Relato: El Estero (8)





Relato: El Estero (8)

El Estero 8


Chicos de colegio


Luego de mi maravilloso encuentro con Marcelo y David, me
dirig� hacia una peque�a laguna rodeada de frondosos sauces para almorzar. Eran
casi las doce del d�a, el sol hab�a hecho su aparici�n hace como una hora y la
temperatura rondaba los 28�. Antes de comer algo me zambull� por unos instantes
en las transparentes aguas, para refrescarme un poco y observar los peces que
all� nadaban en abundancia.


Cuando sal� del agua despu�s de haber nadado sumergido por
unos segundos, un grupo de chicos hab�a llegado a ba�arse al lugar. Eran tres
adolescentes acompa�ados por un muchacho algo mayor, de unos 18 o 19 a�os, pero
con un aspecto agradable. Los dem�s muchachitos tendr�an entre 12 y 16 a�os, con
cuerpos muy atractivos todos.


Hac�an una gran algarab�a, lanz�ndose en clavados, con las
piernas cruzadas, abrazados, en fin, se notaba que su �nico fin era divertirse.
De vez en cuando lanzaban miradas furtivas hacia donde yo estaba comiendo mi
almuerzo fr�o, pero mi presencia all� definitivamente no les incomodaba para
nada, ya que al cabo de unos pocos minutos los tres menores estaban desnudos
lanz�ndose al agua, sin prestar mayor atenci�n a lo que yo hacia.


Cuando termin� de comer, al cabo de una media hora, guard�
mis cosas, pero al momento de ponerme de pie, los tres chicos volvieron a
mirarme con atenci�n. Por los gestos y sonrisas, advert� que les llamaba la
atenci�n mi diminuta zunga, lo cual resultaba natural en la zona porque, como ya
he dicho antes, no es usual que en mi pa�s las personas usen tal prenda de ba�o.
Como uno de mis objetivos al usar la zunga es, precisamente, atraer las miradas
de los hombrecitos, aprovech� la atenci�n que me estaban brindando para acomodar
descaradamente el frente de mi prenda, baj�ndola por algunos instantes, para que
vieran mi mata de pendejos y un poquito de mi sexo. Hecho esto, tom� mis cosas y
desaparec� de su vista. No avanc� ni cinco metros, fuera ya de su vista, cuando
escuch� unas risitas apagadas, aunque no alcanc� a distinguir que dec�an.


Volv� sobre mis pasos, oculto, s�lo para alcanzar a observar
que el muchacho mayor se hab�a acomodado su short imitando mi zunga. Los chicos
se re�an al observarlo, mientras el muchacho caminaba exhibi�ndose. Mir� por
unos instantes m�s y luego busqu� un sitio apropiado para ocultar mi mochila.


Decid� explorar un poco m�s el terreno, por lo que me
encamin� a un lugar que el a�o anterior era muy atractivo. Consist�a de un poz�n
de agua cristalina de c�mo cinco metros de profundidad. Se hallaba franqueado
por un grupo de sauces chilenos, donde los chicos del lugar hab�an colgado una
soga que les permit�a, tomando impulso, saltar al centro mismo del charco.


El otro lado de la poza estaba abierto, sin nada de
vegetaci�n. All� la ribera consist�a s�lo de piedras peque�as, por lo que a
veces se dificultaba un poco transitar por all�. Pero la vista que se ten�a all�
era magnifica.


El a�o anterior me hab�a encontrado varias veces a grupos de
mocosos que se ba�aban en el lugar. En m�s de una oportunidad les sorprend� en
plena faena de masturbaci�n, la cual ellos se afanaban en ocultar r�pidamente,
ya sea tapando su sexo con las manos o zambull�ndose r�pidamente en el agua.


Para ese tiempo a�n no me hab�a decidido a ninguna aventura,
por lo que todas esas observaciones culminaron en sendas pajas y mayor
precauci�n en las siguientes oportunidades, a fin de no delatar mi presencia y
poder observarles con absoluta tranquilidad, paja incluida.


