Relato: PAGANDO UNA DEUDA DE JUEGO





Relato: PAGANDO UNA DEUDA DE JUEGO

Nada m�s coger el tel�fono percib� en la voz de Pa�l que su llamada
era alarmante. Se le notaba excesivamente alterado. Entre l�grimas y
con expresiones entrecortadas me ped�a que recogiera urgentemente
los papeles que ten�a en su caj�n de la mesilla de nuestro dormitorio,
donde guardamos todos los contratos, facturas y dem�s.
Pero �qu� pasa Pa�l? Me estas poniendo nerviosa � le dec�a yo sin
saber qu� le pod�a ocurrir.
T� tr�elo, cari�o, no te demores, vente al restaurante del pol�gono
con todos los papeles... cuanto antes.
Pero Pa�l, dime algo, no me tengas as�
Estoy en un l�o gordo, amor y necesito eso ya, anda. Ya te lo
explicar� repet�a �l al otro lado del tel�fono con nerviosismo.
Hice lo que me solicitaba, recog� todas las carpetas, las bolsas con
tickets, otras con garant�as y principalmente las que llevaban las
escrituras del piso, tal y como me hab�a recalcado. Lo met� todo en
una peque�a bolsa de deportes y me dirig� a su encuentro a toda
prisa.
No consegu�a entender en qu� tipo de l�o pod�a andar metido pero
supon�a que en todos aquellos papeles hab�a algo que le
solucionar�a esos problemas. Llam� a un taxi y part� urgentemente
hacia el pol�gono. El restaurante que �l me hab�a mencionado estaba
cerrado, aun as�, desped� al taxi y llam� a los cristales de la puerta
persistentemente. No parec�a que hubiese nadie dentro, hasta que
despu�s de insistir varias veces un hombre apareci� en el interior y
acudi� a abrirme. Antes de hacerlo me observ� detenidamente a
trav�s del cristal, repasando con una mirada viciosa todo mi cuerpo,
de mi cabeza a los pies. Con las prisas no hab�a reparado en que
hab�a salido a la calle con mi vestido veraniego, el que solo utilizo en
casa porque me est� demasiado corto, pero a �l pareci� encantarle,
a la vista de su expresi�n y la boca abierta. Siempre he presumido de
piernas bonitas, pero tanto como para ense�arlas hasta el comienzo
de mis braguitas, no precisamente. Me sent� desnuda con su mirada
obscena.
El restaurante est� cerrado, guapa. � me dijo sin apartar la vista de
mi canalillo.
Perdona, soy la mujer de Pa�l � Pa�l Montero. � le rogu�.
Ah, eres t�� vale, pasa, pasa�te est�n esperando adentro.
Me acompa�� hasta la parte posterior del restaurante, justo en la
zona que usan como almac�n donde se estaba celebrando una
timba de p�ker. Todos los tipos estaban enfrascados en la partida,
riendo y vociferando, hasta que notaron mi presencia y se callaron al
un�sono. Volv� a sentirme desnudada, esa vez por varios pares de
ojos. Imagino que una chica joven con un reducid�simo vestido
siempre causa sensaci�n, pero en aquel ambiente creo que todav�a
m�s.
Entre todo aquel rancio almac�n y esos rudos hombres distingu� la
figura de Pa�l, que se acerc� apresuradamente hasta donde yo
estaba.
Cari�o, �lo has tra�do? � me pregunt� nervioso.
S�, pero �Qu� es esto, Pa�l?, �Me vas a explicar?
Calla, y dame la bolsa. � respondi� bruscamente.
Nunca antes Pa�l me hab�a tratado de esa forma, se le ve�a tan
desesperado que no entend�a qu� le hab�a podido llevar a tanta
agitaci�n.
�As� que esta es tu linda mujercita, eh Pa�l?- pregunt� uno de los
jugadores de la partida, un viejo verde que me miraba fijamente y que
parec�a ser el due�o del local.
Se levant� de la mesa de juego dirigi�ndose hasta m�, girando a mi
alrededor. Su forma de mirarme era de lo m�s imp�dica.
Nenita, no vienen muchos bombones como t� por aqu�. �Cu�ntos
a�os tienes peque�a?
Veintitres. � respond� con turbaci�n.
Mmm, , pero si eres una criatura preciosa.
D�jala en paz, Moncho. � le increp� por fin mi marido, aunque sin
mucho af�n, ya que segu�a rebuscando entre los papeles que le
hab�a tra�do.
Oye, no me hab�as dicho que estaba tan buena, vaya con la
palomita. � insisti� aquel tipo que segu�a dando vueltas a mi
alrededor. Al mismo tiempo todos los dem�s t�os segu�an
observ�ndome desde la mesa y fij�ndose en la breve tela del vestido
que me cubr�a y que yo intentaba estirar hacia abajo, todo lo que era
posible. Me sent�a acosada con sus desvergonzadas miradas.
Segu�a sin entender absolutamente nada, intentaba que Pa�l me
defendiera un poco frente a tanto buitre mir�n, pero no parec�a estar
en lo que celebraba, solo se limitaba a buscar revolviendo el interior
de la bolsa con insistencia.
�Has tra�do las escrituras? � me pregunt� con el brillo de las
l�grimas en sus ojos.
