Mi cu�ado es kinesi�logo.
Cuando desde hace tiempo le hab�a propuesto tener una sesi�n
de masajes porque me sent�a tenso, sin entender porqu�, �l dilataba el
encuentro, posponiendo la cita una y otra vez.
Incluso, me lleg� a decir que no ten�a tiempo y hasta me
deriv� con un colega suyo, cosa que no acept�, pues sab�a, a trav�s de varias
personas y entre ellas, obviamente, mi propia hermana, que Ramiro ten�a una
t�cnica asombrosa para descontracturar las tensiones acumuladas del trabajo, el
cansancio, el estr�s cotidiano, etc., todas estas dolencias tan comunes a los
40.
As� que yo insist� tanto que �l un tuvo m�s remedio que
arreglar una sesi�n en su consultorio. Lo llam� por tel�fono y le dije:
-Ramiro, no entiendo porqu� no me das bola.
-�C�mo?
-S�, hace meses que vengo persigui�ndote para que me des un
turno. Tengo mucha tensi�n en mi cuello y necesito que me hagas un buen masaje.
-Disculpame, es que estuve con mucho trabajo, y pens� que...
-Pensaste que no era urgente. S�, claro, ten�s raz�n, no lo
es, pero no quer�a consultar con otro especialista sabiendo que tus masajes son
formidables.
Ramiro hizo un silencio, y yo pude casi adivinar su sonrisa.
-Est� bien, cu�ado, pero va a tener que ser para la semana
que viene, pues...
-�Qu�? �No ten�s un turno antes de la semana que viene?
-Lo siento, yo...
-Es que la semana que viene tengo que viajar, y no quisiera
esperar, me quedar�a m�s tranquilo si antes pudieras verme.
-Comprendo. Bueno, a ver... mir�, lo que se me ocurre es que
te vengas despu�s de hora, ma�ana, cuando termino con mi �ltimo paciente, a eso
de las ocho. �es muy tarde?
-No, es perfecto, all� estar�.
Al d�a siguiente, me levant� pensando en mi sesi�n de masajes
con Ramiro. Estaba un poco nervioso. Yo no ten�a mucho trato con �l, salvo las
amables e intrascendentes conversaciones de rigor que se daban en las reuniones
familiares.
Y estuve todo el d�a pensando en como ser�a esa experiencia.
De pronto, me di cuenta de que nunca le hab�a prestado
atenci�n a Ramiro. Era como si no se hubiera dado la oportunidad de conocernos
mejor. Y tampoco la hab�amos buscado.
Despu�s de cinco a�os de conocerlo, ahora me daba cuenta que
ese llamado telef�nico me hab�a hecho pensar en �l, m�s de lo que hubiera
imaginado.
En un momento me imagin� sus manos en mi espalda y un
escalofr�o recorri� mi cuerpo y lleg� a estremecer mis genitales.
Ramiro era un hombre de 36 a�os. Nada especial en su aspecto
f�sico. Alto, bien proporcionado, morocho y con una cuidada y peque�a barba
candado. Usaba anteojos permanentemente, cosa que le daba un aire a profesor de
arqueolog�a, que encajaba perfectamente con su personalidad t�mida e
introspectiva.
As� pas� ese d�a, cuando, despu�s de mi trabajo, llegaba la
hora de mi sesi�n.
Al llegar a su consultorio me abri� la puerta su secretaria
que me invit� amablemente a pasar.
Esper� unos diez minutos, quince, veinte.
Por fin se abri� la puerta del consultorio, y de ella sali�
un joven rubio de 20 a�os. Me fij� especialmente en �l, porque era muy
atractivo. Sali� r�pidamente y se fue despu�s de arreglar con la secretaria su
pr�xima visita.
Ramiro segu�a tras de la puerta.
Cuando el rubio paciente se hab�a ido, la secretaria tom� sus
cosas y por el intercomunicador habl� con Ramiro.
-Doctor, yo ya me voy. Aqu� lo espera su cu�ado.
-Que pase, por favor. Hasta ma�ana, Celia.
-Hasta ma�ana, doctor- y volvi�ndose sonrientemente hacia m�,
me dijo- Ya puede pasar, se�or.
