Relato: El Maestro de Lucha





Relato: El Maestro de Lucha

EL MAESTRO DE LUCHA



NOTA: Este relato est� dedicado al escritor an�nimo del
relato "", publicado en .com el 18 de mayo de 2003. Sobretodo porque
me hizo ver lo mucho que me queda por aprender del arte de escribir relatos
guarros. Y del arte de escribir bien tambi�n. Ojal� te atrevas a mostrarte alg�n
d�a. Escr�beme alg�n d�a. Disfrut� much�simo de cada palabra del relato, y lo
recomiendo a todos.



NOTA 2: Esta historia es un poco sensiblera. Contiene 2
polvos, 2, pero mezclados con muchas de las cosas no sexuales que creo que hacen
del amor entre hombres algo �nico y especial. As� que aquellos que busqu�is la
paja f�cil, leed otro relato. Esto tambi�n va para los que busquen realismo
J . En cualquier caso, agradezco la paciencia de
aquellos que lleguen hasta el final sentimental de esta peque�a broma.







En el vestuario, ante su taquilla, Ram�n se secaba de los
hombros las �ltimas gotas de agua tras la ducha. Le vi mirando un cartel
publicitario pegado junto a su armario que mostraba una foto del H�rcules
Farnese. Sus ojos languidec�an sobre la imagen como si reconocieran a un viejo
amigo o a un familiar perdido.


En general, Ram�n no era muy diferente de aquella
representaci�n de H�rcules. Ram�n era m�s peque�o, claro, pero su cuerpo ya
maduro mostraba la misma determinaci�n marcial en cada expresi�n de sus
m�sculos. Su rostro barbudo y su mirada serena y decidida eran casi un reflejo
del busto de aquella escultura. S�lo su cabello cortado a m�quina le situaba en
nuestro tiempo, en lugar de aquella �poca en la que se supone que vivi�
H�rcules. Durante a�os hab�amos practicado juntos el noble arte de la lucha
greco-romana pero, mientras yo la hab�a puesto en segundo plano para vivir otros
aspectos de mi vida, Ram�n no la hab�a abandonado ni un solo d�a. Hab�a pulido
esa disciplina hasta la maestr�a. Y su cuerpo hab�a acompa�ado ese esfuerzo
creciendo y defini�ndose en las hermosas formas inscritas por los dioses en el
cuerpo de cada hombre, y que s�lo el tiempo puede revelar. Viejo amigo �Hasta
donde quer�as llegar?


Me acerqu� a la armoniosa fortaleza de m�sculos que era Ram�n
y le cog� por el hombro, cerca de su cuello ancho. Se volvi� alzando las cejas
para atenderme, todav�a reci�n salido de una enso�aci�n.



- Dentro de poco ser�s como �l � le dije indic�ndole el
cartel.



Ram�n sonri�. Sus ojos marrones volvieron a la realidad y me
contest�.



- No lo creo� Tu hijo s� que llegar� lejos.



Aquel comentario me sorprendi�.



- No te habr�s dado cuenta� - continu� -. Cuando Marcos tenga
nuestra edad ser� diez veces mejor que yo.



Se me llen� el pecho de orgullo; una sensaci�n c�lida que me
eriz� los cabellos de todo el cuerpo. Ram�n dosificaba muy bien sus palabras y
si un maestro tan diestro como �l hablaba as� de mi hijo, entonces no hab�a
lugar a dudas.



- Has criado un buen cabroncete � termin�.



Por el pasillo hacia las duchas del vestuario se acercaba el
aludido, humeando todav�a mientras el agua caliente se evaporaba sobre su
cuerpo. Era verdad que el peque�o me hab�a salido bien. Aunque ya no era tan
peque�o, ten�a veinticinco a�os. No s� c�mo consegu� interesarle por la lucha,
pero desde bien peque�o se uni� a m� y a Ram�n en nuestras pr�cticas. Hab�a
desarrollado un cuerpo estilizado de hombros anchos y cintura estrecha. Con los
m�sculos todav�a hinchados por el esfuerzo en la clase que hab�amos terminado,
parec�a exactamente lo que era: una m�quina fuerte y veloz de reducir oponentes.
Su sonrisa confiada era s�lo uno de los encantos de su hermosa cabeza, que luc�a
casi afeitada desde que volvi� del servicio militar. Su vanidad juvenil y su
f�sico le hab�an empujado a dejarse una perilla que le diera un aspecto
agresivo, para compensar su mirada tierna.



- �Qu� tram�is, vejestorios? � nos dijo sin ning�n reparo en
mostrar su orgullosa desnudez a nosotros y al resto de deportistas del
vestuario.



- Est�bamos hablando del campeonato nacional � ment� -. Ram�n
piensa que est�s preparado para participar.



Ram�n me lanz� una mirada de censura, como cuando �ramos
j�venes y le avergonzaba bromeando a su costa delante de otros conocidos.



- �Me equivoco? � me dio la impresi�n de que hab�a revelado
algo que Ram�n pretend�a confiarme s�lo a mi.



Ram�n se retir� al banco donde ten�a su ropa de calle y
comenz� a vestirse.



- El chaval estar� preparado cuando aprenda a esforzarse m�s
� dijo, manteniendo su tono grave.



Marcos se ri�.



- Ya puedo ganaros a los dos, claro que estoy preparado �
alarde� mi hijo.



Ram�n le mir� directamente, con esos ojos implacables y a la
vez compasivos que se ganaron mi amistad durante toda mi vida. Bast� con eso
para hacerle callar.



- No le he dicho a tu padre que est�s preparado � le cort�
Ram�n -. Le he dicho que pod�as ser mejor que nosotros a nuestra edad. No he
hablado del campeonato. Por mi puedes participar, pero todav�a no est�s
preparado.



- �Y cu�ndo crees que estar� preparado? � le ret� mi hijo.



- �Quieres estar preparado? � contest� Ram�n.



- Demu�strame que no lo estoy.



- Ven el pr�ximo mi�rcoles dispuesto a luchar con todas tus
fuerzas.



Marcos se extra�� por aquel desaf�o lanzado. Ni �l ni yo
est�bamos acostumbrados a escuchar esa clase de retos de boca de Ram�n. No era
de los que med�an su val�a como luchador a trav�s de las victorias. Pero aquella
vez mi viejo amigo se mostraba muy severo.


Recogimos las cosas y marchamos a casa Marcos y yo. Mi hijo
todav�a vive con mi mujer y su hermano peque�o en casa. De camino, charlamos un
poco sobre Ram�n. Marcos parec�a divertido por aquella extra�a salida de su
maestro en el vestuario. Confieso que yo tambi�n estaba algo sorprendido, pero
no ech� m�s le�a al fuego. Ram�n comprend�a mucho mejor que yo la lucha y c�mo
ense�arla, y tendr�a sus razones.


Cuando llegamos a casa, una de las novias de Marcos estaba
montando guardia delante de la puerta del edificio. Siempre hab�a alguna. Mis
amigos y yo brome�bamos sobre que a mi hijo nunca se le secaba el jugo de hembra
del rabo. Era natural. Con aquel cuerpo y esa sincera jovialidad en su car�cter,
era irresistible. Condenado� Marcos se qued� en la calle hablando con su pr�xima
presa.


Yo sub� a casa. Cen� algo suave y vi con mi mujer la pel�cula
de la tele de aquella noche. Era aburrida, as� que decid� llamar a Ram�n para
intentar adivinar las ra�ces de su comportamiento. Ram�n me coment� que era
verdad que le pod�a ense�ar muy poco a Marcos, que lo que le faltaba por
aprender era algo decisivo que el estudiante deb�a alcanzar por si mismo. Le
pregunt� qu� era aquello que le faltaba por aprender. Como respuesta, Ram�n me
record� que yo no hab�a competido nunca y no podr�a entenderlo. A pesar de todo,
me explic� que hab�a una forma de acelerar aquel aprendizaje. Dijo que no era
f�cil y me pregunt� si estaba dispuesto a preparar a su hijo para aprender
aquella lecci�n. Por mi orgullo paterno le adelant� que har�a lo que fuese
necesario para que mi hijo llegase a ser todo lo que pod�a ser.



