Relato: El pinchaojete





Relato: El pinchaojete

El pinchaojete.


-1-





Todo comenz� cuando me ca� a la pileta. Estaba muy borracho y
s�lo recuerdo que cuando me sacaron me acompa�aron a un ba�o y despu�s me
dejaron en una habitaci�n que estaba en el segundo piso de la casa. Recuerdo que
estaba cubierto con una toalla y que me costaba centrar la vista en alg�n punto
de la habitaci�n.


Creo recordar que volv� a m� casa cuando la fiesta hab�a
terminado, ya que mis padres no quer�an irse. Ten�a una cita. Esa noche ten�a
una cita, en la cual iba a despedirme. Pero mis padres hab�an insistido en que
los acompa�ara a la fiesta.


A la media hora de estar ah�, hab�a comenzado a tomar, para
tratar de divertirme un poco mientras pensaba. A esa hora ya podr�a estar
cogiendo.


Despu�s del cuarto trago, anduve un tanto perdido, y comenc�
a sentir calor. Hac�a calor. Recuerdo vagamente que vomit� detr�s de unas
macetas, en un rinc�n oscuro del jard�n. Pero segu� tomando. Y luego vino el
desastre. Me acuerdo que estaba caminando por el borde de la pileta y despu�s
simplemente me encontr� en el agua, completamente vestido. Creo que me sacaron
de los pelos, y despu�s me acompa�aron adentro.


Al otro d�a tuve que soportar el enojo de mis viejos,
principalmente de parte de mi padre, y no me qued� m�s remedio que aceptar el
castigo que me hab�an impuesto.


Contempl� la ruta que se extend�a implacable y se perd�a
suavemente en el horizonte. Hab�a pasado una semana desde el incidente de la
pileta y ahora me hallaba esperando el colectivo que me llevar�a a mi exilio al
interior de la provincia durante todo el verano.


Me pas� el pa�uelo por la frente y me acomod� la gorra. Como
castigo, me hab�an obligado a tomar el colectivo en la ruta, y no me hab�an
dejado esperarlo en la terminal.


Cuando el colectivo se detuvo, le di el bolso grande al
chofer para que lo guardara y sub� al interior del transporte, sintiendo como
lentamente el aire acondicionado me reconfortaba. Ten�a un largo viaje por
delante y me dispuse a esperar mi destino con la resignaci�n de los vencidos.




-2-




Cuando el colectivo se detuvo en la terminal de Rojas por un
momento me sent� perdido. Pasar las vacaciones de verano en una ciudad de
provincia no era lo que yo hab�a esperado, pero no hab�a m�s remedio. Ten�a que
cumplir con mi castigo.


Mi anfitri�n en la ciudad era el gerente de la sucursal de la
empresa que ten�a la sede en Capital y de la cual mi viejo era uno de los
due�os. La mujer que manejaba el auto en ese momento, era una rubia bastante
linda y de unos treinta a�os. Sus hijos chiquitos iban sentados en el asiento de
atr�s. Por alguna raz�n que no llegaba a entender se re�an todo el tiempo.


Cuando llegamos a la casa, Anal�a me mostr� mi cuarto, y me
dej� solo para que me instalara. En el cuarto hab�a una cama de una plaza, una
mesita de luz, un televisor de catorce pulgadas, un peque�o escritorio con una
silla de pl�stico. En la pared izquierda del cuarto hab�a una gran ventana desde
la cual se pod�a ver gran parte de la ciudad, pues mi cuarto estaba ubicado en
el segundo piso de la casa.


Me saqu� las zapatillas y me tir� en la cama, mientras
prend�a el televisor con el control remoto. Oficialmente hab�a venido a Rojas
para hacer un curso sobre ecolog�a. Eso era lo que ten�a que decir si me
preguntaban, lo cual era cierto, ya que otro de los puntos del castigo consist�a
en tener una asistencia perfecta al curso y aprobarlo.


Durante la cena pude comprobar que el gerente era un tipo
bastante aburrido. Era alto y bastante fornido, m�s bien tirando a gordo. No
hablaba mucho, y s�lo me pregunt� lo usual. Yo me limit� a contestar lo
necesario y me dediqu� a comer y a mirar a su mujer, mientras pensaba que el
tipo s�lo hab�a aceptado tenerme en su casa durante todo el verano para quedar
bien con mi viejo y sumar puntos en su carrera.


M�s tarde el gerente sali�, y mientras los chicos miraban
televisi�n en el comedor, Anal�a y yo nos quedamos en la cocina. Ella estaba
fumando y cuando me ofreci� uno acept�.


-Marito, �qu� hiciste? �pregunt� Anal�a.


-�No crees lo del curso de ecolog�a?.


-Se que existe, pero no creo que hayas venido s�lo por eso.
�Es as�?.


-Tenes raz�n �dije mientras daba una larga pitada al
cigarrillo-. Lo que pas� fue que me emborrach� un par de veces, y la �ltima vez
fue la peor, ya que en una fiesta muy importante me ca� en una pileta.


-�Y por eso te mandaron ac�?.


-Mis padres son as�. Pero ustedes no tendr�an que haber
aceptado.


-No lo decid� yo. Mi marido se encarg� de todo, y s�lo me
cont� lo que pasaba cuando ya estaba todo resuelto.


Apagu� el cigarrillo en el cenicero y la mir� bien. Ten�a
puesta una remera y una bermuda. Usaba zapatillas blancas de tela y se hab�a
soltado el pelo.


-�Qu� edad tenes? �pregunt� Anal�a.


-Quince �dije.


-�Tenes novia?.


-Algo as�.


-�Una amigovia?.


-Si. M�s o menos.


-�Qu� pensas hacer aparte de asistir al curso?.


-No se. Supongo que puedo conocer la ciudad.


-En tres meses tenes tiempo de sobra. �Te gusta pescar?. Ac�
tenemos el r�o de Rojas.


-Mucho no me gusta. Pero supongo que podr�a ir. Al menos una
vez.


-A mi marido le gusta mucho. Estoy segura que podr�a
ense�arte.


Cuando Anal�a comenz� a lavar los platos de la cena, me
desped� y me fui a mi cuarto. Me acost� y prend� el televisor. Un d�a a la vez,
me dije, un d�a a la vez.


Todo pas� muy r�pido. Al d�a siguiente nos encontrabamos en
el living. Anal�a y yo est�bamos cansados de mirar televisi�n. Eran cerca de las
seis de la tarde y ya hab�amos jugado todos los juegos de cartas.


-�Queres que te adivine la suerte con las cartas? �pregunt�.


-�Sab�s? �pregunt� Anal�a incr�dula.


-S� �dije pensando que pod�a hacer un truco de magia con
cartas que hab�a aprendido hac�a un par de a�os.


Mezcl� las cartas y luego hice que Anal�a las cortara.
Despu�s comenc� a dar vuelta las cartas y fui hablando mirando alternativamente
las cartas y los ojos de Anal�a.


-Te llamas Anal�a.


-Si �dijo ella sonriendo.


-Tenes veintiocho a�os.


-Si �m�s interesada.


-Naciste en mil novecientos setenta y tres.


-Si.


-El quince de mayo.


-Si.


-Tenes dos hijos. Se llaman Juan y Carlos. Nacieron el
diecis�is de septiembre de mil novecientos noventa y seis y el 4 de octubre de
mil novecientos noventa y ocho.


