Relato: Testigo de la hermosura (3: Llega Gonzalo)





Relato: Testigo de la hermosura (3: Llega Gonzalo)


TESTIGO DE LA HERMOSURA III: LLEGA GONZALO



Pasamos la ma�ana del lunes entre la piscina y la sala de
juegos, ganando tiempo hasta que los padres de Jordi llegaran. A eso de las 12
se presentaron en el Hotel, hablaron con Sole y recogieron a su hijo para ir a
comer fuera. Fueron amables conmigo, pero se notaba que estaban afectados por
alg�n problema. Oriol y yo nos quedamos solos, hecho que el chico aprovech� para
mostrarse especialmente cari�oso y juguet�n. Tuve que llamarle la atenci�n un
par de veces por culpa de sus roces expl�citamente voluptuosos, a lo que
respondi� con una mueca de desencanto. Un poco antes de comer su madre mantuvo
un cambio de impresiones conmigo. Me dijo que estaba contenta de mi trabajo,
porque ve�a a su hijo muy feliz. Me pregunt� qu� ten�a previsto para los d�as
siguientes, y me pill� desprevenido puesto que no hab�a pensado nada. Improvis�
una propuesta sencilla: un trekking, o mejor, una ascensi�n al Aneto, el pico
m�s alto del Pirineo. Ignorante de lo que aquello significaba, la madre dio su
bendici�n, y el chaval no cab�a de contento.


-�De veras vamos a subir al Aneto?


-No, hombre. Para la ascensi�n hay que tener cierto nivel de
alpinismo. Hace falta ir bien equipado, porque parte de la ruta hasta el pico
transcurre por un glaciar y...


-A m� eso no me da miedo.


-Pero es que hay que andar por lo menos seis horas...


-�Y qu�?


-Es una cuesta muy dura. Hay m�s de mil quinientos metros de
desnivel...


-�Dudas de m�? �Te crees que soy un ni�o?


-No, no eres un ni�o �lo tranquilic� mientras le acariciaba
el pelo y la nuca. �Pero si uno no est� bien preparado puede resultar peligroso.


Dejamos la conversaci�n y Oriol se fue a comer. Yo me qued�
un rato m�s en la piscina. Fue quiz� mi sexto sentido el que motiv� la
permanencia, esperando novedades. Me tom� una cerveza para calmar la sed, pero
el bochorno era insoportable. Un buen ba�o sin cansarse, un poco de buceo y...
cuando sal� a la superficie not� una presencia extra�a. No lo hab�a visto
llegar, por lo cual fue una sorpresa completa. Era un chico bastante guapo,
delgado pero fuerte, pelo corto y sonrisa franca. Estaba sentado en el c�sped,
mirando hacia la piscina. Yo me qued� en la orilla observ�ndolo. Por culpa del
sol cerraba los ojos, por lo que no pude ver de qu� color eran, ni tampoco si me
miraba a m� o ten�a la mirada perdida en alg�n punto del horizonte. Con el gesto
del descanso, apoy� mi rostro en los brazos, con el cuerpo sumergido, y me
dediqu� a disfrutar del panorama. El chaval ten�a unos diecis�is a�os, luc�a un
ba�ador blanco de buena marca, no muy corto, pero s� con una pernera ancha.
Estaba sentado con los brazos hacia atr�s y las piernas abiertas. Y lo mejor:
gracias a esa posici�n, por el espacio de la pernera aparec�a un test�culo,
grande, moreno, poco peludo. Un buen presagio, pens�. No resist� mucho tiempo en
esa perspectiva. Me estaba poniendo nervioso. As� que sal� del agua, me sequ�,
me coloqu� las gafas de sol y me sent� cerca de �l, mirando de reojo las
bellezas que se me obsequiaban.


El muchacho continuaba en la misma posici�n, con las piernas
un poco m�s abiertas si cabe. Yo iba alternando la contemplaci�n de sus nobles
partes con el estudio morfol�gico de su rostro. P�mulos manifiestos, buen color
de piel, cejas finas, labios marcados y un tic sabroso: se pasaba a menudo la
lengua, h�meda y traviesa, por la t�mida abertura, lubricando sus labios resecos
por el calor. En una ocasi�n se lade� un poco para agarrar una revista que ten�a
aun lado y la abertura se ensanch�, dejando a la luz los dos huevos y un rabo
considerable, colgando hacia la derecha. Creo que no pude disimular mi contento,
porque cuando el chico se incorpor� me mir� y me dedic� una sonrisa, que yo
devolv� instintivamente. Se pas� un rato hojeando la revista, tiempo que yo
ocup� para estudiarlo completamente. Su vientre, muy plano; sus hombros, anchos
y de clav�culas muy marcadas; sus b�ceps, recortados espont�neamente. Se cans�
pronto, y d�ndose cuenta de que yo segu�a mirando en su direcci�n, me ofreci� la
revista. La acept�. Se acerc� para d�rmela, pero cuando imaginaba que iba a
comenzar una conversaci�n, sin pensarlo dos veces se zambull�. Apenas tuve
tiempo de formarme una idea de la dureza de sus nalgas, esbozadas por la tela.
Tuve que cambiar la direcci�n de la mirada. El chico ten�a muy buen estilo, pero
s�lo nadaba en crawl. Cuando regres� a mis proximidades la tela blanca se le
pegaba en los muslos y en el paquete, que se anunciaba apetitoso.


-�Te gustan los coches? �inquiri�, con toda naturalidad.


Entend� la pregunta, pero no sab�a a qu� hac�a referencia. El
gesto me delat�.


-Lo digo por la revista. Ni siquiera la has mirado.


-Es verdad. Es que me apetec�a m�s observar a la gente. Pero
s�, me gustan los coches.


-Ya not� que me observabas. �Te gusta c�mo nado?


-S�. Es decir, te faltan los dem�s estilos, �no? Por aqu� hay
un chico que fue campe�n de nataci�n.


-Ya. �Y qu�?


-Nada. Pues que nadas muy bien, pero se puede superar.


-Bueno.


Se hizo un silencio. Creo que no acert� muy bien la manera de
comenzar la conversaci�n. El chico recogi� la revista e hizo adem�n de
marcharse.


-Oye, no te cabrees. Nadas muy bien. Ven, si�ntate. �C�mo te
llamas?


-Gonzalo.


-�De d�nde eres? Yo dir�a que de Madrid.


-S�. Bueno, de Majadahonda.


-Yo tengo un buen amigo en Majadahonda.


-�Es como t�?


-�A qu� te refieres?


-Ya sabes. Si se interesa por los chicos.


-�Yo me intereso por los chicos? �Y t� c�mo supones eso?


-No me has quitado ojo de encima.