- �Cueste lo que cueste? � me pregunt� Ram�n.



No supe que responder a eso. Sencillamente le dije que no
hasta el punto de amenazar su vida o su integridad, pero que bien le hab�a dado
un par de cachetes cuando era peque�o, y ten�a el derecho de padre de seguir
d�ndoselos, aunque fueran otra clase de cachetes.



- Bien � concluy� Ram�n -. No faltes el mi�rcoles.



Aquella conversaci�n me dej� intranquilo.


Ram�n me hab�a confesado muchas veces que Marcos representaba
para �l la posibilidad de darle un futuro a la lucha greco-romana. Que estaba
dispuesto a hacer lo que fuera necesario si el chico quer�a convertirse en ese
futuro. Durante varios a�os, cuando Marcos era s�lo un adolescente y en las
clases de lucha a penas pod�a hacer otra cosa que rodar indefenso entre los
brazos y el torso de Ram�n, me preocup� que los gustos sexuales de mi amigo
pudiesen afectar al crecimiento de mi hijo. Yo le confes� tambi�n mi
preocupaci�n a Ram�n.


�l, herido en su amor propio ante mi falta de confianza, me
revel� con los ojos brillantes y la cara enrojecida de ira que ciertamente amaba
a mi hijo, que le quer�a con locura, f�sica y espiritualmente, con la clase de
amor que profesaban los antiguos fil�sofos. Y que su peor pesadilla era que ese
mismo amor le separase de su ser querido. Por eso nunca se hab�a tomado ninguna
libertad con �l. Marcos no sab�a nada de los sentimientos que despertaba en su
maestro. Tomaba su cari�o por afecto paternal y por los fuertes v�nculos que
nacen entre maestro y alumno. Al fin y al cabo, Ram�n y yo compart�amos su
paternidad en la pr�ctica. �ramos sus dos referencias masculinas principales.


Con el tiempo Marcos se hizo mayor y empez� a saber m�s de la
vida. Me imagin� que no le hab�a pasado desapercibido el hecho de que Ram�n
viviese s�lo a pesar de su hermosura, incluso en sus cuarenta a�os, y que ten�a
pocas amigas. Decid� que todo aquello deber�a seguir su curso natural, y que no
me interpondr�a mientras Marcos no se quejase. Ram�n, por su parte, se port�
como el maestro que era, disimulando su inter�s y ocultando sus erecciones
ocasionales en las duchas o la sauna. Pero �A qu� se refer�a con hacer todo lo
necesario?


Para bien o para mal, el mi�rcoles no tard� en llegar.



Me present� en el gimnasio de Ram�n antes de que llegara mi
hijo. Encontr� a mi amigo concentrado y serio, s�lo en el vestuario. No hab�a
visto ni al recepcionista ni o�a voces ni golpes de las otras clases de artes
marciales que se daban en el gimnasio de Ram�n.



- Les he pedido que suspendan las clases hoy, por motivos
familiares � me inform� Ram�n.



Tambi�n me coment� que hab�a suspendido la clase para otros
luchadores que no fu�ramos nosotros, porque la pelea con Marcos no iba a ser una
lucha agradable y prefer�a que no la vieran. Me asust� un poco al o�r eso, pero
Ram�n me asegur� que no iba a ocurrir nada que Marcos no quisiera que ocurriera.
Dicho esto, Ram�n embuti� su generosa dotaci�n viril en unos boxers de malla y
march� hacia la sala de pr�cticas.


Al poco rato lleg� Marcos de la universidad, como si fuese un
d�a normal y corriente. Con el tiempo y la confianza, Marcos le hab�a perdido
gran parte del respeto que le ten�a a Ram�n. Con el entrenamiento y la pr�ctica,
Marcos conoc�a la forma de luchar de Ram�n y sabia bien c�mo enfrentarse a �l y
hasta derrotarle. Hab�an llegado al punto en el que Marcos pod�a ganar m�s de la
mitad de veces que los dos luchaban. A pesar de todo, yo conoc�a muy bien a mi
amigo y sab�a que ser entrenador no era lo mismo que competir. Supuse que Ram�n
quer�a demostrarle a Marcos que su suficiencia estaba injustificada, que todav�a
le quedaban muchos trucos por aprender antes de poder aspirar con dignidad a un
t�tulo nacional.


Dej� a mi hijo cambi�ndose en el vestuario y fui a ver a
Ram�n al gimnasio acolchado. All�, con el torso al descubierto, impon�a con su
sola presencia. Sus grandes y densos m�sculos no estaban all� s�lo para hacer
bonito y se notaba en la forma en la que se apretaban los unos contra los otros
mientras los calentaba. La bruma rizada de vello oscuro por todo su torso, que
muchas veces envidi�, todav�a no mostraba signos de humedad, aunque poco le
faltaba para convertirse en una nueva piel negra y reluciente sobre su carne
morena. Hac�a mucho tiempo que no le ve�a luchar a pecho descubierto. Entonces
le mir� la cara y comprend�. Su mirada era la de un hombre concentrado y
resuelto dispuesto a darlo todo. S�lo le hab�a visto mirar as� en la �ltima
competici�n que gan�. Nunca me expliqu� por qu� despu�s de aquella competici�n
decidi� retirarse. Llev� los colores nacionales a lo m�s alto del podio en las
competiciones europeas. Todo el mundo cre�a que el oro de los mundiales y de las
olimpiadas de los pr�ximos ocho a�os ser�a suyo. Pero a mitad del campeonato
mundial, se retir�. Y ni siquiera iba perdiendo. Derrotaba a sus rivales en muy
pocos segundos, con una ferocidad que no casaba con la serenidad de su rostro.
Se retir� y se neg� a dar explicaciones. La prensa deportiva le olvid�
r�pidamente. La lucha no es el ajedrez, no existen Bobby Fischers en ese mundo y
a nadie salvo aquellos que le conoc�amos bien y a alg�n periodista fan�tico
pareci� importarle aquella decisi�n que dejaba la lucha greco-romana sin uno de
sus grandes nombres.


Pero ese d�a, el Ram�n imbatible hab�a vuelto y Marcos no lo
tendr�a nada f�cil, a menos que mi hijo fuese ya tan bueno como su maestro en
aquella �poca. Ram�n me mir� con sus pac�ficos ojos, implacables, esta vez, y
supo que yo entend�a.


Marcos apareci� por la puerta con su sonrisa de h�roe de
c�mic. Inocente e impoluta. Quiz� hasta insolente. Me hab�a costado muchos a�os
sentirme c�modo con la idea de que mi hijo ten�a m�s �xito con las mujeres que
yo. Qu� diablos, el cr�o me superaba en todo. Hab�a cogido todo lo bueno de su
madre y de mi s�lo hab�a sacado los cojones. Me cost� reconocer que le envidiaba
mal, con amargura. Pero con el tiempo aprend� a reconfortarme en su propia
fortuna. Sin embargo, aquella sonrisa me devolvi� una pizca de ese deseo amargo
de que mi hijo fracasara en aquella prueba desconocida que Ram�n le hab�a
propuesto.



- �Qu� hemos de hacer hoy? � pregunt� despreocupado Marcos.



Ram�n abandon� sus ejercicios de calentamiento y se irgui�
para hablar con su disc�pulo.



- Hoy luchamos.



- Como siempre � le cort� mi hijo -. �Y qu�?



- No - le dijo Ram�n -, has confundido mis esfuerzos por
hacerte mejorar con una lucha en firme.