-Si.


-Te casaste el veintis�is de marzo de mil novecientos noventa
y dos.


-Si �es incre�ble-. �C�mo haces?.


-Y... Las cartas hablan.


Anal�a se qued� callada unos minutos. Despu�s fue hasta donde
estaba el marido, habl� unos minutos con �l y finalmente lo sent� frente a m�.
Quer�a que repitiera la experiencia con �l, as� que lo hice.


Cuando termin� victorioso la tarea, los dos me miraron
asombrados. Mientras Anal�a prend�a un cigarrillo, pude notar que cruzaban
miradas de complicidad, como si en ese momento hubieran decidido algo pero no se
animaran a dec�rmelo.


Esper� expectante unos minutos pero fue en vano. El lazo de
complicidad se hab�a roto.


Esa noche comimos en silencio y todos nos acostamos m�s
temprano de lo habitual.


Al otro d�a fui por primera vez al curso de ecolog�a. Miramos
algunas diapositivas y hablamos sobre la contaminaci�n del planeta. Nada que no
hubiera visto antes.


Cuando llegu� a la casa, Anal�a y su marido me estaban
esperando. Primero me preguntaron sobre el curso, pero se notaba que eso no les
interesaba. Ten�an otra cosa en mente.


El gerente tom� la iniciativa y me explic� que estaban muy
interesados en lo que yo hab�a hecho con las cartas y quer�an saber si con �stas
se pod�a modificar un acontecimiento futuro. Dije que si, entonces �l me cont�
que la semana siguiente se decid�a un ascenso entre otro gerente y �l para
ocupar al a�o siguiente en una sucursal de mayor importancia.


-�A trav�s de las cartas vos podr�as modificar la decisi�n
para que yo resulte favorecido? �pregunt�.


-S� �contest� sin mirarlos.


-�Y cu�nto tendr�amos que pagarte para conseguir el puesto?.


-No quiero dinero ni joyas �dije.


Los dos me miraron sorprendidos.


-�Y qu� quer�s?.


Vi que se me presentaba la oportunidad que hab�a estado
esperando y no la dej� pasar.


-Me gustar�a encamarme con tu esposa.


-Vos est�s loco �dijo el gerente-. No. De ninguna manera.
Imposible. Debe haber otra manera.


-Entonces pod�s reemplazarla vos y poner el culo �dije.


-Menos �dijo el gerente mientras se paraba. Camin� hasta una
peque�a mesa que hab�a y se sirvi� whisky en un vaso.


Anal�a, que no hab�a hablado hasta ese momento, se puso de
pie y lo tom� de la mano.


-Nos permit�s un momento �dijo mientras comenzaba a caminar
hacia la pieza llev�ndose con ella a su marido que aun segu�a con el vaso en la
mano.


Apenas se encerraron en la pieza comenzaron a discutir. Los
dos gritaban y me pregunt� si mi permanencia en la casa corr�a peligro. Mientras
estaba esperando pude escuchar fragmentos de la discusi�n que se filtraban a
trav�s de la puerta cerrada.


-Hacelo por los chicos...


-�Callate!. �Vos que sabes!...


-Entonces voy yo...


-Te dije que no...


-Vos estas loca...


En medio de los gritos sent� un fuerte ruido. Como si algo se
hubiera roto. Primero pens� en el vaso, pero despu�s me alarm�. A ver si todav�a
el tipo le estaba pegando a la mujer por mi culpa.


Como a la media hora salieron y volvieron a sentarse en el
sill�n. Parec�a que hab�an tomado una decisi�n, y quer�an d�rmela a conocer.


-Vamos a hacerlo �dijo Anal�a.


-�Cu�l de los dos? �pregunt�.


-Yo �dijo el gerente mir�ndome con resignaci�n.



-3-




Creo que en un primer momento pens� que estaba so�ando. Pero
finalmente est�bamos ah�. La visi�n de la caba�a en medio del monte me sac� de
mi enso�aci�n y me trajo bruscamente al mundo real.


Entramos en la caba�a de madera y nos quedamos mir�ndonos sin
saber que hacer. Hac�a calor y Julio prendi� el ventilador de techo del cuarto
en el que est�bamos.


La caba�a era rustica por fuera, pero por dentro ten�a todas
las comodidades. Seg�n me hab�a dicho Anal�a, hab�an comprado la caba�a un a�o
despu�s de casarse y la hab�an usado en pocas ocasiones.


Julio baj� la persiana de la ventana de la pieza haciendo que
esta quedara un poco m�s oscura. Me pareci� un detalle superfluo, ya que la
caba�a estaba rodeada de �rboles, y no val�a la pena bajar la persiana, ya que
nadie pod�a vernos. Seguramente era un
problema de nervios, pens�.


Me situ� a un costado de la cama grande y me saqu� la remera.
Julio me mir� como si no supiera por que yo me estaba desvistiendo, pero un
momento despu�s pareci� recordar y comenz� a desabotonarse la camisa.


Yo me saqu� el resto de la ropa r�pidamente y me qued� parado
junto a la cama con la verga completamente erecta, mirando como Julio se sentaba
en la cama y comenzaba a sacarse el pantal�n. Sin levantarse, se sac� las medias
y se qued� quieto. Estaba de espaldas a m�, y no daba se�as de tener intenciones
de moverse.


Pens� que todo iba a terminarse, pero un par de minutos
despu�s, Julio se puso de pie y se baj� el calzoncillo. Mir� su cuerpo gordo y
peludo y me estremec�. Nada pod�a salir mal, pens�. Nada pod�a salir mal.


Nos acostamos los dos de frente y nos quedamos mirando. Su
verga estaba completamente muerta y pude ver cierto rencor en su mirada cuando
mir� mi verga. Hab�a rencor y tambi�n algo de miedo.


Pens� que ten�a que dar el primer paso, as� que estir� mi
mano izquierda y la apoy� sobre el culo de Julio. Este se sobresalt� cuando
sinti� el contacto de mi mano, pero cuando comenc� a acariciarle los cantos se
incorpor� a medias y su boca se abri� como iniciando una protesta. Cuando
comprendi� lo absurdo de la situaci�n volvi� a acostarse y cerr� los ojos.


-Date vuelta �dije sintiendo como se me contra�a el est�mago.


Julio se acost� boca abajo y finalmente pude contemplar su
culo a mi antojo. Guiado por el deseo, me ubiqu� entre sus piernas y arrim� mi
cara a su culo. Aspir� el aroma que se desprend�a de �l, y sent� que esa
fragancia me enloquec�a. Le acarici� los cantos con las dos manos y despu�s de
unos minutos de intenso manoseo, enterr� mi cara en su culo.


Al principio le recorr� las nalgas con la lengua, trazando en
su carne tibia, caminos de saliva. Despu�s de besarle y chuparle las nalgas, se
las separ� dejando al descubierto su ano.


Por un momento me cost� respirar al contemplar ese agujero
peludo que se abr�a ante mi como una gruta inexplorada. Julio se estremeci�
cuando le met� la lengua en el ano. Pareci� espantarse, como un caballo
nervioso, pero yo no le hice caso y comenc� a chuparle el ano con todo.


Unos minutos despu�s, al notar que mi pija todav�a estaba
parada, supe que ya no pod�a aguantar m�s y me prepar� para penetrarlo.


