Herencia amatoria
9� parte: sue�os h�medos y emociones encontradas
Desde peque�o hab�a jurado y perjurado que nunca dejar�a que
el trabajo me absorbiera totalmente. Pero como en todas las cosas de la vida, la
madurez de mi realidad se impuso a mis principios de juventud y las semanas
siguientes transcurrieron velozmente en medio de reuniones de toda �ndole,
viajes rel�mpago por medio mundo, almuerzos, cenas (e incluso desayunos y
aperitivos) de trabajo, entrevistas a medios de comunicaci�n, invitaciones a
actos sociales de medio mundo, etc. Mi vida personal y la sexual pasaron a
tercer o cuarto plano a excepci�n de unos pocos achuchones con Toni cuando
coincid�amos en el mismo hotel o, m�s raramente, en casa y, pura y llanamente,
la masturbaci�n en momentos de apret�n.
Casi ni me enter� del relevo de mayordomos. Una tarde,
despu�s de pasar casi una semana visitando las diversas delegaciones europeas de
la SCI me encontr�, casi at�nito, con que James vaciaba mis maletas como siempre
hab�a hecho su t�o Jon�s.
�El Se�or cenar� en casa? �me pregunto.
�C�mo? �respond� medio distra�do.
Perdona, ya s� que quieres que te tutee. �Cenar�s hoy en
casa?
Si, gracias James. Pero no tengo demasiado apetito.
Por favor Eric, debes vigilar m�s tu alimentaci�n, te
est�s quedando en los huesos �dijo en un tono que me recordaba los severos
reproches casi maternales que me propinaba siempre Jon�s- Adem�s cada d�a
est�s m�s tenso, si lo deseas puedo prepararte el jacuzzi.
Si, jefe. -le contest� con cierta socarroner�a- Lo que
usted mande. Y despu�s de relajarme cenar� todo lo me sirvas.
�As� me gusta! �me contest� en el mismo tono ir�nico.
Me desvest� lentamente y, de golpe y porrazo, record� que
hac�a d�as que no espiaba a Sergio en el apartamento del garaje. Apagu� la luz
de mi rec�mara, corr� las cortinas unos cent�metros y enfoqu� los prism�ticos
(que ten�a siempre a mano) hac�a la susodicha habitaci�n.
Sergio estaba totalmente desnudo leyendo sobre la cama
mostr�ndome sin pudor su cuerpo casi perfecto y, como si supiera que lo estaba
observando, comenz� a propinar unas leves caricias a su pene semi-erecto con la
mano derecha mientras con la izquierda se propinaba un generoso masaje anal. Mi
pene reaccion� al est�mulo de ver como ese maravilloso adonis empezaba a
masturbarse. Su pene empez� a crecer mientras su cuerpo se convulsionaba
bruscamente y un tercer dedo se colaba r�pidamente por su orificio. Yo por mi
parte imitaba furiosamente a mi empleado y, mientras masturbaba mis 19 cm. de
carne erecta, introduc�a muy lentamente el dedo �ndice en mi ano rasurado.
El pene de Sergio alcanz� lentamente su pleno esplendor
mientras �ste intensificaba paulatinamente los movimientos de sus dos manos y su
cuerpo adquir�a un color rojizo y febril antecedente de una anunciada y
inminente explosi�n de placer.
De repente, mi jardinero frunci� el ce�o, se levant�
apresuradamente, se visti� con una peque�a toalla y desapareci� en direcci�n a
la puerta del apartamento. A los pocos segundos regres� a mi �ngulo de visi�n
acompa�ado de otro hombre que se puso de espaldas a la ventana. Era un hombre
m�s bien bajo y de complexi�n robusta vestido con ropa de marca (lo pude leer en
el dorso de camiseta) y se expresaba con una gestualizaci�n muy comedida. Tras
unos minutos de conversaci�n, el rostro de Sergio empez� a traslucir una
seriedad y una turbaci�n que nunca hab�a conocido en �l pero que lo hac�an a�n
m�s atractivo.
De repente, y sin ning�n pudor, el jardinero dejo caer la
toalla con la que se cubr�a y qued� totalmente desnudo ante su visitante. Se
volvi� hac�a el armario y, de manera apresurada, sac� un traje y una camisa de
dise�o. Mientras hac�a esto, y sin dejar de darme la espalda, su acompa�ante se
acerc� a �l y pas� una mano por su espalda profiri�ndole una suave caricia.
Sergio se zaf� de su acompa�ante y comenz� a vestirse r�pidamente y sin ponerse
ropa interior.
Una vez vestido, Sergio, realiz� un par de llamadas desde su
tel�fono m�vil, se levant� y salio del apartamento acompa�ado de su invitado.