Poco antes de llegar al sitio, me asegur� de hacerlo con
discreci�n. No pude haber tomado mejor decisi�n, ya que al acercarme al lugar,
observ� que una pareja de chiquillos se besaba apasionadamente. Las manos del
jovencito estaban recorriendo con ansias el cuerpo de su enamorada, mientras
ella manoseaba con fuerza el sexo del chiquillo.


Poco dur� el manoseo, ya que el chico se desprendi� con
habilidad de su short, mostrando con orgullo su erecto miembro. La chica se lo
tom� con timidez e inici� una corta paja. El muchacho entonces la comenz� a
desvestir con rapidez mientras aprovechaba de besarla por donde pod�a. Pocos
instantes despu�s la chiquilla montaba al potro ch�caro mirando a su amante.


Por cierto que yo me estaba masturbando aceleradamente
mientras miraba esta pel�cula porno en directo, pero reaccion� prontamente al
recordar a los lolitos que hab�a dejado atr�s. Ya hab�a reposado el almuerzo,
por lo que un postre de leche tibia con toda su crema, me caer�a muy bien
despu�s de la escena que hab�a observado reci�n.


Al retirarme con sigilo, sin embargo, descubr� que no era el
�nico mir�n del lugar, ya que al dar un rodeo al sitio para no asustar a los
j�venes amantes, descubr� a una pareja de mozalbetes que, con sus calzoncillos
en el suelo, se masturbaban acompasadamente mientras observaban la escena.
Tendr�an unos trece o catorce a�os, pero lo suficientemente desarrollados como
para que una oscura mata de pendejos se les dibujara entre sus piernas. Ambos
eran de piel blanca dorada por el sol. Sus piernas, muy bien torneadas,
mostraban que no parec�an chicos de la zona. Sus cabellos de color claro sin ser
rubios, estaban cortados en forma de melena, lo que les daba un aire un poco
principesco a sus suaves rostros. Sus nalgas estaban paraditas y de vez en
cuando las comprim�an provocando un hundimiento en sus costados. Medir�an, cada
uno, 1,60 y tendr�an unos 50 kilos de peso. A lo lejos parec�an dos efebos
griegos, de esos que los fil�sofos de la antig�edad se com�an a diario. Sus
penes, de tama�o moderado pero muy armoniosos con sus cuerpos, apuntaban hacia
el cielo. En el caso de uno de ellos, cuando lo soltaba para separar las ramas y
ver mejor a los lolitos que fornicaban, le tocaba su propia ingle, formando una
especie de arco. El otro, a�n cuando apuntaba al cielo, s�lo difer�a en que su
cabeza se manten�a bastante m�s separada de su vientre.


Yo, entretanto, hab�a visto lo suficiente, y mi esp�ritu
guerrero me estaba se�alando que hab�a que entrar en batalla. R�pidamente dise��
una estrategia para alcanzar mi objetivo. Abandon� discretamente mi escondite y
rode� a los chicos sin que me vieran. Luego baj� la zunga para dejar libre mi
herramienta, la cual se alzaba orgullosamente con su vista al frente. Enseguida
camin� en silencio y me ubiqu� en un sitio que estim� los chicos pensaran que no
les hab�a visto, pero donde ellos me pudieran ver a la perfecci�n. Hice
suficiente ruido para atraer su atenci�n, mientras mi mano hac�a malabares con
mi excitada verga.


Uno de los ni�os me alcanz� a observar. R�pidamente le hizo
se�as a su compa�ero para ocultarse; tan r�pidos fueron sus movimientos para que
yo no los descubriera, que olvidaron su ropa. Yo me mov� �gilmente, lo
suficiente como para quedar a descubierto de ellos, pero teniendo a la vista el
bulto con sus pertenencias. Me acerqu� a su ropa y cuando tomaba una prenda como
para revisarla, una voz a un costado se escuch�:





Eso es de nosotros �susurr� Gaspar, apenas asomando su
asustado rostro.


�Ah! �Estaban mirando a la pareja! �Cierto? �le respond�
maliciosamente en voz baja.