- �Y crees que no puedo ganar igualmente, es eso? � le ret�
mi hijo, creo que sin saber en lo que se met�a.



- Cuando te entreno me importas t� y tu progreso � le
respondi� Ram�n -. En una lucha de verdad s�lo me importa mi beneficio y en esas
condiciones los motivos lo son todo.



- Pues vale, pues lucha en serio si quieres.



Me sent� fuera del �rea de combate, esperando que aquello
comenzase como una explosi�n, inesperada y r�pidamente.



- Esto no va as�, Marcos � le dijo Ram�n -. No voy a luchar
contigo nunca m�s, ni te voy a entrenar. He estado observ�ndote en las
competiciones que has librado, incluso en las que crees que nadie conocido te ha
visto. Y no he visto a un luchador, sino a una representaci�n de un luchador.



- Bueno, entonces sabr�s que representaci�n o no, gan� todos
los torneos � se quej� Marcos.



- Porque tienes un buen entrenamiento y buena disposici�n �
le explic� el maestro -. Pero eso es todo. Para ti la lucha no significa nada y
mientras sea as�, nunca ser�s capaz de ganarme.



- Ponme a prueba a ver.



- Ya te he dicho que no volver� a luchar contigo.



- �Entonces a que viene todo esto, si no quieres luchar?



- Es que ser�s t� quien no querr� luchar conmigo � le dijo
Ram�n.



Marcos sacudi� la cabeza. Era inteligente y aquella discusi�n
le llevaba por caminos poco racionales para su estilo.



- �Pero qu� dices? No te entiendo.



- Ver�s, yo s� que quiero entrenarte y luchar contigo, pero
t� nunca vas a querer.



- Eso lo decido yo, �no? � Marcos empezaba a pisar terreno
desconocido.



- A partir de hoy s�lo lucharemos por algo que nos importe �
le aclar� Ram�n -. Si no est�s dispuesto a arriesgar algo en la lucha, no me
enfrentar� a ti.



- Ah, �y t� que arriesgas? � le pregunt� Marcos volviendo a
sonre�r.



- Si me vences en un combate en el que los dos nos apostemos
algo importante, yo cerrar� mi gimnasio.



- �Pero qu� dices? � se asust� Marcos � �Por qu� tendr�as que
hacer eso s�lo por perder contra mi?



- Porque t� tambi�n estar�as arriesgando algo esencial en tu
vida en esa lucha. Si mi apuesta no es tan alta como la tuya, la lucha no tendr�
ninguna utilidad.



- �Y qu� quieres que apueste? � accedi� finalmente Marcos.



- Quiero que, si te derroto, me entregues tu cuerpo durante
una hora � le propuso Ram�n.



- �Qu� quieres decir?



- Lo que has o�do. Tu absoluta entrega. No has de hacer nada,
s�lo entregarte y obedecer.



- �Y qu� har�s?



Mi hijo parec�a tonto.



- En una hora destruir� las bases sobre las que sustentas tu
identidad. Me saciar� contigo. Tu cuerpo ser� mi premio por poner toda mi vida y
mis sue�os en peligro.



- Espera � le dijo Marcos - �Est�s diciendo que quieres
sobarme o algo?



Marcos me mir�, casi exigi�ndome que interviniese, pero yo
hab�a seguido la conversaci�n y me parec�a totalmente l�cito.



- Puedes negarte a luchar � le expliqu� -. �l no te est�
obligando a nada. S�lo te dice que si quieres medirte con �l en serio, que si
quieres ganarte su respeto, debes apostar algo esencial para ti en una lucha. Yo
no lo har�a, pero qui�n sabe, igual hasta le ganas.



- El esp�ritu es la esencia de la lucha � a�adi� Ram�n -.
Ser�s siempre un luchador hueco si no sabes lo que es darlo todo en una pelea.



- Ya veo�



Aunque Marcos segu�a ofreciendo su apostura orgullosa, no en
vano era un excelente luchador, su rostro y su pecho enrojecieron de ira al ver
su habilidad y su compromiso cuestionados.



- Si por mi fuera te har�a sentir el terror de tener que
luchar por tu propia vida � le dijo Ram�n -. Pero no le deseo esa sensaci�n a
nadie. A pesar de todo, te conozco bien. S� que la idea de perder apostando tu
cuerpo te aterra igualmente.



Ahora entend�a mejor a Ram�n. Yo nunca hab�a competido a su
nivel, no sab�a la clase de terreno emocional en la que �l hab�a desarrollado
sus combates. Me pareci� bien que intentase hacerle comprender a mi hijo que la
lucha es algo m�s que entrenar para tener un cuerpo y un prestigio con el que
atraer a las ni�as. Pero lo que pas� a continuaci�n me sorprendi�.



- De acuerdo � dijo Marcos -. Pero quiero que lo dejes bien
claro. Si no me ganas, dejar�s la lucha. Y nada de �rbitros. Se gana cuando el
otro ya no pueda luchar.



- Me parece justo. Luchar� contigo si accedes a las
condiciones que ya te he mencionado � respondi� Ram�n, respirando profundamente
-. Jura tu compromiso y podemos empezar.



- Lo juro, s�.



Desde el primer momento, Ram�n entr� en un estado de
concentraci�n todav�a m�s profundo que el que le hab�a observado al entrar en el
gimnasio. Su cerebro parec�a atenazado al presente, no hab�a nada m�s en el
mundo que aquel c�rculo acolchado y su rival. Pude sentir la intensidad de su
voluntad. Me ech� levemente atr�s sin advertirlo. Mi hijo tambi�n percibi� algo
de esa fuerza, pero estaba enfurecido, atrapado entre su orgullo y su miedo.


La lucha dur� poco.


La musculatura velluda de Ram�n restallaba al chocar con el
cuerpo de mi hijo, que pon�a en pr�ctica su habitual despliegue de t�cnicas.
Marcos conoc�a perfectamente los puntos d�biles de su maestro y, a pesar de eso,
Ram�n esquivaba sus trampas por pura fuerza de voluntad. El desaliento hizo el
resto. En cuanto Marcos descubri� que sus recursos t�cnicos no ten�an efecto en
Ram�n, ni siquiera pens� que su maestro estaba gastando sus �ltimas fuerzas y
que pod�a vencerle si le agotaba durante un par de minutos m�s. Sencillamente se
bloque� y sus hombros tocaron la lona. Pero aquello no era un combate al uso y
aquello no termin� ah�. Ram�n le estrangul� el cuello con sus gruesos brazos,
tensos y venosos, y le hizo sentir la indefensi�n de una v�ctima.


Mi hijo gritaba, haciendo fuerza para liberarse, pero era
demasiado tarde. Sus ojos, antes orgullosos, rodaron y finalmente se cerraron,
huyendo de la mirada penetrante de Ram�n. Su esp�ritu se hab�a quebrado y,
aunque no quer�a reconocer su derrota, su cuerpo le abandon�.


Ram�n le dej� caer al suelo para que recuperase el aliento.
Me sobrecogi� ver, al caer mi hijo, que Ram�n ten�a una tremenda erecci�n que
deformaba sus apretados boxer. El maestro aspir� hondo y emiti� un rugido
triunfal propio s�lo de aquellos que han salvado la vida en el �ltimo instante.
Hasta que no o� aquel grito que le sal�a desde los cojones, no me di cuenta de
lo en serio que se tomaba mi amigo aquel ejercicio. Supe que en realidad se
hab�a apostado lo que daba sentido a su vida.


Marcos segu�a en el suelo, casi en posici�n fetal, respirando
de nuevo, con pocas ganas de saber lo que iba a suceder despu�s.


