Somos una familia normal, de lo
que últimamente está muy de moda decir "clase media-alta".
Yo soy el mayor de tres hermanos. La de en medio es mi hermana Clara, y
el pequeño es un "goma rota", ya que nació cuando
yo tenía 12 años y Clara 10.
Vivimos en una capital de provincia,
que aunque no sale mucho en los telediarios, es muy acogedora y tenemos
de todo. Nuestra casa, aunque un poco a las afueras, está fenomenal:
jardín privado, piscina común y cancha de tenis, por lo que
generalmente es el centro de las reuniones de amigos, tanto míos
como de las amigas de Clara. Ella, al igual que yo es muy fiel a sus amigas,
y prácticamente conserva las mismas del colegio, aunque ahora ya
está en la universidad. Por eso yo las conozco "de toda la
vida", y tenemos muchísima confianza. En más de una
ocasión me han contado sus líos con sus novios, y me han
pedido consejo. Además, yo sé que más de una ha estado
enamorada de mí, esos amores de quince años, y yo con mis
casi 18 años sólo las veía como niñitas, como
las amigas de mi hermana pequeña�
Pero claro, el tiempo pasa inexorable,
y ya están en los 23, con lo que hace unos cuantos años sus
visitas se han convertido más en un tonteo que en una merendola
de pubertas.
Casi todos los fines de semana alguna
se queda a dormir en casa, puesto que mi padre que es muy miedoso le da
más confianza que Clara venga acompañada. Mi hermana les
deja pijamas o camisones, a veces tan sólo camisetas, y algunas
de ellas, como Manuela, mucho más alta y grande que mi hermana,
apenas cubre sus encantos con estas ropas prestadas. Es por eso que cuando
llegan a altas horas de la madrugada y van al baño desde el cuarto
de mi hermana, yo, haciéndome el dormido las observo desde mi cama,
y siempre veo un tanga trasparentándose, unas tetas a trasluz totalmente
firmes, e incluso en más de una ocasión todo su coñito
cuando despistadas entre el sueño y la borrachera se bajan las braguitas
y se sientan en la taza sin cerrar la puerta del baño, mientras
otra se lava los dientes�
El fin de semana al que me quiero
remitir, mis padres habían ido a Madrid, para comprar los nuevos
muebles de cocina que mi madre estaba empeñada. Se llevaron a Pedrito,
"el goma rota" y pasarían todo el finde en casa de mi
tía, la hermana soltera de mi madre, que está bien buenorra,
por cierto.
Yo había salido, pero generalmente
vuelvo a casa antes que mi hermana, no sé si os ha pasado, pero
el viernes cuando trabajas ya no es lo mismo, a eso de las tres de la mañana
estoy ya que me pondría a "planchar la oreja" en cualquier
esquina, y si a eso le añades alcohol y algún peta que se
escapa por ahí� bueno el caso es que a las tres y media estaba ya
plácidamente en mi cama durmiendo la mona, y cerca de las seis de
la mañana me despertaron unas risas y un fuerte golpe, como de que
algo se había caído al suelo�
�me levanté, y el panorama
que me encontré fue a Manuela tirada en el pasillo, con la minifalda
subida lo suficiente para que se le viera el triangulillo de unas braguitas
negras y a Cristina (otra de las amigas de Clara) muerta de risa intentando
levantarla. Le pregunté que qué pasaba y me dijo que Manuela
llevaba un cebollón de colores, pero por la forma de hablar ya me
di cuenta que ella se andaba por el camino; así que solamente vestido
con mis gallumbos recogí a Manuela en mis brazos y la llevé
al cuarto de mi hermana. Ni que decir tiene que la postura en que la tenía
hizo que su falda se subiera ya del todo y observé de cerca como
la tela de sus bragas marcaban perfectamente unos labios más abiertos
de lo que yo pensaba tenían estas golfillas. Todo esto hizo que
el morcillón que llevaba se convirtiera en una erección bastante
prometedora, ya que se me había pasado el pedo casi completamente�
Cuando dejé a Manuela en
la cama, y me giré a hablar con Cristina, es cuando me percaté
que mi hermana no había llegado con ellas, y le pregunté
por esta circunstancia. Cristina se puso un poco nerviosa y empezó
a balbucear una serie de excusas, pero yo observé que el coche del
novio de Clara estaba aparcado fuera, y que ambos debían estar en
el sótano preparados a darse la gran fiesta. Todavía no estoy
preparado para que un cualquiera se esté follando a mi hermana mientras
que yo esté a cargo de la casa, así que le dije que iba a
bajar un momento al sótano a coger una cosa, pero justo cuando salía
por la puerta, Cristina se puso en medio y choqué con ella, yo lo
único que sentí fueron los dos tetones contra mi pecho, y
lo duros que estaban.