Si, -atin� a decir el asustado chico, mientras el otro se
manten�a un poco m�s atr�s


Tranquilo amigos, si ya les hab�a visto. Miren, yo
tambi�n estoy caliente con los lolitos de all� abajo �habl� con un tono muy
calmado, para intentar tranquilizarles, mientras tomaba mi pene y lo sobaba
lentamente.


�Nos puede pasar la ropa por favor? �Dijo el otro chico


Vengan a buscarla, no hay drama �les respond�, mientras
desviaba mi mirada y hac�a como que mi atenci�n estaba puesta en la pareja.


�Anda solo? �pregunt� uno de los chicos.


No, pero mis amigos est�n en el balneario. Me vine a
pasear para ac� porque es m�s tranquilo.


Salgamos nom�s, total �l tambi�n est� en pelota �dijo uno
al otro. Luego sigui� un breve murmullo de conversaci�n que no alcanc� a
escuchar y los chicos se asomaron.


Est�n en plena acci�n - les se�al� a los chiquillos, para
referirme a la pareja de lolitos.


Ya, nosotros tenemos que irnos �avanz� a excusarse el m�s
alto de los dos, mientras avanzaba a recoger sus prendas. Entre sus piernas
unos disminuidos penes se escond�an como avergonzados.


�Y para que se van? Ahora comenz� la acci�n, miren...





En efecto, muy oportunamente, la parejita estaba practicando
diversas poses sin elegir ninguna. Cuando separ� un poco las ramas, la chica se
encontraba entre las piernas separadas de su pareja, practicando un mam�n de
esos que dejan huella, mientras el muchacho acariciaba las nalgas de la ni�a y
se contorsionaba con placer.





�guaa! Se lo est� chupando �dijo Gaspar, el chico m�s
alto.


A ver, a ver �agreg� Nicol�s, el otro muchachito. Yo me
retir� un poco para dejarles espacio a ambos amigos. La escena obviamente
les excit�, ya que sus juveniles vergas nuevamente empezaron a crecer.


Qued�monos nom�s Gaspar�n �le dijo el chico a su amigo.
�Total el se�or est� igual que nosotros. �Yo permanec�a un poco retirado,
como ocult�ndome de la vista de ellos, pero masturb�ndome abiertamente.


Mira, ven, el gue�n se esta pajeando, mira �le dijo
disimuladamente Gaspar a su amigo. Ambos se asomaron discretamente, mientras
yo manten�a mi vista como perdida observando mi pene.


Oye, ven, est�n haciendo el 69 �me invitaron los ni�os.
Yo me acerqu�, pero sin prestar atenci�n a la pareja. Mir� directamente sus
endurecidos arietes, los cuales los chicos luc�an con orgullo mientras los
sujetaban con su mano.


Est�n calientes parece, igual que �y me sonre� sin dejar
de mirar sus preciosos miembros.


�Tu te masturbas tambi�n?


Claro que si, sobretodo cuando estoy con amigos como de
la edad de ustedes. �Cu�ntos a�os tienes?


Tenemos 14 a�os los dos. Somos compa�eros de curso
�respondi� Nicol�s mientras regresaba al puesto de observaci�n.


Tienen bonito cuerpo �les se�al� mientras miraba sin
disimulo sus vergas. �Y tienen buen pico �agregu�.


En lo que te fijas. �dijo Gaspar sin dejar de observar a
la pareja que segu�a en su tarea.


Es que en serio tienen buen pico. Debe tener buen sabor
tambi�n.




En ese momento Gaspar se volte� un poco nervioso. Su pene
estaba absolutamente tieso, roz�ndole el vientre. Se acerc� a su ropa y comenz�
a vestirse con lentitud.




�Se van? �les pregunt�. Los chicos se hablaron entre si
pero no me respondieron.


�Te lo han chupado alguna vez? �insist� en tratar que me
respondieran, pero segu�an visti�ndose sin responderme.


Me gustar�a chup�rselos �me las jugu� de una vez, ya que
no ten�a nada que perder. Los ni�os no terminaron de vestirse, pero calzaron
sus zapatillas y se alejaron un poco del lugar. Se detuvieron un poco m�s
all� y cuando yo hac�a adem�n de retirarme, Gaspar pregunt�:


�Est�s hablando en serio?