Entr� al consultorio y vi a Ramiro detr�s de un escritorio
escribiendo unas notas.
-Hola, Ramiro
-�C�mo est�s? Pas�, pas�, ya estoy con vos.
Dej� prolijamente sus cosas acomodadas en el escritorio, fue
a lavarse las manos.
-�Mucho trabajo hoy?- dije despu�s de un rato de silencio.
-S�.
Y como el silencio ya empezaba a incomodarme, intent� hablar
de algo.
-Ese muchacho que sali� reci�n, �tambi�n necesitaba masajes?
-Si, claro- dijo sin mirarme, mientras se secaba las manos.
-�Tan joven?
-S�, son los peores. Hoy en d�a, todo el d�a con las
computadoras, los j�venes tienen muy mala postura, siempre est�n con dolores en
las manos, en los hombros...
-No pens� que un muchacho en tan buen estado f�sico,
necesitara este tipo de sesiones.
Sonriendo vino hacia m�.
-�Porqu� te llam� tanto la atenci�n?
Me sent� un poco descubierto y respond� con evasivas.
Enseguida �l percibi� mi incomodidad, y hasta dir�a que le
hab�a gustado eso. Pero sigui� con las preguntas de rutina.
Me alivi� eso, y respond� acerca de mi alimentaci�n, h�bitos
corporales, si hac�a o no gimnasia, si segu�a sin fumar, en fin.
Despu�s de que hab�a anotado todos esos datos y otros en su
cuaderno, se levant� del escritorio y muy amablemente me dijo.
-Bueno, vamos a verte un poco.
Tembl� un poco con sus palabras, pero enseguida me levant� y
lo mir� expectante.
-Por aqu�.-me dijo, indic�ndome la camilla- Dej� la chaqueta
en el perchero y sentate en la camilla.
Obedec� un poco excitado y nervioso.
Se puso detr�s de m� y empez� a auscultarme. Al sentir sus
manos en mis hombros, empec� a relajarme instant�neamente sintiendo una
sensaci�n de alivio y tranquilidad.
�l me preguntaba por la familia, trabajo. Lo hac�a como parte
de su t�cnica profesional. Yo, apenas pod�a balbucear algunas palabras.
Sus manos empezaron a hacer m�s presi�n y por momentos
quedaba en silencio, como pensando como proseguir ante lo que iba descubriendo
con su tacto.
Yo dej� de hablar y entrecerr� los ojos.
Sent� sus manos descender por mi columna vertebral,
inspeccionando cada sector.
Cuando lleg� a la zona lumbar, mi placer era casi completo.
Cuando ya me sent�a en el quinto cielo, �l termin� la
revisada.
-No ten�s nada grave. Simplemente algunos m�sculos un poco
tensos. Voy a hacerte un masaje. Quitate la camisa y los pantalones y recostate
en la camilla.
La cosa se pon�a interesante. Mientras empezaba a
desabrocharme los botones de la camisa mir� a Ramiro m�s atentamente. No era un
hombre lindo, pero tampoco feo. Sin ser extremadamente atractivo, ten�a un
aspecto tan varonil y sexy que comenzaba a perturbarme. Usaba un delantal corto
que le llegaba al comienzo de sus muslos. No llevaba nada puesto debajo de �l,
su escote en V, dejaba ver el comienzo de su pecho blanco y joven, sin ning�n
vello. La fina tela del delantal era casi traspasada por el bulto de sus firmes
pezones. Eran dos deliciosas puntas que invitaban al tacto casi inevitablemente.
�Cielo santo! �C�mo es que nunca me hab�a fijado antes en ese hombre? Recuerdo
entonces, que comenc� a fijarme de otro modo en �l, de otro modo en el que lo
hab�a hecho hasta ese momento. Entonces comprend� que �l ejerc�a en m� un
atractivo cada vez mayor. Y s�lo pensaba en tener con �l algo m�s que una sesi�n
de masajes. Pero... con algo hab�a que empezar, �no?. Pero... por otro lado.
�qu� estaba pensando?, �c�mo se me ocurr�a semejante cosa?, �con el marido de mi
hermana? �con mi hermano pol�tico?. Me escandalic� de m� mismo, y mientras me
bajaba los pantalones, volv� a pensar en mi contractura.
