Debo haber andado por los 10 a�os cuando lo conoc�. Y debo
haberme enamorado de �l el mismo d�a.
Lo creo as� porque se que me gust� desde siempre. El debe
haber tenido 16 y cuando yo lo hac�a dibujarme animalitos -es experto
dibujante-, truco que hab�a aprovechado para ponerme a su lado, bien cerca,
acercaba mi cara la suya, bien cerca, pr�cticamente toc�ndonos para estar a su
lado, abraz�ndolo por el cuello.
Me gustaba su olor, su aliento, su boca. Me gustaba su
sonrisa cuando le ped�a que dibujara a los animales con sexo, con un sexo
masculino bien pronunciado.
Por ese entonces ya ten�a la nuez de Ad�n muy pronunciada y
me gustaba ponerle los dedos en el cuello cuando hablaba para sentir el retumbo
de su voz con gallitos en mi mano. Tambi�n le dec�a que ten�a el ment�n
amoratado porque ya estaba obligado a afeit�rselo y la barba oscura y cerrada le
dejaba una huella oscura en su piel blanca casi transparente.
Dejamos de vernos algo as� como unos dos a�os. Me sent�a muy
nervioso cuando supe que regresaba su familia al pueblo. �Dios, como hab�a
crecido!, era alt�simo, m�s de un metro ochenta, pero siempre delgado y de
estupenda figura. A mi la pre-adolescencia, apenas me empezaba, pero primero con
un estir�n que me hizo crecer much�simo en 15 d�as de cama, a causa de una
fuerte gripe.
Recuerdo que fuimos a ba�arnos al riachuelo. Luego de unos
primeros instantes de tonta verg�enza infantil volvieron nuestros juegos y
bromas y volv� a colgarme de su cuello, riendo, pero ahora �l parec�a sentirse
inc�modo y hasta dir�a yo que algo turbado cuando en una de esas le not� el
bulto del ba�ador extraordinariamente levantado.
Ahora nos ve�amos poco. Si bien viv�a en el pueblo, su casa
ahora estaba lejos y eso hac�a que las familias y nosotros nos reuni�ramos mucho
menos.
Un d�a escuch� un comentario de que al parecer estaba de
novio... en lenguaje de novela rosa, dir�a que esa noche me desangr� llorando.
Cuando despert� con los ojos rojos, no supe como explic�rselo a mi madre. Hice
esfuerzos sobrehumanos para no llorar en el cole durante la ma�ana y a la salida
fui a esperarlo al suyo, hasta que lo vi y me vio y lo alcanc� y con una sonrisa
teatral le pregunt� como se llamaba la novia que ten�a. Me mir� entre extra�ado
y curioso y me respondi� que no ten�a novia aunque muchas iban por el pueblo
diciendo que lo eran de �l.
Volv� a casa entre nubes. Mi alegr�a me hac�a concebir y
decir que ese era el d�a m�s feliz de mi vida.
Cuando sali� del cole, ese fin de a�o escolar, con mi familia
fuimos a su fin de fiesta, lo aplaudimos en cada uno de sus diplomas �tuvo
varios- y mi padre entusiasmado le pregunt� si ten�a planes para el verano,
porque lo invitaba a pasar unos d�a con nosotros en nuestra casa de la playa.
El solo sonri� pese a que yo lo sacud�a de la americana
dici�ndole -�di que si, di que si...!
Por eso mismo, cuando ya llev�bamos unos d�as de relajo
veraniego, y le veo venir por el camino, con una mochila enorme y la cara
pr�cticamente tapada con unas gafotas oscuras, mi coraz�n dio un vuelco de
alegr�a que casi me tumba. Corr� a su encuentro, lo abrac� y creo que hasta bes�
en la mejilla y casi lo hago caer al camino de tierra, mientras ambos re�amos de
buena gana.
Por descontado que lo hicieron dormir en mi habitaci�n. Y me
deleitaba cada d�a contemplando su cuerpo m�s veces desnudo que vestido, aunque
mi curiosidad central era verlo en el pleno esplendor de su virilidad, cosa que
no logr� porque era sumamente cuidadoso de su intimidad.
