LA INDIFERENCIA DE JEAN
Como la indiferencia puede producir una pasi�n sin l�mites, y
ser una efectiva motivaci�n para una relaci�n ideal
Mi nombre es Rodrigo, tengo 32 a�os y soy arquitecto me va
bastante bien en mi profesi�n. Mi vida privada tine un gran secreto que muy
pocos conocen: soy una travesti de closet. O por lo menos lo fui durante mucho
tiempo. En esos c�rculos cerrado me conocen por Andrea. Desde peque�o podr�a
decir que fui distinto a los dem�s ni�os de mi edad. Mis gustos no eran para
nada compatibles con ellos y es justamente por esa incomprensi�n que sufr� mucho
y soy muy cuidadosa con mi secretito. Mi cuerpo es bastante agradable, lo cuido
mucho y evito caer en excesos. Soy pr�cticamenta lampi�o lo cual me favorece
mucho. Mi rostro es algo indeterminado, m�s femenino que otra cosa. poseo un
buen trasero, bien formado y unas piernas que no tienen nada que envidiar a
cualquier mujer.
Como les dec�a antes mis gustos eran distintos, mientras mis
amigos se masturbaban viendo mujere del Play Boy yo lo hac�a con fotos de
hombres hermosos y musculosos. Las mujeres s�lo ma atra�an como amigas y para
aprender a comportarme como ellas. A pesar de los sufrimeintos que me acarreaba,
me gustaba mucho ir a las duchas despu�s de la hora de gimnasia, ya que pod�a
ver disimuladamente a mis compa�eros desnudos, algunos con unos cuerpos
maravillosos. de pronto pod�a ver a alguno con su pija bien parada y echaba a
correr mi imaginaci�n. Se re�an de m�, me dec�a la se�orita o la princesita. M�s
de alguno me ten�a ganas, pero jam�s se atrevieron a hacer algo. A lo m�s un
agarr�n o una palmadita en las nalgas.
As� fui creciendo y mis impulsos sexuales se sent�an atra�dos
cada vez m�s hacia mi mismo sexo. No sab�a c�mo enfrentarlo o asumirlo. Ingres�
a la Universidad sin tener ninguna experiencia sexual. Las mujeres, como dije,
no me interesaban, pero hab�an algunos chicos que me tra�an de los cabellos,
pero siempre tuve miedo al rechazo, ya que no sab�a c�mo insinuarme. As� que me
limitaba a masturbarme e introducirme objetos por el culo a fin de imaginar que
era penetrada por alg�n macho. Me gardu� con honores en la Universidad, fui el
mejor de mi promoci�n, as� que casi inmediatamente consegu� un buen empleo, muy
lucrativo y me independic� de mi familia yendo a vivir a la Capital, donde
arriendo un departamento central muy amplio y hermoso. All� en mi soledad daba
pasos a mis fantas�as navegando por Internet, cateando en forma er�tica con
algunos y mirando hermosos ejemplares de hombres desnudos con sus pijas
maravillosas.
Un d�a que andaba por el centro pas� por una tiende de
lencer�a, los maniquies se ve�an preciosos con esas ropas que usan las mujeres.
Hab�a un conjunto rojo que me llam� muchola atenci�n por su belleza. Una
tanguita muy breve, que por la parte de atr�s s�lo era un el�stico. Unos
sostenedores preciosos y un liguero haciendo juego. No s� explicar lo que me
sucedi� pero entre y haciendo caso omiso de los prejuicios lo compre junto con
un par de medias que le hac�an juego. La excusa fue que lo quer�a para regalar a
mi novia. Una vez que llegu� al departamento me quit� la ropa m�s que
r�pidamente y primero me coloqu� la tanga. Sentir la suavidad de la prenda, como
que acariciaba mi piel, y el el�stico metidito dentro de mis nalgas hizo que me
excitara profundamente. En ese momento estaba naciendo Andrea. Me miraba en el
espejo con mi tanga puesta y me encontraba maravillosa, deliciosamente mujer. Y
aunque faltaba mucho para llegar a serlo, me ve�a bastante bien. Mir�ndome en el
espejo posaba como las modelos de las revistas y acariciaba mi cuerpo y me
pasaba la mano por mi sexo por sobre la tanga. despu�s me coloqu� el sostenedor,
no ten�a tetas as� que lo acomod� coloc�ndoles unos pa�uelos. Ya era el colmo,
me imaginaba con un par de tetas. Depues me puse el liguero y cuando me pon�a
las medias y sentis su suavidad en mi piel ya estaba como una verdadera yegua.
Sentir el roce de mis piernas con esas maravillas puestas. Envidiaba a las
mujeres por tener esas sensaciones maravillosas todos los d�a.
No pude m�s y me masturb� coloc�ndome una vela en el culo
para tener la sensaci�n de ser penetrada. Ya el dique hab�a sido desbordado. A
partir de ese momento una de mis aficiones era comprar ropa de mujer para
vestirme en la intimidad de mi departamento. Llegu� hasta el extremo de tener el
cu�druple de ropa femenina que la de hombre. Ya me hab�a hecho amiga de un
vendedora. Como era muy perspicaz ya no me cre�a que tanta ropa pod�a ser para
mi novia, as� que una ocasi�n le confes� mi secreto que prometi� guardar
celosamente. No se pod�a dar el lujo de perderme como cliente. Inclusive me
ofreci� su ayuda para ense�arme algunas cosas respecto a belleza y maquillaje,
cosa que acept� con mucho gusto. Acudi� varias veces y como era buena alumna
aprend� r�pidamente, inclusive fui donde un m�dico, el cual con un generoso
pago, me dio un tratamiento de hormanas para los pechos y suavizar m�s mis
rasgos. De esa manera agrecu� a mis compras cosm�ticos y toda clase de cremas de
belleza. Varias pelucas de diversos colores y estilos. As� una noche era una
puta, la otra una colegiala o una secretaria, en fin eso depend�a de mi estado
de �nimo e imaginaci�n.
