Relato: Naturalmente (I: Mi primera experiencia nudista)





Relato: Naturalmente (I: Mi primera experiencia nudista)

�C�mo debe reaccionar uno cuando una maravilla de mujer te dice de sopet�n que ella
va a pasar las vacaciones en un "camping" nudista?. Supongo que si t�
tambi�n eres aficionado a esa pr�ctica, te debe parecer normal.
Pero ese no era mi caso. Por un momento me imagin� a Eva sin ropa -lo que
era mucho imaginar, porque siempre la hab�a visto completamente vestida-.
Y espero que no se me notara en la cara la confusi�n.

- No conoc�a
a nadie aficionado al nudismo -respond�-. �C�mo es eso?.

- Pues, es lo m�s natural del mundo. Somos una serie de personas, que
prescindimos de toda prenda de vestir para estar m�s cerca de la naturaleza
-me explic� ella-. Y si tienes en mente escenas de org�as, y cosas
parecidas, qu�tatelo de la cabeza. No se trata de ninguna actividad sexual.
All� nadie se fija en nadie. Todos estamos acostumbrados a ver hombres
y mujeres sin ropa, y eso no nos causa la menor sensaci�n.

- No, mujer
-la tranquilic�-. Ya s� que en esos lugares la gente no se dedica
a copular con todo el o la que se les pone por delante.

Yo hab�a visto
en determinadas playas lugares reservados a los nudistas. L�gicamente,
no hab�a estado jam�s en ninguno de ellos. Record� la Playa
del Ingl�s en Gran Canaria. La zona reservada est� compuesta por
dunas, con una rala vegetaci�n, a un lado y relativamente lejos de la playa
propiamente dicha, por la que pasea gente vestida. La mayor�a instala una
especie de paravientos, que los oculta de las miradas indiscretas. En alguna ocasi�n,
hab�a visto a alguna pareja, ya de m�s que mediana edad, que se
ba�aban completamente desnudos, aparentemente ajenos a la expectaci�n
que despertaban entre los "vestidos".

No conoc�a demasiado
a Eva. Me la hab�an presentado unos amigos, y �nicamente nos hab�amos
visto tres o cuatro veces, siempre acompa�ados de m�s gente, como
en aquella ocasi�n. Pero sent�a una gran curiosidad y, al fin y
al cabo, era ella la que hab�a sacado la conversaci�n. Me decid�:

- �Te importa que te haga una pregunta algo delicada sobre el tema?.

- En absoluto. T� dir�s -me respondi�-.

- Es que
nunca he entendido muy bien c�mo es posible para una pareja que est�n
vi�ndose desnudos todo el d�a, digamos "motivarse", para
practicar el sexo. Ver�s, para m�, una gran parte de la excitaci�n
previa reside en el hecho de contemplar a mi compa�era desnuda. Y si la
estoy viendo a todas horas as�...

- Hay otras formas, que deber�an
resultarte obvias. La intimidad, las caricias...

- S� -repliqu�
yo-. Pero es que eso tambi�n para m� es parte de la relaci�n
sexual. No s�. Ser�a como si me faltara algo...

- Bueno, la
mayor�a de los matrimonios est�n vi�ndose sin ropa a diario.
Y, que yo sepa, ninguno deja de hacer el amor por ello...

Ten�a l�gica.
Aunque yo no estaba casado, me imaginaba que, efectivamente, una pareja que convive
bajo el mismo techo, deb�a tener m�ltiples ocasiones de contemplar
al otro desnudo. Pero hab�a otra cosa:

- Y, en serio. �No te
has excitado nunca al ver a un t�o atractivo "en bolas"?.

-
Bueno, alguna vez, al principio -respondi� ella-. De la misma forma que
t�, probablemente, habr�s deseado a alguna mujer en la playa o en
la piscina.

- En eso, las mujeres ten�is ventaja en �se ambiente.
Vosotras... digamos que no present�is "signos f�sicos"
muy evidentes cuando est�is excitadas. Y yo me imagino que, nada m�s
entrar al camping o a la playa, se me notar�a perfectamente que no estaba
"indiferente". Ya me entiendes. Adem�s, hay otra cosa. Yo estoy
acostumbrado, por ejemplo, a ver mujeres en "top less" en la playa.
Pero me parece que no ser�a lo mismo bajo techo, en el restaurante o en
el supermercado. Y estoy hablando s�lo de los pechos al aire. Sospecho
que la desnudez completa debe ser a�n peor...