Tal vez fue uno de los per�odos m�s felices de mi infancia al
pasar esos d�as en la compa��a del ser amado, aunque �l ni se imaginara qu� ni
cuanto significaba para m�, ni yo supiera que en realidad lo que sent�a por �l
era aut�ntico amor y, por qu� no decirlo, deseo.
En la playa o en la cama me gustaba contemplar sus largas
piernas velludas, sus enormes pies y su vientre con un camino de hormigas de
finos vellos que bajaban del ombligo y se escond�an en el hormiguero de su
calzoncillo. El los usaba muy breves, casi un bikini pero a mi me gustaban los
blancos porque esos eran tipo slip, algo m�s anchos y ten�an un tri�ngulo
delante y el borde de los muslos le quedaba m�s holgado y por esa causa una
tarde de siesta, levant�ndome sigilosamente para beber lo vi durmiendo, de
espaldas, con una mano levantada y descansando sobre la almohada y una mata de
pelos negros en la axila que luc�a unas gotas de sudor y el m�sculo del brazo
muy desarrollado y bien formado, su vientre liso y esos vellos que bajaban, una
de sus piernas estirada que dejaba ver la perfecci�n de su muslo y la otra
encogida y abierta al costado, por lo que pude ver asomarse por el borde de la
prenda, la joya de uno de sus huevos, enorme y con unos largos pelos oscuros y
que al ritmo de su respiraci�n de bello durmiente parec�a levantarse levemente
d�ndome la impresi�n de que podr�a ver m�s... all� debajo de la tela inmaculada.
Mi impresi�n fue tan grande que debo haber palidecido. Me
qued� casi sin respiraci�n. Y sent� una profunda, enorme, ola de deseo de su
cuerpo. En realidad casi me desmay� ante esa visi�n. Yo ten�a entre 12 y 13
a�os, ten�a erecciones continuas y el vello p�bico apenas me empezaba a asomar,
pero recuerdo que sent�a tantos deseos y tan profundos como los que he sentido
luego, ya p�ber, en la adolescencia, con los consiguientes orgasmos
eyaculatorios.
Ufffff, fue fant�stico. Y mi lazo de atracci�n hacia �l,
desde esa tarde fue m�s fuerte y, por alguna rec�ndita raz�n, m�s alegre y me
hac�a sentir la sensaci�n de que ese modo me pertenec�a m�s que los dem�s, como
si fuera desde ese momento mi pareja con quien compart�amos secretos que los
dem�s podr�an imaginar, pero no conocer ni ver. Eramos �l y yo. Nadie m�s.
En esos d�as lo acostumbr� a mi presencia y cercan�a. Me
recostaba a su lado en cualquier oportunidad que hab�a. A mis caricias, tomando
su rostro, revolviendo su pelo, dejando mi cabeza junto a la suya, juntando mi
mejilla con su mejilla y hasta d�ndole sigilosos y subrepticios besos ligeros.
Al comienzo �l como que se sorprend�a, como que sent�a verg�enza, pero al final
se acostumbr� a mis efusivos abrazos y ya me dejaba hacer, con tal de que lo
dejara tranquilo.
Me ense�� a nadar, aunque yo ya sab�a, pero eso me permit�a
el contacto de nuestros cuerpos y sentir sus manos en mi torso, o en mis muslos,
o en mi espalda y a m�, me permit�a tocarlo por donde se presentara.
Siempre las lecciones terminaban en juegos y risas de mi
parte y, seguramente, cansancio de parte suya.
Tambi�n se acostumbr� a que por la noche me pasara a su cama,
aduciendo miedo cuando ladraban o aullaban los perros y termin�bamos durmiendo
juntos el resto de la noche, lo que a m� me permit�a respirar su aliento, sentir
el aroma de sus axilas, poner mi mano sobre su pecho, en fin, que recuerdo que
lo m�s del tiempo yo permanec�a despierto, ardiendo en deseos por �l.
Yo sent�a unos celos enormes de cualquiera que se le
acercara. No quer�a que nadie participara de nuestros juegos pero ya estaba
acostumbrado al disimulo y creo que, (o al menos espero) nadie se dio cuenta de
lo que yo sent�a. �Pero �l, me pregunto ahora, se daba cuenta...?