A pesar de la calentura que ten�a, me acord� que ten�a
vaselina l�quida en el bolsillo de la bermuda. Julio se sorprendi� cuando me vio
revisar mi pantal�n, pero cuando le mostr� la vaselina, asinti� en silencio,
moviendo apenas la cabeza.


Volv� a ubicarme otra vez entre sus piernas, se las separ�,
lubriqu� su ano con vaselina y despu�s me puse tambi�n en la cabeza de la verga.
Conteniendo la respiraci�n, abr� sus nalgas, apoy� la cabeza de mi verga en su
ano y empuj�.


Al principio cost�, pero cuando logr� introducirle la cabeza
me volv� loco. Comenc� a respirar entrecortadamente, sintiendo que la excitaci�n
comenzaba a dominarme, cuando Julio reaccion�. Asustado por lo que yo le estaba
haciendo, contrajo el ano de tal forma que result� imposible tratar de
penetrarlo m�s profundo. Al mismo tiempo comenz� a moverse, indic�ndome que
quer�a que se la sacara. Le ped� que se relajara y
cuando lo hizo, logr� retirar mi verga de la
especie de morsa en que se hab�a convertido su ano.


-No puedo �dijo Julio, mientras se daba vuelta y se sentaba
en la cama-. Pens� que pod�a pero no puedo.


-�Pero qu� pas�?. Si ya ten�as la cabeza adentro. Pens� que
estaba todo bien.


-Me asust�.


-�Entonces qu� hacemos?.


-No s�. �No podemos arreglar de otra manera?.


-No �sintiendo que se me escapaba la oportunidad, decid�
jugarme a fondo-. Mir�, por que no te relajas y te fumas un faso y lo pensas
mejor. Ya que llegamos hasta ac�, podemos hacer un esfuerzo m�s.


Julio sac� un atado de cigarrillos del caj�n de la mesita de
luz y prendi� uno.


Mientras �l fumaba, yo me hice la paja, para evitar que se me
muriera, y cuando termin� yo aun segu�a como al principio. Sin decir nada, Julio
volvi� a ponerse boca abajo y abri� las piernas.


R�pidamente me ubiqu� sobre �l y lo penetr� lentamente. Esta
vez la cabeza entr� f�cil, debido en parte a la vaselina y en parte a que Julio
se hab�a relajado. Sintiendo como la sangre se agolpaba en mis sienes, de un
solo impulso lo penetr� hasta la mitad, entonces Julio grit�.


-�No, no!. Sac�mela. Me duele, me duele.


-Aguantala un cachito que ya est� casi toda adentro �dije
jadeando.


-No la aguanto. �Sac�mela! �grit� tratando de escapar.


A mi pesar, tuve que sac�rsela. Hab�amos llegado a un punto
en que ya no pod�amos seguir. Lo hab�amos intentado, pero no hab�a resultado.
Hab�a que pensar en otra cosa.


Nos vestimos sin prisa y caminamos hac�a la puerta. Mientras
estaba abriendo la puerta, Julio se detuvo y me mir�. Despu�s de un momento baj�
la cabeza, como si importantes razones le impidieran mirarme a los ojos.


-Vas a pensar que estoy loco �dijo volviendo a mirarme otra
vez-, pero �podemos intentarlo otra vez?.


-�Ahora?.


-Si.


-Bueno �dije sintiendo otra vez un intenso hormigueo en todo
el cuerpo. Ten�a otra chance de pon�rsela, y eso me volv�a loco.


Ya en la pieza nos desnudamos r�pido y nos metimos en la
cama. Julio se acomod� boca abajo sin que se lo pidiera y yo le separ� las
piernas y volv� a ubicarme sobre �l.


Esta vez lo penetr� r�pido, por miedo a que se arrepintiera y
me pidiera que se la sacara. La aguant� bien hasta la mitad, pero cuando pas�
ese l�mite grit�. No le hice caso y en dos acometidas lo penetr� hasta el final
. Haciendo un esfuerzo incre�ble, comenc� a cogerlo lentamente, tratando de
contener mis impulsos. Aguant� un par de minutos a ese ritmo y despu�s me volv�
loco y comenc� a cogerlo con todo.


Lo �nico que pod�a hacer era respirar en forma entrecortada,
gritar cada tanto y meterle la pija en el ano a Julio con desesperaci�n. Era
como una especie de posesi�n. Casi no pod�a entender como ese agujero pod�a
volverme tan loco, al punto de hacerme perder el control de mis actos, pero a la
vez brindarme tanto placer.


Cuando acab� me qued� un momento recostado sobre la espalda
de Julio, sintiendo como su transpiraci�n me mojaba la piel. Ten�a ganas de
abrazarlo y de besarlo, de preguntarle si le hab�a gustado. Pero sab�a que no
deb�a hacerlo. Era una l�nea que no deb�a cruzar.


Unos veinte minutos despu�s, Julio quiso vestirse, pero yo le
indiqu� que quer�a seguir. Al principio se asombr�, pero despu�s se tendi� boca
abajo con resignaci�n. Con la pija parada, yo me abalanc� sobre �l, dispuesto a
disfrutar de esa inexplorada gruta que Julio ten�a entre los cantos.


Esa tarde lo penetr� seis veces. Julio lo acept�, no le
quedaba otra. Supe por la forma en que evitaba mirarme que estaba humillado. As�
que mientras volv�amos permanecimos callados. Yo ten�a ganas de dar saltos de
medio metro, pero mientras dur� el viaje trat� de no demostrar alegr�a para no
herir m�s a Julio.





-4-




El lunes me levant� temprano y fui a la clase de ecolog�a.
Julio ya se hab�a ido y Anal�a me despidi� nerviosa. Hoy era el d�a en el cual
�bamos a saber. En la clase me sent� junto a un chico que se llama Pedrito. Tal
vez podamos ser amigos.


Cuando sal�amos me pregunt� como me llamaba.


-Marito Sanabria �dije.


Mientras caminaba fui pensando en la consigna que nos hab�an
dado para la clase siguiente. Ten�amos que sacar fotos de determinadas zonas de
la ciudad. Pens� que tal vez podr�a pedirle a Pedrito que me acompa�ara.


Cuando llegu� a la casa era cerca del mediod�a y Anal�a y
Julio estaban tomando champ�n.


-�Lo conseguiste! �grit� Anal�a apenas me vio-. �Sos un
genio!.


-No se c�mo lo hiciste, pero te lo agradezco �dijo Julio
mientras me daba una copa con champ�n.


-�Te dieron el cargo?.


-S�. Soy el nuevo gerente de la sucursal que el a�o que viene
se abre en C�rdoba. Vali� la pena el sacrificio.


-�Y vos estas contenta? �pregunt� dirigi�ndome a Anal�a.


-�Y que te parece?. Hac�a cinco a�os que est�bamos esperando
esta oportunidad. Y cuando cre�amos que todo estaba perdido, apareces vos y
consegu�s el milagro.


A la tarde llam� por tel�fono a Pedrito y quedamos en ir a
sacar fotos juntos al otro d�a. El exilio no estaba resultando como mi pap� lo
hab�a planeado.