S�, cari�o� pero �Me vas a explicar qu� pasa? Me est�s
asustando�
Pa�l me mir� durante unos segundos pero no respondi�, se sent� en
una silla y continu� buscando entre los papeles con la bolsa en su
regazo. El tipo asqueroso que segu�a girando alrededor de mi cuerpo
fue el que habl� a continuaci�n con su boca cerca de mi o�do.
�Quieres que te cuente yo lo que pasa, bomb�n?
Afirm� con un movimiento de cabeza, muerta de miedo en aquel
lugar tan tenebroso e intrigada por descubrir qu� demonios pod�a
estar ocurriendo.
Ver�s, preciosa, tu marido� un mal jugador de p�ker� lo ha
perdido todo en varias partidas. Primero, todo lo que llevaba encima,
despu�s se ha jugado el sueldo del mes� hace rato que perdi� el
coche, le hemos fiado nada menos que 100.000 euros m�s y ahora
quiere recuperarse de todo apostando con la garant�a de las
escrituras de vuestro pisito. Eso es lo que pasa, nenita.
�C�mo? � respond� alarmada dirigiendo mi mirada hacia Pa�l para
que me confirmara tal disparate.
Volvi� a callar enfrascado en encontrar los papeles como si no
hubiera o�do nada en absoluto.
Pa�l, dime: �Es cierto eso? � volv� a preguntarle acerc�ndome hasta
�l y agarr�ndole del brazo para que me hiciera caso de una vez por
todas.
S�
�S�, Qu�?
Es cierto cari�o� pero no te alteres, ahora me va a venir una racha
de suerte, lo presiento, ya lo ver�s. T� tranquila.
Pero, pero� �Est�s loco Pa�l? �Te vas a jugar nuestro piso? De
ning�n modo voy a permitir eso� - contest� totalmente enfurecida y
arrebat�ndole la bolsa con todos los papeles y tirando igualmente de
�l para que me acompa�ara a la salida de ese antro.
Me dirig� hacia la puerta con la bolsa y tirando de la mano de mi
marido, totalmente ido, con la intenci�n de abandonar aquel
asqueroso lugar, pero el tipo que me hab�a acompa�ado al principio
me detuvo por orden del viejo llamado Moncho que interven�a como
jefe de todo aquel tinglado.
No tan deprisa, preciosidad. � a�adi� ese hombre � t� podr�s
largarte si quieres, pero tu maridito nos debe 100 verdes y los
papeles del coche, as� que �l, de momento� se queda hasta saldar
la deuda.
Pues s� �l se queda, yo tambi�n. � respond� firmemente - A lo que no
estoy dispuesta es a que se juegue las escrituras de nuestro piso, de
ninguna manera.
El tipo, bastante gordo, con manchas de restos de comida sobre su
camisa, de indefinible color, barba mal afeitada y un aspecto sucio,
me observaba con lascivia, enfrascado en mi corto vestido que
expon�a mis piernas hasta buena porci�n de mis muslos, por no
hablar de mi escote, que en tan reducida prenda parec�a abultar aun
m�s mi pecho.
�l ya lo ha decidido por los dos� - a�adi� el viejo.
Pues �l habr� dicho lo que quiera, pero el piso est� a nombre de
ambos y no permitir� entregarles nada a ustedes. � contest� airada
mirando a mi esposo, totalmente consternado, sin saber defenderse.
�Ah no? Y dime, mu�eca, �c�mo est�s dispuesta a saldar la deuda?
� eso �ltimo lo dijo observando mis piernas y mi escote con cara de
cerdo.
Pues no s�, habr� alguna forma de hacerlo legalmente, supongo�
pidiendo un pr�stamo, no s�
Jajaja� Hay una cosa que no entiendes, preciosa. Nosotros no
hablamos de legalidades, expl�caselo t�, Pa�l.
Mi marido levant�ndose de inmediato me llev� a un lugar apartado de
aquella sala y entre susurros me describi� sorprendentemente el l�o
que se tra�a entre manos con aquella gente. Llevaba, seg�n dec�a,
bastante tiempo jugando con ellos y hab�a conseguido ganar algo de
pasta jugando al p�ker, pero en las �ltimas semanas todo se le hab�a
complicado y a pesar de ello insist�a en estar convencido de un
cambio en su mala racha. Lo que me dej� m�s que clarito es que con
aquella gente no se jugaba y que no pod�amos ir a reclamar a ning�n
lado, ni hablar de futuros apa�os o arreglos mutuos, que ten�amos
que pagar inmediatamente o �l no saldr�a de all�, eran definitivamente
un grupo de mafiosos que reclamar�an a toda costa la deuda y no por
cauces precisamente legales.
Reconozco que me qued� bloqueada, aquello me impresion� tanto
que no fui capaz de llorar, ni de gritar, ni de salir corriendo en busca
de la polic�a, de un juez, de algo racional entre todo aquel infierno en
el que me ve�a metida tan repentinamente� pero s� entend�a
perfectamente que no hab�a posibilidad ninguna de cambiar las
cosas. Intentaba pensar, pero no lo consegu�a, parec�a estar viviendo
un sue�o� o una pesadilla, m�s bien.
Cari�o� d�jame jugar una baza m�s, ver�s c�mo me voy
recuperando. � volvi� a insistirme Pa�l reclamando la bolsa con las
escrituras.
Pero, �No te parece bastante lo que has perdido ya?, �Tu sueldo del
mes, el coche, 100.000 euros m�s? Y ahora �Quieres perder
tambi�n nuestra casa?