Luego supe que no andaba en buenos pasos, que sus juntas no
eran las mejores. Se hab�a vuelto hosco y brusco en sus gestos. Lo sent�a a a�os
luz del adolescente con que hab�amos compartido tanto.
As� fue como su padre se enfad� con �l, y que cuando el buen
hombre muri� de un infarto, �l estaba bebido. Hab�a llegado ebrio de una juerga
con sus amigotes. Cuando mi familia lleg� a su casa, �l reci�n se levantaba. Sus
ojos estaban embotados, enrojecidos, pero no por la pena precisamente, su
aliento ol�a horrible y se le ve�a la boca seca. Su madre no quer�a saber nada
de �l.
Asisti� al sepelio alejado del resto de sus hermanos y de su
madre. Llevaba gafas negras y nadie sab�a si ten�a pena, rabia, lloraba o ven�a
de otra juerga.
Sent�a por �l una pena enorme, ten�a deseos de abrazarlo, de
acariciarlo, de besarlo y quitarle cualquier angustia, dolor o rabia que llevara
en su coraz�n en ese momento.
Por eso lo abrac�, (empec� por los dem�s parientes primero
para que no se notara mi preferencia, desde muy ni�o hab�a aprendido los trucos
y gestos necesarios para ocultar mis verdaderos deseos y objetivos) y le dije al
o�do �quiero acompa�arte lo m�s que pueda, vente a mi casa o d�jame quedarme en
la tuya...
Sonri� delicadamente, levemente, sin decir ni s� ni no.
Eso me puso nervioso en extremo y mi mente dir�a que casi
retumbaba como un motor a "full"
elucubrando qu� y c�mo hacer para lograr su cercan�a, porque
intu�a que era un momento de debilidad para �l y quiz�s si..., en fin, quer�a
estar all� y aprovechar, pero a�n d�ndome cuenta en el fondo de mis verdaderos
objetivos, me dec�a que en realidad �l me necesitaba.
Andaba alejado de sus hermanos, ellos lo hac�an sentir
culpable de que su padre hubiera muerto con la pena de estar enfadado con �l y
�l mismo lo sent�a igual. Se que todos quer�an abrazarse y �l m�s que ninguno,
pero nadie tomaba el primer impulso.
Me qued� hasta el final, esperaba una decisi�n por su parte.
Al final el asunto se resolvi� por s� solo, casi como por arte de magia.
Su madre, cuando mis padres se iban, me dijo -�puedes
acompa�arnos?, a Gustavo le hace falta tu amistad...
Y as� fue como me qued� en su casa esa noche. �Bendita
noche...!
Como hab�a mucha gente en la casa, la madre dispuso todo para
que todos pudieran dormir lo menos inc�modos posible y a m� me design� su cuarto
y cama, con �l por supuesto, que era el cuarto m�s peque�o de la casa y no cab�a
otra cama.
Ya tarde, cuando nos fuimos al cuarto, como hab�a sido en
aquel hermoso verano, �l se desnud� y nos acostamos juntos. �Aqu� no hay perros
que a�llen, me dijo-, pero igual te acostar�s en mi cama...
Me acost� bien pegado a su cuerpo y lo abrac� acercando su
cabeza a la m�a y empec� a acariciar su frente y su rostro... mientras sent�a
nuestros pechos calientes casi pegados... de pronto me di cuenta que estaba
llorando... que del llanto estaba pasando a los sollozos...
Su madre hab�a tenido raz�n, necesitaba alguien con quien
llorar en confianza y descargarse y yo hab�a sido el adecuado, la amistad que
nos ten�amos, desde hace tiempo y la confianza entre ambos me pon�a frente a esa
tarea.
Cuando lo sent� llorar, el alma se me estremeci� y cuando sus
l�grimas mojaron mi mejilla y luego empezaron a resbalar por mi pecho, solt�
tambi�n el llanto acumulado por todas las tensiones y al darse cuenta de aquello
tambi�n me acarici� la cara con su mano grande y �spera y fue lo que aprovech�
para besarlo, pero esta vez, en la boca.
