Relato: El Estero (7) El Estero 7
Los ni�os cazadores
Cuando arrib�, despu�s de mi aventurilla en el bus, se ve�a
todo muy solitario; eran apenas las nueve y media de la ma�ana y el sol a�n no
se asomaba entre la neblina, sin embargo hac�a un poco de calor.
A lo lejos se divisaban unas vacas y en el estero s�lo la
corriente de agua que se mov�a lentamente. Parec�a un paisaje de postal. No bien
hube avanzado unos cuantos cientos de metros, me acomod� entre unos arbustos y
me cambi� la ropa como siempre. Esta vez llevaba doble muda de algunas prendas
de vestir, para prevenir cualquier situaci�n complicada.
Camin� un buen rato antes de decidirme a descansar. Todo se
ve�a muy solitario. Bueno, era normal para un d�a lunes en la ma�ana. Dej� atr�s
el llamado balneario y me intern� por un sector que no hab�a recorrido antes.
Debo informarles que este estero cambia de a�o en a�o su recorrido. Con las
lluvias de invierno, que a veces son abundantes, se abren nuevos cauces, otros
desaparecen y cada temporada es un descubrimiento recorrerlo. Por esto la poza
del a�o anterior puede ya no existir, pero se pueden haber formado otras en los
rincones m�s insospechados de su recorrido.
En fin, segu� caminando un poco m�s y cuando menos lo
esperaba, me encuentro frente a frente con una pareja de ni�os en pantalones
cortos que caminaban descalzos por la orilla del curso de agua. Ambos nos
sorprendimos, pero luego nos saludamos mutuamente y comenzamos a conversar en el
mismo sitio.
Yo solt� mi mochila y acomod� mi zunga. Supe que los chicos
eran del sector, pero no iban a la escuela hace ya alg�n tiempo.
�Y en que andan ahora? �les pregunt�.
Andamos cazando ranas �me dijeron, con sus ojos puestos
directamente en mi paquete.
�Y anda en calzoncillo? �pregunt� el m�s p�caro.
No, es un traje de ba�o, se llama zunga.
Es cu�tico, se le nota todo el racimo , ja ja ja ja ja ja
ja �y ambos chicos se rieron sin dejar de mirarme el paquete.
�C�mo te llamas tu? �le pregunt� al menor que me hab�a
hecho el comentario.
David.
�Y tu?
Marcelo.
Sin despegar los ojos de mi lentamente hinchado paquete, los
lolitos me dijeron que ten�an 14 y 15 a�os respectivamente. David era un moreno
atl�tico, de 1.60 de estatura y unos 50 kilos de peso. Marcelo, mayor, medir�a
1.65 y pesar�a alrededor de 55 kilos. Ninguno ten�a pelos en el cuerpo, ni
siquiera la l�nea del ombligo al sexo o "caminito a la felicidad". En las
piernas del mayor aparec�a un poco de pelos, especialmente de las rodillas hacia
abajo, pero en escasa cantidad.
Nos sentamos en la hierba, siempre a las orillas del curso de
agua. All� empec� a derivar la conversaci�n lentamente hacia mi tema preferido,
el sexo.
�Y en que se entretienen por aqu�?
Pescamos, cazamos ranas y el domingo jugamos al f�tbol.
�Ah! Y una pajita de vez en cuando �cierto? �coment� en
broma
�Ja, ja ja ja ja! el Marcelo es el pajero aqu�, a el le
gusta hac�rsela �Cierto Chelo? �Ja ja ja ja ja ja!
No pasa nada. No seai molestoso.
Tienen bonito cuerpo ustedes dos. Debe ser porque juegan
f�tbol.
Si, estamos en el equipo del club. Ayer nos toc� partido.
Y tienen la piel suavecita parece. �Miren! tienen el
cuerpo s�per lampi�o �se�al�, mientras pasaba mi mano por la pierna de
Marcelo
�C�mo lampi�o? �pregunt� el muchacho intrigado, sin
mostrar molestia porque le hab�a tocado.
O sea que no tienen pelos, apenas un vellito.
Pero yo tengo pelos, mire aqu� abajo �y Marcelo me mostr�
sus pantorrillas, donde, como dije antes, aparec�an unos pocos vellos de
adolescente.
Pero ni se te notan. No tienes pelos ni ah� siquiera �Y
le se�al� su ingle.
�C�mo que no? �me contest� entusiasmado �Claro que tengo,
mire �Y con un movimiento espont�neo baj� su short mostrando una mata de
pelos negros rizados, que dejaron ver el nacimiento de su juvenil pene.
A ver �le dije, y en un r�pido, pero suave movimiento, le
baj� un poco m�s el short, dejando aparecer una verga oscura y arrugada. El
ni�o no dijo nada, se limit� a exhibir sus atributos y dej� la prenda en la
posici�n en que yo la sosten�a. �Oye, tienes peludito aqu�. �Y tu David? �Ya
te salieron pendejos?
Claro que tengo. Y m�s que el Marcelo. Mire. �Dicho esto
�ltimo el chico se puso de rodillas y baj� su pantal�n hasta los muslos.
