solo pensaban en el placer, en la lujuria, en el orgasmo que las dos estaban a
punto de sentir.
De pronto, Susana se separ� de su hermana. Se notaba que no quer�a hacerlo, pero
al mismo tiempo M�nica supo que aquello no era el fin del placer, que a su
hermana se le hab�a ocurrido algo que las har�a gozar a las dos a�n m�s si cabe.
Susana no la defraud�. Situ�ndose frente a ella, situ� su
vulva totalmente empapada de jugos a pocos cent�metros de la vulva de su
hermanita, abriendo los labios menores con sus manos. M�nica supo lo que ten�a
que hacer, y abriendo ella misma tambi�n sus propios labios vaginales, uni� su
mont�culo al de su hermana. Fue como un beso. Un beso de dos conejitos ardientes
y h�medos, de dos cl�toris hermanos roz�ndose el uno al otro, hinch�ndose ante
el placer que se provocaban mutuamente.
Empujando sus traseros, las hermanas unieron a�n m�s sus
vulvas, apret�ndolas, frot�ndolas fuertemente, pero gracias a los cremosos jugos
que expel�an, el roce era exquisitamente dulce, provoc�ndoles una ardiente
oleada de est�mulos.
- Ya, ya... �Susana, no puedo mas! Ahhh... �Por favor,
ahhh... voy a correrme cari�oooo...!
- S�, s�, sigue movi�ndote, yo... Ahhhh ahhh... Yo tambi�n me voy... �Sigue...
sigue! Ahhh, ahhhh... �Me corro...!
El orgasmo les lleg� a las dos casi simult�neamente. Medio
segundo antes, intuyendo que las dos se corr�an al mismo tiempo, apretaron todo
lo posible sus labios mojados, llenos de fluido. El espasmo de su intenso
orgasmo estall� en las dos al mismo tiempo. Y el placer continuaba, expandiendo
el orgasmo compartido por sus vulvas, ampli�ndose en oleadas hasta llenarlas
totalmente. Las dos expulsaron abundantes jugos, que al verse aprisionados entre
las dos vulvas, no ten�an otra alternativa que introducirse en la otra vulva, de
mezclarse y llenar el interior de aquellas grutas �vidas.
Aquel orgasmo dur� casi quince segundos, espasmo tras
espasmo, contracci�n de los labios de una contra contracci�n de los labios de la
otra, llen�ndose mutuamente de placer, del regusto intenso que sent�an en su
mutuo contacto. Poco a poco, las oleadas fueron bajando su intensidad,
permitiendo a las hermanas tomar el control de sus propios cuerpos, agit�ndose
cada vez m�s suavemente, suspirando cada vez m�s bajo y profundamente.
Sus vulvas se separaron lentamente, casi como si les costara
trabajo hacerlo ahora que se hab�an conocido tan �ntimamente. Al separarse unos
pocos mil�metros, grandes concentraciones de una mezcla de fluido espeso se
derram� de sus vulvas, llenando la colcha de la cama e inundando la habitaci�n
del olor ocre y dulz�n que emit�an.
M�nica y Susana se miraron, el placer a�n ocupando sus
rostros. Se acercaron la una a la otra y compartieron otro beso h�medo, pero
esta vez con calma, explor�ndose la una a la otra mientras se abrazaban. Se
quedaron las dos all�, tumbadas sobre la cama durante largos minutos,
recuper�ndose del intenso esfuerzo realizado, acarici�ndose mutuamente, y
sabiendo que aquello era tan s�lo el principio.
Ninguna de las dos renunciar�a a un placer as� por mucho
tiempo. Era seguro que los pr�ximos a�os iban a estar llenos de orgasmos
compartidos, de nuevos placeres sexuales, de unos juegos que ahora que los
hab�an descubierto jam�s dejar�an de practicar.