Relato: Asinodasida



Relato: Asinodasida


ASINODASIDA.




Siempre he sido de gran afici�n a los viajes. Lo hago desde
ni�o por la facilidad que da tener un padre piloto de una gran aerol�nea.
Conocer paisajes, gentes, culturas, costumbres, comidas, historia e historias,
me ha fascinado.


A partir de los 17 a�os, adem�s, se a�adi� a todo aquello, el
af�n de aventura y de aventuras, porque en los viajes tienes muchas
oportunidades... de todo orden...


Cuando, a los 19 a�os, ingres� a la universidad, con
seguridad ya estaba contagiado.



Conoc�, casi al finalizar mi primer a�o, a "Bonaparte". Le
llam�bamos as� porque acostumbraba a llevar siempre la mano metida en la cintura
del pantal�n, aun cuando fumaba y para saludar, no le quedaba m�s remedio que
repetir el gesto, como si le costara much�simo, de sacarla de su cintura, y con
prisa, como si se le fuera a congelar, volver a met�rsela all�.


Nos correspondi� trabajar juntos. Tambi�n viajamos juntos
dentro del pa�s, en grupos de investigaci�n y de diversi�n. Empezamos a
compartir gran parte de nuestro tiempo libre. Al final, esta relaci�n se fue
haciendo m�s y m�s intensa, hasta que un d�a, con gran dramatismo le escrib� una
carta confes�ndole que soy homosexual, que no lo dijera a nadie, y que estaba
perdidamente enamorado de �l. A la vez, le dec�a adi�s y que sab�a que esta
confesi�n da�ar�a mucho nuestra amistad, pero que lo hac�a por nuestro mutuo
bien porque no quer�a hacerle ning�n tipo de da�o ni hac�rmelo yo.



Para mi sorpresa, su respuesta fue una invitaci�n a pasar
juntos las vacaciones en la casa de campo de sus abuelos, a unos cuantos cientos
de km de nuestra ciudad.


Cuando me atrev� a tocar el tema para tener una explicaci�n
de su sincera y noble amistad, solo se rio y me dijo que compart�amos la
condici�n homosexual, que por mi parte tampoco deb�a compartirlo con
absolutamente nadie y aunque no estaba enamorado de m�, yo tambi�n le gustaba y
que compartir el verano y la cama no nos da�ar�a en absoluto.



As� que partimos juntos de vacaciones.



Por esas casualidades de que est� llena la vida, siempre nos
unimos mutuamente premunidos de preservativos.


Fue incre�ble la energ�a, la sensualidad, el erotismo, la
pasi�n, con que Andr�s actuaba. Ha sido, en mi vida, el amante ideal.


Recuerdo que la primera noche juntos, yo sent�a una verg�enza
enorme de desnudarme frente a �l. Actu� peor que una novia virgen, de esas de
antes, a las que el novio no le hab�a tocado ni siquiera una "teta" y que de
pronto ten�a que mostrarse desnuda ante su desvirgador...


Andr�s con una naturalidad enorme, fue guiando el asunto de
modo que yo dir�a que no dormimos m�s de una o dos horas, puesto que compartimos
todo lo que cada uno sab�a hacer en la cama.


Recuerdo que las s�banas amanecieron h�medas de sudor y no
solo de sudor...


Nuestros besos fueron de pel�cula. Las posiciones que
adoptamos, como para a�adir cap�tulos al "Kamasutra".



Luego de llegar, ordenamos en la habitaci�n que nos hab�an
destinado, nuestras ropas y demases y, despu�s de una breve conversaci�n con sus
abuelos, salimos a recorrer el lugar en sendos hermosos caballos.


Todo result� durante la tarde como lo m�s natural de la
relaci�n que hab�amos llevado hasta entonces.


Cenamos tarde y cansados, del viaje y de la cabalgata. Cuando
sus abuelos decidieron retirarse, nosotros los seguimos, nos desvestimos y yo no
sab�a si ponerme o no el pijama. Andr�s sali� del ba�o en calzoncillos y as�
mismo se meti� en la cama, en la m�s amplia de las dos que hab�a en la
habitaci�n. Cuando yo estaba por pensar que hab�a sido algo ego�sta al escoger
esa, �l coment� en voz alta, "ac� estaremos mejor"... �A buen entendedor, me
dije, pocas palabras.


El asunto es que sal� del ba�o m�s avergonzado. Me tard� una
enormidad a mi parecer, y ten�a verg�enza de que pensara que estaba ocupado en
aguas mayores, como si �l no tuviera que ocuparse en eso tambi�n. Adem�s caminar
hasta la cama, a todo lo largo de esa habitaci�n de antigua casa de campo, o sea
enoooormeeee, semi desnudo y preocupado de c�mo me mirar�a, como me ver�a y como
me encontrar�a me pon�a todos los pelos de punta, incluso aquellos.