Qued� en b�xer.
Al sentarme en la camilla, observ� que Ramiro ven�a hacia m�.
-Muy bien, ahora recostate boca abajo e intent� relajarte lo
m�s posible.
�Relajarme?. Estaba ansioso de sentir sus calientes manos
sobre m�, pero obedec� como si fuera su esclavo.
Cuando apoy� sus manos, no pude dejar de exclamar un "Ah" de
placer. Ramiro respondi� a esto con mayor fimeza y maestr�a.
Sus manos comenzaron por recorrer todas mis v�rtebras.
Enseguida sent� como si las fuerzas me abandonaran. En algunos sectores sent�a
alg�n dolor, pero el efecto era tan placentero que me abandonaba a sus
magistrales manos.
-�Ramiro, qu� bien que lo hac�s... siento como si me
estuvieras abriendo la espalda...!
-�S�? Bueno, bueno, no es para tanto. Y adem�s reci�n
empiezo. Esper� a ver lo que sigue.
Y esas palabras me hicieron un efecto tremendo. Porque en ese
momento sent� que cada cosa que hac�a, repercut�a en mi zona p�bica. "�Oh,
Dios!, espero que no se me vaya a empalmar..." pens� asustado.
Ramiro abr�a mis nudos como un mago.
Hac�a presi�n suavemente, casi tiernamente, pero firme y
preciso.
Se dedic� a masajear detenidamente mis hombros, la zona de
los om�platos, y sigui� por todo el centro de mi espalda.
Estaba a un costado de la camilla. A veces rozaba mi brazo
izquierdo con sus muslos. Yo luchaba por quedarme quieto y no tocar sus piernas.
Era encantador sentir a aquel hombre tocarme as�, y rozar cada tanto esas
piernas que iban y ven�an.
Por fin, lleg� a la zona lumbar.
Mi respiraci�n se entrecort� cuando sent� sus manos en mi
cintura. Estaban tan calientes...
Iban recorriendo desde el centro hacia los costados, hasta
casi meterse por debajo, como buscando mi ombligo. Pero cre� morir cuando
escuch� su voz.
-Voy a bajarte un poco el b�xer. El el�stico est� ajustado.
Y �l debi� haber notado mi tensi�n, porque enseguida me dijo:
-Tranquilo. Relajate. Ser�n solo unos cent�metros.
Pero, claro, no fueron unos pocos cent�metros, sino varios
cent�metros, porque �l, sin ning�n problema, desliz� el boxer hasta por lo menos
la mitad de mi culo. Sent� como quedaba ante su vista gran parte de mi raya.
Respir� muy hondo y contuve la respiraci�n para no gemir. Mis
pelos se erizaron. Sent�a la carne de gallina por todo mi cuerpo. Y seguramente,
�l hab�a notado eso. Tambi�n sent� verg�enza por exponerme tanto a �l, pero
intent� no pensar m�s y tan solo relajarme, como me hab�a dicho.
Ramiro continu� su exploraci�n t�ctil por toda la franja de
mi cintura. Pero sus manos acariciaban ahora el comienzo de mi cola. Sent�a sus
dedos mezclarse con mis vellos negros. Instintivamente abr� las piernas para
mostrarle la zona m�s �ntima y vulnerable de todo macho. No pod�a creer que mi
propio cu�ado estuviera sobre mi culo toc�ndolo y sob�ndolo.
Sus manos eran sublimes. Yo, poco a poco sent�a que mi cuerpo
se derret�a como manteca, a la vez que algo en mi entrepierna pugnaba por
endurecerse.
En sus movimientos, los dedos se met�an circunstancialmente
por debajo de la fina tela del b�xer.
No s� cuanto habr� durado eso, pero fue una eternidad.
Sent�a sus manos tocarme, violentamente, o suavemente, en
c�rculos, llegando vertiginosamente hasta casi rozar mi ano, por los costados,
sobre la tela de mi b�xer, en fin, una paleta maravillosa de nuevas sensaciones.
Y entonces, los movimientos se hicieron m�s lentos. M�s
suaves. Fue cuando comenc� a notar algo m�s que unos terap�uticos masajes.
