Relato: Duro entrenamiento



Relato: Duro entrenamiento

DURO ENTRENAMIENTO


Siempre he sido bastante bueno jugando al baloncesto,
desde que era peque�o, as� que tampoco es tan extra�o que, cuando ten�a 15
a�os y jugaba en el equipo de mi instituto, vinieran los representantes deun
equipo catal�n a verme jugar. Me vieron un par de partidos y luego hablaron
con mis padres para proponerles que jugara en los juveniles de su equipo. Mi
madre no parec�a muy entusiasmada con que me fuera a vivir a otra ciudad tan
joven, pero finalmente la convenc� de que era una una buena oportunidad.
Hice las maletas y me fui para all�.


Yo siempre hab�a jugado con gente que jugaba bastante
peor que yo, as� que verme de repente en un equipo donde todos eran iguales
o mejores que yo fue duro al principio. Adem�s la mayor�a de los otros
chicos eran m�s mayores y llevaban ya tiempo jugando juntos, pero poco a
poco me fui acostumbrando e integrando. Los entrenamientos eran bastante
duros, y al principio acababa con la lengua fuera, pero tambi�n a eso me fui
acostumbrando. Al cabo de un m�s le dije al entrenador si pod�a quedarme
despu�s del entrenamiento a practicar el tiro a canasta, y evidentemente no
hubo ning�n problema. A partir de ese momento se convirti� en una costumbre,
cuando acababa el entrenamiento me quedaba un ratillo tirando. Al principio
se quedaba conmigo el entrenador, o alg�n compa�ero, pero pronto se
cansaron, porque eramos siempre los �ltimos en entrenar, y muchas veces era
ya bien de noche cuando acababamos. As� que me dieron una copia de las
llaves y yo mismo cerraba el pabell�n cuando terminaba.


Aparte de acostumbrarme a jugar a un nivel alto de
baloncesto, lo otro a lo que tuve que acostumbrarme fue a no despistarme en
los entrenamientos. La primera vez que sal� a entrenar casi me da algo. Al
otro lado de la pista estaban las animadoras del primer equipo, las que
sal�an en los tiempos muertos de los partidos, y recuerdo que lo primero que
pens� fu "joder, en mi pueblo no hay tias como estas". No era raro. A ellas
las seleccionaban por estar buenas, y la verdad es que buenas estaban un
rato. Luego, si sab�an bailar, pues mejor que mejor. Esas ropas tan ce�idas
que llevaban dejaban bien poco a la imaginaci�n, y los primeros cinco
minutos lo �nico que pasaba por mim mente eran tetas, culos y piernas, todo
moviendose lo m�s sexy posible. Casi todas eran catalanas, pero las dirig�a
una americana, un poco m�s mayor (deb�a tener como unos treinta a�os),
morena de pelo rizado, que les daba ordenes en un castellano casi
incomprensible. El entrenador del primer equipo hab�a prohibido que
entrenaran mientras ellos jugaban, porque quer�a concentraci�n m�xima de sus
jugadores, as� que las animadoras practicaban con nosotros, los juveniles. Y
el remedio era peor que la enfermedad, porque resultaba dif�cil para unos
chavales de 15 o 16 a�os concentrarse en jugar al baloncesto con aquellos
bellezones moviendo el culo a apenas unos metros de distancia.


Solo me queda a�adir el peque�o detalle de que en aquella
�poca yo era virgen. Hasta entonces algunas compa�eras de clase y algunas
famosas que sal�an por la tele hab�an bastado para alimentar mis fantas�as
adolescentes, pero un grupo de unas veinte chicas bailando medio desnudas me
daba material m�s que de sobra cada noche, as� que las primeras dos semanas
mis pajas fueron casi monogr�ficas. Cada d�a eleg�a a una de ellas y la
garababa en mi mente, su cara, sus tetas, su culo...para luego utilizarla en
mis fantas�as masturbatorias. Luego intentaba olvidarme de ellas hasta que
acababa el entrenamiento. Me costaba dios y ayuda no mirarlas y concentrarme
en meter la pelotita en el aro, pero poco a poco lo fui logrando.


Llevaba un mes y lo de las animadoras se hab�a convertido
en rutina. Se acab� el entrenamiento y como otras muchas veces me qued� a
tirar un ratillo m�s. Se hab�a hecho bastante tarde, como las nueve y media
o por ah�, y pronto me qued� s�lo en el pabell�n, pero ese fin de semana
ten�amos un partido importante y quer�a practicar todo lo posible. Al final
me di cuenta de que ya era muy tarde y decid� que ya estaba bien, que era
hora de irse a casa. Opero como estaba s�lo y cansado, primero me dej� caer
sobre la primera fila de sillas de la grada. Comenc� a pensar en las
animadoras, sobretodo en una morenaza a la que le hab�a echado el ojo esa
tarde. Casi sin darme cuenta empec� a masturbarme, metiendome la mano en el
pantal�n. Al fin y al cabo, estaba solo, y adem�s me daba morbo hacerlo,
all�, al lado de la pista de juego. Nunca lo hab�a hecho.