-"No, no bajes ahora, Edu,
que me tienes que ayudar a ponerle el pijama a Manuela, que yo no puedo
sola, y además te iba a pedir que me dieras un masaje porque tengo
la espalda hecha polvo�"
Joder, parece que Cristinita se
me lo estaba poniendo a huevo con tal de que no bajara y pillara a Clara
con las manos en la masa� Naturalmente no iba a desperdiciar la oportunidad,
así que abrí el cajón de mi hermana y saqué
dos camisones de algodón, uno para cada una. Cristina cogió
uno y me dijo que se iba al baño a ponérselo, que yo mientras
le fuera poniendo el otro a Manuela� Dios, la chica estaba totalmente inconsciente.
Me acerqué a la cama, la incorporé, y como pude le saqué
el top por encima de la cabeza. Ahí apareció un sujetador
negro a juego con las bragas que ya había visto antes. Se trasparentaba
bastante, pero todavía no tenía una visión completa,
así que le abrí el broche y le dejé esos dos melones
al aire. Tenía ya el rabo como una estaca. Volví a tumbarla
y me quedé contemplando el bamboleo de los pechos por el movimiento
hasta que se quedaron quietos. Tímidamente, porque no sabía
si se iba a despertar comencé a acariciar uno, y el pezón
saltó como un resorte, mirando al techo. El otro directamente me
lo metí en la boca y empecé a chuparlo con ansia. Estaba
pellizcando el primer pezón y saboreando el otro, que tenía
una mezcla de sudor y colonia que me estaba volviendo loco.
Pero pensé que Cristina me
podía pillar, así que le quité la minifalda y le puse
el camisón, no sin antes apartar la braguita y quedarme unos segundos
observando ese coñito, prácticamente rasurado y brillante,
lo que me indicaba que la chica sin saberlo se lo estaba pasando bien...
La metí dentro de la cama,
la arropé y me quedé tumbado encima de la colcha, pero con
un brazo dentro recorriendo toda la rajita, que empezaba a mojarse muchísimo.
Le metí el dedo anular hasta dentro, y con el pulgar le acariciaba
el clítoris. Estaba calentito y chorreando, así que primero
uno y luego el otro le introduje hasta tres dedos, haciendo como si me
la estuviera follando, y ella emitió un gemidito, apenas audible.
En ese momento oí la puerta
del baño, y al momento apareció Cristina en la puerta, con
el camisón puesto, y sin sujetador, porque se le marcaban dos pezones
duros como piedras. Entre los dos sacamos la cama de abajo donde iba a
dormir ella, y rápidamente se tumbó boca abajo para que le
diera ese masaje�
Yo ya no estaba para florituras,
así que le subí el camisón hasta el cuello, y allí
quedó al descubierto un tanguita color piel, y los dos tetones sobresaliendo
un poco de su carne por los lados. Cristina se sorprendió bastante
del atrevimiento, pero se limitó a decir:
-"Bueno, ya sabes cuáles
son las fronteras, ¿no? No te pases�"
Empecé a masajearle el cuello
sentado sobre su culo, pasé a los hombros, los omoplatos, y los
costados, donde ya sin quererlo le tocaba un poco de la carne de sus pechos.
-"¡Eh! Esa es una de
las fronteras- me dijo, y eso ya me hizo cabrearme un poco y pensar: ¿pero
será estrecha la tía?, ¿qué quiere calentarme
como un toro y que me vaya a mi cuarto a pelarmela�?
Así que me eché para
atrás, sus piernas estaban un pelín separadas, entonces metí
primero una rodilla entre ambas, y luego la otra, abriendo con fuerza hacia
los lados, lo que naturalmente hizo que sus piernas se separaran bastante
como para tener todo allí preparado para una embestida. Con la mano
derecha le aparté a un lado el tanga, y dejé la mano ahí
para guiar mi herramienta hasta su entrada delantera, que entró
de un solo golpe brusco hasta el fondo�
Cristina se giró e intentó
incorporarse diciéndome: -¿pero qué haces?, ¡cabrón!