Sent� de pronto que sus manos tomaban la tela de mi prenda
interior y como con un leve tir�n los deslizaba m�s a�n hacia abajo. Sus manos
se apresuraron a tocar mis nalgas casi desnudas. Las separaba, estaba seguro de
que las separaba para ver el interior de mi raya.
Fue masajeando tenuemente toda la zona hasta que pude sentir
mi culo completamente relajado.
Respirando fuerte, tom� firmemente cada uno de mis muslos y
los sob� violentamente.
De pronto este inesperado contraste hizo que los pelos de mis
brazos y mis piernas se erectaran fuertemente, produciendo en todo mi cuerpo un
estremecimiento indescriptible.
Trabaj� sobre mis piernas largo rato, lo hizo de una manera
mucho m�s violenta que en mi espalda y mi culo. Tom� cada uno de mis talones y
los energetiz� de manera sorprendente. Se dedic� entonces a cada pierna. Cuando
masajeaba la parte interna, yo me sent�a morir. Entonces se detuvo precisamente
ah�. En la parte interna de los muslos.
Poco a poco iba subiendo.
No pod�a creer esa sensaci�n de bienestar.
Este tipo deb�a ser un excelente amante, pens�. Con raz�n mi
hermana hab�a cambiado tanto despu�s de casada. Siempre le dec�a cuan bien le
hab�a sentado el matrimonio.
Mientras pensaba esto, sus manos iban ascendiendo por el
interior de los muslos.
Me preguntaba hasta d�nde iban a llegar.
Sus dedos segu�an subiendo, probando nuevas musculaturas y
explorando todo lo que encontraban a su paso.
�Estaban tan cerca de mis test�culos...!
Creo que yo hab�a subido mi cadera, porque inconscientemente
esperaba la visita de sus dedos en zonas m�s �ntimas.
Y as� fue. Porque sus dedos llegaron justo a la deliciosa
uni�n de la entrepierna y el comienzo del muslo, provocando en m� intensas
palpitaciones.
Las manos masajearon mis �squiones, tocando de vez en cuando
alguna de mis bolas. La sensaci�n era fascinante. Abr� m�s las piernas, a punto
de dejar los pies colgando fuera de la camilla. La tela del b�xer estaba bien
floja, beneficiando la entrada de los dedos por debajo de ella.
Por momentos sent�a sus dedos tocar mi piel. Tocaban mis
bolas, se enredaban con mis vellosidades, hac�an peque�os c�rculos y volv�an a
salir.
Pero, de pronto, algo detuvo sus movimientos.
Yo esper� un momento, pero Ramiro no se mov�a.
Entonces, apenas murmurada, escuch� su voz.
-Eh... creo... creo que ya es muy tarde. Se nos ha pasado el
tiempo volando. Podemos seguir en otra sesi�n.
Su voz estaba como quebrada. Lo mir�, confuso y asombrado.
Ten�a la mirada en el piso.
-Ramiro. No. Te lo pido por favor. Segu� un rato m�s. Est�
muy bien lo que est�s haciendo. �por favor!
-No, yo.... bueno, precisamente... no s� si esta bien, y ya
es tan tarde, no lo s�, yo...
Entonces, como vi que quer�a alejarse, lo tom�
sorpresivamente por un brazo, lo mir� muy fijo y serio a los ojos y le implor�:
-Ramiro. Por favor...nunca me hab�a sentido tan bien en tanto
tiempo...por favor, segu�...
Nos quedamos un instante as�, con la vista bien fija en los
ojos del otro, hasta que suavemente, me acomod� el brazo en la camilla.
-Est� bien. Ten�s raz�n. Sigamos.
Y en silencio, lentamente, �l prosigui� con el divino
tratamiento. Pero ahora, despu�s de esa mirada, pod�a comprender que est�bamos
pasando un l�mite extra�o y delicado, aunque supremo y delicioso.
Cuando volv� a sentir sus manos sobre mi cuerpo, me estremec�
de nuevo. Sent� que mi pija despertaba, pero ahora ya no me concentraba en
impedirlo.
Sus movimientos se hicieron cada vez m�s lentos, y sus dedos,
�vidos y acariciantes, recorr�an toda la extensi�n de mi cuerpo.