Llevar�a como cinco minutos pajeandome, con los ojos
cerrados, cuando not� que alguien me quitaba la mano de mi polla. Casi me
muero del susto. Abr� los ojos, pero cuando vi quien era casi se me para el
coraz�n, pero esta vez de alegr�a. Una de las animadoras, una rubia de ojos
verdes, ten�a mi polla en su mano, y parec�a muy divertida con la situaci�n.
Desde luego, era mejor eso que que me hubiera pillado ella que no el
entrenador, o la se�ora de la limpieza, pero la situaci�n no dejaba de ser
surrealista. Afortunadamente ella sonri� y me dijo


-Dejame que te ayude, es mejor que lo hagamos entre los
dos.


No iba a discutir por ello. Sin dejar de mirarla, dej�
que hiciera lo que quisiera. Me la mene� un par de veces, mientras se
sentaba en la silla de al lado, y unos segundos despu�s, una vez acomodada,
arrodill� delante de mi, me baj� los pantalones cortos y se meti� mi polla
en su boca.


Era la segunda vez que me la chupaban en mi vida. La
primera hab�a sido una cosa r�pida, me la hab�a hecho una compa�era de
clase, medio borracho (yo no iba mucho mejor), despu�s de una noche de
fiesta y medio a escondidas. Pero aquello era otra cosa. Una mamada bien
hecha, sin prisas y por una tia que evidentemente sab�a lo que hac�a.
Demasiado bien hecha, la mamada, porque entre el trabajo que ten�a ya hecho
cuando lleg� y lo bien que ella lo hac�a al cabo de unos momentos estaba a
punto de correrme. Se lo dije, pero ella no se iba a conformar con tan poco,
as� que par� de chuparmela, se levant� y se alej� un podo.


-�No pensar�s dejarme as�?, le dije, casi gritando


Ella segu�a caminando, alejandose de mi, y sin girarse me
grit�:


-�Qu� te piensas, que soy una calientapollas?


Yo no sab�a que pensar. Ella se hab�a inclinado sobre una
mesa que hab�a a la otra parte de la pista y no pod�a ver que estaba
haciendo. Al cabo de unos momentos en la megafonia del pabell�n comenz� a
sonar una canci�n y ella volvi� hacia donde yo estaba sentado. A medida que
se acercaba, dec�a:


-Pues tienes raz�n, soy una calientapollas. Sientate y
disfruta.


Se par� tres o cuatro metros delante de mi y empez� a
bailar. No estaba buena, la tia, ni na!!!. Ten�a una medio melena rubia, con
el pelo liso. Deb�a tener veintidos o veintitres a�os. Llevaba unos
pantalones muyyyy ajustados, que mostraban porque la hab�an elegido para
animar al personal. Un sueter gris, tambi�n muy ajustado, que dejaba al aire
su ombligo y su estomago perfectamente liso y marcaba adem�s unas tetas de
infarto. Vamos, lo que se suele decir un cuerpazo. Por eso estaba donde
estaba, y hac�a lo que hac�a. Y encima, aquellos bailes, pensados para
"animar" al m�s aburrido.


Yo ten�a la polla en la mano, pero intentaba contenerme
para no correrme demasiado pronto. No quer�a perderme el resto del
espect�culo. Val�a la pena, porque ella no solamente bailaba al ritmo de la
m�sica, sin� que habia empezado a quitarse la ropa. Primero el sueter, que
lanz� hacia donde yo estaba. Llevaba un sujetador negro, que enseguida vi
que hac�an juego con unas braguitas tambi�n negras, muy peque�as y que se le
met�an por la raja del culo (y vaya culo!) y que aparecieron cuando el
pantal�n tambi�n vol�, esta vez hacia el centro de la pista. Se qued�
bailando en ropa interior, y no se porque se me ocurri� preguntarle su
nombre.


-Laura, me contest�, sin dejar de bailar y con bastante
acento catal�n. �y Tu?


-Marcos


-Encantada, Marcos. �Por qu� no te quitas tu tambi�n algo
m�s?, a�adi�


Ning�n problema. No tard� ni medio segundo en quitarme la
camiseta, y ella me compens� quit�ndose el sujetador y dejando lebres
aquellas preciosas tetas. En mi vida hab�a visto nada tan bonito, mejor
incluso que las de las revistas. Yo ya estaba lanzado, as� que me quit�
tambi�n el pantal�n. Me qued� completamente en bolas, excepto por las botas
de baloncesto, que aun ten�a puestas. Ella estaba ya tambi�n en bolas, y con
el dedo me dec�a que me acercara.