No respondi� a mi beso, pero lo recibi� sin rechazarlo, as�
como todos lo que le quise dar, pr�cticamente secando el llanto que mojaba su
cara con mi boca.
Me volvi� de espaldas a �l y abrazando mi cuerpo nos dormimos
en "cucharita", muy apegados.
Por esa �poca se inscribi� en un club de monta�a. No
estudiaba. No hac�a nada. Estaba convertido en un bohemio. Sus amigos lo
llamaban solo para juerga. Se pasaba el d�a solo, leyendo c�mics o viendo
televisi�n, se afeitaba a veces no y a veces tampoco, por lo que su cara siempre
se ve�a renegrida por una profusa barba, lo que a m� me hac�a arder de deseos.
Era m�s alto y delgado a�n y su cuerpo ni modelado en gimnasio, mostraba todos
sus m�sculos bien perfilados y sin un gramo de grasa.
Un fin de semana largo nadie lo quiso acompa�ar de campamento
de modo que acudi� a m�. Partimos y cuando sacamos las cosas en la caba�a, vi
que en la mochila la mayor parte de peso se deb�a a las latas de cerveza que
hab�a acarreado.
Cuando lleg� la hora de irnos a dormir, estaba bastante
bebido.
Se durmi� casi al instante. Yo, mientras, me las ingeniaba,
para al menos tocar algo... Y lo acomod�, con no poco esfuerzo, como aquella vez
del veraneo y al igual que entonces, logr� que uno de sus huevos quedara casi
fuera del calzoncillo, pero esta vez, a mi disposici�n y lo acarici� con
fruici�n, con las yemas de mis dedos... sent� que se pon�a m�s duro y como que
se recog�a hacia dentro de su prenda �ntima, como si quisiera esconderse del
intruso. Algo debe haber sentido porque estir� las piernas, rasquete� su
paquete, incluso meti� la mano por el calzoncillo, se levant� la pieza principal
acomod�ndole porque de seguro hab�a empezado a erectarse y volvi�ndose boca
abajo volvi� a dormirse.
Ahora que hago me estaba preguntando, cuando �l mismo me dio
la soluci�n. Encogi� una de sus piernas, dej�ndome sus muslos, sus huevos y su
culo a mi disposici�n, s�lo ten�a que salvar la barrera del calzoncillo, que
casualmente, tambi�n era blanco y algo amplio en los bordes de los muslos.
Por all� deslic� mis dedos y me encontr� con algo peludo, muy
velludo y �spero, era la raja de su culo, llen�sima de pelos, la elevaci�n de
sus nalgas y m�s abajo la base de sus huevos, de suav�sima piel, pese a unos
pelos laaaaargos pero bastante m�s ralos que el resto de la piel.
De pronto estir� la pierna, junt�ndola a la otra y, al
parecer semi despierto, se volvi� hacia m�...
Me cogi� abraz�ndome y atray�ndome a su cuerpo con ambas
manos. Entonces, en un impulso casi autom�tico, lo bes� en la boca. Y no estaba
dormido. Ni rechazaba mi caricia. Porque tomando mi cabeza me devolvi� el beso,
esta vez, con pasi�n, con toda la boca y fue ese mi primer beso de amante que
recib�a yo y que fui devolviendo m�s y m�s intensamente...
Su mano empez� a recorrer mi cuerpo y la m�a el suyo. Los
besos fueron m�s arriesgados y m�s furiosos si que quiere, con m�s lengua y m�s
saliva y nuestras piernas empezaron a moverse como acarici�ndose tambi�n, y con
un nuevo arriesgado gesto, recorr� su vientre y mi mano se introdujo en su
pubis, enredando los dedos en su mata de pelos.
El, volvi�ndose de espaldas, levant� la goma de la cintura
del calzoncillo y entre besos, me dijo �trabaja tranquilo...
Ahora ten�a su anuencia para escarbar con mi mano su mech�n
de pelos hirsutos, para averiguar qu� hab�a all� dentro, para acariciar con
suavidad su falo que hab�a cobrado una vida inusitada para m� y rezumaba un
espeso l�quido a cada momento m�s abundante y para aquilatar la suavidad, el
tama�o, el peso y la textura de sus dos enormes huevos y esconderse hasta el
fondo de su entrepierna, caliente, h�meda de sudores y �spera de vellos.