No, querida, dame esta oportunidad. Las escrituras son mi aval, pero
lo voy a recuperar todo, ya lo ver�s.
No, del piso olv�date. Haremos otra cosa. � le contest� y me dirig�
directamente al hombre que llevaba la voz cantante que por cierto
continuaba mir�ndome con esa cara de puerco en el centro de ese
inmundo almac�n.
Dime mu�eca. �Qu� podemos hacer?� contest� el jefe del clan.
Pues quiero que mi marido recupere todo lo perdido pero no con las
escrituras, sino con esta pulsera.
Levant� la mano para que observaran mi pulsera de pedida. Era de
oro con incrustaciones de brillantes, que le hab�a costado a Pa�l toda
una fortuna el d�a que me pidi� en matrimonio.
Vaya, muy bonita � contest� el gordo seboso � �As� que quieres
apostar la pulsera?
�No! � contest� Pa�l, sabiendo que aparte del precio material de
aquella joya, ten�a un gran valor sentimental para los dos.
Creo que no tenemos m�s opciones cari�o y desde luego no me voy
a jugar el piso� - dije increp�ndole.
Moncho cogi� mi mu�eca observando con detenimiento la pulsera.
Creo que evaluaba su valor y sonriendo acept� finalmente mi nueva
garant�a.
Est� bien, preciosa� No quiero que pienses que no soy un caballero.
Har� una excepci�n y porque aprecio a tu esposo. Acepto tu pulsera
como aval, pero evidentemente no podr� cubrir toda la apuesta, eso
ser�a demasiado. Con ella pagar�as� no s�, haci�ndote un gran
favor, el sueldo que se jug� tu maridito. � a continuaci�n bes� mi
mano.
Pero� �Qu� dice? Esta pulsera cuesta much�simo m�s � contest�
retirando mi mano de su sucia boca y reclamando su verdadero valor.
S�, es posible, que valga m�s, pero para m� est� usada. Y a m�,
nenita, no me gustan las cosas usadas.
Tras pensarlo durante unos segundos y ante nuestra complicada
situaci�n acept� a rega�adientes que se jugara la pulsera contra el
sueldo del mes que hab�a perdido aquella noche, confiando en lo que
Pa�l me acababa de pronosticar minutos antes y que de una vez por
todas se acabar�a su mala racha recuperando todo poco a poco. Los
cinco hombres se sentaron alrededor de aquel tapete verde y aunque
me invitaron a hacerlo a m� tambi�n prefer� continuar en pie, al lado
de mi marido intentando darle todo tipo de suerte apoyando mi mano
sobre su hombro.
Por suerte, la partida fue buena para Pa�l, y pudimos recuperar el
tal�n con el sueldo del mes que se hab�a apostado anteriormente. Se
levant� y nos dimos un abrazo� En ese momento deber�a estar
d�ndole mil bofetadas y maldici�ndole por haber llegado a ese punto,
sin embargo, me contagi� de su alegr�a e intent� centrarme en
recuperar todas las dem�s cosas que aquellos tipos quer�an
arrebatarnos sin remisi�n.
Pa�l recogi� el tal�n de la mesa y con su mano acarici� mi mu�eca y
de paso tambi�n la pulsera que casi estuvimos a punto de perder. En
la siguiente jugada intent� apostar el tal�n nuevamente contra las
llaves del coche, pero a Moncho y al resto de jugadores no les
parec�a suficiente como garant�a, de modo que tambi�n puse la
pulsera sobre el tal�n a pesar de que Pa�l insistiera en lo contrario.
La fatalidad nos acompa�� en esa segunda jugada perdiendo de
golpe el tal�n y la pulsera, que recogi� r�pidamente Moncho entre
risotadas que en ese momento sonaban indecentes... despreciables
para mis o�dos. Con las manos apretadas quer�a gritar de rabia,
insultarles a todos, incluyendo a mi marido, pero solo una l�grima de
impotencia era la que recorr�a mi mejilla y una desaz�n interior que
me recom�a por dentro.
Creo parejita, que hoy no es vuestro d�a, me temo que vais a tener
que poner las escrituras sobre la mesa si quer�is recuperarlo todo,
jajaja.
�No! � grit� apoy�ndome sobre la mesa desafiando la mirada de
Moncho � No me vais a quitar el piso, �Entiendes?
Tranquila, mu�eca, no te alteres, que os dejar� vivir en �l, por un
m�dico precio, jajajaja�
Pa�l y yo nos mir�bamos sin saber qu� hacer, sab�amos que no
ten�amos ninguna alternativa y esa era nuestra �nica oportunidad,
que no dispon�amos de m�s propiedades, de m�s garant�as con las
que apostar� Mi marido resignado sac� las escrituras de la bolsa
dispuesto a ponerlas sobre la mesa de juego. Todo me daba vueltas,
no cre�a estar viendo como el piso de nuestra vida se escapaba de
esa manera tan sencilla de nuestras manos, ten�a que haber algo
para detener aquello.
Un momento, por favor. � dije deteni�ndolo � Quisiera una segunda
oportunidad para intentar recuperar mi pulsera y el tal�n.
�Ah s�? �Y contra qu�? No os queda nada. � a�adi� Moncho sin
despegar su sucia sonrisa de la cara.
�Y si me desnudo? � a�ad� de sopet�n.
Pa�l me mir� con los ojos asustados, no comprend�a mi extra�o
comportamiento.