Nada m�s terminar de decir esto, se sent� encarado a m�. Ech�
las manos hacia atr�s y abri� las piernas. El ba�ador, h�medo a�n, dej� al
descubierto parte de su sexo obsequioso. Le miraba a la cara, pero mi vista se
desviaba hacia su atractivo aparato. Las gafas oscuras imped�an que �l lo
notara.


-Te crees muy listo.


-Lo soy. Pero no me has contestado.


-Mirar a una persona no significa sentir inter�s por ella.


-Excusas. Yo no ve�a tus ojos, pero tu rostro no se ha movido
en ning�n momento. Cuando alguien observa alrededor mueve la cabeza, adem�s de
los ojos.


-Est� bien. Te observaba. Pero no te dir� por qu�. �Vas a
quedarte muchos d�as aqu�?



-Dos semanas.


-Con qui�n has venido?


-Con mis padres. Son esos que est�n ah�. Los que miran.
Saluda.


Un hombre y una mujer absolutamente normales estaban sentados
en una mesa. �l le�a un peri�dico de extrema derecha y parec�a el abuelo de
Gonzalo. Ella examinaba una revista del coraz�n. Saludaron con la mano. Gonzalo
me desconcertaba. Inesperadamente cambi� de tema.


-Oye, �t� conoces esta zona?


-Bastante bien. �Por qu�?


-�Qu� deportes se pueden practicar?


-De todo. Sobretodo deportes de aventura: barranquismo,
h�pica, tiro con arco... r�fting, aqu� cerca... alpinismo...


-El tiro con arco es una mariconada.


Esper� a observar mi reacci�n a la palabra, supuestamente
ofensiva.


-Ya veo que eres muy macho. �Qu� te gustar�a hacer?


-No s�, escalada, barranquismo, alpinismo... algo m�s fuerte.
Dicen que aqu� en el hotel se pueden contratar deportes y actividades.


-Yo conozco al responsable de las actividades para j�venes.
Es un individuo simp�tico y competente. Escalada y alpinismo puedes practicar
con �l...


-No me extra�ar�a que fueses t�.


-Premio. �C�mo lo has sabido?


-No s�... no pareces un cliente m�s. Te mueves con seguridad,
con aires... de chulo. Como si fueras el due�o.


-Vaya, t� tambi�n me has estado observando.


-S�, te he visto con un ni�o. Muy guapo, por cierto. �Es tu
hijo?


Dijo esto �ltimo con un poco de malicia. Oriol pod�a ser
perfectamente mi hijo, si lo hubiera tenido a mis 16 a�os.


-No. Es un cliente. Bueno, su madre. Oye, �de veras te
parezco engre�do?


-Un poco.


-Pues ya somos dos. Te ofendiste porque te dije que hay quien
nada mejor que t�.


-S�, me cuesta aceptarlo. Es que soy muy bueno en todos los
deportes.


-Un aut�ntico atleta.


-�Se me nota? �pregunt�, forzando musculatura y observ�ndose
sin ning�n pudor.


-�Te crees capaz de llegar a la cumbre del Aneto?


-Pues claro.


-Hay nieve, y un paso bastante complicado, justamente a
cincuenta metros de la cima.


-M�s interesante.


-Te dejar�n tus padres si monto una expedici�n?


-Claro que s�. Pero no creas que eso te va a servir para
acostarte conmigo.


-Eres muy descarado. A parte de un poco cre�do.


-Te aviso antes de que me tires los tejos. No te va a servir
de nada. Tengo que irme. Dime por qu� me observabas.


-No. Ma�ana. O esta noche. �Juegas al billar?


-Soy muy bueno. No s� si rebajarme a jugar contigo.


-Eso se demuestra en la mesa.


-D�nde est�s por la tarde?


-No s�. Por aqu�, con el chavalillo.


-Tendr� que venir a vigilarte. Hasta luego.



Gracias a Gonzalo empec� a plantearme seriamente la
posibilidad de ascender al Aneto. Le estuve dando vueltas durante la comida y,
dado que al principio de la tarde no vi a Oriol ni al reci�n llegado, decid�
emprender una exploraci�n. Enfil� la carretera hacia el norte, pas� el Hospital,
dej� el coche al lado del r�o y en algo m�s de media hora me situ� en el Refugio
de la Restanca. A esa hora tard�a muchos alpinistas regresaban de sus
expediciones, algunos del Aneto, otros de la Maladeta. No me sorprendi� el
aspecto dominguero y mal equipado de algunos de los que bajaban, cansados y
jadeantes, puesto que en los �ltimos a�os en verano el Aneto se ve tan
concurrido como un centro comercial, y su ascensi�n es asumida
irresponsablemente por personas que no cuentan con la preparaci�n suficiente. En
vista del nivel general de los monta�eros y de las respuestas que a mis
preguntas me ofrecieron algunos de ellos decid� que la excursi�n era posible. El
tiempo estaba de nuestra parte. S�lo faltaba convencer a los padres y a Jordi,
que a�n no sab�a nada.


De regreso al hotel un mensaje me indic� que mientras hab�a
estado fuera de cobertura Germ�n me hab�a llamado. Pens� que era mejor esperar
que lo hiciera de nuevo. Justo cuando aparcaba son� el timbre.


-�D�nde te metes?


-Eso t�, hace d�as que no me llamas.


-Es que no paro, S�c. Aqu� hay mucha marcha.


-Ya te lo dije. �Sigues intacto?


-Intacto, intacto... Te espero antes del d�a 1. No me
fallar�s.


-Muy seguro est�s t� de eso. Yo tambi�n he conocido a gente
interesante.


-Oye, estoy con un franc�s que est� loco.


-�Le gusta practicar el �dem?


-Pues claro. Me la est� desgastando con tanta mamada.


-Pero t� no te quedas atr�s.


-Y que lo digas. Es que tiene un monstruo entre las piernas.


�Y c�mo te entiendes con �l?


-En ingl�s, y con la mirada. Aunque no creas que estoy todo
el rato con �l. Nos hemos juntado un buen grupo. Incluso vienen chicas.


-Sigues escap�ndote por la noche?


-Ya no. Llegu� a un acuerdo con mi madre. Me deja salir hasta
las tres.


-No est� mal. Pero a esa hora en Lloret empieza la marcha.


-Aqu� hay marcha a todas horas. Los alemanes a las doce ya
est�n como cubas. Yo me pego a ellos y bebo gratis.


-Ya. Lo t�pico: yo amigo, t� invitar, etc. Como van borrachos
se apuntan a un bombardeo.


-M�s o menos. Oye, �sabes? Cuando hablo contigo
inconscientemente me toco el paquete. Me acabo de dar cuenta. �Por qu� crees t�
que ser� eso?


-No s�. Telepat�a, quiz�s. Yo estoy haciendo lo mismo.