Ram�n estaba exultante, su ancho pecho velludo emit�a
destellos de luz robados por su sudor a la estancia. Sus abdominales, macizos y
definidos por el esfuerzo, sacud�an la alfombra de vello que los cubr�a. Ram�n
no perdi� ni un segundo. No sent�a ninguna verg�enza por sus deseos. Se baj� los
pantalones y descubri� su hombr�a medio erecta con su par de cojones afeitados
que ascend�an y descend�a mientras �l respiraba. Los diecisiete cent�metros de
gruesa carne ribeteada de venas gordas y oscuras se curvaban hacia mi hijo,
ganando vigor y altura por momentos.


Marcos no quer�a mirar lo que Ram�n le ofrec�a. Rehu�a el
contacto visual, cohibido. Ram�n aferr� el pescuezo de su disc�pulo con su
manaza derecha, temblorosa por la tensi�n acumulada y el gozo de la victoria. Lo
reincorpor� sobre sus rodillas y le orient� hacia el colch�n oscuro de vellos
p�bicos que remataban la base de su falo.



- Ch�palo.



Marcos cerr� los ojos, haci�ndose el sordo.



- Has perdido, m�mame el rabo.



Marcos no se mov�a. Ram�n cambi� de mano. Le cogi� el cuello
con su mano izquierda y le abofete� con la mano derecha en la mejilla. Marcos
gru�� un poco. Ram�n apoy� el grueso prepucio medio descorrido de su b�lano
sobre los labios de mi hijo. Al sentir el fuerte olor que el macho adulto
desprend�a por su miembro viril, Marcos reaccion� un poco y apart� su mejilla a
medio afeitar. Ram�n le volvi� a pegar en la mejilla.



- �Chupa, cabr�n! � le orden� con urgencia masculina.



Aquello me sac� de mis casillas. Marcos hab�a perdido, s�,
pero aquello iba a terminar en tortura. Me levant� r�pidamente, me acerqu� a mi
amigo y le empuj� con una mano para que dejara en paz a mi hijo. Ram�n ni se
inmut�, no se opuso ni mostr� sentimientos de queja, se qued� mir�ndome a mi y a
Marcos, con su hombr�a reluciente, enhiesta, exhibiendo toda su fortaleza ante
nosotros, sin descender un �pice.



- Lev�ntate � le dije a Marcos �, nos vamos a casa.



Cog� a mi hijo por los tirantes de su traje para ayudarle a
caminar pero, por alguna raz�n no parec�a facilitarme su rescate. Pens� que
estaba todav�a aturdido. Los estrangulamientos en el cuello a veces lo dejan a
uno medio inconsciente.



- �Est�s bien? � le pregunt� -. �Qu� te pasa?



Marcos se puso en pie, todav�a con el esp�ritu sometido, pero
despierto.



- D�jalo pap� � me dijo -. Tiene raz�n. Si no aprendo a
hacerme cargo de mis derrotas, nunca sabr� por qu� peleo.



- �Qu�? � alucin� - �Sabes lo que quiere hacerte? �Es que no
sabes que lo que lleva toda la vida esperando poder hacerte?



- Si, ya lo s�, y no me gusta. Pero ten�a raz�n en lo que
dec�a y yo he peleado voluntariamente.



Ram�n cruz� los brazos sobre el pecho, ansioso porque
lleg�ramos a una conclusi�n, aunque pude leer en �l un gesto de satisfacci�n.



- Si salgo por esa puerta � me dijo Marcos � no podr�
volverme a considerar un luchador de verdad nunca m�s.



Me qued� sin habla. No s�lo por lo que dec�a, sino porque
reconoc� en su joven rostro la gravedad de mi amigo de cuando los dos �ramos
meros iniciados en la lucha. Entonces me di cuenta de lo parecidos que eran
Ram�n y mi hijo.



- Anda, vete a casa � me pidi� mi hijo.



- Qu� cojones, yo no me voy � le dije, ofendido.



Como si alguna vez hubiese aceptado �rdenes de mi propio
hijo.



- Que se quede si quiere � intervino Ram�n -. No cambiar�
nada.



Marcos me dej� y anduvo cabizbajo hacia su maestro, que le
esperaba con su falo goteando. Un hilo grueso de fluido cristalino colgaba del
ojo de la punta del m�stil de carne, vibrando al son de los latidos del coraz�n
de Ram�n.


Marcos lleg� a su altura, esperando �rdenes. Ram�n se acerc�
a �l, mir�ndole con orgullo le cogi� por las sienes y le dio un beso en la boca.
Marcos cerr� los ojos ante la invasi�n de sus labios. Ram�n lami� el bigote y la
perilla de su joven aprendiz, recorriendo su cabello cortado al uno con las
palmas de sus manos. Tras ese leve pr�logo, Ram�n retir� las tiras de los
hombros del traje de Marcos revelando su torso fuerte y definido, apenas
cubierto de un fino vello desde el centro del pecho hasta el pubis. Luego Ram�n
presion� a Marcos por los hombros para comunicarle que deb�a volver a ponerse
sobre sus rodillas.


Ram�n lo situ� a la altura de sus genitales y mir� a Marcos
con dureza, invit�ndole a engullir su falo, que volv�a a presentarse ante su
cara con su apreciable aura de calor.


Marcos perdi� valor y cerr� los ojos. Ram�n refreg� sus
enormes cojones rapados por la barbilla y la nariz de mi hijo. Se los restreg�
por las cuencas de los ojos y por sus perfectas cejas rectas mientras se sacud�a
el rabo y jadeaba ruidosamente, m�s por la excitaci�n que por el cansancio del
ejercicio. El contacto del suave escroto del maestro sobre su cara no deb�a
parecerle desagradable a mi hijo, porque se relaj� un poco y se permiti�
respirar mientras Ram�n le perfumaba la cara con su sudor varonil.


Desgraciadamente para mi hijo, el relax no dur� mucho porque
seguidamente su maestro le estaba paseando su pringoso b�lano por los labios.
Marcos cerr� los ojos con fuerza al notar el fluido viscoso fruto de la
excitaci�n del enorme hombre que manaba de aquella ca�er�a de carne. Ram�n le
abofete� levemente.



- M�rame � le orden� -. M�rame, te he dicho.



Marcos abri� los ojos. Se apoy� con sus manos en los gruesos
muslos musculosos de Ram�n. Vio la mirada de su maestro clavada en �l y supo que
ten�a que obedecer pese a la repugnancia y el miedo que sent�a.


Con timidez, permiti� que el miembro viril de Ram�n cruzase
el arco de sus labios. Mi amigo tens� sus gl�teos peludos y empuj� su ariete
palpitante hacia el interior de la cabeza de mi hijo. Una vez dentro, prob� la
resistencia de las paredes de esa boca presionando con la punta de su falo. Mi
hijo, que nunca se hab�a metido nada tan grande en la boca, estuvo a punto de
ahogarse y vomitar cuando Ram�n le presion� la garganta, pero el maestro
control� muy bien sus envites y lo mantuvo todo el rato pose�do y dominado.


Yo me desesperaba desde el borde de la cancha viendo como mi
amigo se follaba por la boca, sin piedad, a mi hijo. Lo que me exasperaba no era
ver como el enorme oso musculoso, como un Poseid�n furioso, estrujaba su rostro
barbudo en expresiones de gozo, disfrutando porque su cuerno de mear se rozaba
con la lengua y la garganta de mi hijo. Eran los gemidos ahogados y angustiosos
de cuando Marcos se asfixiaba o sent�a que le ven�a una arcada y Ram�n no le
dejaba escupir la polla de su boca.


Mientras embest�a, me mir� sonri�ndome y me dijo entre
espasmos de placer:



- �Te pones nervioso? Pues luego me lo follar� por el culo,
vete si no quieres verlo.



Cuando Ram�n dijo eso vi que a Marcos se le escapaba una
l�grima por los ojos.