Con Pedrito fuimos a sacar fotos de un basural. Yo hab�a
conseguido una m�quina que me hab�a prestado Anal�a y Pedrito ten�a la suya.
Debido al olor espantoso, hab�amos improvisado barbijos con pa�uelos a los
cuales les hab�amos puesto perfume que Pedrito hab�a tra�do. Hac�a calor, y los
dos est�bamos con el torso desnudo. Pedrito era m�s bajo que yo, y tambi�n m�s
delgado. Por lo que se mov�a con facilidad entre las enormes pilas de basura.
Tambi�n hab�a gente que buscaba cosas en la basura, pero eso no nos interesaba
ahora. S�lo ten�amos que sacar fotos del basural.


Cuando terminamos, fuimos hasta las bicicletas y nos bajamos
los pa�uelos. Tomamos una gaseosa que hab�amos dejado dentro de una bolsa en el
canasto de una de las bicicletas, y que a esa altura ya estaba caliente y
volvimos a mirar el enorme basural. Parte de la basura hab�a sido quemada, y el
resto permanec�a amontonada en grandes pilas.


-�Por qu� estas haciendo el curso? �pregunt� Pedrito.


-Es parte de un castigo que me impuso mi pap� �contest�.


-�Y hasta cuando pensas quedarte?.


-Supongo que todo el verano �dije-. �Hasta cuando dura el
curso?.


-Hasta mediados de febrero.


Cuando estuve en la casa pens� en la enorme acumulaci�n de
basura que hab�amos visto con Pedrito. Por un momento me vi tirado en el suelo,
la cara aplastada contra esa basura, y una bota ejerciendo presi�n sobre mi
nuca. Eso no va a pasar, me dije. Eso no va a pasar.


Al otro d�a le ped� a Anal�a que me acompa�ara a sacar unas
fotos al r�o, ya que Pedrito no pod�a hacerlo y ella acept� sin problemas. Una
vez ah�, saqu� las fotos de la basura que la gente tiraba a orillas del r�o y
despu�s nos sentamos a tomar mate con Anal�a a la sombra del puente. Se estaba
bien, y de a poco comenzaba a olvidarme de mi exilio.


-Quiero que me hagas lo que le hiciste a mi marido �dijo
Anal�a de golpe.


-No entiendo �dije.


-Quiero que hagas que se me cumpla algo, a cambio de
entregarte mi cuerpo.


-�Y qu� queres?.


Lo dijo r�pidamente, por lo que deduje que ya lo ten�a
pensado hac�a bastante tiempo.


-�Te parece que podr�s hacerlo? �pregunt� despu�s.


-S� �dije-. Puedo hacerlo. Pero con vos va a ser distinto.


-�Por qu�?.


-Con vos quiero pasar todo un fin de semana.


-Est� bien �dijo Anal�a despu�s de pensarlo un rato. Y
despu�s agreg�-. Mi marido se va este viernes a la ma�ana y viene el martes a la
tarde. �Te parece que lo hagamos este fin de semana?.


-Por m� est� bien �dije.


-Entonces que sea este fin de semana �sentenci� Anal�a.




-5-




-Creo que me mand� una macana �dijo Anal�a mientras tom�bamos
mate en la cocina.


-�Por qu�? �pregunt�. Era mi�rcoles, y s�lo hac�a tres d�as
que hab�amos cogido.


-Le cont� a alguien lo que le hiciste a Julio.


-�Lo conozco?.


-No. Es una amiga.


-Bueno, mientras no se lo cuente a otra persona.


-Ese es el problema �dijo Anal�a mientras cebaba el mate �Ya
se lo cont� a alguien.


-�Esa persona tiene algo que ver con la empresa?.


-No. Es el marido de ella.


-�No entiendo cu�l es el problema?.


-Que ahora quieren hablar con vos para solicitarte algo.


-�Y vos les dijiste cual es el precio que hay que pagar?.


-Si. Pero igual insisten en hablar con vos. �Qu� les digo?.


-Deciles que si �dije-. �Cu�ndo quieren verme?.


-Ma�ana mismo si fuera posible.


-�Vos podes acompa�arme?.


-Si.


-Entonces vamos ma�ana a la tarde. �Te parece bien?.


-S�. Perfecto.


El encuentro con el matrimonio amigo de Anal�a result� bien.
Sab�an cuales eran las condiciones y las hab�an aceptado con el solo hecho de
imponer las suyas. Una vez que me plantearon lo que quer�an, y al escuchar que
era posible, se relajaron y la reuni�n se volvi� m�s amena. Marcela, la mujer
del tipo, ten�a veinticinco a�os y un hijo de un a�o. Como al pasar, cont� que
durante el embarazo hab�a engordado veinte kilos y s�lo hab�a podido adelgazar
diez.


Marcela le pidi� a Anal�a que la acompa�ara a la cocina y me
dejaron solo con el tipo. Durante los minutos que permanecimos solos, el tipo no
habl�, y permaneci� pr�cticamente inm�vil sentado en el sill�n, moviendo apenas
el dedo pulgar de la mano derecha que usaba para cambiar el televisor con el
control remoto.


Cuando las mujeres volvieron, el tipo pareci� recobrar la
confianza y baj� el volumen del televisor.


Mientras Marcela y Anal�a hablaban, yo lo comprend� en
silencio. Era justo que no le cayera simp�tico el tipo que planeaba meterle la
verga en el culo.


Pero eran ellos los que me hab�an llamado. Y ahora el tipo
iba a perder su virginidad, pues se hab�a negado a que yo me encamara con su
mujer y hab�a decidido tomar su lugar.


De �ltima era su problema, ya que yo lo �nico que quer�a era
un agujero donde meterla.




-6-




Me abalanc� sobre Dami�n con la verga parada y una sensaci�n
en el est�mago que comenzaba a resultarme conocida. Est�bamos desnudos y el se
encontraba en la cama en la posici�n que me gustaba y dispuesto. Ya hab�amos
hecho el consabido ritual que hab�a estado a m� cargo: caricias, chupada de
culo, lubricaci�n del ano.


Lo penetr� con una ansiedad acumulada desde hac�a ya un par
de a�os. Como si de pronto el destino me permitiera liberar la energ�a acumulada
hasta ese entonces, d�ndome la posibilidad de penetrar el peludo ano de Dami�n
que a su disgusto se ve�a obligado a ofrecerme, para que yo disfrutara hasta la
locura.


Cada respiraci�n entrecortada, cada gemido, cada gru�ido de
Dami�n mientras lo penetraba, hacia que lo embistiera con m�s fuerza, hasta que
el dique que sombriamente me hab�a contenido durante ese tiempo maldito se
rompi� y me derram� dentro de �l mientras gritaba, d�ndole a entender que ese
territorio hasta ahora inexplorado me pertenec�a.


Era un lenguaje brutal y primario. Esa parte de su cuerpo me
pertenec�a y pod�a
reclamarla cada vez que quisiera.


M�s tarde lo penetr� en diferentes posiciones pues no deseaba
repetir la misma experiencia que hab�a tenido con Julio.


Primero lo hice poner en cuatro, me ubiqu� detr�s de �l y
despu�s de penetrarlo, lo tom� de la cintura y me mov� dentro de su ano, notando
como su cuerpo transpiraba debido al calor que eman�bamos ambos.


M�s tarde puse sus piernas sobre mis hombros y lo penetr�
estando yo arrodillado, pudiendo observar su cara mientras cog�amos. Dami�n
ten�a los ojos cerrados y se mord�a los labios cuando yo lo penetraba a fondo.
Las manos estaban cerradas en pu�os, aferradas a la s�bana.