�De qu�? �ment�.


Que te gustar�a chuparnos el pico.


Si, en serio. �Los ni�os hablaron unos momentos entre
ellos y luego regresaron.


Oye, te dejamos chuparnos el pico pero con una condici�n.


�Cu�l? �respond� con aparente inocencia.


Pero sin enojarse �insisti� Gaspar


Tengo que saber de que se trata �repliqu�.


Te lo queremos meter �dijo Gaspar, mientras su rostro se
ruborizaba y Nicol�s se sonre�a nervioso.


No se, no estoy seguro �volv� a mentir.


Entonces nos vamos �y dando media vuelta los chicos se
comenzaron a alejar.


Esperen, acepto, pero de a poquito porque nunca lo he
hecho �ment� nuevamente.


Listo. Ya Nico, saqu�monos la ropa y vamos a ver a la
parejita. �Pero la pareja ya no estaba.




Los tres acordamos escondernos un poco m�s en el sector de
arbustos. Encontramos un peque�o claro y all� nos desnudamos completamente. All�
Gaspar lo solt� todo.




Yo ya me hab�a dado cuenta que eras maric�n �me dijo


�Y como te diste cuenta?


Nos mirabas mucho el pico.


Pens� que no se hab�an dado cuenta �respond�


�Puf! Hace rato. En todo caso tienes buen poto. �C�mo lo
vamos a hacer? �Gaspar ya conversaba m�s relajado, lo cual me levantaba el
�nimo y algo m�s.


Acu�state aqu� �le indiqu�. �El resto te lo voy diciendo
poco a poco




Gaspar se acost� en la hierba y comenz� a acariciar su pene,
que estaba en estado de reposo. Yo me recost� a un costado apoyando mi rostro en
su vientre. Comenc� por acariciarle las piernas, cubiertas por un suave vello
rubio. Lentamente fui subiendo mis dedos, hasta comenzar a acariciarle el
interior de sus muslos. Su pene comenz� a reaccionar y se fue levantando poco a
poco. A medida que mis caricias se hac�an m�s osadas, el pene del chico daba
saltitos y se ergu�a otro poco. Nicol�s observaba absorto todo lo que ocurr�a,
pero hac�a mucho rato que su verga estaba en plena erecci�n.


Cuando el pene de Gaspar alcanz� la plenitud de su erecci�n,
acerqu� mis labios ante la mirada atenta de Nicol�s, el cual no se perd�a
detalle de mis maniobras. Las manos de mi amante, entretanto, se hab�an
apoderado de mis cabellos y los acariciaban con mucha suavidad, casi
amorosamente. Toqu� delicadamente el preciado capullo con mi lengua; luego
fueron mis labios los que rozaron la virginal piel del chicuelo. Mis dedos,
entretanto, acariciaban sus test�culos y un dedo se aventuraba cerca de su ano.


Mis labios apretaron el glande del chico, el cual se
estremeci� de placer.


Luego fui engullendo poco a poco la juvenil carne, hasta que
mi nariz fue invadida por los pelos de su pubis. Sus manos ahora rozaban mis
mejillas y sus dedos jugaban con mis orejas. Mi lengua recorr�a cada pliegue de
su dur�sima herramienta y de su extremo empezaban a brotar gotas de su exquisita
miel. Extraje su glorioso m�stil de mi boca, dedic�ndome a lamer desde las
cercan�as de su ano hasta sus lampi�as y tiernas bolsas; mientras tanto mi mano
acariciaba su vientre, jugaba con sus pendejos y apretaba cada cent�metro de su
palpitante verga. Mis dedos, entretanto, segu�an explorando su zona posterior y
a�n cuando el chico me retiraba la mano cada tanto, lo hac�a con tan poca
energ�a, que yo sab�a que era m�s por reafirmar su masculinidad que porque le
causara incomodidad.


