Relato: Verano en Paracas Verano en paracas
Desde hac�a unos 10 a�os verane�bamos siempre en
paracas(peru), sin embargo teniamos ganas de cambiar y, gracias a un amigo,
consegu� alquilar una casa a muy buen precio y que estaba junto a la playa.
Paracas es un lugar genial, precioso, sus playas son magn�ficas. Por cierto mi
nombre es Juan Carlos, mi mujer se llama Ana y nuestra hija Cecilia, tenemos 49,
45 y 19 a�os respectivamente.
Soliamos levantarnos bastante tarde, casi a la hora del almuerzo, ya que por las
noches nos acost�bamos muy tarde. A los pocos d�as de estar all� nuestra hija se
ech� un novio, bueno, mas que un novio era un rollete de estos de verano. Era un
chico de raza negra que tambi�n estaba de vacaciones all�, pero era italiano, se
llamaba Marcelo.
Todas las tardes, sobre las 4, �bamos a la playa, aunque Cecilia no ven�a con
nosotros ya que al terminar de comer iba r�pidamente a buscar a Marcelo y se iba
con �l, seguramente a alg�n lugar apartado de la playa donde pod�an estar m�s
tranquilos.
Recuerdo que uno de esos dias, est�bamos mi mujer y yo en las toallas tomando el
sol y ellos, que ven�an dando un paseo, se acercaron para saludarnos. La verdad
es que el chico ten�a un cuerpo impresionante. Era alto, con bastantes m�sculos
y no pod�a disimular el enorme tama�o de su miembro en su peque�o ba�ador.
Lo que realmente m�s me impresion� fue el diminuto bikini que luc�a mi hija,
nunca se lo hab�a visto y era min�sculo, la parte de abajo era como un tanga, o
sea los cachetes del culo le qued�ban pr�cticamente al descubierto. La verdad es
que me qued� observ�ndola como nunca lo hab�a hecho. Ten�a la mitad de las tetas
al descubierto y si el bikini se le hubiese movido un cent�metro se le hubiesen
visto los pezones.
Estuvimos un buen rato charlando y a m� se me apeteci� ba�arme. Cuando me
dirig�a a la orilla Cecilia pas� corriendo a mi lado y se tir� de cabeza al
agua. Estaba preciosa, comenz� a nadar y yo hice lo mismo hasta que me situ� a
su lado.
All�, en el agua, nos pusimos a conversar. Le pregunt� que qu� tal le iba con
Marcelo, y me dijo que era un chico sensacional y que se lo estaba pasaba muy
bien con �l. Yo disimul�damente le miraba de vez en cuando la parte superior del
bikini que, al ser de color amarillo y al estar mojado, se le transparentaba
bastante y pod�a ver a la perfecci�n sus pezones marcados en �l.
Al poco rato salimos del agua dirigi�ndonos de nuevo a donde estaban Ana y
Marcelo. Me tumb� en mi toalla y me puse a tomar el sol, mi hija hizo lo mismo y
se puso boca abajo. A mi izquierda estaban mi mujer y Marcelo hablando entre
ellos, y a mi derecha ten�a a Cecilia que, por cierto, se hab�a desabrochado la
parte de arriba del bikini para que no se le quedaran en la espalda las marcas.
Hubo un momento en el que ella se levant� l�vemente para sacar de su bolso un
cigarrillo. No se molest� en taparse los pechos y pude ver sus tetas colgando y
mostrando esos dos magn�ficos pezones.
La situaci�n me hab�a puesto muy caliente y les dije que iba a la casa a coger
mi walkman para escuchar la radio, aunque realmente iba a hacerme una buena
paja. Jam�s me hab�a pasado esto antes, es decir nunca hab�a ni siquiera
fantaseado con Cecilia, pero el verla en la playa con ese min�sculo bikini y
despu�s verle las tetas me hab�a impactado de tal manera que cuando llegu� a la
casa ten�a la polla totalmente empalmada.
