Relato: Vacaciones en la sierra (03)





Relato: Vacaciones en la sierra (03)

De vuelta a casa a la hora de comer, encontramos a mi padre
en la terraza de la piscina leyendo el peri�dico bajo una sombrilla y a mi madre
en la cocina. Nada m�s entrar en la casa, fui a mi habitaci�n para coger un
calzoncillo y un pantal�n corto de deporte y me met� en el ba�o con el prop�sito
de cambiarme y de hacerme una soberana paja reteniendo en la memoria la imagen
de Alicia en bikini.


Quit�ndome el ba�ador mojado, desnudo, me sent� en la taza
del water y, agarr�ndome con fuerza la polla, empec� a bajar lentamente el
glande para volverlo a subir, notando la presi�n de mi mano sobre el hinchado
capullo. En mi mente se suced�an im�genes del cuerpo de Alicia desnud�ndose,
quit�ndose primero la parte de arriba del bikini, mostrando unos peque�os pechos
de un color m�s claro que el del resto de su morena piel, por el uso de esta
prenda. Dos oscuros pezones coronaban sus tetas, imaginaba su rugosidad, su
tacto, su sabor. Desaparec�a luego la braguita del bikini, dejando expuesto el
p�ber co�ito, sombreado por una mara�a de peque�os pelitos morenos dispuestos a
ambos lados de unos labios que mi mente dibujaba h�medos. Ella tumbada sobre mi
cama, abriendo despacio las piernas, descubriendo el preciado cl�toris que
aparec�a a�n m�s h�medo que la secreta cueva que lo custodiaba. M�s presi�n
sobre mi capullo. Sin saber c�mo, la imagen de Alicia dejaba paso a la de mi
hermana, a sus pechos redondos, oscilantes, cuyos pezones imaginaba grandes,
rosados y dotados de una enorme sensibilidad. Su cuerpo sustitu�a en mi cama al
de Alicia, y con las manos exploraba el interior de sus muslos, reflejando en su
rostro un placer de rasgos tan extra�os como desconocidos. M�s presi�n...
Empezaba a acariciarse con movimientos r�pidos su sexo... En ese preciso
instante, su propia voz y unos golpes en la puerta del ba�o me sacaron del
trance.


- Javi... abre... que me estoy meando... �corre!


Sobreexcitado y a escasos instantes de llegar al orgasmo, mi
hermana, blanco en ese momento de mis fantas�as, quer�a entrar en el ba�o, hay
que joderse. Me coloqu� la toalla alrededor de la cintura sin nada debajo y,
para disimular la terrible erecci�n que ten�a, sal� del ba�o con el calzoncillo
y el pantal�n sujetados prudentemente contra el paquete para disimular el tama�o
que hab�a alcanzado. Al salir, casi choqu� con mi hermana, que, haciendo
ostensibles gestos de incontenci�n entr� corriendo al ba�o; a�n llevaba puesto
el bikini mojado y una camiseta en la que clareaban los dos enormes y perfectos
c�rculos de sus pechos, que quedaban estampados en la tela por no estar seco a�n
el sujetador del ba�ador.


Cerr� con un portazo y antes de que me diese tiempo a entrar
en mi habitaci�n, la o� levantar la taza del water, el sonido de un chorro a
presi�n al orinar, dos sonoros pedos y un suspiro de alivio. Ya en la habitaci�n
pens� en esperar a que terminase para volver a entrar a terminar lo que hab�a
dejado a medias, pero una idea perversa y arriesgada se me cruz� por la cabeza.
Cerr� la puerta de la habitaci�n, tir� el calzoncillo y el pantal�n de deporte
encima de la cama y me quit� la toalla, qued�ndome totalmente desnudo. Cuando o�
vaciarse la cisterna y a mi hermana abriendo la puerta del ba�o, me coloqu� la
toalla sobre el paquete, esforz�ndome por hacer bajar un poco la erecci�n que
conservaba, fingiendo secarme la entrepierna mojada por el ba�ador. Como
esperaba, en ese instante mi hermana entr� en la habitaci�n.


