Despu�s de un largo tiempo de ausencia (te�rica, ya que solo
me dedique a leer relatos), he decidido reaparecer.
Por si ya no me recuerdan, soy El Negro.
Tal es mi costumbre, el relato en cuesti�n tiene como
principal protagonista y destinataria a una mujer madura.
Dora, con 56 a�os, de cabellos rizados rojizos (el tinte de
moda entre las "veteranas"), un metro sesenta y cinco de estatura y un f�sico
bastante alejado a los mencionados en esta secci�n (nada de esculturas), con
grandes pechos vencidos por los a�os, unas caderas bastante amplias, camina
continuamente por las galer�as de la escuela paseando un escobill�n y escuchando
todas las conversaciones a su alcance.
Presentada la "madura" vamos a la situaci�n y lo que es
mejor, a la resoluci�n del relato.
Dora comparte conmigo la funci�n de efectuar las fotocopias
de los apuntes que deber�an estudiar los alumnitos de la escuela. Es por ello
que en varias oportunidades hemos trabajado codo a codo y me ha dado el tiempo y
la confianza suficiente para observar sus escotes amplios y saber de su carencia
de afecto.
Por aquellos d�as, mes de Agosto de 2004, era natural que las
protestas docentes dejasen virtualmente desierta la escuela, por lo que ambos
aprovech�bamos a reclasificar apuntes, ordenarlos y colocarlos en las carpetas
correspondientes. El hecho de contar con m�s tiempo compartido y sin la
presencia de alumnos, nos hizo casi confidentes.
Madre de una adolescente, deb�a lidiar con los berrinches
cl�sicos de la edad de su hija y ello le restaba tiempo para intentar capturar a
un var�n que pudiese colmar sus necesidades afectivas. Viuda desde m�s de 10
a�os, solo hab�a logrado acompa�antes espor�dicos en sus vacaciones estivales en
una playa cercana a la ciudad, pero eso evidentemente no le alcanzaba.
Todo lo comentado me fue referido por ella misma, a lo que
retribu� contando de mi poca fortuna en esos momentos para conseguir una pareja
medianamente estable.
La situaci�n asemejaba a una madre hablando muy claramente
con su hijo, casi aconsej�ndolo. Pero todo fue cambiando con el paso de los
d�as, o al menos me pareci� a m�.
Al d�a siguiente de esa charla, Dora lleg� a la escuela con
indumentaria bastante insinuante y deportiva. Comenz� sus tareas en posiciones
que dejaban entrever como la costura de su pantal�n se insertaba muy claramente
dentro del canal de sus nalgas, hasta casi perderse entre ellas. Los buzos,
fueron reemplazados por remeras bastante ajustadas que marcaban excesivamente
sus pechos voluminosos y sol�a contonearse al ritmo de la m�sica que sal�a desde
una peque�a radio que nos acompa�aba mientras trabaj�bamos.
La semana transcurr�a en ese clima, cada vez m�s c�lido,
hasta que el viernes a las 11 fuimos citados a la Direcci�n de la escuela.
Una vez all�, la Directora nos inform� que el d�a lunes y
martes siguientes estar�amos solos, ya que se pretend�a efectuar marchas de
reclamo y solamente se congregar�an en la escuela para luego marchar hacia la
zona c�ntrica. Nos dejar�an solos, en la escuela y encerrados ya que podr�an
haber disturbios y quer�a que alguien quedase en resguardo de las instalaciones.
Ambos agradecimos la confianza dispensada y volvimos a nuestro trabajo.
Ya en la sala de fotocopiado, Dora me cuenta:
�Qu� bueno! Trabajamos solitos, sin controles y vamos a
poder ponernos al d�a, sin tener que vigilar si alguien entra o sale y nos
interrumpe.
Ten�s raz�n, adem�s podemos venir con "ropas de guerra"
para correr los mueble y limpiar todo el lugar �coment�.
Si, tendremos libertades para vestirnos bien livianitos
sin que nos critiquen por eso.
Debo reconocer que �ste �ltimo comentario me dio la pauta que
las dem�s mujeres de la escuela estaban poniendo mucho sus ojos en la ropa de
Dora. Volvimos a trabajar y ella a colocarse en esa posici�n de sugerencia
respecto a sus abultadas curvas. Para colmo de males, se quej� varias veces de
alguna incomodidad y girarme para ver que suced�a y la vi quit�ndose la tela de
entre sus nalgas de manera poco femenina, cosa que me fue levantando la
temperatura.