- Y, �por qu�
no lo experimentas t� mismo?. Es la mejor forma de que puedas entenderlo.

- Por varias razones. La primera es que, como te dec�a, no s�
si ser�a capaz de conservar la "ecuanimidad" viendo mujeres desnudas.
La segunda, que me da "corte" presentarme solo en un sitio as�.

- A la primera cuesti�n te contesto que no lo sabr�s hasta que
no est�s en el ambiente. La segunda es f�cil. Vente conmigo -ofreci�-.
Yo iba a ir con una amiga italiana, pero ayer me llam� por tel�fono,
para decirme que le han atrasado las vacaciones, y no podr� acompa�arme.
Y, a pesar de que estoy acostumbrada, a m� tampoco me agrada la idea de
ir sola...

Estuve a punto de atragantarme con la bebida que me estaba llevando
a los labios en ese momento. Objet� d�bilmente.

- Es que no
tengo tienda, ni ning�n material de acampada...

- S�, eso es
un problema. Yo s�lo tengo una "canadiense" peque�a, y
estar�amos inc�modos los dos -dijo ella como para s�-. Pero
hay una soluci�n. En el "camping" donde voy yo, alquilan "mobil
homes". A lo mejor todav�a queda alguna disponible...

No sab�a
qu� hacer. Todav�a persist�an mis reparos, pero no ten�a
ning�n plan para el veraneo, y me estaba empezando a resultar muy atractiva
la idea de pasarlo con Eva. La idea de dormir los dos desnudos, en un espacio
reducido, me estaba causando sofocos.

"Aunque fuera vestidos -pens�-
una mujer c�mo �sta no se va de vacaciones con un hombre sin aceptar
la idea de hacer el amor con �l. Y encima, vamos a estar sin ropa".
Y a esas alturas, ya ten�a una erecci�n m�s que considerable.
Me decid�:

- Est� empezando a resultarme atrayente la idea.
Pero no tiene ning�n sentido que t� pagues por una parcela mientras
yo, seguramente, dispondr� de espacio m�s que suficiente para los
dos...

- Tienes raz�n -concedi� ella-. Pero, si est�s
decidido, lo m�s importante es que reserves cuanto antes. Dame tu tel�fono,
y te llamo para darte el n�mero del "camping".

Al d�a
siguiente, estuve hablando por tel�fono con alguien del "camping".
Quedaban dos "mobil homes" -"bungalows", seg�n la persona
con la que habl�-. Hab�a de tres tama�os, y los que no estaban
a�n comprometidos eran de los grandes, uno con dos dormitorios y otro con
tres.

Me recomend� que visitara su p�gina Web, donde encontr�
incluso planos. No hab�a indicaci�n de escala, pero no me parecieron
tan peque�os como supon�a. Hab�a una sala de estar, equipada
con dos sof�s que pod�an convertirse en cama, una cocina, y hasta
una reducida "toilette" con inodoro, un plato de ducha y un lavabo.
Eso me gust�. Uno de mis recelos era tener que compartir aseos y duchas
con desconocidos. Luego hab�a un dormitorio con una cama doble y, seg�n
el tama�o, una o dos habitaciones m�s peque�as.

Hice
la reserva para el que ten�a dos dormitorios, y realic� una transferencia
desde mi ordenador por el importe de la se�al que me solicit�. Me
fastidi� que no hubiera disponibles del tipo de los de una sola habitaci�n.
Pero no pod�a hacer nada al respecto. Adem�s, volv� a pensar
que Eva no habr�a hecho la invitaci�n sin aceptar de alguna forma
que habr�a sexo entre ella y yo.

Durante las semanas que faltaban hasta
agosto, salimos juntos en un par de ocasiones, los dos solos por primera vez.
Fuimos a un teatro, y luego a tomar unas copas, la primera de ellas. La segunda,
la invit� al cine, y luego a cenar. Hab�a crecido bastante la intimidad
entre nosotros. Ya sab�a bastantes cosas de su vida, y le hab�a
contado tambi�n mucho sobre la m�a. Eva cada vez me gustaba m�s.
No s�lo era bonita, y ten�a un precioso cuerpo, sino adem�s
simp�tica y cari�osa. Desde el principio, se colgaba de mi brazo
con toda naturalidad, provocando en m� sensaciones indescriptibles con
el roce de sus duros pechos en mi brazo. Y acept� tambi�n naturalmente
que yo la tomara por la cintura mientras and�bamos.

