El escoc�s baj� de su caballo, se arrodill� ante ella y
rodilla en suelo la cogi� en brazos y la llev� a su caba�a. Despu�s de un duro
d�a de trabajo lo �ltimo que esperaba encontrar en su jard�n era una chica
desfallecida.
Encendi� fuego y puso a calentar sopa. Fuera, el sol se
estaba poniendo. Pronto empezar�a a hacer fr�o y los lobos acechar�an los
alrededores.
Sus ojos comenzaron a abrirse lentamente, no sab�a donde se
encontraba ni con qui�n, solo que ol�a muy bien y el calorcito del fuego la
hac�a sentirse a gusto. El silencio era total. De pronto unos pasos se acercaron
desde la habitaci�n contigua. Eran lentos y pesados. Y un gigant�n rubio de pelo
largo y sonrisa esmaltada se dirigi� hacia ella:
Hola. �ya te has despertado?
Miraba hacia todas partes excepto hacia su interlocutor.
Era guapo como �l solo.
Se empez� a sentir un poco inc�moda. Poco a poco la hizo
creer que estaba como en su casa. Hab�a perdido la memoria y ten�a un horrible
dolor de cabeza. Probablemente debi� tropezar con algo y caer al suelo, pero no
recordaba cu�ndo ni porqu� y lo m�s importante qui�n era y qu� hac�a all�.
El hombre no pudo evitar fijarse en sus ojos. Eran azules
como el cielo y su pelo oscuro como la noche. S�, era preciosa. No hab�a
conocido muchas mujeres en su vida pero �sta le parec�a encantadora.
Pasaron la noche entera hablando de s� mismos, maravillados
el uno del otro como dos colegiales. �l la miraba a ella y ella se apresuraba a
devolverle la mirada. Poco a poco las miradas fueron m�s confiadas, luego
pasaron a ser lujuriosas y pronto el deseo se convirti� en algo primordial en la
conversaci�n.
Se inclin� sobre ella y la bes�. Ella no pudo sentir sus
fuertes brazos rode�ndola. Palp� sus duros b�ceps, su pecho desnudo, su vientre.
�l la levant� y la puso de pie sobre el catre de paja.
Continu� bes�ndola, los labios, el cuello, el escote. Un incontrolable ardor se
apoder� de ella y se despoj� del vestido que cay� sobre sus pies descalzos. �l
sigui� bes�ndole los pechos, primero un pez�n, luego el otro. Se endurecieron y
se volvieron respingones. Su piel era suave y blanca, delicada y sensual. Baj�
del catre y se enroll� a �l como una lapa, le hac�a mucha gracia la faldita
cuadriculada que �l vest�a. �Qu� esconder�a bajo ella, hmmm?
Dirigi� su mano a tocar el interior del muslo subi� por su
pierna hasta la ingle. Cu�l fue su sorpresa cuando not� algo que inesperadamente
no iba sujeto. Musculoso y firme se estiraba a merced de su mano. Percib�a la
tensi�n en el cuerpo de �l. Y sigui� recorri�ndolo hasta que su elongaci�n fue
m�xima. Luego, descubri� el glande inflamado y comenz� a acariciarlo.
Los besos se hicieron m�s apasionados hasta que ella lo mont�
rode�ndolo con sus piernas. Aquel enorme pene separ� a su paso los labios de su
entrepierna. Ella abri� la boca aspirando aire en sus pulmones. Su coraz�n lat�a
a mil por hora. Y todo su pene fue introducido sin lamento. La humedad con que
era recibido incitaba al movimiento. Ella nunca crey� que la verga de aquel
hombre de 1,90 pudiera entrar con tanta facilidad. Ambos gem�an a la par sin
reparar en sudor, gritos o jadeos. Su deseo y placer los mantuvo un buen rato
disfrutando hasta que �l no pudo aguantar m�s el exceso de placer que la chica
le estaba proporcionando y explot� en un grito que la llen� de su leche.
Caliente y mojada comenz� a brotar directamente de su pene a sus entra�as.
Los dos cayeron rendidos sobre el catre abrazados como uno
solo. �l no la conoc�a, ella ni siquiera sab�a si en su vida pasada estuvo
casada, solo sab�an que se amaban.