Por fin estaba sola. Me hab�a negado a salir de vacaciones
porque ya ten�a mi plan para vestirme de mujer. Todos se ir�an y yo me quedar�a
con toda mi ropa m�s la de mi hermana para pon�rmela y pasearme por toda la
casa. �Por fin podr�a salir de mi cuarto con mi vestido y sentarme en el wc como
toda una mujer! Podr�a ponerme el mandil en la cocina y so�ar que estoy
cocinando para mi marido. Podr�a hacer tantas cosas... todas como mujer!
El primer d�a me puse un vestido verde y me fui corriendo al
ba�o a hacer pila. Me hab�a aguantado durante mucho tiempo hasta que ya no pude
contenerme. Luego me levant� el vestido y me baj� el calz�n. Y mientras orinaba,
una nueva sensaci�n de feminidad me sobrecogi�. Era la experiencia de estar en
el ba�o como una dama.
Luego fui a la cocina y me puse el delantal de mi mam�. Era
bien femenino. Me lo at� por la cintura. No ten�a nada m�s debajo.
Al tercer d�a, yo era la se�ora de la casa. Me paseaba
tranquilamente y hac�a la limpieza. Con toda naturalidad, me pon�a un baby-doll
para irme a dormir y me maquillaba bien temprano para lucir regia.
El cuarto d�a fue diferente. Hab�a adquirido algo de valor y
suficiente identidad de mujer como para salir a la calle, pero aun ten�a el
miedo de la primera vez. As� que se me ocurri� la idea de salir de noche. Como
vivo en el sexto piso, bajar�a por el ascensor vestida de mujer hasta el primero
y luego subir�a hacia mi departamento. A las tres de la ma�ana no iba a haber
nadie por all�.
Me puse lo mejor que ten�a, mi vestido verde, medias, calz�n
y brasiere de color negro. Abr� la puerta y sal� disparada hacia el ascensor,
presion� el bot�n de bajada y esper�. De repente se me ocurri� que alguien pod�a
subir y me iba a dar cara a cara con �l o ella. Sin embargo disip� mis temores
pensando que ya era muy tarde. Adem�s, ya estaba corriendo el mismo riesgo al
estar parada all�, pues tambi�n alg�n vecino del piso podr�a salir y
sorprenderme. A�n as�, no pude evitar ponerme nerviosa cuando se abri� la puerta
del ascensor. Uff, no hubo nadie, pero �qu� miedo que me dio!
Estaba dudando si salir del ascensor al llegar al primer piso
y dirigirme a la calle o regresarme. La noche estaba bien silenciosa y me
provocaba hacer lo primero. Contaba los pisos como una cuenta regresiva hacia el
acto m�s audaz de mi vida. Estaba en el segundo piso, cuando respir�
profundamente para darme un �ltimo valor. Me acomod� el vestido, mir� mi rostro
en el espejo y me dije: "Sandra, eres toda una dama, sal a gritarle al mundo que
eres una mujer".
Antes de que se abriera la puerta, di un paso adelante. La
puerta se abri�. Y lo que vi casi me mata de la impresi�n. El portero del
edificio se dispon�a a entrar mientras yo sal�a. Al salir del ascensor, me qued�
pensando en que el portero no parec�a haberme reconocido, dado que no siquiera
me salud�. Me qued� mirando, eso s�, pero no como se mira a una persona
conocida. Parec�a algo sorprendido, y eso me hizo pensar que su sorpresa se
deb�a a que para �l yo era una extra�a en el edificio a esa hora. Eso me dio m�s
valor para tomar la decisi�n de salir a la calle, aunque sea solo un ratito, asi
que camin� con decisi�n hacia la puerta del edificio. Al caminar, sent�a el
ritmo de mi andar por el ruido de los tacos de mis zapatos mientras que me ve�a
como una aut�ntica dama en los espejos laterales del amplio corredor hacia la
puerta.
Nada hac�a suponer que me quedar�a con las ganas de estar en
la calle vestida de mujer. La puerta deb�a abrirse con llave tambi�n desde
adentro, �y en mi cartera yo ten�a de todo, menos mis llaves! �Tampoco pod�a
entrar a mi departamento!
El portero, que en condiciones normales yo hubiese evitado,
se convirti� en mi �nico salvador, ya que �l ten�a una copia de todas las
llaves. El problema era que no hab�a forma de evitar que se entere de la verdad.
O tal vez en el fondo yo misma deseaba que el portero se entere y mostrarme
frente a �l como una mujer.
Pero, d�nde estar�a. Lo hab�a visto subiendo. Vi que el
tablero del ascensor indicaba el piso sexto, justo donde vivo. As� que me sub�
hacia all�.
Cuando llegu�, vi la puerta de mi departamento abierta. Sin
duda, era �l quien estaba adentro, pero �por qu� razones se hubiese metido? No
lo sab�a y deb�a averiguarlo. Entr� con cuidado y algo asustada. Al pasar la
puerta, lo vi bien sentado en la sala, con un trago en la mano.
--Has vuelto demasiado pronto. Cre� que el paseo ser�a m�s
largo.
--Y que hace usted aqu� --le increp�.
--Esper�ndote, nena. Te he visto desde el edificio del frente
todos estos d�as. Jorge, el portero de ese edificio, me pas� la voz. Hemos
gozado mir�ndote, vi�ndote cambiar de ropa. Te hemos espiado hasta que te pon�as
ese baby-doll rosadito tan femenino y te acostabas. Nos hemos masturbado todos
los d�as vi�ndote.