Pero no llegu�
con ella a m�s que despedirnos con un ligero beso en los labios. Esta segunda
vez la invit� a ir a mi casa despu�s de la cena, pero se neg�,
con la disculpa de que al d�a siguiente era lunes, y ten�a que madrugar
para ir a trabajar.

Pas� todos esos d�as imaginando c�mo
ser�a estar desnudo entre gente que tampoco llevaba ropa. El pensamiento
de mujeres tendidas tomando el sol, mostrando sin duda su sexo, me excitaba. Y
ten�a serias dudas de poder conservar la frialdad en tales circunstancias.

Por fin, lleg� el d�a de la partida. Fui a recoger a Eva a su
casa con mi coche. Cargu� una maleta y una bolsa de viaje que llevaba,
y nos pusimos en camino.

El "camping" era, tal y como me explicaron
por tel�fono, una verdadera maravilla. No s�lo de situaci�n,
sino que sus instalaciones eran nuevas, y se notaban muy cuidadas.

Cuando
atravesamos la barrera de acceso, ten�a ya un cosquilleo de anticipaci�n
en el vientre. En recepci�n, hab�a una chica no muy agraciada, totalmente
vestida, y un hombre mayor, completamente desnudo. A mi pregunta, Eva me respondi�
que los empleados normalmente trabajaban con la ropa puesta.

Despu�s
de inscribirnos, el hombre tom� una peque�a motocicleta, y nos precedi�
hacia la zona de los "mobil homes", apartada de la playa, pero cerca
de la piscina de verano -hab�a otra cubierta- y del restaurante. Seg�n
iba conduciendo muy despacio detr�s de �l, me fui tranquilizando
por momentos. En lugar de las preciosas mujeres que hab�a creado en mi
calenturienta mente, hab�a gente normal, como la que se puede encontrar
en otros sitios. Bastantes hombres y mujeres maduros, algunos casi ancianos. Muchos
pechos colgantes, penes fl�ccidos, vientres nada planos, tanto en ellas
como en ellos, y m�s de uno y de dos pares de muslos y traseros con algo
de celulitis. Hab�a tambi�n algunos ni�os y ni�as
correteando desnudos. En fin, nada que me excitara especialmente... Hasta que,
en un momento determinado, tuve la visi�n de una muchacha, como entre diecis�is
y dieciocho a�os, muy bien formada y con unos peque�os pechos c�nicos,
entrando a gatas en una tienda, mostrando su vulva y su ano desde atr�s
con la postura. Toda mi tranquilidad se fue al traste, y not� que mi pene
crec�a por momentos dentro de mi pantal�n.

Me qued� sorprendido
por la amplitud interior de la vivienda, que no se pod�a imaginar desde
fuera. Y hab�a un espacio delante, equipado con una gran sombrilla en el
centro de una mesa de madera, con bancos r�sticos alrededor, en una peque�a
terraza elevada, desde la que se ve�a gran parte del "camping",
piscina incluida. El hombre nos explic� que ese espacio era para uso exclusivo
nuestro, nos entreg� las llaves, y nos dej� solos.

Hab�a
un solo armario, situado en el dormitorio grande. Deshicimos las maletas y, mal
que bien, conseguimos acomodar en �l el contenido del equipaje de los dos.
Me sorprendi� la cantidad de ropa que hab�a tra�do ella,
para estar desnuda la mayor parte del tiempo. Y me hizo una rara sensaci�n
ver c�mo colocaba sus prendas interiores en uno de los cajones. Y, por
fin, lleg� "el momento de la verdad". La dej� sola, mientras
yo colocaba las maletas y bolsas vac�as en la habitaci�n peque�a.
No hab�amos hablado para nada del tema, pero el hecho de tener todo nuestro
equipaje en un solo armario, suger�a claramente la idea de dormir juntos.
Y, la anticipaci�n de ver su hermoso cuerpo desnudo, me ten�a con
una gran erecci�n, nada apropiada.

Me entretuve hurgando en el peque�o
frigor�fico, para hacer tiempo. Llen� unas cubiteras con agua, para
tener hielo. Y, al volverme, la vi saliendo del dormitorio. Se me cort�
la respiraci�n. Una cosa es percibir las formas de una mujer vestida, y
otra muy diferente, verla completamente desnuda.