-�Delante de todo el mundo?


-No, estoy dentro del coche, en el parking del hotel.


-Pues mi francesito se est� calentando. Se me nota el bulto.
Por cierto, ya no me hago pajas. Me las hace �l con la boca.


-Lo raro es que no te pida que te des la vuelta.


-�Con ese rabo de caballo? Ni loco me dejar�a. T� ya sabes
que soy estrechito.


-Yo dir�a que no tanto.


-Bueno, te dejo. Si no estuviese en la terraza de un bar �ste
ya me la estar�a comiendo. Mira, por ah� vienen mis amigas.


-�Esas no te la quieren comer?


-Tambi�n. A lo mejor me dejo. Desde que lleg� el franc�s creo
que se imaginan algo, pero no se atreven a decir nada... y siguen acerc�ndose.
Ah, por cierto, todo el mundo me echa diecis�is.


-No entienden. Los expertos sabemos que tienes catorce.


-Pues aqu� no hay ning�n "experto". Por supuesto, yo no les
he dicho mi edad real. No fuera que me marginaran por cr�o. Oye, voy a colgar.
No olvido lo de la semana pasado contigo. Fue definitivo.


-Gracias.


-Y me muero por repetirlo. Pero tendremos que buscar unos
servicios tan desiertos como aquellos.


-Te van los lugares p�blicos, �no?


-La posibilidad de que te pillen es definitiva. Y c�mo te va
a ti?


-Un d�a de estos practicar� alpinismo. Subir� a la cima del
Aneto.


-Ah, muy bien. Nada m�s?


-No. La espelolog�a la reservo para el mes de Agosto.


Se qued� un rato en silencio. Luego respondi�.


-La espelolog�a es lo de las cuevas, �no? Ya te he captado,
mam�n. Bueno, la practicaremos juntos.


-Est� bien.


-Ciao, colega. Au revoire!


-Vaya, el franc�s te ha ense�ado algo m�s que sexo.


-Oui. �y al franc�s: "�c�mo has dicho?- � bient�t.


-� bient�t, mon ami.



Cuando entr� en el hotel pas� por la sala de juegos. Espi�
sin ser visto, y all� estaba Gonzalo jugando solo. Era realmente bueno. Pero
quer�a bajarle los humos. Yo no soy tan malo. La piscina ya estaba cerrada, pero
la terraza de bar estaba repleta de clientes. Asom� la cabeza y Jordi me llam�.
Estaba con sus padres.


-Estoy planeando subir al Aneto. �Te apetece?


-Pues claro. Ya he subido algunos picos: el Montseny, el
Puigmal...


-Yo de m�s joven tambi�n practiqu� alpinismo �intervino su
padre. Antes el Aneto era otra cosa. El glaciar ten�a por lo menos tres
kil�metros de largo. Este verano dicen que no llega a uno.


-Eso he escuchado. Y por ello pienso que no es ninguna
irresponsabilidad intentarlo con los chicos. Ni siquiera har� falta usar
crampones.


-Jordi �a�adi� el hombre, mirando a su hijo- tendr�s que
comprarte el equipo. Necesitas unas buenas botas, que te mantengan el pie seco
aunque vayas por la nieve.


-�Hay nieve?


-�Y qu� te crees que es un glaciar?


-Para cu�ndo has previsto la ascensi�n? �pregunt� la madre.


-Para pasado ma�ana, si ustedes lo autorizan. Ma�ana
podr�amos comprar el equipo necesario. Es una suerte que usted entienda de
materiales.


-No, si no te importa le doy dinero al chico y vas t� con �l
de compras. �Ir� tambi�n el peque�o?


-Creo que s�. Y otro chico de Madrid, algo mayor que Jordi.
Por cierto, creo que ser�a oportuno tomar un seguro de accidentes, por si acaso.


-Bien pensado.


-�Has visto a Oriol? �pregunt� a Jordi. �Tendr�a que hablar
con su madre.


-No, acabamos de llegar.



Dej� a los padres de mi �ngel y �l, como no, me sigui�. Nos
quedamos en el vest�bulo. Entr� mi hermana. Era su d�a libre, y lo hab�a pasado
en Zaragoza. Nos dimos un beso caluroso. Me pregunt� por los padres del chico,
por la madre del peque�o... Jordi se sorprendi� un poco por la intimidad con que
nos trat�bamos. No sab�a que era mi hermana.



Oriol no tard� mucho. Cuando nos vio, peg� un salto y se
lanz� sobre el sof�. Me propin�, sin querer, un golpe en las piernas. Su madre
lo reprendi�.


-�Eres un alocado! �P�dele disculpas a este se�or!


-No hace falta, se�ora, que somos colegas. �Verdad?


El chaval sonri� y me rob� las gafas de sol.


-Por cierto, se�ora, hab�a pensado intentar la ascensi�n al
Aneto pasado ma�ana. �Oriol tiene calzado apropiado?


-�Qu� tipo del calzado?


-Botas de monta�a.


-No, pero se le pueden comprar. En Benasque he visto tiendas
de deporte. �Ay, pero ma�ana hab�a pensado en apuntarme a una excursi�n a
Lourdes!


-No importa, si quiere se las compro yo.


-�Que bien!



Sole cen� conmigo, y me di cuenta de que los padres de los
chicos observaban el detalle. Fue algo muy oportuno, porque mi hermana quer�a
hablarme de algo. No sab�a c�mo empezar.



-Mmmm..... Oye S�c, yo nunca me he metido en tu vida, pero...


-Pero... �qu�?


Yo ya sab�a lo que la preocupaba.


-Yo no soy nadie para juzgar lo que hagas con esos chicos,
pero...


-No te preocupes. No tienes nada que temer.


-Se os ve muy unidos. Y no todo el mundo lo puede entender
como algo natural...


-Pues los padres no tienen ning�n reparo.


-Puede. He pensado que como nadie sabe que somos hermanos,
puedo interpretar el papel de tu novia, o esposa, o lo que quieras...


-Eres genial!


-No s� si te fijaste c�mo nos miraba Jordi cuando nos
abrazamos.


-No. Yo estaba de espaldas a �l.


-Se qued� extra�ado. Creo que te conviene guardar las
apariencias.


-No temas. Lo que hago con los chicos lo hago con todo el
cari�o del mundo. No quiero lastimarlos. Ellos lo desean tanto como yo.


-S�, ya se nota... Esto... Pero piensa que si pasa algo te
hundes t� y me hundes el hotel.


-No seas dram�tica. Est� todo controlado. Pero acepto tu
comedia. Seremos novios. Voy a pedir una botella de cava para celebrarlo.