Al detenerse por un instante y no sentir su contacto, pens�
entonces que �l quer�a nuevamente desistir seguir adelante. Pero de inmediato
esa pausa angustiante se vio compensada por algo mejor. Tomando mi b�xer, me los
desliz� hasta debajo de mis tobillos, y me los quit�.
Yo estaba tan sorprendido como excitado.
Sent�a esa mezcla rara de la incertidumbre vaga por si todo
eso era parte todav�a del tratamiento formal de masoterapia, o si hab�amos
arribado a algo m�s jugado. Confieso que en ese momento a�n no lo sab�a. Pero la
intuici�n segu�a gui�ndome, y mi verga respondiendo.
Yo estaba desnudo ahora ante �l.
Me excitaba mucho eso, y me angusti� un poco al pensar que mi
erecci�n estaba ah� abajo.
Ramiro, siempre en silencio, me tom� entonces el brazo
izquierdo. Lo iba desmenuzando en sus manos. El �xtasis que me provocaban sus
movimientos era incalculable. Tambi�n hizo lo mismo con mi otro brazo hasta que
al fin los dej� relajados y reposando a los costados de mi cuerpo. Con leves
toques, sus yemas fueron palpando mi espalda, mis hombros, mi cintura, y segu�a
bajando. Entonces, pos�ndose en mis nalgas, todav�a hizo all� maravillosas
delicias.
Suavemente me tom� los gl�teos y los amas�. En cada
movimiento circular mi ano quedaba al aire, gracias a la apertura que consegu�a
de cada uno de mis gajos. Sus pulgares, pr�ximos a mi agujero, se iban cerrando
y aproximando m�s al centro.
Yo no me mov�a, pero esto me costaba mucho.
Mi verga estaba dur�sima y sent�a como los peque�os chorritos
de l�quido preseminal brotaban mojando todo el �rea.
Por fin, sus pulgares llegaron al borde de mi ano. Pero
estuvieron largo tiempo all�, sin animarse a entrar.
Bordearon toda la periferia, acariciando mis oscuros pelos.
Era infartante.
Era como una peque�a muerte, casi al borde de la expiraci�n.
�C�mo se pod�a brindar tanto placer a alguien? Ese hombre era un experto, un
verdadero maestro de las t�cnicas corporales.
Cuando cre� que iba a desmayarme, y a punto de ser violado
por dos pulgares, Ramiro se detuvo y suavemente me dijo:
-Ahora, date la vuelta.
�Qu�?. Ese muchacho ten�a una t�cnica asombrosa, llegaba
hasta puntos de �xtasis inigualables, pero ten�a la habilidad de detener todo en
el punto l�mite justo cuando el cl�max llegaba a su m�xima c�spide. Y eso era
precisamente lo que lo hac�a enloquecedor e inexorablemente deseable.
�Darme la vuelta? Nunca hubiera ni sospechado que �l iba a
pronunciar esas palabras. �y ahora?.
Me qued� unos instantes quieto, sin saber que hacer. Mi pija
estaba enorme y dura.
-�Me escuchaste?, �Date la vuelta!
-Pero... eh, bueno, si, es que...
-Vamos. Ven�, que te ayudo.
Y suavemente me tom� por los costados de mi espalda,
ayud�ndome a girar.
Me di vuelta y me dej� recostar boca arriba. Toda la erecci�n
de mi verga bamboleante qued� ante su vista.
Yo me qued� turbado y sonroj�ndome, fij� la vista en el
techo.
Los dos guardamos silencio, y por el rabillo del ojo, me di
cuenta como �l se quedaba un rato absorto ante mi desnudez dura.
Pero al posar sus manos en m�, respir� profundo y recobr� la
calma.
Me entregu� nuevamente a �l y ya no me daba verg�enza mostrar
toda mi virilidad.
Sus manos atravesaron mi pecho, entre sus dedos se deslizaban
mis pelos largos y negros. Gir� sobre mis pectorales, avanz� sobre mi abdomen y
sigui� bajando, pero, no toc� jam�s mi pene erecto que corcoveaba en intensos
latidos. Roz� toda la zona pubiana y se perdi� entre mis vellos espesos,
masajeando el pubis de una manera exquisita. Abri� levemente mis piernas para
adentrarse en el interior de mis muslos. Acarici� mis piernas, completando el
trabajo que hab�a hecho anteriormente.