Sus pechos eran altos y erguidos,
sin necesidad alguna de sujetador. Ten�a la cintura estrecha, unas preciosas
caderas, y unos muslos muy bien formados. Mi vista fue inconscientemente a su
pubis. Ten�a depiladas las ingles, y el vello corto, que llegaba hasta
el inicio de la hendidura de su sexo. Not� que mi erecci�n crec�a
a�n m�s.

Por si no fuera suficiente, ella dio una vuelta en
redondo, sonriente, para que pudiera contemplar el resto. Una espalda perfecta,
y unas nalgas redondas. Y entre sus piernas pude adivinar m�s que ver el
resto de su vulva.

Me mir� con una sonrisa p�cara:

- Desn�date
t�. Te espero en la piscina.

Y sali�.

S�lo me quedaba
una posibilidad, si no quer�a aparecer ante ella con mi pene totalmente
horizontal. Me dirig� al ba�o, y me masturb� compulsivamente,
acabando casi de inmediato, tal era mi grado de excitaci�n. Despu�s,
me desnud�, cog� una toalla que colgu� del brazo, tapando
completamente mi verga, ahora laxa, y sal� al exterior.

Por el camino,
me fui tranquilizando otra vez. Nadie se fijaba especialmente en m�. Hasta
me atrev� a colgar la toalla del hombro. Pero cuando entr� en el
recinto de la piscina, la puse de nuevo en su anterior posici�n. Ya no
me importaba que aquella gente desconocida me viera en pelotas, pero aparecer
as� ante Eva, era otra cosa.

Estaba sentada en una toalla extendida
en el suelo, aplic�ndose crema protectora por todo el cuerpo. Y, afortunadamente,
ten�a las piernas juntas. Cuando levant� la vista, observ�
el detalle de mi "pantalla protectora". Sonri� otra vez con picard�a:

- Va a quedar muy raro que te sientes en el suelo, teniendo una toalla encima.
�Venga!, no seas t�mido, y p�rtate con naturalidad.

Tragu�
saliva, y extend� la felpa en el suelo. Ella no apart� la vista.
Para mi turbaci�n, increment� a�n m�s su sonrisa y
mir� apreciativamente mi entrepierna:

- Est�s muy bien dotado.

- �No me hab�as dicho que la desnudez es natural, y que nadie
se fija en nadie? -respond� con acidez-.

- Bueno, tu pene es una parte
m�s de tu cuerpo. No es diferente hablar del tama�o de tus genitales
que, por ejemplo, alabar la forma de tu nariz.

- Pues, si quieres que te lo
diga, tienes un cuerpo precioso -dije vengativamente-. Pocas veces he tenido ocasi�n
hasta ahora de ver unos pechos tan bien formados como los tuyos. Me encantan tus
muslos. Y tu co�ito es una maravilla.

Ella enrojeci� ligeramente.

- Tampoco hace falta que seas tan gr�fico. -Y luego, arrepentida-.
Perdona. Creo que me he "pasado". Entiendo que est�s un poco
"cortado", siendo la primera vez que te desnudas en p�blico.

- �C�mo viviste esa experiencia? -le pregunt�, pasada
la mayor parte de mi enfado por su disculpa-.

- Bueno, un poco como t�.
-Se ri�-. Yo tambi�n llevaba una toalla doblada bajo el brazo, tap�ndome
el pubis. Y me cost� mucho rato decidirme a tumbarme. Liliana, la amiga
italiana de la que te habl�, me oblig�, quit�ndome la toalla.
Luego, al cabo de un tiempo, te acostumbras, y ya no te hace ninguna sensaci�n.

A estas alturas, yo estaba tendido a su lado. Pero evitaba mirarla fijamente,
paseando mi vista distra�damente entre los dem�s ocupantes de la
piscina. Como a nuestra llegada, gente normal. Pero, cada vez que mis ojos se
posaban en alguna mujer tumbada, apartaba r�pidamente la mirada, que iba
directa a la entrepierna, como dotada de vida propia. Finalmente, me dediqu�
a mirar los �rboles, y me tranquilic� bastante. Pens� que
lo peor hab�a pasado. Pero estaba muy equivocado.

