Relato: Mariela (IV: La entrega) Si hasta ese d�a Camila hab�a sido cari�osa conmigo, a partir
de aquella noche se convirti� en una verdadera pesadilla. Dondequiera que
estuviese yo, ah� aparec�a ella. Se me sentaba en las piernas, me besaba en las
mejillas con m�s pasi�n que cari�o, entraba al cuarto sin avisar, me ped�a la
toalla que hab�a dejado olvidada cuando se estaba ba�ando, y para colmo sal�a
completamente de detr�s de la cortina para tomarla, mostr�ndome su hermoso
cuerpo desnudo.
La situaci�n era sumamente tensa para m�, ya que nunca la
hab�a mirado de otra forma que no fuese como un padre mira a una hija. Y volv� a
a�orar mis d�as de libertad. Mariela lo not� enseguida y me pregunt� que me
pasaba. No pude mentirle, le cont� todo lo que suced�a con Camila, sus acosos,
sus aparentes descuidos, todo. Pero Mariela de dej� boquiabierto con su
respuesta. "No le hagas mucho caso", me dijo, "seguro que la ni�a ha descubierto
la sexualidad, imag�nate, ver de pronto, por primera vez en la vida, una polla
parada, y para colmo, una como la tuya, debe haberla dejado medio loca", y
continu� para mi asombro, "si yo, que la conozco, me vuelvo loca cada d�a,
imag�nate ella, que no hab�a visto ninguna. Adem�s, ya ella y yo hab�amos
conversado sobre el tema, y ella me hab�a pedido ayuda, �no la ayudar�as t�, si
yo te lo pidiese?"
Aquellas palabras me dejaron sin habla, pero para no crear un
problema, prefer� callar. Lo �ltimo que quer�a en mi vida era un problema con
una menor, y menos si era la hija de mi mujer. Pero, por otro lado, la respuesta
de Mariela me intrigaba, tal parec�a que ya ella conoc�a del juego que Camila se
tra�a conmigo.
Por suerte, pasaron unos d�as de relativa tranquilidad,
aunque de vez en cuando Camila no perd�a la oportunidad de mostrarme,
aparentando descuido, sus virginales braguitas.
Una tarde, cuando llegu� a casa, Mariela dijo que hab�a
alquilado una pel�cula en el VideoClub, y me dijo que si pod�amos verla esa
noche. Le conteste que s�, que no hab�a problema. La tarde transcurri� sin
contratiempos, Camila se port� como una ni�a modelo y Mariela estaba tan
contenta que re�a a cada rato, ya por mis ocurrencias, ya por las de su hija. A
cena fue perfecta, como hac�a tiempo que no la disfrutaba. Al fin nos acomodamos
en el sof� para ver el filme, Mariela a un lado m�o y Camila al otro. Al
principio recel� un poco, pero estaba tan respetuosa que pronto mis temores
desaparecieron.
La pel�cula era de terror, con muchos muertos caminando,
sangre por doquier, gritos espeluznantes y alaridos de terror, estos �ltimos por
parte de Mariela y su hija. Ambas, poco a poco, a medida que avanzaba el filme
se fueron apretando a m�, pero como era debido al miedo que le inspiraban las
escenas, no puse reparo. Total, que al final, ambas me abrazaban aterrorizadas y
yo, como el hombre de la casa, las proteg�a con mis brazos. Mariela vest�a su
bata de dormir, mientras Camila ten�a puesto un fino camis�n pegado a su ya
escultural cuerpo. Yo, por mi parte y debido al calor, ten�a puesto solamente un
pantal�n corto. Debo ser sincero y reconocer que a ratos, el calor de ambos
cuerpos pegados al m�o me hac�a sentir un cosquilleo en la polla que era
sumamente placentero. Pero cuando sent�a que mi verga comenzaba a erectarse,
volv�a a la realidad y continuaba viendo el filme. Casi al final del mismo,
cuando el clima de terror llegaba a su apogeo, la violencia era enorme y la
sangre casi se sal�a de la pantalla, Mariela y su hija se apretaron a�n m�s a
m�. Casi estaban sentadas en mis piernas, mis brazos las abrazaban
trasmiti�ndoles seguridad. En un momento, Camila, cerr� los ojos y escondi� la
cabeza en mi pecho, espantada por lo que suced�a en la pantalla. Su movimiento
hizo que mi mano rodase de su hombro hasta su espalda, y que mis dedos quedasen
sobre su seno derecho. Inconscientemente, mis dedos comenzaron a acariciar su
pezoncito, el cual reaccion� con violencia a mis caricias, poni�ndose duro como
roca. Mientras yo, absorto en el filme, no me daba cuenta de lo que hac�a, como
tampoco me daba cuenta de que mi polla hab�a formado un considerable bulto entre
mis piernas. Pero Mariela si lo not� y lentamente movi� su mano hasta situarla
sobre ella, apret�ndola suavemente, haciendo que se pusiese m�s dura a�n.
