UNA VIGILANCIA MUY ESTRECHA
( I )
Trabajo, desde hace unos a�os, a caballo entre una universidad (en la que
colaboro con una investigaci�n cient�fica) y un instituto, en el que imparto
clases de ciencias. Aquel d�a estaba francamente apurada. Los ex�menes se me
ven�an encima y un mont�n de trabajo acumulado, que me pon�a fren�tica, me hac�a
pensar que no dar�a a basto con todo aquel papeleo. Ten�a que presentarme a
oposiciones, as� que mi tiempo libre se quedaba reducido a un �nfimo momento.
Aquel d�a ped� permiso al decano para tomarme todo el tiempo que necesitara para
dejarlo todo terminado. �l, que me conoc�a desde hac�a mucho, me dijo, sin
dudar, que no hab�a problema. Para facilitarme el trabajo, estar�a todo
dispuesto para cuando yo me fuera. S�lo era necesario que, al salir, cerrara la
luz general y la puerta de entrada.
Los d�as de mayo tocaban ya a su fin, y el sol a�n entraba,
poco, por las rendijas de la ventana. Ten�as los cristales abiertos, porque
hac�a un calor sofocante. Me fui hasta el surtidor que ten�amos para momentos de
sed y llen� el vaso. En lugar de beberme el contenido, met� la mano y esparc� el
contenido por mi escote y por mi rostro. Iba muy poco maquillada, apenas un
toque de carm�n veraniego (un rosa viol�ceo), y un poco de perfilador de ojos en
la parte superior del p�rpado. Me quite los zapatos que me estaban matando y en
un alarde de sensualidad repentina, estir� mis largas piernas sobre la mesa,
para contemplar su longitud y el incipiente bronceado. No estoy excesivamente
delgada, prefiero decir que llenita o con curvas, aunque en realidad soy muy
alta, mi pecho, que es bastante abundante (llevo una 110 de sujetador) hace que
parezca mucho m�s gordita. Mis caderas son anchas, pero las piernas largas lo
disimulan bastante. Y, para rematar, tengo unos labios gruesos y bien
perfilados, glotones y golosos, que, aunque me est� mal el decirlo, han
levantado alguna exclamaci�n de admiraci�n entre mis cong�neres masculinos. Me
sent�a realmente orgullosa de ellos.
En la contemplaci�n de todo eso estaba cuando, de repente, se
apag� la luz. �Lo que me faltaba! Un apag�n. O eso imaginaba. Y, sin embargo,
las farolas exteriores s� alumbraban. Descalza como estaba, acomod�ndome el
vestido vaporoso de verano, me dispuse a averiguar cu�l era el origen de todo
aquello. A tientas, fui andando por el pasillo.
De pronto, una luz me dio directamente en los ojos. Ni
siquiera hab�a o�do los pasos, por lo que deduje que estaba ah� hac�a tiempo.
Una voz masculina susurr�: "�Qui�n eres y qu� haces aqu�?".
Impresionada a�n por el susto, respond� a duras penas:
- Soy la profesora adjunta. Estoy terminando unos trabajos.
�No te han dejado el recado en ela emisora de que estar�a aqu�?
Me sent�ia rid�cula. El foco de la linterna me apuntaba
directamente y no pod�a verle la cara. As�mismo, respondi�:
- No, no he recibido ninguna notificaci�n. Yo soy Tony, el
vigilante.
Unos segundos de inc�modo silencio siguieron a esta
aseveraci�n. De pronto, le dije:
- �Ser�as tan amable de bajar eso, por favor? Me est�s
deslumbrando. Si quieres, vamos a mi despacho y te ense�o mi carnet. Luego, si
quieres, llamamos al decano y �l te confirmar� lo que digo.
Efectivamente, apag� la linterna, con lo que la obscuridad
fue m�s profunda a�n. �l permanec�a callado. Eso me intranquiliz�. Era un hombre
armado, y no sab�a si �l hab�a cre�do mi historia.
- Te acompa�o al despacho, pero a�n me cuesta creer que una
chica como t� sea profesora.