Un rato despu�s,
Eva se levant� sonriente y agitando una mano. Instantes despu�s,
se aproxim� a nosotros una pareja joven. La chica era s�lo ligeramente
m�s baja que mi acompa�ante, y estaba un poco rellenita para mi
gusto, con grandes pechos -s�lo ligeramente ca�dos a pesar de su
tama�o- y una abundante mata de vello oscuro en su pubis, pero era el cuerpo
m�s bonito que hab�a visto hasta ahora, despu�s del de Eva.
Me levant� r�pidamente, y no solo por cortes�a. Tumbado,
ten�a una visi�n sofocante desde abajo del sexo de ella. Cuando
Eva nos present�, la mujer se acerc� a besarme en las mejillas...
rozando mi pecho con sus senos al aire. Sent� crecer mi pene irremediablemente.
Por fortuna, no qued� totalmente horizontal. Simplemente, se alarg�.
Confundido, opt� por la hu�da:

- Yo iba a darme un ba�o...

- Ve t�, que yo te seguir� dentro de un rato -dijo Eva-.

El
agua fr�a apag� r�pidamente mi calentura. Tras un par de
largos, decid� que ya deb�a estar suficientemente "presentable",
lo que confirm� al salir del agua. Volv� hasta el lugar donde los
tres, sentados en las toallas, charlaban amigablemente, y me sent� a mi
vez, evitando cuidadosamente mirar m�s abajo de los hombros de ninguno
de ellos. Eva se interrumpi�, para hacerme entrar en la conversaci�n:

- Ana y Luis son amigos m�os. Hemos coincidido ya dos veranos en este
"camping". Yo no sab�a que iban a venir. Y est�bamos poni�ndonos
al d�a de las cosas que han sucedido en el a�o que hac�a
que no nos ve�amos.

- �Es la primera vez que vienes a este "camping"?
-pregunt� �l cort�smente-.

- Es la primera vez que voy
a un "camping" -respond�-.

- Y la primera vez que practica
el nudismo -terci� r�pida Eva-.

- Y, �qu� te parece
la experiencia? -me pregunt� Ana-.

Decid� ser sincero:

-
Pues, si quieres que te diga la verdad, a�n me da un poco de reparo estar
desnudo, y ver a los dem�s en la misma situaci�n. Pero creo que
me acostumbrar�.

En esto, Luis mir� el reloj:

- Es ya la
hora de comer. �Os parece que vayamos juntos al restaurante? -ofreci�-.

- Por m�, de acuerdo -respond� r�pidamente-.

Estaba
deseando que todos tuvi�ramos los genitales debajo del mantel, y dejar
de preocuparme de donde pon�a los ojos.

Extra�ado, vi que ellos
se marchaban en otra direcci�n, distinta a la del restaurante, mientras
Eva se encaminaba a nuestra caravana. Ante mi silenciosa pregunta, Eva me explic�
que en el establecimiento se requer�a estar vestido.

La comida transcurri�
agradablemente. Eran una pareja encantadora, y en seguida me sent� c�modo
con ellos. El se empe�� en abonar la mitad de la cuenta. Y, por
fin, nos vimos en el exterior del restaurante. Eran m�s de las cuatro,
y hac�a un calor tremendo. Ana y Luis se despidieron:

- Vamos a dormir
una siesta. Esta noche despu�s de cenar, ten�amos pensado ir a una
discoteca en el pueblo cercano. �Nos acompa��is?.

"Unas
horas vestidos -pens� con alivio-".

- Por m�, de acuerdo
si a Eva le parece bien -respond�-.

- Estupendo -concedi� Eva-.

- Pues entonces, hasta luego.

Nuevamente nos quedamos solos. Y estaba
deseando estar con ella, sin ninguna compa��a, en nuestro alojamiento.
Decid� tomar la iniciativa:

- A m� tambi�n me apetece
dormir un poco, hasta que pase lo peor del calor. �Me acompa�as,
o hab�as pensado hacer otra cosa?.

- Quer�a tomar el sol un
rato. Pero, si t� quieres echarte, no lo dejes por m� -me respondi�-.

Maldije interiormente. Y decid� dar marcha atr�s:

- Bueno,
supongo que en la piscina, y a la sombra, tambi�n podr� dormir.
Te acompa�o.

Nos desnudamos en el vestuario al efecto de la piscina,
guardando nuestras ropas en una taquilla. Pero no dorm� nada. Al final,
me tumb� al sol con ella, y pasamos la tarde charlando, y ba��ndonos
de vez en cuando.