Me dirig� hac�a el gimnasio, ped� a James un par de aspirinas
efervescentes y despu�s de tom�rmelas de un sorbo, le hice salir de la estancia
hasta nuevo aviso y le di la orden de que nadie me molestara aunque se hundiera
la tierra. Respir� hondo, me concentr� en las templadas burbujas y not� como mis
m�sculos, azotados por el estr�s, se iban destensando poco a poco cambiaba mis
preocupaciones por una sensaci�n de bienestar de lo m�s agradable.
En mi cabeza se form� la imagen de Sergio mostr�ndome su
cuerpo totalmente desnudo sobre una gran cama con dosel. Yo lo contemplaba
indiscretamente asomado al alf�izar de mi ventana.
De repente las paredes que nos separaban desaparecieron por
arte de magia mientras mi cuerpo tambi�n desnudo y con mi sexo totalmente erecto
volaba lentamente hac�a �l. A medida que me acercaba pod�a distinguir con
detalle cada pliegue de su piel. Hac�a esfuerzos por moverme m�s deprisa, por
estar a su lado y por acostarme junto su c�lida piel bronceada por usar ese
cuerpo a mi antojo y sin tabues por disfrutar de �l y calmar el gran dolor que
empezaba a producirme una erecci�n inusitada que hac�a que mi pene ganara un
tama�o y un esplendor que hab�a conocido hasta entonces.
De repente, cuando parec�a que mi vuelo se aceleraba y ya me
ve�a junto a �l, Sergio levant� la cabeza, me vio y se levant� de repente con el
rostro totalmente desencajado mientras, haciendo grandes aspavientos con sus
brazos y manos me ped�a que retrocediera, que huyera de all�, que no me acercara
a �l. Su rostro se desencajaba por momentos y una mueca de aut�ntico pavor se
iba dibujando en �l.
Me asust� tanto como �l, mantuve la cabeza fr�a, olvid� mi
ardiente deseo de complacer a mis est�mulos m�s sexuales e intente retroceder
haciendo un absurdo gesto que simulaba la nataci�n de espaldas. Consegu�
apartarme unos metros de la cama donde Sergio se encontraba de pie, totalmente
desnudo y haciendo aspavientos cada vez m�s exagerados.
De repente perd� la sangre fr�a y mi mirada se fij� en el
cuerpo desnudo de Sergio, donde sobresal�a ese pene que deseaba como un ni�o a
una piruleta. Mis brazos que hace unos instantes remaban con velocidad hac�a
atr�s me convirtieron, de repente, en un lastre imposible de levantar, lo prob�
una y otra vez pero mi cuerpo, a parte de mi pene que cada vez parec�a crecer, y
dolerme, m�s, no respondi�.
Sinti�ndome totalmente impotente para moverme me venc� a la
fuerza de la gravedad que me empujaba vertiginosamente hac�a Sergio que,
desesperado, saltaba de la cama y vociferaba nervioso con una expresi�n que
alternaba la ira con el p�nico.
De repente cuando ya estaba casi sobre el dosel de la cama
una gran bombonera de cristal apareci� de repente entre los dos dejando a Sergio
encerrado mientras mi nueva capacidad de volar desaparec�a y yo me precipitaba
irremediablemente hacia el suelo.
Mientras me ca�a, empezaron a llover plumas de pavo real de
gran tama�o y pronto formaron una mullida alfombra que amortigu� mi golpe contra
el suelo.
Qued� inconsciente durante unos segundos y despert� sobre un
duro suelo de m�rmol de color blanco y rodeado de una intensa luz de color
blanco que cegaba mis ojos. Desconcertado, intent� ponerme de p�e agarr�ndome a
algo que parec�a fr�o como el hielo.
Cuando consegu� levantarme, vi el cuerpo de Sergio tendido
nuevamente sobre la cama. Cuando finalmente, nuestras miradas se cruzaron, �l
hizo un intento vano de incorporarse pero solo consigui� levantar su espalda
unos cent�metros antes de que una especie de fuerza centr�peta lo obligara de
una manera brutal a postrarse de nuevo. Despu�s de varios intentos y de
sonrojarse como si sometiera su cuerpo a una presi�n extrema Sergio cay� rendido
sobre la cama mir�ndome visiblemente alterado.
Golpe� el cristal que nos separaba con todas mis fuerzas
hasta que mis pu�os empezaron a sangrar sin que el cristal se agrietara lo m�s
m�nimo. Busqu� un objeto contundente pero a nuestro alrededor solo ve�a un suelo
infinito de m�rmol blancamente inmaculado excepto por las gotas de sangre que
mis dedos dejaban caer y que desaparec�an r�pidamente al entrar en contacto con
el suelo.
La mezcla de dolor, impotencia e ira hizo que me fallaran las
fuerzas y cayera de rodillas sobre el fr�o suelo. Intent� levantarme pero mis
esfuerzos no sirvieron de nada; una extra�a ingravidez me manten�a pegado al
suelo cuando, de repente, un sutil ruido invadi� la habitaci�n. Me gir� i vi a
tres hombres completamente cubiertos con una extra�a t�nica blanca con capucha
que ten�a una abertura frontal que dejaba ver tres penes erectos de tama�o
considerable (la menor medir�a 25 cm.)