Deber�a haber estado avergonzada, pero no. Fue un alivio no
tener que explicar nada. Gustavo lo hab�a dicho todo. S�lo me qued� cerrar la
puerta y sentarme muy femenina frente a �l.
--�Me dejas servirme un trago? Lo necesito.
--Est�s en tu casa.
--No te hagas el chistoso --le dije, coquetamente.
Y me levant� a servirme un whisky en las rocas. Fue la
primera vez que aun de espaldas pude sentir c�mo �l miraba mi trasero mientras
yo me serv�a el trago. Todas las mujeres lo saben cuando eso pasa. Y yo ya era
una mujer...
Gustavo era bien velludo. Ten�a la camisa algo abierta y se
pod�a ver el pecho bien masculino que pose�a. Me sent� en el sof�, frente a �l,
y desde all� dirig� la mirada hacia su pene. Apenas lo hice, �l sonri� y en ese
mismo momento su verga comenz� a levantarse. �Se le hizo una carpa enorme en el
pantal�n!
--Te provoca, �no?
--No. --dije haci�ndome la se�orita.
--Estaba pensando met�rtela porque s� que te mueres por
tenerla adentro, pero te voy a hacer sufrir. La vas a mirar desde all�, con toda
esa gula que no puedes disimular. El culo se te va a poner hinchado de deseo.
Lo que dec�a era verdad, una lamentable verdad. Del gusto de
vestirme de mujer, hab�a pasado r�pidamente al deseo por un hombre, pero sufr�a,
sufr�a intensamente por su negativa a avanzar en el juego. Y me pareci�
reconocer en ese dolor tambi�n un placer. Un hombre me estaba haciendo sufrir, y
eso me gustaba. Recordaba mis fantas�as de ni�a, cuando so�aba que muchos
hombres me maltrataban, y c�mo eso se hizo realidad en el colegio cuando todo el
sal�n me met�a la mano, c�mo me acosaban todos hasta que se masturbaban y me
mojaban por todos lados, pero, en fin, esa es otra historia...
A pesar de morirme de ganas por tener esa verga en mis manos,
le dije que no me importaba, que yo no era una cualquiera, que se hab�a
equivocado conmigo. Luego me levant�, me dirig� hacia la puerta, la abr� y le
dije: "Fuera de aqu�!"
--Perfecto --dijo �l. Y se levant�.
--No quiero verte nunca m�s en mi vida.
--Eso va a estar dif�cil, porque soy el portero del edificio.
--Pues voy a hacer que te boten.
--Y yo revelar� tu secreto.
--No me importa. Adem�s ya no ser� un secreto. Estoy decidida
a ser una mujer en todos los aspectos. Es m�s, me voy a acostar con Jorge.
--Ya veremos --y sali� r�pidamente por la puerta.
De pronto me sent� terriblemente sola. Gustavo ya no estaba.
El silencio era horrible. Antes hab�a un delicioso aroma a hombre en la sala.
Ahora s�lo estaba yo. Lo necesitaba, lo deseaba con todas mis fuerzas. Tanto
as�, que sal� desesperadamente para alcanzarlo. Lo encontr� meti�ndose al
ascensor y me met� con �l, me ca� al piso y me levant� cogi�ndome de sus
piernas. Mi cara dio contra su parte �ntima y yo me abrac� a �l hundiendo mi
rostro en el calor de su intimidad masculina.
--Perd�name, papacito.
El me tom� de la cabeza y la retir�. Me mir� fijamente a los
ojos. Luego se sac� la verga y la puso en mis labios. Fue como si el tiempo se
hubiese detenido a partir de ese momento. El contacto de mis labios con la
cabeza de esa verga me hizo ingresar al paraiso. Me qued� con los labios quietos
presionando el glande y puse a trabajar mi lengua sobre su puntita adentro de mi
boca. Con cada caricia de mi lengua, �l me brindaba un poquito de sus jugos que
mi lengua recog�a. Sent�a su sabor algo saladito y me deleitaba con toda esa
sensaci�n pegajosa. Luego comenc� a moverme metiendome m�s la verga y sac�ndola.
La verga de Gustavo crec�a cada vez m�s y se pon�a m�s dura, levant�ndose hacia
arriba y haciendo una curva muy hermosa. Eso me penetraba por la boca, me
invad�a sin autorizaci�n, me venc�a y me dominaba.
Gustavo debi� darse cuenta de lo yo que sent�a en ese momento
porque me tom� de las mejillas y comenz� a moverse metiendo y sacando su verga
muy r�pidamente. De pronto se detuvo dejando la cabecita todav�a adentro de mi
boca. Yo puse mi lengua sobre la punta y comenc� a acariciarla con movimientos
circulares. Empez� a salir un poco de juguito, y luego... un potente chorro me
llen� de leche hasta la garganta, que casi me provoca un atoro. Luego Gerardo
sigui� convulsionando mientras gritaba y me lanzaba una y otra vez sus
eyaculaciones contra mi cara. Yo me avalanc� sobre su verga y con una potente
mamada, le saqu� lo �ltimo que le quedaba. Y qued� tirada sobre el piso, mojada
y dulcemente mancillada y sometida.
De pronto, el ascensor, que en ese momento estaba detenido,
empez� a descender. �Alguien estaba llam�ndolo! Yo estaba tirada con el semen de
Gustavo por toda mi cara, por mi ropa, por mi pelo, en fin, por todos lados.
Pero ya no hab�a mucho por hacer. La puerta se abri� y mostr� la erguida figura
de un mozuelo muy fornido. Era Jorge...
(ay, me he excitado mucho escribiendo esto. Voy a buscar
quien apague este fuego. Despu�s sigo escribiendo).