Al finalizar la jornada, comenzamos a cerrar las dependencias
y nos despedimos, pero a diferencia de otros d�as se aproxim� y me dio un beso
que roz� levemente mis labios.
No se imaginar�n todo lo que pens� durante el fin de semana,
trataba de planear las mil una formas de avanzarla el lunes, pero ante cada idea
ven�a a mi mente su edad y la posibilidad de encontrarme con una denuncia en
Direcci�n por intentar algo con ella.
El lunes lleg� y a las 7:30 ingres� a la escuela. Dora estaba
en sus tareas de barrido de galer�a como cada d�a, pero sus ropas eran m�s
conservadoras que las de la semana anterior. Un vestido que le cubr�a hasta
debajo de las rodillas y por sobre �l un guardapolvo. Mucha cobertura para lo
que yo esperaba y all� mi �nimo se fue por el piso.
A las 8:30, la Directora y varios integrantes del cuerpo
docente emprendieron el camino rumbo a la concentraci�n, las puertas se cerraron
y solo quedamos Dora y yo dentro del edificio.
Dorita, me voy para la fotocopiadora. Cuando termines con
las galer�as te espero all� para movilizar todo y limpiar la sala. Ok? � le
dije mientras sal�a rumbo al patio.
Listo Ale, en cinco minutos voy y te llevo el mate.
Prendete la radio con m�sica.
Abr� la sala de copiado, encend� la radio y comenc� mis
labores. Tal como lo hab�a dicho, minutos despu�s Dora entraba al recinto,
llevando un termo con agua caliente en una mano, el mate en la otra y ya sin el
guardapolvo, tan solo el vestido era su indumentaria.
Se detuvo en la puerta de entrada y el sol le dio en la
espalda. All� pude notar que su vestido era de tela muy liviana pues se
trasluc�a bastante y marcaba una peque�a bombacha que sin llegar a ser tanga, se
le asemejaba bastante.
Dej� las cosas sobre una mesa y trep�ndose a una mesa comenz�
a descolgar el cortinado de la ventana del frente del local. El sol ingresaba
pleno por el ventanal y dejaba ver mucho m�s de ella. La transparencia de la
tela gastada de su vestido era notoria, sus pechos no estaban sujetos por prenda
alguna y la bombacha s�mil tanga que hab�a visto de frente, se perd�a enrollada,
entre sus nalgas.
Sab�a muy bien lo que hac�a, se estiraba al m�ximo tratando
de alcanzar los extremos del barral del cortinado y su vestido se sub�a hasta
dejar a la vista el inicio de la curva de sus gl�teos. Cada tanto, giraba su
cabeza para observar si la estaba espiando o bien pretend�a tomarme por sorpresa
en plena tarea de fisgoneo. Quit� la cortina de la ventana, la dej� caer al
suelo y colocando una silla sobre la mesa intent� alcanzar el cortinado de una
claraboya que estaba m�s arriba.
El espect�culo ya era m�s que interesante para m�. No solo
ve�a la totalidad de sus gruesos muslos, sino que llegaba a observar como se
perd�a su bombacha dentro de su cola. Profiri� un insulto y me llam� diciendo:
Ale, ven� y sosteneme la silla para terminar de sacar
esta cortina. Se mueve toda esta porquer�a. A ver si me pego un golpe.
Dej� aquello que estaba haciendo y fui hacia ella. Tom� la
silla, mientras observaba por bajo su vestido. Su ropa interior era roja y
dejaba escapar algunos vellos p�bicos. Sin dudas, estaba puesta as� de manera
premeditada, para que pudiese ver lo que quer�a mostrarme. Se estir� un poco m�s
y libr� la tela del cortinado, pero baj� tan r�pidamente que mi cabeza qued�
presa dentro de su vestido, con mi cara a cent�metros de su fragante cola.
No s� si hice lo correcto, pero la tentaci�n fue demasiada.
Saqu� mi lengua y la pas� por el surco que hab�a entre sus nalgas y me aferr� a
su cintura.
Dio un peque�o gritito y trat� de sacarme de all�. Lo logr� a
medias, la baj� de la mesa y la puse de frente a m�. Confieso que esperaba un
cachetazo pero la proximidad lo impidi�.
Perdoname Dorita, pero no me pude contener. Me volv� loco
por un momento �dije tratando de armar una disculpa
Est� bien, pero no ten�s que hacerlo as�. Me lo hubieses
pedido y te hubiera dejado hacerlo m�s c�modo- me respondi� sonriendo
�Pedirte permiso? �ten�s ganas de estar conmigo ahora
mismo? �repliqu�.