Un d�a lleg� a la compa��a donde trabajaba un arquitecto
reci�n egresado. era alto, muy varonil, del tipo deportista, musculoso,
simp�tico. Ten�a a todas las mujeres calientes detr�s de �l. Pero ni siquiera se
dignaba a mirarlas. Tendr�a unos seis a�os menos que yo. Tambi�n me sent�a, al
igual que las mujeres, babosa por �l. Para suerte m�a su escritorio quedaba
frente al m�o. Asi que lo ten�a a la vista casi todo el d�a. Yo lo miraba
disimuladamente, y cada vez me sent�a m�s atra�da por �l. Imaginaba lo hermoso
que ser�a besar su pecho, sentir sus brazos rode�ndome y jur�ndome amor eterno.
Como nuestro trabajo nos obligaba a trabajar en equipo nuestra relaci�n se fue
acentuando de a poco hasta convertirnos en amigos. Jam�s me atrev� a hacerle la
insinuaci�n m�s m�nima. Ten�a temor de botar todo por la borda, mi trabajo, la
verg�enza, en fin todo.
Un d�a viernes, cuando ya est�bamos por salir del trabajo le
pregunt� qu� har�a el fin de semana. Me contest� que no ten�a nada planificado.
Adem�s no conoc�a todav�a muy bien la ciudad. Que ten�a deseos de ir a un ba�o
turco, peo no sabpia bien d�nde y me pregunt� si le �pod�a recomendar alguno. Le
di varias posibilidades. Me agradeci� y me dijo que por qu� no �bamos juntos,
as� era m�s entretenido tener a alguien con quien poder conversar. Antes que
terminara ya estaba aceptando su propuesta. qued� en pasarlo a recoger a eso de
las tres en su casa. Me dio la direcci�n y nos depedimos hasta el d�a siguiente.
Cuando llegu� a mi casa, Andrea apareci� m�s esplendorosa que
nunca, y me masturbe como tres veces pensando en Jean. Al d�a siguiente, parec�a
que la ma�ana no pasaba nunca. A eso de las dos y cuarto me sub� al carro para
ir a recogerlo. Llegu� poco antes de las tres. Baj� con un malet�n de manos unos
jeans ajustados a su cuerpo que no pod�an disimular su paquete, que se notaba
muy generoso. Arriba una remera que dejaba al descubierto sus hombros, y su
pecho fuerte y musculoso. Con una gafas para el sol que le quedaban de
maravilla. era un verdero modelo. Con ese cuerpo no entend�a c�mo no estaba
rodeado de mujeres. Nos saludamos. Y directo al ba�o turco. Nos pasaron las
toallas y las sandalias. Nos dirigimos a los camarines que eran individuales. Me
cubr� con la toalla ajust�ndomela en la cintura. El tratamiento de hormonas
estaba comenzando a dar resultados. Mi piel estaba muy suave y mis pechos
comenzaban a aflorar t�midamente.
Finalmente sali� Jean. Los ojos casi se me salieron. Se hab�a
puesto la toalla, pero la m�s peque�a que le cruzaba justo pero lo dejaba como
con una minifalda. Era un hombre espl�ndido. Unas piernas largas, musculosas y
bien formadas. Atl�tico por donde lo miraran. Entramos juntos conversando y
riendo. Nos metimos al cuarto de intensidad mediana para ambientarnos un poco.
Nos sentamos. Ve�a como el vapor y su sudor en gorma de gotas corr�an
caprichosamente por su cuerpo. Cada instante lo deseaba m�s. Luego de un rato
decidimos pasar al otro nivel. No hab�a nadie, est�bamos solos. nos sentamos,
conversamos un poco. Luego se puso de pie y dijo que el calor era demasiado, por
tanto de un tir� se quit� la toalla. No s� c�mo no me derret�. estaba
completamente desnudo frente a m�. Su sexo, en posici�n de reposo med�a por lo
menos unos 12 cent�metros, as� que erecto por lo menos unos 22 � 23. Estaba
circuncidado as� que su glande quedaba a la vista. Yo me obnubil�, me puse muy
nerviosa y ni siquiera disimul� que mi vista estaba fija en su sexo. Ri�ndose me
pregunt� si hab�a algo que me distra�a. Y luego dijo no te preocupes son bromas.
Yo no pude evitar ponerme m�s rojo de lo que estaba por el calor y ahora me
invad�a otro tipo de calor, mucho m�s interno. Estuvimos como una hora y su
hermoso falo frente a m�.
Decidimos irnos, antes nos fuimos a las duchas, se ve�a
majestuoso refreg�ndose el cuerpo y como la espumas del jab�n rodaba por su
cuerpo varonil. Se tom� el miembro y lo enjabon�,igual sus pelotas. Deseaba que
me pidiera que lo hiciera yo, pero por supuesto nada de eso pas�. Salimos y
decidimos y a tomar algo por ah�. Pasamos a un pub que ten�a una atm�sfera muy
�ntima y conversamos largamente. Abrimos nuestros corazones. me coment� que era
gay y nen�a saliendo de una relaci�n de dos a�os. Y que me confiaba todo esto
porque le parec�a una persona honesta y que no traicionar�a su confianza. Le
dije que no ten�a nada que temer. Tambi�n le confi� mi secreto y se mostro
gratamente sorprendido. Vivamente me manifest� su deseo de conocer a Andrea.
Acced�. Ser�a el debut de Andrea ante los ojos masculinos. Le dije que fuera a
mi casa a eso de las diez de la noche y Andrea, estaba segura, tendr�a mucho
gusto en conocerlo. Lo fui a dejar a su casa y nos despedimos. Mir� la hora. era
las siete, ten�a menos de tres horas para que Andrea estuviera lista.