Apareci� un pene a medio erectar y una mata de pendejos reci�n en
crecimiento. Obviamente el lolito mayor ten�a m�s abundancia, por lo que
David se puso a re�r alegremente de su picard�a.
Muestre usted ahora �dijeron ambos. Yo no me hice
esperar, baj� mi zunga y apareci� mi pene en plena erecci�n, con la base
adornada de los pelos propios de un adulto.
Medio pico que tiene caballero, ja ja ja ja ja. �exclam�
David.
�Y que tiene en la cabeza? �Se fue cortado? �pregunt�
Marcelo, al advertir las gotas de lubricante que asomaban en mi glande.
No, es lubricante �respond�, al mismo tiempo que lo cog�a
entre mis dedos y me lo colocaba en mis piernas.
�C�mo lubricante? �pregunt� David
Para que sea m�s f�cil meterlo. �contest�. �Mira, si te
calientas harto, a los dos les va a salir.
A mi se me est� parando �dijo David, quien exhib�a una
preciosa erecci�n de un pene recto de alrededor de 14 cms.
A mi tambi�n �se�al� Marcelo, quien mostraba un pene en
crecimiento que cuando hubo alcanzado su m�ximo esplendor, medir�a unos 15
cms. Su forma era arqueada hacia un costado con una cabeza un poco
puntiaguda.
Hagamos una competencia entonces �les invit�, mientras
comenzaba a masturbarme suavemente.
Ambos chicos no esperaron una segunda invitaci�n. Cada cual
con su mano comenz� a sobarse el miembro, a�n cuando la mirada de ambos chicos
segu�a fija en mi sexo y en mis movimientos. Yo me sent� son las piernas
dobladas hacia atr�s, separando lo m�s que pude mis muslos. All� proced� a coger
con una mano mis huevos y con la otra a masturbarme con lentitud. Cuando
consegu� que los chicos miraran absortos mis movimientos, me dej� caer hacia
atr�s, mostrando mi ano. Con un dedo comenc� a tocarlo suavemente, mientras
hac�a intentos por introducirlo.
Los chicos estaban perplejos. Se miraban entre ellos y se
acercaron para observar mejor lo que estaba haciendo. El m�s peque�o, David,
quien ya se hab�a sacado su short, exclam� "A ver, m�tase el dedo pa� que
veamos". Yo, obediente, saqu� el dedo de mi orificio, lo llev� a mis labios y lo
humedec� con saliva. Luego, buscando excitar a�n m�s a los muchachos, busque mi
ano, juguete� en la entrada y comenc� a introducirlo lentamente, ante la mirada
at�nita de ambos chicos.
"Oiga caballero, m�tase algo m�s grueso mejor. El Marcelo
quiere probar". El chico mayor protest� sin convicci�n. Yo le invit� a ponerse
entre mis piernas, lo cual efectu� enseguida. Se ubic� a horcajadas entre mis
piernas e intent� una penetraci�n violenta que me hizo protestar de inmediato.
�Esp�rate! �As� no! Tienes que hacerlo m�s suave. Yo te
ayudo. Ven, ac�rcate �le dije. El chico acerc� su cuerpo, siempre a
horcajadas en la hierba. Yo le tom� su pene, en el cual hab�an aparecido
unas gotas de placer.
�Mira! �exclam� �ya me sale lubricante. El chico puso una
cara de alegr�a mirando a su amigo David para que se acercara.
�Verdad! �asinti� el mocoso. �A ver a mi. �Oh! Mira, a mi
tambi�n me est� saliendo. �F�jese socio, ya tenimos juguito igual que usted.
Qu� bueno, as� va a ser m�s f�cil que entre. �Entonces
separ� nuevamente mis piernas e invit� a Marcelo a acercarse. Cog� su
juvenil carne y la puse justo a la entrada anhelante de mi ano. �Ya, empuja
de a poquito ahora.
D�jeme a mi solo, d�jeme solo �dijo Marcelo, comenzando a
empujar con m�s suavidad en esta oportunidad. �Mira David, me est� entrando
la pichula. �Oh que se siente rico! �Lo tiene apretadito! �Quiere que se la
meta toda?
No, espera, me duele un poco. S�calo y vu�lvelo a meter
igual que antes �le respond�
�As�? �me pregunt�, mientras sacaba su verga y la
comenzaba a meter lentamente de nuevo.
Eso, as�, as�, de a poquito...de a poco. Sigue empujando,
sigue, m�tela toda.
�David, mira! La tengo casi toda adentro, mira.
David se acerc� a mirar atentamente la uni�n entre ambos
cuerpos. Yo acerqu� mi mano, cog� los huevos del muchachito y los empec� a
masajear con suavidad. David me mir� con cara suplicante. Yo le hice un gesto
con la cara mientras le dirig�a arrastr�ndolo de sus genitales, hacia mi rostro.
Como es de suponer las palabras sobraban. El chico acerc�
ansioso su pene a mi boca. Yo volte� un poco mi rostro y lo cog� entre mis
labios con dulzura. Ambos chicos se miraron sonrientes, mientras comentaban
entre si lo bien que se sent�an.