Bebimos y brindamos y nos dimos un par de besos en los
labios. La madre de Jordi le hizo una se�al a su marido, y �ste se volvi� a
mirar. Quiz� tem�an quedarse sin canguro. Sole control� a la madre del m�s
peque�o, que estaba en su campo visual. De reojo observ� tambi�n a Gonzalo, que
hab�a entrado con sus padres cinco minutos antes. Jordi hizo una rara mueca. Me
supo mal. Despu�s de la cena nos trasladamos al bar. Mis amigos primitivos no
aparecieron, pero s� el madrile�o, que con un gesto me se�al� la mesa de billar
americano. Pero yo quer�a un billar tradicional, as� que nos fuimos a la sala de
juegos. All� estaban los dos ni�os, jugando a cartas. Se sorprendieron al verme
acompa�ado de otro chico. A�n no sab�an nada.


-Gonzalo, perdona, pero no quiero que se sientan
arrinconados.


-Lo entiendo.


Me sent� cinco minutos con ellos. Les propuse una reuni�n
preparatoria de la excursi�n para dentro de media hora y les expliqu� que ten�a
una cita con el nuevo para humillarlo en la mesa de billar. Hice las
presentaciones y cuando supieron que era de Madrid mostraron desencanto. Ya se
sabe la rivalidad que hay entre los catalanes y los de la capital de Espa�a.


Comenzamos la partida y al cabo de nada estaban los chicos
anim�ndome. El chaval era realmente bueno, y pronto me hundi� en el fango. Mis
animadores tambi�n se rindieron. Gan� limpiamente, pero no me gust� el gesto
triunfal del chico, un poco presuntuoso.


Nada m�s empezar la reuni�n not� que los chicos se ca�an mal.
Mis ni�os procuraban hablar en catal�n para marginar al reci�n llegado, pero �l
lo captaba todo, as� que la preparaci�n se hizo casi toda en esa lengua.
Hablamos del horario, del equipo, de alguna t�cnica... Respond� a todas las
preguntas y el clima mejor� algo, porque Gonzalo comprendi� que estaba mejor
callado. Despu�s pregunt� a qu� quer�an jugar y Oriol propuso el Monopoly, su
especialidad. La elecci�n fue muy acertada. La versi�n era de las calles de
Barcelona, cosa que los menores consideraron ya un triunfo. Pero es que Oriol,
en un d�a de suerte, fue hundiendo poco a poco al madrile�o hasta arruinarlo por
completo. No se lo tom� a mal, incluso cuando lo perdi� todo se abraz� al
peque�o y alab� su esp�ritu especulativo. El ni�o se sorprendi� por el abrazo, y
not� que aquello hab�a producido un acercamiento. Pero Oriol estaba euf�rico con
su capital y comenz� a hacer tonter�as. Le propuso matrimonio a Jordi para
reunir fortunas, y pronto not� su pie que buscaba mi paquete. Ofreci� un
pr�stamo a Gonzalo, que pudo recuperarse. El madrile�o comenz� a llamar socio al
rubito y pronto todos form�bamos un grupo compacto. Jordi observaba de cerca al
nuevo. Se fijaba en sus labios, en sus m�sculos, en sus hombros. Yo los
observaba a todos y estaba feliz.



Llegaba la hora de acostarse, pero nadie daba el primer paso.
Los ni�os tem�an que me quedase a solas con Gonzalo. No quer�an perder el
estatus conseguido. Al fin, me alc� de la mesa y propuse una hora para ir de
compras. Gonzalo dijo que no ir�a con nosotros. Ya ten�a el equipo completo. Los
peque�os respiraron aliviados. Notaba que deseaban hacerme mil preguntas, as�
que me escabull� h�bilmente. El nuevo se despidi� con un abrazo del peque�o y
con una palmada de Jordi. La rivalidad hab�a desaparecido. Si sab�amos mantener
el f�tbol alejado de nuestras conversaciones, habr�a paz.



Tendido en la cama le estaba dando vueltas a la nueva
din�mica de grupo desde que se hab�a incorporado Gonzalo cuando llamaron a la
puerta. Pod�a ser cualquiera de los tres. Incluso Sole. Abr�. Era Oriol.


-�Estas solo?


-Claro. �Con qui�n crees que podr�a estar?


-Con tu novia. �O es tu mujer?


-Si fuera mi mujer dormir�amos juntos, �no crees?


-�Puedo entrar?


-No. Tu madre se puede despertar y...


-Mi madre no se despierta ni con un terremoto. Quiero estar
contigo.


-Est� bien. S�lo un rato.



Me qued� solo en la puerta. Antes de darme tiempo a
reaccionar hab�a entrado, se hab�a desnudado completamente y se hab�a metido en
la cama. Suspir� con resignaci�n. Me met� en la cama y su mano busc� mi sexo y
comenz� a masturbar.


-No te cansas nunca, �no?


No respondi�. Se inclin� y empez� a chupar. Se entreten�a
marcando el territorio con la punta de la lengua. Segu�a la forma del glande, se
deten�a en el frenillo, tragaba lo que pod�a. Su peque�a mano conten�a uno de
mis test�culos. De pronto se detuvo.


-�Sabes qu�? Me gusta chupar.


-Ya lo hab�a notado.


Y sigui� con su trabajo. Su dulce lengua actuaba como un pa�o
suave que quisiera limpiarme a fondo los pliegues del cuerpo. Estaba totalmente
concentrado en su labor, y un sinf�n de escalofr�os me recorr�an el espinazo. Me
estaba elevando a la gloria. Su respiraci�n acompasada se escuchaba m�s fuerte
que los cl�sicos sonidos de la absorci�n. Se esforzaba en vano para contener
toda la carne, porque su garganta a�n era peque�a. Not� que llevaba prisa, que
estaba acelerando los movimientos, as� que tom� su rostro por la barbilla y le
mir� a los ojos. Su cara deliciosa dibujaba una expresi�n p�rfida mientras sus
ojos inquir�an la raz�n del intermedio. Sac� su lengua puntiaguda y
provocativamente se lami� los labios, incitando al placer de besarlos. Lo hice.
Se acomod� contra mi pecho, agarr�ndome del brazo sin dejar de tocar mi polla.
Ahora respiraba sonoramente por la nariz, entreg�ndose a un intercambio de
saliva casi enfermizo, de una urgencia incontenible. Su boca era exquisita,
menuda pero hospitalaria. Cada recodo fue profanado con la ayuda de su �pice que
me guiaba. Era un morreo entregado, efusivo, apasionado. �Era capaz, a pesar de
su tierna edad, de sentir el placer del cari�o, de dar a ese beso el significado
profundo del amor?