Me fui r�pidamente hacia la casa. Me dirig� al closet para
ver mi atuendo. Escog� un pantal�n elastico como de lanilla trasparente, para
que se notara la tanga negra que me pondr�a. Un peto cortito y que se amarraba
solo con tiritas por detr�s.Unos zapatos de tac�n y la peluca platinada para
darme un cierto aire de puta. Me fui a la ba�era, puse unas sales arom�ticas y
me qued� una mdia hora all�. Con el ba�o turco no necesitaba m�s, mi piel estaba
incriblemente suave. Encend� unos inciensos por toda la casa. escog� unos CD con
m�sica ad hoc y los dej� a la mano. Regul� la luz y s�lo dej� encendidas las
indirectas. eso daba una atm�sfera suave y muy sensual. Tal vez hoy ser�a el d�a
en que finalmente podr�a sentirme mujer. Me unt� crema por todo el cuerpo para
estar muy arom�tica. Prepar� algunos bocadillos, me asegur� que hubiera
suficiente hielo en la nevera y ya estaba todo listo. Una �ltima miradita en el
espejo y aunque es malo que lo diga yo, me ve�a bastante apetecible. El
maquillaje igualmente estaba perfecto. Me coloqu� unos lentes para cambiar el
color de mis ojos, escog� los verdes as� me brillaban como una verdadera gata.
Me tranquilic� un poco, para que el maquillaje no se me fuera
a correr. Como a la media hora de todo esto son� el timbre. Abr�. All� estaba
�l. Se hab�a cambiado de ropa y estaba completo de negro. Se ve�a sensacional.
�"�Andrea? � pregunt�. �"S�, adelante, pasa" No me pod�a quitar la vista de
encima. Cuando pasamos pod�a sentir su mirada clavada en mi trasero que yo
trataba de mover lo mejor posible. �"Realmente te ves hermosa" � me dijo.
�"Estoy anonadado, no s� qu� decirte" Yo le contest�: -"Entonces no digas nada.
T� tambi�n est�s guap�simo" Me pidi� un poco se agua que se la traje de
inmediato. "Est�s tan divina" � me dijo � "que ser�a un pecado no invitarte a
salir". �Te animas? �Yo de verdad me mor�a de ganas, salir a la calle vestida de
mujer con un hombre encantador. Pero m�s me mor�a de ganas que me hicieran mujer
y qu� mejor que con este guapo que ten�a a mi lado. Se ven�an a mi mente las
im�genes de cuando lo hab�a visto desnudo.
-"Me gustar�a mucho salir contigo" � le contest� � pero...
�te molestar�a dejarlo para otra oportunidad y quedarnos en casa ahora? Y
agregu� coquetamente: -"As� no perdemos intimidad" � Me escuchaba a m� misma y
me desconoc�a, estaba siendo una hembra descarada, luchando desesperadamente
para ser penetrada. Conversamos un poco, puse algo de m�sica y me sent� a su
lado. �"Ese vestido que tienes es francamente sensacional" � me dijo. �"Tuienes
una figura exquisita". Y agreg�: -"�Bailamos?" Le di la mano y ubicados en el
centro de la sala comenzamos a bailar. Cuando me rode� por la cintura casi caigo
en extasis. Yo pas� mis brazos por detr�s de su cuello y me pegu� sin disimulo a
su cuerpo. �"Me encanta tu aroma" me dijo. �"�C�mo se llama? �"Poison" � le
dije. �"Mmmm, espero no envenenarme contigo" � brome�.
-"En el ba�o turco me percat� c�mo me mirabas" � dijo. Me
parece que debo gustarte algo, ojal� que tanto como t� a m�" �Baje la vista un
poco avergonzada. �"Vamos bebita, no te sonrojes. Seguramente ya m�s de alguna
aventurilla habr�s tenido por ah�" . me dijo. Lo mir� a los ojos y le dije: -"Te
equivocas totalmente y aunque no me lo creas, a�n estoy virgen". El s�lo dio un
silbido de admiraci�n y no dijo nada. Seguimos bailando apretadamente, yo me
ce��a lo m�s que pod�a a su cuerpo. Pod�a sentir su sexo palpitante de bajo de
su ropa. El totalmente imperturbable. No evidenciaba ning�n intento de avance
por su parte. Eso me exasperaba terriblemente. Comenc� a moverme
provocativamente, ya mis intenciones no pod�an ser m�s claras. estaba perdiendo
la verg�enza y el pudor. Cosas que cada vez me estaban importando menos. Ansiaba
que este maldito me agarrara bestialmente y me violara, que hiciera pedazos mi
culo, que su semen se esparciera por todo mi cuerpo... pero ah� estaba
totalmente imp�vido.
Termin� la m�sica qued� abrazada a �l por un rato esperando
por un beso y no pas� absolutamente nada dej�ndome con los ojos cerrados y los
labios entreabiertos como una est�pida. Me ten�a hirviendo el maldito. Nos
sentamos y me acurruqu� a su lado lo mas que pude, el pas� un brazo por mi
hombro y me dio un besito en la mejilla.. Despu�s me pidi� permiso para ir al
ba�o, hace un poco de calor, me dijo. Le indiqu� donde quedaba. Al rato sali� y
cuando lo veo casi se me cortan los el�sticos de la tanga. Sali� en slips, mejor
dicho una zunga, negra de lycra. Era tan rebajada que se pod�a ver un poco de su
vello. El bulto que hac�a su sexo era imponente. Yo estaba comenzando a sudar.
Se par� frente a m� y comenz� a mover las caderas al comp�s de la m�sica. Su
sexo estaba casi rozando mi rostro, pod�a hasta sentir su aroma de hombre.
Intent� rozarlo con los labios y se apart�. Quise acariciarlos, sentir ese bulto
en las manos y no se dej�.