- Lo que a ti te gusta- le contesté yo, y empecé un mete
y saca bastante rápido. - - Entonces eché todo mi peso sobre
su espalda, para que no se moviera, pero de un movimiento maestro la levanté
un momento para agarrar sus tetas a mano abierta, y volver a caer aplastándola
contra la cama. Ahora ya, con estas agarraderas, le estaba metiendo todo
mi falo a una velocidad de vértigo, y a cada embestida emitía
un "ahh, ahh". Pero yo creo que lo empezó a gozar cuando
vi que con las manos agarraba las sábanas y las retorcía�
entonces con un tono como el que acaba de terminar un sprint me dijo: -
pero córrete fuera, ¿eh, Edu?-
Yo estaba ya a punto, y no había
pensado en eso, pero no me importó demasiado, así que le
di la vuelta, se la saqué y me corrí abundantemente en sus
pechos, que empecé a masajear hasta que quedaron totalmente pringados
con mi leche�
- Me he quedado a puntito�-dijo,
-¿porqué no lo terminas con la lengua? - No te jode, la chica
se estaba soltando, así que le dije que no había problema,
pero que tendríamos que hacer un 69, porque si no me aburría
mucho. Así que ahora fui yo el que me tumbé boca arriba,
ella me puso el coño en la boca, y empezó a comerme la polla
que estaba empezando a ponerse remolona. Bastaron apenas unos toques con
mi lengua en su clítoris para que empezara a gemir como una auténtica
viciosa, lo que le hacía perder efectividad en su mamada, así
que cuando notaba eso, me paraba para que retomara su labor. Le metí
la lengua hasta dentro, y pasé de nuevo a martillear el botoncito
lo que ya hizo que se corriera en un orgasmo explosivo� se dio la vuelta
y me plantó un beso en la boca como pocos me han dado�
- Ahora vamos a jugar un poco con
Manuela, ¿no?- le pregunté, y se me quedó mirando
un poco extrañada, pero entonces destapé a Manuela y pudo
comprender que la noche había empezado con ella�
Lo primero que hice fue quitarle
las braguitas del todo y subirle el camisón, para que ambos pudiéramos
observar bien del cuerpo que nos íbamos a aprovechar.
- ¿Por qué no se lo
comes enterito tú ahora, eh?- - Qué dices, ¡qué
asco!- otra vez se estaba haciendo la estrecha, así que la cogí
de la nuca, la empujé hasta el coño de Manuela y no la aparté
hasta que empezó a lamer como una profesional, momento en que aproveché
para sentarme a horcajadas sobre el estómago de la inconsciente
para hacerme una buena "cubana". Apreté esas dos montañas
y puse mi rabo en medio procurando conseguir el mayor rozamiento. Los dos
pulgares los coloqué uno encima de cada pezón, y me hizo
gracia, porque parecía que eran dos joysticks y yo estaba manejando
una máquina de placer�
Manuela seguía sin despertarse,
estoy seguro que no sólo había tomado alcohol, alguna pastilla
sintética habría tenido que meterse, porque aquello no era
normal. Sin embargo abría la boca y emitía gemidos cada vez
más altos, cosa que me volvió a poner a cien, así
que aprovechando que Cristina estaba con el culo en pompa pegándose
un festín con la almeja de su amiga, me coloqué detrás
de ella y se la volví a meter (podía haber intentado darle
por el culo, algo que nunca he hecho, pero ya me parecía una sobrada
el resto�). Parecía como si le hubiera dado una descarga eléctrica,
porque empezó a mover las caderas adelante y atrás, yo ya
no tenía ni que moverme; se me estaba hinchando el capullo como
a un perro de lo que estaba disfrutando, y ahora sí comencé
a trazar círculos con el dedo índice alrededor del agujero
más estrecho para al final introducírselo entero lo que a
juzgar por el movimiento y los gritos de Cris le debió producir
un orgasmo bestial.
Yo soy consciente de mis limitaciones
y sabía que no iba a aguantar más de dos asaltos, y como
no me quería perder el cuerpo de Manuela, se la saqué a Cris,
que ya había disfrutado, me coloqué las piernas encima de
mis hombros y se la fui metiendo poco a poco. Quería retardar lo
máximo mi explosión final así que continué
con este ritmo lento sintiendo todo en cada centímetro de mi aparato,
pero lo que más me estaba poniendo es saber que me estaba follando
a Manuelita, con la que habían caído más de una docena
de buenos pajotes�
Cuando ya sentí que iba a
acabar la saqué y se la metí en la boca a Cristina, que se
había quedado haciéndose un dedo a nuestro lado y solté
varios disparos directos a su garganta. Casi se ahoga de la impresión,
y creo que algo se tragó, aunque le salía semen por la comisura
de los labios�
Entonces le succioné un pezón
como un bebé hasta que se le puso duro, y sin más le di las
buenas noches y me fui a mi cuarto a seguir durmiendo.
Cuando me desperté a la mañana
siguiente estaban en el jardín desayunando Manuela, Cristina y mi
hermana, en bikini, y con gafas de sol para ocultar las ojeras. Me senté
en una silla entre las dos amigas y Cristina disimuladamente me puso una
mano en mi paquete. Me levanté y cuando me dirigía a la piscina
me pareció escuchar a Manuela decir que no iba a beber Ron nunca
más, que le irritaba el coño�
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