- Muy bien, machito, sigue mamando as�, como un ternerito �
le indicaba Ram�n -. Ahora no te asustes. No te lo tragues, pero no lo escupas�



Marcos no entendi� al principio lo que su maestro le dec�a,
hasta que del carnoso pist�n de carne que le penetraba el rostro surgi� zumbando
una nube de esperma dulz�n y salado que le llen� la boca. La copiosa semilla de
macho en celo le rode� la lengua e inund� toda su cavidad bucal mientras el
hombre segu�a empujando y retirando su miembro, bufando como un caballo o un
toro.


Los ojos de Ram�n se abandonaban al �xtasis mientras los de
mi hijo se abr�an de incredulidad, a medida que los disparos de su maestro le
llenaban la boca m�s y m�s de leche.



- Ya se acaba� - logr� decir Ram�n, medio ri�ndose.



Los pezones del maestro se endurecieron y su rostro se
enrojeci�. Estaba claro que hac�a meses o a�os que no se corr�a de esa manera:
tan temprano y con tanto espesor. Ram�n retir� su falo de la boca de su
disc�pulo, todav�a enhiesto y orgulloso, vestido como de clara de huevo. Sus
test�culos como mandarinas se bambolearon, ufanos, casi sin acusar el esfuerzo
de la eyaculaci�n, y sin duda produciendo m�s esperma para un nuevo asalto.



- As�, no lo escupas�



Ram�n reincorpor� a su disc�pulo, que le evitaba el contacto
visual. El maestro le bes� en los labios e invadi� su cabeza con su lengua.
Marcos se ve�a incapaz de respirar y a la vez retener la semilla de su maestro
en la boca. Ram�n recuperaba parte de su semen de la boca de Marcos, pero le
asfixi� intencionadamente para notar la angustia de su aprendiz cuando se vio
obligado a tragar el esperma. Observ� aterrado como su cuerpo se convulsionaba e
intentaba escapar al notar como la lefa le resbalaba por la garganta hacia el
est�mago y le embarraba todo el cuello. Vi su nuez ascender y descender, se�al
inequ�voca de que Ram�n se hab�a impuesto finalmente. En medio de aquella
angustia de asfixia Marcos tosi� sin querer algo de la esperma de Ram�n, que
qued� atrapada entre el rostro barbudo del maestro y la perilla corta de mi
hijo.


Ram�n sonre�a con una expresi�n dulce que no le hab�a visto
jam�s. Marcos goteaba semen por su barbilla, colgando de los vellos de su
perilla.



- No te limpies � le orden� Ram�n.



Luego Ram�n desnud� a Marcos completamente y le oblig� a
sentarse en la cancha. Marcos se puso m�s nervioso, porque entonces pudo ver que
aquello no iba a terminar con su cara ba�ada en la lefa de su maestro. En
comparaci�n con los de su maestro, sus huevos grandes y j�venes colgaban
t�midos, acobardados entre sus grandes muslos depilados que mostraban todos sus
vasos sangu�neos, como enredaderas. Ram�n no pudo evitar ponerse a lamer y besar
esas gruesas venas durante unos minutos. Marcos le miraba chupar, aterrado,
vulnerable, con las piernas abiertas exponiendo los �rganos que ten�a en m�s
estima. Ram�n ascendi� hasta ra�z de las piernas, donde el olor a macho era m�s
intenso y lami� el escroto de Marcos. �ste sinti� como la fuerte lengua de su
maestro rodeaba y palpaba cada mil�metro cuadrado de sus test�culos, incluso en
el nacimiento de los conductos que los manten�an unidos a su abdomen. Notaba
algo parecido a dolor, pero no era un dolor que le impulsara a hu�r.


Finalmente Ram�n se levant�. Me mir� y me dijo sin piedad:



- Voy a abrirle el culo despu�s. Si quieres puedes prepararle
para que no sangre.



Dicho esto se levant�, fue a buscar su bolsa de deporte que
estaba en una esquina del gimnasio. Sac� un tubo de crema y lo lanz� cerca de
Marcos, que no entendi� nada.


Mientras Ram�n recuperaba fuerzas tras el combate y su
primera corrida, tomando un refresco, me qued� mirando a Marcos, yaciendo en el
suelo, que todav�a luchaba con la extra�a sensaci�n que le hab�a dejado el semen
en su boca.


Me acerqu� a �l y le dije que se estirara boca abajo. Sab�a
bien lo que es ser penetrado. Antes de que naciera Marcos ya hab�a probado
alguna vez todos los placeres que el cuerpo puede ofrecer y recordaba bien lo
doloroso que pod�a ser si no te preparaban bien la primera vez.


Marcos yac�a tendido, inerme, sollozando aunque no quer�a que
lo viera, mientras mis dedos enguantados en lubricante separaban sus gl�teos
buscando su ano. Venc� la leve resistencia de su culo y me abr� paso en su recto
con dos dedos, notando un estremecimiento alrededor de mi mano. Toda aquella
armadura de m�sculos forjada tras tantos a�os de entrenamiento no le hab�an
servido para vencer a su maestro. Ya no le quedaba el m�nimo orgullo para
levantarse y defender su virilidad. Ram�n dispondr�a de su cuerpo como un le�n
que tras una lucha a muerte con su presa se da un fest�n. Aquel orgulloso cuerpo
que hab�a sido cabalgado por tantas hembras, ser�a violado sin piedad y sin
posibilidad de retribuci�n. Le met� lubricante hasta en el interior del recto.
Su culo era un hoyo mucoso y resbaladizo. Eso era todo lo que pude hacer por �l.
En seguida not� el olor �cido del sexo de Ram�n cerca de m� y su mano me indic�
que ya era suficiente. Por el aura de calor que emanaba de su cuerpo peludo,
supe que mi amigo estaba disfrutando de aquello.



- Sal de la cancha � me orden�.



Le obedec� a rega�adientes. Le vi arrodillarse entre las
piernas separadas de mi hijo. Le cogi� las piernas por los tobillos y le dio la
vuelta. Marcos se tapaba los ojos con sus fuertes brazos, intentando ocultar sus
l�grimas. Ram�n lo trajo hacia si, cogi�ndole de las rodillas, como quien maneja
un fardo. Le apart� los brazos de la cara, inmoviliz�ndolos por encima de su
cabeza. Marcos volv�a a mirar como un ni�o peque�o que se ha lastimado y sangra
por primera vez, buscando a su madre para que le lama la herida. Sobre �l, el
inmenso continente de virilidad que era el cuerpo de Ram�n, con sus valles y
bosques de vello sombr�o, pend�a sobre su joven cuerpo. Ram�n permanec�a serio,
nada en su expresi�n negaba lo que iba a ocurrir. Sin embargo, en su mirada
paternal s� hab�a un brillo de cari�o. El rostro barbudo de Ram�n descendi�
sobre la cara de Marcos y le lami� las l�grimas y los ojos cerrados.



- Tranquilo, hermoso cachorro, s�lo te doler� al principio� �
le dijo en una voz firme pero que a penas alcanc� a o�r.



Marcos llor� un poco al o�r eso. Ram�n le separ� las piernas
con su propia cintura e hizo que el voluminoso saco de su escroto se deslizara
con el contenido del escroto de mi hijo. As� restreg� tambi�n su miembro viril
completamente desplegado por el bajo abdomen de mi hijo, empap�ndolo de jugos
seminales. El suave mecerse del contoneo p�lvico del maestro tranquiliz� a
Marcos, que normaliz� su respiraci�n y la acompas� con los ensanchamientos de la
caja tor�cica de Ram�n. El contacto de sus test�culos con los de su maestro
parec�a hipnotizarle. La abrumadora virilidad de Ram�n extendida sobre su
abdomen, que le presionaba hasta el ombligo, ya no le hac�a revolverse.