Como a las siete, ella dijo de ir a darse una ducha y vestirse
para salir. Por fin, me vi con ella en la "mobil home". Pas�
primero al ba�o, dejando la puerta entreabierta. O� caer el agua
de la ducha y despu�s, tras un rato de silencio, el ruido del secador.
De repente, se interrumpi�, y me dijo:

- �Por qu� no
pasas t� a ducharte mientras yo me seco el pelo?.

El espacio era reducido.
Y al pasar por detr�s de ella, no hubo medio de evitar -tampoco lo intent�
demasiado- rozar con mi cuerpo el suyo parado ante el lavabo, mi pene restregado
por su culito, lo que me produjo otra erecci�n. Vi su sonrisa reflejada
en el espejo, pero no dijo nada. Casi al mismo tiempo que yo cerraba el grifo,
ella apag� el secador, y sali� del ba�o.

Cuando, una
vez seco, entr� en el dormitorio, ella estaba sentada sobre la cama, de
frente a la puerta, aplic�ndose un "after sun" en los brazos.
Y, por primera vez, tuve una visi�n completa de su sexo entre las piernas
encogidas. Y mi pene volvi� a crecer sin que pudiera hacer nada por evitarlo.
Ella me mir�, observando claramente mi erecci�n, y me dijo:

-
Acaba de extenderme la crema, que luego lo har� yo contigo. Tienes que
protegerte las nalgas, que es la primera vez que has puesto al sol. He visto que
las tienes muy encarnadas.

Me sub� sobre la cama, arrodill�ndome
detr�s de ella. Tom� el frasco, poni�ndome en las manos una
buena cantidad, y empec� a frotar su espalda y su culito, hasta donde me
lo permit�a su postura.

- Si te tumbas boca abajo -le dije- podr�
extenderla por tu trasero y tus piernas.

Ella obedeci�. Me puse a horcajadas
sobre sus rodillas y, durante unos minutos, acarici� con mis manos lubricadas
por la crema sus nalgas y la parte trasera de sus muslos y pantorrillas. Al llegar
al final de su culito, los movimientos de mis manos separaron sus gl�teos,
permiti�ndome contemplar su rajita y su ano. Y mi erecci�n ahora
era completa. Pero no me importaba. Cuando acab�, le ped�:

-
Si te vuelves, contin�o con el resto de tu cuerpo...

Ella se dio la
vuelta. Ten�a las mejillas ligeramente sonrosadas, y los ojos cerrados.
Sin ninguna vacilaci�n, me dediqu� ahora a sus hombros, sus pechos
-cuyos pezones se pusieron como piedras bajo mis manos- su vientre, sus caderas,
sus muslos...

Ahora mi pene estaba totalmente horizontal, al m�ximo
de su tama�o.

Separ� tentativamente sus piernas, y ella no me
lo impidi�. Luego se las elev�, y empec� a masajear el sedoso
interior de sus muslos. Ahora ten�a una visi�n perfecta de su sexo
ligeramente entreabierto por la postura. Despu�s de dedicarme a sus pantorrillas
y a sus pies, estaba a punto de continuar con su co�ito, cuando ella se
incorpor�:

- T�mbate t� ahora boca abajo, que voy a ponerte
la crema.

Hice lo que me ped�a. Durante unos minutos, tuve la maravillosa
sensaci�n de sus manos acariciando todo mi cuerpo. Cuando las sent�
masajeando mis nalgas, estuve a punto de correrme. Despu�s de notarlas
en mis pantorrillas, me volv� sin que ella me lo pidiera, quedando boca
arriba, mi verga apuntando al cielo. Ella, tal como hab�a hecho yo, se
puso de rodillas, una de sus piernas a cada lado de mis caderas, su precioso sexo
peligrosamente cerca de mi falo enhiesto.

Y empez� a darme un suave
masaje por el pecho, mientras mis ojos pasaban alternativamente de sus hermosos
pechos movi�ndose al ritmo de sus brazos, a su co�ito abierto entre
sus piernas separadas. Para mi decepci�n, evit� cuidadosamente tocar
mi pene y mis test�culos, aunque sus manos llegaron hasta el principio
del vello p�bico, y acariciaron el interior de mis muslos. Finalmente,
dej� a un lado el frasco. Se qued� mirando fijamente mi erecci�n
y dijo melosamente:

- Vamos a tener que hacer algo con esto. Ser�a
escandaloso que salieras as� ah� fuera...