De repente encontr� que esa actitud era bastante mariquita,
as� que me arm� de valor y decid� la soluci�n intermedia, o sea que entr� al
dormitorio con solo el pantal�n del pijama. Medio cuerpo desnudo y medio cuerpo
vestido.


Casi me re� a carcajadas cuando lo vi ocupado en leer el
peri�dicos que nos hab�an dado durante el viaje y por lo tanto sin fijarse en
absoluto en mi "entrada triunfal".


Cuando dej� mi reloj en la mesita de noche, entre ambas cama,
reci�n dej� el diario y levantando las s�banas me indic� que me acostara all� a
su lado. Casi como una gentileza com�n y corriente y diaria de una pareja
afiatada.


Dobl� cuidadosamente el peri�dico y lo lanz� sobre la otra
cama y volvi�ndose hacia m� me abraz� y por primera vez nos besamos.


Reci�n en ese momento dej� mis inhibiciones y respond� al
abrazo y al beso con m�s naturalidad y entonces empezamos la exploraci�n tierna
y cari�osa de nuestros cuerpos.


Andr�s levant� las s�banas y se quit� el calzoncillo y
levant�ndolas tambi�n de mi lado, impl�citamente me invit� a hacer lo mismo con
mi pantal�n de pijama, continuando as� nuestro abrazo, besos y exploraci�n.


El tiene un hermoso cuerpo. Siendo muy deportista como es,
sus m�sculos est�n bien delineados. Es unos diez cent�metros m�s alto que yo y
ambos somos delgados, de barriga plana y culo respingado. De esa parte de
nuestra anatom�a ninguno de los dos podemos quejarnos.


Me transmiti� con sus caricias y actitud tranquilidad,
relajaci�n, seguridad, de modo que disfrutamos de una larga preparaci�n mutua y
estoy convencido que en esa sola noche nuestras manos y nuestros dedos no
dejaron c�lula de nuestra epidermis que no recorrieron. Conocimos nuestros
cuerpos y nuestros puntos m�s sensibles y aprendimos para siempre las caricias
m�s placenteras de cada uno.


Me hizo sentarme encima de su pelvis mientras acariciaba mi
cara, mi pelo, mis orejas, mi cuello, mis hombros, mis brazos, mi pecho, la
sensibilidad de mis pezones, mi torso y hasta mi ombligo. Acarici� mis nalgas,
mis muslos, mi pene, mis pantorrillas y mis pies. Me tend� sobre �l y como una
tortilla nos dimos la vuelta y fue mi turno de acariciarlo, reconociendo con el
tacto su vibrante cuerpo.


As� fue como conoc� lo cosquilloso que es. Su risa de
relajada satisfacci�n. Sus estremecimientos de placer y fui m�s osado cuando
atraje su boca a mi boca, mientras mis manos acariciaban sus nalgas y las puntas
de mis dedos recorr�an la abertura divisioria y me daban a conocer la suavidad
del fino vello que le cubr�a toda esa zona. No era m�s que el principio, porque
luego mi lengua conocer�a tambi�n el sabor de esa y todas las dem�s partes de su
cuerpo.


Cambiamos muchas veces de posici�n, casi al un�sono hicimos
el movimiento de apagar la luz e iniciamos caricias m�s atrevidas y m�s er�ticas
aun y en la oscuridad dejamos escapar nuestros gemidos de placer.


Eso de que en la cama todos somos de la misma estatura
result� casi totalmente cierto. La �nica diferencia la hac�a el que sus pies
siempre quedaran m�s all� de los m�os, lo que me produc�a una sensaci�n muy
placentera sentir como �l me los acariciaba con los suyos.


Uno de sus mejores juegos er�ticos ha sido acariciarme los
pies. Estemos en la pose que elijamos, siempre sus manos me los cogen con
suavidad y �Jolines!, como sabe, junto con acariciarlos, manejar con ellos mis
piernas, arriba, abajo, abiertas, cerradas... logrando para �l y para m� el
m�ximo placer.



�Uffffffffff...!, aun, luego de todos estos a�os juntos,
recuerdo y siento el mismo placer con sus caricias.



Desde entonces no hemos dejado ninguna noche de amarnos
f�sicamente. S�lo han interrumpido nuestras noches los viajes obligados por
razones, primero de estudio y luego de trabajo, en que obligadamente hemos
estado separados.


