PERVERTIDOS DE ANABEL II
EL PAJARITO CANTOR II
Zoil�n, cogido por la pililita, se transform� en un aut�ntico
exclavo de Lily. Por lo visto hizo para ella cosas que solo Gervasio, el viejo
amante y ahora jefe de matones de mi cada vez m�s sorprendente celestina, acept�
ejecutar, aunque de otro calibre, ustedes me entienden. Sent�a tal debilidad por
Anabel que le contaba los m�s mezquinos secretos de su miserable vida. Creo que
mi dulce Ani era la mujer mejor informada del pa�s sobre las intimidades de
famosos y famosetes de poca monta que ya empezaban a prepararse para la marat�n.
El primer encuentro entre ambos tuvo m�s parecido con una
pel�cula del viejo cine mudo que con un video porno. Las carreras de Zoil�n no
hubieran podido ser grabadas ni por una c�mara r�pida. �Era tan poca cosa para
Lily que nunca le dej� utilizar sus potingues?. Le pregunt� asombrado a mi
amiga. �Nunca le habl� de sus remedios milagrosos?. Nuestra patrona no era
tonta, me respondi�, si curaba a Zoil�n se quedaba sin su m�s preciado recadero.
Pero era de esa manera como le ten�a m�s cogido de las pelotas. No entiendo su
astucia, Ani. Sabes que los potingues eran muy caros y solo los dispensaba a
grandes clientes. De todas formas no era el dinero lo que pod�a preocuparla,
sino que llegara a curarse de su eyaculaci�n precoz. Entonces ya no depender�a
de ella para satisfacer sus necesidades sexuales. Zoil�n era un chantajista
nato, se hubiera acostado con bellas mujeres a cambio de guardar secretos. No lo
hizo nunca porque sent�a p�nico de que descubrieran su debilidad.
Lily nunca le suministr� sus elixires, pero a mi me dio pena,
ya sabes como soy -sigui� cont�ndome Ani- y le facilit� las migajas de un
tarrito que hab�a utilizado con un buen cliente. Dio resultado, c�mo no iba a
darlo. Zoil�n aguant� m�s tiempo del que su delirante fantas�a hubiera podido
nunca imaginar. Lo pasamos muy bien aquella noche y el se sinti� tan agradecido
que llor� a moco tendido sobre mis pechos. Me dijo que desde aquel momento yo
era m�s que su madre -ya lo llevaba siendo hac�a tiempo,jaja- y que pod�a
pedirlo lo que quisiera. �Y qu� le pediste?. De momento nada pero luego
aprovech� sus servicios para acostarme con un famoso actor de cine, de visita en
Espa�a. Pero a lo que iba. Se march� m�s bien tarde al d�a siguiente de la casa
n�mero cinco, ya la conoces, me bes� y me dijo las palabras m�s dulces que he
o�do en mi vida. En la puerta del taxi se dio la vuelta para despedirse y pude
ver que lloraba como un beb�. Todo parec�a ir de perlas cuando al d�a siguiente
me llam� a casa, hab�a conseguido sacarme el tel�fono con sus caranto�as y
lloros, para explicarme que aquellas pomadas le produc�an alergia. Ten�a el bajo
vientre lleno de ronchones, de granos que a cada minuto aumentaban de tama�o, se
le ca�an las postillas sobre su pilulita que aparec�a hinchada y tumefacta, con
muy mal aspecto. La ten�a completamente roja, lo mismo que sus huevitos de
codorniz, jaja, y no pod�a ni darse b�lsamo beb� porque saltaba de dolor.
Es una pena que no pueda transcribir el lenguaje caribe�o de
Anabel porque la grac�a que ten�a al narrar este episodio podr�a hacerles llorar
de risa. Es cierto que tengo sus grabaciones pero ustedes no pueden oirlas y la
mera transcripci�n mecanogr�fica les quitar�a todo su sabor dulz�n y salsero. Me
pidi� permiso para venir a casa, continu� Anabel muerta de risa. Se baj� los
pantalones y me ense�� el estropicio. Tuve que hacer un gran esfuerzo para
controlarme porque se me estallaba la risa por todos los poros. Aunque bien
mirado no era precisamente para reirse. Daba verdadera pena el pobre Zoil�n. Se
dej� poner un poco de b�lsamo y llor� como un ni�o mientras mis manos hurgaban
en su cosita. Le dije que no pod�amos dejarlo as�. Llamar�a al doctor que Lily
tiene siempre de guardia por si surgen emergencias y �l encontrar�a la forma de
que al menos no le doliera tanto. Chill� de miedo y se puso de rodillas para
suplicarme que no lo hiciera. Si Lily se enteraba podr�a ordenar matarle. Le
contest� que no era para tanto, que nuestra patrona era una buena mujer y se
apiadar�a de �l. No me lo consinti�. Yo no sab�a si morirme de risa o de
l�stima. All�, de rodillas, con todo al aire, parec�a un buf�n de corte, de esos
que t� me contabas Johnny.