Despu�s se sent� y conversaba como si no pasara absolutamente
nada. Como media hora despu�s dijo que todav�a ten�a calor y se quit� la zunga
dejando su falo a la vista. Yo s�lo lo hab�a visto en estado de reposo, pero as�
erecto, era otra cosa totalmente distinta. Una verdadera belleza. Las venas se
notaban por sobre la piel, bullentes de esa sangre joven y caliente. Me dijo que
deseaba bailar. Acept�. Era una maravilla sentir su miembro duro rozar contra mi
ropa que era muy delgadita. Acariciaba su espalda y aoyaba mi rostro en su
pecho. Mis manos bajaron y cogieron sus nalgas duras y firmes. All� me dejaba
hacer. El sudor me corr�a por el rostro de pura calentura. Disimuladamente quise
coger su miembro con mis manos, apenas lo alcanc� a rozar. Me dijo que era tarde
y deb�a irse. Se coloc� el pantal�n sin la zunga, cuando le dije la tom� y me la
lanz� a la cara gui�ando un ojo. �"D�jala de recuerdo" � me dijo. Yo la tom�
como si fuera el tesoro m�s preciado y me lo llev� al rostro para al menos
sentir su aroma. Eso me dejaba m�s loca. Hubiera hecho cualquier cosa, cualquier
cosa, lo que me pidiera por haber hecho el amor con �l. Termin� de vestirse. Me
dio un beso en la mejilla y se march�. Apenas cerr� la puerta fui a mi
dormitorio, me tir� en la cama y llor�, grit� y patali� como una energ�mena.
Tanto arreglarme, ponerme hermosa, para nada. Cualquier hombre no habr�a durado
ni dos minutos y ya me tendr�a empalada. pero obviamente �l no era cualquier
hombre. Y as� me ten�a enferma de caliente.
El d�a lunes lo vi, estupendo como siempre, me salud�
amablemente y a las cosas del trabajo. Martes, miercoles exactamente lo mismo.
Este desgraciado me ten�a caliente como un fierro candente. El jueves no aguant�
m�s y le dije: - "Andrea quiere verte. LL�mala" asinti� con la cabeza sin decir
nada. Pas� el viernes, por orgullo no le habl�. El s�bado en la tarde me
transvest�. Me pusr un shortt de mezclilla muy ajustadito, y que dejan ver gran
parte de lo gl�teos, con una camiseta de lycra muy ajustada y unas tenis. Estaba
tranquila viendo televisi�n cuando tocan el timbre. Pregunt� qui�n era. �"Soy
Jean" � contest�. Abr� inmediatamente. estaba en tenida deportiva, una remera
que dejaba ver su musculatura, el pecho todo sudado, me hubiera gustado secarlo
con mi lengua. Y unos short. �"�Me prestas tu ba�o para darme un duchazo?" Le
dije que s�. Pas� directo, no cerr� la puerta a prop�sito. Y se desnud�. A los
cinco minutos sali� con toda su esplendidez masculina sec�ndose con la toalla.
Yo o miraba extasiada, su torso tan hermoso, su sexo espl�ndido. �Por qu� se
comportaba as�? �Acaso no sab�a cu�nto deseaba ser su mujer? �Es que no hab�a
sido lo suficientemente provocativa?
Una vez que se hubo secado me pregunt� si pod�a hacer una
peque�a siesta porque estaba muy cansado. Le ofrec� mi cama. Se tumb� cuan largo
era, completamente desnudo, boca abajo. Se ve�a m�s hermoso que nunca. Sus
nalgas firmes y bien formadas. Sus manos grandes, las imaginaba acarici�ndome, y
yo bes�ndolo entero como una verdadera loca. Mientras �l dorm�a pl�cidamente,
debo confesar que me qued� admir�ndolo todo ese rato. No me perd�a el m�s m�nimo
de sus movimientos. En una oportunidad se dio vuelta quedando boca arriba. Su
vientre musculoso que terminaba en un frondoso vellos pubiano, coronado
finalmente por ese miembro, muy bien formado, descansando sobre sus t�st�culos
que se me antojaban repletos de semen que deseaba tanto poder saborear. Esas
piernas viriles, con delicado vello que las cubr�a. �C�mo deseaba a este hombre!
Estaba en esas cavilaciones, cuando fue saliendo de su sue�o.
R�pidamente me retir� para que no me sorprendiera mir�ndolo. Se levanto, fue al
ba�o para mojarse la cara. Luego se acerc� a mi, un poco m�s de lo que se
estima. Sab�a perfectamente todo lo que me provocaba. Se coloc� la zunga, se
visti� y me dio las gracias por la hospitalidad. Apenas se fue no pude m�s, tom�
el slips que me hab�a dejado me lo refregu� �por el rostro, a�n quedaban algunos
vestigios de su aroma a hombre y me masturb� , con los ojos llenos de l�grimas
pensando en �l.
Ya no pod�a concentrarme pr�cticamente en nada. Jean hab�a
ido ocupando todos mis pensamientos. Apenas pod�a dormir en las noches, apenas
pod�a trabajar, no ten�a apetito y languidec�a paulatinamente. Mi �nico deseo
era pertenecerle, sentirme suya. Un d�a estaba reproduciendo unos documentos en
la fotocopiadora y sin darme cuenta apareci� Jean. Levemente me roz� con su
sexo, as� a la descuidada. Bast� eso para dejarme excitada durante todo el d�a.
Jam�s pens� que un hombre podr�a tenerme de esta manera. Mi deseo por
tranasvertirme aument� hasta el punto que apenas llegaba al partamento me
quitaba la ropa y me vest�a por si se le ocurr�a a Jean venir a visitarme.
El s�bado por la tarde me llam� dici�ndome que ten�a muchos
deseos de verme. Le dije de inmediato que s�. Me arregl� lo mejor posible, mi
ropa m�s sensual y er�tica. pensaba que ahora, finalmente se podr�a cumplir mi
sue�o. Las horas pasaron y nunca lleg�. Esa noche me lo llor� toda, tirada en la
cama vestida. Mi vida no pod�a estar en situaci�n m�s calamitosa. Estaba
perdiendo el inter�s hasta en vivir. Durante la semana no fue capaz de darme
explicaci�n alguna. Como si no hubiese pasado absolutamente nada. El viernes
antes de salir del trabajo me dijo: -"Dile a Andrea que la pasar� a buscar el
s�bado a las 9. Quiero que se ponga m�s hermosa que nunca" y se fue. El coraz�n
me dio un vuelco. Volver�a a creerle porque lo deseaba como a nada en el mundo.