El tr�o cruz� la habitaci�n mientras mi cuerpo quedaba
totalmente agarrotado. El ropaje de uno de ellos acarici� me roz� sin que ni
siquiera, y juro que no faltaron intentos, pudiera mover mis manos para
agarrarle.
De repente e inexplicablemente, el misterioso tr�o atraves�
sin esfuerzo el cristal que me separaba de Sergio y se dirigi� r�pidamente hac�a
la cama donde �ste parec�a estar prisionero.
La mirada taciturna y pavorosa de Sergio se torn�
condescendiente y hasta apacible cuando vio acercarse a esos tres extra�os penes
sin cuerpo. Pareci� relajarse cuando dos de ellos se colocaron a cada lado de la
cama y el tercero se sentaba sobre su pecho sin que en ning�n momento desde mi
aventajada posici�n de observador del espect�culo, y pese a que la t�nica
pareci� doblarse apareciera el menor rastro de unas piernas humanas.
Ahora era yo el asustado mientras Sergio parec�a rendirse a
sus impulsos hasta que, de golpe y porrazo me encontr� flotando por encima del
cristal hasta conseguir un �ngulo de visi�n privilegiado sobre la escena que
estaba pasando bajo el cristal. Sergio empezaba a lamer con pasi�n el pene del
individuo que estaba sentado sobre su pecho mientras sus manos agarraban y
empezaban a masturbar los penes de sus acompa�antes.
La cara de Sergio mostraba un placer inusitado mientras
tragaba hasta los huevos esos m�s de 25 cm. de pene y se regodeaba pasando ambas
manos por el pene y los test�culos de los otros dos. De repente y de manera casi
inapercibible, el hombre que estaba a su izquierda se coloc� a los pies de la
cama e introdujo de un estocazo sus casi treinta cent�metros de pene en el culo
de Sergio mientras este gritaba primero de dolor y sollozaba a los pocos
segundos de placer, mientras culeaba para intensificar el momento.
Mi pene, hasta entonces en reposo, recobr� un tama�o y una
excitaci�n hasta entonces desconocidas mientras mi mente, m�s fr�a y
calculadora, me indicaba que deb�a hacer algo para rescatar al obnubilado
Sergio. Golpe� de nuevo el cristal probando febrilmente de entrar y rescatar al
hombre del que, y lo supe entonces, estaba perdidamente enamorado.
Sergio, ajeno a mis esfuerzos, y mi propio pene viv�an una
realidad muy diferente a lo que pasaba por mi cabeza en esos minutos mientras el
tercer hombre, el que el coger estaba masturbando, cruz� de nuevo el cristal y
apoy� su capucha sobre mi pene. Intent� apartarle pero mis manos, mis pies y el
resto de mi cuerpo no siguieron mis impulsos.
Intent� ver algo entre la capucha del hombre pero donde deb�a
estar su rostro solo descubr� el negro vac�o. De repente, se inclin� sobre m� y
not� la agradable calidez de una boca sobre mi pene total y majestuosamente
erecto. El placer de la mamada me hizo perder el sentido de la realidad hasta
que not� sobre mi pecho un trallazo de algo caliente y pegajoso.
De repente, despert� de mi enso�aci�n cuando o� un par de
discretos �ejem, ejem! Desconcertado, mir� a mi alrededor. De nuevo, estaba en
el jacuzzi de mi casa y me di cuenta de que todo hab�a sido un extra�o sue�o.
Medio adormilado me volv� hac�a mi interlocutor hasta que me
encontr� con la mirada de Sergio quien elegantemente vestido me miraba con cara
de interrogaci�n.
Perdona si te he despertado. Vas a necesitar de mis
servicios ma�ana.
Humm! Dije desperez�ndome. Me, me�, me alegro de verte
Sergio.
Yo tambi�n me alegro Eric. Tienes cara de haber tenido un
sue�o extra�o.
Si, Sergio, una aut�ntica pesadilla.
�Pesadilla, jefe? Creo que por lo que flota en el agua
del jacuzzi ha sido m�s bien un sue�o de otra �ndole.
�C�mo dices?
�Ejem! Creo que a la vista est� Eric.
Abr� del todo los ojos y vi restos de mi propio semen
flotando en la superficie del agua. Vi como mi cara reflejada en el espejo del
gimnasio mostraba mi rostro enrojecido por la verg�enza.
Sergio, viendo mi estupor abandon� la estancia dici�ndome:
Si te parece bien, te veo despu�s de cenar.
Por supuesto �contest� apesadumbrado- En media hora
quiero verte en mi despacho.