Largo rato se dedic� a relajarme, cosa que lograba
magistralmente. Pero mi verga apuntaba desafiantemente hacia el techo.
Entonces pas� una palma por detr�s de mis hombros, me sostuvo
firmemente por detr�s de mi espalda y me invit� a incorporarme.
Me hizo sentar en la camilla, me gir� dulcemente hacia �l y
mis piernas colgaron al costado de su cuerpo.
Permanecimos frente a frente.
Su cabeza, a unos cent�metros m�s arriba que la m�a, estaba
muy pr�xima a m�. Ambos est�bamos muy cerca.
Ramiro tom� mi cuello con sus c�lidas manos y lo empez� a
descontracturar. Sabiamente iba a los puntos que necesitaban atenci�n, por lo
cual poco a poco mis tensiones iban desapareciendo.
Pod�a sentir su aliento.
Era divino.
Eso contribu�a a sostener mi erecci�n escandalosamente.
Con las piernas abiertas, mi pija permanec�a dura como una
estaca, chorreando precum y latiendo con la cabeza a medio descapullar.
Ramiro masajeaba mis hombros ahora. Y no era ajeno a todo lo
que me estaba pasando. Cada tanto yo advert�a como �l bajaba la vista hacia mi
miembro que estaba cada vez m�s enorme. Emerg�a de mi mata de pelos con las
bolas bien compactas, queriendo descargar todo su contenido.
Lo mir�. Ten�a la cara justo delante su pecho.
Pero cuando �l pas� sus manos por detr�s de mi espalda, yo no
tuve m�s remedio que aproximarme hacia �l. Casi era un abrazo. �l me masajeaba
la columna. Sus brazos me rodeaban, haciendo que mi nariz tocara casi su plexo
solar. Sent� su aroma. Era un perfume muy tenue pero embriagador.
�Cu�nto tiempo estuvimos as�?
No lo puedo saber con exactitud. Yo no atinaba a hacer nada. Sent�a que si daba
un paso adelante iba a romper la magia que ambos hab�amos creado hasta el
momento.
Y entonces dej� que todo siguiera su curso natural.
Ramiro me dej� por un instante (que cre� horas), rode� la
camilla y se situ� detr�s de m�.
Sigui� trabajando con mis brazos, llev�ndolos hacia atr�s y
hurgando con sus dedos por debajo de mis om�platos que se abr�an con esa
posici�n.
Baj� instintivamente la cabeza, pero �l me la sostuvo y la
coloc� nuevamente en su eje. Por primera vez me tocaba la cabeza. Me sent�
entonces como un ni�o al que un �ngel cuidaba afanosamente.
Cerr� los ojos y me entregu� m�s a sus delicias.
Cambi� de brazo haciendo lo mismo, despu�s volvi� a los
hombros, sigui� hacia mi cadera, masaje� mi cintura...
Yo ansiaba tocarlo. Lo deseaba con todas mis fuerzas, hab�a
decidido contenerme, pero no me era nada f�cil. Estaba excitado al l�mite. Mi
pija estaba tan dura y levantada que casi tocaba mi ombligo. El precum ya se
hab�a derramado por el tronco hasta llegar a mojar la s�bana fina de la camilla.
Mi glande se hinchaba cada vez que yo cerraba el esf�nter, rojo y tirante,
respondiendo a cada movimiento de ramiro, y en cada una de estas tensiones casi
involuntarias, otro chorro del transparente l�quido emerg�a como una peque�a
eyaculaci�n, haciendo latir y agitar levemente mi miembro.
Mi asombro y embeleso fue mayor cuando Ramiro volvi� a
ponerse frente a m�.
�Hab�a desabotonado su delantal hasta la cintura!
La visi�n de su pecho semidesnudo me llev� a estratos casi de
nirvana.
Estando as�, frente a frente, Ramiro baj� hasta tomar
contacto con mis muslos, abiertos de par en par a ambos lados de su cuerpo. Con
sus dos manos trabaj� sobre mi muslo derecho. Al hacerlo, mi verga dio un nuevo
sacud�n, derramando m�s gotas.