Toda la tarde del s�bado la dediqu� a acicalarme para estar
hermosa, habr� cambiado �por lo menos unas cinco veces la ropa que iba a usar.
Finalmente me decid� por algo casual. Una blusa negra de lycra, sin mangas y
unos jeans elasticados a la cadera. Un cintur�n grueso met�lico de adorno.
Debajo una tanga min�scula de color rojo. Me mir� al espejo, no estaba mal.
Repas� un poco el maquillaje y arregl� algunos detallitos. Ahora s�lo cab�a
esperar.
A las nueve en punto lleg� Jean. Me mir� de arriba abajo y me
dijo que estaba estupenda. Que ser�a un honor salir con una dama tan hermosa. El
estaba de maravillas. Un pantal�n sport, muy delgado, que dejaban entrelucir la
zunga que llevaba y una camisa de seda negra, lo cual le daba un toque muy
sensual. Y tra�a �un ramo de flores hemos�simo! -"Aqu� traigo unas flores, para
otra flor muy especial" � me dijo. Y me las dio. Apenas atin� a dar las graias
cai balbuceando. Era muy hermoso sentirse mujer de esa manera. Cuidadosamente
las coloqu� en un florero. �l se acerc� a m� me tom� de ambas manos y me atrajo
hacia �l. Luego casi sin dejarme respirar me dio un beso que me supo a gloria.
Yo tiritaba completa. Sentirme entre sus brazos, el calor de su cuerpo y esa
superioridad que sab�a ten�a sobre m� era algo que hab�a imaginado much�simas
veces, pero debo reconocer que me hab�a quedado corta. �"Vamos"- me dijo. "Esta
ser� nuestra noche" . Estaba tan emocionada que ni siquiera pregunt� a d�nde
ir�amos. Era adem�s mi primera salida vestida de mujer. Al dirigirnos al auto me
sent�a plena, caminando de la mano con Jean, dej�ndome llevar por �l. Al parecer
todos mis sufrimientos y penurias se ver�an compensados esta noche.
Una vez en el auto partimos hacia las afueras de la ciudad.
Ya ten�a algunas sospecha, pero no quer�a ilusionarme demasiado. Al rato
confirm� mis sospechas, estab�mos entrando al motel m�s caro y lujoso de la
ciudad. Al llegar, pidi� la caba�a con jacuzzi. Yo no daba m�s de felicidad.
Estacion� el auto y el encargado cerr� el estacionamiento
dej�ndonos a cubierto. La caba�a ya esta abierta, pasamos. Era incr�ble. Su
decoraci� y las luces, mezclado todo esto con la m�sica, me parec�a estar en el
para�so. Jean cerr� la puerta, tom� el cit�fono y pidio una botella de champagne
y caviar. Me mir�, me cer� un ojo y me dijo: -"Quiero que esta noche no la
olvides nunca". Me acerqu� a �l para que me abrazara , era bastante m�s alto que
yo, as� que me empin� en mis pies para alcanzar sus labios y besarlo. Sus labios
duros y varoniiles me embriagaban. Jean desapareci� por un momento. En el
intertanto lleg� el pedido. Al volver Jean destap� la botella, y sirvi�. Al
darme mi copa, alz� la suya y me dijo: -"Por ti, Andrea, entraste aqu� siendo
una mujer y saldr�s hecha una hembra"
Una vez que brindamos, Jean me dijo: -"En el ba�o hay una
sorpresita para ti, quiero que te la coloques. Yo te espero." �Intrigada me fui
al ba�o. Hab�a unos paquetes envueltos en papel muy delicados. Abr� el primero y
conten�a una tanga muy femenina, su triangulito era de un material casi
trasparente con un corazoncito bordado al medio del mismo. En la parte posterior
s�lo los el�sticos que lo sosten�an. Adem�s una peque�a batita del mismo
material, muy cortita que no alcanzaba a llegarme a la cintura. Abr� el segundo
paquete, m�s peque�o, Conten�a un liguero, muy breve y peque�ito. Yo estaba
fascinada. Sus tirantes muy coquetos, era negro con guardas rojas. Todo de un
excelente gusto. El �ltimo paquete ten�a un par de mediar, caladas, negras, tipo
red. Definitivamente mi querido Jean pens� en todo. Esta noche borrar�a todas
las penurias que me hizo pasar.
Gozando cada momento, y muy lentamente comenc� a ponerme esas
prendas maravillosas. La tanguita se ajustaba a mi cuerpo como una segunda piel
y sus suaves tirantes entre mis gl�teos me conmov�a por completo. Luego segu�
con el liguero. Estaba completamente extasiada. Si exist�a una mujer feliz en el
mundo, sin duda que era yo. Luego la batita, me encantaba su roce, como
acariciaba mi piel y mis naciente tetitas me dejaba insinuante para los ojos de
mi hombre. Despu�s las medias, era para m� lo m�s er�tico como las iba subiendo
desde mis pies, hasta llegar a mis muslos. Todo lo hac�a muy lentamente, para
que Jean se desesperara, para aumentar su deseo, para enardecerlo, y que, cuando
me viera, poco menos que saltara sobre m�. Jean ya estaba perdiendo la
paciencia. Me llamaba a cada rato. Lo hice esperar un poco m�s. Apagu� la luz y
sal�. El no pod�a verme. Estaba recostado sobre la cama. Encendi� las luces m�s
suaves y su exclamaci�n de asombro no se dej� esperar. �Est�s bell�sima!!! �
exclam�. Pero yo tambi�n me llev� lo m�o. El estaba s�lo con una zunga, pero
brev�sima, que a duras penas cubr�a malamente su sexo. Su matorral de vellos
quedaba casi todo al descubierto. No pod�a disimular su enorme bulto. Me acerqu�
a la cama y me tend� sobre �l, quien r�pidamente me abraz� y beb� el jugo de su
boca. Sent� la suavidad de su lengua que me recorr�a por completo. Estaba loco
de pasi�n. La dureza de su sexo me asombr� al sentir el roce sobre mi abdomen.