La pel�cula termin� al fin y yo me vi acariciando el seno de
mi hijastra y con la polla completamente erecta bajo el pantal�n, en la mano de
mi mujer. Me di cuenta entonces de lo que estaba sucediendo. Camila, con la
cabeza a�n apoyada en mi pecho, miraba fijamente como su madre acariciaba mi
endurecida verga, mientras su caliente aliento casi me quemaba el pecho.
Violentamente me puse de pie y me qued� mir�ndolas. Mariela suplicaba con los
ojos y en los de Camila se destacaba el mismo brillo que una vez me cautiv� en
los de su madre. Me qued� de pie, ante ellas, interrog�ndolas con la mirada, sin
pronunciar palabra, �y sin darme cuenta que mi polla segu�a dura y desafiante,
s�lo que ahora hab�a escapado del pantal�n y se asomaba ante la vista de ambas!.
Cuando comprend� lo que pasaba me retir� casi corriendo al
cuarto. No pod�a culparlas de lo sucedido, yo mismo hab�a provocado la
situaci�n. Poco despu�s entr� Mariela, se acost� y me abraz�, bes�ndome
suavemente en el cuello. La excitaci�n anterior no se hab�a calmado en m� y
correspond� con vehemencia a sus caricias, s�lo que de mi mente no se borraba la
dureza y exquisitez del seno de Camila. Comprend� que la deseaba, pero que no
pod�a hacer nada, y por eso busqu� en su madre un desahogo a mis pasiones. En
ese instante sentimos que tocaban a la puerta. Camila nos ped�a dormir con
nosotros, las im�genes de la pel�cula no la dejaban tranquila. Mariela, al ver
que yo no contestaba, me apret� levemente el brazo, pidiendo comprensi�n. As�
que opt� por olvidar todo y le abrimos un espacio en la cama. Yo trat� de que se
acostase junto a su madre, pero ella se acomod� a mi lado y d�ndome la espalda
se durmi�.
Durante un rato Mariela y yo permanecimos despiertos un rato.
La respiraci�n acompasada de Camila demostraba que estaba profundamente dormida,
pero lo tenso de la situaci�n flotaba en el ambiente. Sentirla a mi lado, casi
desnuda, s�lo cubierta por el fino camis�n, manten�a mi verga completamente
erecta, aprisionada a duras penas por mi mano. De pronto sent� como Mariela
buscaba mi polla con su mano. Al tocarme trat� de apartarla, pero ella acerc� su
boca a mi o�do y me susurr� que no me preocupase, que a Camila no la despertaba
nada. "Creo que necesitas liberar un poco de tensi�n", continu�, "no te
preocupes, no haremos ruido". No s� si fueron sus palabras o mi deseo, pero me
dej� convencer. Su mano se apoder� de mi falo y comenz� a masturbarme
lentamente, mientras me besaba en el cuello, donde sabe que me excito con
facilidad. Me dej� llevar por sus caricias y en poco tiempo est�bamos
completamente destapados, ella con mi verga entre sus manos y yo abraz�ndola,
acariciando sus pezones endurecidos. Lentamente fue bajando con sus besos, de mi
cuello pas� a mi pecho, despu�s a mi vientre y finalmente lleg� a mi polla, que
se ergu�a palpitante entre mis piernas. Su boca rode� mi glande y comenz� a
succionar con pasi�n, mientras con una mano me acariciaba los huevos, el
interior de los muslos y jugueteaba con mi ano. Aquello me estaba volviendo
loco, con mis manos empujaba su cabeza para que se tragase toda mi verga, pero
ella se resist�a, prolongando el placer de la mamada que me estaba dando. En
medio de mi excitaci�n abr� los ojos temeroso de que Camila pudiese darse
cuenta, pero ella continuaba de espaldas a m�. Pero lo que vi me dej�
estupefacto. El camis�n se le hab�a subido hasta su cintura, dejando ver su
perfecto culo totalmente descubierto. No llevaba bragas y la visi�n de su virgen
culito me excit� a�n m�s. Mariela debi� notarlo por los brincos que pegaba mi
verga dentro de su boca, ya que dej� de chupar y se acomod� a mi lado,
manteniendo la polla en una de sus manos, continuando con la paja que hasta ese
momento me realizaba con la boca. "No puedes negarlo", me susurr�, "la ni�a es
hermosa". Me qued� callado, temiendo una explosi�n de ira que no apareci� en
ning�n momento. "�Te gusta su culito?", me pregunt� al o�do. El sonido de su
voz, su mano caliente sobre mi verga, las imagen de las nalgas de Camila junto a
m�, el recuerdo de su seno bajo mi mano, todo me estaba llevando al orgasmo. Mi
respiraci�n se hac�a m�s y m�s agitada, de un momento a otro estallar�a y el
semen brotar�a de inhiesto falo como un surtidor. "S�, es hermoso", no pude
contenerme y le contest�. "�No te gustar�a correrte entre sus nalgas?", continu�
Mariela sin dejar de pajearme. Call�, pero por la forma en que tembl� mi cuerpo,
ella supo que me encantar�a. Era pecado, lo sab�a, pero no pod�a contenerme.