Los que han jugado el papel pasivo con un adolescente tierno,
saben la cara de triunfo que ellos muestran cuando uno accede a sus peticiones
m�s morbosas. Yo me encontraba ahora en ese trance. Con dos chiquillos
virginales, ansiosos de tener su primera experiencia. Adem�s hermosos cual
modelos de revista. De cuerpos perfectos, de modales delicados, de hablar
pausado pero seguro. Yo me encontraba en la gloria. Y de seguro ambos chicos
tambi�n.


Mi pene estaba en estado glorioso, muy mojado por mi
lubricaci�n. Mi mano no permanec�a ociosa, ya que acariciaba mi propio sexo
retardando lo m�s que pod�a el, a veces, inminente orgasmo.


Recorr� el miembro de Gaspar nuevamente, para luego
engullirlo por completo, en sus 15 juveniles cent�metros. En eso estaba, cuando
siento que una mano se apoya en mi cadera y me aprieta con firmeza. Luego siento
una caliente y viscosa presi�n en mi ano. Era Nicol�s, que sin poder contenerse,
estaba intentando abrirse paso en mi interior. Yo flexion� mi pierna
separ�ndolas lo m�s que pude. Dej� totalmente expuesta mi intimidad, para
permitir que lentamente Nicol�s lograra introducir su maravillosa cabeza.


Mi boca, especialmente mis labios, respondieron apretando
intensamente al otro muchachito. El chiquillo acarici� con m�s energ�a mis
cabellos, en ocasiones jal�ndolos, pero brind�ndome una sensaci�n de placer
imposible de describir en palabras. S�lo los que han pasado por algo similar lo
pueden tratar de entender. Mi dedo ya se hab�a instalado hac�a rato en la
entrada de su agujero, donde el chico ya no hac�a ning�n intento por retirarlo,
m�s bien un sudor copioso lo cubr�a, facilit�ndome una peque�a pero evidente
penetraci�n.


Gaspar dobl� primero una pierna y luego dobl� la otra,
exponiendo totalmente su anatom�a posterior. Luego, sin palabras, s�lo
dirigi�ndome el rostro con sus manos, me llev� al sitio deseado, para que desde
all�, reiniciara mis libidinosas caricias.


Mi lengua fue la primera en saborear el ano del chiquillo. El
chico se estremec�a lanzando una serie de gemidos cada vez que mi lengua
saboreaba su agujero. Yo lam�a cada mil�metro de su sensual piel, sus entre
piernas, sus huevos, la base de su pene, todo; mientras, el me respond�a con
caricias en mis cabellos, en mis mejillas, en mi espalda, en cada espacio que
sus dedos pod�an alcanzar.


Nicol�s, por su parte, hab�a logrado meterme la mitad de sus
gloriosos 15 cent�metros de juvenil masculinidad, pero segu�a intentando
introducirlo todo, como debe de ser adem�s. Como la posici�n en que nos
hall�bamos era un poco inc�moda, ped� al chico que sacara su herramienta un
momento, para acomodarnos mejor. Pese a sus iniciales protestas, finalmente el
muchachito accedi�, pero entonces Gaspar se levant� y sugiri� cambiar lugares
con su amigo. Nicol�s, un poco a rega�adientes, se acost� en la hierba con sus
piernas separadas como le indiqu�, Gaspar se coloc� de rodillas atr�s m�o y yo
me ubiqu� a lo perrito enfrente de Nicol�s, quien con una cara sonriente,
pr�cticamente me obligo a tragarme su palpitante sexo.


Gaspar por su parte apoy� sus tiernas manos en mis caderas,
para luego golpear repetidamente con su arqueado ariete, intentando encontrar un
orificio que no se dejaba descubrir.


Entonces yo llev� una mano hacia atr�s, por entre mis
piernas, le tom� su verga y la puse justo en la entrada de mi agujero. Gaspar
fue muy cuidadoso en sus movimientos. Me penetr� con suma delicadeza. Empujaba
con cautela, se deten�a, retroced�a un poco y volv�a a empujar. Poco a poco el
chico tuvo toda su virilidad en mi interior. All�, con una experiencia reci�n
aprendida seg�n yo, empez� a penetrarme con energ�a pero sin violencia, lo cual
me dio pretexto para comenzar a brindarle una mamada espectacular a Nicol�s, el
cual se estremec�a de placer ante cada uno de mis movimientos. Luego, al igual
que con Gaspar, levant� las piernas del chicuelo, dej� a la vista su posterior y
comenc� un fren�tico juego con mi lengua en su agujero y en el camino de ah�
hasta sus bolsas.