�Era demasiado!
Levemente inclinado sobre mi derecha, ahora pod�a ver lo que
su delantal abierto me permit�a.
Un pez�n le asom� entre la abertura. Su pecho era lampi�o,
pero una peque�a mata de pelos rodeaba la tetilla. �Qu� maravilla!, pens�. Ve�a
ese pez�n hermoso entre los movimientos de la tela del delantal, cubri�ndose y
mostr�ndose en cada vaiv�n. Era redondo, rosado, grande, hermoso. Los pelos que
lo enmarcaban sobresal�an como tres cent�metros. (Era curioso, solo ah� ten�a
vello). No pod�a dejar de mirar sus tetillas. Estaban enhiestas y duras.
Cuando hubo terminado con los muslos. Qued� un rato quieto,
como observando el efecto que hab�a provocado con sus masajes.
Yo lo mir� a los ojos y esper�.
Ard�a en deseos de tocarlo, de hacer el amor con �l.
Pero esper�.
Entonces Ramiro abandon� mi mirada y baj� la vista hasta mi
pija que palpitaba mirando hacia �l, como rogando que la tocase.
Yo sab�a que si �l posaba un solo dedo all�, mi semen saldr�a
a chorros. Lo sent�a en toda la extensi�n de mi miembro, estaba casi a punto de
eyacular, a derramar mi c�lida leche.
Ramiro ten�a a�n las manos sobre mis muslos. Era una
sensaci�n suprema que no las moviese de ah�. Los dos est�bamos en esa mutua
comunicaci�n t�cita. Yo lo miraba a los ojos, y �l estudiaba �vidamente mi
verga.
Y como ya no pod�a esperar m�s a ver lo que ocultaba su ropa,
tom�ndome un tiempo infinito, como si temiera espantar a un peque�o p�jaro,
llev� mis manos hacia los dos �ltimos botones del delantal que hab�an quedado
sin desabrochar.
�l sigui� mis movimientos con su mirada.
Yo, con la lentitud de un rito divino, desabroch� un bot�n...
luego el otro. Y la prenda se abri� hacia los costados.
Retir� mis manos.
Lo observ� unos minutos.
Ahora sus dos tetillas velludas se me mostraban totalmente.
Qued� maravillado ante esa visi�n.
Ramiro no se mov�a.
Nada dec�a.
Pero tampoco imped�a ninguno de mis movimientos.
Entonces nuevamente, y con toda la calma del mundo, tom� el
delantal y lo deslic� por sobre sus hombros, dej�ndolo caer al suelo.
Nuevamente me extasi� con su torso desnudo.
Tambi�n ten�a una tenue vellosidad que comenzaba en su
ombligo. Era una hermosa pelusilla que bajaba ensanch�ndose hacia sus partes a�n
vedadas a mi vista. Esto hac�a juego con la vellosidad de sus axilas, poblada de
hermosos pelos desbordaban el lugar.
La tentaci�n era tan grande, que no pod�a m�s que seguir
descubriendo esos tesoros.
Por otra parte, �no era injusto que yo estuviera desnudo ante
�l en condiciones tan desiguales?
Tom� la hebilla del cintur�n y la afloj�.
Desabroch� sus pantalones y fui abriendo su bragueta bot�n
por bot�n. Como la prenda era amplia, enseguida cay� al suelo.
Exclam� un peque�o gemido al ver por vez primera su gran
bulto, que emerg�a de su slip blanco.
Ten�a la verga erecta hacia un costado. Pod�a imaginar su
tronco, nada quedaba insinuado, todo era perfectamente reconocible. Por debajo
de ese tronco largo y grueso, el tama�o de sus test�culos formaba un bulto que
separaba la tela que ajustaba la entrepierna. Por encima del el�stico, los pelos
eran muy espesos, siguiendo fielmente la l�nea del ombligo y perdi�ndose bajo la
tela.
Quedamos por un rato contempl�ndonos. Nuestra respiraci�n era
agitada, a juzgar por como sub�an y bajaban nuestros pechos.
Tom� cuidadosamente el slip por debajo. Antes de empezar a
deslizarlo para ver aquel manjar, lo mir� a los ojos. Nuestras pupilas se
encontraron paralizadas. Inconscientemente mi mirada imploraba permiso para
seguir. Me bast� un leve pesta�eo de Ramiro para constatar que ten�a v�a libre.