Me sent� en el water y comenc� a casc�rmela. Ten�a en mi mente la esbelta figura
de mi hija con esas tetas y esos pezones marcados en el bikini. Sin embargo, a
los pocos segundos, record� que al entrar hab�a visto en el sof� un par de
conjuntos de ropa de Cecilia. Pens� que quiz�s entre esa ropa podr�a haber
tambi�n algun sujetador o tanga de mi hija. Resulta que me d� mucho morbo
masturbarme con ropa interior femenina, aunque l�gicamente siempre que lo hab�a
hecho hab�a sido con ropa de Ana, mi esposa. No obstante, y debido a mi
excitaci�n, me dirig� a donde estaba la ropa y, por suerte, encontr� all� un par
de tangas y un sujetador.
Cog� uno de los tangas, de color negro, y fu� de nuevo al servicio y comenc� a
pajearme con el tanga en la mano. Como os podeis imaginar no tard� mucho en
correrme. Me hubiese gustado hacerlo sobre el tanguita pero no lo hice, no pod�a
ser tan descarado. Al acabar lo planch� un poco y lo dej� en el mismo sitio
donde estaba, y me dirig� de nuevo a la playa.
Curiosamente Cecilia estaba dormida y, junto a ella, Marcelo le extend�a crema
bronceadora a Ana por la espalda. Debo deciros que mi esposa tiene un buen
cuerpo, tetas medianas tirando a grandes y un culo muy bien formado. Me
saludaron y Ana me estuvo comentando que Marcelo era estudiante de medicina y
que, para sacarse un dinerillo, se dedicaba a dar masajes a domicilio. Y por lo
visto lo hac�a muy bi�n. As� que me dijo que despu�s de la playa hab�an quedado
en que le dar�a un masaje en la casa. A mi me pareci� bien. Fu� a darme un ba�o
y luego me puse a tomar el sol.
Me llam� mucho la atenci�n lo bi�n que se hab�an caido mi esposa y Marcelo, pues
no paraban de hablar y ella no paraba de sonreir y de reirse. Se notaba que el
chico sab�a tratar a las mujeres. Incluso la pill� varias veces mir�ndole a
Marcelo el bulto del paquete en el ba�ador. Tambi�n me d� cuenta de como �l
miraba disimul�damente el canalillo de las tetas de mi esposa cuando hablaban.
Cuando nos fuimos de la playa deb�an ser sobre las 8, y al llegar a casa mi
mujer trajo unos refrescos y unos canap�s mientras Cecilia se duchaba y los
dem�s esperabamos nuestro turno. H� de recordaros que Marcelo estaba con
nosotros y que en breves momentos iba a hacerle un masaje a Ana. Pero primero
ten�amos que ducharnos. �l lo hab�a hecho en las duchas de la playa, l�gicamente
le daba apuro hacerlo all� enla casa. Cuando sali� mi hija de la ducha entr�
Ana. Mientras tanto, y para dejarles un poco de intimidad, me fu� a nuestra cama
y me tumb� un rato a ver la tele, y ellos dos se quedaron solos en el sal�n
mientras mi esposa acababa de ducharse.
Al cabo de unos minutos lleg� Ana a la habitaci�n, llevaba puesto un albornoz,
sin nada debajo. Me dijo que entrara yo a ducharme pero, sin hacerle caso, le d�
una palmada en el culo y de golpe le quit� el albornoz, qued�ndose totalmente en
pelotas. Comenc� a morrearla mientras le sobaba el co�o, y as�, estando los dos
de pi�, le empec� a pajear, metiendole primero un solo dedo y luego dos. Ella
estaba bastante cachonda, y se dejaba hacer sin protestar. Con mi otra mano
comenc� a amasarle las tetas, y luego acerqu� mi lengua a sus pezones a la vez
que no paraba de pajearla, cada vez m�s r�pido. Y lo m�s morboso de todo era que
la puerta de la habitaci�n estaba abierta. Ana no se hab�a dado cuenta porque
sino no hubiese permitido eso, tened en cuenta que si mi hija o Marcelo pasaban
por el pasillo nos ver�an perfectamente. Pero Ana no se percat�, estaba de
espaldas a la puerta y yo procuraba que no se girase, realmente yo deseaba que
mi hija o Marcelo nos viesen.