Eso hice, con mi polla en la mano, toda tiesa y supongo
que con una pat�tica cara de adolescente hambriento de sexo. Ella hab�a
dejado ya de bailar, y me recibi� con un morreo de campeonato. Mi mano se
fue a por su culo, mientras con la boca bajaba por su cuello hasta llegar a
poder comerle las tetas. La verdad es que no sab�a ni por donde empezar, con
aquel pedazo de tia, pero todo lo que probaba me parec�a estupendoa,
empezando por aquellos pezones duros como piedras pero al mismo tiempo muy
sensibles, porque en cuanto los roc� con mis dientes ella solt� un gemido de
placer. Laura me cogi� por los hombros y me empuj� hacia abajo, de manera
que pase� mi lengua por su estomago, dejando un rastro de saliva. Continu�
empuj�ndome hacia abajo, poniendome de rodillas y con su co�o a la altura de
mi cara. Pens� que deb�a meter all� mi cara, y aunque no lo hab�a hecho
nunca, no habr�a dudado ni un momento. Pero no eran esos sus planes.


Ella sigui� empuj�ndome hacia abajo, hasta que me qued�
acostado y empalmado sobre el parket de la pista, a merced de lo que ella
quisiera hacer conmigo, que seguro que era algo bueno. Laura no perdi� el
tiempo en tonter�a, puso una pierna a cada lado de mi cuerpo y se dej� caer
hasta empalarse sobre mi polla. . Una vez la tuvo dentro, apoy� las dos
rodillas en el suelo y comenz� a cabalgar sobre mi. La m�sica de la
megafon�a segu�a sonando, y Laura segu�a montada sobre mi y follandome a su
gusto, acariciandose mientras tanto sus redondas tetas. Yo mientras tanto me
hab�a apoderado de su culo y no pensaba soltarlo. Vaya usted a saber cuando
volver�a a tener un culo como aquel al alcance de mis dos manos. Por primera
vez desde que todo esto hab�a comenzado, ella hab�a dejado de sonreir, y
ahora lo que hab�a en su cara era placer. Se movia tanto, que en una de
estas casi se desequilibr�. Yo aprovech� para voltearla sobre el parket.
Dimos varias vueltas y al final qued� yo encima, mientras ella enrrollaba
sus piernas hasta cerrarlas detr�s de mi. Con mi inexperiencia y lo caliente
que estaba, casi ni sab�a lo que estaba haciendo, simplemente me dejaba
guiar por mi instinto y hac�a lo que m�s me apetec�a en cada momento. Y lo
que me apetec�a entonces era follarmela sin florituras, a toda velocidad y a
lo bruto, hasta perder el mundo de vista. As� que al cabo de muy poco estaba
ya al borde de la gran corrida. Ella se dio cuenta de que faltaba muy poco,
y entre jadeos medio git�:


-Espera, espera, no te corras todavia, espera por
favor!!!


Demasiado tarde. Me hab�a corrido dentro de ella, sin
poder hacer nada para evitarlo, como el principiante que era. No me quedaba
m�s que pedir perd�n, porque ten�a miedo de que pudiera quedar embarazada.


-No te preocupes, me dijo, estoy tomando la p�ldora. S�lo
que hab�a pensado que pod�as correrte en mi cara, porque me encanta, pero
otra vez ser�.


Dijo todo estop con una gran sonrisa en la cara, y yo
pens� que ten�a que aprender a follar mejor, si no quer�a perderme un mont�n
de cosas buenas. De todas maneras ese "otra vez ser�" era como una puerta
abierta a grandes esperanzas. No sab�a si lo hab�a dicho por decir algo, o
si realmente quer�a repetir la experiencia, pero quer�a pensar lo segundo.
En todo caso, la soluci�n tendr�a que esperar. Ella mir� su reloj y me dijo:


-Uff, se ha hecho tard�simo, tengo que irme.


Me quit� de encima de ella (aun casi ni le hab�a quitado
la polla), casi de un empuj�n. Recogi� su ropa, mientras yo estaba todav�a
tirado en el parket, mirando como se vest�a r�pidamente. No se puso el
sujetador, sin� que lo meti� en el bolso que llevaba. Cuando ya se iba,
abrochandose todav�a el pantal�n, se gir� y me dijo:


-Oye, no creas que hago esto normalmente.


-Ya, le contest�, s�lo para animar al equipo �No?


-Exacto, dijo ella riendo, antes de dar media vuelta y
marcharse. La megafonia segu�a sonando y yo estaba completamente desnudo en
medio de la pista.


Al cabo de un par de meses me destroc� la rodilla en un
partido, y aunque no me qudaron secuelas graves, ya no pude continuar
jugando al mismo nivel. Mi carrera como jugador de baloncesto acab� a los 16
a�os, pero aquella breve experiencia vali� la pena.




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Relato: Duro entrenamiento
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