Yo sent�a por �l una enorme ternura, mezcla de admiraci�n por
su car�cter proyectado y risue�o y de comprensi�n por su curiosidad insaciable
de sexo. Volvi� a tragar delicadamente, como si de una respuesta a mis
pensamientos se tratara. Le agarr� las piernas y lo obligu� a rotar sobre mi
sexo. No quiso abandonar la mamada por nada del mundo. Pronto tuve su firme
ariete en mi boca, fresco y r�gido, suave y disciplinado. El perfume embriagador
de los momentos excelsos me envolv�a, y mi coraz�n lat�a con br�o como si de
algo peligroso se tratara. Pronto el ni�o empez� a ceder. Nunca abandon� mi
polla, pero la intensidad de sus lamidas iba disminuyendo proporcionalmente a la
energ�a de las m�as. Su miembro resplandeciente circulaba por mi garganta como
si fuera su casa, y sus huevos esponjosos eran el fest�n de mi lengua, que los
rodeaba y halagaba. Comenz� a gemir. Pens� que de un momento a otro soltar�a una
de sus ocurrencias, pero no, estaba serio, circunspecto. Mis manos conten�an sus
nalgas tiernas y firmes, y un dedo atrevido inici� la exploraci�n. Su agujero,
tan suave y d�ctil, parec�a querer tragarme. S�lo un rato dur� esa exploraci�n,
porque la dulzura de las fibras en ese espacio divino me empuj� a saborearlo.
Con las manos separ� las dos c�pulas que esconden el tesoro, y mi lengua, �vida
de las m�s altas empresas, dibuj� c�rculos alrededor del monumento. Oriol ya no
chupaba. Se hab�a quedado como muerto, agarrado a mi polla h�meda como si fuera
un salvavidas. Gem�a y balbuceaba palabras sin sentido. Me imaginaba su rostro
crispado por el placer, ojos cerrados, lengua suelta y adormecida. Dios, su culo
era uno de los m�s sabrosos de mi vida. Era un aut�ntico lujo, una haza�a
extraordinaria, una aventura incre�ble saborear esa hendidura gr�cil y laxa,
dispuesta a contener. Estaba a punto de correrme sin apenas haberme tocado. La
mano del ni�o me apretaba sin llegar a rodear mi asta. El ritmo de sus gemidos
se acrecentaba hasta que, inesperadamente, se separ� de mi. Antes de levantar la
cabeza para ver qu� pasaba not� una humedad en el glande.


-�Qu� haces?


-Quiero follar.


-Ni hablar. Eres demasiado joven.


-No soy tan joven. Ya me corro.


-Me da igual. Nada de follar.


Pero no tuve tiempo de negarme. Antes de terminar la frase
not� la sedosidad del primer tramo del recto de Oriol. Su esf�nter se hab�a
abierto sin dificultad ninguna, sin una queja, sin un suspiro. Mi cabeza estaba
iniciando la exploraci�n. Y mis sentidos estaban tan excitados que fue imposible
negarme. Lo arranqu� con suavidad.


-Quita.


Alargu� el brazo y encontr� el tubo. �l me miraba satisfecho,
victorioso, desafiante. Estaba a punto de sentarse en el asiento del placer.
Esperaba pacientemente.


-Est� fr�a.


Y mil�metro a mil�metro entr� dentro de �l. Una mueca de
molestia dej� paso a un gesto de satisfacci�n. Las entra�as del chaval me daban
la bienvenida, se hac�an m�s suaves para m�, me recib�an con generosidad y goce.
Con las manos le indiqu� que se alzara y se volviera a sentar. Se sorprendi� un
poco por la sensaci�n, pero al cabo de un minuto estaba cabalgando serenamente
sobre m�, con los ojos cerrados, concentrada toda su sensibilidad alrededor de
su ano. Yo nunca hab�a conocido tanta suavidad, as� que ten�a que hacer
esfuerzos para no venirme a�n. Los dos sud�bamos, irradiando nuestro calor por
la noche fogosa de Julio. Me dediqu� a observarlo. Sus manos se apoyaban en mi
pecho. Sus brazos parec�an m�s fuertes, tensos y macizos. Sus pectorales,
insinuados por una peque�a curva. Sus pezones, morados, brillantes, erectos. Sus
hombros poderosos, su cuello fuerte, su barbilla tan viril, sus labios tan
carnosos... Ese pelo tan claro, esos reflejos plateados, p�lidos, refulgentes...
Esa boca insaciable, encierro de sexos y compositora de genialidades...


-Si Dios existe, se parece a ti.


Abri� los ojos un momento, sonri� y los cerr� de nuevo. Y
quise devorar esa sonrisa. Lo agarr� por los hombros y lo acerqu�. Su boca ya
estaba en mi boca, y mi empuje y su vaiv�n se compenetraban para trasladarnos al
para�so. Refrend� la humedad de la lengua, busqu� besar m�s profundo, al mismo
tiempo que penetraba m�s a fondo. Su pecho sobre el m�o, su piel tan tierna y
c�lida me obsequiaba mil sensaciones m�s. Su interior se entregaba, se
prodigaba, se convert�a en un mar de navegaci�n apacible. Mi polla quer�a
reventar, enloquecida por el homenaje, disuelta entre cortinajes de terciopelo.
Me corr� gritando como un loco con la boca obturada por un beso enloquecedor,
casi mordiendo la lengua del ni�o, acoplando los espasmos a una respiraci�n
forzada. Fueron unos instantes, pero parecieron horas. Horas de ensue�o,
abrazado al chaval, testigo de una hermosura que se entregaba resuelta,
testimonio de un placer gratuito y espont�neo, sincero y limpio.


Oriol se incorpor�, clav�ndose todo mi sexo de nuevo. Su
tierna polla apuntaba a mi boca. Me record� la escena en el pantano, cuando la
punter�a me ofreci� su primer sabor. Estaba masturb�ndose, y yo no quer�a
dejarlo solo. Agarr� su suave estaca, me humedec� los dedos en saliva y le moj�
el capullo. Recog� sus huevos con la otra mano y empec� a cascar. Me miraba
juguet�n, con el ce�o fruncido, concentrado en buscar su momento sin dejar de
cabalgar. Me incorpor� un poco y solt� sus pelotas para colocar una almohada
bajo mi espalda. As�, sin dejar de follar su delicado culo, acerqu� la cara
tanto como pude a su polla. Al poco un surtidor incontrolable me moj� la cara y
me llen� la boca. No fue una lechada abundante, pero s� muy sabrosa, imagen del
encanto de una primera vez.


Un emblem�tico beso sell� nuestro cari�o. Sin dejar su �nimo
juguet�n, Oriol estaba m�s trascendente, m�s juicioso. Apenas dijo nada. S�lo
sonre�a. Hasta que volvi� a ser el mismo.


-Me estoy meando.


Nos duchamos juntos, y sus manos y su boca tampoco
descansaron. Lo sequ� con suma ternura, bes�ndolo de vez en cuando. Ya seco, se
lanz� sobre la cama y comenz� a saltar.