Se siente rico loco, se siente rico
Si, despu�s dile que te la chupe. Lo aprieta rico
caballero.
�El loco aprieta el poto! A ver, h�galo de nuevo, igual
como lo hizo reci�n. �Y apret� mis m�sculos anales provocando espasmos en mi
juvenil violador. Al mismo tiempo acariciaba las bolsas del m�s peque�o y le
exploraba su virgen agujero.
�D�nde se lo echo cuando me vaya cortado? �pregunt�
Marcelo.
Adentro �le respond�, para enseguida seguir succionando
el maravilloso m�stil del otro jovencito.
�Ya te vai a ir cortado? �inquiri� David.
No, todav�a no �respondi� Marcelo al tiempo que cog�a mi
erecto pene y lo comenzaba a masajear.
�Le estai corriendo la paja gue�n! �grit� David.
Sigue en lo tuyo no m�s �respondi� Marcelo.
Yo por mi parte, sin que lo advirtiera Marcelo, hab�a logrado
introducir todo mi dedo medio en el ano del jovencito, el cual se restregaba
contra el y empujaba con su propia mano para aumentar la penetraci�n. Dos o tres
veces nuestras miradas se hab�an cruzado, ocasiones en las que el chico me hab�a
hecho un gesto de mantener silencio sobre lo que est�bamos haciendo, pero que
evidentemente le gustaba.
Marcelo me masturbaba con firmeza al tiempo que introduc�a
completamente su duro instrumento. De pronto David empez� a bombear con fuerza
en mi boca, mientras apretaba su ano y cog�a mi pene haciendo a un lado la mano
de Marcelo. Su pene chocaba contra mi paladar una y otra vez. Yo buscaba su
glande con mi lengua tratando de acarici�rselo y aumentar su placer. Cuando su
ano apret� fuertemente mi dedo, supe que ya estaba pronto a acabar.
Marcelo se dio cuenta de lo que suced�a, por lo que empez� a
taladrarme con m�s rapidez e intensidad que poco antes. Mi pene ahora era
masajeado por ambos chicos. Yo met�a y sacaba discretamente mi dedo del ano de
David, tratando que Marcelo no se diera cuenta del juego.
Ch�pelo, siga chup�ndolo �exclam� David, con una cara de
lujuria que denotaba toda su excitaci�n.
Sigue as�, sigue as�, m�telo todo, hasta el fondo �le
ped� a Marcelo, quien, obediente, cerr� sus ojos, solt� mi pene y se
abalanz� sobre mi pecho.
Ya me voy, ya me voy �grit� David, al tiempo que me
dejaba sentir un l�quido agridulce en mi lengua que no alcanz� a llenar mi
boca, pero si mis deseos.
�Agh! Mmmmm, �Que rico, que rico, agh, ahhh, que rico!
�gritaba Marcelo mientras hac�a unos cuantos movimientos de penetraci�n
profunda, se quedaba quieto, reanudaba los movimientos y volv�a a
penetrarme.
De pronto sus movimientos se hicieron m�s lentos, me penetr�
intensamente una, dos, tres, cuatro veces; luego empuj� con todas sus fuerzas en
mi interior, me apret� e inmoviliz� con sus brazos, se qued� quieto un rato y
lanz� varios suspiros profundos. En ese instante sent� que su pene se hinchaba,
me reten�a en la posici�n que me encontraba y comenzaba a lanzar copiosos
chorros de maravillosa leche virgen. All�, aprisionado entre sus delgados
brazos, el chico reanud� sus movimientos, pero con mucha lentitud. Volvi� a
empujar con mucha fuerza, deposit� sus �ltimos jugos, y se dej� caer derrotado
en mi pecho. As� permaneci� durante algunos segundos, para luego estallar en una
sucesi�n de risas de alegr�a, las que de inmediato fueron acompa�adas por su
amigo David, el que ya hac�a unos momentos s�lo observaba los estertores finales
de su amigo.
Finalmente el chico comenz� a sacar su pene con delicadeza.
Se gir� sobre s� mismo y qued� recostado en la hierba al lado m�o. All�
permanecimos en silencio algunos minutos. Sus comentarios fueron muy dulces.
Lo pas� s�per bien Rene �me dijo �Nunca lo hab�a hecho,
pero es rico.
Yo tambi�n la pas� legal. Me lo chupaste rico loco �Te
puedo tutear?
Si, �por qu� no? �les dije a ambos.
�Oh, la guev� rica!. Esto hay que repetirlo �Cierto Davi?
Si, pero ahora cambiamos sitio eso si.
Yo no me opuse. Permanec� con los mocosos alrededor de una
hora y media en total. Ellos estaban felices. Nadie hab�a obligado a nadie. Todo
hab�a sido espont�neo y voluntario. Me quedaba toda la tarde por delante, pero
el viaje de ese lunes estaba pagado con creces. Hab�a ganado otros dos j�venes
amantes.
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Relato: El Estero (7)
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