Lo acomod� sobre su costado izquierdo, la pierna izquierda
levemente levantada y me ubiqu� detr�s de �l, penetr�ndolo en la posici�n que yo
conoc�a como "cucharita".


A pesar de que ya era la cuarta vez que lo penetraba, pude
notar que Dami�n todav�a resist�a. No es que luchara evitando la penetraci�n. Su
cuerpo ya hab�a perdido la lucha. Pero al parecer, su mente aun no.


Se negaba a aceptar que lo que yo le hac�a le causaba placer.


Lo que yo quer�a a esta altura, (y que no hab�a logrado con
Julio) era que Dami�n gritara, se masturbara y me pidiera que se la metiera
hasta las pelotas. En fin, quer�a que actuara como un puto, cosa que ni �l ni
Julio eran.


Sin conseguir esa victoria sobre Dami�n, lo penetr� dos veces
m�s boca abajo y luego lo dej� ir a ba�arse.


Cuando volvi�, otra vez vestido, bien peinado y con algo de
perfume, parec�a haber recobrado algo de su antiguo aplomo. Pero yo sab�a que no
era as�.


Hab�a dejado que un pendejo de quince a�os se lo cogiera. A
partir de ahora pod�a negar lo que hab�a pasado, pod�a tratar de olvidarlo,
pod�a no pensar.


Pero en verdad lo �nico cierto era que yo le hab�a roto el
culo.




�



�


-7-




Hab�an pasado tres d�as de mi encuentro con Marcela cuando
recib� la llamada. Ella quer�a hablar conmigo, y como quer�a hacerlo
personalmente, pens� que el marido se hab�a enterado de lo que hab�amos hecho.


Cuando estuve en su casa, ella me explic� lo que pasaba y en
cierta forma me pidi� disculpas por lo que hab�a hecho.


-Tengo una amiga que quiere hablar con vos �dijo.


-�Es lo qu� yo estoy pensando? �pregunt�.


-S�. No pude con mi genio y le cont� sobre vos y tus poderes.


-�Y qu� dijo?.


-Se volvi� loca. Por supuesto que sabe lo que hicimos
nosotros, pero no hay problema, ya que es muy discreta.


La mir� por un momento. Est�bamos sentados en el living, y
Marcela me mostraba el esplendor de sus veinticinco a�os. Ten�a puesta una
remera blanca y un pantal�n de ejercicio. Estaba descalza y cada tanto miraba a
su beb� que dorm�a en la cuna muy cerca de ella.


Parec�a mentira que ella fuera la mujer con la cual hab�a
hecho el amor todo el fin de semana.


-�Tu amiga es casada?.


-S�.


-�Y el marido sabe?.


-S�lo que lo hiciste con Dami�n. Y el tampoco quiere entregar
a la mujer.


-�Y le dijiste cu�l es el precio?.


-Si. Igual est� de acuerdo pero quieren hablar con vos para
saber si les podes cumplir lo que quieren pedirte.


Se acomod� el pelo negro y lacio y cambi� de posici�n en el
sill�n. Los ojos le brillaban intensamente y supe que nunca en la vida deb�a
confiarle un secreto.


-Ella tambi�n quiere �dijo en tren de confidencia-. Pero
planea ped�rtelo despu�s que lo hagas con el marido de ella y que sin que �l se
de cuenta, como hicimos nosotros.


-�Cu�l es su tel�fono? �pregunt�.


Y Marcela me lo dijo.




-8-




Supe por la casa que el matrimonio amigo de Marcela eran
gente de mucha plata. Ella se llamaba Cristina y �l Cristian. Ten�an una hija de
quince a�os, pero en ese momento no estaba en la casa.


Cristina, una morocha de unos treinta y cinco a�os fue la
primera en hablar. Ten�a cierta clase, y se notaba que estaba a a�os luz de
Anal�a y Marcela.


-� Todo es tal c�mo me cont� Marcela?.


-Si.


-�Tambi�n el precio?.


-Eso depende de ustedes. �Qu� decidieron?.


-Va a ir mi marido �dijo Cristina.




-9-



Como la vieja casa estilo colonial no ten�a garaje, tuvimos
que bajarnos de la 4x4 corriendo para evitar mojarnos lo menos posible, ya que
llov�a a c�ntaros.


Ya en la pieza nos desnudamos y nos miramos en silencio.
Cristian parec�a interesado en mi verga, que estaba completamente parada, pues
la miraba fijamente.


Ten�a unas terribles ganas de coger. Quer�a estar con ese
hombre. Meterle la verga dentro del culo y moverme dentro de �l hasta acabar.
Una y otra vez. Poseerlo. Hacerlo m�o.


Cristian era un tipo de unos cuarenta a�os. Rubio y gordo.
Que parec�a saber lo que yo quer�a antes de que se lo pidiera.


Se acomod� r�pido en la cama. Boca abajo y con las piernas
abiertas.


-Hago esto a desgano �dijo. Como si quisiera justificar lo
que estaba por hacer.


Al minuto de estar haci�ndolo, me gan� una especie de
desesperaci�n y comenc� a cogerlo con todo.


Afuera llov�a a c�ntaros. Se pod�an escuchar los truenos,
cada tanto y el viento que de
manera constante rug�a de forma amenazante.


Dentro de la pieza, y amparado por la oscuridad, yo me mov�a
dentro del ano de Cristian y le dec�a lo lindo que lo ten�a y lo bien que lo
estaba pasando. �l permanec�a en silencio.


Cristian ten�a el culo bastante grande, lo que me excitaba
terriblemente. Lo hab�a visto cuando se desnudaba y me hab�a calentado mucho. A
partir de ese momento lo hab�a deseado con locura.


En la oscuridad de la pieza le segu� metiendo la verga en el
culo hasta que acab� dentro de �l tensando el cuerpo sobre su cuerpo.


Un par de minutos despu�s comenc� con m� obsesi�n de siempre.
Quer�a abrazarlo y besarlo. Preguntarle si le hab�a gustado tanto como a m�.
Quer�a acariciarlo y hablar de lo que hab�amos hecho y que me pidiera que se la
metiera otra vez. Pero en realidad esto no funcionaba as�.


Con Anal�a y Marcela hab�a sido distinto, pero ellas eran
mujeres.


Una descarga de deseo me atraves� el cuerpo como un rayo. Si
�l no disfrutaba yo si. Cristian ten�a un culo maravilloso y estaba obligado a
entreg�rmelo. As� que iba a disfrutar de su cuerpo hasta que no diera m�s. Iba a
cog�rmelo toda la tarde.





-10-




Mientras Cristina terminaba su clase de tenis, ped� una coca
en el bar del club y trat� de pensar que pod�a querer ella ahora.


Media hora despu�s, Cristina se acerc� hasta donde estaba yo
sec�ndose la cara con una toalla blanca. Como ella no quer�a hablar adentro,
salimos del bar y nos sentamos en unas sillas que estaban afuera.


Cristina ten�a puesta una remera, pantal�n corto, medias y
zapatillas. A pesar que la mesa ten�a una sombrilla, se puso lentes negros y
prendi� un cigarrillo.


-Estoy dispuesta a sacrificarme �dijo sonriendo.


-�Qu�? �pregunt� sin entender.


-Quiero seguir el mismo camino que Anal�a y Marcela.


-�Qu� tenes en mente?.


-Hay un ex amante que se est� por casar dentro de unos meses.
Quiero que no se case y que vuelva conmigo. �Se podr� hacer?.