-�Ya he follado, ya he follado, ya he follado!


-�Silencio! �Son m�s de las dos!


Y lo repiti� una docena de veces, ahora mucho m�s suave:


-�He follado, he follado, he follado!


-Ya eres un hombre.


-Ya. Y ma�ana te follo yo a ti.


-Ni lo sue�es.


Tom�ndolo de la cintura lo derrib�. Le hice cosquillas y se
zarandeaba incontrolado. Luchando por liberarse me coloc� el culo en plena cara.
Lo lam� l�dicamente.


-�Ch�pame m�s!


Nuevamente tom� el manjar que se me ofrec�a. Se confirm� que
su suavidad era insuperable. Sin embargo con una corrida hab�a tenido bastante.


-Oye, �y Gonzalo?


-Gonzalo, �qu�?


-Est� bueno cantidad.


-Te gust� cuanto te abrazaba, �eh?


-�Te lo has follado?


-No.


-�Y a Jordi?


-Tampoco.


-�Seguro?


-Seguro.


-Entonces es que soy especial para ti.


-Si t� lo dices...


-Yo te quiero. Ll�vame a vivir contigo. El novio que se ha
echado mi madre es un imb�cil. Ad�ptame.


-Ojal� pudiera. Pero no se puede adoptar a un amante.


-�Soy tu amante?


-Mmmmm.


-Dime, �soy tu amante?


-Vamos a dormir. A las siete te quiero en pie. �Tienes la
llave?


Se levant� y se sent� en mi est�mago. Me entr� p�nico.
Imagin� que quer�a volver a empezar.


-�Soy tu amante, o no?


-�Qu� me dijiste el otro d�a?


-Que ten�as tres novios.


-Pues eso.


-Pues ahora somos cuatro. Y la mujer esa...


-Se llama Sole. Du�rmete.


Se qued� un rato pensativo pero termin� durmi�ndose. Su
respiraci�n desmayada indicaba abandono. Dormido era, si cabe, m�s bello. Yo, en
cambio, inici� mi velada de reflexi�n. Si abrazado a un chico se siente una paz
interior enorme, �por qu� no puedo descansar apaciblemente?



Ir de tiendas con los chavales fue sumamente divertido. Las
continuas e inesperadas ocurrencias de Oriol nos hac�an sonre�r, y Jordi se
mostraba cada vez mas suelto y comunicativo. Les compr� una botas de alpinismo
mejores incluso que las m�as, y cuando se las probaron, preguntaron con qu� ropa
deb�an complementar el equipo de monta�ismo. Les expliqu� que los alpinitas
tradicionales usan pantalones de tipo italiano hasta debajo de la rodilla, pero
que los m�s j�venes gustan de lucir mallas muy ajustadas y llenas de colorido.
Quisieron probarlas. Entraron los dos en un probador y pronto se percibieron
risitas c�mplices. Yo escuchaba desde fuera, atento a cualquier eventualidad
excitante, que por l�gica intervenci�n de Oriol no deb�a tardar. Un cuchicheo
precedi� a la solicitud de mi presencia. Entr� en el probador y estaban los dos
agachados y con el culo al aire, en un cl�sico calvo infantil. Cuando solt� mi
carcajada Oriol se volvi� para ense�arme su en�sima erecci�n y se subi� las
mallas hasta casi las tetillas, con lo cual el tejido tenso apunt� un paquete
enormemente atractivo. Jordi lo imit�. No paraban de re�r, y yo me sent�a feliz
con ellos y sus travesuras sexuales. Pero Oriol se empezaba a animar m�s y m�s,
y no tard� en pegar su boca al bulto de su compa�ero, que tambi�n hab�a crecido
lo suyo. El siguiente paso fue alargar la mano hasta mi entrepierna, que
l�gicamente quer�a participar en la fiesta. No lo permit�. En la tienda estaban
demasiado atentos a nuestros movimientos.


Las mallas fueron mi regalo para ese par de diablos que me
alegraban la vida. Hechas las compras, nos dirigimos a un paraje solitario. Me
hab�a excitado bastante, y los chicos lo estaban m�s que yo. Tom� un camino
rural y par� el coche bajo una sombra, bastante oculto. Me qued� en silencio.
Los ni�os no sab�an qu� suced�a, as� que estaban a la expectativa.


-�Qu� pasa, S�c?


-Nada. Estaba pensando que sois extraordinarios. Como unos
�ngeles ca�dos del cielo.


-Yo soy un �ngel, pero Oriol es un diablillo �afirm� Jordi.


-No. Los dos sois �ngeles. Sois espont�neos, alegres,
desenvueltos, sinceros. Sois mis angelitos.


-Oye, �los �ngeles follan con Dios? �pregunt� Oriol con su
falsa ingenuidad.


Nos re�mos un rato y se hizo de nuevo el silencio. Jordi
apoy� su cabeza en mi hombro y yo empec� a acariciarle el muslo. Llevaba unos
pantalones cortos deportivos que me permit�an llegar hasta la costura de su ropa
interior. Oriol, desde el asiento de atr�s, segu�a la escena con respeto. Busqu�
la mirada de Jordi, que encontr� vidriosa y tierna. Separ� la cabeza de mi
hombro y acerc� su rostro al m�o. La delicada crema de su boca me invadi� en un
beso sereno y pl�cido. Oriol no dijo nada. S�lo not� su manita en el cuello e
imagin� que Jordi tambi�n la deb�a notar. Mi mano estaba ya agarrando la polla
firme del chico, que suspiraba acompasadamente. Pegu� mi boca a su o�do y
pronunci� las palabras m�gicas:


-Te quiero.


-Yo tambi�n.


-Eh, �y yo qu�?


El cuerpo ligero del ni�o pas� del asiento de atr�s a la
parte delantera del veh�culo. Se tendi� sobre nosotros, con los pantalones
bajados, sujet�ndose a mi cuello para no clavarse el cambio de marchas. Su polla
deliciosa se ofrec�a a pocos cent�metros de la boca, pero Jordi lleg� antes. Le
estaba engullendo los huevos con voracidad, y a m� me dejaba la parte m�s
suculenta. Lam� y babe� un buen rato, hasta que el ni�o se movi� de forma
sospechosa. Levant� la cabeza y not� que se estaba acomodando para sentarse
sobre la palanca.


-No hagas eso.


-�Por qu� no? Sabe rico.


-No deja de ser un pedazo de pl�stico. Los pedazos de carne
son mucho mejores.


-Pues, � a qu� esperamos?


-Oriol, no siempre se puedes estar follando, �vale?


-No lo entiendo. �Por qu� no?


-Porque follar no lo es todo �intervino Jordi.