�C�mo es eso, preciosa? � pregunt� con curiosidad el viejo verde
echando un repaso por todo mi cuerpo.
Pues que si ganamos, recupero mi pulsera y el tal�n. Si perdemos
me desnudo delante de ustedes. � afirm� as� de categ�rica.
Suena bien� pero no s� No te ofendas, veo que con ropa, tu
cuerpo es una maravilla y sin ella imagino que m�s, pero ver una
mujer desnuda no vale tanto, creo yo, por muy buena que est� y t�
desde luego lo est�s.
D�jeme al menos hacerlo por la pulsera. Es muy importante para m�
� fue mi reclamaci�n desesperada.
Est� bien nenita, tendr�s una segunda oportunidad. Trato hecho.
Creo que merecer� la pena esa visi�n. Si pierdes te quedar�s en
pelotas delante de todos durante el resto de la partida �No, chicos? �
dijo esto refiri�ndose al resto de jugadores que poco voto ten�an, la
verdad, pues all� quien decid�a todo era Moncho, pero no dudaron en
asentir sonrientes y complacidos.
Mi marido no estaba dispuesto a que diera ese paso, pero le insist�
aduciendo que �l mismo me hab�a convencido de jugar su mejor
baza, que se lo ped�a por lo que m�s quer�a, que en el peor de los
casos solo iba a mostrarles mi cuerpo desnudo y nada m�s.
Comprendi� que no ten�amos m�s alternativas y convencido de
ganar, confiaba en su suerte y que mi cuerpo era uno de los mejores
avales.
De un tiempo a esta parte, Pa�l ya no me prestaba la atenci�n de un
a�o atr�s, justo cuando hab�amos decidido casarnos con tanta
precipitaci�n totalmente enamorados con tan solo veinte a�os cada
uno. Por m�s que yo manten�a mi bonita figura, �l parec�a distante
conmigo. Me compraba prendas atrevidas, lencer�a de lo m�s
sugerente que la mayor�a de las veces pasaba desapercibida para �l.
El hecho de pensar que en ese momento un grupo de hombres ten�a
posibilidades de ver mi cuerpo desnudo me resultaba raramente
atrayente, aunque la situaci�n no lo fuera tanto, pero sentirme
deseada por todos ellos era algo que me faltaba por parte de Pa�l y
la verdad no comprend�a su falta de inter�s en m�, sabiendo que
provocaba tanto al resto de los hombres. En el terreno sexual
tampoco deber�a sentirse desatendido, pues soy una mujer ardiente y
activa en la cama, entregada a todas sus peticiones� o casi todas,
pues solo me negu� a una: el sexo anal. Por lo dem�s, ten�a mi
cuerpo por entero para �l. Y yo adem�s intentaba complacerle en
todo lo posible�
El juego continu� en aquella mesa, complic�ndose una vez m�s. La
mala fortuna se present� de nuevo ante nosotros perdiendo esa
mano, incluso llevando buenas cartas, ante una banda de canallas
que se relam�an. El gordo nos observaba y se re�a viviendo nuestra
situaci�n m�s bochornosa.
Adelante bonita, queremos ver ese tentador cuerpo desnudo. �
a�adi� Moncho invit�ndome a quitarme toda la ropa.
Incapaz de mirarles a los ojos, totalmente avergonzada y con los
m�os llenos de l�grimas, me desaboton� el vestido y me lo quit�
dej�ndolo sobre una silla vac�a. Al levantar la mirada todos, excepto
Pa�l que hund�a su cabeza entre sus manos, me observaban con
lujuria. Lo percib�a en sus miradas imp�dicas. En ese momento
volv�an a mi mente los momentos de un a�o atr�s con Pa�l, cuando
se volv�a loco cada vez que me desnudaba en su presencia, de la
misma forma que estaba haciendo ahora para mis cuatro
espectadores hambrientos de carne fresca. Mi conjunto de lencer�a
que tan a prop�sito me hab�a puesto en exclusiva para mi marido,
era un reducido tanga de color burdeos con el sujetador diminuto a
juego.
Aparte de mi verg�enza, las miradas de admiraci�n y unos piropos
subidos de tono pronunciados por ese conjunto de hombres salidos
me alentaba para quitarme la ropa con cierta sensualidad y as� lo
hice despoj�ndome en primer lugar del peque�o sost�n exponiendo
mis tetas orgullosamente, pensando al mismo tiempo de qu� otra
manera podr�amos salir de todo aquel embrollo sin tener que perder
nuestra vivienda.
No tengo un pecho excesivamente grande, pero si lo suficiente y bien
puesto para que el guarro de Moncho lo hiciera p�blico.
�Preciosas tetas, nena!
Casi como una aut�mata y ruborizada me deshice de mi tanga, que
se ajustaba pegado a mi piel cubriendo ligeramente mi sexo abultado
y col�ndose entre mis gl�teos por detr�s en una reducida tira de tela.
Lo hab�a escogido con todo el cari�o, especialmente para mi esposo
y poco a poco desaparec�a entre mis muslos, ante las observaciones
m�s pormenorizadas de ese p�blico improvisado, hasta quedarme
�ntegramente desnuda. Sin ser excesivamente alta, mi juventud y mi
figura se conservan en su plenitud, con mi piel morena, bien
depilada, mi vientre plano y mi sexo arreglado, con el vello de mi
pubis ligeramente recortado y depilado a la altura de mis ingles. Sin
duda, que ante aquellas sucias miradas, deb�a ser todo un reclamo
sexual.