-Si. Siempre que est�s dispuesta a pagar el precio.


-Si, s�lo tenemos que decidir en que momento vamos a
encontrarnos.


-�Este fin de semana te parece bien?.


-Si. No tengo problemas �dijo Cristina mientras apagaba el
cigarrillo en el cenicero.




�


-11-




-Mi marido hace dos a�os que est� sin trabajo, y estoy
dispuesta a hacer lo que sea con tal de que consiga �pude notar que hab�a
remarcado "lo que sea", y estaba dispuesta a hacerle cumplir sus palabras.


-Chicos, los dejo solos. Tengo cosas que hacer �dijo Cristina
mientras sal�a de la cocina.


Me hab�a llamado la noche anterior para decirme que quer�a
hablar conmigo. Ya hab�amos tenido relaciones sexuales por lo que no supe
deducir para que quer�a hablar conmigo.


Cuando llegu� a su casa me hizo pasar a la cocina y me
present� a la empleada domestica. Por boca de Cristina me enter� que su empleada
tambi�n quer�a hacer trato conmigo, pero al parecer la cosa era m�s simple.


-Yo voy a ir �dijo Karina, la empleada de Cristina-. Cuando
la se�ora me dijo lo habl� con mi marido y el me autoriz�.


-Te entreg� �dije.


-Si �dijo ella-. Algo as�.


Cuando nos quedamos solos, Karina puso la pava para el mate y
prendi� un cigarrillo. Era una morocha opulenta que en ese momento me miraba de
manera intensa.


Despu�s de tomar unos mates le ped� un cigarrillo y fui
directo a lo que me interesaba.


-�Qu� quer�s? �pregunt�.


-Quiero que mi marido consiga trabajo. Hace dos a�os que no
trabaja y est� enfermo de depresi�n.


-�Y cu�ndo pod�s?.


-�Te parece bien el fin de semana?. La se�ora me dijo que
podemos usar la quinta.


-Por m� est� bien �dije comenzando a disfrutar por
anticipado-. Nos vemos ah�.




-12-




La mujer tendr�a unos veinticinco a�os. Estaba sentada junto
a Karina y sonre�a cada tanto. Los tres est�bamos tomando mate en la cocina de
la casa de Cristina y era mi�rcoles a la tarde.


-Mirta quiere saber si pod�s cumplir lo que te dije antes
�pregunt� Karina mientras me alcanzaba un mate.


-Si �dije. Mirta quer�a que un amante que la hab�a dejado
volviera con ella-. �Le dijiste cu�l es el precio?.


-Si. Y ella est� de acuerdo.


Est�bamos hablando de Mirta como si ella no estuviera
presente y me pareci� que deb�a hablar del tema directamente con ella. Despu�s
de todo era Mirta la que ahora iba a poner el culo.


-�Tenes un lugar d�nde podamos ir? �pregunt�. Sent�a que
estaba subido a una monta�a rusa y que indefectiblemente iba a estrellarme
contra una pared.


-Karina dice que la se�ora nos presta la quinta. As� que
podemos ir ah� �dijo Mirta. Era amiga de Karina y tambi�n trabajaba de empleada
domestica.


-�Cu�ndo?.


-Este fin de semana puedo, si te queda bien. El otro estoy
ocupada.


-Este fin de semana est� bien. Nos vemos all�.




-13-




La situaci�n volv�a a repetirse. Salvo que esta vez ten�a
frente a mi a un clon de Karina pero de veinte a�os. Era el clon la que cebaba
mate y casi no hablaba.


Roxana, as� se llamaba el clon, era hija de Karina y tambi�n
igual que su madre quer�a pedirme algo. Era bonita de un modo descuidado. Como
si fuera un diamante en bruto, que lo hubieran confundido con una piedra vulgar,
y hubiera pasado toda su vida as�.


Karina otra vez tom� a su cargo la tarea de contar lo que
quer�an de m�.


-Voy a ser directa. Lo que mi hija quiere es que su marido
consiga trabajo.


-�Tu marido tambi�n est� sin trabajo? �pregunt� asombrado.


Roxana asinti� moviendo lentamente la cabeza.


-Lo que pasa que con el marido de ella es m�s dif�cil
�continu� Karina-, ya que en un accidente de trabajo perdi� una mano. Por ese
motivo nadie quiere darle trabajo.


-Estoy seguro que si me concentro voy a poder cambiar la
situaci�n �dije mientras le alcanzaba el mate a Roxana.


-�Pod�s este fin de semana? �pregunt� Roxana.


-Si �comenzaba a sentir que saltaba de un acontecimiento a
otro. Como si pasara de un compartimiento estanco a otro que extra�amente
parec�an estar vinculados entre si.


La extra�a mano del destino.


Karina habl� sobre la quinta de su patrona, pero yo casi no
estaba ah�. Faltaba poco para que terminara mi exilio y al parecer el final iba
a ser a lo grande, en m�s de un sentido.




-14-




Estaba en la terminal de Tandil. Hab�a asistido a un
encuentro de un grupo que se dedicaba a la ecolog�a y todo hab�a salido bien. El
curso que hab�a hecho en Rojas finalmente me hab�a interesado y tambi�n hab�a
fortalecido mi amistad con Pedrito Larraqui. Hac�a seis meses que hab�a
regresado de Rojas y desde ese entonces no hab�a estado con nadie de esa ciudad.


Por eso me sorprend� cuando sent� el insulto.


-Hijo de puta. Sab�a que eras vos. Ahora voy a poder decirte
todo lo que vengo pensando desde hace meses.


La reconoc� enseguida cuando la vi. Estaba sentado en un
banco de la terminal esperando que saliera el colectivo y ella estaba parada
frente a m�. Karina dej� el bolso que colgaba de su hombro y me mir� fijo. Se
preparaba para insultarme de nuevo.


-No llamemos la atenci�n �dije. Hab�a notado que la gente nos
miraba y trat� de controlar la situaci�n-. Podemos hablar bien.


-Te voy a hacer un esc�ndalo. Sos un hijo de puta. Como nos
cagaste a todos.


Me cost� trabajo y aguantar muchos insultos m�s, pero
finalmente pude hacer que se sentara a mi lado en el banco.


B�sicamente le expliqu� que si ella dejaba de creer en m�,
favorec�a a los otros. Que si eran menos los que ped�an, todo se pod�a cumplir
m�s r�pido. As� actuaban siempre los que ten�an plata.


-Pero a nadie se le cumpli� nada �dijo Karina ahora sin
mirarme.


-Las cosas ya van a empezar a salir. Ellos lo saben, por eso
quieren ser unos pocos.


-�Queres decir que si yo renuncio, los deseos de ellos se van
a cumplir m�s r�pido?.


-Si �dije dando un suspiro mental. Ya te tengo, pens�.


Hablamos un rato m�s hasta que se calm� y me cont� parte de
lo que hab�a escuchado en casa de Cristina y por qu� cre�a que yo la hab�a
enga�ado a ella y tambi�n a los otros.


-�Y en qu� orden estoy? �quiso saber Karina.


-Bastante atr�s, para serte sincero.


-�C�mo puedo hacer para estar primera?


-Tendr�a que reformular tu deseo �dije sintiendo que algo
importante estaba por ocurrir-. Pero puede hacerse. S�lo que tendr�as que
pagarme con la misma moneda que la vez anterior.