S�, ya quiero tenerte. Estuve todo el fin de semana
pensando como insinuarlo y creo que lo hice m�s que bien.
Me dej� entre sorprendido y est�tico. No atinaba a nada,
entonces fue ella quien comenz� a trabajar sobre m�. Tom� mis manos y las
acomod� en su cola, de tal modo que mis dedos se ubicaron en su zanja, para
luego acercar mi boca a la suya y depositarme un beso suave, c�lido y h�medo en
los labios.
Fue como poner en marcha un motor, la atraje hacia m� siempre
amarrado a su cola y mientras la besaba, restregaba mi bulto contra su vientre.
Comenc� a subir la tela de su vestido para entrar en contacto
con su piel, amasando sus cachetes. Ella en tanto baj� su mano derecha y la
coloc� dentro de mis joggins y se aferr� a mi herramienta, dura, caliente y muy
erguida, la acariciaba y recorr�a de arriba hacia abajo.
Quise llevar una de mis manos al tri�ngulo delantero de su
ropa interior pero no me dejaba, el darme paso hac�a all� no le permitir�a
acariciarme, entonces tom� desde atr�s el el�stico de sus bombachas y las sub�
hasta m�s no poder, enterrando la tela dentro de su cuerpo produci�ndole un
ligero dolor que la separ� unos segundos. Ese fue el tiempo suficiente para que
recorriendo su cadera llegase al frente de su sexo, estaba mojada a m�s no poder
y el estirado del el�stico hab�a marcado muy profundamente su raja hasta abrir
sus labios.
Uff, que calentito est�s y que ganas me est�s dando. A
mis a�os y apret�ndome un hombre joven. Qu� hermosura... � me susurr� al
o�do.
Tus pechos y tu cola me tienen enloquecido. Quiero
perderme en tu cuerpo- Le respond�.
Fueron las �ltimas palabras que mencionamos por unos quince
minutos. En ese lapso nos fundimos en besos, abrazos, caricias que moldearon
cada cent�metro de ambos cuerpos. Ella con la experiencia que su edad le daba,
me llevaba a l�mites bastante poco conocidos o al menos explotados, por mi parte
recorr�a torpemente su cuerpo hasta donde me lo permit�a su vestido, el que
lentamente fui logrando desprender para dejar al descubierto esos pechos que
tanto me atra�an.
Baj� mis labios hasta uno de ellos, eran generosos, bastante
bronceados y coronados por un c�rculo amarronado que se coronaban con un pez�n
muy erguido y de buen tama�o. Estaba dur�simo, pero comenz� a ablandarse cuando
mis labios y lengua iniciaron a recorrerlo de manera circular en tanto mi mano
torturaba su otro pecho, acarici�ndolo y d�ndole peque�os pellizcos al pez�n.
Ella respiraba de manera entrecortada, al tiempo que segu�a
acariciando mi herramienta de base a cabeza, rozando con sus u�as la cabeza que
me hac�a dar escalofr�os.
Cambi� de posici�n mi boca y tortur� el otro pecho de igual
modo que lo hab�a hecho con el primero. Ahora mi mano derecha bajaba hacia su
tri�ngulo h�medo y cubierto de escaso vello, no me result� muy dif�cil hallar su
cl�toris entre sus labios muy mojados; mis dedos viajaban desde el origen de su
rajita hasta el l�mite que marcaba el orificio de su cola.
Me encanta eso... pero hacemelo con �sta- dijo mientras
aprisionaba un poco m�s fuerte mi miembro.- Pas�amela de punta a punta, pero
no lo metas todav�a.
La levant� y la apoy� sobre una mesa, abr� sus piernas
robustas para instalarme entre ellas. Ella baj� mis pantalones y liber� de su
prisi�n a la herramienta que comenz� a pasar como si estuviese pintando su raja.
Ya no hab�a humedad en sus labios sino una inundaci�n, gem�a
y ped�a que siguiese ante mi desesperaci�n por penetrarla. Afirm� sus manos
sobre la mesa y se inclin� hacia atr�s, d�ndome m�s espacio para recorrerla
desde su cola hasta el nacimiento de sus labios.
Fueron tres o cuatro pasadas muy lentas, con la cabeza casi
metida en ella. No pudo m�s y cuando intentaba un nuevo recorrido me tom� por
mis nalgas y me llev� adentro de su cuerpo caliente, me retuvo unos segundos
interminables en esa posici�n para luego empezar a moverse de manera circular.