Y, desde esa primera noche, la vida y la suerte, lo han
protegido, porque todas y cada una de nuestras uniones m�s �ntimas, han sido
usando preservativos.



Llev�bamos ya m�s de tres a�os juntos, viviendo en la misma
pensi�n, en la misma habitaci�n y durmiendo en la misma cama cuando sobrevino la
tragedia.


Uno de nuestros compa�eros sufri� un espantoso accidente en
el lugar en que realizaba una de las pr�cticas profesionales. Se necesit�
sangre. Fuimos muchos a donar la nuestra para �l. Luego de eso empezaron desde
el hospital a llamarnos a algunos. Al analizarla fueron descubriendo cosas...
Unos ten�an secuelas de hepatitis que hab�an sufrido sin darse cuenta, otros
ten�an muy elevada el az�car, otros el �cido �rico, y suma y sigue.


Hasta que me toc� el turno. Fui el �ltimo al que llamaron.
Nos hab�amos re�do mucho con esta llamadas pero por alguna extra�a intuici�n,
cuando me lleg� la carta de citaci�n a la consulta de un m�dico del hospital, yo
no cont� a nadie, incluido Andr�s, la llamada.



El m�dico estaba nervioso, era joven y no sab�a como iniciar
la conversaci�n para llegar al punto que ten�a, en ese momento, la obligaci�n de
informarme.


Me sonde� sobre mis costumbres, mi alimentaci�n, mis
relaciones con amigos y amigas, hasta que toc� el tema de mi sexualidad y mis
h�bitos al respecto. Finalmente me dej� caer la informaci�n...


-�Su sangre ha dado positivo en el examen de VIH �...


-Pero..., �c�mo?, �lo han verificado? �Est� seguro?



Me respondi� que no hab�a dudas, que el examen se hab�a hecho
cuatro veces. Primero ellos en el hospital, una vez y una confirmaci�n. Luego el
organismo de salud estatal para certificar el an�lisis, tambi�n en dos
oportunidades. Todos los resultados eran totalmente coincidentes. No hab�a
ninguna duda. El casi medio litro de sangre donado por m�, luego de analizado
hab�a sido desechado y he ah� el diagn�stico. Pod�a hacerme otros an�lisis, con
otras muestras, pero ser�a s�lo para mi certeza, pero que el diagn�stico era
definitivo.


Me anim� a empezar a tratarme, a avisar a mis compa�eros
sexuales para que se hicieran sus respectivos an�lisis y sobre todo a poner en
antecedentes, especialmente, a mi pareja habitual.



Sal� de all� en el aire. Por primera vez en mi vida me sent�a
total y absolutamente s�lo. All� comprend� el verdadero sentido de eso de que "Ninguna
alegr�a es verdadera si se vive solo y ning�n dolor, verdaderamente profundo, si
no se est� solo para vivirlo."


No ve�a a nadie por la calle, los que pasaban por mi lado
eran zombies. Me sent�a rodeado de aut�matas o marcianos. Nadie comprender�a lo
que pensaba, lo que sent�a, lo que me pasaba. En momentos me sent�a satisfecho
de no haber ido con Andr�s y poder vivir ese momento a solas para luego poder
enfrentarlo con �l en mejor estado an�mico, pero a la vez, me sent�a abandonado
a mi suerte, sent�a que ese era el momento en que m�s necesitaba su compa��a y
su cari�o.


La rabia y la pena, la l�stima y la culpabilidad se suced�an
como en oleadas en mi interior.


Iba masticando sin poder tragar una a una las acciones a
seguir sugeridas por el m�dico: -Debe hacerse un recuento para ver la invasi�n
actual de virus. Seg�n los resultados debe o no iniciar un tratamiento. Si usted
no lo puede pagar, el Estado le proporcionar� las dosis. Debe acercarse a un
hospital e inscribirse con el funcionario encargado de casos como el suyo. Debe
pedir, si la necesita, ayuda psicol�gica y ser�a conveniente hacerlo con su
familia para enfrentar juntos la situaci�n. �Debe..., -Debe... �Debe....



Alguna vez, como en un juego de aproximaci�n, como en una
novela de ciencia ficci�n, en alg�n momento de ociosidad m�s que de ocio, me
hab�a imaginado algo as� y lo que me nac�a como lo m�s f�cil, r�pido y concreto,
era recurrir al suicidio. As� no sufrir�a los destrozos de la enfermedad. No
obligar�a a mi familia y los m�os a los gastos que ello implicar�a. No someter�a
a mis amigos a la verg�enza que el SIDA supon�a. Ni sufrir�a yo la verg�enza, el
estigma ni la discriminaci�n, primero de ser se�alado como homosexual, como
paria, como enfermo, como elemento da�ino, como c�ncer de la sociedad, como
peligro p�blico y m�s encima, infectado del terrible mal, justa penitencia por
el pecado de una sexualidad desviada y por lo mismo merecedor de todas la peores
penas del infierno.