- Ay, Javi, c�mbiate en el ba�o que ya he terminado, y d�jame
que coja la ropa del caj�n que tengo que cambiarme tambi�n.


Disimulando una naturalidad digna de Oscar, segu� afan�ndome
en secarme la entrepierna, que si bien hab�a disminuido ligeramente de tama�o,
se encontraba al borde de una nueva erecci�n. Con iron�a le contest�:


- S� hombre, con el olor que habr�s dejado...


- Oye, que s�lo he hecho pis -respondi� molesta y
avergonzada.


- Joder Laura -dije riendo mientras dej� de secarme,
manteniendo la toalla en su sitio-, si desde aqu� se han o�do los pedos.


Aunque no ten�a demasiada confianza en el plan, en vez de
insistir en que la dejase cambiarse sola, comenz� a re�rse de buena gana por el
comentario. Lo aprovech� e imit� con la voz el ruido de los pedos, con lo que su
risa fue a�n mayor. Not� con alivio que la situaci�n empezaba a no incomodarla.


- Bueno, entonces �qu� pasa? -pregunt� a�n con la voz
entrecortada por la risa- �Me dejas que me cambie o no?


- C�mbiate. Nadie te lo impide -contest�.


- Me lo impides t� ah�, y no pienso esperar, que ya llevo con
el ba�ador mojado un buen rato. As� que como no te vayas a cambiar al ba�o, me
voy a quedar aqu� sin moverme, a ver si puedes cambiarte t� sin que te vea nada
-dijo sonriendo y con el cejo fruncido con iron�a.


Seg�n termin� la frase aprovech� para comenzar de nuevo con
los movimientos de la toalla, esta vez para secarme un muslo, y fij�ndome en sus
ojos, a prop�sito, la baj� m�s de la cuenta para dejar parte del tallo de mi
sufrida polla a la vista. Como esperaba, fij� su mirada en esa parte, y no la
desvi�, como haci�ndome entender que no era lo suficientemente h�bil para
secarme sin que ella viese algo que me har�a avergonzar.


- Ya ves, que me vea desnudo mi propia hermana, menudo
problema -me apresur� a decir-. Si nos hemos visto un mont�n de veces.


- Ya, pero cuando �ramos peque�os, no es lo mismo- contest�.


- Bueno, pero seguimos siendo hermanos. Adem�s -dije
tajantemente, aunque sin abandonar cierto tono de iron�a-, yo no tengo nada de
lo que avergonzarme, si t� s� es tu problema... -y segu� sec�ndome con fingida
naturalidad, cambiando al otro muslo y cubri�ndome de nuevo el paquete. Comenc�
a temer que si la cosa segu�a por esos derroteros, acabar�a por ceder y terminar
en el ba�o por no poder contener la erecci�n que se ven�a gestando.


Herida en su orgullo, frunci� el cejo de nuevo, y con el
mismo tono ir�nico de mi comentario dijo:


- �Avergonzarme yo? �De qu�?


Acto seguido, se dio la vuelta hacia la c�moda en la que los
dos guard�bamos la ropa, se agach� y abri� el �ltimo caj�n. Agachada como
estaba, pude ver el hilo del bikini que se hund�a entre sus nalgas, que, en
condiciones normales y estando de pie, no hab�a logrado ver en toda la ma�ana
que hab�amos pasado en la piscina. Incluso se ve�an claramente el oscurecimiento
y las estr�as del ano, ya que el hilo en cuesti�n s�lo daba para taparle justo
el agujero. Cogi� unas braguitas rosas y un pantal�n de deporte del mismo color.


- Muy bien -dijo al incorporarse-, yo no tengo nada de lo que
avergonzarme, as� que tambi�n me cambio aqu�. Pero date la vuelta.