Gaspar me hac�a sentir cada trozo de su virilidad; se mov�a
en c�rculos, me pellizcaba los cachetes, me daba golpecitos en las nalgas, me
apretaba con fuerza las caderas, me abrazaba por la cintura y se echaba hacia
atr�s para penetrarme todo lo que pod�a. Fue en ese momento que advert� que
alguien nos observaba silenciosamente. No dije nada, ya que eso me excit� a�n
m�s, al fijarme que eran tres chiquillos de la edad de mis amantes quienes,
ocultos tras unos matorrales y semidesnudos, miraban con ojos asombrados todo lo
que suced�a.


Yo comprim� mi ano r�tmicamente, apretando y soltando mi
esf�nter. Gaspar sufri� las consecuencias de mis movimientos, pues empez� a
jadear con intensidad, al tiempo que casi me alzaba del suelo con sus
embestidas.


Nicol�s, por su parte, me anunciaba con claridad que pronto
me dar�a de mamar, puesto que su nervio se hab�a hinchado y me estaba pidiendo
en palabras, que me metiera su pene en mi boca. Eso hice, obedientemente, s�lo
para recibir casi enseguida una descarga considerable, que sin ser
extraordinaria dada la edad del chiquillo, era exquisita por su dulz�n sabor.


Gaspar, por su parte, me penetr� varias veces con energ�a,
siempre casi alz�ndome del suelo, para luego sacar su maravillosa verga, pedirme
que me diera vuelta y, tras unos en�rgicos movimientos de su mano, me inund� con
sus juveniles jugos el interior de mi abierta boca. Pero como el chicuelo era
travieso, los �ltimos chorros me los envi� directamente a mi rostro, dej�ndome
unas gotas en un ojo, otro poco en una mejilla y el resto en el ment�n.


All� Gaspar se puso a re�r ruidosamente, mientras se
enorgullec�a de su haza�a. Despu�s de unos instantes de descanso, me puse la
zunga y limpi� como pude mi rostro. Con un trozo de carb�n de una apagada fogata
escrib� mi n�mero telef�nico en un brazo de Nicol�s. Luego les sonre�
amistosamente mir�ndolos directamente a los ojos. Les toqu� sus a�n erguidos
penes y me di vuelta para retirarme. Justo en ese momento aparecieron los tres
chicos que nos hab�an estado espiando. Yo me volte� a verlos. Eran de edad
similar a los dos chicos, aunque dos aparec�an un poco m�s altos. Uno era un
moreno espectacular, que hablaba en voz alta, ruidosamente, mientras los otros
dos eran de aspecto com�n. Mientras me alejaba exageradamente lento, en un tono
inocente, el moreno iniciaba una conversaci�n:




Hola locos. And�bamos busc�ndolos �Qu� estaban haciendo?


Nada, conversando.


�Seguro! -Exclamaba el morenito -�Por eso estaban en
pelotas? �Ya, cuenten la firme, si no, los acusamos al profe!




El resto de la conversaci�n no la alcanc� a escuchar. Ya me
hab�a alejado demasiado. Pero s� alcanc� a escucharles que, con gritos, me
llamaban. Me di vuelta para prestarles atenci�n. Los tres chicos reci�n llegados
se hab�an desnudado, mientras dos nuevos chicos en pantal�n corto estaban
sac�ndose la ropa y me animaban a regresar. Les observ� detenidamente, mi sexo
reaccion� enseguida. Ahora cinco chicos desnudos me mostraban sus erguidos
miembros e insist�an en que regresara. Yo levant� la mano en se�al de despedida,
me di media vuelta y me alej� de all� con rapidez, Los llamados se mantuvieron
por un buen rato, incluso algunos ni�os me siguieron otro tramo, pero yo segu�
mi rumbo. Hasta el d�a de hoy me arrepiento por no haber regresado.



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