Pens� que era una l�stima que Lily no hubiera puesto un
sistema de grabaci�n tambi�n en casa de Anabel. En ese momento se me ocurri� que
hasta eso era posible. Tendr�a que mirar las grabaciones una por una. A�n no
hab�a inventariado la herencia de mi patrona. �Y c�mo solucionaste el problema?.
Pregunt� con cara de risa. Se qued� en casa una semana. Yo llegaba del trabajo y
le pon�a m�s b�lsamo. Le daba de comer y cambiaba su bolsa con hielo. Zoil�n no
se pod�a mover del dolor. Permanec�a todo el d�a en la cama con las partes
pudendas al aire porque no soportaba la ropa. Llor� lo que quiso y no paraba de
agradecerme los desvelos. Para compensarme me cont� las historias m�s s�rdidas
que conoc�a y eran muchas. Alg�n d�a te contar� alguna de ellas. Recu�rdamelo
Johnny.
Pero me he ido un poco de la cronolog�a. Te voy a contar el
primer encuentro. Lily ya me ten�a aleccionada. Es peque�o y feo como el mismo
demonio y tan mezquino que da asco, pero yo s� que t� vas a poder con �l,
Anabel, me dijo la patrona. Lo necesito porque me hace un gran servicio. T�
debes procurar satisfacerle y tratarle con mimo. No te dar� mucho trabajo. Se
ir� por la pata abajo nada m�s verte desnuda, jaja. Si te pide alg�n numerito,
algo l�sbico que le gusta mucho o alguna representaci�n teatral, me llamas y
ver� si merece la pena contentarle.
Vino en taxi hasta la casa. Yo miraba a trav�s de los
visillos, curiosa. Era un aut�ntico enano. No creo que llegara al 1,60. Su
bigote enorme le hac�a muy rid�culo. Eso s�, vest�a de boutique cara y con muy
buen gusto. Sal� a recibirle y extend� mi mano. Me la cogi� con ansia, como si
creyera que se la iba a retirar ensegida. Me bes� el dorso, dejando en la piel
mucha baba. Hice como que no me enteraba aunque me dio mucho asco. Ya en la
habitaci�n me pidi� que me desnudara muy despacio, con m�sica. El se sent� en
una butaca y encendi� un apestoso puro. Pero no pudo ni darle dos chupadas
porque en cuanto vio mis tetas casi se desmaya. Yo hab�a visto ese video y dese
luego la escena era tal cual me la estaba ella contando. Dej� el puro en el
cenicero, continu� Ani con la narraci�n, y ech� mano a la bragueta. Me acerqu�
hasta �l pensando que me estaba indicando que se la meneara pero me rechaz�
ofendido. Continu� con el estriptis y en cuanto me vio en braguitas puso cara de
estarse corriendo como en unas olimpiadas. Cerr� la boca como si intentara
ahogar un gemido, pero no pudo contenerse. Comenz� a chillar con su vocecita de
ni�o y luego a toser y despu�s a gemir y a suspirar. Cre� que le hab�a dado algo
e intent� palmearle la espalda. Se enfad� mucho y sali� corriendo hacia el
servicio, con las manos en la bragueta y la espalda inclinada hacia delante. Era
todo un espect�culo de feria.
Regres� al cabo de unos minutos. Yo segu�a en braguitas, me
hab�a servido una copa para ayudarme a pasar el mal rato, porque se me iba y
ven�a la risa y no sab�a c�mo controlarme. Le pregunt� si se encontraba mal.
Not� su cara de enfado y le dije que no era preciso hablar si no quer�a.
Entonces �l debi� notar algo en mi que le hizo ablandarse. Me cont� su problema
muy escuetamente. Como viera que no me re�a de �l se sincer� m�s. As� pude saber
de su boca lo que ya sab�a de labios de Lily. Le dije que no se preocupara. Eso
era algo com�n en los hombres y que a lo largo de la noche se le olvidar�a lo
sucedido. Se ech� a llorar como un ni�o. Yo no sab�a qu� hacer. Me acerqu� a �l,
le tom� una mano y trat� de consolarle. Como el llanto arreciara lo cog� en
brazos. Lo llev� hasta la cama y all� puse su cabecita entre mis pechos. Me los
puso perdidos de l�grimas y baba. Cuando se calm� me dijo que yo era la mujer
m�s comprensiva que hab�a encontrado nunca. Que si le trataba bien �l me
recompensar�a de mil maneras. A pesar de su aspecto �l ten�a mucho poder en
ciertos ambientes. Lo cre� porque Lily ya me hab�a contado algo.