-Eso lo dices t�, que a�n no lo has probado.


Por el silencio subsiguiente el chico entendi� que aquello no
deber�a haberlo dicho. Pero Jordi respondi� al fin:


-Ya me llegar� el momento.


-Cuando t� quieras �asever�.


Abrac� al peque�o y le dije seriamente pero al mismo tiempo
con ternura:


-Efectivamente, follar no lo es todo.


�l respondi� girando la cabeza y amorr�ndose a mi paquete.
Sin ning�n pudor me baj� la cremallera y apareci� la cabeza de mi sexo saludando
alegremente. Se la trag� al instante. �l marcaba el ritmo y nosotros le
segu�amos. Jordi no tard� en comerse su sexo, siempre a punto. Yo, con una mano
acariciaba el cuello del sol�cito mayor y con la otra buscaba la hendidura del
placer del peque�o. Un buen rato permanecimos en esa posici�n, hasta que
inesperadamente Oriol se movi� y con la rodilla toc� el bot�n de la radio, que
se puso en marcha inmediatamente. Son� el brindis de la Traviata,
magistralmente interpretado. Al instante reconoc� la voz.


-Es la Victoria de los �ngeles. Es impecable, �qu� buen
gusto!


Jordi me mir� e asinti� con la cabeza. Oriol solt� el
caramelo que chupaba y pregunt�:


-�Y qu� hemos ganado?


La ocurrencia hizo re�r a Jordi, que abandon� su dedicaci�n a
la polla del ni�o. No pod�a parar de re�r, y cuando nuestras miradas se cruzaban
me contagiaba. Oriol nunca dejar�a de sorprendernos.


Se termin� el brindis y comenz� Casta Diva. El nadador
escuchaba con atenci�n, disfrutando de la m�sica mientras acariciaba casi
inconscientemente la delicada polla de su amigo. Era todo candidez y
sensibilidad. Oriol segu�a chupando ajeno a todo.


-�Te gusta la �pera?


-No s�. Lo poco que he escuchado me ha parecido genial.


-Pues en Catalu�a est�n los mejores cantantes del mundo:
adem�s de Victoria de los �ngeles, la Caball�, Carreras... sin olvidar al
insuperable Jaume Aragall.


-�Es mejor que Pavarotti?


-El mismo Pavarotti reconoce la superioridad del catal�n.
Nadie comunica como �l, nadie se entrega como �l, es capaz de provocarte
escalofr�os con su extraordinaria expresividad...


-�Tienes alg�n compacto?


-Busca en la guantera. Creo que hay una selecci�n donde
Aragall canta Nessun dorma. Ah�. Ese.


Y as� fue como el amor ardoroso de Calaf se convirti�
en la banda sonora de nuestro cari�o. Oriol no intervino en la conversaci�n;
segu�a devorando con hambre mi miembro. Yo lo sent�a lamer, pero mi deseo estaba
m�s bien relajado, y aunque sent�a inexcusablemente el placer de la boca del
ni�o, la sensibilidad de Jordi me atra�a m�s. Era un chico abierto a todo, �vido
de emociones, tierno y apasionado. Me pregunt� qu� dec�a el tenor, qu� mensaje
comunicaba aquella melod�a excitante. Le cont� la historia de Turandot y
su maldad y desde aquel momento cuando el aria se terminaba la pon�a de nuevo.
Qued� cautivado por las magistrales notas de Puccini, y yo por su �nimo
impresionable, su ardor ne�fito, su esp�ritu inquieto. Bes� con profunda ternura
el rostro del chaval, pero hasta mis besos resultaban in�tiles: la m�sica le
envolv�a para transportarlo a otro lugar donde los dem�s sobr�bamos.


Llegando al hotel Jordi se peg� a m� como una lapa. Le hab�a
prometido que podr�a ver el dvd de la grabaci�n de Tosca, y cuando le cont� el
argumento supe que la devorar�a entera. Pero prefer� situarlo en el conflicto y
empezar al final del segundo acto, que es m�s asequible. A Oriol no se le hab�an
calmado sus ganas de chupar, y a m� no me molestaba que se saciara. Pero el
mayor estaba concentrado en la acci�n, y llegado a E lucevan le stelle
sus ojos se llenaron de l�grimas. Estaba conmovido, y cuando lo abrac� me
devolvi� el abrazo, sin apartar los ojos de la pantalla, esperando la muerte
injusta de Cavaradossi y Tosca. Ca�do el tel�n, busc� de nuevo la
desesperaci�n del tenor para degustarla, y sus ojos se humedecieron otra vez de
sentimiento y sensibilidad. Sin lugar a dudas, esas l�grimas fueron
determinantes para enamorarme locamente del chico.


En la cena los padres de los tres menores satisficieron sus
curiosidades. Todo estaba previsto y notaba su confianza en m�. Indiqu� que la
hora de salida ser�a a las cinco de la madrugada, y tanto la madre del peque�o
como los padres de Jordi vieron inconvenientes. La madre de Oriol propuso que
los chicos durmieran conmigo para estar a punto a la hora prevista, pero yo me
opuse. Sole se cruz� justo en ese momento y todos entendieron por qu�. Entonces
Gonzalo se adelant� y plante� que pod�an dormir con �l. Dispon�a de una
habitaci�n doble, pero s�lo ocupaba una cama. La idea entusiasm� a todos,
sobretodo a Oriol, que no pudo esconder una chispa de picard�a en la mirada.


A las cinco y diez minutos los chicos sal�an del dormitorio
de Gonzalo. Llevaban cara de sue�o, pero estaban dispuestos. Tomamos mi coche.
El mayor se sent� a mi lado y Oriol y Jordi ocuparon los asientos traseros.


-�Sabes? �coment� Gonzalo casi sin darme tiempo a arrancar-
tus amigos son unos guarros. Sobretodo el rubito. Se han pasado la noche
toc�ndose y chup�ndose. Y el peque�ajo ha asaltado mi cama tres veces. Dice que
me la quer�a comer. Lo ech� y le pegu� una buena zurra, pero creo que a�n se
excit� m�s.


En la parte de atr�s Oriol se re�a, pero el traqueteo y el
cansancio provocaron que pronto se quedara dormido, igual que Jordi. Por el
espejo los ve�a abrazados uno sobre otro. En el trayecto Gonzalo me cont� todos
los detalles. Se dir�a que disfrutaba haci�ndolo. No censur� en ning�n momento
la actitud infantil y provocativa de los muchachos. Me encantaba que la
consideraba natural, aunque me dej� bien claro que no la compart�a y que no
hab�a cedido ni un cent�metro de terreno en la lucha por su integridad.


