Relato: Un 21 de septiembre... de mucho





Relato: Un 21 de septiembre... de mucho


UN 21 DE SEPTIEMBRE



"D�a de la Primavera" en el hemisferio austral... Con unos
cuantos compa�eros del Colegio hab�a ido a festejar la fecha, que es tambi�n
"El D�a del Estudiante" a un parque distante a unos 12 kil�metros de la ciudad
en que vivo: La Plata, provincia de Buenos Aires, Rep�blica Argentina...
�ramos todos varones porque en ese entonces las escuelas mixtas no exist�an...


A poco de llegar al parque, la mayor parte del grupo se
dedic� a jugar al f�tbol, mientas que los mas pataduras preferimos otros
entretenimientos: pasear en bicicleta, andar a caballo, remar...


Nuestras edades rondaban los quince a�os: plena edad del
pavo, en aquel tiempo... De manera que de chicas: ni p�o... Se las miraba, se
hablaba mucho; pero siempre: mucho ruido y pocas nueces...


En mi caso personal, la cuesti�n era a�n mas complicada,
porque no me sent�a muy atra�do por las mujeres... Un tiempo antes, un primo
siete a�os mayor que yo, uno de esos que nunca faltan para apretar el gatillo,
me hab�a iniciado en ciertos jueguitos que para mi eran por dem�s
excitantes... Me mostraba su pija y hac�a que jugara con ella, en el mas
riguroso de los secretos... Con el correr de los meses, de unos simples
toqueteos hab�amos llegado a poderosas mamadas, que lo pon�an en orbita... A
mi me extasiaba ver su colosal poronga, enhiesta como el solemne m�stil que
soporta la bandera...


Y aqu� vale una aclaraci�n... Lo de "colosal poronga" debe
leerse en t�rminos relativo... Para mi era colosal, porque la comparaba con mi
sexo, que a la saz�n se aproximar�a a los 10 u 11 cent�metros de longitud y un
grosor no muy significativo... La de mi primo, en cambio, med�a sus buenos 17
cent�metros, era bastante gruesa y la cabeza armonizaba perfectamente con el
resto...


Como es de imaginar, con este curr�culum vitae, mi
conducta en el parque no pod�a ser igual a la del resto de los j�venes... Mis
vivencias eran otras y, por todos los medios a mi alcance, deb�a controlar que
nadie se apercibiera de lo que suced�a en mi interior... Nadie deb�a enterarse
que yo no era tan varoncito como se "deb�a" ser en esa �poca...


Y bien, despu�s de retozar hasta pasado el mediod�a, nos
concentramos en el punto que hab�amos fijado como lugar de reuni�n y nos
aprestamos a satisfacer los requerimientos de nuestros est�magos, que a esa
hora nos estaban pediendo a gritos comida... El almuerzo campestre fue ocasi�n
para que nos divirti�ramos como s�lo pueden divertirse los j�venes...
Explosivamente... Luego del almuerzo y tras descansar algunos minutos,
recomenz� la actividad recreativa...


Dos de los muchachos, los mas caraduras, en un acto de
arrojo, encararon hac�a donde se encontraban reunidas unas cuantas chicas...
Por lo que se apreciaba a la distancia, tuvieron una recepci�n espectacular...
A poco de estar all�, llamaron a otros de los nuestros, quienes con la
presteza de un bombero acudieron al llamado... El resto qued� all�, bajo los
�rboles... Y en el resto estaba yo...


R�pidamente entre quienes no hab�an tenido la suerte de ser
invitados al para�so de las ni�as, surgi� la idea de continuar jugando al
f�tbol y en pocos segundos la n�mero 5 volvi� a ejercer su fatal atracci�n...
Algunos, empero, quedamos al margen de todo...