Eso me indign� un poco. No sab�a si tom�rmelo como un piropo
o como una insinuaci�n machista. Entramos en el departamento, y tropec� con una
silla.Le ped� que encendiera la linterna y �l lo hizo. Empec� a rebuscar en mi
bolso. De pronto, la desviaci�n del haz de luz, me hizo darme la vuelta.
�Aquel t�o estaba enfocando directamente mis nalgas que, por
estar yo inclinada, dejaban al descubierto un poco de mis negros tangas. Eso me
azor� un poco.
- �Podr�as dejar de comportarte como un mir�n?
- Me resulta un poco imposible, por la situaci�n. Estamos
solos en una universidad en medio del campo. Nadie te oir�a chillar y en este
momento, con ese cuerpo, estoy a punto de cometer una barbaridad.
Me tom� por sorpresa, e intent� salir de aquel l�o lo mejor
posible.
-Oye, mira, por favor, no hagas una locura. Si quieres, me
voy y asunto arreglado. No sabes hasta qu� punto s� defenderme de los moscones.
-No s� c�mo te defender�s de los moscones, pero s� s� que no
te defender�s del deseo...
Lo �ltimo que vi, antes de que �l pagara la linterna, fue que
se acercaba hacia m�. Enfoc� su rostro, y vi que se reflejaba en �l el reflejo
de la excitaci�n. La verdad es que aquello tambi�n era nuevo para m�, y ten�a su
morbo. Pens� que no ser�a malo probar, y que si no me gustab, con darle un
rodillazo, asunto arreglado. Sus ojos verdes, inundados por la negra pupila, me
miraron brillantes. Era atractivo, alto y musculoso. El tipo de hombre que dar�a
bien en una sesi�n de striptease.
Se acerc� a m�, y me aplast� contra la mesa. Se hab�a
despojado de la cazadora. Estaba en camisa. De pronto, me cogi� de los brazos y
se peg� a m� con todas sus fuerzas. Un bulto fr�o y duro fue a dar contra mis
ingles.
- Hasta la pistola se ha puesto cachonda, monada... Tienes un
cuerpo de infarto, y no voy a dejar desaprovechar este momento. Ni sue�es que te
soltar� pronto. Creo que mereces un repaso minucioso. Una vigilancia intensiva.
O� c�mo se despojaba del cinto. Yo estaba temblando, aunque a
ciencia cierta no sab�a de qu�. Descalza, sin escapatoria, con el vestido
levemente levantado, y la respiraci�n r�pida. �Estaba perdiendo la cabeza?
Un movimiento r�pido, y me vi con el vestido en la cintura.
�l, habilmente, hab�a separado mis piernas y se apretaba fuertemente contra mi
cuerpo.
Gem� un poco, e inmediatamente me arrepent� de aquello,
mordi�ndome los labios.
Como si me viera, me dijo:
- Si lastimas esos labios apetecibles, tendr�s que pagar una
penitencia.
Los solt� de entre mis dientes.
- �Mmmm! Llevas un perfume tentador, pero no es tan tentador
como las ganas que tengo de comerme esos hermosos pezones que deben ocultar los
sujetadores.
�Ufff! Me estaba excitando en una peligros�sima situaci�n. Me
dej� quitar el vestido, qued�ndome en ropa interior.Not� que tanteaba mis
brazos. Sin saber qu� hac�a o� un "click" sonoro, que me hizo comprender que
acaba de esposarme.
- �Qu� haces? �Est�s loco?
- Es s�lo moment�neo. No quiero que te resistas ahora. Luego
te las soltar�, cuando vea que no vas a rechazarme.
- �Su�ltame! Ni sue�es que voy a desearte.
- �Ah, no?- dijo �l creo que sonriendo.
De un fuerte empuj�n me hizo sentar sobre la mesa. Luego, con
una suavidad extrema, despoj� mis enormes pechos del sost�n, s�lo retirando la
tela que los cubr�a y coloc�ndola debajo. El muy indeseable me dijo suave, justo
al lado de la oreja, mientras se cercioraba de lo que dec�a era cierto:
- Entonces, �por qu� tus maravillosas tetas est�n tan
erguidas como si fueran dos pollas?