Comenzamos la ascensi�n y pronto se configur� el orden
natural de las cosas: Gonzalo delante, abriendo camino, demostr�ndonos y
demostr�ndose que ten�a capacidad de jefe de expedici�n. Se orientaba bastante
bien y s�lo me consultaba cuando el camino se difuminaba. Se hab�a vestido con
una camiseta de manga corta y unos pantalones de loneta muy cortos, como de
camuflaje. Cuando separaba mucho las piernas se pod�a comprobar que no llevaba
ropa interior. Si las perneras hubieran sido un poco anchas, su polla apetitosa
o sus dulces huevos hubieran visitado el aire libre. Jordi le segu�a de muy
cerca, como si fuera a aprovechar el menor descuido para adelantarlo, hecho que
nunca se produjo. Una camiseta muy estrecha y las mallas multicolor formaban su
indumentaria. Oriol continuaba la marcha, a unos pasos de distancia, mirando
atr�s de vez en cuando. Al bajar del coche se hab�a puesto una sudadera porque
ten�a fr�o, pero sus mallas de tonos amarillos se adaptaban a su culo perfecto,
que me ense�aba de vez en cuando forzando la elasticidad de la licra. Para m� la
ascensi�n fue muy dura, no por problemas deportivos, sino por las constantes
presencias de aquellos tres culos preciosos ante mi. Si me preguntan en ese
momento cu�l de los tres hubiese preferido, no habr�a sabido qu� responder.


Llegamos al Portill�n en unas tres horas. Buen tiempo para
ser principiantes. Desde all� les mostr� el resto de la ruta y les cont� los
peligros que pod�amos encontrar. Otros alpinistas nos acompa�aban ya, pero cada
cual iba a su ritmo. Les expliqu� la dificultad del �ltimo paso, el llamado
Puente de Mahoma, y la excitaci�n y la incredulidad se apoder� de los
aventureros. Pero Oriol ten�a otras dudas.


-Y cuando lleguemos a la cima, �qu� hacemos?


-Pues nos abrazamos para felicitarnos del �xito de la
expedici�n y contemplamos la inmensidad de la naturaleza.


-�S�lo nos abrazamos? �Nada m�s?


-S�, te est� esperando una puta para com�rtela �intervino
Gonzalo.


-�Para qu� quiero yo una puta? Las t�as no saben comerla. Me
lo dijo Juli�n.


-�Qui�n es Juli�n?


-Un amigo.


-Un d�a nos tendr�s que contar m�s detalles sobre tus amigos
�indiqu� sin mucho convencimiento.


Recorrimos el glaciar con el sol calent�ndonos. El camino
estaba marcado y no encerraba ning�n peligro. Pronto los chicos se despojaron de
sus camisetas, y aunque les advert� de la eventualidad de quemaduras a esas
altitudes, no me hicieron caso. En una parada a medio camino comimos algunos
frutos secos y chocolate. Gonzalo llevaba bebidas isot�nicas y nos invit�. Al
agacharse para recogerlas de su peque�a mochila mis ni�os se dieron cuenta de
que no llevaba ropa interior: se le ve�a parte de un escroto y el comienzo del
ano, sonrosado y lampi�o como su pecho. Jordi me hizo un gesto y Oriol se repas�
los labios con la lengua para indicarnos qu� le apetecer�a hacerle al madrile�o.


El �ltimo tramo fue un poco m�s laborioso. Algunos alpinistas
se encordaban, pero yo cre� que era innecesario. Aunque la nieve estaba bastante
helada, la multitud de excursionistas que pasaba cada d�a por all� hab�a dejado
tallados en el hielo unos escalones muy f�ciles de trepar. Orden� a Gonzalo que
esperara antes de cruzar el Puente de Mahoma, que ya estaba cerca. Me mir�
conformado, indic�ndome que aceptaba mi autoridad.


El Puente de Mahoma es una cresta de unos cincuenta metros de
largo que llega hasta el propio pico. Varios cientos de metros de ca�da casi
vertical conforman sus lados. Mucha gente no va suficientemente preparada o coge
miedo para cruzarla, de modo que no completan la ascensi�n. Cuando nosotros
llegamos hab�a unas diez personas esperando a que uno de ellos colocara una
cuerda de protecci�n. A mi siempre me ha he parecido superflua si uno es
precavido y si no hace viento, as� que me puse delante y vigil� c�mo Gonzalo
cruzaba, vali�ndose de las cuatro extremidades. En cuanto estuve seguro de que
el chico era responsable y cuidadoso, ayud� a Jordi, que avanzaba con
convencimiento. Oriol despreci� mi ayuda, pero not� que me quer�a cerca. En dos
minutos est�bamos los cuatro junto a la cruz de aluminio y la Virgen del Pilar.
El abrazo triunfal surgi� espont�neo entre los cuatro, pero poco despu�s Oriol
se acerc� a la cruz y, con un gesto teatral grit� a los cuatro vientos:



-"E avanti a lui, tremava tutta Roma"



Jordi y yo nos miramos. Eran las palabras de Tosca
despu�s de haber matado a Scarpia. El jovencito se las hab�a aprendido
sin siquiera estar atento a la proyecci�n de la �pera, en un momento en que mi
sexo era su juguete. Consciente de la admiraci�n que despertaba, busc� mi mirada
y se me lanz� directamente a la boca. Pens� que esa forma de celebrar nuestro
�xito tambi�n era v�lida, as� que entregu� toda mi pasi�n a ese morreo
inesperado. Como siempre, la lengua casi camale�nica del ni�o busc� conseguir
otro triunfo. Jordi me bes� despu�s. Su boca estaba tan deliciosa como siempre,
pero su cuerpo parec�a tembloroso. No era el fr�o. Era la emoci�n. Su
sensibilidad a flor de piel aparec�a siempre en esos momentos de tensi�n
extrema. Gonzalo se qued� unos pasos alejado, como dudando si esperar su turno o
disimular. Finalmente se acerc�. No queriendo forzarlo a m�s, le tend� la mano.
Pero me sorprendi� con un abrazo muy tierno y acercando sus labios a los m�os.
No hubo invasi�n de territorio ajeno, pero sus labios saboreados por primera vez
me supieron a gloria. Mientras tanto, los cachorros se estaban morreando con
entusiasmo. Cuando terminaron, el madrile�o bes� a Jordi tambi�n en los labios,
de manera fugaz, y se acerc� al peque�o que lo esperaba sobre unas rocas. El
beso dur� poco, y el comentario del mayor lleg� claro a pesar del viento:


-�Ser�s guarro!. �No s�lo intentas meterme la lengua, sino
tambi�n el dedo en el culo!


La sonrisa maquiav�lica del rubito era el mayor espect�culo
de la naturaleza desbordante que nos rodeaba.




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Relato: Testigo de la hermosura (3: Llega Gonzalo)
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