Jean no dejaba espacio de mi rostro sin besar. Despu�s se entretuvo con mi
cuello, haciendo mis delicias con su lengua, mientras yo bajaba mi manos y
acariciaba su miembro por sobre la zunga. As� pod�a dimensionar su tama�o, lo
acariciaba a lo largo, golosa, disfrut�ndolo. �Tanto lo hab�a deseado, y ahora
era m�o, terriblemente m�o, y m�s rato dolorosamente m�o! Era tanta la
deseperaci�n que parec�amos dos can�bales tratando de comerse mutuamente. El
deseo reprimido por tanto tiempo estaba incontenible, no hubiese existido fuerza
en el mundo que nos pudiera detener. Con mis labios recorr�a su pecho completo,
bes�ndolo, mordi�ndolo, ara��ndolo, haciendo todo lo que hab�a imaginado alguna
vez. Jean con su fuerza me volte� y me dej� debajo de �l. Me sent�a tan feliz
as�. Protegida, amada, deseada. Comenz� a juguetear su boca entre mis peque�as
tetitas, me hac�a proferir alaridos de gatita., mientras mis manos recorr�an su
espalda y acariciaban sus gl�teos.
Maldigo el no tener las palabras justas para describir todo
lo que suced�a en mi interior. Las cosas que pasaban por mi mente. Era mujer,
terriblemente mujer. Quer�a que me poseyera con toda su alma. Sentir a mi hombre
dentro de m�, hacerlo feliz, darle todo el placer que fuera capaz. Y as� se lo
hac�a saber. Que le pertenec�a por completo, que pod�a hacer lo que le viniera
en gana porque para eso le pertenec�a.
Una vez que se saci� de besarme y acariciarme, me volte� boca
abajo, me quit� la batita dejando mi espalda al desnudo. Jugaba conmigo. Con la
yema de su dedo recorr�a desde mi cuello hasta el final de mi cintura, lo que
que me daba como un golpe de electricidad. O me daba besitos en partes distintas
de mi espalda, as� que no pod�a saber d�nde ser�a el pr�ximo, pero al sentir sus
labios en mi piel era como si flotara, estuviera entre nubes. Sin querer fui
comprendiendo el plan de Jean. Todo lo que me hizo pasar era parte del juego. Me
deseaba desde el primer momento, como me confesar�a despu�s. Pero no me deseaba
de cualquier manera. Quer�a crearme a�n m�s la necesidad de �l. tenerme como una
perra caliente para que despu�s le brindara absolutamente todo y as� el placer
fuera mayor. Se tendi� sobre m� cubrio�ndome con su cuerpo, sent�a su sexo
vibrante rozar mi trasero. Yo lo mov�a para excitarlo a�n m�s, y los resultados
r�pidamente saltaban a la vista o mejor dicho al tacto. Despu�s de un rato me
quit� las medias, dej�ndome solo en tanga. Me ubic� atravesada, boca arriba, en
la cama con la cabeza en el aire. Mientras tanto el se quit� la zunga. No quiero
que crean que soy una puta, pero al verlo la boca se me hizo agua. El se acer�,
se agach� y comenz� a pasar su miembro por mi rostro. Por la frente, las
mejillas, los labios, yo en vano trataba de cogerlo con los labios, pero no me
dejaba y me castigaba de una manera exquisita, tomando su falo me lo azotaba en
la cara. Era no tanto dolor, pero si una sensaci�n que me llenaba completa, y yo
insist�a nuevamente para que el castigo continuara. A veces me dejaba pasar la
lengua por su glande, pero para ello deb�a hacer grandes esfuerzos, ya que no me
la hac�a f�cil, ah� aprovechaba para saborear su l�quido lubricante que me sab�a
a la mejor ambros�a. Jean se incorpor�, separ� las pierna dej�ndome el rostro en
sus entrepiernas. La visi�n era fabulosa, pod�a observar desde abajo parte de su
trasero, sus test�culos y su falo. All� caus� estragos con mi lengua. La pasaba
por sus bolas, y de ves en cuando alg�n vello se me quedaba en la boca. Sent�a
que Jean estaba bajando la guardia as� que yo continuaba con m�s �mpetu. Cuando
mi lengua roz� su ano, Jean se estremeci� por el placer, me di cuenta que le
gustaba mucho, porque comenz� a buscar acomodo para facilitarme la tarea. As�,
de un simple roce lo penetr� con mi lengua. Mi rostro estaba todo mojado por mi
propia saliva. Es incre�ble cuando el deseo se apodera de una persona, es capaz
de hacer las cosas m�s incr�bles y gozarlas en plenitud. As� estaba yo,
cualquier aberraci�n que me hubiera pedido Jean , y eso hasta el d�a de hoy, la
har�a gustosa.
Una vez que jean me liber� de la posici�n en que me ten�a,
aprovech� para incorporarme, tom� de la mano a Jean y lo llev� a un sill�n
reclinable, lo hice tomar asiento, lo reclin� un poco y yo de pie frente a �l
comenc� a contonearme como una verdadera bataclana. Luego me quit� la tanga, lo
�nico que me quedaba, y se la arroj� a la cara. El riendo la tom� le dio un beso
y se comnez� a sobar su miembto con ella, mientras yo le bailaba.