Gem� ante la caricia insistente.
- No eres tan inmune como quieres hacerme creer, profesora. Y
me gustar�a que me dieras una clase magistral.
De pronto, not� que buscaba algo, pegado a m� como si nos
fuera la vida, aunque yo intentaba echarme hacia atr�s. Un ruido descomunal y
estaba todo en el suelo. A excepci�n del tintineo de algo met�lico. Dos rasgadas
y me di cuenta de lo que suced�a: �acababa de cortarme las braguitas! Con un
gesto suave, al que yo me resist�, me ech� sobre la mesa, me abri� las piernas y
meti� su cabeza entre ellas.
Con un inmenso placer, le o� murmurar que le encantaba, tan
suave, tan depilada, tan excitada. Para confirmarlo, meti� la punta de su dedo
en mi interior. Sali� mojado, y aprovech� que todo estaba en silencio para que
yo le oyera relamerlo.
- Me encantan los co�itos mojados, preparados para que me los
coma. Y el tuyo es delicioso, �sabes?
Me arque� cuando not� su cabeza de nuevo ah�. Un profundo
lamet�n me oblig� a chillar. �l me ten�a inmovilizada. Una mano sobre mi
vientre, la otra aen las manos, y mis piernas sobre sus hombros. Totalmente
abierta e indefensa.
Otro lamet�n que abarc� mi sexo en su totalidad. Luego, se
dedic� a explorar con la punta cada rinc�n que encontraba a su paso, cada
cent�metro. Se dedic� a juguetear con mi cl�toris, ya abultado y saliendo a su
encuentro.
Gem�. Por recompensa recib� un pellizco de sus dedos en mi
pecho, que estaba siendo halagado por sus manos grandes. Una chupada de nuevo en
mi centro, otro gemido, otro pellizco que me reverberaba. Era un c�rculo
vicioso. �l me acariciaba ya un poco salvajemente, y cada vez que me arqueaba a
una chupada de �l, me pellizcaba el pez�n, inund�ndome de deseo...
-Eres una zorrita deliciosa. Cre�as que eras una doncella,
pero nadie es capaz de resistirse a una buena lamida, �eh, coraz�n? Pues ahora
voy a meterte mi lengua. Te follar� con ella y te dar� gusto hasta que consiga
que te corras en mi boca. Despu�s empezar� el espect�culo.
Le not� en mi rostro, inund�ndome de besos. Luego se apret�
contra mi boca.
Sab�a a m�, pero tambi�n a deseo y pasi�n. Nos besamos como
posesos, sacando las lenguas fuera de los rostros, mordiendo, buscando,
necesitando. Su lengua se pegaba a mi boca como una serpiente, estirando la m�a,
mordisqueando los labios. Me dej� �vida de sexo.
Primero fue suave, lento, delicado, pero a medida que
aumentaba mi excitaci�n, lo hac�a su pasi�n y su velocidad. Su lengua me lam�a
entera, me rodeaba el cl�toris, lo mordisqueaba, lo hac�a girar, lo sorb�a,
mientras, a la vez, iba apoder�ndose de mis pechos y molde�ndolos a su merced.
De vez en cuando met�a alg�n dedo en mi boca, que yo lam�a con gusto, con deseo.
De pronto me sent� sacudida por un espasmo, y chill� de forma
estert�rea y profunda. Un orgasmo bestial me hizo correrme en su boca, tal y
como hab�a predicho.Me hizo callar con una onomatopeya.
- �Sh! Mi zorrita linda va a portarse bien ahora, verdad?- me
sacudi� entera, haciendo que mis senos se bambolearan. �l baj� la cabeza, los
chup� y sigui�- Eso me gusta... est�s tan mojada que si ahora te follara, ser�a
un gusto... Pero a�n nos quedan un par de cosas que practicar, �verdad,
profesora?
Asent� en la obscuridad, a su merced. Not� que se bajaba los
pantalones, y que se sentaba �l en la mesa.
- Ahora me la vas a chupar, pero antes vamos a ir
prepar�ndote. �Tocas esto?