- Tranquilo� - le volvi� a susurrar -. No es un deshonor�



Ram�n abraz� a Marcos por todo el torso, cubri�ndole con su
calor y levant� su musculoso culo velludo para posicionar su tronco viril de
camino a su objetivo. Ram�n se irgui� un poco sobre sus brazos para facilitar su
maniobra. Marcos sinti� como la punta del ariete de Ram�n presionaba contra su
ano y casi se colaba por efecto del lubricante. Al notar el cuerpo extra�o
intentando introducirse en �l, Marcos reaccion� y cerr� su esf�nter, lo que le
proporcion� un aguijonazo de dolor que le arranc� un gritito.



- Shh� - le tranquiliz� Ram�n � �brelo� �brelo bien�



Ram�n dio su primer s�ntoma de clemencia penetrando a mi hijo
con suavidad y paciencia. Empujaba con ritmo lento y aumentando la profundidad
milim�tricamente en cada asalto. Marcos abri� los ojos como platos, sintiendo
por primera vez que aquello le estaba ocurriendo a �l. Que le estaban reventando
el culo y no se deten�an. Como un joven soldado que orgulloso se ha entrenado y
entregado, que ha jurado toda su sangre a la patria sin tomar conciencia de su
propia muerte hasta notar la primera pu�alada del enemigo en sus entra�as.
Demasiado tarde para pensar en dedicar su vida a algo m�s constructivo. Marcos
emit�a unos aullidos breves de verdadero dolor cada vez que era ensartado. De
repente todos los chistes de maricones que hab�a o�do o contado viraban hacia
�l, como veletas acusatorias del cambio del viento. Su hombr�a sangr� dos
�ltimas l�grimas hasta que Marcos comprendi� que aquel era su propio fin, que no
volver�a a erguirse orgulloso sobre sus talones. Ram�n, implacable se abr�a paso
en su cuerpo ultrajando sus entra�as y su honor en un mismo movimiento.



- Shh� Calma� Ya est�



Un sonoro palmeteo anunci� que finalmente los gruesos cojones
del maestro de lucha hab�an topado con el firme trasero de Marcos. Ram�n retir�
completamente su falo del interior de mi hijo embisti� fuertemente sin
penetrarlo un par de veces y volvi� a hendirse en el cuerpo de Marcos,
lentamente. El siguiente grito de Marcos fue grave. Marcos se qued� paralizado.
Ram�n se tumb� encima de �l y le abraz� por la cabeza mir�ndole fijamente con
sus ojos, marrones y sinceros, emanando orgullo.



- Cachorro valiente� - le dijo.



Marcos permanec�a con los ojos abiertos, con la respiraci�n
entrecortada mientras sent�a la enorme hombr�a de Ram�n alojada en lo m�s hondo
de sus entra�as.



- �As� est� bien? � le pregunt� Ram�n.



Marcos no respondi� con voz pero sus ojos se cruzaron por
primera vez con los de Ram�n, y �l lo not� y su abrazo se volvi� m�s tierno.
Hasta los muslos del joven se relajaron y cayeron a los lados, facilitando la
invasi�n del maestro.


Los envites de Ram�n se hicieron m�s poderosos y exigentes
hasta el punto de alzar la cintura de Marcos en cada empuje. Los gemidos agudos
hab�an sido substituidos por resoplidos viriles. Ram�n entregaba toda su hombr�a
en su c�pula, lastim�ndose sus propios huevos, encadenado al placer que le
sumerg�a con su peso en los esfuerzos m�s varoniles. Marcos acusaba la sensaci�n
de estar siendo empalado y sus pulmones se vaciaban como si la presi�n en su
interior le llegara hasta el est�mago. Ram�n miraba con orgullo a su disc�pulo,
sin detener su asedio, vertiendo desde todo su busto gotas de sudor sobre el
pecho calvo y la cara de Marcos. Ram�n se hab�a dado cuenta de que Marcos estaba
disfrutando de la penetraci�n. Retir� por completo su falo y Marcos gimi�
desesperado al notar el vac�o en su interior. Con sus ojos le implor� que
volviese a llenar aquel hueco que poco a poco se iba cerrando. Ram�n le premi�
con lo que deseaba. Se introdujo de nuevo en su disc�pulo con un fuerte empell�n
y repiti� la maniobra.



- Putito� - le dec�a, enardecido por su triunfo � Te gusta�
No luches� S� que te gusta�



Ram�n not� algo en su vientre y se irgui� sobre sus rodillas,
todav�a empalando a Marcos y me dijo desde el fondo del abismo de placer en el
que se encontraba:



- Mira a tu hijo lo macho que es�



Efectivamente, el miembro de mi hijo desplegaba sus viriles
dimensiones y sus cojones, tan grandes y obedientes, ascend�an a ambos lados del
m�stil dispuestos para destilar su f�rtil esperma.



- No puedes escapar del placer, putito� - le dec�a Ram�n -.
Estamos dise�ados para esto tambi�n�



Ram�n repet�a sin parar sus tremendas pu�aladas. Se retiraba
completamente de Marcos y lo volv�a a ocupar clav�ndose con todas sus fuerzas
hasta que sus test�culos le dol�an. Ram�n volvi� a tenderse sobre su presa y
reinici� su mete y saca violento, dispuesto a llegar al final inevitable de
aquellos esfuerzos. Marcos recibi� aquel nuevo asalto con los ojos muy abiertos,
implorantes. Ram�n le pasaba la barba por toda la cara mientras le follaba.


Supe m�s adelante que en aquellos momentos a Marcos le
parec�a estar siendo violado por un poderoso dios griego y que su semilla
ardiente iba a ser un regalo, un premio que quedar�a siempre dentro de �l. El
voluminoso y cuadrado culo velludo de Ram�n amartill� la pelvis de Marcos
mientras su vigorosa espalda se arqueaba. El valle de su columna vertebral
evacuaba un r�o de gotas de sudor hacia sus gl�teos peludos. Ram�n empez� a
proferir obscenidades mientras su cuerpo se estremec�a ante el inminente
orgasmo.



- Mi cachorro� Toma leche de pap�



La naturaleza tom� el control del organismo del maestro y
supe al verle temblar que mientras embest�a estaba inyectando en el interior de
Marcos, a trallazos, litros de esperma. Marcos gimi� al notar como el cuerno
dentro de sus tripas se ensanchaba r�tmicamente para bombear el semen. El ruido
que hac�a ahora Ram�n al entrar en mi hijo era el de un chapoteo sordo. El
cuerpo del maestro, reluciente por el sudor, se detuvo al fin para recuperar
aire. Ram�n abraz� a Marcos, sin salir de �l, abrig�ndole con su enorme torso
velludo y duro. Ram�n le besaba el arco de las cejas, agradecido por aquella
entrega, pero Marcos le dijo algo al o�do, algo que no escuch� bien. Entonces
fue cuando por primera vez vi a Ram�n sorprendido. Fue �l quien abri� los ojos
e, inmediatamente, se irgui� sobre las rodillas y continu� su follada. Observ�
aterrado como el ano de mi hijo, completamente abierto, evacuaba goterones de
semen mientras era bombeado por la polla de Ram�n. El maestro le puso esfuerzo y
nervio. Su falo, todav�a duro, segu�a horadando las v�sceras de mi hijo, que
gem�a como un ni�o mientras su miembro viril, ca�do como una morcilla sobre su
vientre terso y abombado por el esfuerzo, palpitaba anunciando tormenta�
Efectivamente, los test�culos de Marcos ascendieron antes de que de su polla
surgieran varias cuerdas de leche que se extendieron por todo su pecho, hasta la
garganta, empap�ndole de semen.


Ram�n detuvo su asedio y se volvi� a tumbar encima de su
disc�pulo, pring�ndose todo el vello pectoral con la corrida de Marcos.
Permaneci� un rato as� y luego desenvain� su miembro todav�a amorcillado, del
trasero de Marcos que, tras la violaci�n, pudo al fin descansar sus rodillas.