Not� en mi mano como mi esposa se corr�a, es una mujer que suelta bastante flujo
y me la dej� empapada. Acto seguido se agach� ante m� y comenz� a chup�rmela. En
esos momentos, me percat� de unas sombras que hab�a a la entrada de la puerta.
No quise dar sospechas de que yo me hab�a dado cuenta y segu� como si nada, sin
embargo a los pocos minutos observ� como mi hija y Marcelo estaban espi�ndonos a
la vez que se met�an mano. No los pod�a ver bien, pero ellos a nosotros s�,
debido al �ngulo en el que estaban situados. Me puse a mil. El hecho de saber de
que mi hija ve�a a su madre chuparme la polla mientras su novio le met�a mano
era algo superior a mis fuerzas. Adem�s mi esposa es una experta mamadora, y no
solo chupaba mi polla sino que tambi�n me com�a los huevos e incluso a veces con
sus lenguetazos me rozaba el agujero del culo.
Marcelo y mi hija estaban a tope, pude ver sin problemas como la mano de ella
comenz� a moverse cada vez m�s r�pido. Le estaba haciendo una paja y �l no
paraba de sobarle las tetas y morrearla. Yo no pude resistir mucho m�s y comenc�
a correrme sobre la cara de mi esposa. Debido a mi calentura solt� una cantidad
descomunal de esperma, no recuerdo haber echado tanta leche nunca. Mientras me
corr�a me di� tiempo a apuntar a sus tetazas y tambi�n se las dej� empapadas.
Pasaron unos minutos y salimos de la habitaci�n. Me dirig� directamente al
cuarto de ba�o, pero en vez de darme una ducha r�pida decid� llenar la ba�era y
permanecer all� un rato relajado y fumando un cigarrillo. Me puse a pensar en lo
que hab�a ocurrido y me empalm� de nuevo. Estaba a tope de saber que mi hija
hab�a presenciado la descomunal mamada que su madre me hab�a hecho. Sinceramente
estaba arrepentido de no hab�rmela follado, eso hubiera sido la guinda del
pastel.
Sal� del ba�o y no v� a nadie en el sal�n. Cre�a que Marcelo le estar�a dando el
masaje a Ana. Sin embargo estaban en la habitaci�n de Cecilia, en su cama.
Resulta que en el sal�n no hab�a ningun sitio apropiado para que se tumbase mi
esposa as� que decidieron hacerlo all�. Mientras �l le daba el masaje mi hija
le�a una revista, y yo les coment� que me quedar�a en el sal�n, porque la verdad
es que no pintaba nada all�.
Pasaron unos quince minutos y la primera en aparecer fu� mi mujer. Sin apenas
decirme nada fu� directamente a la cocina, y desde all� me pregunt� si me
apetec�a beber algo. Le dije que ok, que una cerveza estar�a bien. Mientras
tanto, ca� en la cuenta de que Marcelo y mi hija estaban a�n en la habitaci�n.
Cuando mi mujer se sent� junto a m� la not� algo acalorada, y m�s nerviosa de lo
habitual.
- "�Te ocurre algo, cari�o?, es que te noto un poco nerviosa", le dije.
- "No no, no me ocurre nada. El masaje me ha sentado fenomenal, Marcelo es todo
un experto. Me encuentro mucho m�s relajada, deber�as probarlo, amor m�o".
- "Otro d�a quiz�s. Sin embargo Ana, yo en vez de relajada te noto m�s nerviosa.
Te conozco muy bi�n, y s� que te ocurre algo, y por favor quiero que me lo
digas".
Acto seguido, mi esposa me tom� de una mano y mir�ndome a los ojos me dijo :
- "Juan Carlos, estoy muy excitada, necesito que me vuelvas a follar. Aunque me
d� reparo reconocerlo, me he puesto muy cachonda con el masaje. Te lo cuento
porque s� que puedo confiar en t� y que no te enfadar�s".