Recorrer toda la profundidad de esa gruta c�lida me estaba
acelerando. Decid� tomar el control y aferr�ndola por la cintura comenc� a
entrar y salir lentamente de ella, mientras me prend�a a sus labios y mandaba mi
lengua dentro de su boca.
Goz�bamos esa situaci�n, la cadencia de los movimientos fue
aceler�ndose en tanto nuestros besos se hac�an m�s intensos y profundos. Ya era
velocidad pura, a tal punto que en m�s de una oportunidad me sal� completamente
de su cuerpo y volv�a a su interior muy violentamente.
M�s, m�s, m�s fuerte y m�s adentro, si, si.... �gimi�,
como recordando que pod�a hablar
Ah� va todo adentro, todo todo...-le respond�
Siiiii, me vengoooooo � Grit�
Tomaaaaa...... � le dije
Est�bamos al borde de la explosi�n, nos tomamos con much�sima
fuerza, como queriendo partirnos mientras conjug�bamos un orgasmo intens�simo.
Sent�a como despachaba todo un torrente de semen en esa vagina que se apretaba
en derredor de mi herramienta.
Fueron dos o tres minutos de presi�n mutua, como tratando de
retener tanto placer desplegado. Lentamente nos fuimos aflojando, los brazos se
relajaban pero los besos y las lenguas prosegu�an disfrut�ndose mutuamente.
Cuando mermaron los movimientos hasta la quietud total,
volvimos a mirarnos, y acariciarnos. No pretend�amos otra actividad que
agradecernos mutuamente el muy buen momento vivido, no habl�bamos, solo miradas
y caricias.
Sin salir de su cuerpo, me acomod� nuevamente.
No me imagin� que eras tan fogosa y h�bil para el arte
del amor � dije tratando de no romper el encanto del momento.
Deseaba hacer el amor, satisfacer y satisfacerme
totalmente. Y de a poco me di cuenta que me importabas un poco m�s que como
compa�ero de trabajo, me propuse conquistarte y ac� estas, dentro de m�
haci�ndome feliz � respondi�.
Pens� que me ibas a rechazar, pero hac�a ya m�s de una
semana que quer�a tocarte. Cada vez que qued�bamos solos, ten�a que hacer un
gran esfuerzo para no desbordarme tocando tus pechos o tu cola. Me estabas
volviendo loco con tus ropas tan sugestivas �le comente
Yo cre� que no querr�as amarme, soy bastante m�s vieja
que vos y algo "flojita" de carnes, no me imagin� que me deseabas tanto.
Segu�s excitado, te noto parado dentro mi cueva. �Quer�s m�s? Cambiamos de
posici�n por algo m�s c�modo y seguimos.... �consult�
No le respond� con palabras, la levant� en vilo con sus
piernas alrededor de mi cintura y me dirig� al rinc�n donde los profesores de
gimnasia hab�an dejado unas colchonetas.
Me tumb� all� lentamente y la dej�, clavada, encima de mi
cuerpo.
Destrab� sus piernas, y comenz� a moverse muy despacio, otra
vez de manera circular en principio para despu�s desplazarse atr�s y adelante.
Siempre de manera lenta pero continua.
En esas condiciones, mis manos estaban libres y se apropiaron
de sus pechos, recorri�ndolos a manera de c�rculos de afuera hacia adentro hasta
llegar a sus pezones.
Sin dudas la excitaba, ya que con cada recorrido terminado
aceleraba sus movimientos. Baj� mis manos a sus caderas, tom�ndola desde all�
pod�a frenar sus embestidas y hacer de aquel momento algo m�s placentero y
duradero.
Coloc� sus manos en mis hombros y aceler�, de nada valieron
mis esfuerzos por detenerla. Parec�a una fiera desbocada por la velocidad y
vehemencia, sus gemidos eran profundos y cada vez m�s seguidos. Los m�sculos de
su vagina eran exprimidores, y su cabalgata fren�tica potenciaban la presi�n al
m�ximo.
Diez minutos, eso dur� nuestra segunda relaci�n. Cay�
rendida, aplastando mi cuerpo con el suyo y por que no decirlo, tambi�n yo
estaba agotado.
Para ser un d�a lunes, m�s que bueno, pero tranquilos habr�
d�a martes. Lo que es mejor, hubo un tercer encuentro exactamente ayer: 27 de
Febrero de 2005.
Espero vuestros comentarios. Alejandro Gabriel Sallago � El
Negro
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