Con un gesto decidido se los quit� y lanz� a los pies de la
cama. Luego se tendi� sobre m� como un amante apasionado y me empez� a besar
ahora con aut�ntica pasi�n, mientras sus muslos acariciaban los m�os, sus
rodillas me abr�an las piernas y sus manos recorr�an mis costados e iban
meti�ndose debajo intentando agarrar con toda la palma mi culo, sin que su boca
se despegara de la m�a.
Con otro gesto decidido se puso a mi costado y me quit� mi
slip, lo tir� junto al suyo y poniendo una de mis piernas sobre su cadera, se
dedic� a acariciar mi culo, a recorrer la rajita de arriba abajo y de abajo
hacia arriba, a mojar su dedo en mi propia saliva y a introduc�rmelo lenta y
expertamente cada vez m�s adentro.
Yo sent�a su aliento de borracho de cerveza y eso me
enardec�a m�s y m�s de deseos por �l y me revolv�a inquieto en el espacio que su
cuerpo me dejaba y mientras �l me trabajaba con su dedo yo mov�a mi cintura
cogiendo m�s y mejor ritmo...
Entonces, ya decidido, se arrodill� en la cama y blandiendo
su falo enhiesto, duro pero suav�simo y tierno, sobre mi cara, dijo simplemente
-�Ch�pamelo...!
Ni corto ni perezoso, mi boca se lo trag� hasta la n�usea...
Y como ya est�bamos los dos decididos a vivir una noche de
pasi�n, CON TODO, se dedic� a ense�arme los secretos, mecanismos y trucos de la
felaci�n.
Me hizo pasar mi lengua desde su entrepierna a la punta de la
pinga, a relamer sus huevos en su base, a mordisquear sus muslos, a masajear con
la punta de la lengua la entrepierna desde el culo a los huevos y luego
haci�ndome apretar el glande con los labios a met�rmelo en la boca llev�ndome
entre ellos toda la piel que lo cubr�a hasta que sus pelos tocaron mi nariz,
casi provoc�ndome un estornudo, lo que �l aprovech� para hacerlo entrar hasta mi
garganta.
Me ense�� como tratar su glande como si fuera un bomb�n o un
caramelo o una guinda deliciosa, me hizo pasar la punta de mi lengua por el
borde de la cabeza y detenerme en el frenillo, mientras con la mano lo
masturbaba...
Y cuando se sinti� a punto de estallar, par� el delicioso
juego, me volvi� boca abajo, dio a mi culete virgen el mismo tratamiento con la
punta de su lengua y derramando all� chorros de saliva y jugos exprimiendo su
miembro en la entrada se recost� sobre m�, abriendo mis piernas e iniciando un
leve moviendo de mete y saca con que me fue penetrando lenta pero directa y
profundamente...
Dir�a que casi no me di cuenta cuando estaba all�, debajo de
su cuerpo, casi clavado en la cama y �l tom�ndome por debajo de los brazos y
asegurando sus manos en mis hombros, inici� un vaiv�n y mete-saca delicioso,
cada vez con m�s br�os y velocidad hasta que su penetraci�n fue tan profunda que
me hizo da�o con una clavadas furiosas que me parec�a sentir hasta en el
coraz�n.
No tard� mucho en sentir el orgasmo y yo dentro los
estremecimientos de su miembro y c�mo su glande se engrosaba m�s y me derramaba
dentro chorros y m�s chorros de espeso y caliente semen...
Qued� exhausto sobre m�...
Al rato, desliz� la preciosa y sabrosa estaca, con suavidad y
ternura, hacia fuera y nos quedamos abrazados uno junto al otro, bes�ndonos, tan
apasionadamente como al comienzo, pero con m�s calma y tranquila ternura.
Este es el comienzo de una larga relaci�n con Gustavo, que ha
tenido altibajos, supongo que como es regla en las parejas, y que os ir�
contando a medida que el tiempo me lo permita y los recuerdos me afluyan con
tanta claridad como este inicio...
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