No me di� tiempo a decir nada, ya que mi esposa me sac� de repente la polla del
pantal�n y comenz� a pajearme. Claramente ese chico la hab�a puesto a cien, y a
m� no solo no me molestaba sino que lo comprend�a, y adem�s de verla tan
cachonda me excit� yo tambi�n. Ella me masturbaba l�ntamente a la vez que
mir�ndome a los ojos me dec�a :
- "S� mi amor, me he puesto a tope sintiendo las manos de Marcelo recorrer mi
cuerpo. Est� buen�simo el cabr�n, vaya suerte tiene nuestra hija, vaya pedazo de
polla negra se mete entre las piernas".
Mientras hablaba iba acelerando poco a poco el movimiento de su mano. Menuda
paja me estaba haciendo la muy calentona. Yo aprovech� estos momentos de
excitaci�n y le cont� lo de antes, o sea que tanto Marcelo como Cecilia hab�an
visto como ella me la chupaba en nuestra habitaci�n. Esto a mi esposa la calent�
a�n m�s y con la otra mano comenz� a acariciarse el chocho sin dejar de pajearme
a m�. Yo no pude resistir mucho m�s y me corr� llen�ndole de abundante esperma
toda la mano.
No nos pillaron Marcelo y Cecilia de milagro, ya que a los pocos segundos
aparecieron en el sal�n diciendo que iban a comprar unos helados y a dar un
paseo por la playa. Se marcharon y nosotros nos quedamos tumbados en el sof�
viendo la tele hasta la hora de la cena.
Cuando acabamos de cenar le suger� a mi esposa de ir a tomar unas copas, as� que
nos arreglamos un poco y nos dirigimos a un bar cercano. A la media hora m�s o
menos di� la casualidad de que aparecieron por all� nuestra hija y Marcelo. Se
sentaron con nosotros, al parecer ya ven�an bastante alegres y no ten�an reparo
en darse largos morreos delante nuestra e incluso se met�an mano con descaro. A
m� la verdad no me importaba, es m�s, me excitaba ver a Cecilia tan deshinibida.
Sin embargo, la noche deparaba una sorpresa que realmente no hubiese esperado :
Resulta que Marcelo se quedaba en nuestra casa a dormir. F�nt�stico! (pens�),
con la marcha que llevan encima estos dos seguro que a los pocos minutos de
llegar se ponen a follar como condenados.. y yo procurar� escucharlo todo y, por
qu� no, verlo si me es posible.
Eran casi las dos de la madrugada y llegamos a la casa. Lo primero que hice fu�
ponerme c�modo y tomarme la �ltima copa antes de acostarme. Cecilia y Marcelo
entraron dir�ctamente en la habitaci�n, o sea la habitaci�n de Cecilia que solo
ten�a una cama. Me qued� un rato en el sal�n y mi mujer me coment� que se iba a
la cama, y que por favor no tardase mucho yo en llegar. Le dije que ok, sin
embargo mis intenciones eran otras. Deseaba realmente escuchar los gemidos de mi
hija siendo penetrada por M�rcelo, as� que apur� la copa y me dirig� a la puerta
de la habitaci�n y puse la oreja a ver si pod�a captar algo.
S�, ya s� que no era muy normal la situaci�n, un padre intentando escuchar tras
la puerta los actos sexuales de su hija. Pero tampoco creo que hubiese nada malo
en aquello. Bueno, la cuesti�n es que al cabo de unos minutos comenc� a oir como
una especie de... gemidos. En mi mente ten�a la imagen de mi Cecilia, con sus
pechos al aire, me la imaginaba chupando el miembro de Marcelo y botando encima
de �l.
No pude resistir la tentaci�n de abrir un poco la puerta (no estaba cerrada
totalmente, as� que solo tuve que empujarla un poco). Me qued� estupefacto,
re�lmente impresionado... y muy excitado con lo que v� :
Estaban tumbados en la cama, bes�ndose en la boca, y mi hija con su mano
izquierda le sacaba la polla y comenzaba a acarici�rsela l�ntamente. Marcelo le
manoseaba con dulcura los pechos, y a los pocos segundos ten�a los pezones en la
boca, chup�ndolos con ansia por lo que ella se puso m�s cachonda y aceler� el
ritmo de su mano y comenz� a pajearlo a mayor velocidad. Umm, ver all� a mi hija
con esa enorme polla negra en la mano y aquel chico chup�ndole las tetas era la
escena m�s excitante que jam�s hubiera imaginado.