Joder, s� que est�s buena � afirm� Moncho relami�ndose.
Intentaba juntar mis piernas y cruzar mis brazos abrigando mi
desnudez ante aquellas miradas que disfrutaban de mi pecho
desnudo y de mi sexo. Por otro lado algo me empujaba a lucir esa
desnudez ante todos ellos a modo de demostraci�n a Pa�l, para que
viera c�mo era una deseable carne apetecible para esos tipos
hambrientos a pesar de que �l no me prestara casi atenci�n. Mi
juventud, la tersura de mis tetas y mi culo resping�n, provocaron
distintos tipos de alabanzas por parte de la concurrencia y palabras
que me hac�an sentirme aun m�s deseada.
No s� por cu�nto tiempo permanec� en medio de aquella habitaci�n
siendo observada con detenimiento por aquellos hombres, pero no
dejaba de pensar que no ten�amos m�s posibilidades� ya que todo
parec�a haberse acabado. Aparte de lo ya perdido, deb�amos m�s de
100.000 euros y solo cont�bamos con la garant�a del piso, aquello
que no quise perder desde el principio. Mir� a Pa�l, que segu�a
descorazonado incapaz de ver mi cuerpo desnudo, ese que tanto
hab�a admirado.
Le arrebat� las escrituras de la mano y las puse sobre el tapete.
Las escrituras como garant�a para todo lo que hemos perdido. � dije
mientras todos segu�an mir�ndome detenidamente sin apartar la vista
de mis curvas.
Era nuestra �ltima oportunidad, la �nica en la que perder�amos todo
en una noche: Nuestras pertenencias, nuestros ahorros, nuestra casa
y nuestra dignidad.
Yo permanec� desnuda, junto a mi esposo mientras Moncho repart�a
las cartas casi sin poder apartar la vista de m�. Pa�l apenas pod�a
sostener sus cartas entre los dedos temblorosos, nunca le hab�a visto
tan mal. Yo deb�a estar igual, pero aun cre�a en los milagros y
pensaba en cualquier resquicio de salvaci�n.
Cre� morirme cuando volvimos a perder en esa nueva jugada� lo
estaba viendo y no lo pod�a creer, todo se nos ca�a encima.
Bien, chicos, ha sido todo un placer jugar con vosotros, jajaja� ahora
nos firm�is un contrato de compraventa y os pod�is ir a casa� ah
bueno, a mi casa, jajaja� - a�adi� el vil mafioso que nos hab�a
extorsionado de forma tan despectiva y cruel.
Nunca he sido rencorosa, ni mucho menos conoc�a la palabra odio,
pero si en ese momento hubiera tenido una pistola en mi mano, estoy
convencida de que habr�a disparado contra aquel tipo hasta vaciar el
cargador, sin inmutarme. A pesar de todo, no ten�a fuerzas ni para
insultarle, solo ve�a desaparecer de entre mis manos mis bienes m�s
preciados.
Ah, por cierto preciosa, ha sido un placer poder contemplar ese
bonito cuerpo desnudo. No creas que no ha servido para nada, nos
has hecho pasar un momento inolvidable. � dijo cuando me dispon�a
a recoger mi vestido.
No recuerdo el tiempo que hab�a pasado desde que Pa�l me dec�a
cosas as� Los hombres me miraban por la calle, me piropeaban
constantemente, ahora, una panda de cerdos se relam�an con mi
cuerpo y de alg�n modo me devolv�an la autoestima haci�ndome
sentir muy halagada y ciertamente excitada a pesar de la surrealista
situaci�n.
Pa�l no reaccionaba, ni tan siquiera me miraba� mientras los dem�s
no dejaban de comerme con los ojos. Mir� hacia el techo, queriendo
buscar fuerzas de donde fuera, pero no ve�a claro de d�nde. Me
sent�a perdida, utilizada, traicionada� Necesitaba buscar una salida
a nuestra ruina. Toda aquella locura, no podr�a llevar m�s que a la
desesperaci�n. Por eso cre� encontrar una salida: Sabiendo que
hablaba con un jugador empedernido, me tir� el �ltimo farol� un
�rdago como la copa de un pino. Me puse frente a �l con las manos
en las caderas y le desafi�:
Estoy dispuesta a ofrecerle mi cuerpo si podemos recuperar todo lo
perdido.
Se hizo un silencio sepulcral en aquel inmundo almac�n, sin que
nadie dejase de mirarme extra�ado, Pa�l el primero, como si no me
conociera. El pobrecillo no se pod�a creer lo que o�a y mir�ndome
intentaba buscar en mis ojos un atisbo de cordura.
�Qu� est�s diciendo cari�o? � pregunt� al fin mi esposo.
Lo que has o�do, Pa�l �- le respond� con rotundidad - En este
momento no nos queda nada. Lo hemos perdido todo�
absolutamente todo, hasta la verg�enza y todo ello gracias a ti. �Te
das cuenta? Ahora deja que yo intente salvar lo poco que nos queda.
Pa�l volvi� a sentirse humillado, golpeado en su orgullo por mis
palabras, m�s en ese momento por saberse perdedor de todo y
ahora tambi�n del sexo exclusivo de su mujer.