Y, tumb�ndose
sobre mis piernas, se lo introdujo en la boca, que empez� a mover arriba
y abajo, provoc�ndome sensaciones indescriptibles. La dej� hacer
durante unos instantes, gozando de la presi�n de sus labios en torno a
mi verga. Cuando sent� inminente la eyaculaci�n, la apart�,
tendi�ndola dulcemente sobre la cama.

La bes� profundamente
en los labios. Su boca entreabierta, permiti� que mi lengua jugara con
la suya, mientras mis manos acariciaban amorosamente sus pechos. Bes� sus
p�rpados cerrados, sus p�mulos y las comisuras de sus labios. Luego
fui descendiendo, cubriendo de peque�os besos todo su cuerpo, evitando
sus senos. Despu�s de besar sus muslos y sus piernas, sub� nuevamente,
atrapando uno de sus pezones alargados con mis labios. Estuve lami�ndolo
y succion�ndolo unos instantes, y luego pas� a hacer lo mismo con
el otro.

En alg�n momento, ella hab�a tomado mi pene entre sus
manos, y lo acariciaba, llegando con su mano hasta mis test�culos, lo que
me ten�a al borde de la eyaculaci�n.

Me puse entre sus piernas,
las separ�, y abr� su vulva con mis dedos. Luego comenc�
a lamerla de abajo a arriba. Ella ten�a las manos engarfiadas en las s�banas
y alternaba su ruidosa respiraci�n con peque�os gemidos, cada vez
que mi lengua rodeaba su cl�toris, que resaltaba, hinchado, entre los pliegues
de sus labios menores.

Pude percibir perfectamente su orgasmo, largo e intenso,
mientras su boca exhalaba peque�os quejidos de placer.

La dej�
descansar unos minutos, mientras volv�a a besar toda su cara, y mi boca
atrapaba hambrienta la suya. Luego, coloqu� las dos almohadas debajo de
sus nalgas, elevando as� su pubis a la altura conveniente. Entonces, empec�
a acariciar su sexo, abierto otra vez por mis dedos, con mi glande. De vez en
cuando, introduc�a mi pene en su abertura, apenas unos mil�metros,
realizando con �l movimientos circulares en la misma entrada de su vagina,
ya h�meda y lubricada. Eva reinici� pronto sus jadeos y sus gemidos,
cada vez m�s audibles.

Not� de nuevo que yo estaba a punto de
acabar, y quer�a prolongar aquello m�s tiempo. Volv� a inclinarme
sobre ella, repitiendo el recorrido de mis labios sobre su rostro. Pero ella estaba
muy excitada. Tom� mi pene entre sus manos, insert�ndoselo en su
vagina, mientras alzaba el monte de venus, para hacer a�n m�s profunda
la penetraci�n. Y empez� a oscilar las caderas, mientras sus manos
apretaban mis nalgas contra su cuerpo.

No pude resistir mucho tiempo. Not�
que mi semen flu�a en su interior, y profundos espasmos de placer recorrieron
todo mi cuerpo. El fin de mi eyaculaci�n coincidi� con el principio
de un nuevo orgasmo de la chica y, a juzgar por sus gemidos, su goce debi�
ser m�s intenso que la vez anterior.

Nos besamos intensamente, mi pene
a�n en su interior. Luego, sujet�ndola por las nalgas, rod�
sobre la cama, tendi�ndola sobre m�, sin que mi falo dejara su confortable
y c�lido alojamiento. El sudor de los dos se mezclaba entre nuestros cuerpos,
y su leve peso sobre m�, mis manos en torno a su cintura, las suyas bajo
mi espalda, eran un nuevo placer, que yo deseaba que durara para siempre...

Levant�
ligeramente la cabeza, mir�ndome con los ojos muy brillantes, y una sonrisa
de satisfacci�n en sus labios:

- �Ves c�mo puede haber
sexo en una pareja que se est� viendo sin ropa todo el tiempo?.

- No
me vale todav�a la experiencia. Tienes que tener en cuenta que he estado
todo el d�a tratando de contenerme. La vista de tu cuerpo me vuelve loco.
Y, para conseguir que pueda aparecer desnudo ah� fuera con tranquilidad
durante lo que nos queda de vacaciones, voy a necesitar al menos dos o tres sesiones
de �stas al d�a. Una, antes de cada vez que tenga que salir en pelotas...

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Relato: Naturalmente (I: Mi primera experiencia nudista)
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