Mientras se quitaba la camiseta, mojada en parte por el
bikini, resopl� con indiferencia como si la idea de darse la vuelta fuera de
cr�os, obedec� y la dej� cambi�ndose a mis espaldas. Mientras me secaba el pelo,
pensaba en que el plan hab�a fallado, aunque por lo menos cab�a la esperanza de
que alg�n d�a ella considerar�a lo m�s normal del mundo cambiarse delante m�o.
Segu�a haciendo esfuerzos para evitar empalmarme como lo hab�a hecho en el ba�o
y hasta hac�a s�lo un instante, cuando, a mis espaldas o� a mi hermana decir,
riendo y con la voz cargada de iron�a:


- Vaya culito que tiene mi hermano...


Volv� a colocarme la toalla sobre el paquete y me di la
vuelta. No la encontr� medio desnuda como esperaba. Se hab�a desatado de la
espalda el nudo del sujetador del bikini pero lo sujetaba cruzando un brazo
sobre sus grandes tetas.


- �Qu� pasa? �Es que acaso te averg�enza? -dijo riendo
burlona, como si se apuntase un punto tras mi idea de que se cambiase all� mismo
sin ning�n tipo de verg�enza.


- Para nada. Pero cre�a que t� tambi�n ibas a darte la vuelta
-la contest� con malicia.


- S� hombre, para que me mirases t�... -dijo manteniendo la
sonrisa en los labios.


- Te vuelvo a repetir que somos hermanos -contest�
tranquilamente, esperando una respuesta que ofreciese una nueva oportunidad a mi
plan.


- Otra vez con lo mismo. Te recuerdo, por si no te has dado
cuenta, que ya no soy la ni�a a la que has visto desnuda un mont�n de veces.
Adem�s, �no insist�as en querer cambiarte aqu�? -dijo, sin perder la sonrisa.


- Y qu� te crees, �que yo soy el mismo ni�o al que, te
recuerdo yo a t� tambi�n, has visto en pelotas las mismas veces?


- Ayyy.. �ves c�mo te da palo cambiarte delante de tu
hermana? Anda, coge la ropa y vete a cambiar en el ba�o.


Laura se acerc� a la cama y con la mano libre cogi� mi
pantal�n y mis calzoncillos y me los tendi� con aire condescendiente. Ahora o
nunca, me dije.


- �Que me da verg�enza? -respond�- Muy bien -y separ�ndome
del paquete la toalla, la dej� caer lentamente para dejar a la vista y al
alcance de su mano una polla que, si bien hab�a perdido la erecci�n, apareci�
m�s grande de lo que yo mismo esperaba.


La mirada de mi hermana clav� en ella, de golpe hab�a dejado
de sonreir. Aprovechando su desconcierto, dije con aire socarr�n:


- �Qu�...? �Te gusta esto m�s que mi culito?


Tem� que saliese corriendo y las posibles consecuencias, pero
la excitaci�n de estar totalmente desnudo frente a mi hermana superaba ese
temor. Su mirada pas� lentamente del trofeo expuesto a mis ojos. Ten�a una
mirada extra�a. Volvi� a pasar sus inquisitivos ojos en direcci�n a mi polla. Lo
�nico que evitaba una erecci�n como las que sol�a tener era el desconcierto que
yo tambi�n sent�a por su reacci�n. Entonces sucedi�; una mirada mezcla de iron�a
y curiosidad inund� su rostro. A�n sujet�ndose la parte de arriba del bikini con
el brazo y sin apartar la vista, se acerc� a m�, lentamente, hasta ponerse a mi
lado. Sin llegar a rodearme completamente para no perder detalle del motivo por
el que no me avergonzaba, y pr�cticamente pegada a m�, alz� de nuevo la vista
para decirme:


- Vaya. Veo que mi hermanito tambi�n ha crecido.


Al o�r esas palabras, y al notar su aliento tan cerca, not�
c�mo la sangre bull�a por mis venas sin m�s prop�sito que demostrarle a mi
hermanita c�mo pod�a llegar a crecer su hermano. Pese al volumen que hab�a
adquirido mi polla, la erecci�n superaba la horizontal. Me gir� levemente para
tener a mi hermana justamente delante de m�. Si no est�bamos pegados el uno al
otro era por el espacio que requer�a aquella erecci�n, que se correspond�a algo
m�s arriba con el de su brazo intentando mantener ocultas aquellas deliciosas
tetas que resist�a a mostrarme.