Vi que dudaba. Cruelmente pens� que si me esforzaba pod�a
escuchar crujir su cerebro mientras pensaba. Cre� que no iba a aceptar, pero
finalmente pareci� decidirse y tom� la correa del bolso que ahora estaba a su
lado.


-�D�nde vamos? �pregunt�.


Ahora dud� yo. Esto no pod�a ser tan f�cil otra vez. Mir�
r�pidamente hac�a las dos entradas de la terminal. La gente segu�a entrando y
saliendo. Ahora ya no llam�bamos la atenci�n. Record� algo que me hab�a llamado
la atenci�n y me decid�.


-Enfrente de la terminal hay una obra en construcci�n �dije
sintiendo que comenzaba a transpirar. Est�bamos en agosto, pero no hac�a fr�o.
Un sol tibio ca�a sobre el vidrio de la terminal, pero ya no era aquel sol. La
temperatura era de unos veinte grados y la tarde estaba agradable-. Yo voy a
cruzar ahora. Dame cinco minutos y despu�s te mand�s vos. Te espero ah�.


Me puse de pie y me acomod� la mochila. R�pidamente dej�
atr�s la terminal y sin mirar a ninguno de los dos lados entr� en la obra en
construcci�n. Una vez ah� busqu� un lugar apropiado, y cuando vi unos cub�culos
que iban a ser futuros ba�os, entr� en uno de ellos. Una vez ah� me saqu� la
mochila y esper�. Control� la hora en el reloj: dos minutos. Una sensaci�n de
incertidumbre me invadi� de repente. Como un pu�al que me entrara en el cuerpo
sin que yo lo esperara.


Y si...


Escuch� la voz de Karina que me llamaba y le hice se�as para
que viniera adonde estaba yo. Cuando estuvo junto a mi, comenzamos a besarnos y
le recorr� el culo con mis manos casi con desesperaci�n. Ten�a hambre de esa
mujer, y mi verga parec�a confirmarlo, apret�ndose contra la tela de mi
pantal�n.


-�Sab�s lo que quiero? �pregunt� apartando un instante la
boca de la suya y sin dejar de tocarle el culo.


-Si �dijo Karina que a esa altura me conoc�a muy bien.
Suavemente se desprendi� de mi, me dio la espalda y se baj� el pantal�n y la
bombacha.


La visi�n de las nalgas de Karina provoco en mi una especie
de grito interno. Hacia seis meses que no cog�a, y ese culo era casi demasiado
para m�.


R�pidamente me arrodill� junto a ella y comenc� a chuparle el
culo pose�do por un deseo que parec�a quemarme. Cuando estuve listo, escup� en
su ano, y luego de ponerme de pie lo hice en mi mano y me puse la saliva en la
cabeza de la verga.


La penetr� casi a fondo con un solo movimiento, sintiendo
como sus nalgas se pegaban contra mi cuerpo. Una vez que estuve dentro de ella,
la tom� de la cintura y empec� a darle bomba.


Ah� estaba yo, un chico de quince a�os, un domingo de agosto,
d�ndole bomba por el culo a una mujer de treinta y nueve a�os.


Est�bamos de pie, ella un poco inclinada hacia delante, las
manos apoyadas en la pared, emitiendo los dos sonidos suaves, manejados
solamente por la pasi�n de nuestros corazones.


De pie como los animales, pens�, y grit� mientras alcanzaba
el orgasmo.


Lo hicimos dos veces m�s en la siguiente media hora, y cuando
nuestras respiraciones se normalizaron, reci�n ah� comenzamos a hablar. Hab�amos
permanecido callados durante el encuentro sexual, emitiendo sonidos de placer,
concentrados en la tarea maravillosa de satisfacer nuestros deseos sexuales.


-�A qu� hora sale tu colectivo? �pregunt� Karina, mientras se
limpiaba el culo con un trozo de papel higi�nico que hab�a sacado del bolso.


-Dentro de dos horas �dije. Sent�a una especie de hormigueo
en todo el cuerpo, y unas terribles ganas de seguir cogiendo-. �Cu�ndo te vas?.


-Dentro de diez minutos �dijo Karina mirando su reloj-.
Terminamos justito.


-�No hay otro colectivo m�s tarde?.


-�Te quedaste con ganas? �pregunt� Karina. Ante mi sorpresa
se agacho y busc� algo en el bolso. Saco un papel que ten�a todos los horarios
de los colectivos y despu�s de un rato me mir�.


-Este es el �ltimo. El otro sale ma�ana.


La acompa�� hasta el colectivo y sin pensar en lo que pod�an
decir las personas que estaban ah� le di un piquito.


Cuando subi� al colectivo Karina me mir� por �ltima vez y
pareci� que iba a decir algo. Despu�s sigui� caminando tratando de encontrar su
asiento.


Incre�blemente ella hab�a estado a punto de darme el culo
otra vez, pero lamentablemente el tiempo no estaba de mi lado. De haber tenido
una hora m�s le habr�a dado bomba otra vez.


Volv� al banco en el cual hab�a estado sentado y trat� de
concentrarme en lo que hab�a pasado hac�a un momento. De pronto se me vino a la
mente el recuerdo de la bota en la nuca, aplast�ndome la cara contra el suelo.


Y si...


La mirada de Karina en el colectivo. No. Imposible, no otra
vez el forcejeo en la puerta y la incertidumbre.




-15-




Desde la terminal, decid� llamar a mi casa para avisar que
hab�a llegado. El viaje en colectivo me hab�a llevado unas seis horas. Quer�a
llegar a mi casa, darme un ba�o y acostarme a dormir.


-�Hola?.


-Si. �Qui�n habla? �pregunt�.


-Oscar Ruggeri. �Por qu�?.


-�T�o?. �Qu� hac�s en casa?.


-�Marito?. �D�nde est�s?.


-En la terminal �dije y enseguida me arrepent�-. �Qu� pasa?.


-Una cagada. Violaron a tu primo.


-�Cu�ndo? �pregunt� sintiendo otra vez el asqueroso olor a
tierra. La bota se acercaba peligrosamente.


Cuando cort� me acomod� la mochila y camin� hacia la salida.
Iba a tomar un taxi, pero a �ltimo momento cambi� de opini�n y me sub� a un
colectivo.


Seg�n lo que me hab�a contado mi t�o, mis viejos se hab�an
ido el fin de semana afuera y hab�an dejado a mi primo a cargo de la casa. A
trav�s de las palabras de mi primo, mi t�o se hab�a enterado que dos tipos
hab�an entrado en la casa y hab�an sometido. No hab�an robado nada, y solamente
hab�an dejado una nota que dec�a: "Vos sos el siguiente".


En el colectivo tuve tiempo para pensar. Ahora comprend�a la
mirada de Karina. Ella sab�a y hab�a querido advertirme.


Pobre panchito, pens�. No hab�an confundido a mi primo
conmigo. Sab�an perfectamente quien era y me hab�an dejado un mensaje.


Como a las dos horas me baj� del colectivo, y busqu� un lugar
para comer algo. En el ba�o del bar en el que estaba me lav� un poco y antes de
irme me llev� algo para comer que guard� en la mochila.


Cuando estuve en la calle me sub� a un colectivo y dormit� un
par de horas. Me baj� medio aturdido y busqu� un lugar donde pasar la noche.