Es una buena oferta, preciosa � apunt� entonces Moncho � porque
no niego que follar contigo debe ser una aut�ntica maravilla,
imaginando que tu precioso co�o sabr� adaptarse a las
circunstancias, teniendo en cuenta que es uno de tus bienes m�s
valiosos, sin embargo, como sabes no me gustan las cosas usadas�
y tu chochito ya lo est�
Ni siquiera esa �ltima apuesta que yo le ofrec�a a la desesperada
parec�a satisfacerle del todo. El muy canalla no se conformaba con
nada, ni aunque nos rebaj�ramos aun m�s.
- De todos modos, mu�eca, hay otra cosa que puede estar sin
estrenar y me puede servir.
- �El qu�? � pregunt� confundida.
- Tu culito, evidentemente� �Lo tienes virgen todav�a?
- �Noooo! � grit� Pa�l, intentando detener aquella barbaridad
que me propon�a el sucio y bastardo mafioso.
Guard� silencio, permanec� mirando a ese hombre fijamente, con
total descaro, sin que me importara permanecer desnuda ante su
sucia mirada cargada de desprecio y arrogancia. Intentaba recopilar y
reorganizar todas las ideas en mi mente, pero desde luego no
contaba con la de tener que ceder la parte m�s sagrada: Mi culo.
Pens� en las veces que Pa�l me lo ped�a y las mismas que siempre
se lo hab�a negado, temerosa de que me hiciera da�o, de algo que
me empujaba a no regal�rselo como merec�a, con todo mi amor, pero
siempre desechaba esa opci�n, me horrorizaba y ahora me
arrepent�a a todas luces de no haberlo hecho. Pero en ese momento,
�Qu� otra alternativa ten�a?
S�, soy virgen por ah�. � contest� totalmente hundida, pero intentando
disimular mis miedos, mis odios, mis abatimientos�
Vaya, que interesante� Podemos hacer negocio, entonces. Estoy
dispuesto a hacer el intercambio. Tu culo virgen para m� a cambio de
toda la deuda. Sin juegos ni trampas �Estar�as dispuesta?
�Contra toda la deuda?
S�preciosa.
Estoy de acuerdo, entonces.
Parec�a que ni �l se lo cre�a y el pobre de Pa�l me miraba suplicante,
con sus ojos llorosos y casi en un grito inaudible me dec�a "No"
totalmente avergonzado, postrado a mis pies, pidiendo clemencia.
Pa�l � No tenemos nada y esto es solo sexo. La decisi�n la tomo
yo, del mismo modo que t� tomaste la tuya, llegando a esta situaci�n.
Te pido que no lo pongas m�s dif�cil, por favor. Alg�n d�a me
agradecer�s que te sacara de este l�o� mejor dicho, que ambos
sali�ramos de este l�o.
Se sent� en una de las sillas con aspecto mareado y se ech� las
manos a la cabeza, pues sabe que cuando tomo una decisi�n, es
irrevocable.
Bien, si todos estamos de acuerdo, pongamos las condiciones. �
sentenci� Moncho con aquella est�pida sonrisa en sus labios.
Adelante. � dije con mis brazos en cruz de forma retadora y chulesca.
Tienes una mujer valiente y decidida. Te felicito.
El jefe de la banda mafiosa se dirig�a a Pa�l, pero este continuaba
derrotado, mirando al suelo, con su cabeza entre las manos
Ser� un placer estrenar ese culito virgen �a�ad�a Moncho-. Las
condiciones entonces son, que sin jugada de por medio,yo os
devuelvo las llaves del coche, los 100.000 euros, el ta�n, la pulsera y
las escrituras del piso. A cambio, sobre esta misma mesa yo estreno
tu precioso culo. �Estamos de acuerdo?
S� - respond� con decisi�n.
Hay un pero� solo yo disfrutar� de tu virginidad, eso est� claro. As�
que despu�s de m�, tendr�s que ceder tu perfecto trasero a los otros
tres jugadores. No ser� virgen, pero al menos tendr�n su buena parte
de recompensa. No se ven culos as� todos los d�as �Sigues
dispuesta entonces?
Me parece justo.
Esto �ltimo lo dije d�ndome cuenta que la situaci�n no me estaba
incomodando tanto como yo pensaba en un principio. Si bien,
sentirme empalada por semejante cerdo y sus compinches era la
cosa m�s repugnante del mundo, mi sexo parec�a pensar lo contrario
y estaba empezando a humedecerse con la sensaci�n de imaginar la
situaci�n de verme sometida, de ser casi violada por aquellos
asquerosos tipos. Cuantas veces hab�a tenido esa fantas�a, sentirme
entregada a unos desconocidos, a cuatro hombres sedientos de mi
cuerpo. Provocar esa sensaci�n era excitante para mi incontrolable
mente. Estrech� la mano del despreciable ser que iba a desvirgar mi
orificio posterior sin intentar pensar en las consecuencias, porque si
le daba m�s vueltas, estaba segura de querer arrepentirme.
Pa�l se agarraba arrodillado a mis piernas en un �ltimo intento por
pedir algo de juicio por mi parte.
No por favor, no lo hagas� por Dios� no me hagas pasar por esto.
� repet�a lloroso.
�Pasar por esto? � Pensaba yo - Resultaba hasta gracioso
escucharle decir eso, siendo yo, la �nica que iba a pasar por el duro
trance de poner mi culo en prenda. Ni siquiera me atrev� a
contestarle, me limit� a acariciar con cari�o su pelo, pues los dos nos
encontr�bamos en la encrucijada, intent� pensar que ese era el
precio que tendr�amos que pagar los dos: Yo, el ser sodomizada por
cuatro cerdos y �l� contemplarlo.