Una cosa dura fue a dar en mi mano, �l se encarg� de hacerla
girar. Era una porra de goma. No era muy delgada, por lo que yo estaba
acostumbrada a ver en la televisi�n. Deb�a de tener dos cent�metros de grosor,
aproximadamente, o dos y medio.
- Esto ser� lo primero que voy a meterte en tu co�ito. As�
estar�s preparada para cuando te meta mi verga por esa preciosidad de vagina que
tienes.
Me asust�, y me quej� levemente. Un alto de su voz me hizo
callar.
- Yo soy ahora el profesor. Le pondremos un cond�n encima
para que no haya problemas, �eh, perrita?
Baj� de la mesa, temiendo que yo no atendiera a lo que �l
deseaba. Me coloc� el torso sobre la mesa, aplast�ndome con su manaza el pecho,
sujet�ndome la espalda. Me quej� y trat� de escapar. Una palmada no muy fuerte
me dio en las nalgas. Le o� decir en tono jocoso:
-Los ni�os obedecen cuando los maestros les ense�an algo
nuevo.
Not� que me abr�a las piernas, y me sent� indefensa. De nuevo
not� su lengua chup�ndome, y luego unos besos ligeros... Sus dedos tantearon mi
entrada, y se adentraron f�cilmente dentro de mi sexo. Suavemente empez� a
meterlos y sacarlos.
- Pero si est�s lista para todo, mi amor... Eres una alumna
excelente. Te dir� qu� quiero que hagas. Te voy a meter esto en tu co�ito. No
puedo permitir que mientras me la est�s mamando t� no vayas a gozar tambi�n,
�ok?
-Pero si yo no...- trat� de decir.
- Shhhh! Silencio. Quiero que mantengas las piernas cruzadas
y eso dentro de ti. T� eliges, o la mantienes ah� tranquilamente o yo me
encargar� de que te entre toda, y te aseguro que te va doler. Es larga.
Me call�. Era una nueva experiencia, y aunque me aterraba, su
voz masculina y viril y su determinaci�n me exaltaban. Cerr� los ojos. Todo su
cuerpo estaba sobre m�, empuj�ndome para que no me moviera. Ten�as las piernas
todas abiertas y me estaba besando el l�bulo de la oreja con su lengua y su
aliento. Le not� explorar mi abertura con una mano, luego... Algo duro, potente,
adentr�ndose en mi cuerpo.
- �Ves, coraz�n? Te encanta...
Entr� con facilidad. La movi� un poco, haci�ndola rotar.
Gemidos acompasados siguieron a aquello. Las meti� y sac� un poco, para que mi
interior se fuera amoldando. De pronto me cruz� las piernas, meti�ndola m�s, se
sent�, me hizo poner mi cabeza sobre su sexo y me orden� que la chupara. Lo hice
de buen grado, porque era magn�fica, gruesa y grande. Era una delicia tener
inundada la boca con aquello, con las mejillas siendo rozadas por su cabeza
grande y amoratada y sentir las venas crecer al contacto con mi lengua. La
sacaba y me la met�a, jugando con el glande y mi lengua, meti�ndola en el
agujero por donde sab�a que en un momento u otro saldr�a una leche deliciosa. De
vez en cuando, aquel vigilante, levantaba el pie y lo llevaba hasta mi culito,
que lo ten�a en pompa para llegar mejor, y daba un peque�o empuj�n a la porra,
clav�ndomela.
Estuvimos un rato as�, yo acariciando la base con la mano y
chupando con devoci�n, y �l dirigi�ndome la cabeza para darle m�s placer. Antes
de que pudiera correrse me dijo que �bamos a jugar a otra cosa. Se sent� en el
sill�n giratorio y abri� las piernas, me quit� de dentro aquel cacharro y me
hizo sentarme encima de �l, d�ndole la espalda. Cuando iba a hacerlo, de un
empuj�n me sent� sobre �l, empal�ndome con su verga impresionante. Mi cuerpo,
acostumbrado a la porra, se resinti� por la embestida de aquel gordo palo que se
cern�a en mis entra�as. Me hizo abrir las piernas hasta colorcarlas sobre los
brazos de la silla, me hizo reclinarme sobre su pecho, y mientras con una mano
me sobaba las tetas, con frenes�, empez� a masajearme el cl�toris con la punta
de la porra, h�meda de mis jugos.