Entre estos �ltimos me contaba yo (el burro adelante para
que no se espante) y, tambi�n, Carlos Alberto T., y otros muchachitos... Todos
sentados en el suelo, formando peque�os grupos, disfrutando del dolce far
niente,
como dicen los italianos... Dulce hacer nada... Mi grupo lo
compon�amos: yo, Carlos Alberto T. Y, si mal no recuerdo, Osvaldo B., un
compa�ero que no se destacaba precisamente por su rapidez... Carlos Alberto,
en cambio era un chico l�cido y con una estampa deslumbrante... Practicaba
nataci�n y, a sus 15 a�os, ya conduc�a el autom�vil del padre... Un Ford de
los a�os 30 y tanto... Hay que tener presente que Argentina tuvo una industria
automotriz realmente importante hacia fines de los 80� y la importaci�n de
autos estaba prohibida...


En un de repente y a prop�sito de no recuerdo que
consideraci�n previa, Carlos Alberto corri� un poco su pantal�n corto y dej� a
la vista de nuestros ojos buena parte de su pija, que en ese momento ten�a un
alto grado de erecci�n... Osvaldo no experiment� ninguna reacci�n... Su
actitud sigui� siendo la misma, como si no hubiese ocurrido nada... En cambio,
a mi, la visi�n de semejante poronga me produjo un estremecimiento terrible...
Haciendo un serio esfuerzo, logre controlarme y no transparentar lo que
suced�a en mi interior...


�Qu� hermosa verga!... �Qu� grande!... ��C�mo hacer para
tener acceso a ella?!... Mi cerebro se puso a mil... R�pidamente deduje que el
hecho de que nos mostrara la pija no se correspond�a con algo sin
trascendencia... Si lo hab�a era por algo y ese algo no pod�a ser otra cosa
que ver si alguno de nosotros se prend�a ante semejante "carnada"... No dej�
de valorar que tambi�n era posible que yo estuviese equivocado... Decid�
actuar lentamente para descubrir la verdad, cuidando cada paso, para no quedar
al descubierto...


Afortunadamente, la cosa se simplific� porque Osvaldo se
levant� y parti� con rumbo desconocido... Quedamos Carlos Alberto, recostado
contra el tronco de un �rbol, y yo, a un costado suyo, dando la espalda al
resto de los chicos que se hab�an trenzado en un apasionado juego de carta...


Fue entonces cuando se me ocurri� decirle a Carlos Alberto
que la ten�a grande y preguntarle si alguna vez se la hab�a medido... A ra�z
de esta pregunta se desgran� una conversaci�n breve e interesante, cuyo
ep�logo fue que decidi�ramos ir hac�a uno de los muchos ca�averales dispersos
en el parque, para que �l pudiera mostrarme su aparato, sin la insidiosa
mirada de persona alguna... Hice gala, entonces, mis conocimientos sobre la
geograf�a de la zona y apunt� a uno no frecuentado por la gente...


Ya en el interior del ca�averal, Carlos Alberto desliz�
hacia sus pies el pantaloncito y el calzoncillo que lo cubr�an y su imponente
falo qued� al descubierto... El chico estaba por dem�s excitado... La erecci�n
hab�a alcanzado su punto culminante... Como el tema o la excusa era estimar el
tama�o del "aparato", adelante opini�n diciendo que a mi ver med�a mas de 20
cent�metros... En cuanto al grosor, solo acert� a decir que era muy gruesa,
sobre todo en la parte central del tronco...


Aunque controlados, mis nervios hac�an que se me secara la
boca... Carlos Alberto, tambi�n estaba nervioso... Se me hizo claro que para
�l era una situaci�n que no sab�a c�mo resolver... No hac�a mas que presionar
su pija, curvada ligeramente y apuntando al cielo, para que se bajara y luego
soltarla, probando o exhibiendo su tremenda potencia... Entonces, decid�
jugarme una carta brava y me ped� permiso para agarr�rsela y ponderar su
grosor... Mas tarde yo en hacerlo, que �l en otorgarme su consentimiento...


El contacto de mi mano con esa pija casi me electrocuta...
Era algo maravilloso... Parec�a de fuego... Dura, dur�sima... Al lado de esta
verga, la de mi primo era una ridiculez...


En un par de segundos, las distancias y los temores que
hab�a entre Carlos Alberto y yo se acortaron vertiginosamente... Sin
pronunciar palabras qued� entendido que lo del tama�o hab�a sido s�lo un
pretexto tanto para �l, como para mi... Ese entendimiento se rubric� cuando,
con una voz ardiente de deseo, me pidi� que no se la soltara, que se la
acariciara y yo, obediente, le prodigu� todas las delicias de que eran capaces
mis manos...