Lentamente me acerqu� a �l y me sub� al sill�n, de cara
frente a el, separ� mis piernas y yo de rodillas con �l entre medio. Mi sexo
aunque no tan magn�fico como el de mi amado estaba erecto y muy h�medo. Me
inclin� hacia delante, apoy�ndome con las manos en el respaldo del sill�n, mi
sexo quedaba justo frente a su boca. Sin decir nada entreabri� los labios, para
que lo penetrara como si fuera una chocha, as� que comenc� a hacer presi�n en
forma suave pero firme y sus labios se iban separando abriendo camino para que
mi miembro entrara. La sensaci�n era exquisita, la parte que ya etaba adentro
era deliciosamente cariciada por mi lengua, que m�s la presi�n de sus labios ya
me ten�an casi a punto. Lo introduc�a y sacaba lentamente, gozando a pleno el
momento, Jean me ten�a tomada fuertemente de las nalgas y as� me impon�a el
ritmo, al mismo tiempo que sus dedos buscaban asiosamente mi ano. Era
maravilloso sentirse atacada por dos frentes, como si una corriente el�ctrica
partiera de mi centro y de all� a todo mi cuerpo, hasta la �ltima c�lula. A
veces, con el movimiento su miembro rozaba la suavidad de mis muslos por sus
partes internas y sent�a que me los humedec�a con el l�quido preseminal que
emanaba abundantemente, se�al inequ�voca del estado de su excitaci�n.
Todo parec�a un sue�o del cual no quer�a despertar jam�s.
All� estaba desnuda junto a Jean, montada sobre el con sus dedos dentro de mi
ano y mi pija metida en su boca. Es maravilloso estar con el hombre que se ama,
sin l�mites, hacer lo que se nos d� la gana y lo que mande el deseo. Sentirse el
objeto y a la vez el due�o del ser amado. No escatimar esfuerzos para brindar el
m�ximo de placer. Olvidarnos de quien es el macho y la hembra, a lo mejor somos
las dos cosas a la vez, pero lo importante es la consecuci�n del placer, ese
desdoblarse que nos hace sentir mil una cosas distintas. S�lo dos cuerpos
desnudos con un mismo objetivo: ser felices. Eso y mucho m�s �ramos con Jean en
ese momento. El placer se me estaba volviendo tan intenso que llegaba a doler,
llegaba a ese momento en que s�lo queremos lanzarnos al vac�o, no existe nada
m�s que ese deseo imperioso que un mill�n de estrellas colmen tu mente, en que
todo se ilumina, en que vemos la luz intensa del placer ese que no se iguala ni
compara con nada, que s�lo te lo puede brindar el otro. Finalmente me lanc� al
abismo un grito desgarrador sali� de lo m�s profuno de mi ser. Mi esf�nter y mi
pija eran una sola cosa paralizdos por el placer, las contracciones de mi ano
presionaban el dedo de Jean mientras en su boca recib�a la andanada de mi semen.
Nos quedamos quietos por unos instantes, el relajo propio de la situaci�n hac�a
presa de nosotros. Mi miembro hab�a vuelto a su estado de reposo, as� que lo
saqu� de la boca de Jean, sali� totalmente mojado con algunos restos de semen
que cayeron en el rostro de mi hombre. El a su vez quit� el dedo de mi ano y
qued� como con una sensaci�n de vac�o, ya me hab�a acostumbrado a tenerlo dentro
de m�.
Pero faltaba algo que no pod�a soslayar. Tocaba hacer mi
parte. Pas� mi brazo por detr�s, me levante un poco y tome su miembro. De m�s
est� decir que me inquiet� un poco. Al sentir su tama�o en mi mano no pude
evitar una cara entre asombro, felicidad y temor. Seguramente me iba a desgarrar
completamente, pero eso no me importaba en lo m�s m�nimo. Ser�a su mujer aunque
fuera lo �ltimo que hiciera en el mundo. Ya estaba muy lubricado as� que no
estim� necesario usar alguna crema, con el masaje que Jean me hab�a dado mi ano
ya ten�a cierta dilataci�n, por tando decid� sentarme en la picana y que el
diablo me pillara confesada con ese enorme mastodonte que pronto me dispondr�a a
tragar. La posici�n en que est�bamos era muy conveniente para m�, ya que ten�a a
Jean practicamente controlado en sus movimientos, entonces yo pod�a ir
decidiendo la fuerza y profundidad de la penetraci�n. Eso me daba alguna
tranquilidad. Como si fuera un fakir a punto de tragar el sable, me incorpor� lo
m�s que pude, no me quedaba otra ya que su miembro como les dije antes era
considerable, cerr� los ojos para concentrarme, y con una mano apoyada en el
sill�n y con la otra el miembro de Jean, comenc� a acomodarlo para el gran
momento.
Su glande roz� mi orificio, segu� bajando, haciendo esfuerzos
para que esa enorme cabeza pudiera penetrar. Sab�a que lo dif�cil era eso,
despu�s lo otro ser�a como coser y cantar. Mentalizaba la situaci�n y me parec�a
muy dif�cil que algo tan grande pudiese entrar en un orificio tan estrecho sin
hacer da�o. Una puntada dolorosa en medio de mi orificio me hizo dar un grito de
dolor. El sudor comenzaba a perlar mi frente. Retroced�, el dolor no disminu�a.
Me concentr� nuevamente el mismo dolor de antes pero m�s intenso. Me mord� los
labios casi hasta hacerlos sangrar. Me negaba a gritar, me negaba a reconocer mi
impotencia, ser�a como un fuerte golpe a mi ego de hembra. Ten�a que lograrlo.
Segu� bajando para hacer presi�n con el peso de mi propio cuerpo, ten�a la
sensaci�n que me estaba desgarrando por completa, pero no ced�a en mi intento,
mayor era el dolor, mayor la presi�n que hac�a. Llegu� a odiar a Jean por lo que
me estaba haciendo sufrir. Apret� los dientes con todas mis fuerzas y di un
envi�n fuerte y corto hacia abajo. El dolor que hab�a sentido fue nada comparado
con el de ahora. Las l�grimas me afloraron en los ojos, pero tuve mi premio, el
glande de mi amado hab�a penetrado. Qued� quieta por un momento para que el
dolor disminuyera. Cuando sent� que pod�a seguir, fui descendiendo de a poco. El
dolor iba cambiando, se iba transformando en placer. Estaba feliz con esa tranca
metida en mi culo. Mucho mejor que cualquier vibrador de los que hab�a usado
alguna vez. Mi felicidad culmin� cuando hice fondo, mi traser hab�a llegado
hasta sus bolas. Pod�a sentirme satisfecha. Tratata de estimularlo presionando
mis m�sculos, pero era tan ancho, que practicamente no era mucho lo que pod�a
hacer al respecto. Pero hab�a otros recursos que me permitieran llevar a mi
amado Jean al cielo. Una vez que pude introducirlo completo me qued� quieta para
que mi esf�nter se fuera acostumbrando a quien ser�a su asiduo visitante.