El viejo verde se fue despojando de la ropa, hasta quedar desnudo,
ofreciendo una imagen todav�a m�s desagradable que incluso
vestido. Su cuerpo amorfo y gordo, se mostraba repulsivo, velludo,
sudoroso y con una enorme barriga. Su miembro se ergu�a vigoroso,
sediento de alojarse en mi estrecho agujero. No s� de qu� manera
pero al mirar hacia mis pezones not� que estos estaban duros.
Prefer� no pensar en que aquella situaci�n me estuviera gustando,
sin embargo, era evidente que no parec�a desagradarme del todo.
Bien preciosa, ponte sobre la mesa boca abajo y deja tu culo en el
borde. � me orden� Moncho.
No quise pensarlo durante m�s tiempo, de modo que pegu� mi pubis
contra el borde del tapete y apoy� todo mi cuerpo y mis tetas
aplastadas contra la mesa en la que tanto nos hab�amos jugado.
Imaginaba que mi culo en pompa deb�a estar expuesto al completo
ante aquellos tipos y esa sensaci�n provocaba que mi sexo palpitara,
sinti�ndome observada y mi cuerpo enteramente codiciado,
entregado a sus sucios placeres y �Acaso a los m�os?
R�pidamente not� entre mis gl�teos los dedazos de Moncho que
intentaba separar los cachetes para abrirse paso e ir allanando el
terreno cercano a mi esf�nter. Esos dedos hurgando mi perineo y
rozando el final de mis labios vaginales me estaban provocando un
gusto interno, absolutamente incontrolable.
Nena, ponte los tacones, porque me quedas algo baja. � dijo sin
dejar de sobar mi trasero, la parte interna de mis muslos y mi rajita
que segu�a emanando fluidos.
Acat� su nueva orden. Me calc� los zancos y volv� a ponerme en
posici�n, hecha una "ele" tumbada boca abajo contra la mesa y
agarr�ndome al borde del otro extremo. Enfrente de m� estaba Pa�l
sentado en una silla mirando al suelo, incapaz de ver lo que se
avecinaba.
Ch�pame los dedos, preciosa, lubriqu�monos. � a�adi� el viejo
acercando su mano hasta mi boca.
Sin darme tiempo a rebatir, los dedos gordezuelos de ese
esp�cimen, se introdujeron entre mis labios hasta quedar fuera tan
solo sus nudillos. Pensaba para m�, que el dolor podr�a ser
insoportable sino se los chupaba, de modo que tambi�n acced�.
Saqu� toda la saliva que pude y la esparc� con mi lengua por esos
dedos. Me sent�a sucia de hacerlo, pero m�s teniendo a mi marido
delante, me sent�a como una vulgar puta.
No pod�a verlo pero parec�a que Moncho se untaba aquella saliva
sobre su verga y a continuaci�n en la entrada de mi esf�nter que se
abri� paso con cierta dificultad a uno de sus pulgares que pronto
estuvo insertado casi en su totalidad. Di un peque�o grito al verme
invadida de esa forma tan repentina. No dol�a pero era del todo
inc�modo.
Que estrecho, bonita, me vas a hacer ver las estrellas. Ver�s que
bien que lo pasamos, princesita � a�ad�a el gordo seboso � Y tu
maridito se ha perdido este divino culo que yo voy a perforar ahora,
no me lo puedo creer. Pa�l, �C�mo has dejado escapar semejante
preciosidad?
Met�a y sacaba su dedazo de mi ano, al tiempo que soltaba risotadas
nerviosas. Mi esf�nter poco a poco se relajaba. Los dem�s
disfrutaban de la escena y alguno hab�a sacado su polla para
masturbarse ante aquel show. Aquella situaci�n tan extra�a,
estimulaba mis m�s oscuros sentimientos encontrados, por un lado la
repulsi�n y por otro el hechizo de una fantas�a incumplida.
Nena, creo que debes relajarte sino quieres que te haga da�o. �
volvi� a insistir el cerdo, introduciendo otro dedo.
Mi respiraci�n iba en aumento, me sent�a tensa al notar como un
segundo dedo quer�a hacerse paso, estaba aterrada y gimoteaba
entre miedo y una sensaci�n de placer extra�a.
�Ves como te gusta? Creo que con esta estrechez me vas a dejar
bien seco, bonita. Aunque no s� si lo que m�s me gusta es romperte
el culo o hacerlo delante del cornudo de tu marido� jajaja�
Tendr�a que gritar, solo por o�rle decir aquello, sin embargo a m� me
estaba pasando algo parecido, me sent�a feliz de cumplir una de mis
fantas�as m�s so�adas, ser sometida por un ser despreciable y el
morbo de que mi marido estuviera presente, tan cerca de m�.
Record� los momentos en los que Pa�l y yo �ramos novios, aquellos
en los que nos conocimos, cuando �ramos tan felices y ahora la cosa
estaba siendo bien distinta, ni siquiera nuestros encuentros sexuales
llegaban a nada, en un polvo r�pido de fin de semana. Y creo que
hac�a tiempo que no me sent�a excitada, pues casi ten�a que fingir
mis orgasmos, medio apagados con �l. Ahora un tipo asqueroso, al
que no hubiera ni mirado a la cara en otra situaci�n, estaba hurgando
mi sexo y mi ano con sus torpes y calientes dedos,
proporcion�ndome un placer desconocido.