El m�dico dijo, no se si ir�nicamente o porque en ese momento
lo crey� �til tambi�n:


-Rece...



Para m�, no creyente, agn�stico absoluto de todo dios y toda
religi�n, resultaba, m�s que paradojal, burlesco aquel consejo u orientaci�n.
Pero entend� que era parte del libreto que ten�a �l que interpretar con el caso,
porque eso era yo en ese momento, un caso que le correspond�a atender.



Al final de todo y de recorrer pr�cticamente la ciudad
entera, d�ndole vueltas en mi cabeza al asunto, caminar y caminar, decid� hablar
esa misma noche con Andr�s.



Y as� lo hice.


Andr�s enmudeci�. Se puso p�lido. Cogi� su anorak y sali�.
Quiso devolverse, quiso como decir algo, pero finalmente cerr� la puerta con un
gesto en su rostro y en sus hombros ca�dos, de pena, de no saber qu� hacer ni
qu� decir.



No necesito explicar que mi cabeza sigui� dando vueltas y mis
pensamientos girando en torno a lo mismo, toda la noche.


Cen� algo, sin hambre, m�s por costumbre que nada. Me acost�.
A oscuras y dando vueltas y m�s vueltas en la cama y en mi cabeza a mis
pensamientos y a las acciones que ten�a que emprender, y ahora, adem�s, solo...


No me daba pena haberme quedado solo. Era lo que ven�a. Era
la consecuencia natural y l�gica y que ya sab�a que sobrevendr�a en esta
situaci�n, pero �Joder... cu�nto lo necesitaba a �l, a mi lado, en esos
momentos...! "... y ning�n dolor es realmente profundo si no se est� solo
para vivirlo..."
�!!!



Al final, debo haberme dormido en la madrugada, porque no
lo sent� entrar. S�lo recuerdo que sent� su presencia al lado de la cama y me
espabil� de esa duerme-vela en que estaba y lo entrev� en la habitaci�n, en la
semi penumbra del d�a que se iniciaba.



Al verme abrir los ojos y mirarle, se sent� a mi lado. Me
tom� las manos. Las bes�. Y me mir� profundamente, largamente. Pude notar que no
hab�a dormido, que quiz�s estuvo caminando toda la noche por las calles,
pensando igual que yo, elucubrando igual que yo, maldici�ndome, o maldici�ndose,
igual que yo...


Y, con l�grimas en los ojos, me pregunt�: -�Y ahora, qu�
vamos a hacer...?



Jam�s, en todo ese tiempo que llev�bamos juntos, Andr�s me
pregunt� con quienes o con cuantos me hab�a acostado o lo hab�a hecho de pie, ni
como ni por qu�. Yo segu� su ejemplo. Y esta vez tambi�n como �l pens� en el
futuro y no en el pasado... y vislumbr� todo el sufrimiento que nos esperaba,
que me esperaba. Pero ya no estaba solo... e incorpor�ndome lo abrac�. El, as�
mismo, vestido, incluso con el anorak puesto, se meti� en la cama y lloramos
juntos.


El lloraba con aut�ntica y profunda pena... yo lloraba por
primera vez desde que conoc� la noticia porque todo ese tiempo s�lo hab�a
sentido rabia, no se contra qu� o contra quien, pero era eso, rabia, ira, lo que
me embargaba, pero al verlo llorar, por primera vez en todo el tiempo de nuestra
relaci�n, sent� la pena m�s honda que hubiera podido siquiera imaginar. Y all�
abrazados en nuestra cama lloramos hasta que despunt� totalmente el d�a.




EPILOGO: -Lo primero que hicimos fue ir a que Andr�s se
hiciera el examen. Result�, para nuestra alegr�a mutua, negativo. Puesto que
durante toda nuestra relaci�n, e incluso desde meses antes, jam�s le fui infiel,
deduzco que me infect� en alguno de mis viajes. Y gracias a que durante toda
nuestra relaci�n, siempre utilizamos preservativo, �l no result� da�ado. La
enfermedad a�n no ha encontrado ning�n resquicio por donde manifestarse. Pero
ese momento lo esperamos con tranquilidad. No exenta de pena por su parte ni de
alivio por la m�a, porque mi deseo m�s profundo es que todo esto termine lo m�s
pronto posible. Y, si es que existe un dios, espero que me lo manifieste,
concedi�ndome que as� sea.




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Relato: Asinodasida
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