- Est�s cachond�sima mi amor.
Me dio un mordisco en el cuello, que me hizo gemir.
En aquella posici�n indefensa, a su merced, yo s�lo pod�a
tomar su cabeza entre mis manos, y pedirle que siguiera con aquello...
Cuando se cans� de provocarme orgasmo tras otro con aquello,
me tom� de las caderas y me levant� en vilo. Una vez arriba, a una distancia
prudencial, me dej� caer sobre su polla. Yo gritaba de placer, al sentir
aquellos empellones. Ewmpec� a portarme como jam�s cre� que lo har�a, chillando
como cre�a que a �l le gustar�a:
- Soy tu zorra, �dios! Emp�lame con tu polla, hasta que me
salga por la garganta... �Mm! M�temela sin piedad, r�mpeme...
Aquello les estaba poniendo a mil, porque sus embestidas eran
cada vez m�s fuertes. Me hizo levanar y ponerme a cuatro patas. En esa postura
notaba sus huevos golpeando mi culito cada vez que me la met�a. De vez en
cuando, la sacaba para acariciar mi cl�toris con ella, haci�ndome combar de
placer.
De pronto me dijo:
-Vamos, guarra, ahora quiero que tus tetas me hagan la mejor
cubana que hayan visto los ojos de nadie. Men�atelas bien para que pueda
correreme a gusto, pero no temas, que no pienso dejar caerlo todo ah�.
Me la met� en medio de las tetas y, a pesar de tenerlos
grandes, debido a su grosor, no quedaba del todo tapada. Llena de mis jugos
patinaba en medio como si se deslizara por aceite lubrificante. Estaba dur�simo,
y sus gemidos eran ya un comp�s celestial para mis o�dos. Cuando supo que iba a
estallar, o que faltaba poco, con bruscos ademanes la sac� de all�, me abri� la
boca y la meti� dentro.
- Chupa, chupa, vamos, zorra, chupa todo eso.
Un borbot�n de semen cay� en mi boca y debido a que la ten�a
llena con todo aquello, cayeron algunas gotas que no acert� a tragar.Tony se
apresur� a restreg�rmelos por los pechos, diciendo que as� todos sabr�an que me
hab�a portado mal y que me hab�a marcado como su zorra. Cuando termin�, me tumb�
sobre la mesa de nuevo y me hizo correr de nuevo tres o cuatro veces, a cual m�s
bestial. Cuando terminamos, me abraz� y me bes� dulcemente... Sus palabras tan
suaves resonaron en mis o�dos.
- Espero que esto te haya gustado. A m� me has dejado roto.
Eres una preciosidad y adem�s tienes un morbo incre�ble, chica. Me gustar�a
hacerte mil cositas.... de hecho, creo que esto a�n no ha acabado y ya creo que
te quiero...
Permanecimos abrazados un rato m�s. Era tan dulce, me
acariciaba el cabello y me besaba los labios doloridos por sus besos con
maestr�a.
Y no, no hab�a acabado.
Tony me ten�a preparado algo m�s. Saqu� unas toallitas que
ten�a en mi bolso y proced� a limpiarme. La luz que penetraba por los cristales
anunciaba que la luna llena hac�a horas que hab�a salido. Le contempl�,
mir�ndome desde un sill�n espacioso, mientras me quitaba los restos de leche que
ten�a sobre el pecho. Cuando fui a limpiarme el sexo me lo impidi�. Dijo que
llena de mis jugos estaba m�s buena. Luego, me pidi� que me pusiera los zapatos,
s�lo los zapatos, y que bajara con �l a la garita que ten�an los vigilantes y
que ten�a c�maras de v�deo.
Me daba una verg�enza enorme cruzar el campus desnuda, a
pesar de que no hiciera fr�o, por lo que intentaba taparme con el vestido. Era
in�til, sin ropa interior s�lo hac�a que parecer m�s puta a�n.
Llegamos a la garita, que era un sitio amplio, una habitaci�n
llena de paneeles de luces y c�ramas que controlaban todos los movimientos.