-16-




Ped� la llave del ba�o y como pude me arregl� un poco. Me
moj� el pelo y me lav� la cara. Comenzaba a transpirar otra vez.


Me sent� junto a la barra y ped� caf� con leche con facturas.
Ten�a hambre y todav�a me quedaba algo de plata.


M�s tarde busqu� un cibercaf� y mand� un e-mail.


Anduve caminando toda la ma�ana sin rumbo fijo, y cerca del
mediod�a com� un par de panchos y una coca.


A la tarde busqu� otro cibercaf� y me met� en el chat de
Argentina. Us� como nick "Gareca" y esper�. Un minuto despu�s "Brindisi" quer�a
hablar conmigo.


Brindisi: -�Marito, sos vos?.


Gareca: -Si. �C�mo estas?.


Brindisi: -Bien. �Qu� hiciste, pelotudo?.


Gareca: -�Por qu�?.


Brindisi: -Ac� te buscan para matarte. Dicen que violaste una
pendeja. �Es cierto?.


Gareca: No. Voy a contarte lo que en verdad pas�.


Fume un cigarrillo mientras esperaba que Pedrito terminara de
leer el largo texto que yo hab�a escrito. No hab�a mucha gente en el ciber, pero
yo igual miraba casi constantemente hacia la puerta.


Brindisi: -�De verdad hiciste todo eso?.


Gareca: -Si. Todo pas� tal cual te cont�.


Brindisi: -�C�mo hiciste para saber las fechas de los vagos?.
Yo no me creo el verso del truco de magia.


Gareca: -Cuando me ca� a la pileta, me llevaron a una
habitaci�n en la cual hab�a una computadora. Junto a �sta encontr� un disquete,
que no se por que extra�a idea me guard�. M�s tarde encontr� ah� los datos de
Anal�a y Julio y su futura designaci�n como gerente de la sucursal de C�rdoba.
Lo que en verdad pas� fue que vi mi oportunidad y la aprovech�.


Brindisi: -�Los cagaste!. Les rompiste el culo a cambio de
nada. Con raz�n est�n tan enojados.


Gareca: -�Qui�nes me buscan?.


Brindisi: -En Rojas Karina, el marido y el yerno. Pero se
comenta que los tres primeros matrimonios que te cogiste contrataron a alguien
para matarte.


Gareca: -Bien. Cualquier cosa que sepas me mand�s un mail.


Brindisi: -Cuidate.


Gareca: -Vos tambi�n. Te quiero mucho. Chau.


Brindisi: -Chau.




-17-





Hab�a pasado una semana desde que hab�a hecho contacto con
Pedrito. Ahora era mi�rcoles por la noche, y me encontraba tirado de panza sobre
el techo de una casa. Ten�a junto a mi un fierro que hab�a robado a la tarde de
un taller. Era una protecci�n bastante rudimentaria, pero protecci�n al fin.


El lunes hab�a encontrado un mail en mi correo que dec�a
textualmente lo siguiente: "Ya sabemos tu direcci�n de correo electr�nico. Para
terminar con esta situaci�n llam� al 0247515436378."


Tard� en decidir lo que ten�a que hacer, pero finalmente
llam� al celular desde un tel�fono p�blico.


Me atendi� Julio. Por m�s que trat� de disimularlo, not� un
gran odio en su voz. Le pregunt� que quer�a, y me dijo que ahora estaba por su
cuenta, y que quer�a encamarse conmigo por �ltima vez. Le dije que desconfiaba
de su propuesta y le recrimin� la violaci�n de mi primo.


Me explic� que eso lo hab�a decidido el sector de los duros,
y que hab�a sido para darme un susto. Que �l no estaba de acuerdo, y que si yo
cumpl�a lo que quer�a estaba dispuesto a mentir y decirle a los duros que yo
hab�a logrado salir del pa�s, y que no val�a la pena seguir busc�ndome.


Acept� su propuesta y le pregunt� d�nde pod�amos
encontrarnos.


Eso hab�a sido el lunes. Ahora eran las once de la noche, y
era mi�rcoles. Me asom� apenas y pude ver a alguien que golpeaba la puerta de la
casa de enfrente. Todo pas� muy r�pido. Cuando la puerta se abri�, sali� alguien
y comenz� a hablar con el pibe que hab�a golpeado. Mientras hablaban, una
silueta apareci� detr�s de �l y le puso una bolsa en la cabeza. El pibe qued�
desorientado y trat� de moverse, pero una nueva sombra que hab�a aparecido del
otro lado de la casa le sujet� las manos junto al cuerpo y le impidi� moverse.
El tipo que hab�a abierto la puerta, sac� un palo de atr�s de la puerta y golpe�
al pibe en la cabeza.


Cuando cay� al suelo, el tipo que le hab�a puesto la bolsa en
la cabeza se inclin� sobre �l y pude ver un fogonazo.


Una pistola con silenciador, pens�.


El tipo que lo hab�a atendido, cerr� la puerta con llave y
corri� hacia un auto que estaba estacionado a media cuadra de ah�. Los otros dos
tomaron al pibe de los pies y de las axilas y lo metieron en el ba�l del auto
que hab�a abierto el tercero de ellos.


Vi desaparecer el auto en la oscuridad, y no me cost� mucho
esfuerzo imaginar adonde iban.




-18-




En la estaci�n de servicio compr� una linterna y una petaca
de whisky. Entr� en el ba�o de la terminal y me lav� la cara. Cuando me enderec�
y me mir� en el espejo, no me gust� lo que vi. El fantasma que se reflejaba en
el espejo era demasiado delgado para parecerse a m�.


Destap� la petaca y me la tom� en tres tragos. Una arcada me
dobl� el cuerpo en dos. Tos� y estuve a punto de devolver.


Cuando me recompuse me sub� el cierre de la campera y sal� al
fr�o de la noche. Cruc� la ruta corriendo y baj� por el terrapl�n de tierra que
llevaba a la entrada del basural.


Una vez adentro prend� la linterna y comenc� a buscar.


Media hora despu�s estaba junto al cad�ver del pibe. Le saqu�
la bolsa de la cabeza y cuando lo alumbr� con la linterna pude ver que le hab�an
pegado un tiro en la cabeza.


El d�a anterior le hab�a ofrecido cincuenta pesos para que
estuviera en cierto lugar a las once de la noche. El pibe hab�a cumplido y eso
le hab�a costado la vida. Todav�a ten�a puesta la campera que yo le hab�a dado.
Me agach� y busqu� en sus bolsillos hasta que encontr� los cincuenta pesos. El
pibe ya no iba a necesitarlos.


Julio no hab�a estado entr� los tres tipos, ya que hab�an
confundido al pibe conmigo. Hab�a ganado un poco m�s de tiempo por ahora. S�lo
por ahora.


Regres� al centro en remis y despu�s me sub� a un colectivo.
Sab�a que ellos iban a venir por mi otra vez y no pod�a confiar en sus tratos.
Yo ten�a que estar ocupando el lugar del pibe que estaba en el basural, y me
hab�a salvado por poco.


En realidad lo decid� mientras apoy� la frente contra la
ventanilla y mir� hacia fuera. A partir de ahora no pod�a tener un lugar fijo.
Tendr�a que vivir en la clandestinidad.


Hab�a le�do que Miguel Bonazo hab�a permanecido un a�o y
medio en la clandestinidad. Yo tratar�a de superarlo.



Dieche. 7 de febrero de 2002.
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