Aquel culito virgen junto a m� me estaba volviendo loco, me llevaba a pensar y
hacer cosas que jam�s hubiese imaginado. Lentamente Mariela me fue empujando
hasta colocarme de lado, de espaldas a ella y muy cerca de su hija. "Te voy a
hacer la mejor paja que te han hecho en la vida y te vas a correr en el culito
de mi hija", me dijo sin soltar mi verga que estaba a punto de explotar. Y poco
a poco continu� empujando hasta que mi verga qued� ubicada contra el ano de
Camila. Si la ni�a se despertaba tal vez aquello ser�a un esc�ndalo y no sab�a
lo que pudiese suceder despu�s, pero ya nada me importaba. Sent�a en la punta de
mi polla la entrada al culo de mi hijastra, mi mujer, su madre, me hac�a la paja
magistralmente y yo estaba en el cielo. Camila, sin despertarse, se acomod�
inclinando a�n m�s su culito hacia m�, abri�ndolo con sus movimientos. Yo
temblaba, pero la excitaci�n y la lujuria hab�an hecho presa de mi ser. Casi
inconscientemente llev� mis manos hasta las nalgas de Camila y las separ�,
dejando totalmente expuesto su ano. Mariela, jadeante tras de m�, con mi verga
en su mano, la fue guiando hasta que qued� a la entrada y con su pelvis comenz�
a empujar, mientras segu� movi�ndome la polla. "Sigue mi amor, m�tesela como lo
hiciste conmigo, hazla sentir lo mismo que a m�, hazla tu mujer a ella tambi�n",
me dec�a completamente fuera de s�, gozando con la visi�n de mi glande entrando
a duras penas en el culo de su hija. Segu� empujando, tratando de meterla de una
vez, pero despacio, para no hacerle da�o. "S�, papito, m�tesela a tu hijita que
adora tu vergota", dijo de pronto Camila. Comprend� que no estuvo dormida en
ning�n momento, que todo fue planeado por ellas, que yo era un juguete en sus
manos, pero no pod�a negar que el juego me encantaba. Por eso empuj� con m�s
fuerza. Ahora comprend�a porque el culito de Camila estaba totalmente empapado,
porque aceptaba con tanta facilidad la presi�n de mi verga.
Mariela no soltaba mi polla, continuaba haci�ndome la paja
a�n cuando ya la cabeza se encontraba en el interior de su hija. Ya todo era una
locura de gemidos, jadeos, susurros incoherentes. Empuj� un poco m�s y mi verga
entr� hasta la mitad, rompi�ndole el culo a mi hijastra, que dej� escapar un
grito mezcla de dolor, lujuria, placer por lo prohibido, un grito de que
significaba la victoria del deseo sobre los prejuicios.
Ese grito fue el desencadenante de mi orgasmo. Sin dejar de
moverme, sujeta mi verga a�n por la mano de Mariela, que entend� ahora lo que
buscaba era proteger a su hija ante las dimensiones de mi heramienta, comenc� a
correrme en el culo de Camila, soltando chorros y chorros de caliente semen,
escuchando medio desmayado los gritos de placer de madre e hija que, al igual
que yo, se estaban corriendo.
Cuando termin� de correrme saqu� mi verga con un sentimiento
de culpa. Pero ambas se encargaron de demostrarme que ellas lo hab�an deseado
desde hace tiempo, desde aquel d�a en que Camila nos sorprendi� follando en la
sala. Mis dos mujeres, ahora lo pod�a decir con propiedad, se inclinaron sobre
mi verga y con sus lenguas la dejaron totalmente limpia. Pero lo incre�ble vino
despu�s, cuando se acercaron a mi boca y me besaron al mismo tiempo. Nuestras
lenguas se entrelazaron y bailaron una danza loca y desenfrenada, que s�lo ces�
cuando Camila llev� los dedos de su madre a su culito, hizo que los metiese un
poco para que se embarrasen de mi leche y entre ambas los chuparon con pasi�n y
delirio.
Nota: Soy Ra�l, de nuevo estoy con ustedes. Espero sus sugerencias,
comentarios o cr�ticas. Les estar� agradecido eternamente. Por favor, escriban a
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Relato: Mariela (IV: La entrega)
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