No se cu�nto tiempo estuve acarici�ndole la pija... Lo
cierto es que, en un momento dado, sent� un arrebato indescriptible y, sin
pensarlo, me dej� caer de rodillas frente a Carlos Alberto, y as� como la
ten�a, bien agarrada con mi mano derecha, me met� su poronga en la boca y
comenc� a mamarla, como se la mamaba a mi primo... Claro est� que ahora se me
hac�a mas dif�cil, porque lo que chupaba era algo enorme...


Carlos Alberto ascendi� al s�ptimo cielo... Con sus fuertes
manos, me sujetaba la cabeza, atray�ndola hacia su cuerpo, como queriendo que
me la tragara toda entera... �Un desprop�sito!... No hab�a Cristo (perd�n) en
la Tierra capaz de tragarse ese chipote... El sabor a hombre que ten�a
redoblaba mi calentura... Y chupaba, y chupaba, y chupaba, como un loco, como
un enajenado...


Tantas veces entr� sali� el delicioso miembro de Carlos
Alberto de mi boca, que al final sucedi� lo que ten�a que suceder: el chico
acab� como un caballo y me inund� de leche... Era la primera que me suced�a o,
mejor dicho, que no suced�a; ya que mi primo se cuidaba de acabarme en la boca
y a Carlos Alberto era la primera vez que le chupaban la boca y que acababa en
la boca de alguien...


Al tiempo que con mi mamada lo hac�a acabar a Carlos
Alberto, yo tambi�n acab�, sin siquiera rozarme el pito... De pura calentura,
que le dicen...


Cuando volvimos a la normalidad, reflexionamos como dos
personas inteligentes... Lo sucedido no hab�a que cont�rselo a nadie, por el
bien de los dos... Y, por el bien de los dos, deb�amos repetirlo en cuanta
oportunidad fuera posible...


As� fue como empec� a frecuentar la casa de Carlos Alberto
y �l comenz� a frecuentar la m�a... Vuelta a vuelta me quedaba a dormir en su
casa... Como su dormitorio estaba ubicado en la parte alta del garaje, contaba
con un peque�o y estaba separado del dormitorio de sus padres por unos cuantos
ambientes, resultaba un lugar mas que ideal para nuestras travesuras, que se
prolongaron casi hasta que concluimos el secundario...


Cuando ya llev�bamos casi un a�o haciendo estas cosas, un
22 de agosto, d�a de su cumplea�os, para celebrar, me qued� a dormir y, como
no pod�a ser de otro modo, nos mandamos una fiestita... Fue supercompleta,
porque ese d�a me desvirg�... Antes lo hab�amos intentando varias veces, pero
la estrechez de mi ano y el tama�o de su pija eran barreras insalvables... Ese
d�a, me puse vaselina y, lo que nunca, me sent� a caballito de su verga... Me
doli� un poquito, se me acomod� y, en una arremetida de Carlos Alberto, que
con su cuerpo empuj� su poronga hacia arriba, la pija me entr� hasta los
huevos... Sin que me la sacara, fuimos cambiando de posici�n y, al final, yo
qued� boca abajo y �l encima m�o... Me revent� el orto a pijazos... �Goc�
tanto!...


Ese fue el comienzo de mis experiencias anales... En los
meses sucesivos, hizo mi culo a la medida de su poronga...


Y todo empez� as�, un 21 de septiembre, "D�a de la
Primavera" en el hemisferio austral... No siempre coincidente con el
"equinoccio de primavera", que por estos lares suele caer el 22 o el 23...


Quieren saber mi nombre... Me llamo Eduardo y si quieren
escribirme, h�ganlo a POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO


Ah, si quieren saber exactamente cu�nto med�a la poronga de
Carlos Alberto, h�gaseles agua la boca: 22,3 cm, con tres di�metros: proximal
(a los huevos) 4,8 cm; central 6,1 cm y distal (comienzo del glande) 3,8 cm.
Todo medido con calibre y cinta m�trica.



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