Entramos, Tony delante y yo detr�s. Cuando me fij� bien, me
di cuenta que delante de los monitores hab�a un chico. �Dios m�o! Y yo desnuda.
Tony le quit� importancia. Y me lo present�. Los dos eran guap�simos a la luz
del ne�n.
Uno con ojos grises (Pedro) y moreno. Tony ten�a los ojos
verdes y serenos.
- No te preocupes. Hay una c�mara en cada departamento y
Pedro lo ha visto todo, puedes quitarte ese vestido de delante. Ya ha visto todo
cuanto quer�a ver.- sonri� mostr�ndome los dientes blancos.- Y creo que tambi�n
tienes ganas de probarte.
De pronto me vi en medio de dos macizos que se pegaban a m�
con sus prominentes bultos, buscando el consuelo y el calor de mi cuerpo. Tony,
que estaba detr�s, abr�a mis nalgas y clavaba su dureza en m�, mientras rodeaba
mi talla hasta mis pechos, us�ndolos como anclaje. Me besaba el cuello con una
gran maestr�a... Por su parte, Pedro hab�a abiertos un poco mis piernas y se
pegaba a m� como si me necesitara para respirar. Sin apenas mediar nada, me
abri� la boca con la lengua y se adentr� en ella como una serpiente. Me sent�a
como una perra en celo, necesitada de lo que me estaban dando.Pedro no cesaba de
murmurar que le encantaban mis grandes tetas y lo depilado de mi co�ito, que
seguro que ten�a que comerse muy bien sin impedimentos.
Yo empec� a suplicar que acabaran con aquello o que... O que
me follaran, porque no iba a aguantar. Tony sonri�, le not� bajar detr�s de m�
hasta mi culito, donde empez� a chuparme el agujerito y a morderme las nalgas.
Por su parte, Pedro se estaba entreteniendo en chupar mis pezones duros, tiesos
como espadas, y en meter los dedos en mi rajita, que ya volv�a a pedir guerra.
Pero a Tony se le ocurri� algo.
- Me gustar�a ver como una zorrita se masturba cuando le
dicen obscenidades.
Me hicieron sentar en una silla, me pidieron que abriera las
piernas, que mirara lo que hac�an y que me fuera tocando.Los dos se bajaron los
pantalones. Tony ten�a la verga grande, pero la de Pedro era m�s gruesa a�n.
Eso me excit� m�s, a pesar de que fuera m�s corta.Ambos la
ten�an en la mano, y se la frotaban delicadamente. Mientras, iban diciendo
obscenidades, ante las cuales y por la situaci�n, yo me iba calentando.
- Eres una zorrita cojonuda, t�o. No ha rechistado cuando le
he metido la porra por el co�o. Si hubiera tenido ah� mismo un par de cuerdas,
se la hubiera atado a ese chocho mojado para que se hubiera paseado as� por todo
el campus.
Yo mientras, extasiada, iba frotando mi cl�toris en c�rculos,
esperando que de un momento a otro llegara el orgasmo. De vez en cuando paraba
para sobarme los pechos, que ya me dol�an de duros.
- Me dan ganas de meterle toda la puta polla en la boca,
hasta los huevo- dijo Pedro.
-Pues creo que sus tetas son incluso m�s buenas que ese
co�ito. Y yo le dar�a un diez, as� que imagina.
Un orgasmo me traspas� de arriba abajo, en espasmos que me
hicieron gritar, comb��ndome y ondul�ndome.
-�Qu� te parece la gran zorra? Se ha corrido s�lo de
hablarle. Yo quiero comerme su co�o. Es tan deseable.
Pedro se agach�, me sujet� las manos y met�o su lengua dentro
de m�. Tony me sujet� las manos por delante, a la vez que met�a su polla en mi
boca, entera, casi d�ndome arcadas. Con sus caderas empez� a meterla y sacarla,
ante la imposibilidad de hacerlo yo. Un orgasmo me traspas� de nuevo, y Tony le
dijo a Pedro que ya estaba bien de que yo me lo pasara bien. Tony se sent� en la
silla, me pusieron a m� a cuatro patas y me hizo sobar�e la polla con las tetas,
mientras Pedro me met�a la suya en la boca.