- Bueno... -acert� a decir- A ver si t� tampoco te
averg�enzas...


Sin responder nada, se separ� de m� hasta la posici�n en la
que, hasta hac�a tan s�lo unos minutos, se encontraba. Sonriendo maliciosamente,
empez� dejar caer muy lentamente el sujetador del bikini. Mir�ndome a los ojos,
lo que me excitaba a�n m�s si cabe, cuando retir� esa prenda, pude ver dos
enormes pechos con la liger�sima marca del bikini coronados por unos pezones
cuyo tama�o superaba el que me imaginaba. Dos sonrosados pezones del tama�o de
una galleta, que se presum�an suaves, duros y marcados en el centro. La presi�n
interna que sent�a en la polla me hizo reaccionar, aunque me resist� a tocar por
el momento ese cuerpo que deseaba febrilmente. Con el capullo apuntando al cielo
me acerqu� a ella, la rode� como ella hab�a hecho segundos antes, y empec� a
masturbarme muy, muy despacio. Me sujet� la polla desde abajo y comenc� a
descubrir el capullo una vez, lo cubr�a y volv�a a descubrirlo. Me separ� de mi
hermana para que pudiese ver c�mo lo hac�a. Not� c�mo empezaba a excitarse. Su
respiraci�n se aceler�, mientras empezaba a acariciarse el vientre.
Comenz� a morderse el labio inferior y a sacar constantemente la lengua para
humedecerse los labios. Una de sus manos pas� a su pecho, y empez� a
acariciarlo, para bajar de nuevo. Volv�a a subirlo, esta vez hasta el cuello, y
repet�a la operaci�n, sin perder de ojo c�mo me masturbaba, salvo para mirarme a
los ojos y ver reflejados en los suyos la excitaci�n y el deseo que inundaba la
habitaci�n. A un escaso metro de distancia ambos nos masturb�bamos, nos
deleit�bamos en el goce de la imagen del otro, reticentes sin embargo a sucumbir
al deseo de abalanzarse sobre el cuerpo ajeno. La excitaci�n que en se momento
sent�a parec�a no corresponderse con el ritmo pausado con el que me frotaba el
capullo para deleite propio y para el de mi hermana. De pronto, la mano que �sta
ten�a libre comenz� a bajar por su vientre, hasta introducirla dentro de la
braguita del bikini que a�n llevaba puesta. Entonces me mir� a los ojos, con la
mirada m�s lasciva que hubiese visto jam�s, con la boca abierta en una mueca de
placer en la que se vislumbraba el brillo de una sonrisa perversa, mientras ve�a
su mano frotar el interior de sus muslos. De pronto liber� la mano de aqu�l
preciado tesoro con el que deseaba fundirme y se aproxim� hacia m�. Con cuidado
asi� la mano con la que masturbaba y me la retir� de la polla, que aparec�a
hinchada y reluciente, lo que me desconcert�; por el momento ambos hab�amos
evitado tocarnos, lo que, parad�jicamente, nos excitaba m�s, no sab�a a que
instinto respond�a la nueva actitud de mi hermana. Pero en lugar de empezar ella
a masturbarme a m� como pensaba, me empuj�, lo que hizo que cayese sentado en la
cama, quedando a escasos cent�metros mi rostro del maravilloso co�ito que aquel
bikini ocultaba a duras penas.


- �Es que mi querido hermanito no me va a ayudar a quitarme
este ba�ador mojado? -dijo casi con un suspiro y con la voz entrecortada por el
nivel de excitaci�n que ten�a.