Comence unos movimientos leves, moviendo mis cadera hacia
atr�s y hacia delante, el rostro complaciente de Jean me iluminaba de alegr�a
porque se notaba que lo estaba pasando exquisito. Despu�s lo sacaba un poquito y
lo volv�a a meter, al rato hasta la mitad y adentro, despu�s casi completo y
volv�a a meterlo entero. Parec�a que la punta de su miembro iba a salir por
cualquier parte de mi cuerpo, me atravesaba por completo. Esas arremetidas las
combinaba con movimientos circulares que a juzgar por su cara lo volv�a loco.
Entretanto Jean me daba de nalgadas y eso hac�a que me volviera m�s yegua a�n,
sac�ndome verdaderos relinchos. Jean era dur�simo. No pod�a hacerlo acabar, yo
notaba que se resist�a, que su deseo era tenerme penetrada el mayor tiempo
posible. As�, empalada me tuvo una hora, que no dir� se me hizo larga, todo lo
contrario. Habr�a pasado toda mi vida as�. De pronto not� que Jean, con los ojos
cerrados, casi no respiraba, y que sus m�sculos comenzaban a contraerse, se�al
clara que ya estaba lanz�ndose al abismo. Entonces me levante hasta dejar
aprenas su glande en mi interior, y me lo introduje de una sola vez. Todo se me
dio vuelta, porque alcanc� un orgasmo superior al anterior, y la exhalaci�n casi
animal de Jean me ec�a que estaba alcanzando su orgasmo. Sent�, como si me
hicieran un lavado, el chorro y la tibieza de su semen. En ese momento desee ser
una mujer de verdad para que me pre�ara, me llenara el vientre con un hijo suyo.
Qued� sentada sobre Jean, todo mi cuerpo estaba sudado, cruce
mis brazos y cerr� mi ojos. Hab�a sido todo tan hermoso. A�n pod�a sentir su
semen dentro de m�, imaginaba esos millones de lib�lulas danzando dentro de mi
cuerpo, part�culas microsc�picas de mi Jean, que el hab�a depositado dentro de
m�. Cuando retir� su miembro fue como si un pedazo de mi se hubiese desgarrado,
la alegr�a de los momentos pasados dieron lugar al vac�o que ahora dejaba en mi
cuerpo, como si algo me faltase. Sal� de encima de Jean, �l tambi�n se levant� y
tomandome de los hombros me llev� a la cama, hizo que me tendiera boca abajo, me
levant� la cola para ver el estado en que hab�a quedado mi agujerito. Me dijo
que se notaba bastante irritado, pero que con una crema y un buen descanso ya
estar�a como nueva para el pr�ximo fin de semana. Luego hizo algo que me llen�
de ternura y que me hizo ver que cuando existe amor y deseo no hay nada que no
podamos hacer. Acerc� su rostro a mi ano y comenz� a limpiar el semen con mi
sangre con su lengua. Eso me lleg� hasta el alma. �Tanto le gustaba! Me excite
con la lengua de Jean, y mientras el se aplicaba en mi culito yo me masturbaba,
hasta tener un nuevo orgasmo. Nos recostamos un rato para descansar, tendidos,
desnudos, exhaustos, pero muy felices.As� habremos estado una hora, luego Jean
se levant� y se fue hacia el jacuzzi, que estaba en medio de la sala, comenz� a
llenarlo con agua y abundante espuma. Cuando estuvo listo se introdujo en el, y
me llam�. Acud� prestamente. El agua estaba muy agradable y con su contacto
sent�a que mi culito se aliviaba.
Jean estaba sentado, abri� las piernas y yo me cobij�
recostada sobre �l. All� me acariciaba tiernamente y me contaba todo lo que
hab�a sentido por m� desde el primer d�a en que me vio. Que yo tambi�n le
quitaba el sue�o, que todo lo que me hab�a hecho s�lo era parte del juego, para
desearnos m�s. Y debo reconocer que ten�a toda la raz�n en ello. Me ten�a
abrazada con sus brazos sobre mi pecho, yo coquetamente toqueteaba su miembro
con mi mano como si fuera un mu�equito. Tambi�n le hice saber todo lo que hab�a
sucedido conmigo, y que realmente era el hombre de mis sue�os. Esa nosche
retozamos casi sin dormir. No me penetr� m�s para no hacerme da�o. Pero nos
masturbamos de varias maneras. Y nos juramos amor eterno.
Estuvimos as� viendonos por m�s de un a�o. La calidad de mi
trabajo iba en franco detrimento porque mi aspiraci�n era ser mujer la mayor
parte del d�a y en eso ten�a Jean bastante culpa. Mi mayor alegr�a fue una noche
en que Jean me pidi� que fuera su mujer, que el me cuidar�a y me proteger�a. Su
trabajo estaba en franco ascenso y se evidenciaba infinitamente mejor que yo.
Acept� sin siquiera dudarlo. Soy mujer las 24 horas del d�a, vivo s�lo para
estar bella y complacer a mi amor. Esa es ahora mi �nica preocupaci�n, que a mi
hombre no le falte nada y por sobre todo tenerlo siempre al d�a con su buena
dosis de sexo.
Cuentenme por favor su opini�n acerca de este relato y de los
otros que he enviado. Gracias por dedicarme tiempo. Prometo contestar todos los
mail.