L�gicamente yo ya ten�a mi polla en la mano, estaba totalmente empalmado,
aquello era muy fuerte. Acto seguido se pusieron en la posici�n del 69, y no
apart� la vista de la boca de mi hija trag�ndose aquella enorme verga.
No daba credito a lo que ve�an mis ojos, Cecilia parec�a una actriz porno,
devoraba la polla como una aut�ntica profesional. Adem�s, el tipo ten�a un
cipone enorme, y ella se la tragaba toda, mientras con la otra mano le
acariciaba los huevos. Pero no quedaba ah� la cosa, ya que la muy guarra se la
sac� de la boca y le meti� la lengua en el culo a la vez que con la mano le
pajeaba la polla. No s� como Marcelo pod�a aguantar tanto sin correrse, de hecho
yo estaba casi a punto. Pero lo mejor vino a continuaci�n : �l sac� del bolso de
mi hija una especie de venda y le tap� los ojos. Mi hija se puso a cuatro patas,
como una perrita, y Marcelo empez� a foll�rsela. H� de decir que yo estaba
arriesg�ndome bastante ya que se encontraban mirando hacia donde yo estaba,
aunque por ella no hab�a problema ya que ten�a los ojos tapados.
Yo estaba tan centrado en la imagen de mi hija que no me percat� de que Marcelo
estaba mir�ndome. Cuando me d� cuenta me retir� un poco... sin embargo, y
sorprend�ntemente para m�, v� como �l me hacia una especie de gesto para que me
quedara, como d�ndome a entender de que pod�a seguir observ�ndolos. Supongo que
esto era en agradecimiento de cuando yo los dej� observar a ellos. Umm, era
fabuloso ver como botaban las tetazas de mi hija en cada embiste que le daba el
negro...
Lo curioso y lo mejor de todo fu� que Marcelo y yo descargamos nuestra leche a
la vez, claro que con la diferencia de que �l lo hac�a sobre las tetas de mi
hija y yo sobre una servilleta de papel. Luego, le esparcio la leche por el
cuerpo y mientras lo hac�a me miraba a m�, y me sonre�a... el muy cabronazo. Sin
embargo, �l , mediante gestos, me invit� a entrar en la habitaci�n. Aunque mi
hija ten�a los ojos tapados deb�a hacerlo con extremo cuidado, ya que me pod�a
oir. Marcelo tuvo la gran idea de poner un poco de m�sica, y luego at� a Cecilia
de manos y piernas a la cama.
Cuando ya me encontraba dentro de la habitaci�n, Marcelo se acerc� y me dijo al
oido :
- "S� que est�s deseando foll�rtela, y lo veo normal, porque Cecilia est�
buen�sima. Si yo fuera su padre tambi�n lo har�a, as� que aprovecha la
oportunidad que te brindo y m�tesela en la boca y en el co�o".
No me lo pens� dos veces y acerqu� mi rabo al cuerpo de mi hija, y empec� a
frotarlo por sus tetas. Marcelo, mientras tanto, le dec�a a ella en el oido :
- "Cari�o, es una sorpresa que te ten�a reservada, he invitado a un amigo y
vamos a follarte entre los dos, me acuerdo que el otro d�a cuando te pregunt�
sobre tus fantas�as er�ticas me dijiste que te encantar�a hacerlo con dos
chicos, y esta noche esa fantas�a se har� realidad".
Mi hija, entre que estaba un poco bebida y la calentura, no puso traba alguna.
Me puse encima de ella, y suavemente le pas� la polla por los labios. Ella sac�
su lengua y comenz� a lamer mi capullo l�ntamente. Acerqu� un poco m�s el rabo a
su boca, d�ndole a entender que la abriese y empezara a chuparla. �y qu� enorme
placer contemplar mi nabo entrando en la boca de mi propia hija!..