Entonces empec� a bajar el slip, agradecido.
Me deleitaba saboreando esta lentitud, viendo paso a paso
como se descubr�a ante mi vista la zona m�s deseada de mi fenomenal kinesi�logo.
Primero descubr� una selva de pelos negros y largos.
Enseguida asom� parte del tronco acostado.
�Dios m�o, era enorme!.
Me detuve un momento para gozar de esa visi�n. Su verga medio
tapada, la cabeza a�n oculta bajo el slip...
Entonces tom� coraje y segu�, con la boca llena de saliva, y
entreabierta porque ya no pod�a contener la agitaci�n de mi respiraci�n.
Baj� un poco m�s, �y apareci� toda su pija saltando hacia
arriba en toda su dureza!
Era esplendorosa.
Un hilo de l�quido preseminal sal�a de su peque�o orificio.
El slip cay� al suelo, dejando al aire sus bolas, que
colgaban pesadas por debajo de su gran tranca.
Ya hab�a sentido sus manos por todo mi cuerpo, excepto un
solo lugar. Mi verga.
Calcul� que �l tambi�n quer�a explorar ese lugar, porque vi
como lentamente alzaba su mano y decididamente iba a su encuentro.
Me inquiet�. Estaba tan caliente que pens� que no iba a poder
contener mi orgasmo. Intent� detenerlo pero su mano lleg� primero.
Pero apenas sent� que la punta de su dedo mayor rozaba mis
bolas, mi verga, involuntariamente, dio un espasmo junto a todo mi cuerpo y
sent� el orgasmo m�s delicioso de mi vida. Mi leche salt� en tres, cuatro
chorros violentos, saliendo por fin despu�s de tanto tiempo retenida.
La presi�n fue tan fuerte que todo mi semen fue a dar de
lleno contra su pija erecta, ba�ando su glande, su vello p�bico y sus
test�culos.
Entonces todav�a conmocionado por mi orgasmo baj� de la
camilla y me arrodill� ante �l.
Mi boca qued� a la altura de su pija.
Ramiro me miraba. Tomando mi cabeza intent� impedir lo que ya
sab�a que iba ocurrir inexorablemente.
Pero yo segu�.
Mir� su pija que apuntaba al techo. Estaba empapada con mi
propio l�quido espeso y caliente.
Acerqu� mi boca a ella y, abri�ndola desmesuradamente me la
met� en la boca.
Entonces comprob� que Ramiro hab�a llegado el mismo punto que
yo. Bast� que retuviera un segundo su verga en mi boca para sentir que su leche
me inundaba la garganta. Era tanta cantidad que se derram� de mi boca y me cay�
sobre los pelos de mi pecho.
Yo absorb� todo lo que pude, lamiendo y limpiando toda su
cabeza, su tronco, sus bolas.
Me puse de pi� y quedamos mir�ndonos frente a frente.
Le sonre� t�midamente, haciendo un gesto de complicidad.
�Hasta d�nde hab�a llegado el masaje!
Y fue entonces que nos besamos en la boca.
Eso hab�a sido todo.
Pocas veces hab�a experimentado un acto er�tico tan intenso.
Se lo dije, y �l, sonriendo tuvo que darme la raz�n.
Nos vestimos, entre caricias y besos.
Cuando me fui a despedir, surgi� nuevamente esa especial y
deliciosa mirada de complicidad.
Nadie sabr�a lo que hab�amos compartido en ese consultorio.
Le pregunt� si pod�a tomar otra sesi�n a la vuelta de mi
viaje.
Me respondi�:
-S�, por supuesto. �Vas a tomar una sesi�n individual?
-�C�mo? No comprendo...
-�Quer�s que te atienda a vos solo, o te gustar�a compartir
un turno con el rubio que viste salir antes?
Qued� estupefacto, como si reci�n ahora terminara de conocer
realmente a mi cu�ado. Me qued� perplejo un momento, pero enseguida sonre�
ampliamente.
-�Cre�s que a �l le gustar�a?
-�No cre�s que a los tres nos gustar�a?
Franco
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