De pronto not� como la cabeza del miembro de Moncho intentaba
adentrarse en mi culo lentamente. Me agarr� con fuerza al borde de
la mesa, arrugando el tapete verde entre mis dedos. Segu� pensando
en los encuentros con Pa�l, nuestros besos, nuestras caricias,
nuestras sesiones de sexo en la playa� intentando sacar de
aquellas veces la comparaci�n con una que ahora deb�a ser
ultrajante, hasta que aquel corpulento hombre me penetr� con fuerza,
empal�ndome con su grueso pene al completo.
�Ahhh!- Grit� con todas mis fuerzas al mismo tiempo que Moncho
comenzaba a bombearme con toda su verga en el interior de mi
inexplorado orificio.
Abr� los ojos y pod�a ver entre l�grimas la cara de asombro de Pa�l,
viendo la m�a, sufriendo ante aquella intromisi�n de mi parte m�s
sagrada, la que nunca tuvo �l ocasi�n de probar, a pesar de
rog�rmelo en tantas ocasiones.
Que apretadito nena, como me gusta, eres una maravilla. Expr�meme
fuerte, preciosa� - segu�a diciendo aquel hombre, mientras yo no
dejaba de emitir lamentos y gritos ahogados. Me estaba gustando
demasiado y quer�a a toda costa convertir mis gemidos en lamentos.
Ese hombre me estaba sodomizando, me estaba humillando delante
de todos� delante de mi marido� pero los m�sculos de mi esf�nter
quer�an agarrarse desesperadamente a la carne que invad�a mi
interior, abraz�ndolo� el placer superaba al dolor y a medida que
aquella verga se met�a m�s y m�s adentro de mi culo, m�s me
gustaba, hasta que cerrando los ojos, intent� reprimir un orgasmo
que me invadi� por completo, haci�ndome estremecer de placer. Abr�
los ojos viendo como Pa�l me miraba extra�ado, viendo como me
estaba corriendo mientras aquel viejo gordo me estaba follando el
culo impunemente. Dirig� la mirada hacia su pantal�n y note que
estaba teniendo una erecci�n, estaba excit�ndose viendo como se
follaban a su mujer, como le part�an el culo sin remisi�n, en una
sensaci�n seguramente incontrolada como el propio orgasmo que yo
estaba viviendo tan gustosamente.
Moncho resopl� como un caballo desbocado y en pocos minutos se
corri� en el interior de mi culo, percibiendo el calor de su semen
inund�ndome los intestinos. Respir� ciertamente cuando detuvo sus
embestidas, pero sent� incluso cierto dolor, cierto desasosiego
cuando hubo extra�do su miembro de mi oprimido agujero. Cerr� los
ojos intentando reponerme, pero dur� poco tiempo� pues una
segunda polla se estaba abriendo paso en mi culo para seguir
embisti�ndome, para seguir castigando mi dolorido ano y al tiempo
enardecer todos y cada uno de los poros de mi piel, abordando
placeres internos que desconoc�a por completo. No pod�a creer que
algo tan delicioso pudiera estar ocurri�ndome en una situaci�n as� de
dram�tica. Volv� a correrme una vez m�s cuando aquella nueva polla
inundaba de semen mi culo y se desbordaba cayendo por mis
temblorosos muslos.
Prefer� no mirar hacia atr�s para saber qui�n era el que me estaba
penetrando, prefer�a dejar pasar el tiempo lo m�s r�pidamente
posible, avergonzada de m� misma, de no querer reconocerme en
algo que deber�a resultarme repugnante y no estar viviendo uno de
mis mayores placeres� el mejor de mi vida, posiblemente. Intent�
concentrarme en otra cosa y pasar el trago de mi atormentada mente
de la mejor manera posible. Pero cuando un cuerpo lujurioso se
ausentaba de mi espalda, volv�a a so�ar con otro, lo anhelaba. Por
alg�n momento me olvid� de Pa�l y de c�mo ser�a nuestro futuro a
partir de entonces, a saber si nos podr�amos perdonar mutuamente
todo� seguramente nuestro amor y el tiempo cicatrizar�an las
heridas.
Intent� ahogar nuevamente el placer y hund� mi cabeza contra el
tapete verde cuando el �ltimo jugador me foll� el culo como un bestia
y me adentr� en un nuevo orgasmo que me hizo temblar, que me
hizo estremecerme hasta lo ins�lito. Todo mi cuerpo se transformaba,
se produc�an cascadas de placer que nunca antes hab�a recibido.
No s� muy bien si perd� el conocimiento tras ese instante o el
cansancio me dej� dormida despu�s de tanto dolor, tantas
sensaciones, tanta locura. Cuando abr� los ojos, me encontr� a Pa�l
frente a m�, visti�ndome y esbozando un amago de sonrisa,
intentando borrar nuestro padecimiento en algo que sab�amos hab�a
sucedido para salvar nuestro patrimonio, pero que nunca podr�amos
olvidar� y al mismo tiempo nos pregunt�bamos si salvar�a nuestro
matrimonio.
Hoy no me arrepiento de que aquellos cuatro cerdos me desvirgaran
el culo delante de mi marido� estoy m�s arrepentida de que aquello
me hubiera gustado tanto y no estoy segura del todo, nunca se lo
pregunt�, pero creo que a Pa�l tambi�n le gust�
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Relato: PAGANDO UNA DEUDA DE JUEGO
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