Sin pensarlo dos veces, sujet� los delgados hilos laterales
de la braguita y mir� hacia arriba para ver la expresi�n de Laura cuando
empezase a bajarlo. Con una lentitud semejante al ritmo que imprim�a a mi verga
hac�a tan s�lo unos segundos, comenc� a deslizar mis dedos por sus suaves muslos
arrastrando las braguitas hacia abajo, mientras ve�a el rostro de mi hermana,
entre las dos enormes tetas que ten�a sobre mi cabeza, presa del deseo. Entonces
not� por primera vez el olor que desprend�a su excitaci�n, un olor que me puso a
mil, que parec�a reflejar el ardor y el deseo que desprend�an sus entra�as.
Antes de que bajase la vista para contemplar aquel preciado co�ito, aquella
fruta prohibida, descubierta en la perversidad que nublaba nuestras mentes,
Laura se dio la vuelta, colocando su culo en mis mismas narices. Por detr�s, el
bikini se hab�a resistido a bajar como lo hab�a hecho por delante, as� que
agarr� de nuevo los hilos laterales de la prenda. Pero antes de que pudiese
comenzar a bajarlo, mi hermana, manteniendo sus nalgas en la misma posici�n,
empez� a bajar la espalda, de forma que manteniendo mis manos en su lugar, era
ella la que iba bajando la braguita al ir poni�ndose lentamente en pompa. De
este modo sus nalgas fueron quedando expuestas hasta que el hilo que las
separaba baj� del todo, no sin oponer resistencia por la humedad que lo
impregnaba, una humedad de la que ya no era responsable el chapuz�n en la
piscina. Qued� por fin expuesto frente a m� incre�ble culo de mi hermana, del
que destacaban los pliegues oscuros de su ano, los mismos que casi hab�a visto
justo antes de entrar ella en mi juego. Desped�an asimismo un olor especial,
rezumaban excitaci�n, y me cost� lo suyo resistirme a lamer aqu�l agujerito
negro y h�medo como tambi�n lo deb�a estar su sexo. Aparecieron en escena
entonces sus manos, que separaron a�n m�s las nalgas y dilataron su ano; Si
hubiera querido podr�a haber perforado aqu�l fascinante culito con la lengua o
con alg�n dedo, Laura no habr�a mostrado resistencia, pero, como ella se hab�a
resistido a masturbarme, no se c�mo me contuve y me limit� a contemplar su culo
en todo su esplendor, mientras me agarr� la polla y empec� de nuevo a menearla
notando una presi�n brutal en el capullo, como si con vida propia desease m�s
que nada en el mundo hundirse en las profundidades del culito de mi hermana.
Lentamente se incorpor�, y v� c�mo ese oscuro agujerito se iba cerrando
lentamente hasta desaparecer al juntarse las nalgas. Se dio la vuelta, y
mir�ndome, se baj� las bragas de un tir�n hasta las rodillas. Inmerso como
estaba en una tortura infernal que me atormentaba tanto como me excitaba, alz�
una pierna hasta apoyarla en la mesita de noche que separaba las dos camas, y
con ambas manos se separ� los labios vaginales para dejar al descubierto el
cl�toris. El interior de su vulva era de un color rosa p�lido, y apareci� como
un oasis en medio de la espesura de los decolorados pelitos de su pubis. Mi
hermana me ense�aba orgullosa el centro absoluto de su privacidad, su mayor
secreto, un cl�toris que me pareci� m�gico, que se asomaba entre sus labios
menores y que aparec�a brillante por la humedad de sus propios flujos. La mirada
lasciva que me hab�a dedicado antes se multiplic� por mil cuando empez� a
acarici�rselo con las yemas de los dedos. Comenz� a gemir, a suspirar, mientras
me parec�a oirla susurrar mi nombre.


- Javiii, Javiiii...


- Laura, mi hermanita... -respond� tambi�n con la voz
entrecortada mientras le imprim�a m�s ritmo a mi verga.


- D�me que te gusta verme...- consigui� decir entre jadeos.


- Mucho m�s me va a gustar follarte, peque�a zorra -me atrev�
a decirle excitado al m�ximo, mir�ndole a los ojos.


El insulto, lejos de molestarla, la llev� a aumentar la
velocidad de sus movimientos y la de sus jadeos.


- S�i, quiero se tu zorra, cabr�n -logr� a susurrar con los
ojos cerrados entre peque�as convulsiones que casi la hicieron perder el
equilibrio.


- �Ni�oss! �A comeeeer!


M-I-E-R-D-A.