-La chupa de miedo la muy guarra. �Mm! Me encanta.
- Vamos, t�o, no puedo m�s, quiero met�rsela.
Tony dej� sentar a Pedro, y despu�s me coloc� sobre �l. Me
hizo abrir las piernas, y mientras me chupaba el pecho, dirigi� la punta de
aquella verga gord�sima a la entrada de mi rajita. Me asust� porque pens� que me
iba a desgarrar, sin embargo, estaba tan excitada que no sucedi� nada de eso.
Fue como si intent�rais meter una cosa gruesa en otra m�s
estrecha, cuesta, pero si resbala es un placer. Pedro empuj� y la meti� toda.
Empez� a menearse debajo de m�, mientras yo acariciaba la cara de Tony, metido
entre mis pechos.
-Creo que hay que prepararla- dijo Tony.
Not� que Pedro, me inclinaba hacia delante, y me levantaba un
poco. Me hicieron quedar en �ngulo recto. No sab�a qu� iban a hacer. Not� que
los dedos de Pedro se me met�an dentro, sacando con ellos todo lo que pod�an de
mi jugo. De pronto, este fue a parar a mi virgen culito.
-�No!- grit�.- Por ah� no, me va a doler.
-�Shhhh! Tranquila, es por tu bien. Es la �nica manera de que
podamos darte placer los dos. S�lo duele un poquito al principio. Luego ya ver�s
que te encantar�.
Tony me entretuvo haciendo que le chupara. Not� un dedo de
Pedro. Luego dos.
Costaba, pero �l era suave, demor�ndose, bes�ndome las nalgas
de vez en cuando. Fue muy placentero, y en pocos minutos, ten�a el culito lleno
de jugos y los tres dedos de Pedro d�ndome placer, movi�ndose lentamente, en
rotaci�n. De pronto les not� salir. Apret� mi trasero, y una sonora palmada me
advirti� que lo abriera. Not� algo duro, que pulsaba a la entrada... Me quej�.
- Shhh! Est�s muy dilatada, eso no te doler�. Lo prometo, mi
amor... Y si est�s preocupada, s�lo meter� la m�a, que es menos gruesa que la de
pedro, �de acuerdo?
Me bes� las mejillas, y dej� escapar un grito.
Unos dos cent�metros de porra se introdujeron dentro. Luego
cuatro, luego cinco. Quise levantarme, pero Pedro me recomend� que no lo
hiciera, porque a�n estaban en el proceso. Fue empujando lentamente. Yo me
sent�a mal, me dol�a un poco mientras se dilataba, pero cuando iba entrando,
tengo que reconocer que era bestialmente bueno.
Cuando consideraron que ya ten�a suficiente dentro, Pedro la
sac�. Luego Tony me vend� los ojos y me hicieron sentar sobre uno. Era Tony.
Not� que me manten�an en vilo para que no me hiciera da�o, y, lentamente, fue
introduci�ndoseme por el culito. Me dol�a porque la polla de Tony era m�s gruesa
que la porra, pero �l era tan sol�cito, pellizc�ndome los pechos y dici�ndome
que eso me gustaba... Cuando estuvo a unos cent�metros, empuj� fuertemente.
Ten�a la polla llena de mis jugos, puesto que antes la hab�a paseado por mi sexo
y entr� f�cilmente. Se movi� para comprobar que no quedaba un solo cent�metro
fuera. Pedro, aprovechando, puso mis pernas sobre sus hombros, se arrodill� y me
perfor� por el co�ito.
Estuve a punto de desmayarme, porque me traspas� un orgasmo
bestial.
Pedro, debido a su postura, pod�a acariciarme el cl�toris y
lo hac�a con maestr�a.
Eso sin contar que los dos se mov�an dentro de m� de forma
acompasada.
Luego, con sencillez, salieron de m� y se sacudieron,
bombeando su leche por encima de mi cuerpo.
Despu�s de aquello, Tony y yo somos novios, y de vez en
cuando a�n nos reunimos con Pedro...
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