Lo desnud� con mucho cuidado y entonces descubr� su pililita
de beb� entre sus piernas. De no haberlo sabido creo que no hubiera podido
contener la risa. Era realmente peque�a, algo microsc�pico. Vaya pajarito
cantor. Me sali� de la boca sin que pudiera hacer nada por evitarlo. El crey�
que me refer�a a su pilulita y se puso rojo de rabia. Fue entonces cuando se me
ocurri� una salida que me libr� de su c�lera. Sabes que tengo p�jaros en casa.
Lily me permite a veces llevar alguno al trabajo para que me hagan compa��a.
Aquel d�a hab�a llevado un loro y un jilguerito. Ni corta ni perezosa sal� de la
habitaci�n, baj� al sal�n y sub� la jaula del pajarito que se puso a cantar
desaforadamente. Sabes que tengo buena mano para los p�jaros, en cuanto cojo una
jaula no hay p�jaro que se resista. Anabel no era consciente del doble sentido
de sus palabras y yo no quise decirle nada para no interrumpir la narraci�n. Me
limit� a sonre�r.
Sub� con el jilguero a la habitaci�n y entonces Zoil�n
comprendi� la confusi�n y me pidi� disculpas. Me pregunt� si no le parec�a
peque�a.Primero me hice la tonta. �Te refieres a la jaula?. No, mujer, no. Sabes
que me refiero a esta cosita que tengo entre las piernas. Hombre, las he visto
m�s peque�as. Es un tama�o medio, tal vez tirando un poco a bajo, pero las hay
mucho m�s peque�as, puedes creerme. Ment� como una bellaca, Johnny. Pero �l se
lo trag�. Los hombres os trag�is todo cuando os interesa. Se relaj� bastante y
me dijo si le pod�a dar un magreo. As� en braguitas como estaba me sub� a la
cama y comenc� a masturbarle. Pero era tan peque�a que se me escapaba de entre
los dedos. As� que decid� hacer de tripas coraz�n. Me gustan las mamadas, sabes
muy bien Johnny que te he hecho algunas antol�gicas, tener el nabo entre los
dientes me produce una sensaci�n placentera, como si ya no me faltara nada. Pero
aquel nabito era m�s bien rid�culo. Me puse a mam�rselo como si lo hiciera con
ganas y entonces not� con sorpresa que se encend�a. Se estaba empalmando. Fue el
empalme m�s r�pido que he visto nunca. Y m�s si tenemos en cuanta que unos
minutos antes se hab�a ido sin avisar. El nabito se puso firme y creci� un poco,
no mucho, para qu� vamos a enga�arnos. Pero lo m�s asombroso es que apenas me
dej� echarle la lengua porque se corri� en mi boca con m�s velocidad de la que
nadie hubiera esperado. Ech� un par viscosidades, chill� de gozo y yo me qued�
con el escupitajo en la boca.
Sabes bien Johnny c�mo me gustan tus espermatozoides, me los
como cruditos y aun soy capaz de degustar ese delicioso sabor a pescado. Pero
aquella vez casi vomito. Sin decir nada sal� corriendo para el servicio y all�
me lav� la boca, luego me enjuagu� con un colutorio y vomit� en seco. Tard� unos
minutos en recuperarme. Al volver �l me estaba esperando con la sonrisa de oreja
a oreja. �Por qu� no te habr� encontrado antes?. Me dijo sin ninguna iron�a.
Creo que t� y yo vamos a ser muy buenos amigos. Me pidi� que me quitara la
braguita y me echara a su lado. Me estuvo magreando el sexo con sus deditos
hasta que not� que me pon�a cachonda. Sabes que basta con que una hormiguita me
hurgue all� abajo para que me ponga como una loca. El se dio cuenta de que sus
manipulaciones me gustaban mucho y sigui� con ellas hasta conducirme al orgasmo.
Sab�a hacerlo bien el peque�o demonio. Imagino que de alguna manera ten�a que
contentar a sus parejas aunque no creo que una profesional de la calle le
consintiera algo as�. Debieron re�rse mucho del pobrecillo. �No crees Johnny?.
Estuve de acuerdo. Los pitos peque�os causan m�s bien risa y
los grandes destrozos. Pens� en Pichabrava. Nos vendr�a bien algo m�s flexible,
m�s acoplable. Pero la naturaleza no se esmer� mucho en el hombre.
Continuar�.