Ram�n estuvo abrazado a �l un buen rato acarici�ndole la
espalda con sus manazas. Tras la corrida, Marcos hab�a recuperado la consciencia
de si mismo y permanec�a quieto, con los ojos cerrados, sollozando. De sus
generosos gl�teos apretados manaba a�n la esperma de Ram�n manchando la cancha
azul. Las manos del maestro aprovechaban para sobar todos los m�sculos de su
alumno, recre�ndose en su redondo culo macizo, que separaba para poder mancharse
las manos de su propia semilla.


Ram�n agot� lo que le quedaba de hora acariciando y
masajeando a Marcos, limpi�ndole el cuerpo de los jugos de macho con los que se
hab�an cubierto, sudor, semen, saliva�


Marcos luego se duch� con Ram�n y luego marchamos a casa.
Ram�n le dijo que hab�a cumplido su palabra como un hombre, y que no esperaba
que �l y Marcos fueran amigos despu�s de aquello, pero que se hab�a ganado su
respeto.


A pesar del calibre de Ram�n, gracias al lubricante y a la
paciencia del maestro, Marcos no tuvo ning�n dolor posterior. Marcos se qued�
varios d�as encerrado en su habitaci�n. No hablaba con casi nadie y tem� que su
sonrisa se hubiera esfumado para siempre. Mi hijo sab�a que no asistir a los
entrenamientos ser�a una cobard�a, as� que volvi� al gimnasio como si nada
hubiera ocurrido. Ram�n y �l se mantuvieron distantes, intentando adivinarse el
pensamiento el uno al otro. Las chicas que montaban guardia en la puerta de casa
no llegaban a entrar en la habitaci�n de Marcos, y si lo hac�an, sal�an
frustradas y confusas. Entend� que Marcos hab�a perdido su potencia juvenil.
Hab�a algo que le pose�a y le imped�a disfrutar de la vida.


Habl� con Ram�n, le coment� c�mo estaban las cosas y me dijo
que no hiciera nada, que el chaval estaba reconstruy�ndose a si mismo y no era
bueno intervenir en un momento tan voluble. Le di a mi amigo el beneficio de la
duda. A pesar de todo, siempre sab�a lo que se hac�a cuando se trataba de educar
luchadores y Marcos no pod�a ser tan fr�gil como para romperse por aquello. Me
enfad� un poco con mi amigo, pero �l me record� que todo aquello hab�a ocurrido
con mi aprobaci�n y, m�s importante, con la aprobaci�n de Marcos. Pero yo me
preguntaba qu� clase de frutos dar�a aquello.


Tres semanas despu�s, Marcos se clasificaba para el
campeonato de Espa�a. No lo vi, y Marcos no me habl� de c�mo le fue. S�lo me
dijo que se hab�a clasificado. Sin embargo Ram�n, que se hab�a colado en la
competici�n como espectador, me coment� por tel�fono que Marcos se hab�a
convertido en un verdadero luchador. Tuve que esperar hasta el verdadero
campeonato para ver lo que quer�a decir Ram�n con aquello.


Efectivamente Marcos luchaba con una ferocidad in�dita. Nunca
le hab�a visto tan concentrado en sus movimientos. No hab�a ni asomo de ego en
su forma de tratar al contrario, s�lo pura t�cnica y una voluntad inquebrantable
de vencer. Siempre le hab�a visto luchar con cierta chuler�a, como si
interpretara un papel. Pero esta vez no se preocupaba por lo que la victoria
significaba para �l. Sencillamente buscaba vencer. No perd�a ninguna oportunidad
que le dieran sus rivales. Estaba en un estado de trance. Derrot� al �ltimo de
sus rivales con facilidad y fue proclamado campe�n nacional. A pesar de su
triunfo, volvi� confuso a su lugar, con su entrenador.



- Ahora entiendo por qu� lo hiciste � le dijo a su maestro.



Al principio pens� que aquello lo dijo por aquella apuesta
que Marcos perdi�. A�os m�s tarde descubr� que se refer�a a por qu� Ram�n
abandon� la lucha.


Tras aquel campeonato Marcos recuper� su vigor. Las chicas
volvieron a empapar sus s�banas y a cabalgar en su polla dura. Un mes despu�s
Marcos se atrev�a a retar de nuevo a Ram�n. Quer�a la revancha. Volvieron a
apostarse cosas. Marcos exigi� que Ram�n se apostara su cuerpo para poder
vengarse viol�ndole. Ram�n le dijo:



- No ser�a justo. Eso quiero que lo hagas sin necesidad de
luchar.



Las apuestas fueron las mismas, el cuerpo de Marcos contra el
gimnasio de Ram�n. La lucha fue �pica. Yo esperaba que, con su nuevo talento,
Marcos derrotar�a a Ram�n, pero la cosa no fue as�. Lucharon con much�sima
concentraci�n y una fuerza jam�s vista. La cancha qued� encharcada de sudor.
Pero en el �ltimo momento Ram�n consigui� imponer su estilo y tuvo que
estrangular a Marcos hasta la inconsciencia para vencerle. Cuando reanimamos a
Marcos volvi� a su estado anterior a su victoria en el campeonato nacional.



- �Por qu� no te he ganado? � le pregunt� Marcos, temiendo
que volver�a a tener que entregarse.



- Pues porque tengo m�s experiencia y s� sacarle provecho �
le contest� Ram�n -. Pero estoy satisfecho. No te has rendido en ning�n momento
y has peleado al m�ximo. Ser�s el mejor de tu generaci�n, lo demuestres o no. Te
dispenso de tu promesa.



Ram�n ayud� a levantarse a su alumno.



- Ahora ya no necesitas m�s clases � le dijo Ram�n.



- �Y con qui�n ibas a pelear t� si me voy? � le pregunt�
Marcos - �Con mi padre?



Los dos se rieron a mi costa sabiendo que yo ya no
representaba un reto para ninguno de los dos. Pod�an ganarme con la d�cima parte
de la concentraci�n que empleaban cuando luchaban entre ellos. Cuando se
enfrentaban llegaban a un territorio que s�lo conoc�an ellos. Alumno y maestro
se abrazaron como si fuera la primera vez que se ve�an tras un largo viaje.


Ya en la ducha todos re�mos como de costumbre. Marcos y Ram�n
se tropezaban entre las duchas, molest�ndose y cerr�ndose el paso, consciente o
inconscientemente. Al final Marcos se atrevi� y meti� una mano entre las nalgas
cuadradas de Ram�n. El maestro no se asust�. Se sigui� enjabonando mientras
Marcos le buscaba el ano con los dedos. Ram�n le mir� con ojos brillantes,
anim�ndole a seguir.



- �Dec�as en serio lo de que me dejar�as vengarme? � le
pregunt� Marcos, tenso.



Ram�n le asinti� con su expresi�n m�s severa.



- Pues ch�pamela.



Ram�n sonri� a su alumno y llev� una mano al paquete expuesto
de Marcos, cuyos test�culos pend�an suaves como dos frutas maduras por efecto
del agua caliente. Ram�n se arrodill� y se los comi� con voracidad.



- No, la polla. C�meme la polla � se ri� Marcos.



Ram�n obedeci�. Un dios arrodillado para comerle la polla a
un h�roe. Eso me parec�an los dos. Los dieciocho cent�metros de gruesa carne
joven que henchidos de la virilidad de Marcos aparec�an y desaparec�an en la
boca de Ram�n. Mi hijo intentaba ahogarle con su hombr�a, pero Ram�n tambi�n era
maestro en aquellas maniobras y no le cost� albergar todo el calibre de su
alumno en su garganta. Al mismo tiempo, con la mano derecha masajeaba los huevos
sensibles de Marcos, estimul�ndolos a eyacular su esperma. Marcos se vio
sobrecogido por el placer y apoy� la espalda en la pared de la ducha.



- Basta, quiero follarte el culo � le pidi� Marcos.



- Dame tu leche � le pidi� Ram�n desde su entrepierna.