La muy guarrilla me hizo una mamada de competici�n, como la que antes le hab�a
hecho a Marcelo. Yo, loco de excitaci�n, comenc� a magrearle las tetas y me puse
a com�rselas. Ella cada vez chupaba con m�s ansia debido al placer que el negro
le proporcionaba en el co�o con la lengua. Pasados unos minutos, Marcelo me
cedi� su lugar y me puse a comerle el chocho, a la vez que ella se met�a en la
boca el enorme vergajo del negro.
Menuda preciosidad de co�ito ten�a, totalmente depilado y bastante cerradito,
parec�a increible que por all� pudiera entrar el pene de Marcelo. Sus jugos me
sab�an a gloria, y mi excitaci�n hab�a llegado a su punto m�s alto as� que opt�
por clav�rsela sin demora. Sin embargo, v� algo que me dej� totalmente bloqueado
: En la puerta de la habitaci�n se encontraba Ana, mi esposa, con los pechos al
aire y acarici�ndose el co�o por encima de las bragas. Durante unos minutos no
supe que hacer ni decir, y cuando me estaba incorporando para ir junto a ella y
darle alguna explicaci�n, ella desde lejos me indic� que no me preocupara y que
me follara a nuestra hija.
Esto si que era el colmo, mi propia esposa d�ndome permiso para follarme a mi
hija mientras se masturba vi�ndolo. La verdad es que en esos momentos yo dudaba
de si se tratar�a de un sue�o o no. Era una situaci�n super morbosa, y todo
gracias a la complicidad de nuestro yerno, o sea Marcelo. Total, que le desat� a
Cecilia las piernas, se las separ� un poco, acerqu� la punta de mi pene a su
dulce chocho y comenc� a penetrarla.
Menuda sensaci�n sentir mi polla dentro de ese co�ito joven y caliente, y adem�s
verla a ella con la polla del negro en la boca y las tetas botando. Aceler� el
ritmo de mis embestidas y eso a Cecilia debi� gustarle ya que se sac� el pene de
Marcelo de la boca para decir que quer�a "m�s fuerte y r�pido", y yo por
supuesto puse todo de mi parte para complacerla. Estuvimos un rato en esa
postura y cuando not� que me faltaba poco para correrme le suger� a Marcelo de
cambiar de posici�n.
Tumb� a mi hija en el suelo, de espaldas hacia nosotros. Ella levant� las
piernas hasta que sus rodillas tocaros sus pechos y se abri� el chocho con las
manos. Marcelo se agach� y le meti� la lengua, mientras tanto Cecilia meneaba el
culo y nos ped�a que por favor la foll�ramos. Marcelo, que estaba tambi�n super
excitado, le hundi� el nabo de golpe ech�ndose sobre sus piernas y levant�ndola
el culo con su peso, pod�a ver como sus test�culos le golpeaban la raja a cada
embestida. El t�o le hund�a la polla de una forma salvaje haciendo fuerza, pero
aun as� Cecilia ped�a m�s ca�a. En esos instantes yo estaba que no pod�a m�s,
estaba a punto de correrme. Por cierto, mir� a mi esposa y estaba casi como yo,
o sea muerta de gusto, con ojos de vicio y metiendose dos o tres dedos en el
co�o.
Al cabo de unos minutos, Marcelo se la sac� del chocho y comenz� a pajearse en
la cara de Cecilia. Yo me acerqu� a sus pechos y comenc� a chup�rselos, a la vez
que le agarr� la mano y la puse en mi polla para que me masturbara. Marcelo le
introdujo la polla en la boca y empez� un mete-saca que acab� cuando chorreones
de leche empezaron a salir por la comisura de sus labios. Al ver esto no pude
resistirlo, puse mi polla sobre los pechos de mi hija y me corr� sobre ellos.
Cecilia y Marcelo comenzaron a besarse como enamorados, mientras �ste le
esparc�a nuestra leche por el cuerpo. Sal� de la habitaci�n y me encontr� con mi
esposa en el pasillo. Ella tambien hab�a disfrutado con lo acontecido y me pidi�
que por favor le echara un polvo, cosa a la que por supuesto no me negu�.
CONTINUARA...
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Relato: Verano en Paracas
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