Mi madre nos llamaba a la mesa. La sorpresa me hizo levantar
de un salto de la cama mientras que mi hermana tir� al suelo el despertador con
el pie cuando lo baj� de la mesilla de noche. No quer�a pensar qu� ocurrir�a si
nos pillaba. Laura me cogi� por el brazo y tir� de m� hasta ponerme detr�s de la
puerta. Mi madre llam� justo antes de abrirla, �no se nos hab�a ocurrido echar
el pestillo!, y mi hermana asom� la cabeza como para que no la viese
desnuda.


- Ya voy, que me estoy cambiando -acert� a decir ligeramente
turbada.


- �Pero todav�a est�s as�? -pregunt� mi madre sin advertir el
desconcierto de Laura-. Anda, date prisa, y cuando termines avisa a tu hermano
para que venga, que debe de estar en el ba�o.


- Ahora se lo digo. Id yendo vosotros -contest� m�s aliviada
mi hermana comprobando que no nos hab�a pillado ni sospechaba nada raro. Cerr�
la puerta y apoy� su cuerpo contra la misma, notablemente aliviada.


Sent�a que el coraz�n se me iba a salir del pecho, y comprob�
asimismo que mi polla hab�a vuelto a su estado natural de reposo de un golpe.
Laura me sonri�, cogi� mi ropa, me la di� y abriendo la puerta unos cent�metros
asom� la cabeza.


- Anda, corre y vete al ba�o que no hay moros en la costa
-dijo, e inmediatamente baj� la mirada hacia mi sufrida polla.


Volvi� a sonreir y mir�ndome de nuevo a los ojos me susurr�:


- Veo que tendremos que seguir con esto en otro momento. Ah,
y no pienses en encerrarte ahora en el ba�o y terminar lo que has empezado...
esa paja la terminas con la zorrita de tu hermana -dijo, enfatizando la palabra
"zorrita". En ese momento me agarr� por el cuello y me bes� en la boca. Not� su
lengua fren�tica por encontrar la m�a. Me separ� nuevamente, abri� la puerta de
la habitaci�n y mientras sal�a con la toalla y la ropa en la mano me dio un
cachetazo en el culo.


Entr� en el ba�o, tuve que hacer acopio de fuerza de voluntad
para no volver a empalmarme tras el beso y las palabras de mi hermana. Por fin
consegu� vestirme y comprob� que no daba el cante por el volumen que trataba de
controlar en mi paquete. Justo cuando iba a salir unos golpes sonaron en la
puerta.


- �Javiiii... a comeer! -Le o� decir a mi hermana fuera. Sal�
y all� estaba ella, mientras mi padre entraba por la puerta de la calle despu�s
de haber estado leyendo el peri�dico en la terraza de la piscina.


- Ma�ana pod�is decirle a los vecinos que vengan a la
piscina, que esta ma�ana he terminado de echarle cloro al agua -nos dijo mi
padre mientras se encaminaba a la cocina para ayudar a mi madre a terminar de
poner la mesa.


Laura y yo salimos al porche, donde sol�amos comer en verano
aprovechando el excelente tiempo que hac�a, y nos sentamos antes de que mis
padres llegaran desde la cocina. Tras el episodio vivido en la habitaci�n la
ve�a radiante y en cierto modo relajada y risue�a. Sonriendo se acerc� a m� y me
susurr�:


- �Sabes? Esta ma�ana en casa de Alicia, cuando nos est�bamos
poniendo el bikini, hemos descubierto debajo de la cama de su hermano una
revista porno... Y cr�eme que es un elogio decirte que no tienes nada que
envidiar a los t�os que salen- confes� mi hermana se�alando por encima de la
mesa el espacio que en ese momento ocupaba mi entrepierna.


Acerc�ndome un poco m�s a ella, sonriendo con malicia y
acarici�ndole una mejilla le contest�:


- Ni t� tampoco a cualquiera de las dos rubias de la portada
que se folla uno de esos t�os, hermanita.


Cuando retir� la mano de su suave mejilla, la sorpresa que
reflejaba su rostro se mantuvo hasta que mis padres se sentaron a comer.


Continuar�...


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