- Por el culo primero.



Ram�n se ri� y le ofreci� el culo a Marcos, inclin�ndose y
mirando hacia atr�s con curiosidad. Marcos cogi� su miembro duro y lo us� como
l�tigo contra el culo peludo de su maestro. Ram�n sonri� y le apremi�:



- Anda, f�llame ya, soldado �A qu� esperas?



- Vamos delante del espejo, quiero verte la cara mientras te
rajo en dos.



- No � le ret� el maestro.



Marcos ni siquiera intent� discutir con �l. Le clav� de una
estocada su vigorosa morcilla y lo levant� del suelo abraz�ndole por la cintura.
Ram�n rugi� como una fiera herida, cerrando los ojos y escupiendo saliva en su
agon�a. Al ser alzado todav�a se empal� m�s profundamente en la polla de su
estudiante. Marcos lo llev� hasta los espejos del vestuario donde Ram�n pudo
apoyar las manos mientras Marcos lo reventaba sin piedad. Le empal� dos
dolorosas veces m�s, haciendo aullar al curtido semental que el joven ten�a por
maestro y le dijo:



- �Qu� dices ahora del cachorro eh?



- Vas a tener que esforzarte m�s que con tus putitas para
joderme � le ret� entre dientes el maestro.



Marcos intensific� sus empellones, hinchando su miembro antes
de traspasar el ano de Ram�n en cada embestida.



- Lo que t� quieres es que te folle como a una putita � le
dijo jadeando Marcos -. Te voy a pre�ar como a una puta barata, violador.



Ram�n rugi� de gusto mientras aquellas palabras circulaban
por su cabeza al mismo tiempo que el dolor traspasaba su cerebro. Alcanz� a ver
en el espejo su propio rostro agonizante seguido por el de su alumno m�s
querido, retorcido en expresiones de placer y satisfacci�n por la venganza
conseguida. Ram�n se entregaba al dolor de ser empalado brutalmente por su
alumno, recordando cu�nto hab�a deseado ser pose�do por aquel regalo de los
dioses que era Marcos, desde que la virilidad empez� a imprimirse en su joven
cuerpo.


Los ojos de Ram�n se pon�an en blanco intermitentemente, no
sab�a si de dolor o placer, pero empez� a sangrar por la nariz, por los dos
agujeros, de excitaci�n.



- Ll�name como a una puta� - dec�a -. F� F�llame



Su voz entrecortada me hizo mirarle entre las piernas. Su
gran falo pend�a morcill�n, temblequeante como gelatina, mientras grandes
goterones de semen se precipitaban desde la punta de su nabo, entre sus piernas
hasta el suelo del vestuario.



- Toma leche de macho � le grit� con autoridad Marcos �
Tr�gala por el culo.



Ram�n gimi� al notar finalmente como su amado alumno le
volaba las tripas con su explosiva corrida juvenil que desbord� de su culo
abierto, recorriendo sus cojones, haci�ndole cosquillas por detr�s y chapoteando
pesadamente contra el suelo.



- �Te has corrido ya? � le pregunt� Marcos resollando.



Ram�n estaba en la gloria, con los ojos entornados, incapaz
de articular palabra. Marcos desliz� su mano por entre las piernas de Ram�n y
atrap� la cabeza de su falo, haciendo que Ram�n brincara de gusto. Al
encontrarla pringosa de leche, comprendi� que su maestro hab�a disfrutado
mientras era humillado y rajado por la carne de otro hombre.



- Te has corrido, so cerdo � apreci� Marcos -. Tanto m�sculo
y tanta polla y resulta que disfrutas dej�ndote violar por machos.



- Si� - mugi� Ram�n.



Marcos entonces se dio cuenta de que su maestro sangraba por
la nariz y acudi� en su ayuda.


- �Est�s bien? � le dijo, suspendiendo el juego.



Ram�n medio atontado, le asegur� que si, que estaba
perfectamente y que le ocurr�a a menudo.



- Deja que sangre, quiero que me veas sufrir por ti.



Marcos le dej� respirar hasta ver que los ojos de su maestro
se recuperaban de la experiencia. Mientras, Ram�n limpiaba con agua del
lavamanos la polla morcillona y los huevos de su disc�pulo antes de
introduc�rselos de nuevo en la boca. Marcos estaba medio hipnotizado con la
pericia de su maestro en el masaje oral, pero Ram�n de vez en cuando miraba
hacia m�, que observaba sentado en el banco, excitado pero un poco avergonzado
de aquel despliegue de lujuria homosexual de mi amigo y mi hijo. Me di cuenta de
que Ram�n quer�a que fu�ramos m�s duros con �l. Me pareci� raro que se entregara
de esa forma tan humillante pero pens� que probablemente toda su vida era el que
se impon�a, y que rara vez encontraba buenos machos que tomaran la iniciativa
por �l y le ofrecieran variedad. Decid� que yo tambi�n merec�a una peque�a
venganza, me baj� los pantalones me masturb� hasta ponerme duro entre las
piernas de Ram�n. �l empez� a respirar ruidosamente, excitado. No pod�a decir
nada porque la polla de mi hijo le llegaba hasta la nuez, pero por su expresi�n
supe que estaba deseando ser empalado por los dos extremos.


Imitando a Marcos le ensart� sin cuidado, col�ndome en un
agujero ardiente y cremoso, que me acog�a ya relleno con la generosa lefa de mi
hijo. Ya no recordaba lo placentero que pod�a sentirse un culo prieto de hombre
y la recompensa s�dica de escuchar los gemidos de dolor del hombre al ser
violado. Como placer a�adido, pod�a hacer sufrir a un hombre que casi siempre me
humillaba en combate y esa sensaci�n me produjo una erecci�n de veintea�ero
hasta el punto de que hasta Ram�n se molest� en felicitarme.



- �De d�nde has sacado esa fuerza, cabr�n? � me dijo con la
polla de mi hijo sobre su mejilla.



- C�llate puta maricona � no s� si lo dije bien, s�lo estaba
imitando a Marcos.



Redobl� mis empellones recre�ndome en c�mo mis cojones se
bamboleaban contra los suyos mezclando dolor y placer en proporciones gloriosas,
en un palmeteo que s�lo se da entre hombres. Ram�n entornaba los ojos
completamente entregado y agradecido. El muy cerdo encontr� la forma de atrapar
mis tobillos con sus piernas para forzarme a entrar m�s a fondo en sus
intestinos, y con las manos cog�a y masajeaba los gl�teos de Marcos para
empujarle m�s a dentro en su laringe.



- Nos est� violando el muy cabr�n � le dije a Marcos
mir�ndole -. Asf�xiale con tu leche, que se lo est� pasando demasiado bien.



Ram�n al o�r esto rugi� como un animal. Su musculosa espalda
flu�a contray�ndose y expandi�ndose para encajar nuestras hombr�as m�s
profundamente. El orgasmo me arrebat� cualquier s�ntoma de racionalidad y empec�
a insultar a Ram�n mientras le apu�alaba el bajo vientre con mi descomunal
miembro.



- Muere hijo de puta, me has amariconado a mi hijo, j�dete,
cabr�n�



Me zumbaron los cojones de lo fuerte que me corr�. Me clav�
profundamente en mi amigo, reg�ndole con mi semilla. �l not� mis abundantes
descargas de hombr�a, (y aqu� no estoy d�ndomelas de macho) y se puso a gemir y
mugir. Pero sus mugidos se convirtieron casi en s�plicas burbujeantes al
inundarse sus cuerdas vocales con el esperma espeso de mi hijo.



- Ah�gate en semen � le dijo Marcos mientras volcaba su
hombr�a en su garganta, apretando su cabeza contra su bajo vientre.



Ram�n enrojeci� gorgojeando agonizante, y las venas de su
cuello se hincharon exageradament

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Relato: El Maestro de Lucha
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